Un día la encontré deshecha. Estaba en la cama, boca abajo, llorando. Muy pocas veces la había visto así -creo que yo fui responsable de tanta lágrima alguna vez, pero no lo sé con certeza-. La labor de acercarme para ver que pasaba me resultó un tanto difícil, pues Jules no tenía muchas ganas de hablar.
- Dejame, estoy bien.
Y contesté quizás un tanto desafortunadamente:
- Dejá de mentirme que no te sale.
Se negaba a mirarme. Posaba mi mano en su espalda. Ella se movía protestando, diciéndome sin emitir palabra "andate andate". Quizás algo más sutil, quizás una caricia lo lograra, quizás pudiera colarme entre por sus brazos muy lentamente, con la mis dedos rozando casi. Sobrevolando bajito para que no nos detecte el radar. Luego quizás ir acostumbrando su piel a mi presencia.
Logré posar mi palma, aunque no sin protestas. Pero eran unas protestas falsas, se notaba que no había compromiso en esas quejas, que se trataban de una mentira de su cuerpo.
- Sunshine, hola.
Callada. Ella sabe que mis silencios son acribilladores. Y en esta oportunidad pareciera haber comprado mi misma munición.
- Un poco preocupada, hasta afligida. Seguramente triste. Si reviso un poco mi memoria, para hacer de cuenta que te conozco, veo que estallaste linda. El tema es ver qué te hizo estallar. Retuviste algo, ¿andás empaquetando duelos?
- No es nada.
Nada las pelotas. Eso lo pensé, no lo dije porque sino iba a perder otra vez. No sé de dónde saco mi paciencia a veces.
- No es nada.
Un profe mío se quejaba de que ahora decimos "y nada". Según él, ese "y nada" era una gran porquería, pues jamás puede pasar "nada". Es como decir "todo tranquilo". Tampoco sirve, pues en la vida deben ocurrir cosas. Me acuerdo que se enojaba cuando nos explicaba, o comentaba, o refunfuñaba, o fuera lo que fuera.
Otra vez: caricia, algún beso en la espalda. Simplemente acostarme a su lado. Recorrer con la mirada su contorno, que mis ojos hagan saldos en sus hombros mientras mi mano hace un firulete por su nuca, por su cabeza, por sus ideas.
- Son boludeces. Ya no sé que me pasa. De repente me encontraba llorando en el baño de la oficina. Miedo, no sé, pensé que me iba a morir, que se me paraba el corazón. No sentía el brazo.
Tenía ganas de preguntarle qué había pasado, pero mi decimocuarto sentido me dijo que callara mi bocota. Jules seguía...
- Temblaba. No podía sentarme frente a la computadora. No le daba bien a las teclas, exzcrivia todo mhal, kon herrores, loz nummeroz davan kualkier qosa.
- Tell me is there something elluding you, sunshine?
- Las cuentas, las cotizaciones, los saldos. Nunca pensé que pudiera deprimirme tanto una grilla de Excel. No puedo dejar de pensar que mañana tengo que terminar ese puto archivo.
Let go. Relax. Ahora me deja ver su cara, toda roja. Me mira como si estuviera desnuda, avergonzada de estar tan descubierta. Cómo le cuesta.
Me dispuse al trabajo de seguir escuchando, dejarla desparramarse por la cama e inundar la habitación. Escuchar mucho y hablar poco, pero elegiendo con una pericia que no me caracteriza lo que fueron mis breves acotaciones.
Sunshine
viernes, 9 de enero de 2009
Publicado por T. en 0:27 2 comentarios
Etiquetas: july
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