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Las evidencias

miércoles, 24 de agosto de 2011

I
Mirá, yo creo que la mayoría no se da cuenta. Yo me veo entre los que me critican, ¿me entendés? Hace cinco años nomás yo me hubiera tirado con cualquier cosa, hubiera hablado pestes de mi. Y ahora esto. El tema es que cuando ascendés, en el mejor de los casos, tomás perspectiva.

II
1) Mon amour, Jimmy. J'adore marcher dans la nuit à Gaena. J'adore marcher dans la nuit à Carcassonne. La nuit c'est étoilé, J'aime vos câlins lors de la marche.

2) Oui, petite Jackie?
J'aime aussi la nuit, et vous. Vous voyez dans l'avion? Le troisième qui arrive. Doit être une route aérienne.

1) Probablement. Vous aimons toujours regarder le ciel. Vous avez obtenu étoiles sur le plafond de votre chambre.

2) Mademoiselle,
vous savez que je n'aime pas voler. Est un problème.

Sencillamente me tomó de la mano.

1) Demain, nous pouvons sortir avant midi dans le village? Nous avons déjeuné en face de la Garonne, si vous aimez.

2)
Merveilleux, c'est une excellente idée. Alors ne pense pas que l'avion.

III
Cuando gente depende de vos, todo cambia. Cuando el trabajo de otros pasa a ser tu responsabilidad, todo cambia. Cuando te echan una mirada de "este" y pero después te vienen a pedir cosas, cuando estás en el medio de todo, defendiendo a veces incluso al que te acaba de pelear.

Uno se va acostumbrando, te das cuenta que el juego es ese. No te cagaron, es eso. Y algunos te cargan medio mal intensionado, que el teléfono rojo siempre suena para vos, que tu nombre resuena en todo el lugar. Que te llaman de cualquier facultad y que ahora te codeás con decanos.

Lo gracioso es cuando uno piensa que se vendió.

IV
Entonces ella se acercó, con cara de haber sido atropellada por la vida, o peor... la verdad, y me dijo: "Por favor, por favor, cuidalo en la despedida. Que no haga ninguna locura". Y yo me pregunté por qué se habrá acercado a mi a pedirme que le cuide al novio, yo que no soy un tipo con influencia en nadie, viste. Le dije "Vos tenés que confiar en tu futuro esposo, pero no te preocupes, no andamos planeando nada heavy".

Qué tipo mentiroso que resulté. No es nada grave, claro. Pero se lo dije con una seguridad de la que no soy dueño, porque no sé que habrán planeado los muchachos o en qué circunstancias puedo encontrarme en dos semanas.

Ahora, digo yo, ¿puede ser que siempre me quieran encajar la responsabilidad? Será que tengo cara de buen tipo. Pero dejé de ser bueno hace rato, che. Igual no le dije nada a ella, no quiero perjudicar a nadie.

Qué cosa todo che, ponerme en esta situación a mí...

V
Y un día estas discutiendo con esa piba con la que te llevabas bárbaro, esa que era tu compañera. Y discutís por pavaditas, por si prende o no la compu, por si le mandaste o no el mail, por si la web está actualizada o no, por si salieron a almorzar juntos o te quedaste charlando con la otra reventada.

VI
Tengo todas estas evidencias ahora sobre mi mesa. ¿Y?

Diaz Velez

lunes, 24 de enero de 2011

La cantidad de vueltas que llevabamos dadas en esta puta ciudad no tiene nombre. Lo peor era que estábamos originalmente a diez cuadras del cumpleaños de Rose, pero no sé de dónde sacamos la idea de subirnos al auto en claro estado post-scriptum.

- Lo que pasa es que tenemos que llegar a Diaz Velez, de ahí doblar a la derecha y...

- Che, tengo que cargar nafta - dijo Gilles -. Esto está en rojo y me pone del ojete. ¿Dónde hay una Shell?

- ¿Shell? - pregunté- Estamos casi en Parque Centenario y no recuerdo que siquiera haya estación de servicio. ¿Shell tiene que ser?

- Sí, eso se le carga a este auto.

Fue el inicio de una voltereta que definitivamente no deberíamos haber hecho. Pero bueno, el problema había sido, como dije, que en lugar de caminar un poco nos quisimos venir manejando.

- Che, ¿eso que fumamos qué era? - preguntó lo que quedaba de Jorge, arrojado desde el asiento de atrás. Pensé que en una de esas en breves quince minutos lo teníamos vomitando al lado de la avenida.

- Son de esas cosas que hacen que todo se vea con delay - dije, mientras efectivamente no estaba en el mejor de mis estados. Pero como soy un tipo muy conciente me descarté automáticamente como probable conductor.

(Conciente nada, diría Jackie, que cuando le conté se puso de mal para abajo, porque "claro, conciente de que no podías manejar, pero te subiste al auto igual". Y yo me pregunto por qué mierdas siempre termina teniendo razón...)

Doblamos por una calle, y luego por otra. Y pasamos por el bolichón donde Rose estaba ejecutando su cumpleaños. Y yo vi como pasábamos, mientras Gilles explicaba por qué teníamos que dar con una Shell dentro de poco.

- Seguí por Diaz Velez - dijo algún fragmento de Jorge, que no tenía ni la más pálida idea -, creo que hay una cuando cruza avenida Córdoba.

De más está decir que Diaz Velez no se cruza jamás con Córdoba, pero Gilles siguió la indicación de todas formas.

No sé cuánto estuvimos dando vueltas, pero supongamos que quince minutos. Y creo que en algún momento, en algún semáforo, Gilles consoguió que un tachero le indique que recién a quince cuadras teníamos unas estaciones de servicio.

- Lo que nos hubiera ahorrado mucho tiempo, hubiera sido haber planeado la cosa de entrada -decía Jorge, mientras cargábamos nafta-. Porque vamos a perdidos en la neblina, y cuando nos planteamos a dónde nos dirigimos, en verdad no nos interesa demasiado el asunto. La civilización sólo se pregunta eso de falluta nomás.

- Depende - contesté -. Los ideales ilustrados creo que eran bastante claros, sobre todo con respecto a la razón y el progreso, bro.

- Progreso las pelotas.

- ¿Por qué hablamos de esto? - se quejó Gilles.

- Porque tu amigo está un poco pasado.

- ¿Mi amigo?

Iniciamos el retorno, en lo que ya era una noche demasiado larga para que no hubiera ocurrido más que una serie de cervezas y esas cosas en el depto que Jorge tenía por el verano.

- Yo tengo una teoría sobre Caballito -expliqué-: ese barrio se formó porque la gente que llegaba ahí no podía salir. Entonces debió establecerse ahí.

- ¿No es esa la explicación que das para Flores? - atajó Gilles.

Bueno, es evidente que con la edad me he quedado sin demasiada memoria, pero sobre todo, sin ideas.

- Ahora sólo hay que dar con un garage.

La segunda parte de la peripecia en auto fue dedicada a encontrar lugar donde arrojar el mismo. Tema importante, a eso de las tres y media de la mañana. Nuestra escasa geografía no nos ayudaba a dar siquiera con un garage.

- Se me ocurre que hay uno por la vueltita de Diaz Velez, antes del parque.

- Que se te ocurra lo que quieras, pero cómo mierda llego a la vueltita esa...

- ... de no seguir con un plan, porque el que hace luego otro viene y deshace. Antes había un proyecto colectivo para llegar a algún lado. Como una tendencia, pero ahora, ni siquiera eso. Todo se pierde en cuestiones efímeras y no se lega a ningún lado...

- Es genial hacer esto en tierra macrista - dije, cansado y entrando en un mal humor nocturno anticopado.

Fue en ese momento que Jorge surgió desde atrás, tomó el volante, al grito de:

- ¡¡Es para la derecha!!

Tuvimos que sacarlo inmediatamente con Gilles, que se puso bastante nervioso por el manotón de Jorge, a quien debí explicarle que no se hace eso cuando otra persona maneja. Como si se trata de una clase de educación vial a un nene de seis.

La vueltita de Diaz Velez encontró a Gilles nervioso, a Jorge cumpungido y a mi enojado. Todo porque al pelotudo de Jorge se le había subido el thc a la cabeza y le había arrojado la coherencia por la borda.

Y a todo eso, quizás sea un tema de presión o lo que sea, pero había perdido el efecto de delay y mi percepción se encontraba casi arreglada.

(No le comenté mejor a Jackie lo de los delays, porque se me ocurrió que dada la mala onda que tenía ella con el asunto, quizás esta vez fuera mejor omitir. Luego se enteró charlando con Jorge del tema, y efectivamente no el gustó nada pero al menos ya era cosa del pasado y así todo fue más fácil.)

El primer garage, el de la vueltita, no aceptaba autos. El de Campichuelo ni siquiera tenía sereno conciente que nos viniera a abrir. Y optar por dejarlo afuera estacionado en la calle, era sencillamente imposible para Gilles, que estaba neurotizado con su auto esa noche.

Recién a las cinco de la mañana, entre vueltas y vueltas, finalmente el señor Deleuze se calmó lo suficiente como para dejar el auto a media cuadra de donde teníamos que ir.

A las cinco de la mañana, cuando ya no dejaban entrar a nadie al lugar.

Rose salió para saludarnos, puso cara de "qué amigos pelotudos que tengo". Salió Susana y nos sacamos una foto, la cual espero no ver jamás en mi vida.

Desacuerdos

miércoles, 18 de agosto de 2010

I
El día que Gilles y Clarise se pelearon, ella lloró como una condenada toda la tarde, se encerró en su cuarto y siempre que la madre tocaba su puerta, para ofrecerle la cena o algo de comer, ella contestó que no. El teléfono sonó un par de veces, y ella lo miró sin atenderlo, pensando que era él.

Nada que ver, se trataba de la tía Clota. Claro, él llamaría a su celular. Pero cualquier posibilidad abierta de contacto le parecía que podía ser él.

Al día siguiente, Clarise llamó al trabajo para decir que le mandaran a un médico, que se sentía mal. Vio Start Wars II y III, para dispersar su mente. Recibió tres mensajes por celular:

"Personal que conviene! Si recargás 30 o 50 pesos hoy, tenés el doble para hablar toda la semana".

"¿Te llamó"

(¿cómo preguntás eso hija de puta?)

"Hey, estoy cerca de tu casa. ¿Te visito un rato?"

II
- Estaba tan preocupado, que le ofrecí de fumarnos uno para que se distendiera - comenté, para finalizar abruptamente mi relato sobre Guy y sus problemas.

No pensé que Jackie se lo fuera a tomar tan así. Hay gente que realmente reacciona mal, pues puedo recapitular casos puntuales, incluso de gente aún más reaccionaria.

- Te desconozco.

Esa fue una gran frase.

- Ya no sé de qué sos capaz.

Otra gran frase. Se armó.


III
El día que Gilles y Clarise se pelearon, él llamó a Jorge y le arrojó la primicia justo después del "hola".

- Dice que se peleó con Clar - le dijo Jorge a Jim.

- ¿Dónde andan? - dijo Gilles.

- En el Carrefour - dijo Jorge mientras agarraba unas bandejas de milanesas-. Taco´s nite. ¿Te venís?

Al llegar del super a la casa de Bentham -templo oficial de taqueadas-, Gilles ya estaba esperándolos en la puerta. Había una asamblea del edificio, en la que Jim no pensaba participar, así que entre el tumulto del hall lograron hacerse camino hasta el elevador.

- ¿Saben lo que creo? Yo en verdad jamás quise a nadie. Y eso me da por las pelotas en verdad, aunque no lo crean.

Jorge escuchaba con toda atencón, asintiendo. Jim no podía creer cómo Gilles tenía dibujada una sonrisa cuando decía todo eso.

- Si encuentran a alguien que realmente quieran, muchachos, no la dejen ir. Porque pasan un montón de pelotudeces en esta vida.

Filosofía. Porque todo esto, la vida, qué pretendemos el uno del otro, en donde te ves dentro de tres años, qué nombre le pondrías a tu hija, si nos mudamos juntos, ¿de qué se trata la comunicación? ¿Dos personas que se quieren son quizás una figura perfecta?

- Tranqui, Gilles - dijo Jorge-. Mirá, la cosa es que estés con la que quieras estar, el tiempo que quieras estar. Me parece que vos a esta altura no la estabas pasando bien.

- Nada debe reemplazar la sensación de levantarte junto a la persona que amás... - continuó Deleuze sin escuchar.

- Casi que hay un quiebre - dijo jim-. Igual, a todos nos agarran esos momentos de... devoción a la nada.

Un leve silencio.

- Por favor, salgamos. Tengo que conocer a alguien hoy - dijo Gilles -. Creo que la piba esta del sábado iba a Bangalore, porfa vamos.


IV
- Explicame por qué no me hablás.

- Todo bien, te quiero, la paso bárbaro con vos, pero la verdad es que no te puedo dar lo que necesitás ahora.

- Pero... ¿qué necesito? No te reclamé nada.

- Simplemente deberíamos tomarnos un tiempo, no quiero que haya mala onda cuando nos volvamos a hablar.

- Ah, genial. Yo soy la enamorada. Yo que jamás te pedí nada.

Entonces una se siente una pelotuda, porque el pibe es el correcto y yo acaparo todo. Y encima se da el lujo de dejarme de hablar de repente y yo tengo que andar mandándole mails para pedirle de hablar. Es ridículo.

- Está bien, dejá nomás. No hablemos más.

Andate a la mierda, quería decir. Pero si digo eso soy una resentida, entonces contesto con altura che.

Bad weather

domingo, 25 de julio de 2010

I
Justo a las once de la mañana salia mi bus para Bariloche, ese que me iba a llevarme a un lugar más despejado, para alejar la cabeza de todos las responsabilidades que el rol de profesora de secundario acarrea. La ventaja es esta: que me puedo tomar vacaciones de invierno. Y no hablar de que tengo un mes y pico de vacaciones en verano.

Pero vuelta: salía ese sábado y teníamos que levantarnos temprano. Yo me había quedado a dormir en lo de Jim, que es más cerca de retiro. Y de paso el me hacía el desayuno mientras yo me quedaba remoloneando en la cama.

Jim despertó sobresaltado. Pensé que yo me iba a despertar antes un sábado, pero no. Me ganó, estaba como loco.

- Honey, ¿qué pasó?

- Ni idea. Tengo el corazón que va a mil...

Le tomé el pulso, puse mi oído directo en su pecho. Efectivamente, tenía el corazón que trinaba, y recién se despertaba.

- Jimmy, corazón, sé que no te va a gustar lo que te voy a decir, pero por favor andá a la guardia. No es normal...

- No hace falta. A veces me pasa, no al toque se me va.

- Ah, ¿es periodico? Porfa, andá al médico.

No contestó. Ni me miró, se levantó un tanto apurado y se fue al baño. Yo miré la valija, hecha casi, porque había desperdigado todo en busca de mi cámara. Cuando volvió se acostó un poco, se notaba que hacía respiración diafragmática, profunda, a ver si le bajaba el pulso un poco.

Hubiera tenido que abrazarlo y reconfortarlo, pero en lugar de eso me saltó la parte equivocada:

- Jimmy, please, prometeme que después de que me acompañes a retiro te venís a la guardia. Estás acá nomás.

No contestó. Odio cuando no contesta. Él sabe que al resto del mundo le rompe las pelotas cuando no contesta.

- Jimmy, seguro que no es nada grave, pero vas y te hacen un electro y...

- Jackie, porfa, después voy, pero ahora dejame tranquilo. Te lo pido por favor.

Me enculé y comencé a preparar mi valija nuevamente. Preparada despreparada de a ratos y fragmentariamente en lo que me quedó del viernes. Pensé en decirle que no me acompañara a Retiro, pero seguro que ahí se armaba. Y pensé en decirle que lo llamaba cuando llegara al hostel para ver cómo le había ido. No le dije nada, total después lo hice igual.

Jim se levantó, automáticamente se vistió y fue a configurar la cafetera, además de iniciar la computadora para chequear el horario del tren. Parece más voluntarioso que yo, que soy la que se va de vacaciones.

Pasaron como quince minutos hasta que volvimos a hablarnos. Entre sorbos de café y las tostadas con mermelada de durazno, le comenté que había sacado en el mismo hostel que el año pasado.

- Es el mejor - dijo él casi sin mirarme.

Pensé que en una de esas se había enojado porque me iba.

- ¿Te molesta que me vaya?

- No. ¿Por?

- Digo, estás un poco... intratable.

- Disculpá. Es que me pongo cabezadura con la idea de ir a los doctores. La otra vez mi vieja me hizo una historieta conque tengo historial familiar y no sé qué mierda.

- Y pensá que en una de esas si vas al médico ya no le vas a dar excusas a que te moleste con eso, ¿no?

Me puse didáctica, como si le estuviera hablando a un nene. A veces lo trato como a un nene, sobre todo cuando se pone cabeza dura, que no es poco seguido. Me miró en claro proceso de enojo.

Pensé que no me quería ir así, que no nos ibamos a ver por una semana y que no tenía ganas de...

- Ok, después voy - me contestó.

Lo conozco lo suficiente como para saber que no va a ir, que me contestó cualquier cosa con tal de que pare. También sé que cuando nos tomamos el tren el diálogo entrecortado no logró licuar que estabamos enojados el uno con el otro. Pensé en quedarme, pero luego dije que no, que no era justo.

Llevaba todo mi equipaje pesado, para descargar la furia o quizás testear si le daba un paro. Se pone así de gilastro. Esperamos 45 minutos hasta que anunciaron el bus.

Por más que me dio un beso largo antes de que yo subiera al omnibus, nuestra despedida tuvo algo de... como cuando dicen que no hay q irse a dormir sin haber resuelto una pelea. ¿Y te llamo y quizás se te pasó? Me saludó desde la plataforma.

II
- ¿Cómo va? ¿Todo sorpresa? - me saludó Jorge.

Gruñí.

- Dale dale. ¿Ya se fue Jackie? Vamos, no te pongas así que en una semana está de vuelta. No seas pollerudo.

- Nada. Es que discutimos un poco antes de que se fuera.

- Bueno bueno - ingresó Debord - muchachos, tengo una salida para esta noche que pinta bastante bien.

Me pareció excelente, pero intuí que algo no cerraría.

- Tengo una fiesta por Belgrano, a la que me vienen hinchando para que vaya unas amigas.

- ¡Por fin algo potable! - estalló Bataille.

Tocaron el timbre: era Gilles. Tuve que bajar a abrirle.

- Bueno - dijo Debord cuando volví para traer al maestro de la fuga-, dado que el señor Bentham no anda de humor para hacer los tacos necesarios, pedimos pizza y ya.

Deleuze lucía particularmente encendido: había dejado a Lispector en la casa y se había apresenciado en mi casa.

- Ah, le dije a mis amigas que vengan para acá - dijo Debord-. ¿Todo bien?

Y qué mierda le iiba a decir... Ya las invitaste, caen en una hora, no no, no hay problema.

- Son buena onda, las conocí en el sur hace dos años. Nada del otro mundo, pero después vamos a la fiesta.

Me llegó un mensaje al celular, de Jackie:

"Seguro que no fuiste. El chofer del bondi está loco, puso el aire acond. Te llamo, no te enojes. Besote."

Why can´t you let it go?

- Ah bueno, cómo te tiene - dijo Bataille, que vió al menos de quién era el mensaje.

- Me parece perfecto que estés ahora sin ella un rato, así tenés tu espacio - dijo Gilles, a quien estrangularé la próxima vez que haga un comentario de tal calibre.

Me paré sin decir nada, midiéndolos a todos, para poner un disco de The Killers. Me dolía la cabeza, tenía la idea de que era por tensión.

- Vamos vamos, muchachos - celebró Debord -. ¡Esta noche será una harta noche!

Snap

miércoles, 7 de julio de 2010

I
- ¿Dónde está Jackie? - preguntó Guy.

Refunfuñé. Tenía un mal humor de los mil demonios, mi objetivo era olvidarme de todo y embriagarme. Bataille iba de un lado para otro, preparando el teclado, disponiendo parlantes, acomodando alguna hoja con las letras. Tocaba su pequeña orquesta en un lugar muy paquete, en el cual me sentía peor imposible. Yo ya estaba hasta las pelotas de analgésicos.

- ¿Qué pasó? - insistió Guy -. Tenés una cara de los mil demonios. ¿Tan grave?

- Nada. Desacuerdos, esta vez me terminó acorralando con...

II
- Perdón, pero me sorprende. Me desilucionás -dijo Jackie de forma lapidaria.

Fantástico, era exactamente lo que quería escuchar. Repentinamente Jackie juzgaba demasiado para mi gusto, se metía con mi pasado y me acusaba por él.

- Todos hacemos estupideces, Jackie, ¿ok? Fue una etapa algo desordenada de mi vida, no entiendo por qué te lo tomás tan a mal. Tampoco es nada tremendo.

- ¿Tremendo? La verdad que no creí que vos...

Ni ganas de hablar del tema, che. Cuando me siento más libre lo digo así a la ligera -y me han acusado por ello-, pero en verdad es algo que pesa. Lo extraño es que no me arrepiento para nada. Me pasa con varias cosas que me han ocasionado problemas: sé que estuvo mal lo que hice, o que no era lo más adecuado pero debía hacerlo, sino jamás me hubiera sacado las dudas.

- Todo cambia, Jackie. ¿Vos jamás te pasaste de rosca? ¿Jamás hiciste algo que luego no podías creer? Es como cruzar la frontera de uno mismo, una forma de éxtasis, es increible lo que ocurre cuando uno mismo viola sus límites.

Jackie me miró fijo, no le causó nada de gracia mi explicación. Su rostro era una mezcla de depresión con enojo. Eso. Le daba bronca que yo era lo que era y que no me podía cambiar. Le daba bronca saber además que su enojo era infundado, porque yo por más historia que tenga, soy en la actualidad otro.

Y le duele. Le duele demasiado, es desmedido, según mi opinión. ¿Pára qué preguntó si no quería escuchar la respuesta? Lloriqueó un poco. Traté de abrazarla pero ella no quería, me alejó tajante, sus manos se clavaron en mi pecho punzantes. "Salí".

III
Cuando comenzó a tocar Bataille yo iba por la tercer cerveza, y discutía con Bob y Guy sobre el desempeño de la selección en el mundial, que justo ese mismo día había quedado eliminada. Gilles se rió por atrás, me dijo que estaba gritando, y que era un caradura por hablar de fútbol como si supiera. Y tenía toda la razón, claro.

Comenzó a sonar un tema de los Stones conocido, pero que no recordaba el título...

Por más que no había dormido nada, opté por salir. Para despejar mi cabeza, despreocuparme, olvidarme un rato de ella. Un fracaso total, he de decir.

Si hay algo que no comprendo es cómo Gilles maneja tan bien tantas cosas a la vez: charla con una amiga de Clarisa a la que le tiene ganas mientras la susodicha está en la barra comprando Speed con vodka. La toma de la mano, le está haciendo algún cuento de lectura de la palma, y que ve el futuro. Yo debo ser un ser muy simple que no puedo manejar las cosas así de lúcido.

Y yo me preguntaba que sería de Rousseau esta noche.

En un momento Deleuze nos llamó a Guy y a mi, para que nos unieramos a la conversación con Clarisa y sus amigas. Guy fue encantado, yo hubiera preferido que me dejaran embriagarme tranquilo.

- Chicas, él es el señor Debord, -presentó Gilles -, experimentado en las artes esotéricas y futuro ingeniero de última generación. Y aquí presente está Jim Bentham, gran cantautor y especialista en medios digitales. Se trata de dos hombres de vanguardia, cada uno destinado a disciplinas inconexas pero que logran conjugar con una pericia implacable, sobretodo después de unas copas.

La imbecilidad de Gilles es sencillamente genial, está muy por delante nuestro.

- ¿Cantautor? - preguntó una de las amigas de Clarisa.

- Sí sí, -contestó rápidamente Deleuze para no darme chance de echarlo a perder - Jim compone todas las canciones de su banda.

A Deleuze le encanta mandarme al frente, le encanta comprometerme. Por eso es verdaderamente más inteligente que yo.

Bataille era rock puro: tocaba con anteojos negros, mientras de vez en cuando sorbía un Jack Daniels y las luces violetas lo bañaban por completo. Estaban tocando una solemne versión de Comfortably Numb, de Floyd.

En algún momento apareció Jeremías, ese amigo de Jorge que a todos nos cae un poco mal y que casualmente porta un apellido similar al mío. Se presentó ante todos, con su cara redonda de afietada limpia y perfecta, su chomba celeste y sus zapatillas con wifi de última tecnología.

La cara de Gilles no logró ocultar su displacer: él ya había tenido un encontronazo con Jeremías, que desde esa vez era considerado persona no grata entre nosotros pero se lo recibía aún así de una forma "políticamente correta".

- Andás un poco ido vos eh, ¿Qué hacés solo? - me dijo Jeremías.

Caí en la cuenta de que seguramente él estaba desactualizado, y pensaba que la gran ausente de la escena era Bella. No me preocupé por aclararle nada.

Guy se compenetró en la charla con las damas, mientras que Deleuze pedía nuevamente una recarga de vodka.

- Pues sabes tu, un día ellas te pasan factura por tu pasado y pafate - le contesté a Jeremías.

- Bueno, pero entonces buena cara. Estás libre hoy, mirá que bien acompañados que los encontré.

- Claro. Igual estoy tranqui. Respeto, vio.

- ¿Respeto? Tu novia salió por ahí y se garcha a otro y vos hablás de respeto?

Snap.

Cuando me di cuenta había empujazo a Jeremías, puteándolo. Este reaccionó alejándose levemente, al cántico de "¿Qué te pasa, tarado?", mientras Guy se daba cuenta de que algo pasaba.

Nos paramos como quien se va a trompear, de tal forma que Bataille y los suyos hicieron ademán de deneter la performance justo en un tema que no recuerdo porque no le di pelota porque estaba ocupado mirando con odio al boludo de Jeremías.

Gilles y Guy se pararon también, y vinieron a "retenerme" mientras no sé quién hablaba con Jeremías para intentar calmarlo. Al pedo, porque ni él ni yo nos ibamos a las manos, es sabido. Clarisa y sis amigas observaban probablemente indignadas por nuestra reacción de pendejos.

- ¿Qué pasó? - dijo Guy. Luego se dio vuelta para chequear el status de Jeremías.

- El estúpido ese dijo pelotudeces, eso pasa. Ya fue.

- ¿Ya fue? Decime que lo agarramos - acotó Gilles que no se bancaba ni un gramo al otro.

- En serio, no pasa nada.

- ¿Qué pasó? - repreguntó Guy.

No quería decir nada porque me daba cuenta de que todo era una tremenda pelotudés, que al fin y al cabo el estúpido era estúpido pero yo había reaccionado mal. Pero me insistían.

- Sólo dijo una boludés sobre Jackie - confesé.

Eso. Escucho eso de un pelotudo y me imagino a Jackie y evidentemente me salta la térmica. Anto dice que así pasa, soy como un jueguito a veces, apretan dos botones y chau, me pasan cagadas, siento cagadas y hago cagadas.

Si Jackie hubiera visto la escena hubiera sido genial, le hubiera dado más excusas para enojarse. Hubiera justificado aún más sus miedos y pánicos. Todo porque yo me decido a lucir mi estupidés de lujo.

Expliqué con mayor precisión los dichos de Jeremías. Guy dijo que no era para tanto, Gilles opinó que el tipo era un idiota. Pero por votación unánime se definió que no se puede andar empujando a la gente así, porque agita las cosas.

En ese momento sonaba All of my love, cover de Zeppelin.

IV
- Tengo bastante energía del odio - le dije a Bataille cuando me dijo de manejar su camioneta porque él tenía un pedo atómico.

Guy se subió atrás, acomodado entre el teclado y dos amplificadores. Bataille se sentó en el asiento del acompañante, diciendo "dale, no tenés rock". Pasaron dos viejas paseando al perro -¡a las dos de la mañana!- y les gritó "¡Montoneraaaas!", mientras yo arrancaba.

- Che, es para la derecha - dijo Bataille.

- Izquierda - dije yo-.

- Doblá a la derecha, mierda. Es para allá porque el Zoológico está para allá. Vamos.

Doblé a la derecha, aunque era obvio que debíamos ir a la izquierda.

- Che, creo que es para el otro lado - dijo Guy un con aires de irse a dormir.

Bataille se había dado cuenta por el puente que cruza sobre avenida Córdoba.

- Lo arreglo fácil.

Di una vuelta en U en pleno Juan B. Justo, con la impunidad clásica de la que alguna vez fui dueño. Un auto tocó bocina, otro auto pasaba en el carril más cercano a la vereda contraria y quizás nos haya visto cuando lo saludé.

Bataille me miró. Guy se despertó diciendo "¿Qué hacés animal?".

Me reí. Recordé que en parte romper las reglas me aliviaba. Aunque se tratara de estupideces, me aliviaba. Romper cosas me aliviaba, ir contra algo. Me falta motivación, parece. Nuevamente: si Jackie me hubiera visto, más justificaciones para ella.

- Cheeee, Guy, ¿no querés manejar vos?

Así amigos

miércoles, 23 de junio de 2010

I
- Y claro que Gilles se va a enojar - dijo Jackie-. Es re feo que no banquen a tu pareja.

- Pero no es de mala onda, todos intentamos llevarnos bien con Clarisa pero la verdad no hubo caso. Estuvo todo bien hasta hace unos meses, que comenzamos todos a notar a Deleuze decaído. Todos lo notamos, no estoy hablando de uno de mis dislates.

II
Entonces un día Deleuze cayó como un meteorito a la casa de Bataille, donde yo preparaba tacos picantes mientras debatíamos cuál era mejor, si la Babaria o la Leffe. Llamó repentinamente a Jorge, que le dijo que estaba conmigo en su casa, y tardó no más de cinco minutos en arribar.

- No importa - dije -. Hay tacos como para tres, sin problemas.

Sin problemas nada. Gilles llegó con una cara aterradora. No dijo nada, se sentó. Jorge le ofreció cerveza pero él quería vodka. Vodka, así puro. El asunto venía por una discusion con Clarisa.

- Se muda de la casa, y me dijo de irnos a vivir juntos.

Claro. Colapso.

- Decile que necesitás tiempo - dijo Jorge mientras me robaba un poco del relleno de los tacos del wok.

- Sencillamente decile que aún no, -dije yo- que querés primero estar viviendo un toque más por tu cuenta. Seguro ella lo entiende - mentí-. Están hace ya un tiempo, pero lo importante es que le hagas entender que el hecho de que no quieras ahora no significa que no quieras nunca nunca jamás en la vida.

La cara de Deleuze noo mejoraba. Pensé que estabamos dialogando con una momia, con lo que quedaba de un hombre que se caía a pedazos como si estuviera hecho de rastris.

- El tema es que no creo que entienda. Son cuatro años de relación, es mucho. Ella quiere avanzar. Y después de esto viene el casamiento, o los hijos y... es demasiado.

- Pará pará - intervino Jorge -, te estás haciendo la película vos. Me extraña araña, tomatelo con soda.

Eso. ¿Que quedaba del Deleuze que nosotros conocíamos? Ese tipo seguro, que todo le importaba tres carajos. Está metido en algo que le da miedo salir, pero se está dando cuenta que debe salir.

Me fui a atender los tacos mientras me sentía tremendamente cruel por pensar eso. Jackie dice que sueno demasiado frío cuando hablo de estas cosas. Seguro.

Pero no, esperen que no es tan así. Para mi se caía de maduro que la relación entre Lispector y Deleuze iba para atrás. Pero no me pareció el momento para decirle esas cosas, no me pareció adecuado dirigir mis palabras en el mismo sentido que aquella vez en el bar. Opté por ser un tipo menos despiadado, pues si el problema de Gilles era el creciente compromiso, tendría que afrontarlo y ya.

Mientras pensaba todo esto me imaginé a Barthes diciéndome con ironía "A mirá que tipo resuelto que sos, Jimmy".

- No me puedo ir a vivir con ella . Sé que eso es el acabose, no podría.

No podés porque necesitás más espacio del que te dan, del que admitís que precisas.

- Si lo hago es por el mandato social - continuó Deleuze-, porque mis viejos la re quieren a Clari si nos ven viviendo juntos se mueren.

Pero no se trata de que no quieras acatar el "mandato social", esa es una excusa que utilizás para encubrir otra cosa, que ya te darás cuenta qué es. Y me sigo sintiendo un tipo de mierda por pensar todo esto.

- Bueno, pará. Quitate presión - dijo Jorge con mucha más bondad de la que yo soy capaz-. ¿No está eso ya?

A Jorge le preocupaba que se me pasaran los tacos, pero ya estaba todo listo. Así que llevé el wok al centro de la mesa mientras Jorge decía algo de que las mujeres son así por el reloj biológico, y que quieren ser madres. Genial: para sacarle el pánico le explica que Clarisa en verdad quiere quedar embarazada. Buena táctica, George.

- Relajate - dije mientras traía las cervezas -. Efectivamente ella quiere que la relación "crezca", pero si decís las cosas tranquilo y claro, te tiene que dar más tiempo.

Esa era la idea que a Deleuze le quejaba: que sólo podía aplazar el asunto. Que estaba comprando un tiempo limitado.

Deleuze casi no comió.

Amigos así

lunes, 14 de junio de 2010

[Y que conste que no me siento plenamente glorioso al respecto.]

Cuando entramos al bar de Pepe, estaba semi vacío. ¿Qué mierda hago un martes a la noche en provincia? Simple: "Nos juntamos a tomar algo por ahí con los pibes. Hace mucho que no. Venite". Y será porque yo mismo me doy cuenta de mi borradés que lo tomo como un mandato y me presento, y espero a que vengan, y llegan y entramos. Y el bar de Pepe está semi vacío.

- Pero mirá que se respira lindo acá - dijo Deleuze llenándose los pulmones de humo de cigarrillo-. Extraño esto, cuando veníamos acá y nos sentábamos a tomar y charlar de la vida.

Bataille no lo escuchaba. Encaró directo para la barra del fondo e increpó al mozo a que trajera una Stella. Eso no me gusta de Pepe: sólo tiene Stella y boludeces.

- Bueno, dejá de quejarte siempre porque no tienen Heineken - me reprochó Deleuze sentándose-. Esto es una salida de hombres, sencilla, sin problemas ni preocupaciones. Y quizás entre algún grupo de damas.

Lo dudo: son las diez de la noche de un martes.

- Es que la Stella sabe a los mil demonios ahora. Yo me quedo con una Bock. ¡Bataille! ¡Pedite una Quilmes Bock para mi por favor!

Ni bola que me dio Jorge, tuve que levantarme a pedirle yo al mozo que trajera algo medianamente copado. Cuando volví a la mesa Bataille discutía sobre los Beatles:

- Yesterday es épico, la verdad. Help! debe ser el mejor disco de los Beatles, es impresionante.

- Los Beatles no tienen mejor disco - contesté-. Son todos sencillamente sublimes.

- Es cierto en verdad.

- Pfff, I would marry rock n roll if I could....

Gilles lucía una sonrisa de oreja a oreja, mientras Barthes se dedicaba más que nada a escuchar nuestros halagos a los cuatro fantásticos porque él sabe más bien poco de música.

- A todo esto - dijo Roland -, ¿por qué me consultabas sobre dolores punzantes en el brazo la otra noche?

- Nada - contesté -. Me pegaron un golpe en un inicio de altercado en una fiesta y precisaba saber si me habían hecho algo malo y tenía que ir a la guardia. Nada grave igual, como veras.

Hacía rato que no nos juntábamos todos juntos. Y fue Barthes el que disparó primero:

- Gilles, finalmente lograste una salida sin tu mujer.

- Lo sé. Es que se hace difícil, ella es bastante apegada. El otro día me llamó para consultarme sobre una remerita que se querái comprar, a ver si me gustaba. Me reclama. Me tengo que separar.

Deleuze se opaca al hablar de Clarisa, como si estuviera contándonos de su gran carga, de un gran peso. Pero siempre están ahí, juntos.

- Gilles - dije -, pareciera que estás con ella simplemente para no estar solo.

- No, nada que ver -contestó en un claro gesto defensivo-. Yo digo eso pero no, estoy bien con ella.

Escuchar un "me quiero separar" cada vez que veo a Deleuze me llevó no creerle. De tratarse de un chiste, nadie lo repetiría tantas veces, pues es demasiado malo.

- Simplemente deberías emanciparte más de ella - dijo Rolland.

- Todo bien con Clarisa, pero a veces queremos estar por nuestra cuenta -acotó Bataille-. Sobre todo porque a ella no le gusta que yo hable de Susana, a ver si le anda contando cosas. Quiero libertad che.

- Bue bue, si para ustedes es difícil, imaginensé para mi. Yo estoy con ella y me doy cuenta de esas cosas.

Gilles comenzaba a enojarse. La conversación lo incomodaba, pero nosotros tres habíamos improvisado un acuerdo tácito de tratar el tema.

- Hasta cuando aparecen las amigas, merodea por donde andamos nosotros -prosiguió Roland dejando su chop sobre la mesa-. El viernes Bentham hace unos tacos en la casa, pero nada de cueros.

- Bueno muchachos, no sé qué haré. ¿ok? Ustede andan libres por ahí y me meten presión.

- Libertad - dije-. No te decimos que la libertad sea pasársela de joda. Sino que notamos que te quejás mucho de Clarisa, tus gestos te delatan, tu vos, ahora mismo no querés hablar demasiado de ella. Porque se supone que ahora saliste con los pibes y es tu oasis de libertad. Pero no, así no funciona Gilles.

- Lo que digo no lo digo en serio. Son cosas que uno dice. Lo que pasa es que vos como estás ahora con Jackie resulta que tu relación es nueva, pero ya vas a querer mandarla a la mierda. Uno se cansa che, hace años que estoy con Clarisa, uno tiene ganas de renovarse.

Lapidario.

- Bueno, más allá de si tenés razón o no, decimos que te ves un poco agobiado - dijo Bataille.

Definitivamente Gilles estaba agobiado. Uno de sus últimos refugios, nosotros, estaba en su contra. Barthes dio un discurso sobre lo que es una relación funcional y lo que no:

- Tienen que tener su espacio compartido, claro. Pero también poder andar cada uno por su cuenta. A vos lo que te pasa es que estás ahogado, que están toooooodo el tiempo juntos. Y eso no va a llevar a ningún lado. Esa dependencia es aniquiladora. No es que tenga nada contra el amor, ojo, sino que sencillamente precisamos los seres humanos cierta libertad.

Resulta que la libertad es cuando uno está solo. Resulta que todo es la degradación. Ponty seguro coincidiría conmigo, que el solipsismo es más de lo mismo, que la libertad no se trata de impunidad sino de fluir, encontrarle lo lindo al accidente, de involucrarse en...

- Increible. Logro salirme un rato de casa solo, y ustedes me vienen con esta - exclamó Deleuze-. Rolland, no me des sermones porque no sos el indicado: bien que cuando una te gusta de volvés un pollerudo hasta la pelotudés máxima. Y vos Jorge, bien sencillo es lo tuyo: nunca anduviste de novio por lo tanto no sabés. Y el dia que te agarres a una vas a ver como no la querés soltar. Y Jimmy, ¿te parece a vos? Sos más inestable que el plutonio, ya te lo dijeron todas, Bella, Male, Justine. ¡Hasta Jackie! No te bancás que nada dure demasiado.

La cosa se había puesto cruda. Mirábamos a Gilles cabreado, pensamos que algún vaso iba a volar por los aires. Por las dudas agarré mi chop.

- Muchachos, son unos boludos. Todos tenemos nuestras crisis che, pero no me esperaba que no me banquen, que no banquen a Clari, que me vengan con charlitas y "que no te vemos bien".

- Vos mismo decís que te querés escapar - dije.

- Recreos, dispersión, un poco de televisión desinteresada o un buen libro de ciencia ficción. Eso. No estar siempre en el mismo lugar, tomándome las cosas en serio. Me conocés, deberías saberlo. Pero más allá de eso a Clari la quiero yo.

- Y por eso le bajás la caña a la otra, perfectamente coherente - dijo Rolland.

- Pará que eso lo festejo, che - intervino Bataille-. Está buena.

Me sentía una especie de consultor moralista, que intentaba evangelizar a un playboy devenido en marido insatisfecho.

- Rolland, flor de pelotudo. Con la otra tengo una relación meramente sexual, nada más. Es una forma de salirme de la rutina, si así lo querés, soy joven, soy humano che.

- Y en crisis - dije.

Disparó contra mi como si fuera su archienemigo:

- Que vos te hayas sentido asfixiado por Bella en su momento es asunto tuyo. Vos estabas mal, estás trasladando lo que te pasó hacia mi persona, pero no.

Recordé efectivamente eso. Al verlo a Gilles ahora sentí un alivio. Él no tenía la valentía de decirle a Clarisa que no la quería más, o de quedarse solo. Había una línea entre él y yo: frente a mi vi el miedo que alguna vez tuve, estaba ese tipo que apostaba por la continuidad hasta la terquedad ridícula. Frente a él, estaba el tipo que teme a lo continuo, que se retuerce a cada momento para no ser igual y siempre termina en lo mismo.

- Y vos decís que la tengo que dejar. ¿Y entonces? La puta... - se levantó Gilles y salió.

- ¿No es para tanto? - preguntó Bataille.

- Quizás no fueron del todo felices tus palabras - me dijo Rolland -. Pero tenés razón, tiene miedo de quedarse solo. Es raro, justo él.

- Cuatro años saliendo - dijo Bataille-. La mierda. Se puso sensible me parece.

Los entrometidos

miércoles, 12 de mayo de 2010

I
Una serie de cruces, ocurridos casualmente todos en corto tiempo y en un mismo lugar:

II
Esperabamos la salida de Bataille, que estaba pronto a recibirse. Nos encontrábamos aprontados en la puerta del aula 124 del Pabellón III de Ciudad Universitaria, con huevos, harina, vino berreta, vinagre y otras cosas sabrosas. Jorge no había querido ver a nadie antes del exámen.

Deleuze era de los más emocionados, iba y venía para todos lados, quería traer más huevos porque decía que eran pocos. Era la previa a una fiesta, pero:

La novia de Deleuze, Clarisa Lispector, estaba cumpungida sentada en el piso, a un costado de la puerta del aula donde rendía Bataille. ¿El problema? No soportaba que la ex novia de Gilles estuviera presente. Peor aún, sufría porque ellos se ponían a hablar.

Gilles hablaba con su ex, largo y tendido, como si no se vieran hacía años. Lo cual era verdad, pues más allá de que vivan en frente, hacía años que nadie sabía mucho de Angelina. Desde el piso Clarisa observaba. Odiaba a Angelina, no la soportaba, se paseaba tan impune por el Pabellón III, Gilles le prestaba tanta atención. Claro, total a él qué carajo le importaba, él había estado con ella, ahora era su novio. Él estaba en ventaja, las conocía íntimamente a las dos, sabía todo sobre las dos.

- Creo que le otorgás demasiada importancia - le dijo Jim a Clarisa-. Hace tiempo que estuvieron juntos.

- No me pasa nada.

- Vamos, tenés los ojos rojos.

- Es que no me da bola. Le habla más a ella que a mi.

- Igual -dijo Clarisa resentida -, vos no sos quién para decirme que me tome las cosas a la ligera, te recuerdo.

Bentham se hartó de hacer de soporte técnico a una mujer con la que ni siquiera tenía gran trato, así que optó por irse y ya.

Algo de razón tenía. Gilles parecía demasiado dedicado a Angelina. Pensé en enviarle un mensaje para avivarlo, pero solito se dio cuenta de que su novia se sentía más abandonada que perrito de la calle.

- ¿Qué pasa corazón? - dijo Deleuze, sentándose junto a ella y abrazándola.

- Quiero que se vaya.

- Pero corazón, ella es amiga de Bataille. Lo que importa es la recibida de Jorge, nada más. No le des bola.

Es probable que Clarisa no le haya podido quitar sus ojos maliciosos de encima a Angelina en toda la noche.

III
Ciudad Universitaria es grande. Pero aún así, si hay alguien a quien me podía encontrar era a
Justine.

- ¿Así que Jaqueline Rousseau es tu nueva novia?

- No estamos de novios. Simplemente salimos - contesté defendiéndome innecesariamente.

¿Será posible que Justine conozca a Jackie por el solo hecho de vivir ambas en Olivos? ¿Serán compañeras del secundario? ¿Irán al mismo almacén? Así tan frontal, Justine había venido a hablarme. A mi no me interesaba en lo más mínimo, pero ella con total impunidad se presentó y me saludó. Todo esto en la previa a la recibida de Bataille.

- Así que no es tu novia... Claro. Una fija - dijo Justine, guiñándome el ojo.

Iba a decirle que no era así, que simplemente quizás estabamos en el estadío previo a ponernos en serio, o quizás no. Que todo es relativo y volátil con Rousseau, que somos dos juntos y a veces separados. Pero me di cuenta de que no tenía por qué darle explicaciones.

- En fin... Pensé que vendrías a dar clases los miércoles. Veo que te cambiaron de día.

- Sep. Echaron al ayudante que estaba en la comisión de los martes. Se puso a salir con una alumna y se armó quilombo. Tenemos un jefe de cátedra bastante conservador. ¿Cómo va la banda?

¿Cómo mierda estaba enterad...? Claaaro... Pero qué tipo pelotudo que soy. Víctima de un laburo de contrainteligencia. Por más de que yo no pregunte por ella, Justine mantiene cierto contacto con gente de mi entorno.

- Ahí. Sólo preparamos un minishow, en cuando hagamos eso automáticamente la formación queda disuelta.

- ¿Disuelta? ¿O sos tan soberbio que por el sólo hecho de que tu salida desecadenará la disolución?

- Debo admitir que tenés razón. Reformulo tomando tu versión: luego de que toquemos me abro. Que el resto haga lo que quiera.

- ¿Puedo preguntar por qué esa inconstancia? ¿Por qué esa necesidad de desarmar lo que hacés?

- Solo sí puedo preguntar por qué te interesa tanto que yo desarme o rearme - retruqué un tanto cansado de la indagatoria.

- Debo ir a clase, hay entrega. En fin, bueno nos vemos. Ah, y felicitaciones por tu recibimiento.

Justine lucía soberbia, se alejó cruzando el patio central del tercer pabellón. Era evidente que había preguntado por mi, sabía cosas que no podía saber.

IV
Yo no quiero que venga nadie, no quiero ver a nadie, me tomé como cincuenta tés de tilo y estoy un tanto tranquilo. Camino para todos lados, pero es sólo por divertimento. Lo vi a Deleuze dando vueltas, ¿estará el resto? Los mato.

Y vos decime, ¿será posible que vos también te recibas el mismo día que yo? ¿Será posible que arquitectura legal se rinda en el mismo momento que Diseño Editorial? La puta madre, Sontag, pareciera imposible liberarse de vos.

Yo en el aula 124. Vos en el aula 122. Increible parece.

Yo te vi, vos me viste. ¿Estamos ofendidos? Vos porque te tiré un balde por la cabeza, yo porque siempre fuimos sólo amigos. Podriamos haber coordinado para ni cruzarnos. Y escuchame vos, Deleuze, ¿por qué mierda vas y la saludas? Estás acá por mi, no por ella, se sabe ya. No me importa que ella se reciba el mismo día que yo.

Y esto de tener que esperar dos horas en la puerta de un aula para rendir es una mierda. Y tembién es una mierda que me tomen escrito y luego oral. Probablemente Susana defienda un trabajito que entregó hace dos semanas y como además tiene todo promedio diez, está todo resuelto.

Pero yo, estoy al horno. Hola Justine, qué hacés. Sí, voy a dar mi último final, así que quizás me reciba, aunque... Sí, se recibió hará unos meses, si a mi me va bien nos ponemos a full con la banda. ¿Vas a dar clase? Tratalos bien a tus alumnos, mirá como sufrimos. No tiemblo de nervios, tiemblo por las esperanzas. Chau, sí, nos vemos claro.

Ahora me pasás por al lado. Mirá, yo soy menos cabeza dura que vos, te saludo. Hola, ¿cómo andás? Te saludo porque sé que no querés que te salude.

Y mirá que lo ensayamos eh:

Hola me dijo sorprendida Susana, como si nunca me hubiera visto. Yo le dije que la había visto, pero pensé que no quería que le hable. Ella mintió y dijo que no, que nada que ver. Yo le pregunté qué rendía, aunque ya lo sabía por Bentham. Ella dijo que Diseño Editorial. ¿No es esa la materia que da Justine?

En qué andás me preguntó ella. Yo contesté que me recibía. Ella también me dijo que se recibía. Y entonces le pregunté si estaba con alguien. Se tomó la pregunta para el orto.

Justo me llamaron. Entré, se presurizó el aula. Comencé a escribir, escribí como un frenético. Oral luego. Se me perdían las palabras, le decía "no sé" a la profesora. La mina me decía "pero lo dijiste recién", se me mezclaba todo. Una piba que estaba rindiendo en una mesa de más adelante se desmayó, entró el médico. Yo dije algo de la legislación sobre los pulmones de manzana. Me habían preguntado sobre espacios verdes.

Seis.

V
Alzamos entre todos a Bataille, recién recibido. Alguien le pasó la maquinita de cortar el pelo y cayeron uns mechones. Lo sacamos del Pabellón III, bajó las escaleras rápidamente y los huevos comenzaron a lloverle, la mayoría errando.

En menos de cinco minutos Bataille era un enchastre de huevo, harina, ketchup. El vinagre le picaba los ojos. Le tiré medio litro de Termidor en la cabeza: el peor olor del mundo. Polenta en sus pantalones. Mi remera parecía un batik, aunque Gilles estaba peor: parecía que él también se había recibido.

Alguien le alunizó un huevaso de Angelina en la frente. Sonó duro.

Justine me saludó saliéndo del Pabellón III, por las escaleras. La perdí al instante.

Sontag escapó sutilmente por la otra escalera, la vimos alejarse: no quería terminar hecha un enchastre, y sobre todo ser atacada por el gran enchastrado.

Jugador múltiple

jueves, 22 de abril de 2010

Con tanta simpleza tuve que coordinar mi encuentro con una muchacha que mora en Morón, todo justo después de que terminé de salir con otra en Belgrano. Con esta última había pasado la noche anterior, ella cocinó y nos quedamos viendo Malice in Wonderland, película que no les recomiendo.

Al despertarnos, a eso de las once, recordé que había quedado en ver a esta otra chica, la de danzas árabes. Pero me estaban reteniendo, y me quedé hasta la tarde. Cuando me fijé en el celular tenía dos mensajes y una llamada perdida. Y menos mal que el celular permaneció callado todo este tiempo.

En el baño arreglé encontrarnos en Palermo, cerca de Serrano. Ese lugar supo ser la base de Bentham, y según me indicó cerca está el Rampacar, así que improvisé el lugar y no le di demasiada elección. Total de Morón a Palermo esa chica hacía rápido.

Cuando salí de Belgrano era tarde, tenía que ir volando, así que me tomé un taxi. Mi economía era la peor, pues por más de que no había derrochado grandes dineros con la otra chica, era fin de mes y me mataba. Mi efectivo no alcanzaría los cincuenta pesos. ¿Qué haría? ¿Podía alegar que me habían afanado? ¿Quizás podría pedir crédito por lo de algún amigo?

Cuando me la encontré tenía cara de haberme esperado durante veinte minutos. Como llegué en taxi de capital me sentí re buchoneado que no había estado en casa. Pensé que ella no lo notaría, y nos fuimos primero a tomar brevemente algo. Nos sentamos en un barcito de los de Niceto Vega. Mi crédito me tenía preocupado, ella se daba cuenta que tenía la cabeza en cualquier parte.

Pensé en Bentham, que vive mas o menos cerca. Le mandé un mensaje para ver en qué andaba, pero el maldito estaba perdido con Jackie en Parque Rivadavia, seguramente gastando dinero en libros y cosas de ñoños. Entonces cuando me fui al baño llamé a Bataille.

- Che.

- ¿Qué acelgaaaaa? - me contestó la voz cuasi ebria de Jorge.

- che, necesito me hagás la gamba. Estoy corto de cash y estoy en medio de una cita. ¿No me alcanzarías cien pé?

- ¿Eh? ¿Encima de prestarte guita tengo que llevartela a donde estás?

- Daleeeee, porfa! Se trata de la bailarina esta, la árabe porfa.

- Esa está buena. ¿Pero cómo saliste sin guita pelotudo? - reprochó Jorge.

- No sé me olvidé. Mirá, estoy en Niceto Vega, en la esquina frente a Niceto el lugar. Antes del Roxy. Dale vos tenés la Combi venite de toque, te aparecés como casualmente y me das la guita con carpa.

- Puf no puedo creer que me voy a ir hasta allá sólo para pagarte el polvo.

Cuando corté con Bataille, me sentía a salvo. Bataille apareció a los cuarenta minutos y cuando me dio la mano me encajó los billetes. Un crack, cómo lo quiero a Jorge. Encima le tiraba los galgos a la bailarina:

- Mirá vos, que extraño encontrarla por aquí. Yo que pensaba darme una vuelta por Scalabrini Ortiz para ver si me la encontraba moviendo las cachas - dijo haciendo pacitos de baile.

Lo justo para pasar la noche. En algún momento de la noche mi chica me llamaría, precisaría una buena excusa. Pero seguro Jorge intervendría con algo tan copado como "nos juntamos a jugar al poker", "ensayamos después de hora" o "nos juntamos a jugar a la Wii", alguna cosa que fuera lo suficientemente repelente para ella como para darme vía libre. Esas tres opciones le mandé por mensaje de texto a Jorge, Bentham y Barthes, para coordinar mi coartada.

Se me rieron los tres, y esto seríoa cuento para las próximas semanas.

Al otro día tenía que aparecer temprano por lo de mi novia, y en estado. Seguro tendríamos que almorzar con sus padres o algo. Menos mal que en los telos a uno lo despiertan a más tardar 10.30.

Al otro día me dolía la espalda, y un tirón en la pantorrilla me había dejado medio rengo. Todo muy bien con la chica árabe, pero no me gustaba que ronque. Salí

Llegué y me recibió con una sonrisa. No teníamos que ir a ninguna parte por suerte. Me preguntó cómo la había pasado anoche, si había ganado. ¿A qué? ¡No sabía cuál coartada habían usado en mi favor! Por las dudas dije que ni, que seguro Bataille había hecho trampa.

- Pensé que ni Barthes ni Bentham se prendían en la Wii -dijo ella.

- Seeee, sobre todo Jim, es un fanático, le encanta jugar al Winning. Lo que pasa es que lo niega públicamente pero es de quejoso nomás, en verdad...

- ¿Querés pedir algo para comer? ¿O salimos?

- Ouch corazón, estoy sin un mango.

El desorden

martes, 30 de marzo de 2010

[Fecha original: 27 de septiembre 09. Con algo de info retocada, y hay una leve mezcla de personajes.]

Ingresa Jim Bentham por la derecha del escenario. Cabizbajo, no presta atención a lo que lo rodea. Al pasar la mitad del escenario se detiene, piensa un tanto, mira al público. Recién luego de una leve inspección al vacío, comenzará a hablar:

Bentham: Básicamente los silencios son una forma de comunicar, porque como debieramos saber todos a esta altura, entre dos seres la nada no existe. Hay ocasiones en las que nos significamos a nosotros mismos de forma muy traicionera.

Será preciso que el escenario esté inundado de oscuridad, salvo por el spot de luz que cae sobre Jim. El mismo irá haciéndose más grande, para poder iluminar la aproximación del resto de sus interlocutores.

Bentham: Si estoy aquí parado ahora, es porque decidicamente el autor no ha encontrado el espacio en su imaginación para disponer de los relatos que debieran seguir. Es decir, tenemos a una serie de pelandrunes intentando ensayar, sobre todo a dos de ellos rememorando sus peleas. Eso iba a ser escrito en el Rehearsal Dairy II, pero está ahí, lo han dejado en borrador.

Una breve pausa aniquila el monólogo, pero sólo en apariencia. A Bentham no le importa si es escuchado, simplemente asume que sus interlocutores están interesados en...

Bentham: No sólo eso, sino más importante, el autor tiene la obligación de explicarnos a todos - a mí inclusive - cómo acordó Allen encontrarse con Rocío. ¿No es esto una incoherencia por parte del personaje? Más aún, cabe cuestionarse la calidad del relato sobre tal episodio. Lo peor, no sabemos cómo iniciose esa peripecia, ya que no ha sido escrita áun al menos. ¿Rocío inventó qué dinamita? ¿Allen qué espera de todo esto?

Ingresa Valeria al escenario. Un tanto enojada quizás, otro tanto ansiosa. El circulo de luz que ha ido creciendo sobre Bentham, puede alojarlos a ambos.

Valeria: Eso no debería ocurrir. Evidentemente debe ser un error del autor.

Bentham: Así lo opino, pero, vamos a los tantos. Para escribir se precisa material, y el material procede de nuestra existencia, reelaborado por nuestra imaginación. El cuerpo es nuestro punto de anclaje en el mundo, dijo Merleau-Pónty, una cita obligada. Tomar otra decisión será una estúpida traición...

Valeria (interrumpiendo): Como sea. Por otro lado creo que tengo yo también posts pendientes.

Bentham: Efectivamente. De hecho, estamos hablando ahora porque lo que iba a decirse de ti, no será dicho. A modo de adelanto, se supone que estás saliendo con alguien. Pero aún no lo hemos relatado, claro.

Valeria: Upppsss. ¿Con quién? Ahora quiero saber.

Bentham ignorará a Valeria para retomar su monólogo. Ella se quedará al lado de él, escuchando atentamente.

Bentham: Las temporalidades están un tanto afectadas. De hecho, este post fue iniciado hace dos meses, y dejado en borrador. "El Espacio" también sufrió un desmán similar, pero de un mes. Todo por... ¿ideas inconclusas? ¿La salud de Gregor? ¿Vos Valeria, te portaste como te portaste? ¿Y Verónica logró desubicar los espacios sentimentales? Ninguno de estos hechos es determinante, hay respuestas parciales pero nadie está interesado en escucharlas, y menos en desarrollarlas.

Valeria: Por otro lado tiene que explicar una serie de frases, como aquel mensaje que me llegó a las tres de la mañana: "La razón nos da los elementos para la creación con la condición de que los utilicemos contra ella misma", es una.

Bentham asiente. Ingresa Deleuze para intervenir. El círculo de luz ahora es lo suficientemente grande para iluminarlos a los tres. Arastra un pequeño pizzarón.

Deleuze: También se pensó en algún momento diagramar una explicación de todo esto. El entramado de relaciones hasta aquí parece demasiado, es poco creíble, nada sostenible, hace agua. Supongamos.

Deleuze comienza a dibujar. Bentham observa, mientras Valeria se ve interesada en ese "diagrama".

Deleuze: Se supone que Day y Allen ya no salen más hace tiempo, pero sorpresivamente, mantienen un diálogo entrecortado. Day encima es parienta de Bob, -como si se tratara de Bella y Barthes- con quien Allen mantiene últimamente demasiadas conversaciones sobre medicina y mujeres.

Bentham: Epa, ni que fuera ginecólogo.

Valeria pone cara de "¿qué dijiste, pelotudo?". Deleuze se detiene para mirar serio a Bentham. Hace un gesto mofándose y continúa:

Deleuze: Valeria salió con Allen en dos épocas, quedando ambas anuladas por offside. Y creo que a esta altura... ¿te acordás de Meri? Bueno, algo parecido lo que pasa es que... En realidad Meri se parece más a Verónica.

En el pizarrón hay un dibujo de un hombrecito, hecho con palitos. A su alrededor Gilles ha dibujado tres mujeres con palitos -se distinguen por el triangulito que hace de pollera-. Bentham observa el diagrama.

Bentham: De ninguna manera, Meri no es rubia.

Valeria: Eso no es lo que importa, estás perdiendo el punto.

Bentham: Y yo sé que en verdad querés ubicar más lejos a otra, por la época.

Deleuze: Con toda efectividad.

Dibuja una tercer mujer, más lejos. Se trata de Guillermina.

Deleuze: Los kilómetros hasta aquí, kilometros, Valery. Esto también aplicará a Bataille, como se verá en el futuro.(*)

Valeria: No la conozco pero la verdad es que no me gusta ella.

Ingresa Antonella Chejov, caminando decidida y firme.

Antonella: Sé que no cambiaré nada pero mis acotaciones siguen siendo las mismas. Allen y Guillermine need a talk. Pero es un problema porque ella se aproxima demasiado suelta y él mantiene esa posición ridícula de silencio. Ambos dos tienen una conjugación trunca.

Deleuze y Bentham miran a Chejov, quien sostiene su mirada ante ellos. Valery se está aburriendo, es ella la única del elenco anterior que permanece en escena.

Ingresa Felipe, bebiendo vodka de un vaso y con una botella de Smirnoff.

Felipe: No pude evitar escuchar. Mirá, estás omitiendo a Day de forma grosera. Gilles, no seas gil. Giles en plural, o como sea.

Le arrebata la tiza (puede ser un marcador) con el que Deleuze dibujó en el pizarrón, y dibuja a Day (escribe a su lado, "Daytona").

Bentham: En definitiva, si hemos de ir a los tantos, a Day jamás le gusto todo el mundo circundante a Allen.

Valeria: Dicen que soy paranóica pero cada vez que me acercaba a hablar con Allen, Day aparecía a los dos segundos como si estuviera cuidando.

Deleuze: La intuición de que algo había pasado, querida Valery. En fin, continuo: el tema Rocío aún así será sepultado. Con vos, querida Val, Allen ya no tiene tanto que hablar. Ahora, de seguir en la tira el personaje de Paula tendría un valor similar al que tuvo Luna en los inicios. Pero bien sabemos que Paula es reemplazada, al menos parcialmente por...

Antonella mira al escenario, mira a cualquier punto. No está prestando atención, probablemente halló en cualquier lado de la sala algo más interesante sobre qué concentrarse.

Felipe dibuja un tipito: Bataille. A una chica: Sontag. Traza una línea punteada que los une. Tacha a la chica.

Felipe: Ya fue.

Bentham: Pero en ese caso habría que dibujar toda una serie de paralelos. Por ejemplo Orlando con Ly, y varios puntos de fuga.

Deleuze se ríe.

Bentham: Y además de que Bob se trae algo. Pero de eso se hablará bastante después, y con otros nombres y palabras, con una convergencia de escenarios y una total vaguedad con respecto a las referencias temporales. Los años convergen en páginas, entre letras, se.

Valeria: Pero toda esta discusión no aporta nada. O sea, no entiendo un carajo. Y ni siquiera tengo un adelanto de lo que pasará.

Felipe: Bah, tanto mejor. Ni me lo digan. Y ahora que lo pienso, hay una inversión de roles. Piensen: Bataille con Sontag, el imbécil con la chica inteligente. Y la inversa: Barthes con la Rusa. A todo esto jamás se aclaró demasiado de esto último (**)

Felipe vuelca un poco de su Smirnoff. Se calla, como si estuviera de luto por haber derrochado el precioso líquido.

Deleuze: Sobre la crisis de predicciones, sobre ese racionalismo exponencial, se supone rezarán los próximos post, con la inclusión de Rousseau. Pero esa es otra historia, ¿No Jimmy?

Bentham afirma, sin querer ser muy demostrativo al respecto. Val lo mira, queriendo comprender de quién hablan, pero simplemente nadie dice nada más. Chejov pregunta espontáneamente:

Antonella: ¿Qué se sabe de Lola? ¿Sabían que desapareció?

Bentham y Deleuze ríen. Felipe también. Valeria se retira frustrada del escenario, pues no ha sacado nada en concreto. Antonella mira cómo los otros tres sujetos se ríen mientras las luces bajan. La escena se pierde en la oscuridad.

--
(*): Sobre el caso de Bataille, hay un post a tal fin ya. Cuando se escribió originalmente este post se suponía que aún el cruce entre Sontag y Jorge estaba por ocurrir. El post data del 23 de diciembre de 2009.

(**): Ese post jamás se publicó. En el mismo se relataba la conversación en el auto entre Bentham, Chejov y Barthes, al respecto de lo sucedido esa misma noche con la Rusa.

El desperdicio

jueves, 4 de marzo de 2010

Algo así:

Fue un viernes por la tarde que sorpresivamente se estrelló un mensaje en mi celular. "Hola, al final no nos cruzamos en el msn en toda la semana.". Era Susana. Obviamente me encontré entre la sorpresa y el júbilo, entre la estupidez y el pánico -como si entre esas dos obras de Spregelburd existiera otra-.

Le pregunté a Gilles. Contestó "Te está tanteando. Dale pa frenchi".

Le pregunté a Rose. Contestó "¡Epa! Yo creo que está interesada".

Le pregunte a Bentham. Contestó "Efectivamente, suena a un tanteo".

Entonces procedí: efectué una respuesta un tanto estúpida que no vale la pena contar. Lo importante es que conseguí salir con Susan un viernes a la noche así de la nada. Y yo me sentía re copante y ella estaba hermosa.

La encontré en Santa Fe y Callao, para ir a comer por ahí y luego quién sabía. No teníamos mayor plan que encontrarnos, y eso era lo que me había puesto tan contento, tan vital. Ella esbozó esa sonrisa que tiene tan practicada como sus tiros de hockey. Yo implementé alguna de mis observaciones jocosas como "qué pintusa la chiruza", o similares.

Y entonces, a Miró, un restaurant con velas y mesitas lindas. Ella me contó que había cambiado de trabajo, que se había pasado a otro estudio (contable). Yo le conté que pensaba en irme a Europa, que Barthes y Bentham me habían llenado la cabeza con su viajecito. Eramos dos personas contándonos nuestras existencias, el tiempo era vertiginosamente personal para nosotros, eramos dos. Y entonces decidí que era hora de aclarar algunas cosas. Por lo que fui al baño y al retornar, me senté a su lado.

- Oh. Bueno Jorge -dijo ella-. ¿Ahora estás aquí?

- Es que me molesta la mesa en el medio. Atenta contra mi ser en este momento, y además desde acá puedo llamar al mozo para pedirle otra margarita.

Ella sonrió, que era lo mejor que me podía pasar. Susana Sontag tiene una hermosa sonrisa y yo me consideraba dichoso de que me sonriera tan cerca. Continué la charla -dije algo del recital de Coldplay, que a ella le gusta-, y entonces la tomé de la mano.

- Creo que hay un malentendido - dijo ella-. Es que...

Creo que en ese momento recordé la metáfora de Bentham sobre los montajes y cómo estos se desmoronan, pues en ocasiones las construcciones más elaboradas son las más frágiles. "Es cuestión de atar un par de palabras a un lugar y tiempo precisos para que se vaya todo a la mierda", o algo así, había dicho Jim. Y efectivamente sentí todo desmoronarse.

Estaba demasiado expuesto, demasiado con ella en ese momento. Y repentinamente quería estar sin ella, omitirla, irme. No recuerdo qué más dijo ella, ni qué le contesté. Pero si recuerdo que largué un:

- ¿Te parece que nos vayamos?

Viernes once y media de la noche y ya era un fracaso. Me pregunté si los muchachos habrían salido, pero no era más que una pregunta pelotuda, pues no quería salir.

- Jorge, plis - dijo ella-. No quiero que estés mal. Pero me gusta ser tu amiga.

No dijo nada de que eso de ser amigos era una mierda. No dijo anda de lo ridículo que era decir lo que estaba diciendo. Tampoco dijo nada cuando la dejé en un taxi, pues ni ella quería subirse a mi auto ni yo quería llevarla.

Y luego:

- No sé. La verdad que me desorientó.

- Es una frígida - dijo Gilles-. Ni ella sabe lo que quiere. No le conozco ni un novio a esa piba. Y mirá que es linda eh. Pero se ortiva. Con vos tiene buena onda, pero a nosotros...

- Jorge, estimado Jorge - acotó Jim-. Nunca se sabe qué ocurre en la cabeza de una dama, y menos en el corazón. Todos pensamos que finalmente se iba a poner las pilas, que una chica amable como Susana se había dado cuenta de el gran partido que es Bataille. Aún así aplaudo la pirueta con la que conseguiste salir con ella, me encantaría que se me hubiera ocurrido a mi.

Jim lo había relatado: la chica sensible que por un cambio de circunstancias deviene en la chica cruel.

- ¿Cómo era? ¿Una chica sensible, un tipo egocéntrico y un creído?

- En rigor - corrigió Bentham-: la obra versa sobre una chica sensible, un tipo egoista y otro tipo soberbio. Ahora no recuerdo las extrapolaciones más allá de la chica sensible que deviene en chica cruel, pero no creo que sea el caso de Susana. No hablaba del caso de Susana.

- Mirá - dijo Gilles-, es así. Ahora te la podés sacar de la cabeza a la pendeja. Listo, ya sabés que está loca, que no sabe lo que quiere, que te dice de salir y después no te da bola. Ahora te podés dedicar a pleno a otra cosa.

- Debo admitir que el argumento de Deleuze es al menos en parte, cierto - dijo Jim.

- Sí sí, ya se me va a pasar -contesté-. Ni que hubiera pasado algo con Sontag. Ni que hubiera sentido amor por ella, ni que hubieramos estado juntos verdaderamente.

Me llegó un mensaje. Era Susana preguntándome cómo estaba. Tanto Gilles como Jim votaron por no responder, por lo que seguí su opción. La verdad, ni ganas tenía. Entonces la charla prosiguió en los problemas de los otros. Gilles comentó que la Rusa le había llamado, pero él no le contestó. Luego el debate se movió a sobre quién versaba la figura de la chica sensible devenida en cruel: ¿Bella, Male Ponty o Justine Frischmann?

Llegué a la conclusión de que si yo protagonizara la obra intermedia entre La Estupidez y El Pánico, esta debería titularse El Desperdicio, pues tanta energía para llegar a nada...

Operativos

martes, 2 de marzo de 2010

Un tanto desorientado, Barthes intentaba explicarse cómo había terminado una muchacha ebria a sus pies, rodeada de pasto vomitado. La chica se encontraba inconsciente, farfullando cosas. Él quería hacerla reaccionar, pero no lograba respuesta. Su pulso estaba intacto, un poco acelerado a su parecer.

- ¿Rusa? ¿Rusa? - decía.

Nada. Todo parecía genial, estaba en cualquier parte del parque y tenía que arrastrar a esa piba hasta la casa. Desde lejos se veían las luces, se escuchaban gritos y Bataille corría al rededor, tirando chicas a la pileta y acusando a Bentham de traidor.

- Aunque sean más, si trabajamos en equipo las podemos tirar a todas - decía Jorge interesado en el asunto de mujeres mojadas.

- Definitivamente, pero tenemos que armar un perímetro cerca de la puerta del baño - explicaba Bentham mientras dibijaba en el aire el display-. De esta forma podemos cortar su paso al living, y ahí creo que un 50% de las asistentes terminará en la pileta. Luego creo que es altamente probable que de ese 50% podamos reclutar a algunas para arrojar a las otras a la pileta.

- El gran problema es extraer a las del living, que no quieren salir.

El principal objetivo de Jim y Jorge eran Rose Luxemburgo y Antonella Chejov, quienes habían hecho del living de la casa su bunker. Deleuze se encontraba en el living, pero más que un infiltrado, se ocupaba de otra cosa:

- ... llegué hace poco Brasil. No me canso de vacacionar allí, es un paraiso. Estoy considerando seriamente irme a vivir allí -le explicaba Gilles a una desconocida.

No tardó en convencerla. Luego la muchacha le señaló a Bataille que claramente desbordaba la operación indicada por bentham, todo para tirarse al agua con una chica vestida de rojo.

- ¡El celular! -gritó la chica de rojo, recién ingresada a la pileta.

Gilles se reía, por primera vez quizás apreciaba el paisaje de quilombo desde la distancia, a través de la ventana del living. ¿Y esa paz para no participar de dónde salía? Se quedó charlando con la chica. Un tal pablo preguntaba por su novia, que hacía rato que no la veía. ¿Dónde está Marín? Nadie sabía. El pibe buscaba en el área de la pileta, pero ninguna de las chicas empapadas era su novia.

- Che, creo que vi a la Rusa irse con Barthes para el bosque - dijo Antonella-. ¿Qué onda?

- Onda que quizás a Pablo no le guste demasiado eso ... - contestó Rose.

A lo lejos Barthes había logrado que la Rusa caminara, con gran ayuda de él claro.

- Rusa... ahora te vamos a dejar en el sofá, o quizás hasta te consiga una cama. Seguro tienen una cama. Habrá que conseguir que el escuadrón chapuzón no te tire a la pileta, pero a penas nos vean iniciaré acciones diplomáticas con Bataille y Bentham para que nos dejen secos en paz.

- mm arrdf - dijo la Rusa.

Arrastrar a esa piba era realmente un suplicio. De vez en cuando escupía algo de vómito y le quedaba un hilo de baba colgando. Barthes pensaba que seguro tenía algún pedazo de daikiri de durazno en la ropa, producto de las expulsiones de la chica.

Pablo desde que había llegado que no daba con su chica Marin, la Rusa. Jim y Jorge habían optado por dejar en paz al sujeto y no solicitar su ayuda.

- Tiene cara de ortiva - dijo Jim.

Cuando Barthes llegó al área más iluminada del parque, se dibujó una silueta de guerra: un soldado que llevaba a otro herido a cuestas. "Restatando al soldado Rusa", o algo así. Fue ahí cuando Antonella divisó a los combatientes que se aproximaban.

- Habría que iniciar un operativo de entrar a la Rusa a la casa sin que Pablo haga escándalo, lo que probablemente implique que no vea a su novia ebria en los brazos de Barthes.

Rose observó.

- Pero si salimos nos van a querer tirar. Y no están abiertos al diálogo.

- Sí sí - dijo Antonella-. Jim me escucha a mi, ahora vas a ver.

Antonella se asomó por la puerta al jardín, donde estaba operando el escuadrón chapuzón. Llamó la atención de Bentham, que se acercó pero inmediatamente tomó a Antonella del brazo para llevársela. Ella resistía, tomándose del marco de la puerta. "Pará boludo no".

Bentham logró llevarse a Antonella, justo cuando esta puteaba y cuando escuchó otro insulto detrás suyo. Fue ese el momento en que Pablo corría hacia Barthes y la Rusa.

- ¿Qué pasó? - preguntó Bentham.

- Que tenemos que ir a ver que Barthes esté bien, porque apareció el novio de la Rusa y tememos que se arme - dijo Antonella-.

- ¿La Rusa tiene novio? Puf pobre pibe...

Bentham dejó a Antonella para ver qué onda con los soldados.

- Te dije que me escuches, pero estabas demasiado ocupado tratando de tirarme al agua - dijo Antonella.

Jim ni contestó.

Pablo empujó a Barthes, le preguntó qué hacía con su novia. La Rusa simplemente se sentó, porque evidentemente caminar le había dado vértigo. Roland intentaba explicar: Fui al bosque a buscar el celular al auto y la encontré vomitándose la vida. Pero su explicación no lograba sonar a "no me trinqué a tu novia". Ciertamente la Rusa había estado con alquien, pero no era Barthes.

- Pendeja ebria - decía Deleuze mientras observaba la acción desde el living-. Parece que se arma. Ni me dijo que tenía novio.

Dejó a la muchacha en el living para concurrir a la escena del jardín. Bataille se dio cuenta de la situación recién cuando vio a Gilles salir rápidamente de la casa.

- Mirá, no pasó nada. Simplemente se agarró un pedo padre - intervino Bentham.

- Ee, ¿y a vos quién carajo te llamó? -dijo uno de los tres amigos de Pablo.

- Pará de apurar vos - decía Antonella que lo último que quería era trompadas-. Es así, la Rusa estuvo tomando desde temprano y se bajó no sé cuántos daikiris y vodkas.

Pablo empujó a Barthes, que parecía inmutable. No había chances de una pelea salvo que se pusieran necios Pablo y sus amigos. Una intervención de la Rusa hubiera sido ideal, pero se encontraba ocupada vomitando más aún.

- Pablo, simplemente llevátela -decía Antonella-. Mirala está para atrás. Te importa más cagarte a trompadas que otra cosa.

- ¿Qué pasa? - dijo Gilles llegando. Atrás de él venía Bataille.

Se pronosticaba gresca, pero Antonella estaba decidida a que nada ocurriera. Desconfiaba de Deleuze sobre todo, y no quería que a Bentham se le saltara un tornillo.

- Mirá - dijo Jim -, mi amigo te dice la verdad. Si hubieran estado haciendo algo él la deja ahí tirada, pero la estaba trayendo.

Bentham pensaba que ayudaba a distender pero nada que ver. Antonella deseaba que todos se callaran y la dejaran a ella llegar a una solución pacífica. Pablo miraba rabioso, Barthes mantenía su cordura. Bataille observaba la situación sin emitir palabra.

- Con él no estuve... - farfulló la Rusa.

Deleuze tragó saliva. Lo que allí pasara dependía de lo que la piba esa dijera.

- Estuve con él - y señaló por error a Bentham.

Pablo miraba con ira. Esto iba a ponerse feo. Deleuze pensaba que era mejor apartarse y no participar, no fuera cosa que la Rusa corrigiera lo que dijo. Entonces Antonella reaccionó rápído:

- No, él estaba en la pileta, lo viste llegar. Además él está conmigo.

Ahí nomás Antonella le dio un beso a Bentham.

Rose se rio por lo bajo. Barthes miró la tremenda jugada perpetrada por la señorita Chejov. Parecía que con bronca y todo, Pablo aceptaba que sin importar la calidad de relación que hubiuera entre Antonella y Jim, él no podía haber estado con la Rusa.

- ¿Entonces con quién? - preguntó Pablo.

- Ni idea - acotó Rose-. Vaya a saber, hay bastante gente. Algunos ya se fueron.

Jim miraba de reojo a Antonella, y se sorprendía de su docilidad y capacidad para seguir tal improvisación.

- ¿Podemos llevarnos a la Rusa? Que se acueste - dijo Bentham.

Deleuze miraba más apartado. No quería ausentarse pero tampoco llamar la atención. Se escudaba en Bataille y Barthes, que permanecían mudos.

Pablo y un amigo suyo llevaron a lo que quedaba de la Rusa hacia la casa, para recostarla. Ni bien entraron, Antonella dispuso que sacaran a Deleuze del area. Bataille deploró no poder continuar con su operativo, pues aún había como unas ocho chicas sin arrojar a la pileta.

- Qué organizativa que estás - le dijo Jim a Anto.

- Puf, ni que lo digas. Me siento una estratega. A todo esto, perdón pero tenía que inventar la excusa y eras perfecto. Era el elemento para salir del embrollo.

- No problem. La razón nos da los elementos para la creación, con la condición de que los usemos en contra de ella - contestó Bentham.

- Good quote. Who´s?

- Mía. Claramente organizaste elementos discretos, pero para verdaderamente salir de los embrollos, hace falta algún tipo de atentado como el tuyo. Admirable.

Antonella sonrió, mientras Bataille, Rose y Deleuze se retiraban. Ella partió con Barthes y Bentham media hora después, antes de que Pablo comenzara las indagatorias.

- Ahora, fijate cómo Barthes, sin hacer nada más que ir a buscar un celular, creo todo esto - observó Jim-. A todo esto Deleuze tiene que contar cómo mierda hizo.

- Yo qué mierda sabía que la pendeja esa era tal generadora de quilombos - se quejó Roland mientras miraba por la ventanilla del auto.

Estereo(tipos)

jueves, 25 de febrero de 2010

In the play there should be five stereotyped characters:

- A rationalist, can´t really understand anything in this world: Jim Bentham
- An anarquist, a terrorist against structures and discipline: George Bataille
- A romantic, married to his utopic feelings about love & life: Guy Debord
- A seducer, always ready to enjoy creation and improvisation: Gilles Deleuze
- The Doctor, an institution, ready to conquer the world in the name of science: Roland Barthes

Videoteque

domingo, 7 de febrero de 2010

Me vi obligado (por razones ficticias) a asociar un video (canción en verdad) a cada personaje (o lo que sean). Digamos (escribamos) que serían una especie (suerte de) indicador del carácter (o delineamiento), y que no pretenden explicar nada (jamás lo hago, ¿verdad?). Aquí van:

Jim Bentham:
Kashmir - Graceland


Rose Luxemburg:
The Beatles - Can´t buy me love


Rolando Barthes:
Blur - Country house


Antonella Chejov:
Miss world - Hole


Male Ponty:
In circles - Sunny Day Real Estate


Jorge Bataille:
Lord don´t slow me down - Oasis


Bella:
Run baby run - Garbage


Gilles Deleuze:
Aeroplane - Red Hot Chili Peppers


Algo así. Las canciones serían otras de atenernos a Jana, Orlando, Felipe, Zunny, Luna, Valerie, etc etc etc.

My wife

martes, 26 de enero de 2010

I
[My life's in jeopardy
Murdered in cold blood is what I'm gonna be
I ain't been home since Friday night
And now my wife is coming after me]

Comenzó a sonar el celular, y Deleuze no estaba en posición de atender. Pero tenía que atender. Mientras la piba aún dormía, utilizó el truco que él se sabe, que sale casi de forma automática: abrió la ventana, para generar algo de ruido ambiente.

- Hola gorda, buen día. ¿Cómo estás? Pero hey, no no, no te enojés.

A Orlando le decían que tenía las habilidades de un gato, de caer siempre parado.

- Estoy en la calle mi amor, salí a comprarle el regalo a tu mamá. ¿Tenés idea de algo que le pueda gustar? Porque me estoy quedando sin ideas...

Recordó de casualidad que era el cumpleaños de su suegra al otro día. A veces él mismo se sorprendía de su rapidez, tan implacable, tan versátil. La excusa le sirvió para entretenerla al otro lado de la línea, mientras relojeaba que la muchacha tirada en la cama no se despertara ni hablara.

- Ajá, bueno, mirá, yo voy a estar por Belgrano, así que de última nos juntamos para almozar.

La chica seguía durmiendo. Y acababa de comprar al menos dos horas hasta el encuentro con su novia, que también dormía al otro lado de la línea. Aunque por momentos pareciera que las excusas demuestran sus grietas. "Me debo estar volviendo viejo", pensó Deleuze.

[Give me police protection
Gonna buy a gun so
I can look after number one
Give me a bodyguard
A black belt Judo expert with a machine gun]

II
- Bueno, me dio esa sensación de que ella sabía -dijo Deleuze.

- ¿Pero por qué? - replicó Bataille -. Si dijiste que estuvo todo bien.

- Sí me quedé con esa sensación de no sé qué, de que mi excusa era cualquiera, se notó que no había pensado el regalo para nada, que no tenía ni idea. Además es poco defendible decirle que me desperté a las nueve de la mañana de un sábado a comprarle el regalo a mi suegra.

- Opino que quizás por primera vez te estés traicionando a vos mismo - dijo Bentham, mientras inspeccionaba una vidriera con guitarras.

Iban los tres sujetos por la galería Río de la Plata, a eso de las siete de la tarde. Poco tiempo antes Deleuze y su chica habían resuelto lo del dichoso regalo.

- ¿Y la piba con la que estabas te dijo algo? - preguntó Bataille, que había encontrado un teclado que le gustaba e hizo además de entrar a preguntar por el mismo. Y abandonó esa intensión rápido.

- Dormía. Igual era una loca de mierda. Le di un teléfono que no era.

- Perfect.

- Creo que le di el tuyo.

- ¿Qué? - dijo Bentham.

- Oh vamos, a los dos nos gusta joder a la gente. Vos tenes tu estilo bien cuestinable, yo tengo este. Además se que la única forma de picarte a vos es comprometerte en estas cosas. Si no querés no la atiendas.

Bentham comenzó a reirse. Deleuze había tomado ese hábito de molestarlo con esas cosas, regalar su teléfono a desconocidas. Eso le habíoa ayudado a restarle gravedad a las cosas.

- Bueno, pero para mi Jim tiene razón -dijo Bataille despidiéndose del teclado que le gustaba-. Te hacés mucho la cabeza y eso es raro. ¿Resulta que ahora tenés cargo de conciencia?

- No es por limarte, pero creo que uno de estos días tu inconsciente te va a entregar... Venís diciéndolo demasiado.

[All I did was have a bit too much to drink
And I picked the wrong precinct Got picked up by the law
And now I ain't got time to think]

- ¿Qué?

- "Me quiero separar". Por un lado te preocupa que se de cuenta y por otro lado te importa tan poco. Es raro.

- ¿Y a quién no le ha ocurrido? -preguntó Bataille-. Vos mismo dijiste que para estar en una relación uno no tiene que estar seguro de todo. En definitiva lo que hace Deleuze es ser un tanto más pragmático con eso que vos decís, esa relatividad con la que estás casado.

"Estoy casado con la relatividad", pensó Bentham con desilución.

- Sólo dije que siento que estoy perdiendo el toque, que no salgo de los apuros tan bien como antes -explicó Deleuze-. Quizás me agarre culp. En un momento pensé que fui un inconsciente, que no sabía ni quién era esa piba.

- Un derrapé... - dijo Bataille-. ¿Y qué sería de nosotros sin el éxtasis? Hay muchas formas de salirse de uno mismo, y creo que a vos, como a todos, te agarró miedo un poco.

- Yo no tengo miedo.

- Miedo, cierto ruido, un cuarto a la penumbra... -dijo Bentham-. En realidad cuando empezás a pensar es que intentás agarrate de toda la parafernalia racional para explicar.

- ¿Explicar qué? -preguntó Orlando mientras revisaba una vidriera por zapatillas Adidas.

Bentham hizo un gesto de "todo".

Bataille se puso a hablar con una chica que llevaba una remera de Led Zeppelin.

- Además yo estoy seguro de que ella me cagó - remató Deleuze.

- Ah, qué brillante argumento.

- ¿Vos no pensaste que algunas de tus ex te cagó? ¿Aunque no te hayas enterado?

III
Somehow, Bentham remembered a recent conversation that Allen and Paulie had not so long ago:

Paulie: O sea, cuando yo le metí los cuernos a mi ex era porque la relación no estaba bien.

Allen: Con ese criterio, cada vez que uno tiene una discusión de pareja se queda neurotizando toda la noche pensando que lo están cagando

Paulie: Y es que una se siente incompleta, o que el otro no da todo lo que da una por la relación. Yo creo que todos mis ex ponen las manos en el fuego porque yo les fui fiel.

Allen: How so... You sound really... encouraging... And I feel so married to my beliefs.

Paulie: Hey, sólo tomadlo como mi experiencia. Además yo a ella la defiendo...

That´s right, she stands by her.

IV
- Ignorance is bliss... - replicó Bentham-. Y ojo que lo mío no es moralismo, sino una especie de imposibilidad congénita eh.

Volvió Bataille, y retomó sus ideas:

- En definitiva, si se dio cuenta, por cómo es ella, seguro ya anduvo con otro. Son así, te meten los cuernos incluso antes de que vos hagas nada. En algunos casos al menos creo que lo hacen por inseguridad, como si dijeran "ya que me vas a cagar, yo te cago primero"...

[Gonna buy a tank and an aeroplane
When she catches up with me
Won't be no time to explain
She thinks I've been with another woman
And that's enough to send her half insane
Gonna buy a fast car
Put on my lead boots
And take a long, long drive
I may end up spending all my money
But I'll still be alive]

Deleuze no estaba demasiado satisfecho con esa acotación. Bentham pensó que Paulie hubiera podido intervenir fructiferamente en esa conversación. Bataille hizo un gesto de "tengo ganas de ir al Escandinavo a por una Wars pero como está cerrado a esta ahora me imagino que nos conformamos con una Stella en Cinema".

-En definitiva, todo es del orden de la creencia y los implícitos nos pueden jugar fantásticamente en contra - acotó Bentham mientras emprendían marcha-. Debería olvidarme de las palabras y dedicarme a lo no dicho. ¿So qué onda con la Zeppelin girl, George?...

[This post includes extracts from My Wife, by John Entwistle. Released on Who´s Next (1971) by The Who]

Los kilómetros hasta allí

miércoles, 23 de diciembre de 2009

La emotividad es algo tan variable. Por momentos me doy cuenta que trato de reducirla a una serie de variables de análisis, como si hablaramos de kilómetros, kilos, megavatios, amperajes, megabites y minutos con años y segundos. En definitiva no se trata más que de metáforas.

El problema (nos) surgió cuando en un cumpleaños Susana Sontag acudió acompañada de su chico y eso a Jorge no le gustó ni medio. Le guardó rabia, más por lo no ocurrido que por lo ocurrido, y menos por él que por ella. Porque en una rápida inspección, empíricamente basada en un sólido intercambio de palabras, determinamos junto a Gilles que el muchacho de Susan era un tremendo pelotudo.

- Saca sus puros como si fueran... se jacta de fumar cubanos... no sé, como si quisiera sacar a relucir su...

- Status - completé la oración de Gilles.

Y Susana andaba como quería, bailaba sin siquiera saludar a Jorge, lo que era agravante para él. Nunca lo había visto ahí, refugiado continuamente en la barra con su speed con vodka, el cuarto de la noche. Y consideremos que era la una recién. Bataille se encontraba a kilómetros de Susan, pero la observaba como si fuera su real destino.

Unos cuantos metros más cerca de mí, ella decía:

- ... maestra de primario. Aunque me tomaré el año que viene para aprender masajes.

Recordé esa tremenda contractura de mi cuello y desee que alguien me ofreciera uno nuevo. Acomodé las vértebras, lo que debe haber hecho un tremendo ruido y le dio pie a Gilles para que retome la conversación con la señorita. No tardó dos minutos en aparecer Bella.

- Me olvidé de preguntarte cómo andás - dijo.

- Cuando nos saludamos, pero vos sabés que uno siempre contesta de compromiso. Bien, lidiando con la situación de mi madre. ¿Vos?

- Bien. Cambio de trabajo por suerte. Te vi un tanto ocupado con ella.

Sabía que iba a decir algo de eso. Era como si nuestra (ex) relación pesara unos cuantos kilos y de vez en cuando sintiera la necesidad de pasarme los costales. Aún así, me sentía neutralmente bien y no me importaba tanto lo que pudiera decir Bella, o lo que pudiera pensar. Total, ya estaba jugado. Ella me contó más de su nueva posición y yo le conté cómo seguía siendo el mismo tipo de siempre. Ella me insinuó que estaba con alguien y yo le insinué que me parecía bien.

Revisaba ocasionalmente qué era de Jorge: se encontraba casi escondido. Me hacía acordar a la época en que yo elucubraba mis plantes.

- Jimmy, sos un tipo malumoradamente adorable - me dijo Bella, en lo que fue casi un chispazo.

- Sos una chica extructuradamente encantadora - contesté, para no elevar los amperes.

Mientras, Gilles anotaba el número telefónico de la maestra. Extrañamente no la sacó a bailar. Repentinamente quise estar con Male. Repentinamente todo parecía tan neutral, nada importaba.

Susana se quedó sola, bailando, mientras su "novio" (o lo que sea) acudió a la barra. Yo creo que Bataille estaba esperando ese momento para proceder, pues los kilómetros fueron fulminados con una seguridad aplastante.

Ocurrió como un relámpago. Jorge se adueñó de un gran cubo de agua fría, y rápidamente se vació en la cabeza a Susana. De kilómetros a centímetros y de centímetros a litros. Y de litros a descomponerse en bites.

El espectáculo fue sublime, de una poética pocas veces vista. Hasta Jorge Bataille tiene un límite, señoras y señores. Hasta él, un tipo dedicado al éxtasis, encuentra su punto donde se mete tan adentro de las cosas que debe...

Tuvimos que improvisar el operativo de rescate. Susana no podía emitir sonido, no podía hablar, estaba anonadada. Probablemente su "amiguito" estuviera aprontándose a la localización, por lo que debíamos ejecutar rápidamente algo que impidiera trompadas/puteadas/etc. Ajustemos los cinturones, supongamos un kilometraje de escape, aumentemos las distancias para poder lidiar con este repentino incremento del peso de nuestras acciones.

- George - dije tomándolo del brazo-. Nos damos a la fuga.

Atendió a Susana ensopada y con frío, mientras Gilles y yo nos llevábamos a Bataille a algún otro lado que no fuera el lugar donde él había decidido vaciar ese cubo de agua fría. Escuchamos a Susana decir algo, probablemente un insulto dirigido a Jorge. Pero ya no le importaba a nadie, ni siquiera a él.

- Me voy me voy - decía Jorge.

El tipo estaba dolido. Los de seguridad por suerte ni habían pintado, y era evidente que Susana no quería armar tanto quilombo. Claro, ella es tan medida que ni cuando le corresponde arma lío. Por favor. Saludé Bella al pasar, que miraba consternada la escena. Barthes estaría hablando brevemente con el sujeto que salía con Susan, para explicarle por qué un chapuzón de agua fría era bueno en esta época del año. Me imagino algo así:

- Cuando hace tanto calor el cuerpo necesita limpiarse - decía Roland-. Muchos se piensan que sólo se logra con el vapor de las termas, pero el augua fría es rejuvenecedora de la piel.

Y toda una sarta de pamplinas.

Jorge no lo decía, pero estaba dolido. Le decía a Gilles que nos fueramos a Shamrock. Tres de la mañana, ¿la noche terminaba o comenzaba? Fue esa noche que ideé no más que el título, sin sabér de qué se trataría: "The Rationals".

- Mi amigo Jim - decía Jorge -. Vos me entendés, vos te das cuenta. Podría haber avisado la muy perra, ¿no?

No me iba a poner a explicarle a Jorge que en verdad esas distancias son insalvables y que Susana a fin de cuentas podía ir a los lugares con quien quisiera. Tampoco tenía ganas de explicarle en tono de que yo supiera algo, en tono educativo. Menos que menos, deseaba satirizar sobre lo ocurrido o agregar dolo a la actitud de Susan. Cosas que ocurren, amigo.

Me llamó Roland: "¿Dónde andan? Bella pregunta qué pasó. Susana está recontra cabrera. El pibe de ella busca a Jorge. Pasenmé a buscar guachos de mierda, no me dejen".

Coordiné el rescate de Barthes, lo buscamos sobre Güemes. Luego, lo mejor era recorrer nuevamente esos largos kilómetros con Bataille, acompañarlo un poco y darnos cuenta que en definitiva, somos una metáfora.

breakin point

viernes, 18 de diciembre de 2009

Bueno, aunque no se sabe con certeza, se supone que Allen Jana muere en un accidente de tránsito en avenida Coronel Díaz y... ¿Arenales? Hecho que se supone ocurriría un sábado o domingo cerca del mediodía.

Por otro lado, más allá de este hecho superfluo, ocurriría esto con la historia paralela.

Jim Bentham tendría una serie de sitruaciones un tanto no claras con Malena Ponty. Todo esto para aprovechar las confusiones hasta ahora especificadas de forma muy clara y transparente en posts anteriores.

Se revelaría en una especie de mito que Georges Bataille desperdició sus oportunidades con Susana Sontag. Todo porque Sontag es arisca y nadie (NADIE) sabe lo que le pasa por la cabeza.

Rolando Barthes profundiza sus discusiones metafísicas con Bentham. Para arribar a nada. Y resulta que Barthes se trae gato encerrado.

En garras de un futuro indeterminado está la relación entre Deleuze y Fernanda Guattari. Algunos predicen problemas y otros dan la catástrofe por inevitable, por no decir lapidaria, por no decir definitiva, por no decir insalvable por no decir guevadas.

En teoría deberían aparecer characters as:

- Rose Luxemburg: perdida de la vida la extrañamos!

- Oswald Soriano: La luz intelectual que busca nuevos y mejores fracasos.

- Oracio Holveira: Si Gallagher fuera una persona... ¡sería Oracio!

- Bella Carolyn Burnham: De apariciones ocacionales. Muchacha estructurada pero bonachona como ella sola. O al menos esa idea nos hacemos.

Y me estoy perdiendo más personajes, pero irán apareciendo. Pero se intentará a partir de este momento un breaking point. No con los fines de recomenzar nada, sino para seguir con esta fábrica de certezas fallidas que tenemos aquí.

En algún momento daré más detalles de la muerte de Jana. Pero ahora no.