Yo dab vueltas y vueltas. Ella dormía, pero yo no me acostumbraba a la habitación y mi cabeza iba a mil. Que iba a ocurrir eso era más que predecible. Opté por levantarme y navegar la Wikipedia (hábito del que reniego, pero me divierte ir navegando de un enlace relacionado a otro). Extrañaba mis libros, mi equipo de música, mi laptop que me permitiría navegar recostado.
Evidentemente ella sintió mi ausencia, porque a la media hora aparecio semi despierta.
- Aló, ¿qué pasa? ¿No podés dormir?
- No - respondí -. Es raro porque no estoy nervioso ni nada, pero mi cabeza está muy alerta, digamos.
Jackie se sentó a mi lado y posó su cabeza sobre mi hombro.
- ¿Estás preocupado?
Contesté que no, pero era evidente que sí. Aunque no tuviera en claro mi preocupación, algo me molestaba y no lograba distinguirlo en el fondo. Le dije que no se prepocupara, que como ya sabía, yo soy insomne.
- ¿Lo de Justine te descolocó? - siguió indagando Jackie.
- Maso. Por un lado no me sorprende, por otro lado no sé...
- No terminaron muy bien ustedes. Bah, me parece que hablan el uno del otro como una especie de molestia.
- No terminamos mal, pero luego la relación pos relación se fue degradando digamos. Igual es buena chica, aunque tiene sus mambos. Pero ¿quien no los tiene?
Jackie me miraba. Probablemente la noticia de Justine me hubiera generado algo de ansiedad. No por nada en particular, pero si uno comienza a recordar un monton de cosas, como cuando ella y yo nos tirabamos a mirar pájaros en Plaza Francia o ella llegaba tarde de trabajar y yo la recibía con la cena casi lista.
- Pero igual no es eso. Creo que entre el trabajo, las clases y otros yuyos estoy medio tenso.
- Mmmm, sí - dijo Jackie mientras posaba nuevamente su cabeza sobre mi hombro y cerraba los ojos-. Tenés que relajarte más, hacer más cosas que te gusten. Te quemás demasiado con el trabajo, no lo hagas que para eso estoy yo.
Sonreí un poco. Ella se "despertó" y me miró.
- Hey a mi también me cuesta dormir.
- Vos dormís re bien che, callate - contesté medio risueño -. Me robás sábana.
- No no, recién estaba dormitando. Me di cuenta que te levantaste. Y lo de la sábana es que...
Era cierto que Jackie dormía menos que la media: Bella, Male y Justine no tenían ningún problema en plancharse toda la noche tranquilas. Incluso yo llegaba a despertarme varias horas antes que cualquiera de ellas. Esto de que alguien me siga de toque, o encima se levante antes, era nuevo.
- Bueno, ¿y entonces te ponés a ver la Wikipedia? Siempre refunfuñas por esto vos, qué raro. ¿Quién es Keith Moon? - dijo al ver la página que navegaba -. Podríamos aprovechar que estamos despiertos y me explicás lo de los archivos comprimidos.
tuve que explicarle cómo se parten los archivos, las claves, etc. Se ve que eso nos dispersó, porque tardamos treinta minutos en irnos a dormir y caer rotúndamente en un pausado sueño de seis horas.
Insomniacs
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Esquivar
I
Entonces yo cocino y vos venis a comer porque somos dos. Y por fin logré que vos vinieras a casa, porque siempre termino en Capital, me pregunto por qué tanta aversión a venirte a provincia a pasar la noche y... al otro día almorzar con mis padres (no te dije esa, je).
- Aló alo - lo saludé -. Qué buenmozo que estás - dije para maximizar el hecho de que él se había vestido de camisa.
Es tan capitalino. Vivió acá a tres cuadras durante toda su vida pero ahora se hace el importado.
- Te traje los discos de los Beatles - dijo Jim - . No se los presto a nadie así que porfa, dos cosas: que nadie se entere de esto y cuidalos. Cui da los.
Tomé los discos y los dejé sobre la biblioteca del living.
- Ap, preciso que me enseñes a descargar música en la compu - dije.
Jim venía eludiendo la responsabilidad porque no cree que pueda aprender a llevarme bien con la compu. Miro resignadamente, pensando "pero este no es mi plan de viernes a la noche".
- ¿Es difícil usar el Flash? Vi un par de cosas re copadas que hizo la asistente del depto. de informáatica.
Jim debía estar retorciéndose de carcajadas con tan solo imaginarme a mi usando Flash. Yo pensé en cómo se agarraría la cabeza si le insinuara que él me lo enseñe a usar.
- Paso a paso. Primero aprendés a bajar cosas: Taringa, usar el Winrar, el Real Player, esas cosas. Luego vemos qué onda diseñística podés tener.
Por fin, ahora como estás en casa te puedo hinchar para que me enseñes. Vos mismo te ofreciste a enseñarme pero cuando ya conseguiste salir conmigo te olvidaste y no quisiste, pero debo testear tu paciencia, Jimmy. Jo jo jo jo.
- Ap. ¿Mañana vamos a almorzar a lo de mis viejos?
Si le decía antes de que viniera corría el riesgo de que se declare en huelga. Ahora está acá, no puede eludirme ni a mi ni a sus suegros.
II
Después de tantos años reaparece ella. Odio Facebook. Todos se ríen de que resulta que para ella toqué una canción de Riki Martin, lo cual no es exactamente cierto, porque creo que fue de Shakira (o sea: estoy en la misma).
- Encontré a Shirley en Facebook - dijo una amiga -. Preguntó por vos y le dije que te iba a pasar su mail.
Hete aquí: yo ahora tengo el mail de Shirley, aquella chica inglesa con la que salí brevemente cuando estaba en quinto año. Pensé en la cantidad de cosas que podríamos decirnos, pues han pasado más de diez años. Pensé en lo jocoso del asunto, cómo un amor de secundaria puede ser tan pintoresco, un fragmento de tiempo tan vivaz, tan relampagueante.
Así que Shirley se acuerda de mi. Y sí, yo me acuerdo de ella. Entonces en una de esas podremos charlar un poco, chusmear en qué andamos. Ella en Leeds y yo en Buenos Aires, ella probablemente saliendo con un ingeniero, o algo así. Yo saliendo con una profe de literatura. Ella trajabando de periodista por su cuenta, yo trabajando en la maldita polis digital.
Odio Facebook no por esto, sino porque está tan... "asimilado". Pero bueno, parece que dentro de poco Shirley y yo nos contaremos en qué andamos y quienes somos ahora y todo ese tipo de cosas que ocurren por unos diez años maso.
III
- Justine está embarazada - me dijo Jackie.
Así que por eso venía medio rara, estaba un tanto esquiva.
- ¿Y está bien ella? Se trata de una buena noticia, ¿verdad?
- Sí si, según parece, no fue buscado pero sí es bien venido. Bah, eso me dijo Ana, no hablé directo con ella.
Justine va a ser madre. Y me entero por Jackie, que debe haber dudado en contarmelo durante todas las horas de este día, que cuando nos encontramos en Plaza Serrano lucía un poco opaca, su sonrisa era menos brillante. ¿Era eso?
Quería preguntarle "¿Estás bien?", pero por alguna razón no me salía. Y ella me ganó de mano:
- ¿Estás bien con eso? No sabía si decirtelo yo, porque no sabía cuánto te interesaba o quizás no querías saber nada de ella o...
- Está bien. De alguna forma me iba a enterar, ¿no? Espero que esté bien ella y el bebé.
- Sí, esperemos. El padre ni idea, parece que no es de una relación formal el asunto.
Lo sabía. No sé cómo pero lo sabía.
- Mientras ella esté bien como esta - contesté -, que así sea. Ella siempre tuvo ese toque moderno, la veo bien como madre soltera.
Jackie me miró como diciendo "¿qué?".
- ¿Te preocupaba decirmelo? - continué -. Bueno, despeje su preocupación. Está todo bien.
- La gente ahora tiene hijos -dijo Jackie, evidentemente meditando sobre su edad (y la mía)-. Este año cumplo treinta y la puta madre que lo re parió.
Comenzó a quejarse levemente, me gusta cuando hace eso porque me da chance de reconfortarla un poco.
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Así amigos
I
- Y claro que Gilles se va a enojar - dijo Jackie-. Es re feo que no banquen a tu pareja.
- Pero no es de mala onda, todos intentamos llevarnos bien con Clarisa pero la verdad no hubo caso. Estuvo todo bien hasta hace unos meses, que comenzamos todos a notar a Deleuze decaído. Todos lo notamos, no estoy hablando de uno de mis dislates.
II
Entonces un día Deleuze cayó como un meteorito a la casa de Bataille, donde yo preparaba tacos picantes mientras debatíamos cuál era mejor, si la Babaria o la Leffe. Llamó repentinamente a Jorge, que le dijo que estaba conmigo en su casa, y tardó no más de cinco minutos en arribar.
- No importa - dije -. Hay tacos como para tres, sin problemas.
Sin problemas nada. Gilles llegó con una cara aterradora. No dijo nada, se sentó. Jorge le ofreció cerveza pero él quería vodka. Vodka, así puro. El asunto venía por una discusion con Clarisa.
- Se muda de la casa, y me dijo de irnos a vivir juntos.
Claro. Colapso.
- Decile que necesitás tiempo - dijo Jorge mientras me robaba un poco del relleno de los tacos del wok.
- Sencillamente decile que aún no, -dije yo- que querés primero estar viviendo un toque más por tu cuenta. Seguro ella lo entiende - mentí-. Están hace ya un tiempo, pero lo importante es que le hagas entender que el hecho de que no quieras ahora no significa que no quieras nunca nunca jamás en la vida.
La cara de Deleuze noo mejoraba. Pensé que estabamos dialogando con una momia, con lo que quedaba de un hombre que se caía a pedazos como si estuviera hecho de rastris.
- El tema es que no creo que entienda. Son cuatro años de relación, es mucho. Ella quiere avanzar. Y después de esto viene el casamiento, o los hijos y... es demasiado.
- Pará pará - intervino Jorge -, te estás haciendo la película vos. Me extraña araña, tomatelo con soda.
Eso. ¿Que quedaba del Deleuze que nosotros conocíamos? Ese tipo seguro, que todo le importaba tres carajos. Está metido en algo que le da miedo salir, pero se está dando cuenta que debe salir.
Me fui a atender los tacos mientras me sentía tremendamente cruel por pensar eso. Jackie dice que sueno demasiado frío cuando hablo de estas cosas. Seguro.
Pero no, esperen que no es tan así. Para mi se caía de maduro que la relación entre Lispector y Deleuze iba para atrás. Pero no me pareció el momento para decirle esas cosas, no me pareció adecuado dirigir mis palabras en el mismo sentido que aquella vez en el bar. Opté por ser un tipo menos despiadado, pues si el problema de Gilles era el creciente compromiso, tendría que afrontarlo y ya.
Mientras pensaba todo esto me imaginé a Barthes diciéndome con ironía "A mirá que tipo resuelto que sos, Jimmy".
- No me puedo ir a vivir con ella . Sé que eso es el acabose, no podría.
No podés porque necesitás más espacio del que te dan, del que admitís que precisas.
- Si lo hago es por el mandato social - continuó Deleuze-, porque mis viejos la re quieren a Clari si nos ven viviendo juntos se mueren.
Pero no se trata de que no quieras acatar el "mandato social", esa es una excusa que utilizás para encubrir otra cosa, que ya te darás cuenta qué es. Y me sigo sintiendo un tipo de mierda por pensar todo esto.
- Bueno, pará. Quitate presión - dijo Jorge con mucha más bondad de la que yo soy capaz-. ¿No está eso ya?
A Jorge le preocupaba que se me pasaran los tacos, pero ya estaba todo listo. Así que llevé el wok al centro de la mesa mientras Jorge decía algo de que las mujeres son así por el reloj biológico, y que quieren ser madres. Genial: para sacarle el pánico le explica que Clarisa en verdad quiere quedar embarazada. Buena táctica, George.
- Relajate - dije mientras traía las cervezas -. Efectivamente ella quiere que la relación "crezca", pero si decís las cosas tranquilo y claro, te tiene que dar más tiempo.
Esa era la idea que a Deleuze le quejaba: que sólo podía aplazar el asunto. Que estaba comprando un tiempo limitado.
Deleuze casi no comió.
Amigos así
[Y que conste que no me siento plenamente glorioso al respecto.]
Cuando entramos al bar de Pepe, estaba semi vacío. ¿Qué mierda hago un martes a la noche en provincia? Simple: "Nos juntamos a tomar algo por ahí con los pibes. Hace mucho que no. Venite". Y será porque yo mismo me doy cuenta de mi borradés que lo tomo como un mandato y me presento, y espero a que vengan, y llegan y entramos. Y el bar de Pepe está semi vacío.
- Pero mirá que se respira lindo acá - dijo Deleuze llenándose los pulmones de humo de cigarrillo-. Extraño esto, cuando veníamos acá y nos sentábamos a tomar y charlar de la vida.
Bataille no lo escuchaba. Encaró directo para la barra del fondo e increpó al mozo a que trajera una Stella. Eso no me gusta de Pepe: sólo tiene Stella y boludeces.
- Bueno, dejá de quejarte siempre porque no tienen Heineken - me reprochó Deleuze sentándose-. Esto es una salida de hombres, sencilla, sin problemas ni preocupaciones. Y quizás entre algún grupo de damas.
Lo dudo: son las diez de la noche de un martes.
- Es que la Stella sabe a los mil demonios ahora. Yo me quedo con una Bock. ¡Bataille! ¡Pedite una Quilmes Bock para mi por favor!
Ni bola que me dio Jorge, tuve que levantarme a pedirle yo al mozo que trajera algo medianamente copado. Cuando volví a la mesa Bataille discutía sobre los Beatles:
- Yesterday es épico, la verdad. Help! debe ser el mejor disco de los Beatles, es impresionante.
- Los Beatles no tienen mejor disco - contesté-. Son todos sencillamente sublimes.
- Es cierto en verdad.
- Pfff, I would marry rock n roll if I could....
Gilles lucía una sonrisa de oreja a oreja, mientras Barthes se dedicaba más que nada a escuchar nuestros halagos a los cuatro fantásticos porque él sabe más bien poco de música.
- A todo esto - dijo Roland -, ¿por qué me consultabas sobre dolores punzantes en el brazo la otra noche?
- Nada - contesté -. Me pegaron un golpe en un inicio de altercado en una fiesta y precisaba saber si me habían hecho algo malo y tenía que ir a la guardia. Nada grave igual, como veras.
Hacía rato que no nos juntábamos todos juntos. Y fue Barthes el que disparó primero:
- Gilles, finalmente lograste una salida sin tu mujer.
- Lo sé. Es que se hace difícil, ella es bastante apegada. El otro día me llamó para consultarme sobre una remerita que se querái comprar, a ver si me gustaba. Me reclama. Me tengo que separar.
Deleuze se opaca al hablar de Clarisa, como si estuviera contándonos de su gran carga, de un gran peso. Pero siempre están ahí, juntos.
- Gilles - dije -, pareciera que estás con ella simplemente para no estar solo.
- No, nada que ver -contestó en un claro gesto defensivo-. Yo digo eso pero no, estoy bien con ella.
Escuchar un "me quiero separar" cada vez que veo a Deleuze me llevó no creerle. De tratarse de un chiste, nadie lo repetiría tantas veces, pues es demasiado malo.
- Simplemente deberías emanciparte más de ella - dijo Rolland.
- Todo bien con Clarisa, pero a veces queremos estar por nuestra cuenta -acotó Bataille-. Sobre todo porque a ella no le gusta que yo hable de Susana, a ver si le anda contando cosas. Quiero libertad che.
- Bue bue, si para ustedes es difícil, imaginensé para mi. Yo estoy con ella y me doy cuenta de esas cosas.
Gilles comenzaba a enojarse. La conversación lo incomodaba, pero nosotros tres habíamos improvisado un acuerdo tácito de tratar el tema.
- Hasta cuando aparecen las amigas, merodea por donde andamos nosotros -prosiguió Roland dejando su chop sobre la mesa-. El viernes Bentham hace unos tacos en la casa, pero nada de cueros.
- Bueno muchachos, no sé qué haré. ¿ok? Ustede andan libres por ahí y me meten presión.
- Libertad - dije-. No te decimos que la libertad sea pasársela de joda. Sino que notamos que te quejás mucho de Clarisa, tus gestos te delatan, tu vos, ahora mismo no querés hablar demasiado de ella. Porque se supone que ahora saliste con los pibes y es tu oasis de libertad. Pero no, así no funciona Gilles.
- Lo que digo no lo digo en serio. Son cosas que uno dice. Lo que pasa es que vos como estás ahora con Jackie resulta que tu relación es nueva, pero ya vas a querer mandarla a la mierda. Uno se cansa che, hace años que estoy con Clarisa, uno tiene ganas de renovarse.
Lapidario.
- Bueno, más allá de si tenés razón o no, decimos que te ves un poco agobiado - dijo Bataille.
Definitivamente Gilles estaba agobiado. Uno de sus últimos refugios, nosotros, estaba en su contra. Barthes dio un discurso sobre lo que es una relación funcional y lo que no:
- Tienen que tener su espacio compartido, claro. Pero también poder andar cada uno por su cuenta. A vos lo que te pasa es que estás ahogado, que están toooooodo el tiempo juntos. Y eso no va a llevar a ningún lado. Esa dependencia es aniquiladora. No es que tenga nada contra el amor, ojo, sino que sencillamente precisamos los seres humanos cierta libertad.
Resulta que la libertad es cuando uno está solo. Resulta que todo es la degradación. Ponty seguro coincidiría conmigo, que el solipsismo es más de lo mismo, que la libertad no se trata de impunidad sino de fluir, encontrarle lo lindo al accidente, de involucrarse en...
- Increible. Logro salirme un rato de casa solo, y ustedes me vienen con esta - exclamó Deleuze-. Rolland, no me des sermones porque no sos el indicado: bien que cuando una te gusta de volvés un pollerudo hasta la pelotudés máxima. Y vos Jorge, bien sencillo es lo tuyo: nunca anduviste de novio por lo tanto no sabés. Y el dia que te agarres a una vas a ver como no la querés soltar. Y Jimmy, ¿te parece a vos? Sos más inestable que el plutonio, ya te lo dijeron todas, Bella, Male, Justine. ¡Hasta Jackie! No te bancás que nada dure demasiado.
La cosa se había puesto cruda. Mirábamos a Gilles cabreado, pensamos que algún vaso iba a volar por los aires. Por las dudas agarré mi chop.
- Muchachos, son unos boludos. Todos tenemos nuestras crisis che, pero no me esperaba que no me banquen, que no banquen a Clari, que me vengan con charlitas y "que no te vemos bien".
- Vos mismo decís que te querés escapar - dije.
- Recreos, dispersión, un poco de televisión desinteresada o un buen libro de ciencia ficción. Eso. No estar siempre en el mismo lugar, tomándome las cosas en serio. Me conocés, deberías saberlo. Pero más allá de eso a Clari la quiero yo.
- Y por eso le bajás la caña a la otra, perfectamente coherente - dijo Rolland.
- Pará que eso lo festejo, che - intervino Bataille-. Está buena.
Me sentía una especie de consultor moralista, que intentaba evangelizar a un playboy devenido en marido insatisfecho.
- Rolland, flor de pelotudo. Con la otra tengo una relación meramente sexual, nada más. Es una forma de salirme de la rutina, si así lo querés, soy joven, soy humano che.
- Y en crisis - dije.
Disparó contra mi como si fuera su archienemigo:
- Que vos te hayas sentido asfixiado por Bella en su momento es asunto tuyo. Vos estabas mal, estás trasladando lo que te pasó hacia mi persona, pero no.
Recordé efectivamente eso. Al verlo a Gilles ahora sentí un alivio. Él no tenía la valentía de decirle a Clarisa que no la quería más, o de quedarse solo. Había una línea entre él y yo: frente a mi vi el miedo que alguna vez tuve, estaba ese tipo que apostaba por la continuidad hasta la terquedad ridícula. Frente a él, estaba el tipo que teme a lo continuo, que se retuerce a cada momento para no ser igual y siempre termina en lo mismo.
- Y vos decís que la tengo que dejar. ¿Y entonces? La puta... - se levantó Gilles y salió.
- ¿No es para tanto? - preguntó Bataille.
- Quizás no fueron del todo felices tus palabras - me dijo Rolland -. Pero tenés razón, tiene miedo de quedarse solo. Es raro, justo él.
- Cuatro años saliendo - dijo Bataille-. La mierda. Se puso sensible me parece.
Del día después
I
[Oh... This could be messy / But you don´t seem to mind...]
- ¿Cómo te sentís?
- Rara. No lo tomés a mal, pero rara, me tomaste de sorpresa y yo me tomé completamente por asalto. Todo ocurrió rápido.
- Lo sé. Pero de alguna manera me lo veía venir. ¿No sentías el cosquilleo en la panza?
Ella me miró. Se le notaba en los ojos que lo había sentido en las últimas semanas, probablemente tanto como yo. Cuando nos cruzabamos era evidente que algo nos pasaba, que una risita nos recorría y nos conectaba.
- Y no sé. ¿Qué decimos? ¿Decimos algo? ¿Nos hacemos los boludos? Mmmm, creo que ambos perderemos quorum.
- No. No quiero andar diciéndolo, son demasiadas explicaciones, y ella es mi mejor amiga. Si se entera me mata.
- Lo sé -contesté-. Por otro lado esto no será mantenible ni siquiera al corto plazo. Vos y yo, todos percibirán la estática. Quizás debamos esperar, hablarnos un poco mañana a ver qué nos pasa.
Ella lucía preocupada. Miraba el techo, perdida. De a ratos me miraba, acostada a mi lado. Yo la acariciaba levemente intentando reconfortarla, pero todo parecía mal.
- ¿Te preocupa tanto lo que diga ella? - pregunté.
- Es que sé que no me lo perdonaría. Por más que en verdad no tiene derecho a enojarse porque jamás fueron novios, vos sos una especie de tema sensible para ella. Encima viste como es esa mujer, rabieta pura, caprichosa, todo se lo toma para mal, como si en su contra.
- I know. Siempre sale con la teoría del complot. Bueno, primero tranquilizate.
Le dí un beso en el hombro. Le dije que no se preocupara, que todo parecía grave pero no lo era. Que se relajara, que evidentemente estas cosas a veces tienen que pasar, que si no lo hubieramos hecho nos quedabamos con la duda y eso era peor. A partir de ese momento reinaría lo indeterminado, o al menos habríamos inventado algo en el horizonte.
Se dio media vuelta, me miró fijo a los ojos y...
- ¿Por qué están tus labios en los míos otra vez? - pregunté entre una leve risa.
- De la misma forma que iniciamos todo. No sé cómo nos dimos un beso, ni tampoco entiendo por qué ahora estamos acá los dos acostados. Pero...
Ella posó su cabeza sobre mi pecho.
- Creo que estoy más deprimida de lo que admito.
- ¿O sea que yo soy ahora signo de tu debilidad?
- No, no. De alguna forma me alegra que haya pasado esto, como vos decís, la estática era inevitable. Creo que lo que nos une es estar un poco de bajos animos, ¿no? Antes no nos pasaba esto, y de repente comenzamos a compartir cierta tristeza que nos llevó a darnos un beso y todo lo que pasó después.
Sonrió. Era la primera vez que sonreía desde que habíamos estado juntos, desde ayer a la noche, desde que todo parecía importarle tres carajos. Y ahora todo le importaba. Ahora todo era relevante, hasta lo que dijera la otra.
Le di un beso, la abrazé. La miré a los ojos y pensé que era extraño pero que tenía razón. Estábamos unidos por algo de lo que hacía muy poco habíamos cobrado consciencia. O lo que esto fuera.
- Escucho tu corazón - dijo ella con su oido sobre mi pecho -. Va rápido. ¿Esto es para vos un accidente?
- Sí. Pero por accidente yo no entiendo algo necesariamente negativo. Es más una cosa de azar, o de cuando uno hace cosas que no pensó que haría. Como si cierta torpeza pudiera generar algo bonito. El accidente es una fisura de nuestra racionalidad, puede llegar a ser un detalle muy pintoresco.
- Siempre decís esas cosas vos. Tengamos este accidente en secreto, al menos por ahora.
[Ohh... Don´t go telling everybody / And overlook this supposed crime...]
II
We'll fast forward to a few years later
And no one knows except the both of us
And I have honored your request for silence
And you've washed your hands clean of this
- Hola.
- Hola -dije con absoluta complicidad-. ¿Cómo va?
- Bien, bien. ¿Se juntaron al final?
Cuando uno tiene algo que ocultar, cualquier pregunta de lo más inocente suena a indagatoria.
- Sí, tranqui. Cenamos.
Entonces llegó ella. Se la notaba algo nerviosa. Intenté calmarla con algún comentario jocoso:
- Y aquí llegó ella, vivita y coleando. Ayer tomaste bastante, che. Me quedé ya sin cerveza en la heladera.
Ella sonrió, saludó a su mejor amiga. Cómo habrá sido su impresión que ni me saludó, simplemente se unió a una conversación de a tres que debíamos montar como si fuera un día cualquiera, aunque sabíamos que definitivamente era el día después.
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Los Racionalistas [The Rationals]
Intro: Se trata de dos fragmentos de una obra mayor que he mencionado en diferentes oportunidades. Debido a mi mal hábito de nombrar las cosas en inglés, es probable que sea más fácil dar con ella por el título en ese idioma, aunque en verdad debería llevarlo en castellano.
Se me ocurrió retomar especificamente estos dos actos. El primero de ellos, debido al breve diálogo -casi un monólogo en verdad - que contiene entre Winslow, Martin y Jim. El segundo acto retoma una frase que me gusta utilizar usualmente, y que es el "leitmotiv" de todo: "sólo la libertad es tiempo real".
Lo único nuevo es la asignación de personajes involucrados, que es la siguiente:
Allen Jana as: Jim Bentham
Bob as: Winslow Taylor
Oliver Hestond as: Guy Debord
Miguel as: Thomas Hobbes
Daniel Wright as: Martin Heidegger
Acto 16:
El escenario no deberá tener absolutamente nada en él. Podrá tratarse de un galpón, sótano, fábrica abandonada, lo que sea mientras cumpla con las siguientes características: el lugar debe parecer desocupado -no abandonado-, con poca luz. Se trata de un espacio que está fuera del espacio, de un no lugar, una habitación a la que los personajes han concurrido para justamente no estar en ningún lado.
Se prenden las luces lentamente. Martin y Hobbes tienen agarrado de los hombros a Bentham, quien tiene las manos atadas detrás y luce golpeado y cansado. Bentham se encuentra a la derecha del escenario, fumando con aire de sobervia.
Taylor: Cada día me convenzo más de que el miedo, el terror, es el gran problema del hombre. Eso lo dijiste vos mismo, Jim. Lo desconocido, el azar, esa especie de libertad dictadora que nos tiene a su merced. ¿Pensaste cómo intentamos exorcisarlo? Siempre control, ¿verdad? El poder de la observación fue algo que siempre defendiste, Jim. Ideaste todo tipo de mecanismos, de dispositivos de ordenamiento y seguimiento. Está en tu carácter, en tu ser arraigado. Es lo que sos. No un maniático, sino un tipo riguroso y centrado. O al menos eras...
Bentham está devastado. De su boca cae un hilo de sangre.
Taylor: Y, ¿sabés qué, Jim? No te entiendo. ¿Tan poco te cuesta torcer el timón? Pará, reformulo: ¿Tanto te cuesta llevar las cosas a sus últimas concecuencias? ¿Tan fanático de la "rectificación" te has vuelto?
Martin: En definitiva si no podés atenerte a tus principios, no sos nadie, Jimmy.
Bentham levanta levemente la cabeza hacia Martin. Este lo observa con un gesto satírico de benevolencia.
Taylor: Nuestras acciones nos definen, Jim. El problema con vos es que justamente carecés de personalidad, no te gusta sentirte encerrado en nomenclaturas, le escapás a las definiciones todo el tiempo. ¡Lotería! ¡Es imposible! ¿No te das cuenta de que justamente la identidad es lo que permanece en los cambios?
Bentham -con voz tenue-: ¿No se trataría más de un juego, en lugar de polaridades en estáticas? El problema de nosotros los racionalistas es que nos peleamos por el poder. No por la verdad, que si es algo, es muchas cosas. Sino por el poder.
Taylor: ¿Racionalista? ¿Vos? No lo creo. Definitivamente no has seguido los patrones de tu propio programa. ¿Quién desecha su propia obra? Eres un aniquilador.
Martin: Simplemente no se puede trabajar con gente que no ama lo que hace. jamás sentiste verdadero afecto por lo que hacías. Quien le escapa a lo que es no es de fiar: no tiene principios.
Taylor y Thomas asienten.
Martin: Perdiste la cabeza, Jimmy. Tus ideas se acercan más a la mística que a la ciencia, Jimmy. Deberías haberte dado cuenta de todo esto Jimmy, podrías haberte salvado si te lo hubieras propuesto. Ohm, Jimmy...
Las luces repentinamente se apagan.
Acto 12:
No hay luz. En la primera parte únicamente se escucharán las voces de Bentham y Debord, que hablarán desde la oscuridad. Se encuentran a la intemperie, al momento de subir levemente las luces podrá verse algo de vegetación y tierra.
Jim y Guy hacen ruido, se escucha que atan algo, como si estuvieran desembalando una caja grande.
Bentham: Me encanta esto.
Debord: ¿Invadir ilegalmente propiedad privada para el sabotaje?
Bentham: No, no. Hablo conceptualmente: ya estamos en el punto de no retorno. Si nos agarran estamos fritos. Es la fatalidad, estamos entregados al destino y estamos jugando como si nada importara.
Las luces comienzan a prenderse, pero quedarán tenues. La imagen será borrosa, pues no debe entenderse precisamente qué estan desembalando los personajes, sino únicamente ubicar el lugar. Bentham arroja una cinta ce embalar por el aire, que da en una rama. Se escucha el ruido de los árboles.
Debord: Pará estúpido, no hagás quilombo.
Bentham: Plenamente. Impunemente. ¿No se tratará de lo mismo? Sólo la libertad es tiempo real... "La libertad es el precio de la seguridad", ¿cómo era la cita?
Bentham se para y camina unos pasos. Se detiene para mirar afuera del escenario, hacia la izquierda.
Debord: Listo. Hay que dejarlo así a mitad de camino. Ellos harán el resto, no creo que se den cuenta de nada hasta que estén al horno.
Bentham sigue mirando, no ha escuchado a Guy. Entonces este se le acerca por detrás, lo toma del brazo.
Debord: ¿Vamos? Seguro que aparecen en no menos de una hora.
Ambos salen por la derecha del escenario. Las luces se van nuevamente.
--
Outro: En definitiva, no se trata más que de un reordenamiento de las problemáticas que ya han aparecido en diferentes episodios, puestas en otra correlación no más coherente, pero si más "hilada". Se supone que debería facilitar ver el "big picture".
Publicado por T. en 15:51 1 comentarios
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