Cucú

jueves, 29 de septiembre de 2011

Pasé una noche de los mil demonios. No porque ella me molestara, sino porque siempre, las primeras veces que duermo con alguien, no duermo (sep, se que dije algo contradictorio). Ella furmió genial, pero yo estaba demolido.

Nos levantamos a eso de las diez, momento en el que obserbé que sólo tenía café instantaneo en su casa. Me debí haber callado eso.

En algún momento del temprano mediodía, estábamos mirando Glee (me obligó) y repentinamente me miró y me dijo: "Bueno, ya es hora de que sonrías. Me cansé de tu cara". Mi cara estaba más que justificada por la falta de sueño y café!

"Vamos, ya está. No me interesa que estés enojado con tu hermano, ya está. Sonreí por favor".

Me estaba ordenando que sonriera. Fue sublime. Era un "sé feliz, carajo mierda". Mi postura en el sillón no varió. Necesitaba "mi espacio".

Es que yo no sabía en lo que me había metido: estaba saliendo con una muchacha un tanto inestable. "Cucú", como ella misma dice. En un momento le dije que iba a comprar pan para almorzar, a lo que me contestó: "No, vos no salís hasta que sonrías", y se fue a la puerta y sacó la llave.

Desde ese momento mi falta de confort se empezó a hacer intolerable.

¡Vamos! Raptado por ella, dejenmé de joder.

Decía que teníamos que resolver esto, y que me tenía que quedar. Que se lo debía porque ella me había recibido en la casa (?!!). Tardé días en percatarme de lo abusadora que era ella en verdad. De la fricción psicológica que ejercía sobre mí.

Ella se negaba a dejarme salir, hasta que dijo que ibamos los dos. Ahí fue donde la cagué porque en vez de seguirle el juego le dije "Bueno, no ahora me quiero ir la verdad".

Para qué... "Pero ves que conmigo la pasás mal, pero es tu actitud, vos tenés que pasarla bien y se supone que conmigo te divertís".

Silencio.

Ella se rió.

"¿Perdón?", dije. "Nada - contestó ella-, estoy pensando en todas las cosas de las que podríamos hablar. Pero no las digo, porque soy la única que me esfuerzo".

El summum.

"Bueno, dale, me voy. ¿O vos solés raptar gente?". Me lavanté y la encaré enojado. Tremendamente enojado, estalladamente enojado. "Esto se termina acá - continué-, yo estoy como se me anotoja y la verdad es que no estaba mal aunque no sonriera como vos querías".

En ese momento reculó ella. Puso cara de perrito mojado, me trató de abrazar y me quizo dar beso en el cuello. Pero soy jodido, recontra, y no la dejé.

Se alejó y me miró angustiada.

"Me voy", dije, ya sobrepasado.

Abrió, bajamos por el ascensor en silencio. Hasta que ella dijo "te podés quedar y hablamos".

No contesté. Bajamos cel ascensor y me llevó a la puerta. Puso la llave, pero no abrió. Me miró, como intentando convencerme de quedarme.

"La puerta".

Abrió y me fui sin decir más. "Chau" me dijo ella. Al otro día me llamó cinco veces.