Seré sincero:
Con Bentham muerto no sé qué hacer. Es como quedarse sin matriz de pensamiento, núcleo organizador, o lo que sea. Creo que la dinámica entre él y Jackie me resultaba relativamente fácil de llevar.
Pero también es cierto que me encontré en un callejón sin salida.
A su vez, podría ocurrir que todo siga igual. Puedo de hecho elegir otro personaje y listo. Pero las chances de que se pareciera a JB son muchísimas. De hecho, los paralelismos entre Allen y Jimmy creo que son evidentes.
Punto muerto, entonces.
Revisando mis notas, encontré esta:
Los Inexpertos
(Esto podría ser una de las primeras partes)
Recuerdo cuando Clarice me dio mi primer beso. Ella tenía un año más que yo: ocho, pues yo tenía siete. Ella llevaba esos anteojos de marco negro, con aparatos. Yo tenía ese corte de casquito que siempre le reproché a mi madre, pues me hacía cortármelo así desde los tres años. Cuando iba al peluquero ella me decía "No te rapes, Allen. No te rapes". Jamás me rapé como hasta los catorce.
Bueno, les cuento: Aquel día Clarice llevaba unos jeans medio gastados y una trenza larga que le llegaba casi hasta la cola. Yo siempre fui un desgreñado. Mis pantalones rotos por la rodilla, mi camperita que había sido de mi primo. Ella y yo eramos dos sujetos raros perdidos en ese bosque de pinos, justo al lado de las canchas de fútbol y del cole. Las ventajas de haber crecido cerca del puerto, en zona norte.
Nos habíamos escabullido un momento de los juegos del día de la familia. El equipo rojo le iba ganando al equipo azul por veinte puntos. Pero aún faltaba que yo corriera velocidad, y era el más rápido de todos. Clarice y yo nos habíamos entretenido charlando, caminando, ella comía una hamburguesa recién salida mientras yo aún no probaba bocado. Sin querer nos metimos en el bosque de pinos, al lado de las canchas de fútbol, ese lugar del cual yo escribí un cuento un año antes.
El papá de Clarice andaba por ahí, supervisando el asado para que saliera perfecto y cagando a pedos al encargado porque la madera para el fuego no era buena. Pero era genial que él estuviera entretenido en ese fuego Pensé que si el papá de Clarise nos veía me iba a meter en problemas.
Caminamos, nos perdimos por ahí. Yo jugaba con una rama que usaba de bastón, espada y escopeta. Me sentía en una excursión de aventura con ella. De hecho, lo recuerdo, me sentía raro, sabía que algo pasaba.
"Querés que te de un beso", me dijo ella de repente. Se la notaba nerviosa, o sin saber exactamente cómo decirlo. No supe qué responder. Hacía dos segundos charlábamos de los grandes, de cómo no tenían asaltos sino reuniones, de cómo no veían dibujitos. Y así nomás, eso. No me tuvo misericordia, así como me lo dijo me estampó un beso.
Sentí cosquillas en la panza. Sentí mi cabeza volar por las copas de los árboles. Pensé en qué loco sería que esté todo dado vuelta. Ella dijo "mmm". Yo no sabía si preguntarle si estaba bien o quedarme callado. Por las dudas la tomé de la mano. Mientras nuestros labios tendían un puente entre el uno y el otro.
Fue gracioso. No abríamos los labios. Ella después de no se cuánto los abrió un poquito. Entonces cuando nos dejamos de dar un beso nos quedamos mirando. Ella se rió. Yo me reí, aunque no sabía bien de qué: estaba confundido.
Yo no le solté la mano. Nos quedamos sonriendo un rato, yo le pregunté si le gustaban los árboles. ¡Le pregunté si le gustaban los árboles! ¡Qué pregunta pelotuda! Cuando volvimos con los demás, el padre de ella estaba buscándola. Que dónde estaba Clarice, que ya le había preparado su otra hamburguesa.
"¿Querés que te de un beso?" Ahora digo, ¿qué pasó con lo directa que era Clarice? Debo decir que fue valiente: se aventuró a algo que ninguno de los dos conocía, tomó la decisión por los dos. Clarice no me preguntó si quería un beso. En realidad afirmó "te voy a dar un beso, Allen".
¿Y yo con siete años que iba a decir? "No, que no sé cómo es eso". "Perdón, no se hace". No me dio tiempo (por suerte), a opinar. Eramos eso: unos inexpertos. Creo que después perdemos algo de la magia o nos volvemos mucho más diestros. Un beso de inexpertos es un beso sin precedentes, un ensayo total, eso que queremos hacer pero no nos sale, no tanto porque supongamos que sea difícil sino porque nos damos cuenta de que nunca lo hicimos.
Ella me miró y se fue. Yo me quedé pensando en quiénes eramos Clarice y yo. ¿Eramos novios? ¿La gente se vuelve pareja cuando se besa? Digo yo, algún tipo de acuerdo común tiene que haber para aceptar eso, es un beso.
En el recreo del lunes ella me sonreía. A mi, que era algo así como el don nadie del aula. Ella me decía que no podía invitarme a ver tele a la casa. De todas formas, yo casi no miraba tele. Ir a tomar helado me pareció cursi. Pero una vez dijimos de ir al cine, de escaparnos del cole. Me acuerdo que fuimos al Unicenter, a ver una de una tal Julia Roberts. Malísima, pero la pasé bárbaro.
scraps
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May happen any day
Allen Jana corre. Corre como jamás lo hizo en su vida, sus músculos tienen la fuerza que nunca tuvieron. Él esquiva la gente que va por la vereda, alza la vista buscándola, intenta dar con ella. Sigue corriendo.
La gente por la avenida lo observa molesto. Alguno lo insulta cuando casi se lo lleva puesto. Pasaron minutos de las siete de la tarde y él corre como si no hubiera mañana.
Minutos antes, en una conversación telefónica ella le decía que se iba, que se volvía para lo de sus padres. Se iba de Buenos Aires. No se lo había dicho, según ella, para no hacer las cosas más difíciles. Entonces él intentó encontrarla a la salida del trabajo de ella. Pero no llegó, ella recién se había ido.
Así que corre.
Toda la semana la situación entre ellos dos había sido tensa, casi no se hablaron. Él estaba ofendido con ella porque le había hecho un escándalo sobre una ex - o algo así - de él. Casi un clásico "we were on a break". Ella estaba bastante deprimida, y había intentado aclarar la situación pero Allen se lo hacía difícil. Inaccesible, sordo, testarudo.
Toda la semana así, por una estupidez.
La estupidez había ocurrido hacía dos meses, en un momento donde se habían peleado los dos fieramente, cuando él le dijo que pensaba irse de vacaciones por su cuenta con Orlando. Ella no lo tomó tan bien, y la discusión derivó en -también- otra semana de no hablarse. Puntualmente ella le dijo "no me hablés nunca más".
Como quien lo toma literal, Allen salió con una chica llamada Jennifer y aunque el mundo crea que pasaron ciertas cosas, aunque la historia oficial diga que los hechos fueron intensos, no pasó nada. Pero muchas veces la verdad es más indefendible que la ficción.
Eso fue lo que originó esa, la última pelea de la que les hablo. Cuando ella se enteró del asunto, debido a un desliz de Felipe, chau. Crisis, welcome again.
Y corre. Corre y los músculos de sus piernas mañana van a arderle. Hoy ya no sienten nada. Y cree verla, su cabellera castaña, entre una multitud. Corre más entonces.
Cuando cruza la calle a velocidad de gacela paf, un auto lo atropella. Vuela unos tres metros, el auto frena repentinamente, Allen queda tendido sobre el asfalto de Avenida Santa Fe. Queda boca arriba, con los labios ensangrentados y el pantalón roto a la altura de la rodilla. Su remera está desgarrada y con sangre.
Allen escucha gritos, varias personas se acercan, él las ve sobre el fondo de un cielo celeste. Se siente raro porque no le duele nada, no se da cuenta. Una mujer pide que alguien llame a una ambulancia. Otro hombre se agacha junto a él, le habla, pero Allen no reacciona.
Entre el tumulto que se va formando al rededor de él, aparece una cara barbuda. Un tipo sereno, lo mira seriamente. Se pone también a su lado, se agacha y le levanta la cabeza, lo mira.
Allen lo observa, le pregunta qué pasa. Escupe sangre.
Él hombre mantiene su mirada clavada en los ojos de Allen. Parece casi enojado con el curso de los hechos, con ese auto parado a tres metros que tuvo que frenar repentinamente porque alguien se interpuso en su camino.
- Allen, soy Jimmy - le dice -. Allen, ¿me escuchás?
Allen le dice que sí. Intenta mover la cabeza con dificultad. Debe tener huesos rotos, debe tener hemorragias, probablemente vaya a perder el conocimiento en unos minutos, o segundos, u horas, o días.
- Allen. El terror de perder a alguien es quizás una de las formas más comunes de perder a alguien - dice el Jim, y momentos después deja que Allen repose su cabeza nuevamente en el asfalto. Se levanta, y se retira.
Allen intenta seguirlo con la vista. Lo llama, perdiendo sangre por la boca que le cae a uno de los tipos que tiene al lado.
- Jimmy, ¿qué pasó? ¿Qué es esto? ¿Dónde estoy? ¿Dónde está ella?
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Accidente en Avenida Córdoba
Me crucé, luego de años, con Julieta. Fue de casualidad, caminando por Avenida Córdoba: ella lucía bien, llevaba un vestido de color rosa -antes usaba siempre negro- y unos pequeños tacos. Me reconoció. Ella estaba igual, más crecida, pero igual. Y ella me dijo que yo estaba más flaco, más barbudo y más arreglado. Más.
V
Hola, entonces, creo que podemos? Me viene bien el martes, que estoy evidentemente cerca de tu trabajo. Podemos ir por Plaza Serrano, que nos gusta a los dos. Te parece?
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Diez
I
El que te quiere hablar no te habla y el que no querés que te hable te habla. Con el que hablás no te dice nada y con el que hablabas ahora es re copado y por último, uno que en verdad es mudo parece re locuaz.
II
Muchas de las voces que leí alzarse, aterradas, por lo que implican los términos y condiciones de Google Drive con respecto a propiedad del contenido, son las mismas que en tono progre te dicen que la privacidad ya fue. #consistencia
III
Había decidido prescindir del celular durante mi exilio. Lo más correcto, me pareció, sino no era un exilio. Aún así, no me aguanté y lo prendí un poco, al tercer día. Lo dejé sobre la mesa del bar, mientras me bebía mi segunda cerveza. Nada. Estuvo prendido como treinta minutos, y lo volví a apagar. No sabía si sentirme insoportablemente a salvo o condenadamente libre.
IV
Canalla, manipulador, mal tipo, asqueroso... pensé de todo al principio, Aproximadamente a las dos horas de insultarlo me di cuenta de que yo era la estúpida. Me ocurre a veces: estoy haciendo algo, pensando algo, de forma dramática, y clac. Algo cambia, como si mi perspectiva se corriera.
V
Sonará a ficción, pero el 75% de lo relatado en "Get the girl out" es cierto. Fue una secuencia muy divertida.
VI
Mientras escupía algo de sangre, arrodillado en la banquina, miró a July que estaba en pleno llanto, puteándolo como nunca en la vida. Las luces destellantes de la autopista, algunos autos que pasaban. Recordaría ese momento como un quiebre, quizás, la primera vez que Julieta se percató de que él le podía hacer grave daño.
VII
Si y no al mismo tiempo. Ella funciona en su nuevo sistema bifónico, capaz de emitir señales contradictorias en cuestión de segundos. De tal forma, así como te deja plantado con la cena que vos mismo te ofreciste a cocinar, aparece a la semana - sí, una semana después -, invitándonos así, como si nada, al BAFICI. "El BAFICI ya terminó, corazón". "Bueno, igual yo lo decía por tirar algo para hacer".
VIII
Que no te enorgullezca haberme herido de esta forma. Odio que de alguna forma, te nutras de mi dolor. Y tu nueva noviecita me tiene las pelotas llenas conque está re contenta, descubriendo algo nuevo en el amor. ¿Cómo puede interesarte esa cursilada? Yo me pregunto por qué carajo me sigo haciendo mala sangre por un tipo cagador como vos.
IX
Primero, hay q saltar el pollo en aceite - muy poco -, de forma que se selle. Luego, llegado ese punto, hay que agregar las cebollas de verdeo y la cebolla. A los dos minutitos ya habrá largado el jugo, ergo, hay que agregar las papas. A ojo, mas o menos - como para orientar - no más de diez minutos, ahí le pueden agregar el vino blanco. De ahí, unos quince minutos tranquilos. Mientras pueden ir haciendo un poco de caldo, que les va a servir cuando se haya evaporado el alcohol. En este punto, más que nada, se continúan cocinando las papas. Cuando la cosa ya bajó, es el momento de agregar la crema. Y pum, al plato y a la mesa.
X
¿No quiere el boleto de vuelta? Oh, menudo detalle se estaba olvidando usted. ¿Para qué momento lo desea? Mire, puede coger los trenes cada media hora. Le salé siete euros, tal cual la ida. Si quiere coger un billete abierto, eso le saldrá un euro más, porque no es de Renfe. ¿Se siente bien señor?
El efecto Amelie
I
Verán, queridos amigos: el efecto Amelie es inescrutable, su mismo poder -tan revolucionario como temeroso de sí mismo-, es la causa de su debilidad. "Magnifique". Cualquier cosa que les pudiera decir Betina al respecto, sería mentira: que es aburrido, que es una cosa de nenes, que se trata de una novelita de tórtolos. Cualquier cosa que les pudiera decir su servidor, les sonará demasiado "celebratoria". Los medios y fines de Amelie van más allá de las lecturas edulcoradas.
Lo siguiente ocurrió varios años atrás, pero recién hoy encontré las ganas para ejemplificar todo esto, para dejar caer las palabras y...
II
"Simple y sencillo", era la nueva frase de Allen. Era la fórmula con la que él decidía las cosas de buenas a primeras, porque suele dar vueltas. Que a donde vamos, que te parece, a vos que te viene bien, que te queda más cerca, eso. Pero cuando definía rápidamente, utilizaba fórmula: simple y sencillo.
Entonces: "Simple y sencillo: venite y la vemos en casa". De esa forma él me invitó a ver Amelie, cuando descubrimos dos hechos:
- Que ni él ni yo la habíamos visto en el cine, porque eramos tontos y la habíamos desestimado.
- Que los dos pensábamos que era genial y era su ejemplo constituía un pequeño sistema filosófico que nos habíamos formado.
Ante tal asunto, y hablando al respecto, surgió. Era esa época donde resultaba evidente que nos teníamos ganas y no nos animábamos. Quizás el hecho de que yo fuera pariente de un gran amigo suyo motivaba su mutismo -alco que me confirmaría a medias meses después-. Y yo de él entenría poco y nada, en un principio me había parecido un tipo tremendamente sobrebio, que intantaba sobresalir todo el tiempo con sus chistes lúcidos.
Pero entonces, dejando ya todo eso de ladi, fui a su casa.
Me recibió con una tarta de jamón y queso, porque en esa época era más rústico de lo que es ahora para la cocina. Estaba buena.
En el sillón, ocurrió uno de mis primeros encuentros con sus mañas. Él vio cómo yo me ponía mis anteojos para poder ver la película y dijo "ok, si vos usás yo también!" y fue a por los suyos. Eso me dio letra para el siguiente año y medio criticarlo por su negación a la utlización de gafas.
Pero bueno, vamos a lo que interesa. Vimos la película y él me comentaba sobre la habitación de Amelie y cómo era el efecto visual, caricaturesco, de dibujo animado. Y yo me preguntaba qué ocurriría esa noche, si el sofá sería un buen lugar para darnos un beso y si el apoyabrazos sería incómodo para apoyar mi cabeza mientras el me miraba de cerca sonriente.
El el momento en que Amelie no se anima a abrirle la puerta a Nino, no sé cómo, pero terminó tomándome de la mano. O yo le agarré la mano a él, y entonces él me miró y yo lo miré de vuelta. El se perdería en explicaciones e hipótesis, pero yo por mi parte prefiero presentar la sencilla fórmula de "nos tomamos de la mano". Son de esos momentos en que sabés que está todo dicho, pero ahora, hay que hacerlo.
Fue caricaturesco. Eramos dos nenes. Ambos queríamos estar juntos, pero nos daba vértigo. Pasamos el final de la película inmóviles.
III
Digamos, sinceramente: uno no puede ver Amelie y que no pase nada. O sea: no da ver Amelie de a cinco amigos. Uno la ve solo para reformular, claro, pero más vale verla con la persona con la que va a terminar a los tortazos. Y es eso, simple y sencillo.
Por otro lado, supongamos: si ella acepta ir a ver esa película a la casa de él, y ambos saben de qué se trata, es evidente que se tienen ganas. "Da para darse", si quieren tomar la frase de Kusnetzoff.
Entonces, el momento experimental entre dos sujetos:
IV
La primera "cita" que tuvimos ocurrió así. Yo ya lo conocía, claro. Pero, ¿cómo aceptar una primera salida a la casa de él? Lo pienso y me da risa.
Cuando me besó estaban los títulos y era evidente que no teníamos que mirar la película sino dedicarnos a reconfortarnos. Son de esos momentos que uno no sabe de dónde surgen, pero cuando se me acercó yo le puse los labios por si acaso. Ja.
Fue bonito porque los dos habíamos visto a Amelie dar más vueltas que una calecita y nosotros estabamos en algo parecído. Aunque él sí me abrió la puerta y lo nuestro fue un poco más fácil. Nos conocíamos hace tan poco, pero yo estaba tan lanzada y me había molestado que ni hubiera pasado nada dos semanas antes, en su mismo cumpleaños. Bob hasta nos había dejado a solas bailando, yo le enseñé un par de pasos de baile. Me llevó a casa. ¿Y? Nada. Casi lo mato.
Pero me imagino que es mucho más pintoresco el beso en el sofá que en el boliche, claro.
Publicado por T. en 6:03 0 comentarios