I
Fue una noche de verano que Ricardo le insistió telefónicamente a Antonella. Dijo que quería verla y que realmente necesitaba hablar con ella. Visto desde afuera, era un episodio de ficción pura, pues quien hubiera podido verdaderamente relatar todo esto:
II
Esa mañana me había encontrado en la cuadra un pasacalles que decía "Te amo Antonella". Yo había logrado deshacerme de él un poco, estar algo con Oswald. Pero Ricardo siempre se caracterizó por su persistencia.
Me ofreció de pasarme a buscar, pero dije que no, que iba sola. Y si, sé que una no tiene que aceptar ir a cenar a la casa de un ex salvo que esté dispuesta a hacerse cargo de todo lo que pueda ocurrir ahí, porque una da a entender que sí y está mal jugar con esas cosas. Pero de todas formas, accedí porque me da cosa escucharlo a Ricardo así, pidiendome una y mil veces que lo vea.
Cuando llegué a su departamento u toque el timbre me di cuenta de que no tenía nervios, pues estaba segura. Además de alguna forma yo tenái ganas de verlo. Me recibió hecho un señor, arregladísimo y hasta con corbata. En la mesa había velas y sonaba música de jazz de fondo. Claro, ¿qué pensaba encontrar? Ahora todo parece evidente, desde el pasacalles hasta sus llamados a las cuatro de la mañana.
Me senté y se tardó muy poco en la cocina. Cenamos lomo strogonoff. Casi no tomé nota o se me borró de la cabeza en verdad, casi olvidé a Charlie Parker sonando de fondo, casi olvidé que yo me acostaba con ese tipo y que nos habíamos dicho que nos amabamos. Todo casi todo casi, porque al principio él me preguntaba cómo andaba mi vida. ¿Y yo qué le hubiera dicho? Sí mirá estoy con alguien y no sé qué onda. Temía cualquier reacción por parte de él.
Hablamos de todo. De casi todo. Cada tanto el me decía que yo estaba linda. No voy a negar que me había arreglado, pero tampoco era para tanto. Yo qué sé, son de esas cosas que una hace, siempre te fijás cómo lucís cuando vas a ver a alquien que te interesa. Y Ricardo me interesa, aunque no como antes y lo que quieran.
En un momento de la noche me quería ir. Era como si no aguantara más estar con nosotros, él y yo, más por él que por mí o como fuera. Sólo bastaban unos cinco segundos de silencio para hacerme vomitar mis agallas de haber venito. Y ahí...
- Te tengo una sorpresa - dijo Ricardo.
- ¿Ah sí? - temí.
Me dio una cajita negra. No quería abrirla. Estaba ahí, sobre la mesa, a la luz de las putas velas y yo no quería abrirla. Y él me dijo "abrila". Hubiera deseado tener la valentía de negarme, pero la abrí. Anillos de compromiso.
- No... no puedo - farfullé.
- Por favor, te amo - complicó él.
Cerré la cajita y la alejé. Cerré los ojos y me di cuenta que quería llorar, pero que no quería llorar frente a él. Él me miraba, me tomó de la mano. Y largué una lágrima nomás de débil idota que soy, pero quería salir de ahí, fugarme.
- Antonella Chejov, por favor no quiero estar más sin vos. Desde que nos separamos que sufro.
Sufre, todos sufren. Dicen eso como si a nosotras nos costara nada estar un fin de semana con otro. Como si no lo lamentaramos en algún punto, como si no...
- No puedo, no sería honesta, Ricardo. Por favor, deberíamos...
- Es que no puedo renunciar a vos.
Repetí "no puedo" unas quince veces más. Acordamos no volver a hablarnos. El estaba deprimido, triste, destruido, corroido. Hubiera creído que se iba a enojar, pero no, fue tan dócil como un cachorro luego de que alejé esa cajita, me deshice de sus sentimientos como él se deshizo de los míos hacía dos meses ya. Me sentía ignorada y ahora se me propone, hijo de puta.
Así fue como yo adopté esa filosofía que había refutado, el artificio benthamista. Dos semanas antes me había enojado con Jim. No podía entender cómo él la ignoraba de tal forma a Male, como se perdía de hablar con ella si era lo que él realmente quería. Pero ahí estaba yo, la incredula que acataba el mandato de la distancia, que decretaba el alejamiento definitivo y un silencio que atentaba contra mis propia necesidad de ser escuchada.
III
- ¿Anillos de compromiso? - se sorprendió Bentham.
- Si, en una cajita negra. Me los ofreció con cara de perrito mojado.
- Ese pibe entendió las cosas para el otro lado me parece. Hiciste mal en aceptar ir a la casa de él a cenar. Si te tenés que juntar con tu ex, debe ser un lugar público y neutral, corazón.
- Sí, pero me insistió tanto. Y además me da pena.
- Vos me decís que soy cruel, pero creo que para algunas cosas es imposible ser buen tipo. Y vos me decías que no podías creer cómo yo era tan forro, mirate a vos ahora. You mix love with pain, add a little fear, you got silence.
Funny thing about love is that it proves how stupid we are in no time, as a surprise, in our own original & branded way.
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Los silenciosos
miércoles, 27 de enero de 2010
Publicado por T. en 5:20 0 comentarios
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