Me tomo este post para hablar de los personajes:
- Michelle Foucault: estudiante de psicología, que antes estudió Administración de Empresas pero abandonó la carrera cuando a ella la abandonó su ex novio. Un tanto tímida, pero segura de si misma. A veces se le patinan las cosas.
- Jonathan Bayton: joven, enérgico e inexperto. Es un tipo rápido, menos intelectual que los personajes centrales de las temporadas anteriores. Más impulsivo, pero no por eso menos resuelto. Es quizás el más consistente en cuanto a carácter.
- Jacqueline Rousseau: intelectual maestra de lengua y literatura. Trementamente simpática y agradable, es conquistadora serial de corazones. También es bastante vueltera con sus relaciones y un tanto insegura cuando alguien se le planta.
- Juan Pablo Sartre: una bomba de tiempo. Es el elemento desestabilizador, carece de ética pero es un excelente amigo. Mujeriego, es una versión actualizada de Orlando de la temporada 1 y de Gilles Deleuze de la temporada 2.
- Jim Bentham: calculador, racionalista y moralista criminal. Casi insoportable. Personaje casi omniciente, pues sabe la mayoría de las cosas que van a pasar y posee explicaciones para todo y todos. A excepción de Jackie Rousseau, quien es su point de capitón.
- Solange: Amante ocasional de Jonathan Bayton, con quien tiene una relación de casi admiración mutua, aunque con bastantes miedos involucrados. Esta chica es alta y morocha, muy sensual. Aparenta estar segura de todo pero en verdad todo la preocupa.
- Emma: novia por descarte de Jonathan. Bastante mayor que él, se trata de una mujer que está llegando a la crisis de los cuarenta, que es sensible y extremadamente amable. Ella cree que merece ciertas cosas en la vida, y lucha por conseguirlas.
Sobre los personajes
la hacker
I
Creo que algo llamativo me ocurrió durante el último año: diversas personas, en diversas situaciones inconexas, me preguntaron si daba clases. Yo no sé por qué lo relaciono a que efectivamente supe dar clases, como si eso saliera a la luz en mi cara o en mis gestos.
La verdad es que, pensándolo bien, no hay ningún indicio de que yo me haya dedicado a dar clases. Además cuando me lo preguntaron fue sobre diversas disciplinas.
Lo que quiero decir es que a lo largo de este año me preguntaron si me dedico a enseñar, y no entiendo por qué.
II
Jonathan Bayton entró y se encontró a Emma en camisón, tomando brandi. Estaba algo borracha, le sonrió. Él le dio un beso en la frente y fue a la habitación a cambiarse. Ella de vez en cuando decía cosas, como si estuviera frente a ella.
Mientras Jonathan se ponía una remera y unos pantalones, escuchaba:
- Hoy compuse tres sinfonías, viste, en hojas pentagramadas. Terminaba una y la rompía. Eso, te escribí tres sinfonías para vos y las rompí.
Entonces Emma rió. Jonathan no entendía demasiado. ¿Por qué ella habría comprado hojas pentagramadas, había escrito música dedicada a él y sin que llegara siguiera a verlas, las haría trizas?
Jon salió de la habitación.
- ¿Que hiciste qué?
- Que rompí tu música.
- Y ¿cómo era?
- Había una melodía muy dulce, luego otra muy triste y la tercera era bastante... cargada - contestó Emma.
A ella le gustaba tener la atención de él. Se sentía atendida. Un par de hojas pentagramadas, eso hacía falta.
- ¿Por qué hiciste eso? Ni llegué a escucharlas.
Una pequeña venganza: darle algo al otro pero sacárselo antes de que siquiera pueda probarlo. E informarle de los daños acontecidos.
- Y no sé Jonny - contestó ella -. Me hubiera encantado que las escucharas pero...
A medida que hablaba Emma tomaba y comenzaba a quebrarse. No quería llorar de repente, quería hacerlo gradualmente, como si su llanto tuviera que tener cierta cadencia dramática.
Entonces preguntó:
- ¿Quién es Michelle?
III
Días después lo pensé y me di cuenta: no fue tanto la idea de que Jonathan estuviera con Michelle lo que me dolió, sino más que confiaba en ella y no en mi. A ella le decía lo que le pasaba, le hablaba en formas que a mi jamás me habló.
Conmigo Jonathan era un témpano de hielo, en comparación con lo que le escribía a Michelle.
Todo ocurrió cuando en la computadora de Jonny pude acceder accidentalmente a su cuenta de correo electrónico. Encontré varias conversaciones entre ellos, él le escribía como a nadie más. Le escribía canciones, le mandaba versos, le hablaba. Ella le respondía, a veces le decía que le gustaba lo que él le mandaba, otras que no tanto.
Ella le mandaba fotos: de insectos sacados con una lente gran angular, de trenes, de gente en la calle, de paredes con escaleras. Y Jonny siempre le decía que eran hermosas.
Michelle le preguntaba cómo estaba. Se lo preguntaba más de una vez, porque como ella misma escribió, quería chequear varias veces para asegurarse de que Jonathan le dijera las cosas. Ahí me di cuenta de que Jonathan estaba enamorado de ella, y que ella jugaba con él.
"Quiero saber cómo estás, pero decime hasta donde tenga que saber, no más de eso", le decía. Como si ella tuviera que mantenerlo a raya. Y él, como puede ser, le contestaba que estaba bien, que no pasaba nada. En una ocasión le escribió que le gustaría concerla más.
Ella no contestó eso.
Soy mujer y me di cuenta perfectamente de lo que estaba haciendo Michelle con Jonathan. Me enojé mucho con ella, muchísimo. Y él me dio lástima.
Luego me olvidé de esa reventada, y pasé a estar enojado con Jonathan. Pero como les dije, no porque estuviera hablando con otra, sino porque confiaba más. Se notaba una soltura en cómo Jonathan le escribía, una sinceridad, un placer. Eso, Jonathan era casi completamente honesto con ella y lo disfrutaba.
Y a mi me quedaban las tardes de sexo y las charlas efímeras sobre Rimbaud y Picasso.
IV
Me contó cosas que ni yo recordaba, conversaciones que tuve con Michelle y que ya ni registraba. Lo que me dio bronca, además de la usurpación, fue que me borró todo. Perdí fotos de Michelle y cosas que yo le había escrito. Perdí conversaciones que duraron semanas.
Emma es toda una mujer, pero ese día no sé que pasó. Quebró. Nunca había tenido un planteo, nunca había tenido un reclamo.
Por accidente o destino, o por acto fallido mío, logró meterse en mi vida, llegar a Michelle, verla, palparla, conocerla como yo la conocía. Cuando te miran a vos, cuando te urgan en los sentimientos, te sentís invadido. Pero cuando urgan en los sentimientos que otra persona te contó sólo a vos, te sentís saqueado.
Digo, porque que la otra persona te haya mostrado eso es algo que lo lograste vos, es algo que tenés vos y antes no tenías, que lo conservás para vos. Y nadie te lo puede sacar. Pero cuando alguien toma lo que otro te dio a vos, es peor.
Me enojé con Emma, le dije de todo. Ella se reía, me decía idiota. No me puteaba, pero me decía que Michelle no me quería, y que ella tampoco. Cuando logré mandarla a su casa en taxi me quedé sentado en el living, mirando la botella de brandi por la mitad. En ese momento, al decir verdad, la veía medio vacía.
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El caos
I
Un archivo de extensión .bat es un ejecutable de programación sencilla, su sintaxis es relativamente evidente. Resultaba muy útil en la época del DOS 6.22, para acortar la ejecución de otros archivos .exe.
En un archivo .bat uno puede incluir una referencia para que la máquina se reinicie automáticamente. Solo hacen falta unas líneas de código. Y en tal caso, uno puede incluir ese archivo .bat en el inicio de la computadora, la misma entrará en un ciclo de reinicio continuo.
Como es de predecir, este tipo de "virus rústicos" son dañinos para el hardware.
Bueno, imaginen que ese archivo se extendió a todo el laboratorio de informática durante un fin de semana largo.
II
Entró tenso, con un aire ido. Me saludó así nomás, con un beso en la mejilla. ¿Desde cuando? Lo miré con cara de odio pero de mentiritas y ni me vio. Se fue directo para el cuarto a dejar las cosas, ensimismado.
Viví por la rambla unos ocho años con mi ex, Oscar, un gallego fornido que era muy tierno pero no se caracterizaba precisamente por su capacidad de escuchar. Él trabajaba en el metro, un buen sueldo. Nunca nos faltó nada.
Yo siempre gané bien con mis clientes de kinesiología, en su mayoría gente grande, de sesenta para arriba. Un viejito muy dulde me regalaba chocolates cada vez que iba. Oscar era tan celoso que le molestaba, pero como se trataba de un hombre grande se la aguantó.
No tuvimos hijos, no porque no hayamos querido sino porque nos costaba. Oscar en particular se estrasaba mucho con el trabajo, sobre todo estos últimos tiempos. Ni hablar cuando se quedó sin trabajo, él pasó a ser parte de los parados. Ya veníamos en crisis antes, alejados, pero creo que eso fue un factor determinante.
Le dije a mi hermana que para mi, él veía afectada su hombría, en que yo tuviera trabajo - aunque menos - y él no. No podía soportar la idea.
Desde hacía casi un año que no éramos los mismos. Nunca lo confirmé, pero diría que Oscar estaba en una aventura. Yo de insegura, o lo que quieran, jamás dije nada. Ahora que lo pienso, no dije nada porque temía perderlo, perder mi vida.
Luego, cuando me separé de Oscar, me vine a Madrid. Tarde seis meses en conocer la ciudad, porque no salía demasiado. Tuve que hacer nuevos clientes, eso me hacía moverme. Pero no salía por salir a ver la ciudad. Solo iba a la casa de la gente, llevaba mi mesa de trabajo, daba los masajes o el tratamiento indicado, y me iba de vuelta para casa.
Una vez Oscar me llamó desde Barcelona, me dijo Emma, volvamos. Me largué a llorar y corté. Supe que había conseguido trabajo en un restorán de camarero, pero sinceramente no podía volver.
Conocí a Jonathan en unas "jornadas de juegos" de su empresa, en la que me habían convocado para hacer una especie de taller corporal. Yo no hablaba demasiado con nadie, y de hecho cuando mi labor terminó me quedé en la barra, con algunos de los profesores que habíamos ido. No conocía en profundidad a ninguno, a mi me habían contactado por buenas referencias.
Jon me invitó un trago que no pagó, porque eran gratis. Yo estaba ahí desde las dos de la tarde, así que me quedé escuchándolo. Cuando me di cuenta de que él se estaba fijando en mi me reí por dentro. Cómo un muchacho de unos veintipico se va a fijar en una mujer de casi cuarenta.
Me sentí bien por primera vez en bastante tiempo.
IV
El olor a transformador quemado inundaba la sala. El jefe de tecnología insultaba a la nada y a todos. Debía sentirse un inútil, pues ninguna computadora andaba y por ende el no tenía nada que hacer, ni podía hurgar en los registros, ni nada de lo que a él le gusta hacer.
Pasé por ese sector, saludé con mi cara de alegre y estúpido. Era martes y todo me daba risa.
V
La primera vez que salimos me llevó a un lugar bonito, algo romanticón, con velas en la mesas y un tipo fornido en la puerta que se ocupaba de hacerse el malo a la entrada y que todo pareciera importante.
Charlamos de todo, de la vida, le conté de Oscar. Él me contó de cómo había aprendido a hacer masajes gracias a una ex. Le dije que me llamaba la atención eso. Se rió, me preguntó que si le sorprendía que supiera dar masajes o que tuviera una ex.
Hacía meses que no salía de noche. Más, años, que no estaba con otro hombre que no hubiera sido Oscar. Hacía tanto tiempo que no tomaba vino a la luz de las velas, que no me quedaba despierta fuera de casa hasta la madrugada, que no me reía con alguien que no conocía, que no me decían que era linda.
Me costaba un poco ponerme en situación, ser la mujer atractiva de la escena, la que él pretendía. Se ve que de a momentos él intentaba acercarse y yo no se lo permitía. Pero no fue a propósito, no me di cuenta en ese entonces.
Fue cuando empecé a soltar, a dejar de aferrarme a lo que me hubiera pasado antes. Porque las cosas no iban a permanecer como estaban porque yo hiciera esfuerzos sobrehumanos, y me callara la boca si me eran infiel y si no me querían. Y hay cosas que realmente hay que aceptarlas y seguir para adelante.
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Razones
I