I
Un archivo de extensión .bat es un ejecutable de programación sencilla, su sintaxis es relativamente evidente. Resultaba muy útil en la época del DOS 6.22, para acortar la ejecución de otros archivos .exe.
En un archivo .bat uno puede incluir una referencia para que la máquina se reinicie automáticamente. Solo hacen falta unas líneas de código. Y en tal caso, uno puede incluir ese archivo .bat en el inicio de la computadora, la misma entrará en un ciclo de reinicio continuo.
Como es de predecir, este tipo de "virus rústicos" son dañinos para el hardware.
Bueno, imaginen que ese archivo se extendió a todo el laboratorio de informática durante un fin de semana largo.
II
Entró tenso, con un aire ido. Me saludó así nomás, con un beso en la mejilla. ¿Desde cuando? Lo miré con cara de odio pero de mentiritas y ni me vio. Se fue directo para el cuarto a dejar las cosas, ensimismado.
Viví por la rambla unos ocho años con mi ex, Oscar, un gallego fornido que era muy tierno pero no se caracterizaba precisamente por su capacidad de escuchar. Él trabajaba en el metro, un buen sueldo. Nunca nos faltó nada.
Yo siempre gané bien con mis clientes de kinesiología, en su mayoría gente grande, de sesenta para arriba. Un viejito muy dulde me regalaba chocolates cada vez que iba. Oscar era tan celoso que le molestaba, pero como se trataba de un hombre grande se la aguantó.
No tuvimos hijos, no porque no hayamos querido sino porque nos costaba. Oscar en particular se estrasaba mucho con el trabajo, sobre todo estos últimos tiempos. Ni hablar cuando se quedó sin trabajo, él pasó a ser parte de los parados. Ya veníamos en crisis antes, alejados, pero creo que eso fue un factor determinante.
Le dije a mi hermana que para mi, él veía afectada su hombría, en que yo tuviera trabajo - aunque menos - y él no. No podía soportar la idea.
Desde hacía casi un año que no éramos los mismos. Nunca lo confirmé, pero diría que Oscar estaba en una aventura. Yo de insegura, o lo que quieran, jamás dije nada. Ahora que lo pienso, no dije nada porque temía perderlo, perder mi vida.
Luego, cuando me separé de Oscar, me vine a Madrid. Tarde seis meses en conocer la ciudad, porque no salía demasiado. Tuve que hacer nuevos clientes, eso me hacía moverme. Pero no salía por salir a ver la ciudad. Solo iba a la casa de la gente, llevaba mi mesa de trabajo, daba los masajes o el tratamiento indicado, y me iba de vuelta para casa.
Una vez Oscar me llamó desde Barcelona, me dijo Emma, volvamos. Me largué a llorar y corté. Supe que había conseguido trabajo en un restorán de camarero, pero sinceramente no podía volver.
Conocí a Jonathan en unas "jornadas de juegos" de su empresa, en la que me habían convocado para hacer una especie de taller corporal. Yo no hablaba demasiado con nadie, y de hecho cuando mi labor terminó me quedé en la barra, con algunos de los profesores que habíamos ido. No conocía en profundidad a ninguno, a mi me habían contactado por buenas referencias.
Jon me invitó un trago que no pagó, porque eran gratis. Yo estaba ahí desde las dos de la tarde, así que me quedé escuchándolo. Cuando me di cuenta de que él se estaba fijando en mi me reí por dentro. Cómo un muchacho de unos veintipico se va a fijar en una mujer de casi cuarenta.
Me sentí bien por primera vez en bastante tiempo.
IV
El olor a transformador quemado inundaba la sala. El jefe de tecnología insultaba a la nada y a todos. Debía sentirse un inútil, pues ninguna computadora andaba y por ende el no tenía nada que hacer, ni podía hurgar en los registros, ni nada de lo que a él le gusta hacer.
Pasé por ese sector, saludé con mi cara de alegre y estúpido. Era martes y todo me daba risa.
V
La primera vez que salimos me llevó a un lugar bonito, algo romanticón, con velas en la mesas y un tipo fornido en la puerta que se ocupaba de hacerse el malo a la entrada y que todo pareciera importante.
Charlamos de todo, de la vida, le conté de Oscar. Él me contó de cómo había aprendido a hacer masajes gracias a una ex. Le dije que me llamaba la atención eso. Se rió, me preguntó que si le sorprendía que supiera dar masajes o que tuviera una ex.
Hacía meses que no salía de noche. Más, años, que no estaba con otro hombre que no hubiera sido Oscar. Hacía tanto tiempo que no tomaba vino a la luz de las velas, que no me quedaba despierta fuera de casa hasta la madrugada, que no me reía con alguien que no conocía, que no me decían que era linda.
Me costaba un poco ponerme en situación, ser la mujer atractiva de la escena, la que él pretendía. Se ve que de a momentos él intentaba acercarse y yo no se lo permitía. Pero no fue a propósito, no me di cuenta en ese entonces.
Fue cuando empecé a soltar, a dejar de aferrarme a lo que me hubiera pasado antes. Porque las cosas no iban a permanecer como estaban porque yo hiciera esfuerzos sobrehumanos, y me callara la boca si me eran infiel y si no me querían. Y hay cosas que realmente hay que aceptarlas y seguir para adelante.
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