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Bye

viernes, 25 de enero de 2013

I
Jimmy retornó a Marsella exactamente al otro día, en el vuelo de RyanAir LRA0045, Barajas-Provenza. No retornó a If ni a St. Nicholas, pero se hospedó en un pequeño hotel en el Vieux-Port.

Dedicó los días subsiguientes a pasearse por bares y recorrer el resto de esa ciudad enorme valiéndose del metro.

Una noche salió bastante borracho de uno de los bares que hay cerca de la Prefecture, y por alguna razón terminó caminando para el lado del Arco del Triunfo en las lowlands. En la rotonda casi lo atropellan unas dos veces, pero él insistía en buscar una casa de música llamada "LeRoy". Probablemente la información que tuvo era vieja, pues sólo encontró los bares y casas de comidas del barrio bajo.

Vale aclarar que eran las tres de la mañana. En caso de dar con dicho local, estaría cerrado.

Estuvo vagando un poco por la calle lindera a La Fayette, cuando se topó con dos tipos que le quisieron robar. No perdió ninguna de sus pertenencias que le pedían: ni billetera, ni celular, ni reloj. Fiel al temperamento de Jimmy en estado semi-ebrio, logró meterle un cross a la mandíbula a uno. El otro sacó un cuchillo. Eran unos ladrones de segunda.

El cuchillo le rozó el brazo a Jimmy, que consiguió patear al tipo justo donde no le da el sol. Ambos estúpidos se fueron corriendo como pudieron. Jimmy los insultó. Estaba demasiado cansado ya como para correrlos, la oscuridad era ridículamente negra.

Continuó su caminata para retornar al hotel. Su humor era tétrico.

Al llegar al Vieux-Port nuevamente, algunos autos tuvieron que esquivarlo. Algunos botes del puerto se preparaban para salir a por la pesca del día. Aún el sol no aparecía, era de noche. Entonces Jimmy escuchó que uno de los marineros que le gritaba, que le decía algo. Le hizo señas de que se dejara de molestarlo. El tipo se le acercó y le insistía, le hizo señas a sus compañeros de que vinieran.

- Monsieur, êtes-vous d'accord?

El hombre lo iluminó con una linterna. Jimmy se miró el estómago y descubrió una gran mancha de sangre. "Bueno, llegaré a mi habitación y me pondré algo de alcohol". Trataron de ayudarlo pero él insistió en que podía solo, que vivía a sólo una cuadra de ahí y que allí lo asistirían.

El conserje lo vio entrar y quedó perplejo. Le preguntó qué le había ocurrido. Jimmy le dijo que subiría a su habitación y si le podía dar un poco de hielo. El conserje le dijo que era mejor llamar a la ambulancia. Jimmy subió por el ascensor sin reparar en lo que el hombre le decía.

Quince minutos después el conserje ingresó con dos agentes de policía y un médico a la habitación de Jimmy.


II
Probablemente se pregunten - o no- qué fue de Jackie. La verdad, no sé demasiado. Sé que no se enteró de lo que le ocurrió a Jim. Todo ocurrió para ella como si finalmente él jamás la hubiera buscado de nuevo, como si de una vez por todas ambos renunciaran.

Convengamos que de alguna forma, eso fue lo que ocurrió.

Después de Madrid sé que se dirigió a Dublin. Sé también que no retornó a Buenos Aires más que para visitar a su familia en algunas ocasiones, pero por lo demás, creo que se perdió por Gaena o donde sea. Probablemente, pensando que encontraría a Jimmy ahí, evitó Holanda, Bélgica y el sur de Francia. Porque ella era tan paranoica que pensaba que por estar en el mismo país, podía llegar a encontrarlo.

O quizás fue a buscarlo sin querer. Sea como sea, lo cierto es que jamás dio con él.

It´s is mandatory to say one last thing: Jim really loved her. He realized that a little bit late. I cannot be as certain that Jackie loved him.


III
It´s true. When you die, your life flashes in front of your eyes. I think it´s a way to feel how you did all those years. It´s amazin how things that were almost forgotten come to your head.

I think it depends on how it happens: some people want to be alone, some people want to have company. I must say that I would really liked to be around her, just her. Not anyone else, not Rolland, not George, not Justine, not Gilles. I was ok with all of them, they were all in my memories.

But Jackie... me acordaba de su fleco, sus mirada temerosa pero tierna, su sonrisa. Quería preguntarle qué pensaba de mi, si se arrepentía de haberme conocido, si había sido algo medianamente bueno en su vida. Quería que me contara todo, desde sus dos años hasta el día de ayer.

In my case, I was not aware that my time was up. When I realized what was going on, I had mixed feelings: resignation, sadness, gratefulness, love, peace.

In felt as if existence was dull, pointless. But totally worthy to experience. That amount of time you have to do right, wrong, love, hate, cry, laugh. Or whatever you want.

Time is something that belongs to you. But also, time owns you too.


Ver morir a JB

lunes, 7 de enero de 2013

Mi tren arribó a las cinco y trece. Amo los Renfe, funcionan tan bien, tan perfectos. No como los malditos trenes franceses o alemanes.


Vi la pequeña jungla interna en el centro de Atocha, ese gran amor que tengo por ella. Hojas verdes, pajaritos, luz. Me imagino que entre esos árboles hay de todo: tucanes, serpientes, pumas, chimpancés, velociraptors. Nada que ver con la porquería de Termini.

Lo que no esperaba ver entre la jungla era a Jackie. Ella no me había visto, porque yo venía del lado contrario del que ella me esperaba, pero entre las ramas la vi. Miraba el panel, intentaba ubicar en cuál plataforma arribaría yo. Se calzó los anteojos, un amor.

Cuando me encuentro en ciertas situaciones ocurre alguna de las dos cosas, que no sé si son la misma: o mi cerebro empieza a procesar y reaccionar a una velocidad abismal, o mi cuerpo empieza a tomar decisiones con la precisión de un láser.

Me agaché un poco y me fui para el lado de la entrada de la derecha. Le envié un mensaje.

"¿Por qué no me avisaste que estarías acá?"

Tardó cinco minutos, pero cuando agarró el teléfono pude ver su cara de desconcierto. Odio que a mi me tomen por sorpresa. Yo tomo a la gente por sorpresa, no ellos a mi. Entonces Jackie comenzó a mirar, pero yo ya no estaba a la vista, ella podía mirar para cualquier lado que no me iba a encontrar.

Entonces me mandó un mensaje:

"Es que no hice a tiempo de avisarte. ¿Dónde estás?".

Jackie guardaba completa corrección gramática, incluso en los mensajes de texto: tildes, aperturas de signos de interrogación, exclamaciones, todo.

Yo guardaba completa corrección protocolar, incluso en los encuentros post relación, con los acentos en lo bueno, las interrogaciones en los por qués y las exclamaciones en los reclamos.

Entonces la llamé.

- La verdad que no entiendo esta emboscada, Jackie. Hace cinco días que no sé de vos y ahora me venís a esperar acá. Eso, o soy más idiota de lo que creo, porque en una de esas estás esperando a otro y tenés tanta mala suerte que llega en el mismo horario que yo.

- Jimmy, escuchame. No te voy a mentir, ni te voy a dar vueltas. Vine así porque no quería hacer gran escándalo ni nada. Pensé que era mejor para los dos si todo aparecía como fortuito.

- Creo que vos y yo no tenemos el mismo concepto de fortuna.

- ¿Dónde estás?

- Voy a mantener la ventaja de la invisibilidad, me parece.

- No seas ridículo por favor, ya está. Si querés me desbarataste la sorpresa pero no por eso tenés que vos hacerte el sorpresivo.

Off topic...

- Pasame el blog tuyo.

- ¿Qué?

- Eso. Quiero que me pases el blog, me interesaría leerlo. Leí el cuento y quiero saber quién es Michelle.

- Ah, bueno, cuando pueda te lo paso.

- Dale, decimelo ahora. No te cuesta nada.

- No recuerdo la url. Después te la paso.

Hubo un breve silencio, como si a ambos nos hubiera desconcertado ese breve lapso de reclamo.

- ¿Me podés decir dónde estás?

Entonces se escuchó el bocinazo de un camión que hizo temblar todo. Como se escuchó por el teléfono, Jackie supo en dónde me encontraba: del lado de afuera, a su izquierda.

Pensé en reubicarme para perderla, pero me di cuenta de que no quería.

Entonces ella salió y vi su silueta dibujarse con la luz del sol que se ponía. Me pareció hermosa. Me saludó a la distancia, unos cuatro metros. Quería mantener mi actitud de rudo, pero no pude. Una leve sonrisa se me escapaba, pues me encantaba verla y tenerla en frente y escucharla de vuelta.

Jackie lucía una sonrisa tenue, casi de lástima diría. Tenía pinta de estar estresada, de no haber descansado bien. Como si hubiera estado todo el día afuera, caminando.

- No entiendo igual por qué no me avisaste. Si querías, me hubieras enviado un mensaje de texto ayer, u hoy a la mañana.

- Sí, lo sé. Perdón, es que no sé. No quise, o no sabía si venir, medio que lo decidí a último momento.

Entendí perfectamente. No quería generar tanta expectativa. Aunque si bien conmigo tuvo éxito, ella no lucía como que le haya hecho tan bien.

Las conversaciones con Jackie Rousseau estaban signadas por la negociación: conseguir que ella me diga lo que le está pasando. Y a su vez, ella siempre quería saber qué se me cruzaba a mi por la cabeza. Eramos como una especie de test de Rorschach recíproco, intentando observar al otro, midiendo sus palabras, examinando los gestos.

Mis manos temblaban un poco. Mis ojos la observaban todo el tiempo, mi ritmo cardíaco estaba levemente acelerado a cien pulsaciones por minuto. Lo sé porque me lo tomé en ese momento.

- ¿Cómo estás?

- He tenido mejores días.

Ella trataba de que el sol lo le quite la vista, miraba un poco para abajo, respiraba profundamente porque probablemente intentara relajarse. Respiración abdominal. Inhala en cuatro tiempos. Retiene el aire cuatro tiempos. Exhala en cuatro tiempos. Repite.

¿Qué vemos en la figura? Ella ve al mercenario venido a menos. Yo veo a la princesa desarreglada. Ella ve una mancha que no se espeja, porque es todo una: un animal. Si es salvaje, significa miedo. Yo veo un paisaje que sí se espeja, como si fuera la superficie de una laguna, con árboles. La apertura del espacio.

- ¿Porque nos íbamos a ver?

- Cómo saberlo, la verdad. Definitivamente no esperaba esto.

Pasó una pareja que discutía sobre si ir a Málaga el fin de semana o no. Se detuvieron unos cuántos metros atrás, porque parecía que el tema venía tenso.

Es muy importante la fecha en la que nace uno. El signo, la época del año, todos tus futuros cumpleaños. Tus años, todas tus declaraciones juradas, tu estándar de vida, el carnet de conductor, beber legalmente. Me pregunté cuán importante sería la fecha en al que muere uno.

- ¿Dijiste que querías hablarme?

- Sí. Podemos ir a algún lado si preferís.

- No.

Era como si estuvieramos midiendo las armas de cada uno. ¿Ella sabía? ¿Yo sabía? A veces tengo la impresión de que cualquier persona que viera nuestras situaciones de afuera sabría qué hacer mucho mejor que nosotros.

Como me di cuenta que ella no pensaba acercarse, caminé yo en pos de reducir esos cuatro metros.

- Ya no sé qué hacer con vos - le dije -. ¿Viste cuando alguien te marca en la vida? Bueno, eso. Hasta nuestras peores conversaciones me hacen sentir de otra forma, como más ligero. Quién dice, hasta contento.

- Lo sé. Es un tema.

- A veces pensé que ya ni te acordabas de mi.

- ¿Cómo me voy a olvidar de vos? Sos la relación más importante que he tenido en los últimos siete años.

Entonces me acerqué más a ella y la abracé.

- Entonces deberíamos volver a hablarnos, a...

- No, Jimmy. No podemos. Ya esto fue.

Se alejó.

- Esperaste demasiado tiempo, me parece.

- Quiero que volvamos y que resolvamos todo. Creo que podemos.

- No Jimmy. Porque no me amás y yo no te amo. Y no importa, ya no podemos cambiar eso. Tenemos que olvidarnos el uno del otro. Vos estarás con otra, yo conoceré también a alguien. Pero mientras nos rebolotemos el uno al otro, aunque sea fantasmagóricamente, no podremos avanzar.

Silencio.

A lo lejos, la pareja que discutía sobre si ir a Málaga o no, sin saberlo, verían morir a Bentham.

El día que muere uno deja de ser importante el día que te morís. Porque en los días de tu vida, los previos a tu muerte, te podés preguntar sobre el tema. Pensás cómo serás de viejo, quizás te acuerdes del último día de la vida de alguien, pensarás si será así el tuyo. El día de tu muerte es, durante toda tu vida, esa tragedia que minimizás sin darte cuenta: "el día que me muera". Pero cuando te morís, el día de tu muerte pasa a ser la pura nada para vos.

Sobre los personajes

viernes, 14 de diciembre de 2012

Me tomo este post para hablar de los personajes:

- Michelle Foucault: estudiante de psicología, que antes estudió Administración de Empresas pero abandonó la carrera cuando a ella la abandonó su ex novio. Un tanto tímida, pero segura de si misma. A veces se le patinan las cosas.

- Jonathan Bayton: joven, enérgico e inexperto. Es un tipo rápido, menos intelectual que los personajes centrales de las temporadas anteriores. Más impulsivo, pero no por eso menos resuelto. Es quizás el más consistente en cuanto a carácter.

- Jacqueline Rousseau: intelectual maestra de lengua y literatura. Trementamente simpática y agradable, es conquistadora serial de corazones. También es bastante vueltera con sus relaciones y un tanto insegura cuando alguien se le planta.

- Juan Pablo Sartre: una bomba de tiempo. Es el elemento desestabilizador, carece de ética pero es un excelente amigo. Mujeriego, es una versión actualizada de Orlando de la temporada 1 y de Gilles Deleuze de la temporada 2.

- Jim Bentham: calculador, racionalista y moralista criminal. Casi insoportable. Personaje casi omniciente, pues sabe la mayoría de las cosas que van a pasar y posee explicaciones para todo y todos. A excepción de Jackie Rousseau, quien es su point de capitón.

- Solange: Amante ocasional de Jonathan Bayton, con quien tiene una relación de casi admiración mutua, aunque con bastantes miedos involucrados. Esta chica es alta y morocha, muy sensual. Aparenta estar segura de todo pero en verdad todo la preocupa.

- Emma: novia por descarte de Jonathan. Bastante mayor que él, se trata de una mujer que está llegando a la crisis de los cuarenta, que es sensible y extremadamente amable. Ella cree que merece ciertas cosas en la vida, y lucha por conseguirlas.

Restart your heart

jueves, 29 de noviembre de 2012

I
Restart you heart here:



II
Estoy tratando de estructurar un cuento en el que Jimmy Bentham, Jonatham Bayton y Michelle Foucault terminan involucrados. Incluye algunos episodios aquí ya descritos, pero la verdad que cuesta poner todo esto en una secuencia más clara.

La secuencia en la que trabajo aún así, reconfigura la relación entre los tres. En ella Jim es un soberbio infumable, Bayton un tipo mucho más inseguro y Michelle no es lesbiana.

Pero al ir escribiéndolos nuevamente me di cuenta que casi los quiero, como si existieran.

El hecho de que esté tratando de escribir un cuento es mi excusa de no estar actualizando este blog que uds. están leyendo ahora.

III
La novia bailaba el vals con una sonrisa de oreja a oreja y los abuelos del novio no podían parar de aplaudir. Yo bailé con la novia al principio casi, luego del tío o quien fuera, para luego dedicarme a setear un micrófono del Rickenbacker que había sido modificado por un imbécil.

Terminaba el Vals, algunas canciones y tocábamos.. Y yo me encontraba con un destornillador ajustando el Toaster.

- ¿Y? - me decía Fernando, el hermano del novio -. Pudiste hacerlo andar.

- Andar anda. El tema es que no quiero que sature, y para eso tengo que alejarlo, no como lo ubicó este imbécil.

Es difícil tratar de ajustar un tornillo con un destornillador que no es, hay que tener cuidado de no dañar nada. Mi cara debía ser la de un cirujano en una intervención coronaria.

- ¿Ahora te ponés a arreglar el bajo? - me dijo ella.

La miré dos segundos, ah sos vos. Sí, mirá, sacame fotos de todo esto que estoy sufriendo mientras estos se cagan de risa.

La fotógrafa se reía. Habíamos comenzado a hablar por la tarde, durante la prueba de sonido. Era bastante contrera, decía con facilidad cosas como "te estás equivocando en la afinación", ese tipo de asuntos que para mi son sensibles.

Y en ese momento me sacó una foto y me dijo:

- No sos gran bailarín de Vals, pero con esto para mi ya sos un luthier.

- Ja. No, los luthieres son gente seria y grande.

- Parecés un tipo serio...

- Las apariencias engañan.

- Y bueno, si, estás un poco viejito.

- Ah bueno. Eso no era para que lo reafirmes, sino para que por cordialidad al menos me dijeras algo como "pero no parecés tan mayor", o no sé, esas cosas que saben decir ustedes las mujeres que son sensibles.

- ¿Yo? ¿Sensible? Soy Loiuse, olvidate. Pienso más como hombre que como mujer.

Yo venía de una semana maratónica de discusiones con Emma: si iba a dormir, si nos veíamos, si los champignones tenían malas energías, si mi cara a la mañana no era del todo alegre, si ella quería que salieramos con las amigas; en fin, como era de esperarse se había puesto un poco demandante.

Y Louse era tan jovencita... lo genial de ella era que no coincidiamos en nada, pero tampoco hacía falta. Nos quedamos hablando casi toda la noche, ni bailamos. Registré que cuando tocamos la tuve en frente a mi, que casi todo el tiempo toqué con los ojos cerrados - no sé por qué, creo que fue el hecho de tener que cantar -.

- Mirá, acá saliste lindo - me dijo -.

- Ah, mirá vos, por fin un cumplido, muchas gracias.

- De nada.

Me fue mucho más fácil abrazarla luego de eso. Restart your heart, here.

IV
Llegué a Tarragona en busca del Coliseo al lado del mar. En la época de la Antigua Roma, Cataluña había sido territorio del imperio y en esta ciudad que les cuento existía un circo, justo al lado del Mediterraneo.


Sencillamente es brillante la idea de poner un Coliseo al lado del mar. Cruzando la calle, a unos doscientos metros, se encontraban el resto de las instalaciones de este circo: una serie de ruinas y cabernas, con torres desde las que se puede ver el resto de la ciudad.

No sé por qué, pero decidí informar a Rousseau sobre mi locación, no tanto para que viniera a verme sino para que viniera a ver lo que quedaba de todo esto. Sobre todo para ella, amante de las mitologías, esto debía resultar hermoso.

Sorpresivamente me contestó a los días - ya había abandonado Tarragona y me encontraba en Barcelona, camino a Girona, para volver unos días a Marseille-, me dijo que ya conocía el lugar, que había estado últimos días de febrero.

O sea que no me había cruzado con Jackie de casualidad, pues mi visita ocurrió el dos de marzo.

"Viste la muñeca del año 1200? No puedo creer que fuera articulada, los nenes jugaban con eso".

También era sorprendente que ella supiera que yo me iba a interesar por esa muñeca, una figura de una mujer en miniatura, hecha de marfil, que podía ser movida y puesta en diversas posiciones. De la misma manera que yo sé que fue a la biblioteca de Tarraco (Tarragona en catalán) y ella sabe que fui a la disquería esa que estaba a otros doscientos metros del circo.

Porque las cosas inconexas, aunque no lo crean, aunque no parezca, se relacionan. Y como de alguna forma, por un evento accidental, algo que no tenía demasiado sentido, como puede ser una visita a un Coliseo al lado del mar resulta en el reinicio del diálogo con esa persona que aún querés.

Restart your heart here.

May happen any day

viernes, 2 de noviembre de 2012

Allen Jana corre. Corre como jamás lo hizo en su vida, sus músculos tienen la fuerza que nunca tuvieron. Él esquiva la gente que va por la vereda, alza la vista buscándola, intenta dar con ella. Sigue corriendo.

La gente por la avenida lo observa molesto. Alguno lo insulta cuando casi se lo lleva puesto. Pasaron minutos de las siete de la tarde y él corre como si no hubiera mañana.

Minutos antes, en una conversación telefónica ella le decía que se iba, que se volvía para lo de sus padres. Se iba de Buenos Aires. No se lo había dicho, según ella, para no hacer las cosas más difíciles. Entonces él intentó encontrarla a la salida del trabajo de ella. Pero no llegó, ella recién se había ido.

Así que corre.

Toda la semana la situación entre ellos dos había sido tensa, casi no se hablaron. Él estaba ofendido con ella porque le había hecho un escándalo sobre una ex - o algo así - de él. Casi un clásico "we were on a break". Ella estaba bastante deprimida, y había intentado aclarar la situación pero Allen se lo hacía difícil. Inaccesible, sordo, testarudo.

Toda la semana así, por una estupidez.

La estupidez había ocurrido hacía dos meses, en un momento donde se habían peleado los dos fieramente, cuando él le dijo que pensaba irse de vacaciones por su cuenta con Orlando. Ella no lo tomó tan bien, y la discusión derivó en -también- otra semana de no hablarse. Puntualmente ella le dijo "no me hablés nunca más".

Como quien lo toma literal, Allen salió con una chica llamada Jennifer y aunque el mundo crea que pasaron ciertas cosas, aunque la historia oficial diga que los hechos fueron intensos, no pasó nada. Pero muchas veces la verdad es más indefendible que la ficción.

Eso fue lo que originó esa, la última pelea de la que les hablo. Cuando ella se enteró del asunto, debido a un desliz de Felipe, chau. Crisis, welcome again.

Y corre. Corre y los músculos de sus piernas mañana van a arderle. Hoy ya no sienten nada. Y cree verla, su cabellera castaña, entre una multitud. Corre más entonces.

Cuando cruza la calle a velocidad de gacela paf, un auto lo atropella. Vuela unos tres metros, el auto frena repentinamente, Allen queda tendido sobre el asfalto de Avenida Santa Fe. Queda boca arriba, con los labios ensangrentados y el pantalón roto a la altura de la rodilla. Su remera está desgarrada y con sangre.

Allen escucha gritos, varias personas se acercan, él las ve sobre el fondo de un cielo celeste. Se siente raro porque no le duele nada, no se da cuenta. Una mujer pide que alguien llame a una ambulancia. Otro hombre se agacha junto a él, le habla, pero Allen no reacciona.

Entre el tumulto que se va formando al rededor de él, aparece una cara barbuda. Un tipo sereno, lo mira seriamente. Se pone también a su lado, se agacha y le levanta la cabeza, lo mira.

Allen lo observa, le pregunta qué pasa. Escupe sangre.

Él hombre mantiene su mirada clavada en los ojos de Allen. Parece casi enojado con el curso de los hechos, con ese auto parado a tres metros que tuvo que frenar repentinamente porque alguien se interpuso en su camino.

- Allen, soy Jimmy - le dice -. Allen, ¿me escuchás?

Allen le dice que sí. Intenta mover la cabeza con dificultad. Debe tener huesos rotos, debe tener hemorragias, probablemente vaya a perder el conocimiento en unos minutos, o segundos, u horas, o días.

- Allen. El terror de perder a alguien es quizás una de las formas más comunes de perder a alguien - dice el Jim, y momentos después deja que Allen repose su cabeza nuevamente en el asfalto. Se levanta, y se retira.

Allen intenta seguirlo con la vista. Lo llama, perdiendo sangre por la boca que le cae a uno de los tipos que tiene al lado.

- Jimmy, ¿qué pasó? ¿Qué es esto? ¿Dónde estoy? ¿Dónde está ella?

Razones

miércoles, 12 de septiembre de 2012

I

- Quizás deberías cambiar las cosas un poco - decía Emma mientras caminaba y terminaba su helado -. Einstein decía que solamente el loco hace siempre lo mismo y espera resultados diferentes.

- Tampoco es tan fácil - repliqué -. O sea, siempre que uno está en su peor momento se lo dice: "tengo que cambiar mi estilo de vida, blablablablero". Cuando lo jodido pasa, listo, de vuelta a lo mismo.

- Bueno, no esperes resultados inmediatos. Vos Jonny, pecas de ansioso, me parece.

- Lo sé.

- ¿Te puedo decir algo?

- Así nomás, sin pedir permiso.

- A veces me da miedo eso, que te vayas a cansar de mi, que no sea lo que vos querés y que en seguida te vayas.

- ¿Ah? Tampoco es así.

- Bueno, la primera vez que me quedé a dormir con vos creí que nunca más me volverías a hablar. Y todo por esa cara que me pusiste cuando me fui.

- Mmmm, es un recuerdo poco decoroso. Es que la verdad, no comprendí por qué te fuiste. Eran las cuatro de la mañana.

- Me sentía incómoda...

- ¿Y no era mejor hablar las cosas?

- Salíamos hacía dos semanas. Me cuesta hablar con vos ahora, imaginate...

Tiempo después me daría cuenta que, si un rol tenía en mi vida Emma, era enseñarme a ser un poco más paciente. En general.

II
"Scientists have discovered a biochemical link between the overwhelming state of love, drug addiction and violence. These emotions are actually controlled by three very powerful drugs: dopamine, seratonin and adrenaline. There is a connection between drug addiction, mental illness and love at first sight."

Dopamine, seratonin, adrenaline. From Therapy?'s LP entitled One Cure Fits All, released on 2006.

Leí eso y supe que lo escribió para mi, o acerca de mi. Diganmé egocéntrica, pero lo sé. Y mientras él estaba con la otra y yo estaba con el otro, resulta que los dos nos pensábamos.

Me reí, pues la vida es ridícula. ¿Cómo puede ser que dos personas que se quieren estén así de separadas?

Tengo eso de chiquilla. Y me acordé entonces de esa vez que yo me enojé con él por haberme mandado a callar. Estaba hablando con otro amigo del hostel, y yo estaba cargosa, y en un momento me dijo "estem, estoy hablando con Carlos, así que por favor callate".

Me callé.

No le hablé en toda la noche. Al otro día me levanté antes, desayuné y me fui. Estuve en las afueras, en los molinos de la frontera, como le decía yo. El día había estado espléndido y encontré el bar más viejo de toda la ciudad, del año 1600. Recién volví como a las cinco y él apareció y me pidió perdón.

"Hey. Perdoname. Mirá, te traje un Shakespeare de chocolate".

Puso cara de perrito mojado y morí de ternura.

III
Happiness is not something you actually are aware of at the moment you become happy. You can't never recall the moment you said "oh, i'm about to be happy". I mean, really, is not something you can tell, not at least clearly.

Yes yes, in the long run you can say "I was unhappy until...". But it is a scheme, a diagram, something you think afterwards.

You can just take examples, try to write like a plot, a story for you. But you can only do that after things happen to you. So, you are never really aware of the passage from wherever you are to happiness.

And I think it happens the same, more or less, with the opposite. So that makes reason something you has to have an emotional base.

I have said before that I feel that reason is an emotion, or something build upon emotions...

Las evidencias

martes, 17 de julio de 2012

I

Entra caminando Jim Bentham. Viste una camisa negra y pantalones negros, lleva un cigarrillo apagado, nuevo y sin fumar, en la boca. Se detiene en el medio del escenario.

Bentham: ¿Qué es la verdad? Bah, mejor, vamos a una pregunta que parece no ser la misma, pero casi casi que lo es: ¿A las personas les interesa saber la verdad?

Deja caer el cigarillo de sus labios. Con un breve ademán del pie, lo pisa. Como si lo apagara.

Bentham: Creo que lo dije hace poco, en otra ocasión: hay momentos en los que uno dice la verdad, que es veraz y legítimo con lo que dice, pero que sencillamente la otra persona no le cree. ¿Por qué es eso? En reiteradas ocasiones se ha contado aquí situaciones ficcionales, cosas que no eran pero eran, de alguna forma. Ya sé que no lo van a hacer, pero lean Historia de la sexualidad II, o El gobierno de sí y de los otros, y...

Se detiene, problematizado. Acaba de descubrir que se fue por las ramas mencionando algo totalmente anecdótico e innecesario.

Bentham: Perdón. Lo que quiero decir es que no importa cuán veraz sea lo que decimos, en ocasiones puede darse que no nos crean. Son esas ocasiones en las que la evidencia incluso atenta contra la verdad. Por otro lado, las personas muchas veces eligen creer lo que les sea más cómodo.

II
- Epa, dónde estuviste todos estos días - dijo Michelle-, mientras me saludó.

- Enfermé. Mucho.

- Sí, no te veo como... - dijo, mientras observaba el calendario colgado en la pared-. No te veo desde el jueves.

- Yo también conté los días en que no te ví. ¿Me extrañaste?

Ella se sonrió sin mirarme.

Yo comencé a no entender nada oficialmente, porque viste que se te disparan cosas, ideas, imágenes, tendencias, cercanías.

- No me digas así - dijo ella, entre molesta y risueña, si es que existe eso-.

- Igual, podemos ver de solucionar eso de extrañarnos. Discutámoslo durante la cena.

Me observó casi seria, ya sin risa.

Me fui alejando por el pasillo, caminando para atrás, mientras le seguía hablando. Era un gesto: me quería quedar con ella, pero debía irme.

Ya sabían que obviamente, el apellido de Michelle es Foucault, ¿No?

III
Continúa Bentham hablando:

Bentham: Ya les hablé de la Pharresia, ¿es verdad? El hablar franco, que implica un involucramiento tal de uno con lo que dice, se une tan íntimamente con sus palabras, y por ende, con quien las escucha.

Pausa. Bentham observa detenidamente a algunos del público, los interpela con la mirada. Los ve, sabe que están ahí.

Bentham: La pharresia es un acto de honestidad con uno mismo, pero es importante ante el otro que ese acto de honestidad con uno mismo ocurra. Es la confianza mas íntima, es una demostración de lo caro que el otro me resulta.

Mira el cigarrillo aplastado. Un gesto de preocupación le transforma la cara.

Bentham: Y sin embargo, ¿puede la otra persona ante un acto de pharresia negar ese decir veraz? Ha ocurrido, créanme, más veces en la historia de las que estamos dispuestos a reconocer.

IV
Ah, mierda. ¿Saben de qué me di cuenta? Cuando me separé me sentí tremenda hija de puta. Cualquier cosa, terminé haciendo cualquier cosa. Y yo tenía un hogar, ocho años de pareja, tres de convivencia.

El problema es que cuando no reconocés las cosas vos, cuando no te das cuenta de lo que realmente te pasa, de alguna forma todo eso surge. Yo no reconocí que no era feliz en mi relación hasta tarde. Tuvo que pasar la crisis, encontrarme teniendo un affair con otro, para darme cuenta.

Una se manda cagadas. Me sentí flor de hija de puta. Y luego de eso, ya con mi ex mudado y viviendo en otro lado, descubrí eso: no lo hice por mala, sino por confundida, por equivocada. Y no se trató de una equivocación de cabeza dura, adrede.

Hay cosas que a uno le pasan, se los juro. Sartre dice que uno es responsable de las decisiones que toma. De acuerdo, pero ¿nunca les pasó que en verdad sienten que las decisiones lo toman a uno?

En la confusión una se mete en más líos, termina en una de esas, involucrada con más gente. Además, empiezan a decir de vos que sos cualquiera, que sos una puta, que sos una mala mina, que...

A mi eso me mata. Él, otro él, me dijo que no me preocupe por lo que dicen. Pero que sí, que piense, porque mis acciones tienen un peso.

Él, otro él, no mi novio de ese entonces, me pareció tremendamente tierno. Le propuse de todo, sin darme cuenta. Vení a casa, tomemos whisky. Le terminé pidiendo disculpas, vía mail, como una cagona porque no me animé a decírselo en la cara.

Ese otro él era el ex de mi hermana. Aterrada quedé de que se entere. Tanto que pensé en autodenunciarme, porque ya tenía tantos quilombos en la cabeza.

Todo eso le puede llegar a pasar a una mujer buena cuando se equivoca, y se engaña a sí misma sin darse cuenta. Él, otro él que no es el que mencioné recién, sabe todo esto que conté y me dijo que aún así soy buena.

V
Bentham: En mi caso personal, ya conocen parte de la historia. En definitiva, Rousseau no aceptó jamás mi versión de la historia, por más que yo sepa que es verdad.

Camina para un costado, sin mirar al público. Como paseandose, de aquí para allá.

Bentham: El problema de esto que les menciono es que, por más que uno sea franco con uno mismo, la pharresia -sostengo yo-, siempre la completa un poco el otro. Ocurre de tal forma, que se nos genera un problema, porque nosotros tenemos que justificar, entiendase casi fundamentar y probar, la franqueza de nuestros dichos.

Se detiene, gira la cabeza para mirar al público.

Bentham: El orden de lo probatorio, de la evidencia, pone en cuestión al decir franco, porque le exige algo, una manifestación empírica externa (es decir, no íntima), que lo sustente. Allí ocurre la crisis.

VI
Hay una serie de indicios. Me escribe diciendo que baje a saludarla, que no sea mala onda. Contó los días que no me vio. Arreglamos para salir, me pone hasta pretensiones de cuál obra ir a ver.

Pero a su vez, la empiria contraria: otro día le digo de ir a cenar y ni me contesta, cuando logro besarla me niega y me rechaza. Un día me sonríe cuando la apuro, al otro casi se ofende porque le dije "bonita". Le comento algo de mi vida y se mete, se enoja hasta si no quiero hacer lo que ella sugiere.

Me entré a preguntar qué trauma tendría esta chica. Pronto, más evidencias sobre este peculiar caso.

VII
Bentham: Con esto no digo que no hablen de forma franca, sino que con mayor urgencia recurran a ella, y reconozcan y reciban también la pharresia ajena, aprecienlán como el esplendor que es.

Cositas, viste

miércoles, 11 de julio de 2012

I
A pero, comentame, ¿qué es lo que no te convence? Me encantaría que me dijeras por qué no. No por cuestionarte, ni refutarte, sino por conocerme un poco más, o saber cómo me ves.

Vos me mirás de una forma diferente, no como me miran los demás. Lo sé, yo te miro a los ojos cuando me hablás. ¿Sabés la cantidad de copas que tomé, mientras esperaba que me dijeras algo, que sencillamente me hablaras?

Te parecerá sencillo a vos: conociste a alguien en pleno viaje, te sentiste bien, te dejaste llevar. Y luego te fuiste, sin darme demasiada explicación.

If. What if. Odio preguntarme qué podría haber pasado. Aunque me doy cuenta que fuiste vos, más que nada, la que no quiso que pasara nada más, me pregunto qué hubiera pasado sí... ¿nos hubieramos conocido en otra etapa de nuestras vidas?

II
Según Jimmy, le atraigo porque debo tener algo de una maestra de cuando él tenía cinco años. Quizás sea mi carácter digno de una maestra, de andarle encima a los nenes, reprocharlos pero quererlos, acogerlos pero no mostrarles mis propias debilidades.

Suele decir que soy muy inteligente. Me gusta que lo diga. Más allá de que sé que el también me mira las tetas, me gusta saber que no es lo único que ve en mi.

Siempre me reprochó ser poco comunicativa. Si bien soy amiguera, según Jimmy, hay que hacer una especie de arqueología para intuir siquiera cómo me siento al respecto de algo, de lo que sea. Admito que tiene razón, que no dejo entrar a cualquiera.

Él es un tipo altamente racional, mide todo, se la pasa analizando variables, pensando posibilidades, diagramando mentalmente las cosas. Suma, resta, saca. Intenta ser un estratega, y no se da cuenta de que no somos así, de que yo no soy así. Aunque a veces sus métricas hayan tenido la razón, no soy así.

III
Me pregunto en qué momento habrá decidido ser así. Bah, como si se tratara de un momento. Debe ser solo esa sensación de momento aislable, de día x, en la que presiento que dejé de ser el tipo que era para ser otro.

Si alguna vez dije "yo, el peor de todos", fue en broma. Lo que pasa es que a veces uno arma tanto quilombo, jode a tanta gente, lastima tanto, que se siente una especie de bomba expansiva, de mala persona sin querer.

Y no, creo que tampoco es tan así. Al menos ahora, creo que no es tan así. Lo mejor que pude haber hecho fue decirle las cosas, irle de frente. Sino, ocultarle las cosas era montar una pantalla innecesaria.

La mentira tiene patas cortas. ¿Saben qué? Hay veces en que uno dice la verdad, pero aún así, la ficción es tan fuerte que es irremontable. Sobre todo, si salís con chica x, jamás jamás la vas a convencer de que no pasó nada con chica z. La gente muchas veces cree lo que quiere creer.

Una cuestión de método

jueves, 28 de junio de 2012

I


Teoría de la deriva. Te despertás un día, estás de viaje, y te vas, te tomás algún transporte, y te perdés en la ciudad. Llevás tu mapa, claro. Pero no lo usás hasta que pase algún tiempo.

Entonces vas a seguir no direcciones, sino lo que te atraiga. Como ese cartel de neón que anuncia una megarecontra obra de teatro. O ese carris que va por la calle, ese que te tomás, porque lo más probable es que después de la catedral, pasando el tunel, te deje en la plaza central.

Y mezclarte un poco con la gente, sin ser la gente. Tal vez -aunque no será este el caso-, te encuentres con un metrónomo gigante. Usualmente, hay cosas de una ciudad que nadie te dice. Como el refugio de los jacobinos, esa ciudad secreta, ese jardín que se descubre detrás de una gran puerta de madera.

Recorrer una ciudad desconocida, sin un rumbo preciso, es una forma de enamorarse. Es otro de los motivos por los que jamás haría un tour guiado: que me corran con los horarios es inaudito, y que no me dejen estar lo que yo quiera en los lugares, ni hablar. Además, perdería esta libertad de perderme.

En algún punto de nuestro atolondrado recorrido, podemos tomar el mapa. Ocurre:

1. Hay que averiguar dónde nos encontramos

2. Hay que chequear qué hay cerca que resulte interesante

¿Sabés qué sentís? Nada. Hermosa y apabullante nada. Y eso es una libertad impune.

II
"Do something you're afraid of... and fail". Pretty much, that line, taken from the movie Dare, sums up what I feel.

Encuentro que no es poco usual que yo deba atentar contra mis propios hábitos. Todo comenzó hace años, cuando tenía que optar por un curso de filosofía -era lo esperable-, pero opté por otra cosa. ¿Y por qué elegiste teatro?, me preguntaron. "Porque es exactamente lo que yo dije que no iba a hacer". Quite funny turn of events, I must say.

Atenté otra serie de veces al respecto. Subirme en reiteradas oportunidades a un avión, por ejemplo. Mandar a la mierda a un jefe. Salir con la prima de un gran amigo mío. Why not.

En resumen: "La razón nos da los elementos para la creación, pero con la condición de que los usemos contra ella misma". (La forma más concisa de expresar esto se me tenía que ocurrir borracho).

III
Caminaba como camino siempre, pero sintiéndolo de otra forma. Perdido, aunque sabía a dónde iba. Esto de vacacionar tan lejos de casa, tan de visitante, es hermoso. Entonces, salí de la boca del subte, y di con el Vieux Port en pleno atardecer.

Me di cuenta de dos cosas en ese momento:

a. Esta gente ve esta belleza todos los días y ni lo nota
b. Esto que menciono me pasa a mi mismo en mi ciudad natal

IV
Pensé que había sido el método. Mi approach a Michelle había sido muy repentino, o quizás le había resultado desubicado. ¿Cómo saberlo? Solo deseé con toda mi alma que no fuera otra vez el temita de ex no resuelto, porque ya me había dejado una en otro país por eso.

Me la encontré cerca de Gran Vía, de casualidad, haciendo compras. Me vio, no se hizo la boluda, porque ella misma me llamó. Eso me reconfortó. Nos preguntamos cómo estábamos, blablero. Dudé dos segundos si hacer referencia a lo que había pasado hacía dos días o dejarlo ahí.

- Escuchame, perdón por lo del otro día, no quise incomodarte - dije medio atolondrado.

- No hay problema - dijo ella, y prosiguió-. Olivia me preguntó si la podés ayudar con un tema de la Facultad, que ella no caza una.

Cambió de tema, mala señal.

- Sí, no tengo problema, aunque no sé de qué se trata.

- De algo de... bueno, me dijo un nombre y no lo recuerdo...

Como cambió de tema, decidí no implementar me segunda frase que era "Si querés un día nos juntamos, podríamos charlar de cosas relevantes, como la crisis o la Euro", que era uno de mis chistes malos.

Se retiró con sus bolsas, caminando, llevando su silueta para otro lado. Me pareció que cuando le mencioné lo de la otra noche se volvió cortante, no quería hablar del tema. Soy bastante malo con las indirectas, prefiero los explícitos.

Pensé los siguientes dos días en ella. No soy de abandonar fácil y de ponerme a pensar en otra cosa así nomás. ¿Quizás tenía miedo? En una de esas la hirieron en una relación anterior. O quizás, efectivamente tengo que convencerla de que no soy cualquiera. O engañarla un poco, porque en realidad soy cualquiera.


Por A o por B, sabía que mi naturaleza me impediría quedarme callado. Pensé que quizás estaba con alguien, pero automáticamente descarté esa posibilidad porque el novio hubiera aparecido mencionado en nuestras conversaciones.


Y si piensa que soy muy frontal, no la puedo llamar así nomás. Preguntarle a Olivia es de salita de cinco.


Comencé a entender que Michelle era también difícil de descifrar, porque la verdad, no tenía las más puta idea de qué le pasaba por la cabeza.

Pseudoplay

miércoles, 23 de mayo de 2012

[Empecé a escribir esto hace aproximadamente un año y jamás lo terminé]

Personajes:
Jorge Bataille as: El rey
Susana Sontag as: La reina
Jim Bentham as: the beggar
Jackie Rousseau as: Mrs. Sunshine
Guy Debord as: Dr. Love
Justine Frischmann as: Dra. No

I
Ingresan el Rey y la Reina al escenario, caminando rápidamente, en medio de una acalorada discusión:

La reina: No no no, no lo creo señor. ¿Que yo soy una histérica? Creo que yo no tuve la culpa, que no insinué nada que no debiera y que fui directa cuando se trató el asunto. Ahora, que vos pienses en mi de esa manera, es asunto tuyo.

El rey: Hay algo que no me creo, hay algo que aquí está patas para arriba, y es que vos no me tratás como a todo el mundo. Los llamados, los guiños, tomarme de la mano. Y no comprendo la negación, pues si nos llevamos de maravillas, me sonreías todo el tiempo. Me hacés el único culpable cuando las evidencias nos atan el uno al otro, cuando no habría siquiera litigio de no ser porque vos y yo nos hemos entrometido íntimamente sin lograr jamás encontrarnos del todo.

Silencio. La Reina mira al Rey con cara extrañada, se ha perdido en las palabras de su majestad.

La Reina: Esto es inaudito. Yo no quiero siquiera ser Reina, y menos a tu lado.

El Rey no puede ocultar su gesto de dolor, las palabras de la Reina lo han herido.

El Rey: Pues serás desheredada, desterrada. ¡Ya no más! Fui un tonto al creer en tí, fui un tonto tonto, si te sigo escuchando me hundiré más en las tinieblas. ¡Todo para enterarme que nunca me quisiste! Jamás jamás, esto es...

La Reina sale deprisa del escenario. El Rey mira cómo se va, mientras las luces se van apagando. El gesto de su majestad es de desolación, casi sollozos.

II
Un mendigo se encuentra sentado en el piso, sobre la izquierda del escenario. Un sombrero maltrecho le cubre la cara, aunque podemos ver que lleva el pelo largo y barba. Toca en la guitarra:

Don´t fear if it´s too deep
Won´t be trouble to breathe
If your heart´s an ocean, may I swim in your seas?
But there´s no such thing as heaven...

Entra por el lado derecho del escenario el Dr. Love, acompañando a Mrs. Sunshine. Van caminando hacia algún lugar, por lo que cruzan el escenario. Cuando pasan cerca del mendigo:

Mendigo: Apreciable señor, ¿tendría una moneda para un humilde artista sin suerte?

Dr. Love se detiene, mira fastidiado. Justo cuando se dispone a continuar su camino, Mrs. Sunshine busca en su bolso algunas monedas para darle al mendigo.

Dr. Love: "Un tipo sin suerte", pero hombre, usted no hace más que quedarse tirado y molestar a los transeuntes con su "música" (hace el gesto de comillas). Debería hacer algo más de su vida, pues el hombre es dueño entero de sus actos, de su libertad, de sus decisiones.

El mendigo se quita el sombrero, el cual extiende para recibir las monetas que le da Mrs. Sunshine. Ella no dice nada, simplemente su cara delata su compasión.

Mendigo (escrutando con la mirada al Dr. Love): Una vez yo creí en el "selfmade man". Siempre fui un tipo soberbio aunque pocas veces logré darme cuenta de ello. Y quizás en el momento donde me sentía más seguro de todo lo que me rodeaba, la duda acudió a mi, me demostró que la consciencia es algo relativo y volátil. Desde aquel entonces no logro ajustarme a ninguna creencia más que a la temporalidad de las cosas.

Dr. Love: Un hombre sin creencias es un hombre impuro, no se puede confiar en él porque no se sabe en qué creerá mañana, a qué le será fiel, qué fines perseguirá.

Mendigo: Lo mismo me han dicho en muchos lados, amable señor. Debe ser cierto.

Mrs. Sunshine: ¿Ha usted perdido la brújula de la vida?

Mendigo: ¿Perdido? Jajaja, diría más bien que la he arrojado adrede, pues no me servía. Apuntaba a cosas que no quería.

El Dr. Love toma a Mrs. Sunshine del brazo, para llevársela.

Mendigo: ¡Adiós, gentes bien!

Ambos salen. El mendigo continua con otra canción:

Put your boots on and
Take a ride out of his town
Get away from these streets your will used to own
Girl I think you know, you don´t need his kind of love
And that´s how she forgot about him

Las luces se apagan lentamente.

III
La Dra. No se encuentra sentada en el escritorio de su despacho. Revisa unos papeles muy concentrada. Ingresan por la derecha Dr. Love y Mrs. Sunshine. La Dra. No los recibirá sin siquiera mirarlos, mantendrá el principio del diálogo continuando su actividad de revisión de papeles.

Dra. No: Estimados, un placer recibirlos en mi oficina. ¿Hace cuánto que no nos vemos? ¿Dos semanas?

Dr. Love: Aproximadamente, Dra. No. Verá, es que tuve que salir de viaje y esta chica no se anima a caminar a solas por el vecindario.

Mrs. Sunshine se ruboriza. Ambos se sientan en dos sillas, ubicadas justo en frente al escritorio de la Dra.

Dra. No (sin despegar los ojos de los papeles que revisa): No hay problema. La gente organiza y prioriza los tiempos según la importancia que le asigne a las cosas. Pues tiempo siempre hay para todo.

Dr. Love: Fueron unas semanas de locos. Sunshine aquí no se encuentra del todo bien. Ha terminado su relación con Dimitri.

La Dra. No alza la vista, mirando directo a Mrs. Sunshine.

Dra. No: ¿A qué se debió eso?

Mrs. Sunshine no contesta. Mira para abajo.

Dr. Love: Es joven, insegura. Dice que le preocupaba que todo fuera... "perfecto". Y entonces decidió terminar con el muchacho. Pobre, está destruido. La llama pero ella se niega a atenderlo. Muy descortés de su parte. Pensé que quizás usted pudiera hacerla recapacitar, quitarle el miedo al compromiso. La vida no siempre es una aventurita de jardín de infantes.

La Dra. No se para, camina pensativa, mira hacia arriba midiendo con precisión las palabras que ha de decir. Mrs. Sunshine tiene cara de miedo, sabe que no será bueno lo que va a escuchar.

Dra. No: A ver si comprendo. Escucho quejas de centenares de personas por semana, que se quejan de que sus relaciones no son perfectas. Y usted, que parecía finalmente haber sentado cabeza, haber logrado eso mismo, la seguridad absoluta, decidió tirarlo todo por la borda.

Dr. Love regaña con la mirada a Mrs. Sunshine.

Dra. No: ¿Qué ocurrió? ¿Era todo "demasiado perfecto"? Dimitri es una persona entrañable. Cuando acudiste a mi en un primer lugar decías tener miedo de todo. Con el tiempo y mi ayuda conseguiste no sólo salir al mundo, sino enamorarte del hombre perfecto. Y...

Mrs. Sunshine (en un tímido estallido): No. Es decir, yo era feliz con él pero ahora no. Últimamente no. Y lamento todo por Dimitri, pero no puedo mentirme a mi misma y peor, a él, todo por mantener esto que ustedes quieren. No es legítimo. Me deprime, me entristece, no puedo.

Mrs. Sunshine rompe a llorar. Se tapa la cara mientras la Dra. No y el Dr. Love la observan de una forma distante.

Dra. No: Tienes ya treinta años. Y sin embargo te comportas como una ninñita de cinco. Te falta madurez.

Dr. Love: Yo creía que estaba cerca, pero veo que no. Esto me ha desilucionado mucho. Creí que mi sobrina preferida se casaría con un galán de primera, pero...

Dra. No: Quizás sea un deliz, quizás entres en razón. Quizás puedas comprender, después de esta sesión, que en definitiva lo mejor para tí es lo que ya hemos reconocido como tal.

Las luces se apagan.

IV
El Mendigo se encuentra durmiendo, sentado en el mismo lugar que la escena II. Ronca. La guitarra se encuentra acostada a su lado.

El Rey ingresa silenciosamente, casi en puntas de pie. Mira al mendigo dormir. Este repentinamente se despierta y se asusta, alejándose repentinamente del Rey.

Mendigo: ¡¡¡Ahh ahhh ahh!!! Su majestad, ¡es que me casi se me va la vida del susto!

El Rey: Perdón mi amigo, es que lo miraba ahí, descansando tan apasible. Me resultó una sorpresa, pues esperaba encontrarlo tocando la guitarra, entonando alguna balada de esas que inventa usted de a ratos.

El mendigo, más tranguilo, vuelve a su lugar.

Mendigo (retomando el aire): Me quedé dormido sin darme cuenta. Pocas veces me ocurre.

El Rey: Acudo aquí porque me siento desolado, la mismísima Reina me ha confesado que no me quiere, cuando para mi era evidente que ella me amaba.

Mendigo: Ajá, ¿y por qué se le ocurre que en esa ocasión debe acudir aquí?

El Rey: Pues me siento desorientado, temo que esto derribe mis estanterías, en las que albergo mis ideales más fundamentales. Siempre busque la simpleza en la mujer, y cuando creí haberla encontrado en la Reina, ella me demuestra que la simpleza no es tal.

Mendigo: Uno termina teniendo las cosas tan claras que en cuanto algo no cuadra deviene una crisis fundamental. En el mejor de los casos, se trata de un cambio de paradigma. En el peor de los casos, un remiendo mal hecho que acarreará una crisis peor en el futuro. A todos nos ocurren ambas cosas.

El Rey lo mira pensativo. El mendigo atina a tomar la guitarra. El Rey le toma del brazo:

El Rey: Es que realmente me sentía en la cresta de la ola, todo era perfecto. Y ella era la frutilla del postre, ella era... pero ahora todo parece una estafa. ¡La odio! ¡La odio con toda mi alma! No es justo que me rechace a mí, que soy todo lo mejor para ella.

Mendigo: Del amor al odio hay un paso nada más, claro. Por otro lado, ¿fue ella así de tajante? ¿No quiere saber nada con usted, su majestad?

El Rey niega con la cabeza. Luego se agacha junto al mendigo, posa su cara sobre su hombro y llora. El mendigo lo mira extrañado, lo palmea sin saber cómo reconfortarlo.

El Rey: Tu fuiste también un noble. Quizás no un rey, pero si un caballero. ¿Y fue a raiz de quién que te convertiste en un mendigo? Más aún, fue tu elección, fue apropósito. ¡Pensé que habías perdido la cabeza pero te juro que ahora comprendo mejor!

Mendigo: Su majestad, su situación es diferente de la mía. Jamás olvide eso. Hace mal tenerlo todo, sépalo. Y es recién cuando uno llega al fondo que entonces puede comenzar a trepar.

Luces out repentinamente.

V
Se prenden las luces repentivamente. Dr. Love está en medio de la escena.

Dr. Love: La claridad pareciera ser en ocasiones un mal. La duda, para Descartes, era el fundamento de sus certezas. Y sin embargo varios, como Nietsche, Freud o Marx, han demostrado que ni la consciencia es tierra firme.

Dr. Love: Ahora, entiendan bien: Esto puede sonar a un justificativo de la inconstancia, a una canonización de la deriva total. Más bien, todo lo contrario: se trata de una reafirmación de que uno puede efectivamente dar consigo mismo, encontrarse. Los griegos habían hecho del conocimiento de sí, del arte de uno mismo, uno de los valores sagrados de su cultura.

Dr. Love: Si todo fuera así, tan frácil como dicen algunos, nada sería posible. Ni que yo esté hablando con ustedes ni que ustedes efectivamente y por alguno de esos vericuetos de las casualidades, estén aquí escuchándome.

Luces out.

VI

Diez

miércoles, 9 de mayo de 2012

I
El que te quiere hablar no te habla y el que no querés que te hable te habla. Con el que hablás no te dice nada y con el que hablabas ahora es re copado y por último, uno que en verdad es mudo parece re locuaz.

II
Muchas de las voces que leí alzarse, aterradas, por lo que implican los términos y condiciones de Google Drive con respecto a propiedad del contenido, son las mismas que en tono progre te dicen que la privacidad ya fue. #consistencia

III
Había decidido prescindir del celular durante mi exilio. Lo más correcto, me pareció, sino no era un exilio. Aún así, no me aguanté y lo prendí un poco, al tercer día. Lo dejé sobre la mesa del bar, mientras me bebía mi segunda cerveza. Nada. Estuvo prendido como treinta minutos, y lo volví a apagar. No sabía si sentirme insoportablemente a salvo o condenadamente libre.

IV
Canalla, manipulador, mal tipo, asqueroso... pensé de todo al principio, Aproximadamente a las dos horas de insultarlo me di cuenta de que yo era la estúpida. Me ocurre a veces: estoy haciendo algo, pensando algo, de forma dramática, y clac. Algo cambia, como si mi perspectiva se corriera.

V
Sonará a ficción, pero el 75% de lo relatado en "Get the girl out" es cierto. Fue una secuencia muy divertida.

VI
Mientras escupía algo de sangre, arrodillado en la banquina, miró a July que estaba en pleno llanto, puteándolo como nunca en la vida. Las luces destellantes de la autopista, algunos autos que pasaban. Recordaría ese momento como un quiebre, quizás, la primera vez que Julieta se percató de que él le podía hacer grave daño.

VII
Si y no al mismo tiempo. Ella funciona en su nuevo sistema bifónico, capaz de emitir señales contradictorias en cuestión de segundos. De tal forma, así como te deja plantado con la cena que vos mismo te ofreciste a cocinar, aparece a la semana - sí, una semana después -, invitándonos así, como si nada, al BAFICI. "El BAFICI ya terminó, corazón". "Bueno, igual yo lo decía por tirar algo para hacer". 

VIII
Que no te enorgullezca haberme herido de esta forma. Odio que de alguna forma, te nutras de mi dolor. Y tu nueva noviecita me tiene las pelotas llenas conque está re contenta, descubriendo algo nuevo en el amor. ¿Cómo puede interesarte esa cursilada? Yo me pregunto por qué carajo me sigo haciendo mala sangre por un tipo cagador como vos.

IX
Primero, hay q saltar el pollo en aceite - muy poco -, de forma que se selle. Luego, llegado ese punto, hay que agregar las cebollas de verdeo y la cebolla. A los dos minutitos ya habrá largado el jugo, ergo, hay que agregar las papas. A ojo, mas o menos - como para orientar - no más de diez minutos, ahí le pueden agregar el vino blanco. De ahí, unos quince minutos tranquilos. Mientras pueden ir haciendo un poco de caldo, que les va a servir cuando se haya evaporado el alcohol. En este punto, más que nada, se continúan cocinando las papas. Cuando la cosa ya bajó, es el momento de agregar la crema. Y pum, al plato y a la mesa.

X
¿No quiere el boleto de vuelta? Oh, menudo detalle se estaba olvidando usted. ¿Para qué momento lo desea? Mire, puede coger los trenes cada media hora. Le salé siete euros, tal cual la ida. Si quiere coger un billete abierto, eso le saldrá un euro más, porque no es de Renfe. ¿Se siente bien señor?

Get the girl out

viernes, 4 de mayo de 2012

Entré al departamento y era un caos. Hablo de la mesa totalmente tapada de cosas, de medicamentos, de papeles, de libros, de cajas. Y en el piso ropa sucia, o limpia, o mas o menos. Creo que en un momento tropecé con algo que estuvo vivo en algún momento: ah, claro, un pedazo de pollo (?).

- No me digas nada del desorden, chango - dijo Rolland.

- Obvio que sí te voy a putear - contesté.

Había llegado al departamento de Barthes para idear hacia dónde mierda salir, y el me había avisado del estado caótico de su morada, pero les juro que...

- ¿Pensaste?

- Sí - dije-. Vamos para un lugar que se llama El Maltés. Aunque dudo que te cope la música, había buen material la última vez que fui. Que fue en verdad la primera vez en mi vida que fui ahí, o sea, que técnicamente no es la última vez, porque...

- No me jodas.

Me senté en su computadora, la cual era otro espacio caótico. No encontré cómo cambiar la música, todas las ventanas que intentaba navegar estaban previamente logueadas con usuarios de Rolland (oh, lógico que así sea, que tonto soy), y comencé por ende a responder unos mensajes vía directo con una amiga de él.

- ¿Quién es Clarixa?

- La conocí en Santa Fe. Amable chica, aunque un poco malumorada.

Me caí de la silla. No por la impresión que me generara Clarixa, sino porque ni las sillas están en estado en el departamento de Rolland. Ya charlamos con Bentham que nos tiene preocupados esta depresión de él.

II
Ya se le va a pasar, no lo presionemos. Pero hay que acompañarlo para que salga para adelante. Cuando él te dice que no quiere salir, hay que hincharle las pelotas para que salga. Pero no siempre, porque también necesita... viste... tener su espacio.

Lo que no tenemos que dejar es que se encierre. ¿Viste como está ahora? En pleno caos. Yo te juro que no sé cómo vive así. Claro, él te va a decir que no tiene tiempo, que entre la facultad y el laburo está como loco. Pero son pamplinas, vos fijate que antes no le pasaba eso. Es más, tenía menos tiempo.

Sí, sí, ya sé que al estar de novio entonces se veía obligado a mantener más orden. Pero te digo -te sugiero, te increpo a pensar, te soplo la idea- , que todo tiene un límite. Jamás había visto tan desbandada la cosa, tan abandonado todo.

Mentira, sí he visto cosas abandonadas, y peor. Como cuando murió mi madre. Guy, yo te juro, vos no viviste en una casa desolada: donde efectivamente nadie podía moverse -no había voluntad-, en la que recuerdo una vez haber encontrado al gato ese muerto, vaya a saber cuánto llevaba ahí. Y todo porque sencillamente "las cosas dejaron de hacerse".

A lo que voy es que reconozco la dejadez de la depresión, y el caos, el desorden de Rolland, es eso. Y no esa pelotudés que nos quiere vender de su nueva etapa de la vida en la que no tiene tiempo.

III
Le pregunté a esa tal Clarixa qué haría a la noche, si saldría. De una forma poco ortodoxa, la chica interpretó que la estaba invitando a salir. Mejor: interpretó que Rolland la estaba invitando a salir.

- Che, dice que viene para acá.

- Pará pará, no tengo ganas. Digamos, si hay una chance de que conozca a alguna mujer hoy, si está ella me va a sabotear.

La cara de Rolland manifestaba desagrado por la idea de que su amiga viniera para acá. No sé por qué, pero era evidente que había hecho algo mal.

- Bueno, le digo que no vamos a salir - contesté, con la idea de resolver el problema en tres segundos y ya-.

El problema fue que la chica se puso insistente, que me dijo que ahora le había dado ganas de salir, que hacía mil año que no nos veíamos (que no veía a Rolland), que se venía para casa (la casa de Rolland).

- Es cabeza dura - agregué-.

- No no, pará. Decile que estamos saliendo, que no...

Tengo la teoría de que esta chica le tiene ganas a Rolland. Veran, pues nuestro decaido amigo no terminó la frase que le sonó el teléfono y era ella. Y no logró hacerla desistir de venir. Ergo, en treinta minutos la tuvimos abajo, ejecutando reiteradas presiones al portero eléctrico, piso octavo A.

Mierda, debe haber pensado Rolland, mientras levantó tres cosas y pateó otras dos, como si el desorden quedara arreglado así.

- Che, quizás ve este quilombo y se espanta.

- Esta NO ES MI IDEA DE SALIR DE JODA - dijo con cara de cabreado en serio-.

Clarixa resultó ser una chica, digamos... con la que no es fácil dialogar, ya que emite respuestas tales como "si", "no", "no sé", y no se explaya en más detalles. Mejor aún, estaba más centrada en ver a dónde saldríamos. La mera imagen de arrastrarla a cualquier local me parecía un tanto...

- No tengo ganas de arrastrar a nadie -  me había dicho Rolland justo antes de bajar a abrirle.

A su vez, pensé que llevarla a El Maltés no era una buena idea: destruiría el karma del lugar. Y no conseguiría que Rolland, absorbido por esta Clarixa, se emancipara un poco de la idea idealista de su ex.

Le ofrecí un poco de cerveza a la muchacha. Con una de las peores caras de ojete del mundo me contestó que no tomaba ese tipo de cosas. Me quedó claro, luego de su sonrisa asquerosa, que además su proyecto era echarme de la noche.

A mi nadie me echa de la noche. De última, vos te vas de la noche, pero yo la sigo.

Además, dejar a Rolland solo con esta mujer, en medio de este quilombo, era inhumano, admito. Me sentía responsable. Imaginensé a causa de esto teníamos a Rolland internado por sobredosis de ansiolíticos. No quería pensar en eso.

Me encerré en el baño un poco, y decidí llamar al Jimmy. Este me atendió con su últimamente habitual tono de hinchado las pelotas.

IV
Bueno, lo que precisan es que esta mujer no quiera estar con ustedes. Y hay algo sencillo: para resolver un drama con mujeres, no hay nada mejor que agregar más mujeres. O sea que le dicen que van a salir con unas chicas, y ya. Porque la piba de violinista no se va a querer quedar.

Ah, y vos de paso, de sopetón, me preguntás de dónde vas a sacar a las mujeres que te van a salvar de esa mujer. ¿Yo qué sé? Suficiente que te estoy tirando la posta de cómo resolver el tema. No precisás siquiera llevar a nadie en verdad, ya con la excusa sirve. O sea, decís que van a salir con unas, si querés te mando un mensajito y decís "oh, mirá esta piba está con su amiga por acá y vamos a darle".

Bueno, en verdad, tenés un problema de orden pragmático: ella ya se fue hasta ahí. Ergo, con la sencilla excusa no la sacás.

La verdad, flojo. Escuchame, ¿para qué invitan a venir a una piba con la que no quieren salir? ¿Qué clase de amigas tiene Rolland? Ah, bueno, estás frito. Un amor. ¿Así te contestó? Escuchame, dos mas dos, cuatro. Hacé lo que te digo.

V
¿Por qué carajo ahora se le da por decir "dos mas dos, cuatro" cuando quiere fundamentar algo?

La hipótesis benthamista era plausible. La excusa de que saldríamos con unas amigas sería ideal para descartar a la chica. Dicho sea de paso, cuando terminé de hablar por teléfono y salí del baño, sentí que con la mirada esta chica me expropiaba la vida, se quedaba con el 51% de las acciones, como echándome.

Pensé que si Jimmy no me podía ayudar, aún así podía ejecutar el plan con ayuda de Gilles. Le envié un mensaje, pero más allá del asunto, decidí implementar.

- Me dijo Jimmy que está con unas chicas, que precisan compañía. Creo que es un tremendo plan, podemos salir al Shamrock, incluso podríamos evitar que este haga desmanes.

- Eh, alto plan, contestó Roland con un interés insípido. Tuve que avivarlo vía mensaje: "seguime la corriente, que esta no va a querer salir si salimos con otras".

- Oh -contestó Roland más efusivo-, acá me mando un mensaje diciendo que me quieren conocer.

Le sonrió a Clarixa, que sonrió de vuelta pero tan tan falsamente, y luego me arrojó una mirada con tanto odio que me debe haber restado al menos dos años de vida.

- Bueno, ponete lindo - le dije, apreciando que él no estaba listo y que quizás estaba tan desastroso como su departamento caótico, lleno de ropa tirada, cajas de cosas, papeles, ardillas y muchos manices.

Ese era yo quedando aún más como el ojete con esa chica, que hemos de decir que no estaba fea, pero sí que tenía una actitud que daba miedo. Y qué me importa, si total ya estoy condenado, no le voy a hacer nada, la verdad que quisiera que se vaya.

- ¿Y a dónde vamos? - dijo ella.

Gran cagadón. Gran. No se daba por aludida, la situación se estaba agravando, la cara de Roland era de cuasi llanto, escondida en una sonrisa que intentaba sobrellevar momentos de diálogo con Clarixa, mientras con algunas miradas me pedía que resolviera la situeishón.

Decidí llamar a Gilles finalmente.

VI
- Vamos che, va a ser divertido - decía Gilles -. O sea, salimos un toque y les damos una mano. A vos te gusta armar estos montajes, la llevás a ella y después nos tomamos el palo.

- Pero no es así, o sea: vos me estás pidiendo que lleve a mi chica para allá, que te la preste para hacer de farsa de que salen con minas estos, por favor.

- Dale pelotudo, tengo dos, necesito la tercera para que aparente que salimos los tres.

- Ideas de mierda tengo yo.

- Es pa lo pibe, dale.

De esa forma, Gilles convencía a Jim de que convenciera a Jackie para que acompañe al primero, y dos amigas de este, al departamento de Roland. El objetivo era simular que saldrían los tres, y de tal forma dejar arafue a Clarixa, quien renunciaría inmediatamente a salir al verse rodeada de gente que se conocía y era buena onda y no conjugaba con la tremenda cara de orto que a ella le encantaba poner.

Llegaron tarde, como a las dos de la mañana. Jaqueline refunfuñó un poco, pero la idea le terminó resultando hasta divertida, aunque las dos amigas de Gilles no le parecieron para nada adecuadas (tema de discusión).

Guy y Roland recibieron a los cinco (Jim esperaba abajo) como si se tratara de la salvación. La cara de Clarixa en ese momento era tétrica, estaba cansada, se había dado cuenta de que no obtendría lo que quería, pues para ella lo único que había hecho la situación era empeorar.

- Bueno, caímos con las chicas - se anunció Gilles.

Todo habrá durado com mucho diez minutos más, en los que las chicas hablaron más que nada con Guy, porque el salame de Rolland estaba lento. De hecho, fue Jackie la que le dio más charla, casi como si se lo quisiera levantar. Quizás este hecho, esa conversación tonta, la risita jijiji tonta de Jackie, y el pseudo toqueteo, lograran que finalmente Clarixa se decidiera a irse.

- Bueno, se hizo tarde - dijo, mientras tomaba su cartera-.

Victory. Hell yea.

Amsterdam

lunes, 19 de marzo de 2012

I went to meet Jim at Schiphol Airport. I finally saw his face a year later: slimmer, short haired, same beard, really bright smile. I didn't quite understand at the time what was going on, and perhaps I still don't get it.


I didn't know what to do. Should we shake hands? Just say hi? Should we kiss? We had a kiss in the cheek, just that. Altough we both wanted something else.

I asked several times if he wanted help with his bag. He just let me carry his petite guitar (let me clarify this: it is not a ukelele). And at some point, walking throught the hall, to the station, we hugged. I could tell he was really pleased, he smelled my hair.

We took the train to Centraal Station. He was like a little boy, looking outside the windows, amazed. I was surprised. I mean, he already knew Amsterdam, so... Why is it so incredible to him?

- Homes, houses, cars. The trams. This is beauty - he said-. I can't wait to reach the canals, and Damplatz.

Damplatz was my everyday life, nothing serious. Then he mentioned something about going to Volendam. Which of course I agreed, coz it's a really nice town.

- Please, can we go to the Rijksmuseum? - He said.

He knew that i do not enjoy going to museums.

When we reached Centraal Station, we hopped off and went to the street. The sunset was really stunning. It was not cloudy, and that's rare in Amsterdam at this time of the year. But somehow, the sky was clear.

He just stood, and cried. He was disarmed, completely shocked,

- Is there somethig wrong? - I asked-. What happens?

I hate it when I don't understand what is going on. And I was clueless about Jimmy. I even thought that he was crying about someone else, that bothered me.

- I'm alright. It's just that I thought I would never come back here, and...

He could not even finish the sentence.

Somehow, we hugged again, what this time it was really strong. He was still carrying his backpack, really heavy, so my arms could not get around his body. It felt like being faraway, but getting closer. So close.

He looked at me, maybe for the first time since he arrived. He kissed me, in a really slow gesture which I loved so much. I understood a little: he was really touched by being in Amsterdam, but I didn't know exactly why.

He smiled., I love to see a nice smile after a kiss, so close you know. It's not so common to see happyness right there in font of you, hugging you.

I believe we stood there like ten minutes before we could reach the tram and get home. We stayd home, talked til pass midnight. I believe we told each other our whole lifes, and I understood a little bit more: he loves this city and he was really happy to be back and "in really good company", he said.

Dos centímetros

jueves, 26 de enero de 2012

I
Fue entonces que me senté sobre las piedritas de la playa, frente al mar. Intenté recordar cuál era la ruta aerea, pues horas antes, por la tarde, nos habíamos quedado ella y yo mirando cómo pasaban los aviones sobre el Mediterraneo.

Miré a mi alrrededor. Solo. La escena tenía su encanto. Si la temperatura hubiera estado más agradable, me hubiera metido en el agua.

II
¿Dónde estaba? Se había ido sin el mapa, había salido del lugar sin saber cómo demonios llegar al hostel. Todo por un malentendido. Yo estoy bien, pero él... se pierde a diez cuadras de la casa.

Le dije al francés, casualmente llamado Jaques, que me iba, que tenía que encontrar a Jimmy porque no quería que pase la noche afuera. Por más que no ocurriera nada. Ella me miró, medio borracha, estaba hablando con un londinense bastante guapo. La olvidé y salí.

Me agarró una especie de desesperación. ¿Dónde estaba? Recorrí los edificios del bajo, que se encuentran al costado del Paseo de los Ingleses. La construcción era adorable, los ventanales de los edificios bajos, las luces tenues. Por primera vez creo que unos adoquines me parecieron bonitos.

¿Jimmy?, pregunté por una callejuela. Qué ridícula, yo buscándolo a él que no me quiere ni ver. Y el que se fue sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen. Eso me pasa por permitirle cruzar la raya de mi paciencia de a poco, de a dos centímetros a la vez, en lugar de pelearnos de lleno y decirlos las cosas así, en crudo.

III
- Por favor, te pido que no - dijo ella mientras bailaba al ritmo de algo, quizás Miley Cirrus.

- Necesito un souvenir.

Estaba nuevamente con la idea fija: llevarse uno de los carteles de Bavaria que había en el boliche. Ella se preguntó por qué demonios le había insistido tanto en que salieran a bailar, si ya de cajón no estaban de humor. Ninguno de los dos.

Habían logrado entrar rápido alegando que eran latinos. Él logró elucubrar la fórmula "Nous viennent de loin, je suis argentin", y el de la entrada les charló un poco amistosamente antes de hacerlos pasar.

El lugar era bastante bonito. Oscuro, con luces de neón verdes y un dj que pasaba música y tomaba algo, probablemente... Lleno de extranjeros. Ella había dicho que no quería tomar nada de alcohol, mientras que Jimmy se dedicaba a probar cada tipo de cerveza que no conociera, y si su nombre le resultaba impronunciable, mejor.

Las luces de láser eran un espectáculo. Las palmeras de plástico en la pared le daban al lugar un toque "posmo". Y al lado, un cartel que anunciaba que había Bavaria.

- Además - prosiguió él -, preciso justo ese cartel para ponerlo con el de Heineken. Sino es competencia desleal. Estoy a escasos segundos, dos centímetros de llevármelo.

En ese momento ella lo consideró un perfecto idiota. Se la pasaba mirando ese cartel antes que dedicarse a ella. Y entonces vino un francés y le empezó a hablar. Ella se reía, porque no le entendía nada. En algún momento él le dijo: "Vous êtes Latina? Fougueux!"

Excuse moi, elle est avec moi - dijo en pésima pronunciación Jimmy. Pero el francés hizo caso omiso y ella no reparó en la intervención. Era su venganza por las pendejadas de él.

- Así que... - dijo Jimmy un tanto alterado. Y se esfumó. Jackie se quedó charlando un poco más con el francés hasta que reparó que efectivamente, la habían dejado sola. Demasiado sola.

Se encontraba solo, medio ebrio y peor, enojado, perdido en Niza. Todo por intentar esa cita fallida.

IV
Jackie había insistido en la cita fallida por un recuerdo que tenía, de aquella vez que Jimmy la había llevado a bailar. Dijo "¿Por qué tenemos que depender del resto para salir? Salgamos nosotros, vamos a un lugar a gastar las pistas".

Ella se rió. Ya llegados a los treinta, era extraño. La vida era más juntarse a cenar con amigos, y si había fiesta mejor. Pero, ¿salir ellos solos? ¿Que él, encima de todo, la lleve a bailar?

Dicho y hecho, le dijo que se vistiera para la ocasión. Él hasta se puso camisa, cosa que no hacía falta pero a ella le gustó el detalle.

Algo lentos para aprender, aún así se divirtieron. Fueron a Vega, un boliche de rock y pop. Lo primero que notaron era que el público era "sub 20". Lo segundo que notaron es que en ese lugar tocaban bandas de rock, y justo le tocó la noche a un tributo a Kiss.

Luego de los alaridos, ellos dos ensayaron un par de pasos. Iban recordando, iban poniendo en práctica eso que los dos olvidaban. A él le gustaba en cada paso recorrer los brazos de ella con las manos. Ella disfrutaba de cada vez que se acercaban, cada vez que se miraban a dos centímetros.

V
- Dos centímetros - dije, aproximando mis pies casi a donde llegaban las olas -. Dos centímetros es la distancia a la que tenés algo que te afecta mucho, pero que no es tuyo. Y si podés saldar esos dos centímetros, si podes efectivamente por una puta vez dejar la distancia, sos feliz.

La luna era llena. El viento era poco amable y las luces del Mediterraneo eran encandilantes. El agua casi casi me tocó los pies.

Eso. porque cuando las cosas se tocan, cuando las personas se encuentran, parece que fuera todo un accidente. Ninguno de los dos sabe que hacer. "Opa, ¿cómo reacciono ante otro ser humano?"

Dos centimetros, o tres, o un oceano. Cuando la distancia es grave, se mide en mares. "Estamos a oceanos de distancia". Y te tengo en frente. Y esos dos centímetros, decí lo que quieras, pero esos dos centímetros son de agua pura.

Porque medir las cosas es una forma de sentirnos seguros. Podemos estar mal, pero si le pusimos una medida a la situación, nos sentimos tanto mejor que cuando directamente no sabemos ni de qué kilometraje estamos hablando.

A vos no te gusta como hago mis olas.

A mi no me gusta que me navegues tan impunemente. Frente a vos, no puedo pretender que no necesito defender una parte de mi. Eso que necesito que sea mío. Y vos...

La escuché gritar "Jimmy!!". Estaba ahí, venía por el Paseo de los Ingleses. Probablemente se habría aburrido del francés. Su silueta bajaba torpemente por las escaleras hacia la playa, me miraba pero yo no la veía verme. Era todo una hipótesis. La pucha, y yo sin mi cinta métrica.

VI
Cuando me desperté él no estaba. Bajé a recepción, pregunté y me dijeron que había tomado el desayuno y se había ido "a tocar el ukelele al mar". Afortunadamente la chica hablaba un inglés impecable, lástima que era demasiado amigable con J.

Lo vi enseguida. Eran las 9.30 am (5.30 en Buenos Aires, solía pensar en la diferencia horaria). Me senté junto a él, sin decirle nada. Estaba tocando una tonadita tonta, algo así:

Don't take one more step, please
Two inches and just breathe
If your love's an ocean, may I swim in your seas?
But there's no such thing as heaven...

Despegar

domingo, 31 de julio de 2011

I
Aproximadamente a la altura de Rivadavia se puso intratable. Quería que frenáramos a toda costa el coche, ahí nomás. Claramente desorientado, Bentham se retorcía en el asiento trasero mientras con Roland tratábamos de contenerlo.

II
Lo dije en algún momento antes: una de las principales alteraciones a nivel perceptual es el tacto. Uno está como expandido, lo que uno tocara pareciera tener zoom y un eco sensorial un poco extraño. Usualmente caigo, me doy cuenta de esto. Es por eso que se genera como una especie de autismo, o algo así, porque uno se encuentra totalmente concentrado en lo que el tacto le ofrece, esa emancipación sensorial de...

III
Se agarró del asiento y no paraba de mover la cabeza, miraba para todos lados. Se agarraba el estómago. Ahí entendí que tenía vértigo, que el movimiento del auto le parecía insoportable. Le pregunté si se sentía bien. Qué pregunta pelotuda.

Ahí le dije a Guy que fuera más despacio, porque sobre todo cuando había alguna cuneta o algo así, Jimmy la pasaba mal. La hipersensibilidad, brother. Se expanden los sentidos y entonces cada movimiento parece una recorrida de kilómetros.

Luego, dijo algo como: "la química es irracional". No sé qué quiso decir.

IV
Eco.

Is there anybody out there?

Tan entumecido me encontraba que no sentía los pies, pero caminaba. De alguna forma me encontraba en el tercer piso y escuchaba la música que venía de algún lado. Era evidente que en una de esas yo provenía del cuarto piso. Pude razonar los números. Es raro: uno duda de sus sentidos y entonces empieza a razonar las cosas, como si estuviera bien de la cabeza.

Entonces bajé, pero me di cuenta de que no podría salir. ¿Para qué? Necesitaba el aire libre. Y fue en ese momento que llegaron Guy y Roland, me preguntaban cómo me sentía, qué hacía ahí. En ese momento tengo una laguna en la memoria.

V
Resulta que él insistía con salir. Hacía un frío de la puta madre, le dijimos se volver a subir, lo llevamos. No entiendo cómo los vecinos no nos putearon, porque hicimos un quilombo padre. Lo dejamos en la cama de Nora un rato, estaba casi conciente. Al toque roncó, pero le duró poco.

Igual, de todas formas la fiesta era medio desastre porque las amigas de Nora estaban todas casadas y creo que hasta nos entretenía más cuidar a Jimmy que charlar con esas. En seguida apareció algo despeinado, con cara de casi dormido, se sentó al lado de una y le habló de lo lindo que era el Mediterraneo.

Lo mejor era que la piba le contestaba. Estaba un poco borracha, de hecho al rato terminó vomitando. Nosotros pensamos que por ahí se le había pasado, pero nada. Después nos armó el quilombo en el auto, cuando lo estábamos llevando a la casa.

VI
En cuanto me tensionaba, era una puntada y un ataque de pánico. Y Roland ya no sabía cómo pedirme que pare y Guy simplemente me decía que me tranquilice. Yo estaba tranquilo, el tema es que se me movía todo.

In a momentary lapse of reason, un ataque de lucidez, entendí que sólo era cuestión de relajarme, de dejar que la sensación me recorriera por completo. La sensación se había ido pero el corazón me latía a mil. Uno mide el despegue, pero no sabe qué turbulencias hay y a veces se olvida de chequear si hay tren de aterrizaje.

Drain the blood, the hardest way

jueves, 21 de julio de 2011

Usualmente los doctores son poco receptivos. Subestiman al paciente, lisa y llanamente. Después me preguntan por qué soy foucultiano, bueno, digamos que ahí está parte del fundamento. Por otro lado, observación no menor, en definitiva el doctor debería ser alguien que sabe escuchar y ocurre en el 80% de los casos que no saben.

Hay de dos tipos, creo: los que no quieren hacer nada, los que indican pelotudeces: "cambiá tu estilo de vida". Y otros, los que hacen la fácil y te enchufan la primer pastilla que pueden.

Yo, que soy un tipo bastante esquemático, sencillo, rústico de pensar, polarizado al extremo en opiniones, noto la ausencia de términos medios. Pensé que me equivoqué de profesión, que en verdad debería haberme dedicado a la psiquiatría. Pero para eso hay que estudiar medicina y no me copa, yo no puedo trabajar con cadáveres. Yo necesito abstracciones, .

Aún así, sigo siendo víctima de ese excesivo relativismo que muchos han notado, eso de no poder ser sólido en nada, no poder comprometerme con nada, no tener una creencia más que lo volátil e irrelevante. Esto se demuestra en ese intento constante de contextualizar todo para explicarlo todo, como si estuviera casado de forma indivorciable con esa utopía de la comprensión, o lo que supongo yo debería ser. Pobre.

Los médicos son conductistas: causa efecto. Lo he charlado incansablemente con el señor Roland, y siempre obtuve la respuesta "el ser humano es un animal de hábito". Supongo que están más interesados en la repetición que en los cambios, leerían más a Bourdieu que a Castoriadis.

I
- ¿Cómo? - preguntó la vendedora.

- Digo, ¿cuándo es el regreso?

- ¿En el día? ¿Usted quiere ticket de regreso en el día?

- Pues claro, porque me estoy quedando por aquí hasta volver a casa. Muy linda estación tienen aquí, me encanta la jungla esta. Nada que ver con Retiro.

La mujer tuvo que contener esa leve carcajada que le venía a su ser, pero una sonrisa delató risa. Evidentemente yo, el muchacho que tenía delante de sí, medio jocoso y relajado, no entendía demasiado de la vida, quizás ni siquiera supiera a dónde estaba comprando el pasaje. Chequeó entonces:

- Señor, bueno, entonces sería a Toledo de ida y vuelta en el mismo día. El tren de ida a las 10:30, porque antes usted dice que es muy temprano. De regreso, puede ser a las ocho de la noche.

- Sí, ese. Deme.

Me largué de ahí medio riendo. Eran las dos de la tarde y ya los 100 Montaditos me habían dejado un poco out. Saludé a la jungla de la estación Atocha y me di a la fuga.

Tenía que hacer tiempo para llegar al Museo Reina Sofía, por lo que arrojé lo que quedaba de mi en el Parque del Retiro. Me morí un rato en serio. Fue hermoso, creo que ni respiraba. Mañana ya tenía asegurada la visita a Toledo -cosa que mis piernas recordarían el día después-, y ahora podía dedicarme a visitar el resto de Madrid. Pero debía asegurarme de llegar al Sofía a tiempo.

Luego, cuando resuscité, me perdí un rato más en el Parque, hasta llegar al palacio de cristal y un Mickey Mouse totalmente fuera de lugar. Subí, caminé, seguí. Agarré Tirso de Molina hasta arribar al Templo de Devod. Todo eso en una tarde nomás.

II
Entonces Toledo es un accidente. Accidente, porque en tanta calle sinuosa uno se pierde, se desorienta con mapa y todo, se choca con gente, con un ¡fantasma de Antonella!

¿Era? ¿Cómo puedo comprobar que no era? Porque iba, caminaba delante mío. Y mi visión estaba un poco descolocada. ¿Me había hecho mal tan poco sueño durante los últimos quince días? No llevaba su clásica pollera, porque era invierno, pero esos pantalones negros, y el bolso...

Era ella.

Y la seguí un poco, pasamos por unos locales de armaduras. Siempre las calles arriba y abajo, al otro día las piernas me pasaron factura. Se metió en el museo de la tortura, ese al que ya había ido justo hacía una hora. Esperé afuera, y salió a los diez minutos.

Española. ¿Antonella española? Sigo viendo espejismos pero mi problema central es no poder dejar de seguirlos, de darles bola.

Siguió camino, para el lado del Alcazar. La tarde ya caía, mi tren era a las siete y cuarto. Ella caminaba y yo pensaba qué mierda hacía yo siguiendo a una Antonella que no era, o por qué no le preguntaba algo. No era, pero era.

Pasamos por la estatua de Cervantes, esa que está abajo de las escaleras que dan al ayuntamiento. Y llegamos a las afueras, para seguir la ruta que sale del casco histórico y cruza el río, hacia el San Servando:


El tren o seguir a Antonella, que iba al Castillo de San Servando. Crucé de a poco, dudando. Es odioso cuando me pongo así, no me decido entonces no hago nada. Ella se alejaba, cruzando el puente y yo miraba el paisaje, me había congelado el el tiempo, en Toledo de la edad media. Era un memo, un Sancho Panza cualquiera.

- ¡Hey! - grité.

Se dio vuelta, y saludó.

Tenía veinte minutos para descender y recorrer la ruta a la estación. Porque los trenes son recontra puntuales allá.

TNT

lunes, 23 de mayo de 2011

I

Era todo de mentira. Por eso empezamos, porque nada de esto era en serio. Entonces uno simplemente se deja recorrer, investiga. Y vos hasta cerraste los ojos, porque sabés que sos muy mental. Y entre todo el lío, cuando nos encontramos no nos quisimos soltar, nos investigamos, nos reconocimos, tu mano pasaba por mi espalda. No te quedabas en la típica de tomarme de la mano, sino que hacías caminar tus dedos por mis brazos, rozabas mi cuello, bajabas por mi espalda hasta... Hasta que te recatabas.

Y tenía tus labios tan cerca, estábamos ahí nomás. Y me tomabas de la cabeza, en una especie de abrazo. Fue ahí cuando me di cuenta de toda la electricidad que nos estaba recorriendo y de que evidentemente nos atraemos. Ya lo sabemos, pero esa fue una reactualización de nuestro pasado que se apareció de repente, sin avisar.

Y no me soltabas, y yo no quería soltarte. Pero me hubiera sido imposible mirarte a los ojos, porque me hubiera sentido descubierta, como si algo me hubiera traído a la realidad. Yo quería ser como vos: todo tacto, todo piel, todo para recorrer.

No era que me ponías nerviosa, sino que... quizás me descolocabas un poco, acariciándome el pie. No era lo "estándar", ibas por más. Y no sólo con tus manos, porque tu espalda también acarició la mía y ahí yo te tomé de los brazos. Y entonces nos fuimos alejando, pero el proceso nos costó minutos, porque siempre volvíamos para atrás, nos tomábamos de nuevo. Y justo cuando la yema de tu dedo estaba por abandonar la del mío, me tomabas de vuelta.

II
Inestable, como el plutonio. Porque otra vez llegué estallando a mi casa, porque nuevamente me sentía un poco vacío. Todas esas cosas que me produce ir a visitar a lo que queda de mi madre, a ese lugar tan lúgubre, tan solemne. Y encima pelear. Entonces es esa energía negativa la que me recorre, la que me impulsa. Es cuando estoy más soberbio, más ácido, más frontal.

Y con toda esa energía fue que respondí al plan de salida. Necesitaba irme, era necesario. Si algo no ocurría esa noche, volvería a no dormir. Estaba en plena crisis y precisaba devolverle a mis sentidos algo de vida. Y es sabido que me puedo volver criminal, que ejerzo mis impericias con una precisión de cirujano.

Entonces, envueltos en la nulidad de Martínez, intenté mezclarme con todos. Un desliz: pensé haber visto a Jackie entrar al lugar. Un desliz del que me costó zafarme, porque le dije a Guy que me ayude a escrutar el local a ver si era ella. Creo que no era, creo que el fleco la asimilaba. Pensé "Y bueno, no es Jackie, dale entonces mejor...". No, para nada. Era sólo un dato que quería chequear.

Pedí una Corona. Alguien me dijo "¿Sabías que ponerle limón hace mal?". Negué el hecho. ¿Quién precisa más panfletos de medicina?

III
Es un poco mi culpa. En verdad, tenés razón. Fui y no fui. Estaba ahí, queriendo pero no. Yo me sentía como si nada. Casualmente me había puesto esa remera roja, casualmente llevaba el con bucles, casualmente decidí tomar un daikiri.

Yo te digo que la casualidad no existe, vos decís que es un elemento más de todo lo que ocurre, no un determinante pero sí un "factor". Y te ponés matemático. Sos tan torpe a veces, como cuando me preguntás por mi trabajo. Y después me decís que el peinado me queda lindo. Son dos lados del señor JB. Es como una forma de tirar humo que tenés.

Me mirabas de reojo. Y sos tan salame que cuando te devolvía la mirada, en seguida te hacías el que estabas hablando con Jorge. Al principio pensé que iba a hacer sociales con cualquier otro hombre. No es que quisiera nada, pero... bueno, quizás estaba un poco animada.

Pero te apareciste en lo que seguramente describirás como una "gran jugada". Yo estaba charlando con Susana y parecíamos lejos. De repente, en un paso de baile te las arreglaste para quedar frente a mi, y dijiste "Hola, ¿cómo andás?".

Pensé que me ibas a decir de bailar. Pero no. Te metiste directo en el problema, en eso que nos había pasado dos días antes. Eso que te hizo que me agarres de la cintura y te me acerques. Eso por lo que te olvidaste que en una de esas estaba Jackie por ahí, no te importaba, vos sólo querías deshacerte de todos conmigo.

Fue tan rápido, tan... Me sentí un poco fácil. Ja, mentira. Suelo hacer prólogos más largos, pero te conozco hace años y encima cuando nos vimos la electricidad seguía ahí. De tal forma que nos tuvimos que ir a tu casa porque era lo único que podíamos hacer: terminar lo que habíamos empezado.

No nos importaba que nos vieran, no nos importó dejar la fiesta temprano, no nos importó viajar cuarenta minutos a la madrugada. Tampoco te importó dejar la ropa en el living, tampoco esperaba tu cama hecha. Pero precisábamos tirarnos ahí.

IV
Un poco instrumental. La necesitaba. Es como cuando a uno se le ponen las cosas entre ceja y ceja. Ella era mi objetivo y no me iba a ir sin antes tirarle con toda la artillería. Y toda esa negatividad, esa depresión, funcionaba como propulsor. Era mi seguridad. Estaba tan hecho mierda que ya nadie me podía hacer daño.

Entonces cualquier caricia de ella era reparadora. Pero ella no podía ser cualquiera. Ella tenía que ser ella, ya la conozco de hace años, ya me conoce, ya tenemos un tacto irrevocable. Alguien que pudiera compartir todo lo que me dolía, alguien que realmente pudiera compartir afecto. El sexo es mil veces mejor cuando es con alguien que querés.

Pero también era extraño: necesitaba tenerla. Tomarla por la cintura, ser dueño de ella por un rato. Para luego dejarla en libertad, que ella se hiciera cargo de mi. Es un juego de roles, todo va y viene con un compás exacto. Era ella que se estiraba, yo que la recorría. Descargaba mi tristeza, mi abstinencia de otras cosas. Y ella se entregaba. Otra vez habíamos coincidido, pero habíamos coincidido en lo más profundo de nuestra depresión. Eramos cada uno el paliativo del otro. Se le notaba en la mirada.

Nunca la vi tan libre. Yo me liberaba a cada desgarro, a cada movimiento. Caí demolido. No me había dado cuenta lo que me hacía falt...

Fue a las 13.30 que abrí los ojos. Estaba nublado.

V
No entiendo. No entiendo porque me importa tanto. Si ya estuvimos juntos antes. ¿Por qué tengo esa sensación de que puedo llegar a quererte aún más? Hasta amarte. ¿Fuimos una historia de gatos y perros perdidos?

Fuimos mil veces más tiernos en la cama que cualquier en cualquier otro momento. Es como si hubieramos activado una bomba. Pasamos el punto de retorno. No podemos ser amigos, no no. Ya nos besamos antes, pero ahora... Vos con tu café por la mañana ya no sos vos, sos aquel con el que estuve anoche. Y yo, ¿soy la que te agarraste la noche anterior?

Eso: tengo una necesidad imperiosa de que me definas, que me digas quién soy.