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jueves, 21 de julio de 2011

I
- ¿Cómo? - preguntó la vendedora.

- Digo, ¿cuándo es el regreso?

- ¿En el día? ¿Usted quiere ticket de regreso en el día?

- Pues claro, porque me estoy quedando por aquí hasta volver a casa. Muy linda estación tienen aquí, me encanta la jungla esta. Nada que ver con Retiro.

La mujer tuvo que contener esa leve carcajada que le venía a su ser, pero una sonrisa delató risa. Evidentemente yo, el muchacho que tenía delante de sí, medio jocoso y relajado, no entendía demasiado de la vida, quizás ni siquiera supiera a dónde estaba comprando el pasaje. Chequeó entonces:

- Señor, bueno, entonces sería a Toledo de ida y vuelta en el mismo día. El tren de ida a las 10:30, porque antes usted dice que es muy temprano. De regreso, puede ser a las ocho de la noche.

- Sí, ese. Deme.

Me largué de ahí medio riendo. Eran las dos de la tarde y ya los 100 Montaditos me habían dejado un poco out. Saludé a la jungla de la estación Atocha y me di a la fuga.

Tenía que hacer tiempo para llegar al Museo Reina Sofía, por lo que arrojé lo que quedaba de mi en el Parque del Retiro. Me morí un rato en serio. Fue hermoso, creo que ni respiraba. Mañana ya tenía asegurada la visita a Toledo -cosa que mis piernas recordarían el día después-, y ahora podía dedicarme a visitar el resto de Madrid. Pero debía asegurarme de llegar al Sofía a tiempo.

Luego, cuando resuscité, me perdí un rato más en el Parque, hasta llegar al palacio de cristal y un Mickey Mouse totalmente fuera de lugar. Subí, caminé, seguí. Agarré Tirso de Molina hasta arribar al Templo de Devod. Todo eso en una tarde nomás.

II
Entonces Toledo es un accidente. Accidente, porque en tanta calle sinuosa uno se pierde, se desorienta con mapa y todo, se choca con gente, con un ¡fantasma de Antonella!

¿Era? ¿Cómo puedo comprobar que no era? Porque iba, caminaba delante mío. Y mi visión estaba un poco descolocada. ¿Me había hecho mal tan poco sueño durante los últimos quince días? No llevaba su clásica pollera, porque era invierno, pero esos pantalones negros, y el bolso...

Era ella.

Y la seguí un poco, pasamos por unos locales de armaduras. Siempre las calles arriba y abajo, al otro día las piernas me pasaron factura. Se metió en el museo de la tortura, ese al que ya había ido justo hacía una hora. Esperé afuera, y salió a los diez minutos.

Española. ¿Antonella española? Sigo viendo espejismos pero mi problema central es no poder dejar de seguirlos, de darles bola.

Siguió camino, para el lado del Alcazar. La tarde ya caía, mi tren era a las siete y cuarto. Ella caminaba y yo pensaba qué mierda hacía yo siguiendo a una Antonella que no era, o por qué no le preguntaba algo. No era, pero era.

Pasamos por la estatua de Cervantes, esa que está abajo de las escaleras que dan al ayuntamiento. Y llegamos a las afueras, para seguir la ruta que sale del casco histórico y cruza el río, hacia el San Servando:


El tren o seguir a Antonella, que iba al Castillo de San Servando. Crucé de a poco, dudando. Es odioso cuando me pongo así, no me decido entonces no hago nada. Ella se alejaba, cruzando el puente y yo miraba el paisaje, me había congelado el el tiempo, en Toledo de la edad media. Era un memo, un Sancho Panza cualquiera.

- ¡Hey! - grité.

Se dio vuelta, y saludó.

Tenía veinte minutos para descender y recorrer la ruta a la estación. Porque los trenes son recontra puntuales allá.

TNT

lunes, 23 de mayo de 2011

I

Era todo de mentira. Por eso empezamos, porque nada de esto era en serio. Entonces uno simplemente se deja recorrer, investiga. Y vos hasta cerraste los ojos, porque sabés que sos muy mental. Y entre todo el lío, cuando nos encontramos no nos quisimos soltar, nos investigamos, nos reconocimos, tu mano pasaba por mi espalda. No te quedabas en la típica de tomarme de la mano, sino que hacías caminar tus dedos por mis brazos, rozabas mi cuello, bajabas por mi espalda hasta... Hasta que te recatabas.

Y tenía tus labios tan cerca, estábamos ahí nomás. Y me tomabas de la cabeza, en una especie de abrazo. Fue ahí cuando me di cuenta de toda la electricidad que nos estaba recorriendo y de que evidentemente nos atraemos. Ya lo sabemos, pero esa fue una reactualización de nuestro pasado que se apareció de repente, sin avisar.

Y no me soltabas, y yo no quería soltarte. Pero me hubiera sido imposible mirarte a los ojos, porque me hubiera sentido descubierta, como si algo me hubiera traído a la realidad. Yo quería ser como vos: todo tacto, todo piel, todo para recorrer.

No era que me ponías nerviosa, sino que... quizás me descolocabas un poco, acariciándome el pie. No era lo "estándar", ibas por más. Y no sólo con tus manos, porque tu espalda también acarició la mía y ahí yo te tomé de los brazos. Y entonces nos fuimos alejando, pero el proceso nos costó minutos, porque siempre volvíamos para atrás, nos tomábamos de nuevo. Y justo cuando la yema de tu dedo estaba por abandonar la del mío, me tomabas de vuelta.

II
Inestable, como el plutonio. Porque otra vez llegué estallando a mi casa, porque nuevamente me sentía un poco vacío. Todas esas cosas que me produce ir a visitar a lo que queda de mi madre, a ese lugar tan lúgubre, tan solemne. Y encima pelear. Entonces es esa energía negativa la que me recorre, la que me impulsa. Es cuando estoy más soberbio, más ácido, más frontal.

Y con toda esa energía fue que respondí al plan de salida. Necesitaba irme, era necesario. Si algo no ocurría esa noche, volvería a no dormir. Estaba en plena crisis y precisaba devolverle a mis sentidos algo de vida. Y es sabido que me puedo volver criminal, que ejerzo mis impericias con una precisión de cirujano.

Entonces, envueltos en la nulidad de Martínez, intenté mezclarme con todos. Un desliz: pensé haber visto a Jackie entrar al lugar. Un desliz del que me costó zafarme, porque le dije a Guy que me ayude a escrutar el local a ver si era ella. Creo que no era, creo que el fleco la asimilaba. Pensé "Y bueno, no es Jackie, dale entonces mejor...". No, para nada. Era sólo un dato que quería chequear.

Pedí una Corona. Alguien me dijo "¿Sabías que ponerle limón hace mal?". Negué el hecho. ¿Quién precisa más panfletos de medicina?

III
Es un poco mi culpa. En verdad, tenés razón. Fui y no fui. Estaba ahí, queriendo pero no. Yo me sentía como si nada. Casualmente me había puesto esa remera roja, casualmente llevaba el con bucles, casualmente decidí tomar un daikiri.

Yo te digo que la casualidad no existe, vos decís que es un elemento más de todo lo que ocurre, no un determinante pero sí un "factor". Y te ponés matemático. Sos tan torpe a veces, como cuando me preguntás por mi trabajo. Y después me decís que el peinado me queda lindo. Son dos lados del señor JB. Es como una forma de tirar humo que tenés.

Me mirabas de reojo. Y sos tan salame que cuando te devolvía la mirada, en seguida te hacías el que estabas hablando con Jorge. Al principio pensé que iba a hacer sociales con cualquier otro hombre. No es que quisiera nada, pero... bueno, quizás estaba un poco animada.

Pero te apareciste en lo que seguramente describirás como una "gran jugada". Yo estaba charlando con Susana y parecíamos lejos. De repente, en un paso de baile te las arreglaste para quedar frente a mi, y dijiste "Hola, ¿cómo andás?".

Pensé que me ibas a decir de bailar. Pero no. Te metiste directo en el problema, en eso que nos había pasado dos días antes. Eso que te hizo que me agarres de la cintura y te me acerques. Eso por lo que te olvidaste que en una de esas estaba Jackie por ahí, no te importaba, vos sólo querías deshacerte de todos conmigo.

Fue tan rápido, tan... Me sentí un poco fácil. Ja, mentira. Suelo hacer prólogos más largos, pero te conozco hace años y encima cuando nos vimos la electricidad seguía ahí. De tal forma que nos tuvimos que ir a tu casa porque era lo único que podíamos hacer: terminar lo que habíamos empezado.

No nos importaba que nos vieran, no nos importó dejar la fiesta temprano, no nos importó viajar cuarenta minutos a la madrugada. Tampoco te importó dejar la ropa en el living, tampoco esperaba tu cama hecha. Pero precisábamos tirarnos ahí.

IV
Un poco instrumental. La necesitaba. Es como cuando a uno se le ponen las cosas entre ceja y ceja. Ella era mi objetivo y no me iba a ir sin antes tirarle con toda la artillería. Y toda esa negatividad, esa depresión, funcionaba como propulsor. Era mi seguridad. Estaba tan hecho mierda que ya nadie me podía hacer daño.

Entonces cualquier caricia de ella era reparadora. Pero ella no podía ser cualquiera. Ella tenía que ser ella, ya la conozco de hace años, ya me conoce, ya tenemos un tacto irrevocable. Alguien que pudiera compartir todo lo que me dolía, alguien que realmente pudiera compartir afecto. El sexo es mil veces mejor cuando es con alguien que querés.

Pero también era extraño: necesitaba tenerla. Tomarla por la cintura, ser dueño de ella por un rato. Para luego dejarla en libertad, que ella se hiciera cargo de mi. Es un juego de roles, todo va y viene con un compás exacto. Era ella que se estiraba, yo que la recorría. Descargaba mi tristeza, mi abstinencia de otras cosas. Y ella se entregaba. Otra vez habíamos coincidido, pero habíamos coincidido en lo más profundo de nuestra depresión. Eramos cada uno el paliativo del otro. Se le notaba en la mirada.

Nunca la vi tan libre. Yo me liberaba a cada desgarro, a cada movimiento. Caí demolido. No me había dado cuenta lo que me hacía falt...

Fue a las 13.30 que abrí los ojos. Estaba nublado.

V
No entiendo. No entiendo porque me importa tanto. Si ya estuvimos juntos antes. ¿Por qué tengo esa sensación de que puedo llegar a quererte aún más? Hasta amarte. ¿Fuimos una historia de gatos y perros perdidos?

Fuimos mil veces más tiernos en la cama que cualquier en cualquier otro momento. Es como si hubieramos activado una bomba. Pasamos el punto de retorno. No podemos ser amigos, no no. Ya nos besamos antes, pero ahora... Vos con tu café por la mañana ya no sos vos, sos aquel con el que estuve anoche. Y yo, ¿soy la que te agarraste la noche anterior?

Eso: tengo una necesidad imperiosa de que me definas, que me digas quién soy.

Las escenas de Brecht

jueves, 30 de diciembre de 2010

I
Digamos que Bertolt Brecht era un gran dramaturgo por lo siguiente: lograba, con historias mundanas, ilustrar una profunda crítica al orden establecido. Mostraba la corrupción desde su interior, de una forma pintoresca, grosera, desfachatada.

II
Fue dicho varias veces: "esa chica no es tu amiga". Será que soy un iluso entonces, o que realmente hago las cosas mal y no me doy cuenta. Y Antonella ya me dijo que con Betina pequé de pelotudo, porque según ella "está hasta las manos con vos, y lo peor es que ni ella entiende por qué".

Es que no nos llevamos en nada, en verdad. Jimmy, te decís racional hasta el ridículo. Pero sacás un pasaje aereo en pedo, en horarios que en verdad no podés volar por el laburo. Y contestás "son cosas que pasan".

Yo no leo, vos tenés tu bibliotequita acomodada. Yo no tomo cerveza, vos me cargás con mi agua ser. Escuchás "bandas grosas", yo muero por David Bisbal. Evidentemente estamos destinados al fracaso.

Pero no sé por qué quiero estar contigo. Y sé que al menos en algún momento, aunque no me lo confesaras, vos también sentiste algo por mí. Aunque fuera temporal, aunque fuera efímero, aunque sólo me quisieras dar. La puta madre, qué pendejo pelotudo que sos.

Quizás haya sido excesivo enviarte cinco mensajes por día. Y quizás haya estado un poco demandante. ¿No me querías? ¿Me explicás para qué tomaste mi mano? ¿Me explicás por qué salimos juntos?

Y te vas. ¿No merezco algo más que un mail? ¿No merezco algo más de consideración? Pelotudo.

[Según Chejov: "Esa Betina es aún más demandante que Bella, que al menos era tu novia. No tiene derecho en verdad. Está hasta las pelotas.]

Eso. Cuando me lo dijiste, así de repente en Vuelta de Obligado y Juramento, me congelé. Caminaste dos pasos más hasta darte vuelta porque te diste cuenta de qué algo andaba mal. Y mi cara de ojete debe haber sido astronómica.

Y después me dijiste que no querías esas "escenitas en la calle". Me jodió, sabelo. Me jodió y no entiendo, creo que todo lo que hacés y decís me jode. Y aquí estamos, ¿no?

Pensás que era ridículo. Pensás que era cualquiera. Me dijiste "desubicada". Me dolió. Y encima pensé que me ibas a llamar para disculparte. Ni chance, ¿no? Pensé que eras más sensible vos. Me tendría que haber dado cuenta cuando me hiciste eso en la clase de Analytics, cuando me mandaste a callar en frente de todos. Te quise matar.

[Según Chejov: "Lo que en una de esas le gusta es que vos no te dejás. Es una mina linda, encima de ventas, está acostumbrada a que los hombres le den bola y conseguir lo que quiere. Y vos, te las arreglás bastante bien para llevar la contra.]

Te quise matar, pero también fue a partir de ese momento que empezamos a hablar más. Y me contaste de tu madre y yo de mi ex. Y vos de tu ex y yo de mi madre. Y nuestros hermanos, nuestras cosas y... pero había cosas con las que me esquivabas. Como cuando te pregunté cuál era tu posición preferida.

- ¿Qué? - Preguntaste sorprendido.

- Cuál es tu posición preferida. Digo, para hacer el amor.

- Sí, escuché. Qué sé yo, creo en la variedad, no sólo en una.

- Pero dale. Todos tenemos una. A los hombres les gusta estar arriba por lo general, claro. ¿Pero cómo?

Entonces me terminaste la conversación. ¿Y para qué te echás atrás así?

[Según Jim le dijo a Chejov: "El tema no era hablar de sexo con una mujer, sino con ella. Porque yo sé que me tiene intensiones, entonces no la quise seguir. Porque con vos puedo hablar de eso, ponele, con Rose también. No hay drama. Pero con Betina no daba, así como tampoco le contaría de mi salida con Micaela."]

["Pero entonces, Jimmy, sos un boludo. Porque le diste cabida pero en eso ya no. O sea, te entiendo y estoy de acuerdo. El tema es ¿por qué no aplicaste esa lucidez antes? ¿Por qué ahora te ponés en quisquilloso? En eso tiene razón ella un poco."]

[Toda estas consultorías, todas estas revisiones, me recuerdan a Bella diciendo: "Todo se lo contás a Antonella. Parece que estás enamorado de ella, todo lo audita, opina, tiene voto siempre. ¿Por qué no te la encamás y ya?" Está ese leve presentimiento de que Bella llegó a odiar a Antonella.]

Y entonces me voy poniendo triste, pero después salgo adelante. Porque soy una mujer con bastantes pilas, bastante actitud. Y hoy salgo con uno que conocí el fin de semana pasado y no tiene nada que ver con vos, Jimmy.

III
Brecht era bueno porque lograba montar guiones dramáticos fuertes, imágenes duras, ridículas, mersas.

Creo que quizás lo mejor de Brecht sea la crudeza y la pasión con la que ese tipo hacía lo que hacía.

Leaving song, pt3

martes, 7 de septiembre de 2010

Porque irse de los lugares no siempre es fácil. No siempre se trata de sencillamente desaparecer y tirar una bomba de humo, desconectarse instantaneamente. Dicen que puedo ser un tipo frío, un "freezer" (Bella dixit). Y sin embargo cuando uno cambia de trabajo, siento toda una burocracia del abandono funcionando.

Así fue como nos quedamos con Guy planificando alguna vez una de mis últimas campañas, en claro estado de ebriedad, pero que resultó en una gran idea. Y menos mal que chequeamos la redacción de los documentos al otro día.

Más recientemente, Betina dijo "al fin!" al enterarse. Me mando a actualizar rápidamente mi LinkedIn y mi Facebook, porque según ella ahora hay que tirar la data más actualizada online. "Dale no seas salame", dice Brecht, omitiendo mi relación amor/odio con lo que hago.

En plena pelea con Jackie -se enojó porque no fui a almorzar con sus padres. Tiene algo de razón-, en el teléfono, le conté. Logré que se ofenda porque no le había comentado nada del cambio. También, tiene razón.

Entonces cuando uno está de salida en un trabajo, está entre cosas: por un lado todo ese futuro que se vendrá y que uno desconoce, y por otro lado, disfrutando de una nada hermosa, de una oficina que ya no es propia. Uno logra tomar una distancia de los problemas, ponerse en perspectiva.

- Total, vos ya estás afuera -me dicen mientras cae otro problema gran gran-. Lo que me preocupa es quién va a encargarse del Illustrator.

Illustrator, es una preocupación mayor. Y yo me pregunto quién hará los emoticones ahora en la oficina, porque hay que seguir haciéndolos. Contribuyen al clima laboral, lo juro.

Chejov esbozó una sonrisa al enterarse. Porque yo me enteré que en donde trabaja ella están buscando líder de redacción, y ella me iba a proponer a mi.

- No sabía. Pues, creo que he desbaratado tus planes.

- Lástima, pero te felicito. ¿Me llevás contigo?

- Me encantaría, pero no creo que aún tenga ningún tipo de poder de decisión sobre a quién traer y llevar. ¿Lo discutimos en un martes de Opera Rock?

- Encantada.

Rousseau está hablando demasiadas pestes de la directora. En una de esas, si ella es tan parecida a mi en eso, termina cambiando también.

- Es una cheta reventada - dijo Jackie-.

"Reventada" es una palabra que más de uno me ha afanado.

Y los amigos siempre están dispuestos a festejar, aunque no comprenden el ritmo al que he venido trabajando. Jorge dice que eso de que no duermo es cualquiera y Gilles que me preocupo demasiado. Y el maldito de Rolland, de viaje.

- En una de esas volvemos a trabajar juntos - dijo Guy-. Es un mundo pequeño. Recordá que ya compartimos trabajo en dos ocasiones.

Es cierto. En ambas ocasiones Guy tuvo que ver cómo me iba. Una vez fue como se debe. La segunda, asistió a un relámpago revolucionario. Y ahora, que lo miraba por tv, se trataba de una batalla política entre mi jefe y yo:

- Te crees el inventor de la dinamita acá, Jim. Pero acá somos todos los que trabajamos para mejorar las cosas.

Cuando me preguntan qué característica mía debería cambiar, contesto "la soberbia".

- Sos bueno en lo que hacés, pero tenés algunos issues con la autoridad.

No es para tanto, che. Pensá que no inicié ninguna revolución ahora, ni una revuelta, ni un cirquito. Tengo mala fama nomás.

Hacerme mala fama es una especied e hobbie que tienen Jorge, Gilles y Guy, para molestarme.

- ¿Cómo es que Bella sabe? - inquirió Gilles-.

Esa es una historia esporádica: me la crucé justo cuando iba a hacerme los malditos exámenes clínicos. Increiblemente charlamos como si nada. El 152 es un escenario curioso para charlar con juna ex.

And now, deeper into de wolves jaws, my friends...

Azí Ez Ezeiza

miércoles, 14 de julio de 2010

Me sentía como la mismísima mierda ese mediodía que me fui hasta Ezeiza para recibir a Antonella. La muy maldita se había ido tres semanas a recorrer Madrid, Barcelona, París y Roma, entre otras menudencias. Mientras iba para el aeropuerto pensé en lo bien que me vendrían unas vacaciones de ese estilo, aunque más al norte.

Era un domingo soleado. Ya sin Argentina en el mundial había una preocupación menos, aunque la notoria falta de sueño había hecho mermar mi capacidad intelectual y mis sentidos: creo que ya no podía multiplicar correctamente y el frío me era une sensación más bien neutra.

Cuando apareció Antonella, vi en verdad a una hippie de exportación, con sus tobilleras de colorinche y sus jeans medio rotos. Los padres de ella la abrazaron como si no la hubieran visto en años, mientras que yo a un costado me preguntaba cuán pelotudo era por mantener la promesa de irla a buscar.

- Jimmy corazón, te dejo tres semanas y mirate. Estás flaco.

Las crisis, vio.

Más allá de las clásicas preguntas y respuestas, ella me dijo que logró una visita extendida del College de France -a mi me echaron diplomáticamente-, y que se tomó dos días para el Louvre.

- Ojala yo hubiera tenido ese tiempo - dije -. Te venís conmigo, ¿no? O vine hasta acá para ver cómo te llevaban tus viejos?

Me imagino que los padres Chejov no podían dejar que su hija arribara sola. Así que por más que Antonella les dijo que yo la iba a buscar, aparecieron igual. Tardamos unos venite minutos en liberarnos de los protocolos, y mientras ella le encajó a sus padres dos valijas me dijo que la llevara a comer algo de carne argentina.

- Azí ez Ezeiza - decía yo mientras manejaba-. Vamos lento porque estoy un poco derrapado de ayer.

Azí ez Ezeiza. Y qué ganas de irme a la mierda, pero no. Aquí estoy volviendo. Por un raje creo que me banco el pánico de los aviones y todo.

- Siempre de joda. Mirá- aprovechó la parada del peaje-, te traje algo.

Rápidamente descubrí que Chevoj me había traído Quadrophenia, edición especial. Tuve que confesarle que ella era lo más grande del rock, y que sobre todo un domingo de demolición, le daba esperanzas a una pequeña alma corroida. Y me comentó de fotos de un cadalzo que me iban a interesar, luego me enteré por qué: por Damiens.

- Así que mucha jarana, eh.

- No tanto. En verdad es mala época, menos mal que estás acá.

- ¿Que pasó?

Dude en decir, pero necesitaba hablarlo. Precisaba un oído, sobre todo femenino.

- Jackie...

- Puf, con razón. Tenés aspecto de no haber dormido...

- ¿En tres días?

Le conté a Anto los hechos. La conversación me mantenía despierto para no chocar ni hacer nada estúpido en la autopista como dar vuelta en U o esas cosas. Además de que tenía que dilucidar en qué miércoles de Liniers dar la vuelta para Saavedra.

- Tiene miedo - dijo Chejov-. Quizás tu forma de decirle las cosas no fue la más feliz, tenés que entender eso. Pero sí, ella no tiene derecho a meterse con esas cosas tuyas, que encima ya fueron. Ay chiquito, tenés una cara de terror. ¿Pero tan mal se lo tomó?

- Hace una semana que oficialmente no sé nada de ella.

- Relajate.

Silencio.

- Perdón, sé que es más fácil decirlo que hacerlo. Estoy en el limbo aún. Me da lástima, Jackie es intelingentísima, pero justamente ustedes dos comparten eso, ese miedo desmedido a ciertas cosas.

Quería que llegaramos a una parrilla y ver el partido. Sólo eso.

- Pero ojo, creo que está bien que seas honesto, Jimmy. Sólo trabajá en alguna forma más suave de mandar esas noticias.

No se trata de noticias si son cosas de ayer, che.

- ¿Y vos? ¿No te pusiste romántica en París con nadie? - pregunté ya harto del tema mío.

- Mmm, mirá...

Y ella contó lo suyo.

Saraza

martes, 30 de marzo de 2010

- No creo que te haya contestado "saraza" -dijo Antonella mientras tomaba un libro de Sartre de mi mesa del living-. ¿Vos lees esto por divertimento? Con razón no te relajás.

- Ya sé. No digo que su "saraza" sea una ficción, sino que utilizó un argumento existente para despacharme. "Ya quedé en ir a verla con una amiga". ¿De por vida se va a ver con la amiga?

- No estoy tan de acuerdo. Ya va a aparecer, vos dejala. Let her be -repasó algunas páginas del libro, pero lo dejó rápidamente por evidente falta de interés-.

- Seamos analíticos al respecto: si realmente quisiera salir nuevamente me hubiera dicho que esta semana no pero la siguiente. Digamos... creo... sostengo. Ergo, evidentemente trata de deshacerse de mi.

Antonella puso cara. La mente complotista. Las distancias entre el hombre y la mujer. Lo que ellas piensan y ellos no comprenden. Lo que ellos sienten y ellas ni se imaginan. Y todo eso mezclado en pequeños dramas, mini novelitas de menor o mayor tenor circunstancial. Y Jim Bentham se preguntaba por qué demonios se había metido con otra racionalista.

- ¿Sabés qué? No quiero hablar más de ella, olvidémosla - dijo Bentham-. ¿Cómo va tu búsqueda laboral?

Anto se prestó a seguirle la corriente a Jim. Contestó que no lograba decidirse entre tres puestos, porque uno era de ocho horas, el otro era lejos y el otro no le gustaba el ambiente de la oficina.

- A bueno, qué problemitas eee - contestó Bentham riéndose.

- Bueno, no es fácil - dijo Antonella mientras tomaba el libro de Sartre nuevamente, sólo para jugar con sus páginas-. Vos viste que en una de esas...

Un mensaje arribó al celular de Bentham: "Hey, preciso que me expliques cómo configurar la seguridad de mi Facebook. Me dejaste paranóica! jajja". Pareciera que Jackie esperaba a que Jim despejara su mente de ella, y así intervenir nuevamente. La teoría benthamista dice Rousseau aguarda a que Bentham baje la guardia, que percibe sus ansiedades y aguarda a que se discipen.

- ¡Hija de puta! Jacqueline Rousseau, eres adorable pero pienso que tienes la mente de una macabra estratega.

Antonella le puso cara de "viste viste, te dije te cagué yo tengo razón y vos no". Bentham le mostró el mensaje.

- Bueno. Good. ¿Así que la dejaste paranóica? Ok, primera cuestión: son dos letraditos ustedes. La próxima vez que salgan no hablen de la puta facultad. No te digo que eviten los libros porque no lo van a lograr, pero yo qué sé, algo más.

- ¿No se supone que vamos a dejar de hablar de Jackie? Justo cuando nos encaminamos a dejar el tema aparece la guacha. Convengamos en que es una muchacha rara.

Antonella hizo ademán de continuar su teoría sobre la mente de Rousseau, pero Bentham alegó que era mejor continuar hablando de cualquier otra cosa. Entonces continuaron con divagues sobre las relaciones hombres/mujeres, en las que Bentham tomaba nota y Rousseau recapitulaba cosas como "aah, ok, entonces eso a un tipo lo pone mala onda".

- Anto, extrañaba nuestras conversaciones de los martes.

Operativos

martes, 2 de marzo de 2010

Un tanto desorientado, Barthes intentaba explicarse cómo había terminado una muchacha ebria a sus pies, rodeada de pasto vomitado. La chica se encontraba inconsciente, farfullando cosas. Él quería hacerla reaccionar, pero no lograba respuesta. Su pulso estaba intacto, un poco acelerado a su parecer.

- ¿Rusa? ¿Rusa? - decía.

Nada. Todo parecía genial, estaba en cualquier parte del parque y tenía que arrastrar a esa piba hasta la casa. Desde lejos se veían las luces, se escuchaban gritos y Bataille corría al rededor, tirando chicas a la pileta y acusando a Bentham de traidor.

- Aunque sean más, si trabajamos en equipo las podemos tirar a todas - decía Jorge interesado en el asunto de mujeres mojadas.

- Definitivamente, pero tenemos que armar un perímetro cerca de la puerta del baño - explicaba Bentham mientras dibijaba en el aire el display-. De esta forma podemos cortar su paso al living, y ahí creo que un 50% de las asistentes terminará en la pileta. Luego creo que es altamente probable que de ese 50% podamos reclutar a algunas para arrojar a las otras a la pileta.

- El gran problema es extraer a las del living, que no quieren salir.

El principal objetivo de Jim y Jorge eran Rose Luxemburgo y Antonella Chejov, quienes habían hecho del living de la casa su bunker. Deleuze se encontraba en el living, pero más que un infiltrado, se ocupaba de otra cosa:

- ... llegué hace poco Brasil. No me canso de vacacionar allí, es un paraiso. Estoy considerando seriamente irme a vivir allí -le explicaba Gilles a una desconocida.

No tardó en convencerla. Luego la muchacha le señaló a Bataille que claramente desbordaba la operación indicada por bentham, todo para tirarse al agua con una chica vestida de rojo.

- ¡El celular! -gritó la chica de rojo, recién ingresada a la pileta.

Gilles se reía, por primera vez quizás apreciaba el paisaje de quilombo desde la distancia, a través de la ventana del living. ¿Y esa paz para no participar de dónde salía? Se quedó charlando con la chica. Un tal pablo preguntaba por su novia, que hacía rato que no la veía. ¿Dónde está Marín? Nadie sabía. El pibe buscaba en el área de la pileta, pero ninguna de las chicas empapadas era su novia.

- Che, creo que vi a la Rusa irse con Barthes para el bosque - dijo Antonella-. ¿Qué onda?

- Onda que quizás a Pablo no le guste demasiado eso ... - contestó Rose.

A lo lejos Barthes había logrado que la Rusa caminara, con gran ayuda de él claro.

- Rusa... ahora te vamos a dejar en el sofá, o quizás hasta te consiga una cama. Seguro tienen una cama. Habrá que conseguir que el escuadrón chapuzón no te tire a la pileta, pero a penas nos vean iniciaré acciones diplomáticas con Bataille y Bentham para que nos dejen secos en paz.

- mm arrdf - dijo la Rusa.

Arrastrar a esa piba era realmente un suplicio. De vez en cuando escupía algo de vómito y le quedaba un hilo de baba colgando. Barthes pensaba que seguro tenía algún pedazo de daikiri de durazno en la ropa, producto de las expulsiones de la chica.

Pablo desde que había llegado que no daba con su chica Marin, la Rusa. Jim y Jorge habían optado por dejar en paz al sujeto y no solicitar su ayuda.

- Tiene cara de ortiva - dijo Jim.

Cuando Barthes llegó al área más iluminada del parque, se dibujó una silueta de guerra: un soldado que llevaba a otro herido a cuestas. "Restatando al soldado Rusa", o algo así. Fue ahí cuando Antonella divisó a los combatientes que se aproximaban.

- Habría que iniciar un operativo de entrar a la Rusa a la casa sin que Pablo haga escándalo, lo que probablemente implique que no vea a su novia ebria en los brazos de Barthes.

Rose observó.

- Pero si salimos nos van a querer tirar. Y no están abiertos al diálogo.

- Sí sí - dijo Antonella-. Jim me escucha a mi, ahora vas a ver.

Antonella se asomó por la puerta al jardín, donde estaba operando el escuadrón chapuzón. Llamó la atención de Bentham, que se acercó pero inmediatamente tomó a Antonella del brazo para llevársela. Ella resistía, tomándose del marco de la puerta. "Pará boludo no".

Bentham logró llevarse a Antonella, justo cuando esta puteaba y cuando escuchó otro insulto detrás suyo. Fue ese el momento en que Pablo corría hacia Barthes y la Rusa.

- ¿Qué pasó? - preguntó Bentham.

- Que tenemos que ir a ver que Barthes esté bien, porque apareció el novio de la Rusa y tememos que se arme - dijo Antonella-.

- ¿La Rusa tiene novio? Puf pobre pibe...

Bentham dejó a Antonella para ver qué onda con los soldados.

- Te dije que me escuches, pero estabas demasiado ocupado tratando de tirarme al agua - dijo Antonella.

Jim ni contestó.

Pablo empujó a Barthes, le preguntó qué hacía con su novia. La Rusa simplemente se sentó, porque evidentemente caminar le había dado vértigo. Roland intentaba explicar: Fui al bosque a buscar el celular al auto y la encontré vomitándose la vida. Pero su explicación no lograba sonar a "no me trinqué a tu novia". Ciertamente la Rusa había estado con alquien, pero no era Barthes.

- Pendeja ebria - decía Deleuze mientras observaba la acción desde el living-. Parece que se arma. Ni me dijo que tenía novio.

Dejó a la muchacha en el living para concurrir a la escena del jardín. Bataille se dio cuenta de la situación recién cuando vio a Gilles salir rápidamente de la casa.

- Mirá, no pasó nada. Simplemente se agarró un pedo padre - intervino Bentham.

- Ee, ¿y a vos quién carajo te llamó? -dijo uno de los tres amigos de Pablo.

- Pará de apurar vos - decía Antonella que lo último que quería era trompadas-. Es así, la Rusa estuvo tomando desde temprano y se bajó no sé cuántos daikiris y vodkas.

Pablo empujó a Barthes, que parecía inmutable. No había chances de una pelea salvo que se pusieran necios Pablo y sus amigos. Una intervención de la Rusa hubiera sido ideal, pero se encontraba ocupada vomitando más aún.

- Pablo, simplemente llevátela -decía Antonella-. Mirala está para atrás. Te importa más cagarte a trompadas que otra cosa.

- ¿Qué pasa? - dijo Gilles llegando. Atrás de él venía Bataille.

Se pronosticaba gresca, pero Antonella estaba decidida a que nada ocurriera. Desconfiaba de Deleuze sobre todo, y no quería que a Bentham se le saltara un tornillo.

- Mirá - dijo Jim -, mi amigo te dice la verdad. Si hubieran estado haciendo algo él la deja ahí tirada, pero la estaba trayendo.

Bentham pensaba que ayudaba a distender pero nada que ver. Antonella deseaba que todos se callaran y la dejaran a ella llegar a una solución pacífica. Pablo miraba rabioso, Barthes mantenía su cordura. Bataille observaba la situación sin emitir palabra.

- Con él no estuve... - farfulló la Rusa.

Deleuze tragó saliva. Lo que allí pasara dependía de lo que la piba esa dijera.

- Estuve con él - y señaló por error a Bentham.

Pablo miraba con ira. Esto iba a ponerse feo. Deleuze pensaba que era mejor apartarse y no participar, no fuera cosa que la Rusa corrigiera lo que dijo. Entonces Antonella reaccionó rápído:

- No, él estaba en la pileta, lo viste llegar. Además él está conmigo.

Ahí nomás Antonella le dio un beso a Bentham.

Rose se rio por lo bajo. Barthes miró la tremenda jugada perpetrada por la señorita Chejov. Parecía que con bronca y todo, Pablo aceptaba que sin importar la calidad de relación que hubiuera entre Antonella y Jim, él no podía haber estado con la Rusa.

- ¿Entonces con quién? - preguntó Pablo.

- Ni idea - acotó Rose-. Vaya a saber, hay bastante gente. Algunos ya se fueron.

Jim miraba de reojo a Antonella, y se sorprendía de su docilidad y capacidad para seguir tal improvisación.

- ¿Podemos llevarnos a la Rusa? Que se acueste - dijo Bentham.

Deleuze miraba más apartado. No quería ausentarse pero tampoco llamar la atención. Se escudaba en Bataille y Barthes, que permanecían mudos.

Pablo y un amigo suyo llevaron a lo que quedaba de la Rusa hacia la casa, para recostarla. Ni bien entraron, Antonella dispuso que sacaran a Deleuze del area. Bataille deploró no poder continuar con su operativo, pues aún había como unas ocho chicas sin arrojar a la pileta.

- Qué organizativa que estás - le dijo Jim a Anto.

- Puf, ni que lo digas. Me siento una estratega. A todo esto, perdón pero tenía que inventar la excusa y eras perfecto. Era el elemento para salir del embrollo.

- No problem. La razón nos da los elementos para la creación, con la condición de que los usemos en contra de ella - contestó Bentham.

- Good quote. Who´s?

- Mía. Claramente organizaste elementos discretos, pero para verdaderamente salir de los embrollos, hace falta algún tipo de atentado como el tuyo. Admirable.

Antonella sonrió, mientras Bataille, Rose y Deleuze se retiraban. Ella partió con Barthes y Bentham media hora después, antes de que Pablo comenzara las indagatorias.

- Ahora, fijate cómo Barthes, sin hacer nada más que ir a buscar un celular, creo todo esto - observó Jim-. A todo esto Deleuze tiene que contar cómo mierda hizo.

- Yo qué mierda sabía que la pendeja esa era tal generadora de quilombos - se quejó Roland mientras miraba por la ventanilla del auto.

Run baby run

lunes, 22 de febrero de 2010

Creo que la sobreexposición de Antonella había llegado a un punto de saturación. Creo que era notorio como ella, que era alguien más bien de perfil bajo, estos últimos días se había dedicado a publicitar su excelente estado de animo. No tardé en pensar que se trataba de una pantalla, claro está. Esto lo pensé no tanto por observador o inteligente, sino por haber sido yo mismo un tipo dedicado a los montajes.

Y fue en una "reunión" entre amigos que ella estaba chispeante, que estaba alegre, riendo todo el tiempo. Ahora tomaba cerveza y hablaba con gente, se había olvidado de su ex y de los problemas. Aunque el día anterior el imbécil no había tenido mejor idea que llamarla a las tres de la mañana. Pero en ese momento, en esta reunión, todo su pasado parecía anulado.

¿Lo efímero de la sonrisa oculta lo sangrante del dolor? ¿Cuán buena actriz sos, Antonella? Cuando le hice esta última pregunta a ella, me miró con cara descolocada.

- ¿Actriz? Cuando era chica era buena, me daban los protagónicos. Pero en la adolescencia me inhibí, no sé qué pasó. Me cansé del éxito, jajaja.

- ¿Y ahora te esforzás nuevamente?

Creo que de alguna forma me hacía enojar que ella no dijera las cosas, un enojo que hasta puedo considerar injustificado, pues no tengo derecho a decirle que hable, presionarla para que escupa lo que sea le esté ocurriendo. Lo que no me gustaba no era que no me dijera las cosas a mi, sino saber que no estaba hablando con nadie.

Cuando nos cruzamos en la cocina, encuentro que no me costó forzar, logré que lo admitiera.

- Bueno, no estoy bien -dijo-. ¿Pero qué querés que haga? A nadie le gustaba que yo saliera con él y ahora él está con otra y además se da el lujo de echarmelo en la cara. ¿Qué voy a decirle? ¿Que estoy mal? Que se curta, que vea que yo estoy bien y que no me importa lo que haga.

No me extrañó para nada el proceso que estaba atravesando Antonella. Se dio cuenta de que ahora él tiene chica nueva y entonces le subió la rabia, quiere salir todo el tiempo, es una pila de vida. Claro que eso es todo acting y está hecha mierda. El asunto es convencerla de que no vale la pena que se guarde todo para ella. Todo eso me sonaba demasiado familiar, y sentí el estúpido impulso de aliviarla, como si realmente yo pudiera hacer algo por ella.

- Jim, no te preocupes - dijo Antonella-. La verdad que vos te portaste de maravillas conmigo, sé que puedo contar con vos. La verdad es que todo el mundo me dice que debería haberlo dejado a él hace rato, pues la mayoría de la gente no aprobaba nuestra relación. Y pasamos tantas cosas juntos...

Un minuto después me enteré que dos años atrás Antonella perdió un embarazo de ocho semanas. Mi pregunta fue obvia: "¿Al menos lo charlaste con alguien?" La respuesta no fue menos obvia: "No. Temía que nadie me ayudara con eso, que fuera peor, que me dijeran cosas". Todo su temor me pareció ahora visible, hasta racional, hasta obvio, pude tener una radiografía detallada de lo que le estanba ocurriendo, y a partir de ese momento su sonrisa me parecería más agrietada, menos colorida, como su hubiera perdido aún más su espectro sinfónico.

- Lamento no haber sido más perceptivo entonces - dije, haciendo un mea culpa que nadie me había pedido-.

- No seas tonto - dijo-. Gracias. Sabés que es una mierda, ¿no? La piba tiene fotos con él, ya se la llevó al campo de la familia. Si es así, es porque la cosa viene en serio. Y yo aún...

Le costaba reconocer, articular su debilidad en palabras.

- Aún sigo enganchada con él como una pendejita de quince. Vos decías que sos un pendex inmaduro, nono. Esto que tenés en frente ahora en una inmadura legítima. Pensé que habría códigos, que él me trataría con más respeto.

- No es un tema de respeto, creo. La verdad cruda es que él puede andar con quien quiera, y si te toca cruzártelo, alpiste. En algunos casos no pasa nada, en otros se establece como vos decís, códigos: si uno sabe que va el ex entonces no va con su actual, o trata las cosas delicadamente. Pero no creo que haya mala fe en este caso, aunque sí precisás alejarte de él, borrarlo al menos un rato.

- No puedo, él me busca.

- Hay veces que hay que ser un poco cruel...

- Jajajaja, ¿Como tu relato de la muchacha cruel?

- Por ahí venía el asunto: el egoista, la muchacha cruel y el sobervio. Jamás logré articularlos explícitamente, más allá de ese dislate teórico. Lo que más me importaba era la metáfora del subibaja.

- Lo que a mi me gustaba era el cambio de roles que sugerías. Te pregunto cuál sos vos. ¿El sobervio?

Asentí con la cabeza.

- Creo que ambos somos un tanto duro con nosotros mismos, eso es algo que compartimos, ¿no Jim? En definitiva, será un placer tomar para olvidar. Olvidemos juntos, creo que tu ayuda no me vendrá mal, quizás podamos hacernos reir un rato, espero tus ocurrencias y te ofrezco mis observaciones satíricas, aunque no esté tan lúcida hoy...

Videoteque

domingo, 7 de febrero de 2010

Me vi obligado (por razones ficticias) a asociar un video (canción en verdad) a cada personaje (o lo que sean). Digamos (escribamos) que serían una especie (suerte de) indicador del carácter (o delineamiento), y que no pretenden explicar nada (jamás lo hago, ¿verdad?). Aquí van:

Jim Bentham:
Kashmir - Graceland


Rose Luxemburg:
The Beatles - Can´t buy me love


Rolando Barthes:
Blur - Country house


Antonella Chejov:
Miss world - Hole


Male Ponty:
In circles - Sunny Day Real Estate


Jorge Bataille:
Lord don´t slow me down - Oasis


Bella:
Run baby run - Garbage


Gilles Deleuze:
Aeroplane - Red Hot Chili Peppers


Algo así. Las canciones serían otras de atenernos a Jana, Orlando, Felipe, Zunny, Luna, Valerie, etc etc etc.

Los silenciosos

miércoles, 27 de enero de 2010

I
Fue una noche de verano que Ricardo le insistió telefónicamente a Antonella. Dijo que quería verla y que realmente necesitaba hablar con ella. Visto desde afuera, era un episodio de ficción pura, pues quien hubiera podido verdaderamente relatar todo esto:

II
Esa mañana me había encontrado en la cuadra un pasacalles que decía "Te amo Antonella". Yo había logrado deshacerme de él un poco, estar algo con Oswald. Pero Ricardo siempre se caracterizó por su persistencia.

Me ofreció de pasarme a buscar, pero dije que no, que iba sola. Y si, sé que una no tiene que aceptar ir a cenar a la casa de un ex salvo que esté dispuesta a hacerse cargo de todo lo que pueda ocurrir ahí, porque una da a entender que sí y está mal jugar con esas cosas. Pero de todas formas, accedí porque me da cosa escucharlo a Ricardo así, pidiendome una y mil veces que lo vea.

Cuando llegué a su departamento u toque el timbre me di cuenta de que no tenía nervios, pues estaba segura. Además de alguna forma yo tenái ganas de verlo. Me recibió hecho un señor, arregladísimo y hasta con corbata. En la mesa había velas y sonaba música de jazz de fondo. Claro, ¿qué pensaba encontrar? Ahora todo parece evidente, desde el pasacalles hasta sus llamados a las cuatro de la mañana.

Me senté y se tardó muy poco en la cocina. Cenamos lomo strogonoff. Casi no tomé nota o se me borró de la cabeza en verdad, casi olvidé a Charlie Parker sonando de fondo, casi olvidé que yo me acostaba con ese tipo y que nos habíamos dicho que nos amabamos. Todo casi todo casi, porque al principio él me preguntaba cómo andaba mi vida. ¿Y yo qué le hubiera dicho? Sí mirá estoy con alguien y no sé qué onda. Temía cualquier reacción por parte de él.

Hablamos de todo. De casi todo. Cada tanto el me decía que yo estaba linda. No voy a negar que me había arreglado, pero tampoco era para tanto. Yo qué sé, son de esas cosas que una hace, siempre te fijás cómo lucís cuando vas a ver a alquien que te interesa. Y Ricardo me interesa, aunque no como antes y lo que quieran.

En un momento de la noche me quería ir. Era como si no aguantara más estar con nosotros, él y yo, más por él que por mí o como fuera. Sólo bastaban unos cinco segundos de silencio para hacerme vomitar mis agallas de haber venito. Y ahí...

- Te tengo una sorpresa - dijo Ricardo.

- ¿Ah sí? - temí.

Me dio una cajita negra. No quería abrirla. Estaba ahí, sobre la mesa, a la luz de las putas velas y yo no quería abrirla. Y él me dijo "abrila". Hubiera deseado tener la valentía de negarme, pero la abrí. Anillos de compromiso.

- No... no puedo - farfullé.

- Por favor, te amo - complicó él.

Cerré la cajita y la alejé. Cerré los ojos y me di cuenta que quería llorar, pero que no quería llorar frente a él. Él me miraba, me tomó de la mano. Y largué una lágrima nomás de débil idota que soy, pero quería salir de ahí, fugarme.

- Antonella Chejov, por favor no quiero estar más sin vos. Desde que nos separamos que sufro.

Sufre, todos sufren. Dicen eso como si a nosotras nos costara nada estar un fin de semana con otro. Como si no lo lamentaramos en algún punto, como si no...

- No puedo, no sería honesta, Ricardo. Por favor, deberíamos...

- Es que no puedo renunciar a vos.

Repetí "no puedo" unas quince veces más. Acordamos no volver a hablarnos. El estaba deprimido, triste, destruido, corroido. Hubiera creído que se iba a enojar, pero no, fue tan dócil como un cachorro luego de que alejé esa cajita, me deshice de sus sentimientos como él se deshizo de los míos hacía dos meses ya. Me sentía ignorada y ahora se me propone, hijo de puta.

Así fue como yo adopté esa filosofía que había refutado, el artificio benthamista. Dos semanas antes me había enojado con Jim. No podía entender cómo él la ignoraba de tal forma a Male, como se perdía de hablar con ella si era lo que él realmente quería. Pero ahí estaba yo, la incredula que acataba el mandato de la distancia, que decretaba el alejamiento definitivo y un silencio que atentaba contra mis propia necesidad de ser escuchada.

III
- ¿Anillos de compromiso? - se sorprendió Bentham.

- Si, en una cajita negra. Me los ofreció con cara de perrito mojado.

- Ese pibe entendió las cosas para el otro lado me parece. Hiciste mal en aceptar ir a la casa de él a cenar. Si te tenés que juntar con tu ex, debe ser un lugar público y neutral, corazón.

- Sí, pero me insistió tanto. Y además me da pena.

- Vos me decís que soy cruel, pero creo que para algunas cosas es imposible ser buen tipo. Y vos me decías que no podías creer cómo yo era tan forro, mirate a vos ahora. You mix love with pain, add a little fear, you got silence.

Funny thing about love is that it proves how stupid we are in no time, as a surprise, in our own original & branded way.