I
- Gracias.
Él le tendió las medialunas, mientras ella se sentaba con su café de media mañana, en el salón de profesores.
- ¿Cómo andás? - dijo él -. Estos niños te tienen bastante atareada me parece, siempre revisandoles la tarea. ¿Cuándo les tomás examen?
Jackie sonrió. Él la buscaba desde hacía rato, era un muchacho muy atento que usualmente la acompañaba cuando ella se sentaba un rato entre clases a descansar y beberse su cafeina. De a ratos le resultaba un poco denso. Él ya le había avanzado en tres oportunidades, pero siempre se las había arreglado ella para escabullirse.
- ¿Vas a ir a la fiesta de los chicos un rato?
Jackie se imaginó en el colegio de noche, en una fiesta rodeada de chicos de quinto año. Son chicos muy buenos, algo quilomberos de a ratos pero es la edad. La imagen no la convenció.
- No lo sé.
- Yo tengo que venir a supervisar el asunto. El año pasado armaron un lío de aquellos en al de fin de año, llenaron de plasticola las cerraduras y le pusieron a Alberto "monigote puto" en toda la pared del laboratorio.
- Monigote... - rió Jackie, mientras mojaba una medialuna en su café-. Pobre Alberto, es ortiva pero es buen tipo.
- En una de esas podés pasarte un rato así tengo con quién charlar, además de Agueda y Osvaldo, que me aburren un poco. Necesito algo de compañía joven.
- Em. Gracias, pero no creo. Bah, ¿puedo venir con alguien? Aunque no creo que logre convencer a Jim de que venga a una fiesta de secundario, además de la cantidad de cargadas que me van a hacer los chicos.
- ¿Jim?
Jackie no tentendía por qué ese tipo era tan insistente y precisaba que fuera tan explícita en su "no". Lo peor es que el tipo ya sabía que ella no estaba sola, pero resulta que ahora sabía el nombre. Justo los dos aparecieron al mismo tiempo, pero a Jackie le gustó antes la torpeza de Bentham que lo encarador de este otro muchacho.
II
- Es que vos me odiás.
- ¿¿Ah?? - dije descolocado.
- Eso. Me tratás mal, siempre a los demás los ayudas y a mi me contestas mal.
- Para nada, fijate que con todos soy igual de mal tipo. Pierre, Geraldine, con quien sea. Ahora, que me llames cincuenta veces por día con porque no querés aprender a resolver tus problemitas con el Flash rompe las pelotas, claro.
- Bueno, está bien. Si te ponés así dejá no me ayudés más. Y perdón eh.
Me fastidia tener estas conversaciones con ella. Son innecesarias. Lo peor es que nos llevamos bien, aunque ella siempre es muy arisca, no te saluda ni el día de tu cumpleaños. Según lo expresado por Guy en otro tiempo y espacio:
- Sencillo: está con vos. Entonces te provoca. Hacen eso.
- Claro, sé que hacen eso. Pero bueno, ya en su momento no pasó nada, que la corte. Tendría que pasármela hablando de Jackie en la oficina a ver si así se le cura.
- ¿Qué? Quizás con eso agraves todo, porque le va a dar bronca.
- ¿Bronca? O se da cuenta de que no estoy disponible.
- Yo igual a tu compañera le hubiera dado, total no tenías compromisos.
Eso: estoy involucrado en conversaciones que no me interesa tener. Guy se caga de risa, mientras la otra se queja de que no la ayudo. Y Jackie probablemente tenga a todo quinto B atrás de ella. En fin, la puta madre.
Mientras desde el otro lado de la oficina trabaja ella, que en algún momento podría haber sido una aventura pero por cierta inmaniobrabilidad mía, no. Y justo cuando debería haber pasado, mi alejamiento fue fatal. Quizás sea eso lo que le jodió.
III
- Hola - saludó Bentham-. ¿Cómo le va profe?
- ¡Aló! - dijo Jackie-. Ahora sos profe vos. Ojo con levantarte alumnas.
- ¿Yo? No me levanto ni a la mañana. De alguna forma te tengo engañada a vos, así que me hago el sota. Vos debés tener levante en el colegio.
Jackie pensó que Bentham no sabía acerca de su compañero de trabajo. A Jim lo recorrió una especie de risa caradurística, ¿era verdad que no había nada que contar? Deberíamos reducir todo a un chiste y ya.
- Uh, tengo un compañero de trabajo que está denso, corazón - dijo Jackie.
- Ok, contame. Y yo te cuento de mi compañerita.
Jackie miró seria.
- Nada nada, vos contá primero. Pero no te preocupes que no es en serio. Yo igual no me pongo celoso, lo juro.
De levante
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Indy
- Dale, es mi ídolo.
- Mmm, pero no me convence.
- Daleeeeeee. Hace mucho que no veo ninguna, la primera es buenísima.
- Seguro que no me va a gustar - dijo ella.
- ¿Como no te va a gustar? Es el arqueólogo más cool del mundo. Es un aventurero muy sabiondo, ese tipo enseña historia y además es el protagonista.
Jackie miró con cara extrañada.
- ¿El arqueólogo más cool del mundo e?... - contestó.
- Cuando sea grande quiero ser como Indiana Jones.
- Igual, parece la típica película pro yankee donde ellos son los buenos y salvan al mundo de los nazis.
- Sí. Y en la cuatro Indy se la pasa diciendo "Commies", por los rusos. Es genial. Podemos personarlo, es un personaje excelente. Además es coherente con el momento histórico en que se sitúa.
Jackie no estaba convencida. ¿un viernes a la noche de Indiana Jones? Ella prefería ver La Naranja Mecánica pero yo dije haberla visto oooootra vez hacía tres semanas.
Le pintó negociar. Para mi tenía todo planeado desde el vamos:
- Bueno, vemos Indiana ok. Pero la próxima vemos algo que yo diga. Suponete, podríamos ver El Imaginario Mundo Del Dr. Parnassus. Ya que no me acompañaste a ver Alicia. Sos un tipo anti cuando querés eh. Ahora está Robbin Hood.
Puse cara seria. Corté todo humor que pudiera estar teniendo la conversación, toda irrelevancia.
- Bueno bueno, tengo una confesión a tal fin ponele. Espero no te caiga mal.
La sonrisa de su cara fue bajando, como si se enfriara todo.
- No veo Lost, jamás lo vi y no me interesa que haya terminado - dije.
- pfff, ¡pensé que era algo serio salamín! - me empujó -. Yo tampoco, apenas sé de qué se trata, creo que es una remake de La Isla de Gilligan. Somos antis entonces, pero te voy a llevar al cine aunque te resistas, ahora me debés.
Yo estaba emocionado nomás porque ibamos a ver Indy.
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¿Cuándo pensabas decírmelo?
I
- ¿Y cuándo pensabas decírmelo? - dije.
II
Ella me dijo que dale, que fuera, que era una fiesta de su colegio y que iban a ir las amigas y quería que yo las conociera. "Así conocés a las chicas". Argumentó que podía invitar a mis amigos, que le dijera a Jorge y Gilles que habría chicas solteras, que sus amigas eran todas lindas y sólo dos tenían novio, además dijo algo así como:
- Dale, vos porteñito, salite de capital un poco, hay vida después de la General Paz-
- General Paz. ¿No es contradictorio? Un general que se llame Paz? Yo la verdad es que no comprendo, o sea, evidentemente en su nombre ese muchacho portaba otra vocación, no la de general.
- Tonto. Dale.
Arribé a casa de Jackie a eso de las diez de la noche, luego de un viaje en colectivo que pocas veces hago porque generalmente viene ella para casa. Justamente eso fue un argumento para que yo esta vez tuviera que moverme un poco para su lado, que tuviera que irme para el bajo, Avenida Libertador, Pelliza, Maipú y toda esa geografía que ya no frecuento tanto. Así que le dije a Jackie que contara conmigo
Jorge recibió la invitación con alegría. Gilles rápidamente improvisó cómo deshacerse de sus compromisos. Sorpresivamente Guy se prendió, como vive cerca fuimos juntos a cruzar la frontera de la capital con esa cosa lejana que es provincia. La conversación en el colectivo fue:
- Es que dijo que quiere que conozca a las amigas.
- Bien - dijo Guy-. Eso significa que está con vos, bien bien.
Reí.
- Posta. Si quiere que vayas para presentarte es que está todo bien. Más allá de que no hayan formalizado nada, significa que sos "presentable". Es un tema, en cualquier momento te presenta a los viejos.
- Es el tema. En algunas cosas se comporta como si fuera una novia, pero cuando hablamos del tema pareciera que se frikea, que le da miedo. Parece que le metieron los cuernos unas cuantas veces y yo estoy pagando la factura de eso.
- Mmmm, llamativo - observó Guy-. Tenés que luchar contra su complejo de inseguridad.
- El otro día me preguntó si Antonella y yo fuimos novios.
- ¡Apá!
- Sí sí, pregunta peligrosa, porque es un ni. No fuimos novios pero en fin, alguna cosa pasó. Y ahora nada lo juro.
Esta vez se rió Guy.
- Más allá de nuestros comentarios, es gracioso como ahora te defendés automáticamente del nombre de Antonella. ¿Cenaron el otro día?
- Sep. Pero dejate de joder. Con Jackie es como si en la práctica fueramos novios, pero al momento de ponerle esa etiqueta le diera miedo. Pero que ni se me ocurra siquiera mirar a otra eh. Es una especie de contrato de exclusividad undercover el que tenemos.
- He escuchado del asunto. ¿Ella no anda con nadie más?
- No creo, no está en su carácter. Está bien que es popular, pero no da con el target. Es hasta tosca de a ratos, tendría que ser demasiado buena actríz para montar algo así.
Nos bajamos en Libertador y Corrientes, para caminar dos cuadras y dar con el departamento de la señorita Rousseau. Ella nos recibió.
- Hi sunshine. Hola señor Debord, sea bienvenido a mi humilde morada. Sé que se siente lejos de casa, pero haga de esta morada su morada. Tengo una amiga que creo que es para vos.
Jackie estaba muy espléndida, muy radiante, su personalidad se exteriorizaba más que nunca. Al rato cayeron los dos provincianos de Jorge y Gillles.
- Me costó un Perú borrarme de la cena de aniversario de mis suegros, pero todo sea por el rockanrol - comentó Gilles.
III
San Isidro. Sí, ya lo sé, Sunshine. No te gusta juntarte "con esta gente", pero vamos, es divertido. El barman le tira onda a Jorge, es un cago de rida. Mi amiga Emily dice que tu amigo es lindo, avispalo un poco.
Ahora bien, vos te hacés el sota pero viniste bestidito para la ocasión. Me gusta como te queda la vamisa negra con la remera roja, está bueno el contraste. La primera vez que te vi vestido así me la quiero olvidar, claro, pero ahora todo bien. ¿Me vas a ayudar a convencer al DJ de que pase Un Poco de Amor Francés? Así bailamos un rock n roll.
No. Es cualquiera eso que decís, la Stout no es cerveza de mina. Y yo no soy una mina, las anteriores serán minas, pero yo no soy "tu mina". Te hago enojar y entonces te abrazo mientras bailamos y me gusta arrinconarte, y a vos te encanta sacarme de la pista, llevarme por ahí y que nos demos besos.
Jorge es un tipo macanudo, aunque tengo que opinar que debería agilizar sus trámites. Además, está hablando con mi amiga equivocada, porque la que le tiró onda es la otra. Todos están aquí, gente que no veo hace mil quinientos años, que no sé nada. Eramos tan jóvenes, ahora tenemos todos treinta.
Sos muy gracioso cuando bailás reggaetón. Pero bien, o sea, te hacés el payaso, pero no te movés tan mal. Te enseño a dar la vuelta, te enseño a cruzar los brazos por arriba y girar, pero vos me senseñás a quedar en cada accidente cara a cara, demasiado cerca como para...
- Hola, ¿qué hacés? - saludé.
- ¿Cómo andás tanto tiempo? - dijo Justine -. Y hola vos, mirá dónde te vengo a encontrar.
¿Justine conoce a Jimmy?
- ¿Cómo le va, arquitecta? - dijo él-. Aquí Jackie me estaba enseñando a bailar, porque la verdad que mis habilidades no existen al respecto.
- Claro, veo que nada a cambiado en este tiempo - le contestó Justine.
- ¿Ustedes dos se conocen? - dije.
- Pues claro - dijo Justine -. Si el vivía por Olivos y además supo frecuentar el bar del socio de Pepe. Licenciado Jim Bentham. Bienvenido a nuestra fiesta del Florida, siéntase como a gusto por favor. Y trate de no iniciar la paranoia en el loca, no vaya a ser que terminemos en un poco gracioso simulacro de incendio.
Jim sonrió. Comentamos dos o tres detalles más. Luego Justine se retiró.
- ¿Así que conocés a Frischmann? - pregunté- Qué pequeño es el mundo. Ella era de otro curso, algo traté con ella de pequeña, pero no demasiado. Digamos que ella es más de la onda artística, de dibujo y pintura. Y yo me dediqué a letras y leer y escribir.
Jim puso cara rara. Noté que no sólo saludó a Jim, sino que conocía a Jorge y a Gilles, con los que se quedó hablando más tiempo y riendo tendido. Pensé que era solo para dejarnos solos, pero no era solo eso:
- Digamos. Justine y yo salimos juntos, debo decirte - dijo Jim -. Fue hace años ya. De hecho me la encontré el otro día en el recibimiento de Jorge.
- ¿Y cuándo pensabas decírmelo? - dije.
- Que Jorge se había recibido o que Justine y yo tenemos una historia?
Estúpido.
- Bueno, te lo estoy diciendo. Justamente porque no tengo nada que ocultar, es una cosa del pasado. Justine efectivamente como dijiste, es bastante diferente a vos.
IV
Al otro día, hablando con Guy:
- Creo que está enojada, o molesta al menos. Desde que se lo dije esa noche fue como que se alejó, me trató con distancia. No sé si le molestó enterarse de esa forma o que simplemente yo hubiera estado con una conocida de ella.
- Sea como sea - dijo Guy -, evidentemente tiene celos.
- No por favor, ya para celos estaba Bella. Ella odiaba que me pudiera encontrar con Justine o cualquier referencia a Male. No le gustaba siquiera que las viera entre amigos. ¿Jackie también?
- Imaginate que Jackie no quiera que veas ni a Justine ni a Male ni a Bella. Vas acumulando prohibiciones.
- Quiero creer que Bella era excesiva, que Jackie no me va a decir que no les puedo siquiera hablar.
- Eso es tu culpa che, no aceptes esas condiciones.
- No las acepté. Aquí estoy pues. Pero Jackie, no me lo esperaba de ella, sobre todo con su dificultad con ciertas etiquetas y nomenclaturas.
- Women! Jim, relax. Seguro se le pasa.
- Sep. Igual Justine es una bomba de tiempo, vaya a saber lo que le dice. "Hola Jackie, mirá, Bentham blablero blabla".
- Dejalo che. Ya está. Jackie está con vos, aunque le cueste decirlo con todas las letras, pero cuando te fuiste al baño una de las amigas le preguntó si eras el novio, y ella dijo que sí.
- La puta, ¿y cuándo pensabas decírmelo? - dije rabioso.
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Etiquetas: bentham, frischmann, rousseau
Vereda / Habitación
[Breve ejercicio de redacción pedido por la profe:]
Soy tan poco observador que no noté que hay un auto oxidado estacionado frente a casa desde hace tres años. También tardé en darme cuenta que el almacén de la esquina, apodado "La Mugrecita", cerró. Las estrella del cielo son apenas visibles, debido al smog de la ciudad. Se pueden ver algunas, pero no me sé los nombres y mucho menos las constelaciones a las que pertenecen.
Las hojas se acumulan en las veredas, porque ahora es otoño y entonces todo luce como un tapizado de diferentes matices de marrón. Hojas por doquier, la plena expresión del caos de la vida sin un orden racional.
Creo que noté que ella ya no dejaba su Ford K estacionado en la vereda de en frente como un mes después de que habíamos dejado de salir. Pero eso no significa que sea un tipo desatento, eh, pues conservé sus desodorantes femeninos en la repisa de mi habitación como seis meses, esa habitación que tiene estrellas fluorescentes en el techo que forman constelaciones que yo inventé. Las cuatro estrellas en línea son la defensa de Racing en el 78.
En la pared tengo la foto de un Chevy Corvette rojo modelo 1957, impacable. Nada que ver con la chatarra oxidada que está frente a casa. Y acá todo es limpio, no como en el almacen de la esquina. Las hojas están perfectamente ordenadas en la biblioteca: Autor por autor, Merleau en la esquina opuesta de Sartre, Chejov y Dostoievsky vecinos. Rayuela cambia de lugar de vez en cuando, y cuando ella se llevó el Ford K creo que se quedó con mi copia de Todos Los Fuegos El Fuego.
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Café sin animalitos
[¿Una contrapartida de "Animalitos al café"?]
Cuando Jackie entró al Coffee Store el lugar le pareció tremendamente lleno de nada, con todas caras particularmente irreconocibles y un ruido de ambiente que silenciosamente se le fue colando por los huesos. La cara de Jim se le hizo presente al fondo en una punta del local. Era como si él hubiera decidido ubicarse en la esquina del cuadrilátero. Tenía un poco de nervios.
Allí estaba él. Seguramente había llegado temprano, fiel a esa tradición inevitable que lo hace ser quien es. Tenía unos papeles sobre la mesa, evidentemente escribía algo. Ella también había optado por la fidelidad de llegar tarde y enviar un mensaje de texto excusándose por el restraso.
¿Qué era él? Jackie había elaborado una especie de teoría dicotómica en la que Jim era:
- Seguro de sí, de a ratos inestable
- Atento, pero repentinamente colgado
- Impulsivo, pero altamente atado a sus grillas de análisis
- Modesto y a la poseído por la soberbia
- Muy dulce, capaz de convertirse en un iceberg
- Alegre y siempre listo para perder el sentido del humor
Al acercarse esperaba una mirada indiferente. Contrariamente, Jim sonrió al verla, cuando vio su pelo largo acercarse, su pollera roja con calzas negras, su bufanda negra y su morral que en esa ocasión contenía un libro de Gustave Flaubert.
- Hola – dijo Jim después de once días de silencio.
- Hola – contestó ella con una sonrisa que mezclaba la alegría con la tristeza-. ¿Llegaste hace mucho?
Para Jackie este tipo de encuentros se le hacían ridículos: la conversación previa, el “cómo te va”, “¿fuiste al cine?”, “¿qué libro estás leyendo?”. Sabía que Jim pensaba igual, que si alguno de los dos arrancaba la conversación con temas menores y triviales, al otro se le pudría el carácter. Así que sin vericuetos, Jackie dijo:
- Sé que me querés. Mi problema es que a veces me da la sensación de que te olvidás de mi, otras veces me siento opacada por vos. Tu cabeza piensa demasiado, como la mía. Y yo sé lo que pienso, pero vos…
Él la miró prestándole atención, cosa que sólo agravaba los temores de Jackie. ¿Qué se le cruzaba por la cabeza? Los silencios de Jim era más arrolladores que sus palabras, se defendía mejor no demostrando nada, entonces:
- … mandante, ni nada de eso. Sencillamente … Por favor, hablá vos.
- ¿?
- Que hables, quiero escucharte. Estás callado y no sé si me vas a putear o qué pero quiero saberlo ahora.
Jim recordó cómo Bella en su momento le confesó que sus silencios le daban temor, porque “no sé qué decirte ni cómo tratarte cuando te ponés así”.
- Ahora… me alegro de verte. Aunque duele que te ausentes así como así, pero creo que vos dijiste lo mismo de mi. Por lo tanto, el cuchillo corta según quien de los dos lo tenga por el mango.
Jackie escuchaba como Jim declaraba con una solemnidad poco frecuente en él de la que deseaba que se deshiciera. Justo apareció la camarera.
- Yo quiero café de jaba con leche.
- Tomaré lo mismo que la señorita, pues es especialista en el tema. Le gusta esgrimir sus conocimientos al respecto. Agregaré unas medialunas, nada más.
Ambos sonrieron. La camarera se fue.
- Eso.
- ¿Qué? - dijo Jim haciéndose el tonto-. Ah, ¿mi capacidad de intervenir con un dislate en una situación un tanto delicada, tensa o sencillamente inoportuna? Lo lamento, no puedo evitarlo, me gusta desvariar un poco.
- Lo sé. Hay momentos en que eso me encanta, lo juro. Otros momentos donde desearía que te quedes callado, que no te tiente tanto el dislate.
- ¿Tanto te molesta?
- Un poco, a veces. No siempre. Más de una vez me has agarrado desprevenida y me sacudiste una sonrisa.
Jim recordó exactamente lo mismo acerca de Jackie: aquella vez en el teatro donde más que una profesora parecía una colegiala promedio diez, demostrando a todos los asistentes que ella ya había apagado el celular y estaba sentada y lista para que comience la función.
Arribó la camarera con ambos cafés de Java. Por más que no había pedido, Jackie se vio tentada por las facturas. Ella no era cabeza dura, no costaba tanto sacarle lo que le pasaba por dentro. Era como si titubeara pero al rato nomás lograra, como si se tratara de algo inevitable decir lo que le pasaba y no tuviera reparos en retractarse de lo dicho.
- Soy un tipo inconstante, lo sé -retomo la conversación Jim-. Pero eso no quita el hecho de que la paso bien con vos y que no sos una carga ni nada por el estilo. En cuanto a lo de demandante, bueno, todo encuentra su equilibrio.
- Jim, me gustás en serio. Pero no sé qué somos, qué podemos llegar a ser. Te estoy contestando con imprecisiones, claro. Es que me siento así, quizás sea por mis historias anteriores o porque aún me falta conocerte, quizás sea porque yo tengo que resolver sosas.
- No te preocupes por las imprecisiones. Sería estúpido de mi parte pedirte eso.
- Siento como que qiuero estar con vos pero no estoy preparada. Y me da la sensación de que a vos a veces te pasa lo mismo, que sentís una cierta reiteración entre nosotros.
Se miraron dos minutos en silencio, como si ambos tuvieran que procesar la idea de que no dejarían de verse pero no estaban resolviendo nada. Como si ambos precisaran liberarse del otro pero sin despedirse, sin dejarse ir, sin soltarse de la mano.
Jackie tomó café. Luego observó de reojo los papeles de Bentham:
- ¿Cómo te está yendo en el taller? ¿Puedo ver?
- Es una miniplay que llevó días sin poder terminar.
Jackie tomó uno de los papeles mirando a Bentham fijamente. Era increíble cómo podía pedir permiso con la mirada. Jim quería escuchar su opinión, sobre todo de los roles asignados.
- ¿Un mendigo? ¿Tu personaje es un mendigo? - dijo Jackie -. ¿Y Jorge es un Rey? -río.
El clima era agradable, como si ambos hubieran logrado una temperatura ambiente realmente cómoda. Jim no tuvo más remedio que decir lo que tenía preparado:
- Creo que vuelve aquella obra de la que te hablé. Iré a verla probablemente este sábado. Si de casualidad te encuentro ahí, no querra decir necesariamente que viniste por mi o conmigo, pero estaríamos juntos. Casualmente, digamos.
Jackie rio y se dieron un beso.
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Los entrometidos
I
Una serie de cruces, ocurridos casualmente todos en corto tiempo y en un mismo lugar:
II
Esperabamos la salida de Bataille, que estaba pronto a recibirse. Nos encontrábamos aprontados en la puerta del aula 124 del Pabellón III de Ciudad Universitaria, con huevos, harina, vino berreta, vinagre y otras cosas sabrosas. Jorge no había querido ver a nadie antes del exámen.
Deleuze era de los más emocionados, iba y venía para todos lados, quería traer más huevos porque decía que eran pocos. Era la previa a una fiesta, pero:
La novia de Deleuze, Clarisa Lispector, estaba cumpungida sentada en el piso, a un costado de la puerta del aula donde rendía Bataille. ¿El problema? No soportaba que la ex novia de Gilles estuviera presente. Peor aún, sufría porque ellos se ponían a hablar.
Gilles hablaba con su ex, largo y tendido, como si no se vieran hacía años. Lo cual era verdad, pues más allá de que vivan en frente, hacía años que nadie sabía mucho de Angelina. Desde el piso Clarisa observaba. Odiaba a Angelina, no la soportaba, se paseaba tan impune por el Pabellón III, Gilles le prestaba tanta atención. Claro, total a él qué carajo le importaba, él había estado con ella, ahora era su novio. Él estaba en ventaja, las conocía íntimamente a las dos, sabía todo sobre las dos.
- Creo que le otorgás demasiada importancia - le dijo Jim a Clarisa-. Hace tiempo que estuvieron juntos.
- No me pasa nada.
- Vamos, tenés los ojos rojos.
- Es que no me da bola. Le habla más a ella que a mi.
- Igual -dijo Clarisa resentida -, vos no sos quién para decirme que me tome las cosas a la ligera, te recuerdo.
Bentham se hartó de hacer de soporte técnico a una mujer con la que ni siquiera tenía gran trato, así que optó por irse y ya.
Algo de razón tenía. Gilles parecía demasiado dedicado a Angelina. Pensé en enviarle un mensaje para avivarlo, pero solito se dio cuenta de que su novia se sentía más abandonada que perrito de la calle.
- ¿Qué pasa corazón? - dijo Deleuze, sentándose junto a ella y abrazándola.
- Quiero que se vaya.
- Pero corazón, ella es amiga de Bataille. Lo que importa es la recibida de Jorge, nada más. No le des bola.
Es probable que Clarisa no le haya podido quitar sus ojos maliciosos de encima a Angelina en toda la noche.
III
Ciudad Universitaria es grande. Pero aún así, si hay alguien a quien me podía encontrar era a
Justine.
- ¿Así que Jaqueline Rousseau es tu nueva novia?
- No estamos de novios. Simplemente salimos - contesté defendiéndome innecesariamente.
¿Será posible que Justine conozca a Jackie por el solo hecho de vivir ambas en Olivos? ¿Serán compañeras del secundario? ¿Irán al mismo almacén? Así tan frontal, Justine había venido a hablarme. A mi no me interesaba en lo más mínimo, pero ella con total impunidad se presentó y me saludó. Todo esto en la previa a la recibida de Bataille.
- Así que no es tu novia... Claro. Una fija - dijo Justine, guiñándome el ojo.
Iba a decirle que no era así, que simplemente quizás estabamos en el estadío previo a ponernos en serio, o quizás no. Que todo es relativo y volátil con Rousseau, que somos dos juntos y a veces separados. Pero me di cuenta de que no tenía por qué darle explicaciones.
- En fin... Pensé que vendrías a dar clases los miércoles. Veo que te cambiaron de día.
- Sep. Echaron al ayudante que estaba en la comisión de los martes. Se puso a salir con una alumna y se armó quilombo. Tenemos un jefe de cátedra bastante conservador. ¿Cómo va la banda?
¿Cómo mierda estaba enterad...? Claaaro... Pero qué tipo pelotudo que soy. Víctima de un laburo de contrainteligencia. Por más de que yo no pregunte por ella, Justine mantiene cierto contacto con gente de mi entorno.
- Ahí. Sólo preparamos un minishow, en cuando hagamos eso automáticamente la formación queda disuelta.
- ¿Disuelta? ¿O sos tan soberbio que por el sólo hecho de que tu salida desecadenará la disolución?
- Debo admitir que tenés razón. Reformulo tomando tu versión: luego de que toquemos me abro. Que el resto haga lo que quiera.
- ¿Puedo preguntar por qué esa inconstancia? ¿Por qué esa necesidad de desarmar lo que hacés?
- Solo sí puedo preguntar por qué te interesa tanto que yo desarme o rearme - retruqué un tanto cansado de la indagatoria.
- Debo ir a clase, hay entrega. En fin, bueno nos vemos. Ah, y felicitaciones por tu recibimiento.
Justine lucía soberbia, se alejó cruzando el patio central del tercer pabellón. Era evidente que había preguntado por mi, sabía cosas que no podía saber.
IV
Yo no quiero que venga nadie, no quiero ver a nadie, me tomé como cincuenta tés de tilo y estoy un tanto tranquilo. Camino para todos lados, pero es sólo por divertimento. Lo vi a Deleuze dando vueltas, ¿estará el resto? Los mato.
Y vos decime, ¿será posible que vos también te recibas el mismo día que yo? ¿Será posible que arquitectura legal se rinda en el mismo momento que Diseño Editorial? La puta madre, Sontag, pareciera imposible liberarse de vos.
Yo en el aula 124. Vos en el aula 122. Increible parece.
Yo te vi, vos me viste. ¿Estamos ofendidos? Vos porque te tiré un balde por la cabeza, yo porque siempre fuimos sólo amigos. Podriamos haber coordinado para ni cruzarnos. Y escuchame vos, Deleuze, ¿por qué mierda vas y la saludas? Estás acá por mi, no por ella, se sabe ya. No me importa que ella se reciba el mismo día que yo.
Y esto de tener que esperar dos horas en la puerta de un aula para rendir es una mierda. Y tembién es una mierda que me tomen escrito y luego oral. Probablemente Susana defienda un trabajito que entregó hace dos semanas y como además tiene todo promedio diez, está todo resuelto.
Pero yo, estoy al horno. Hola Justine, qué hacés. Sí, voy a dar mi último final, así que quizás me reciba, aunque... Sí, se recibió hará unos meses, si a mi me va bien nos ponemos a full con la banda. ¿Vas a dar clase? Tratalos bien a tus alumnos, mirá como sufrimos. No tiemblo de nervios, tiemblo por las esperanzas. Chau, sí, nos vemos claro.
Ahora me pasás por al lado. Mirá, yo soy menos cabeza dura que vos, te saludo. Hola, ¿cómo andás? Te saludo porque sé que no querés que te salude.
Y mirá que lo ensayamos eh:
Hola me dijo sorprendida Susana, como si nunca me hubiera visto. Yo le dije que la había visto, pero pensé que no quería que le hable. Ella mintió y dijo que no, que nada que ver. Yo le pregunté qué rendía, aunque ya lo sabía por Bentham. Ella dijo que Diseño Editorial. ¿No es esa la materia que da Justine?
En qué andás me preguntó ella. Yo contesté que me recibía. Ella también me dijo que se recibía. Y entonces le pregunté si estaba con alguien. Se tomó la pregunta para el orto.
Justo me llamaron. Entré, se presurizó el aula. Comencé a escribir, escribí como un frenético. Oral luego. Se me perdían las palabras, le decía "no sé" a la profesora. La mina me decía "pero lo dijiste recién", se me mezclaba todo. Una piba que estaba rindiendo en una mesa de más adelante se desmayó, entró el médico. Yo dije algo de la legislación sobre los pulmones de manzana. Me habían preguntado sobre espacios verdes.
Seis.
V
Alzamos entre todos a Bataille, recién recibido. Alguien le pasó la maquinita de cortar el pelo y cayeron uns mechones. Lo sacamos del Pabellón III, bajó las escaleras rápidamente y los huevos comenzaron a lloverle, la mayoría errando.
En menos de cinco minutos Bataille era un enchastre de huevo, harina, ketchup. El vinagre le picaba los ojos. Le tiré medio litro de Termidor en la cabeza: el peor olor del mundo. Polenta en sus pantalones. Mi remera parecía un batik, aunque Gilles estaba peor: parecía que él también se había recibido.
Alguien le alunizó un huevaso de Angelina en la frente. Sonó duro.
Justine me saludó saliéndo del Pabellón III, por las escaleras. La perdí al instante.
Sontag escapó sutilmente por la otra escalera, la vimos alejarse: no quería terminar hecha un enchastre, y sobre todo ser atacada por el gran enchastrado.
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Cómo echar a perder una miniplay
[Borrador de hace tres semanas]
Just came up with...
I
Totalmente me olvidé de llegar, lo que equivale a no haber estado. También podemos decir que se trata de fallarte otra vez o de haber generado una ausencia que te dolió de momento. Y uno no se da cuenta cuando está ocurriento todo, sino hasta después de,,,
II
Cuando Bentham llegó el número de ella ya había pasado. Pensó reconocerla detrás del telón espiando, pero no estaba. Entonces se quedó al costado de las gradas, donde estaba sentado el público. Se encontraba en el pasillo, el lugar de la gente que no tiene lugar. Algún asistente de producción pasaba de vez en cuando.
Las piernas le molestaban, no quería estar parado. Podría apoyarse, pero no era lo mismo. Y sentarse no, pues entorpecía el paso. ¿Cuánto faltaría? Del escenario eran dueños un grupo de batucada. Luego hubo un numerito de tango medio actuado que a Bentham le llamó la atención. ¿Habría un programa, para ver si Jackie ya pasó?
Pasó otro número danzante de gentes pintadas, pazó tambien una payada que sonaba al Martín fierro. Y realmente Bentham recordó como le gustaban esos pequeños espectáculos, esos momentos de una simpleza tan complicada de lograr.
III
De repente todo era un tremendo lío. Tenía que estar en cuatro lados a la vez, maso, y mi capacidad de diagramar la vida evidentemente está desdibujada o lo que quieran.
La noche anterior había sido el cumpleaños de una amiga de Antonella, y me ocupé de marearme lo suficiente como para no poder dormir en toda la noche. Mi estado era catastrófico, y para colmo de males me pasé el día afuera.
Al acostarme un rato a la tarde, me ocupé de detonar mi cabeza con algo que me garantizara dormir. Pocas veces hago eso, pero cuando lo hago, es en fechas críticas y por lo general llego tarde a lugares. Por ejemplo mi propio cumpleaños. O mi fiesta de recibimiento. O el casamiento de mi prima.
IV
Al final la vi bailar un poco. Era el otro número que me había comentado, donde la participación de ella era más secundaria. Pero al menos logré verla. Era danza-teatro, según decían.
Introducción, una muchacha sentada en el suelo triste. Llegaba el muchacho y contentos bailaban. Entonces un señor mayor, el padre de la muchacha asumimos, aparecía y los apartaba. Entonces él se retiraba dolido. El padre regañaba a la hija, esta quedaba llorando. Entonces aparecían las amigas, una de las cuales era Jackie, para reconfortarla. Escondido aparecía el muchacho, y volvían a verse. Ahí las amigas se retiraban. Entonces se escapaban, y al padre al llegar y no encontrar a si hija, iba a perseguirlos. Al encontrarlos, el padre y el muchacho peleaban con cuchillos. El padre lograba herir al muchacho, que quedaba tendido. Ella se interponía entre los dos y recibía del padre una herida. En los brazos del padre, la chica le hablaba, tomaba la mano del muchacho. El padre los abrazaba a ambos.
Un breve pero interesante plot, pensó Bentham. Cuando el staff escénico salió para saludar, Bentham estiró los brazos con esfuerzo para que Jackie notara su presencia. Al final lo miró como si no hubiera visto a nadie.
V
- No te preocupes - dijo Jackie con evidente desgano de hablarme.
- Es que realmente no pensé que... esto no me pasaba desde hacía dos años.
Jackie no me miró. Ella no me decía nada, y eso me resultaba preocupante.
- Me imagino que es mi culpa - dijo dolida, pero no enojada-. No era importante, total no...
Claro que era importante, claro que lo era. Justo cuando pensé que encontré a alguien con quien entenderme en todos mis implícitos, ocurre esto y se me pasan las cosas de largo. Ahora no sé cómo viene la mano.
Por más que Jackie diga que ella tiene un humor de mierda, se trata más de lo contrario. A veces creo que es incapaz de enojarse, que es la maestra buena onda. Me cuesta imaginármela retando a chicos, pero veo que su mecanismo es más complejo.
- No me debés nada, todo bien. Si no llegaste no llegaste.
Era un reclamo fuera de lugar pero completamente pertinente, totalmente ubicado, perfectamente elaborado. Si algún derecho tenía de opinar al contrario, lo había perdido desde el momento en que me había demostrado más que interesado en acudir a verla. No porque faltaran ganas, sino porque evidentemente me faltó... sueño.
Fue ahí que comenzaron los problemas de nomenclaturas. ¿Qué somos? ¿Pareja, novios, amantes, amigos con derecho a roce? No, Jackie y yo no podemos ser amigos, podemos estar en el marco de lo indeterminado pero sé qué no somos, aunque no sé qué somos.
- Voy a tomar algo con los chicos. Si querés podés venir.
Fui, pero me sentí tremendamente fuera de lugar.
VI
El gran problema es una cuestión de medios, que siempre claro, conllevan fines. La alteración artificial por la toma de una pastilla tiende a la misma que ocurre por medios naturales.
Barthes diría que el efecto eso el mismo: un anestésico. Pero dirá que no es lo mismo una anestesia "natural", el sueño, digamos, a una anestesia totalitaria, inyectable.
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No te duermas y llamala
Cuando Jim se despertó estaba tirado en el medio del living. No sabía cómo había llegado allí, aunque sí tenía por certero que se había acostado en su cama. Cuando en su mano descubrió su celular apagado, sobresaltado comenzó a revisar el historial de llamados. Nada. Llamó a Jackie.
- ¿Hola?
- Sí, perdón. ¿Hablamos ayer? - dijo Jim.
- No. ¿Qué ocurre?
- Me desperté con el celular en la mano, se ve que lo agarré dormido. Pero no llamé a nadie ni nadie me llamó. Estaba apagado, pero no recuerdo si lo apagué yo antes de dormir o...
Antonella escuchaba todo y pensaba que en cuanto le dijera a Jim que vaya al médico, él la mandaría a cagar.
- Pensé que la había llamado a ella, tu sabes.
- Pues deberías llamarla ya, me parece. No ahora, porque quizás duerme. Pero ya que tu instinto parece que quiere llamarla, sugiero que le hagás caso.
Cortaron y Bentham merodeó el living pensativo durante al menos cuarenta minutos. Quizás un mensaje de texto sería mejor, para darle oportunidad a Jackie de responder o no. Como una sincronía, llegó un mensaje.
"Hola, que tal? como estas? Estoy tomando mi cafe matutino y penze en vos. Jackie"
Era irrefutable. La había llamado dormido o algo, tanta sincronía era demasiado. Tanto solapamiento era inaudito, tanta reiteración, tanto doblaje, todo tan parejo.
"Bien, recién despierto. Aún no puedo penZZZar tan claramente como vos me parece".
Respuesta:
"No me dejás pasar una, guacho. Tenemos que hablar".
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