I
Era todo de mentira. Por eso empezamos, porque nada de esto era en serio. Entonces uno simplemente se deja recorrer, investiga. Y vos hasta cerraste los ojos, porque sabés que sos muy mental. Y entre todo el lío, cuando nos encontramos no nos quisimos soltar, nos investigamos, nos reconocimos, tu mano pasaba por mi espalda. No te quedabas en la típica de tomarme de la mano, sino que hacías caminar tus dedos por mis brazos, rozabas mi cuello, bajabas por mi espalda hasta... Hasta que te recatabas.
Y tenía tus labios tan cerca, estábamos ahí nomás. Y me tomabas de la cabeza, en una especie de abrazo. Fue ahí cuando me di cuenta de toda la electricidad que nos estaba recorriendo y de que evidentemente nos atraemos. Ya lo sabemos, pero esa fue una reactualización de nuestro pasado que se apareció de repente, sin avisar.
Y no me soltabas, y yo no quería soltarte. Pero me hubiera sido imposible mirarte a los ojos, porque me hubiera sentido descubierta, como si algo me hubiera traído a la realidad. Yo quería ser como vos: todo tacto, todo piel, todo para recorrer.
No era que me ponías nerviosa, sino que... quizás me descolocabas un poco, acariciándome el pie. No era lo "estándar", ibas por más. Y no sólo con tus manos, porque tu espalda también acarició la mía y ahí yo te tomé de los brazos. Y entonces nos fuimos alejando, pero el proceso nos costó minutos, porque siempre volvíamos para atrás, nos tomábamos de nuevo. Y justo cuando la yema de tu dedo estaba por abandonar la del mío, me tomabas de vuelta.
II
Inestable, como el plutonio. Porque otra vez llegué estallando a mi casa, porque nuevamente me sentía un poco vacío. Todas esas cosas que me produce ir a visitar a lo que queda de mi madre, a ese lugar tan lúgubre, tan solemne. Y encima pelear. Entonces es esa energía negativa la que me recorre, la que me impulsa. Es cuando estoy más soberbio, más ácido, más frontal.
Y con toda esa energía fue que respondí al plan de salida. Necesitaba irme, era necesario. Si algo no ocurría esa noche, volvería a no dormir. Estaba en plena crisis y precisaba devolverle a mis sentidos algo de vida. Y es sabido que me puedo volver criminal, que ejerzo mis impericias con una precisión de cirujano.
Entonces, envueltos en la nulidad de Martínez, intenté mezclarme con todos. Un desliz: pensé haber visto a Jackie entrar al lugar. Un desliz del que me costó zafarme, porque le dije a Guy que me ayude a escrutar el local a ver si era ella. Creo que no era, creo que el fleco la asimilaba. Pensé "Y bueno, no es Jackie, dale entonces mejor...". No, para nada. Era sólo un dato que quería chequear.
Pedí una Corona. Alguien me dijo "¿Sabías que ponerle limón hace mal?". Negué el hecho. ¿Quién precisa más panfletos de medicina?
III
Es un poco mi culpa. En verdad, tenés razón. Fui y no fui. Estaba ahí, queriendo pero no. Yo me sentía como si nada. Casualmente me había puesto esa remera roja, casualmente llevaba el con bucles, casualmente decidí tomar un daikiri.
Yo te digo que la casualidad no existe, vos decís que es un elemento más de todo lo que ocurre, no un determinante pero sí un "factor". Y te ponés matemático. Sos tan torpe a veces, como cuando me preguntás por mi trabajo. Y después me decís que el peinado me queda lindo. Son dos lados del señor JB. Es como una forma de tirar humo que tenés.
Me mirabas de reojo. Y sos tan salame que cuando te devolvía la mirada, en seguida te hacías el que estabas hablando con Jorge. Al principio pensé que iba a hacer sociales con cualquier otro hombre. No es que quisiera nada, pero... bueno, quizás estaba un poco animada.
Pero te apareciste en lo que seguramente describirás como una "gran jugada". Yo estaba charlando con Susana y parecíamos lejos. De repente, en un paso de baile te las arreglaste para quedar frente a mi, y dijiste "Hola, ¿cómo andás?".
Pensé que me ibas a decir de bailar. Pero no. Te metiste directo en el problema, en eso que nos había pasado dos días antes. Eso que te hizo que me agarres de la cintura y te me acerques. Eso por lo que te olvidaste que en una de esas estaba Jackie por ahí, no te importaba, vos sólo querías deshacerte de todos conmigo.
Fue tan rápido, tan... Me sentí un poco fácil. Ja, mentira. Suelo hacer prólogos más largos, pero te conozco hace años y encima cuando nos vimos la electricidad seguía ahí. De tal forma que nos tuvimos que ir a tu casa porque era lo único que podíamos hacer: terminar lo que habíamos empezado.
No nos importaba que nos vieran, no nos importó dejar la fiesta temprano, no nos importó viajar cuarenta minutos a la madrugada. Tampoco te importó dejar la ropa en el living, tampoco esperaba tu cama hecha. Pero precisábamos tirarnos ahí.
IV
Un poco instrumental. La necesitaba. Es como cuando a uno se le ponen las cosas entre ceja y ceja. Ella era mi objetivo y no me iba a ir sin antes tirarle con toda la artillería. Y toda esa negatividad, esa depresión, funcionaba como propulsor. Era mi seguridad. Estaba tan hecho mierda que ya nadie me podía hacer daño.
Entonces cualquier caricia de ella era reparadora. Pero ella no podía ser cualquiera. Ella tenía que ser ella, ya la conozco de hace años, ya me conoce, ya tenemos un tacto irrevocable. Alguien que pudiera compartir todo lo que me dolía, alguien que realmente pudiera compartir afecto. El sexo es mil veces mejor cuando es con alguien que querés.
Pero también era extraño: necesitaba tenerla. Tomarla por la cintura, ser dueño de ella por un rato. Para luego dejarla en libertad, que ella se hiciera cargo de mi. Es un juego de roles, todo va y viene con un compás exacto. Era ella que se estiraba, yo que la recorría. Descargaba mi tristeza, mi abstinencia de otras cosas. Y ella se entregaba. Otra vez habíamos coincidido, pero habíamos coincidido en lo más profundo de nuestra depresión. Eramos cada uno el paliativo del otro. Se le notaba en la mirada.
Nunca la vi tan libre. Yo me liberaba a cada desgarro, a cada movimiento. Caí demolido. No me había dado cuenta lo que me hacía falt...
Fue a las 13.30 que abrí los ojos. Estaba nublado.
V
No entiendo. No entiendo porque me importa tanto. Si ya estuvimos juntos antes. ¿Por qué tengo esa sensación de que puedo llegar a quererte aún más? Hasta amarte. ¿Fuimos una historia de gatos y perros perdidos?
Fuimos mil veces más tiernos en la cama que cualquier en cualquier otro momento. Es como si hubieramos activado una bomba. Pasamos el punto de retorno. No podemos ser amigos, no no. Ya nos besamos antes, pero ahora... Vos con tu café por la mañana ya no sos vos, sos aquel con el que estuve anoche. Y yo, ¿soy la que te agarraste la noche anterior?
Eso: tengo una necesidad imperiosa de que me definas, que me digas quién soy.