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Sobre los personajes

viernes, 14 de diciembre de 2012

Me tomo este post para hablar de los personajes:

- Michelle Foucault: estudiante de psicología, que antes estudió Administración de Empresas pero abandonó la carrera cuando a ella la abandonó su ex novio. Un tanto tímida, pero segura de si misma. A veces se le patinan las cosas.

- Jonathan Bayton: joven, enérgico e inexperto. Es un tipo rápido, menos intelectual que los personajes centrales de las temporadas anteriores. Más impulsivo, pero no por eso menos resuelto. Es quizás el más consistente en cuanto a carácter.

- Jacqueline Rousseau: intelectual maestra de lengua y literatura. Trementamente simpática y agradable, es conquistadora serial de corazones. También es bastante vueltera con sus relaciones y un tanto insegura cuando alguien se le planta.

- Juan Pablo Sartre: una bomba de tiempo. Es el elemento desestabilizador, carece de ética pero es un excelente amigo. Mujeriego, es una versión actualizada de Orlando de la temporada 1 y de Gilles Deleuze de la temporada 2.

- Jim Bentham: calculador, racionalista y moralista criminal. Casi insoportable. Personaje casi omniciente, pues sabe la mayoría de las cosas que van a pasar y posee explicaciones para todo y todos. A excepción de Jackie Rousseau, quien es su point de capitón.

- Solange: Amante ocasional de Jonathan Bayton, con quien tiene una relación de casi admiración mutua, aunque con bastantes miedos involucrados. Esta chica es alta y morocha, muy sensual. Aparenta estar segura de todo pero en verdad todo la preocupa.

- Emma: novia por descarte de Jonathan. Bastante mayor que él, se trata de una mujer que está llegando a la crisis de los cuarenta, que es sensible y extremadamente amable. Ella cree que merece ciertas cosas en la vida, y lucha por conseguirlas.

La B

martes, 11 de diciembre de 2012

Todo comenzó un sábado a la noche, con un llamado de Juan Pablo:


- Master, necesito que me banques con unas minas. Son dos, hacemos salida de cuatro. Espero no tengas ningún plan.

Mi vida estaba entre dos mujeres que no me querían: Michelle por un lado, y Emma por otro. Me pareció bien salir, ver qué pasaba. Deseé solamente que las amigas de las que me hablaba Juan Pablo fueran al menos simpáticas. Sólo pedí eso, que fueran simpáticas y un poco lindas.

Las esperamos en uno de los bares de Sol. Él se la pasaba dale que dale con los mensajitos. Ellas le decían que estaban viendo a dónde ir, que una se estaba cambiando y además no sabían si venía una tercera.

Mientras tomábamos cerveza y conversábamos de manera intermitente, yo pensaba que eso no era lo que yo quería para un sábado a la noche. Yo quería pedirle el teléfono a la mesera o quizás hablar con las chicas de la mesa del bar de enfrente.

Pero Juan Pablo era el que manejaba la situación, yo sólo era un resentido al que no le daban bola ninguna de las dos mujeres con las que andaba. Era como si hubiera perdido derecho a voto en esto de salir con mujeres. Entonces me arrastraban.

- Pero sí, dale, vengan para acá, que está linda la noche. Después vamos para el baile. Jonny es muy bueno bailando, van a ver.

La noche estaba genial. Tan genial que si al día siguiente estaba así, y si mis fuerzas me lo permitían, pensaba escaparme a Toledo para pasearme por el museo militar.

Tras tomarnos tres cervezas llegaron. Eran dos chicas delgadas, realmente bonitas. Una se llamaba Denise y tenía el pelo medio corto, castaño. La otra se llamaba María y era rubia. 

El problema era que ambas tenían veinte años.

Era como irse a la B de alguna forma. Porque Michelle estaba en cualquiera, y Emma me odiaba, al menos hasta el próximo fin de semana. Y si bien eran lindas, no me sentía del todo agusto.

- Relajate - me dijo Juan Pablo -. Estas cosas hay que disfrutarlas, cuando seas viejo y no puedas tener una de veinte te vas a querer matar.

Denise era bastante inteligente, se la pasaba hablando de libros y películas. Era una chica culta y curiosa. María era un poco más callada, pero con un par de chistes logramos que se soltara un poco. Ambas en verdad, eran dos muchachas que podían llamarle la atención a cualquiera, sólo con lo que dijeran.

Ahí recordé otra de mis citas preferidas:

"Intelligence is sexy".

Hice lo mejor que podía hacer: dejar las cosas correr libres, despreocuparme por la cadencia de los hechos.

Charlamos bastante en el bar, ambas chicas se pidieron dos tragos: Sex on the beach. Hablé un poco más con María, a quien podía descolocar con mis comentarios en doble sentido y que afortunadamente ella se tomaba con humor. Igual decidí no abusar de ese recurso, por lo que le hablé de cosas menos importantes, como dónde trabajábamos.

- Te gusta decir el nombre complicado de donde trabajás porque suena importante, veo - dijo ella cuando le comenté.

- Bastante perceptiva sos, María - dije-. Sí, es un juego que hago. Lo digo y veo qué reacción tienen las personas. Usualmente les parece gran cosa, pero no es demasiado. Todo ornamenta, nada más. Igual, en general creo que la gente no describe bien a qué se dedica.

- ¿En general?

- Suponete. Por ejemplo, te pregunté de qué trabajabas vos y me contestaste "en diseño" y no "soy diseñadora gráfica en un estudio".

- Te odio. Tenés razón - dijo, mientras jugaba con los hielos de su Sex on the beach.

Juan Pablo iba para cualquier lado: abrazaba a Denise pero le charlaba a María. Y yo, que estaba peleando el descenso, a veces me perdía en todo eso. Enfilamos para el boliche entonces. Entramos rápido, y lo primero que hicimos fue ir al baño. Allí:

- Pero boludo, estás callado ahora - me decía Juan Pablo-. Venías bien, vos dale para adelante.

- Dale. Voy a ver si le invito un álbum de figuritas o a comer una cajita feliz al McDonald's - contesté-. Y boludo fijate para donde apuntás que vas a mear todo.

- No seas estúpido. Están buenas, ¿si la piba te decía que tenía veinticinto le dás? Además nadie te dice que te pongas de novio, sino que si te parece linda y ves que tiene onda, lo disfrutes.

- Vengo escuchando mucho eso últimamente.

- ¿Qué? - dijo Juan Pablo, mientras se cerraba la bragueta.

- Eso. Que me tengo que relajar y disfrutar de las cosas.

Cuando volvimos las chicas estaban en la barra. En ese momento le pregunté a María que quería.

- Pedí dos destornilladores.

- A perfecto, creo que voy a pedir lo mismo.

- Uno es para vos. Dijiste que te gustaban.

La miré extrañado. Pero claro, toda la situación era extraña. Yo con una quinceañera que encima me paga las bebidas. Pensé que estaba en un universo paralelo.

- Pero dejame invitarte a mi.

- Pero no, que ustedes pagaron lo del bar. Así que tocás la guitarra, ¿tenés banda?

Así fue como la cosa con María se puso más foward. Mientras Juan Pablo intentaba acercarse a Denise, que de vez en cuando le corría la cara y se reía, pero no se iba, yo no sabía si esta otra chica me iba a tirar los labios para que la besara o para que le diera el chupete.

Acá, Jonathan Bayton peleando el descenso. Si Emma me hubiera visto me mataba. Si Michelle me hubiera visto, hubiera perdido la poca credibilidad que me queda con ella. No era algo que tuviera importancia, pero... A LA B.

Pelear el descenso era eso: tener a una chica casi diez años menor que yo en frente, charlando sugestivamente, cada vez más cerca. Y yo que no quería, pero un poco quería, pero otro poco no me interesaba.

Porque en verdad yo no quería eso. Eso era lo que tenía, María era la persona que me prestaba atención. No Emma, no Michelle. No Jackie, no Solange.

La B no era porque la chica fuera fea, ni porque fuera menor, ni porque fuera tonta, ni porque me cayera mal. El feo era yo, el pendejo era yo, el tonto era yo y el que me caía pésimo en ese momento era yo. Irme a la B no era cuestión de darle un beso a María o no.

Ya estaba en la B.

María me hablaba cada vez más cerca. Yo, en algún momento, la había tomado por la cintura. Decidí que era el mejor momento de hablarle de Michelle, de contarle todo lo que pensaba. Decidí hablarle de Emma también. Decidí que si me iba a ir a la B, que fuera público.

Pasaron dos cosas: le bajé el tono al encuentro con María, pero de una forma amable. Y además obtuve opiniones al respecto. Me dijo que Michelle me quería, que la confundía yo, y que en una de esas en alguna circunstancia podríamos haber llegado a estar juntos.

Me dijo que deje de jugar con Emma.

Mientras, Juan Pablo lograba robarle algún beso a Denise yo hacía mi terapia con María. Me era necesario escuchar una opinión femenina, alguien que me dijera que yo no hacía todo mal, que sencillamente ocurría esto y aquello.