Personajes:
- Ludi
- Luna
- Orlando
- Felipe
- Allen
- Lisa
- Seres nocturnos varios
Creo que nos habíamos olvidado en el auto la coherencia, que el cielo de la noche no nos negaba nada y que fue recién al otro día que nos volvimos un poco menos santos y otro tanto más maniáticos. Un cajón de cervezas en el baul, 35 conitos de plástico naranja que adornan la pileta del club, deshechos tóxicos en pleno patiodevenidoenpistadebaile. Porque nadie vio a nadie taponar los inodoros con toda la fruta que había, ni nadie fue el responsable del sex on the beach que aterrizó en la consola de musicalización. Son los percances de haber conocido a esta gente, ¿no? - Decía Lisa.
Yo lo miraba bailar entre toda esa gente, y era él solito que le ponía mute al mundo y me venían esas ganas de correr, arrebatarlo de sí, llevarmelo a los arbolitos y... Pero no, Orlando es de todas esta noche, me imagino. Mientras Felipe se encuentra con el décimo tequila (su mejor amigo hoy), Allen está tramando algo (nos damos cuenta, por su mirada pícara y su merodear ciertas partes del lugar). La pequeña Luna es el único ser medianmente racional en eta tierra de la danza hacia la derecha, ideal para el reconcimiento de plataformas no submarinas. ¿Desde cuando Orlando me gusta? Desde que Yo, Ludi, me hago cargo un poco de todo esto que me atraganta, desde que mandé a la mierda el trabajo, desde que dejé a mi escapadita de los fines de semana, desde que inventé nuevas formas de olvidarme que yo no soy de este mundo, porque se equivocaron al traerme acá.
Orlando bailaba como nunca, con un grupo de absolutas desconocidas. Era evidente que los nombres ya surgirían, que los encuentros serían los domingos, que el martes nos encontramos después de clase a las diez, y que Felipe después va a preguntar de dónde salió esa morocha.
Yo no me ando con más cosas entre manos que el amor puro, viste. Puro porque es lo que realmente me vale, y no me importan los reproches del otro día, el dolor de cabeza ese que me parte el cráneo, o la verdad de la milanesa. Para eso está...
... Allen, esa persona que está entre los árboles, que fichó los cajones de cerveza, que se aburrió de esta fiesta de rugbiers high class (¡me llevarón a ella!), al lado de la autopista Illia, en un club de vaya a saber qué náutico. Hay que inventar, che, se safó el cabito, la térmica quiere estallar, quiere dar vuelta un poco toda la noche.
Allen) Hace falta caos acá, tanto desorden controlado me pone mal. Necesitamos un disparate ya.
Luna estaba monitoreando las diferentes situaciones: Amiga 1 conociendo a chico X, que mañana no le importaría. Amigo 2 tratando de levantarse (as usual) todo lo que tuviera tetas. Amigo 3 pasadísimo de tequila, un desastre en potencia. Amiga 4 con un aire de tristeza (Lisa, si no me contás que te pasa, cada vez te conozco menos). Amigo 5, por favor, no.
Felipe bailaba. Se aproximaba a un grupo de señoritas. Lindas chicas, como todas, eran su target. Tequila tequila que vamos para adentro, que el cuerpo de Felipe es un barco que vaya a saber dónde encalla hoy, pues todos saben que él es experto en dejar los problemas mal planteados pero funcionando. Las ideas se le escapan como el vaso con su trago que salió disparado...
Aterrizó en la cabeza del dj. Terror. Al tipo le chorreaba todo el líquido, un desastre todo pegote, una idea que Allen festejaba desde el anonimato. Felipe hizo casi cuerpo a tierra entre los danzantes, se agachó, tenía que rajar de ahí, antes de que se dieran cuenta de dónde había salido el proyectil. La noche era genial, el cielo era el mejor techo de todos, derramaba un poco de luz de cada una de las estrellas. El pasto del campo era una mugre de vasos, puchos, papelitos, una lástima. Parecía lindo club, lástima que caímos nosotros y parece que estamos aplicando los clásicos esquemas de lo que nosotros llamamos "ponerle onda".
Allen estudiaba claramente la situación: tenía el auto de Orlando afuera del alambrado. Los cajones de cerveza estaban abajo de un árbol, pero bastante alejados del griterío, la música, los barmans y sobretodo, el equipo de rugby claramente presente entre los asistentes. Era tomar eso, ir por el fondo, sigilosamente, tirar el cajón del otro lado del alambrado, y buscarlo en el momento oportuno de salir porque "me olvidé el celular en el auto".
Orlando) No Allen. Te van a cagar a trompadas. Pará, no es el momento ni el lugar para tus jugarretas - había aparecido de entre los suyos, la voz de la razón, que se hacía medio el sota porque bien que había acompañado a Allen en más de una, pero de repente se le ocurre crecer. En seguida retorno a las chicas, y dejó a un Allen advertido, aunque no impedido.
Entonces Ludi conoció a un tal fulano que le ecordaba a un mengano que le hacía olvidar a Orlando, y que se puso a visitar su lengua en medio del quilombo de gente, casi sin preludios.
Era lo que yo necesitaba, no pedía nada más que un poco de alguien, quería ese cosquilleo que me producen los besos, aunque te los den mal. Pero odio cuando dan mal los besos, pibe, no necesito que me rompas la boca, que me tengo que buscar una nueva, a ver está bien vení. Es medio errático esto, viste, pero a ninguno de los dos nos importa tanto, y resulta que me vio Orlando. Jodete. Vos no te diste cuenta de que yo estoy acá, andá con la otra, que nadie te quiere acá, salvo esta estúpida acá en pleno acto de degradación sólo por un cosquilleo.
Lisa miraba anonadada a su amiga Ludi, irreconocible. Ludi a los frontazos con ese otro pibe, y podría haberse agarrado a uno mejor. No gracias, tu amigo no me interesa, gracias, tengo cerveza ya, no fumo, no me interesa tu habitación de hotel y no necesito que me revisen el aceite. ¿Lisa la mejor rebotera del mundo?
Lisa estaba ahí, en medio de la multitud, haciendo de cuenta que la estaba pasando bárbaro. Pero lo que la tenía un poco con las lagrimas adentro era que nada le pasaba en realidad, que era lo mismo que estuviera o no, que se hubiera quedado en casa durmiendo, porque aquí no estaba él, esperando conocerla, con una calidez que ella no conocía. En vez de eso, estaba el frío (era el final del verano, en realidad), el frío de Orlando con una, Ludi no admitiendo que la cosa no estaba bien, Allen siendo Allen, Felipe...
... Se dio vuelta, las pibas estaban bailando, y vomitó ahí nomás el tarado - contaría dos días después Luna-.Yo lo vi, estaba al lado de Feli. Ya ni pelota me daba ya, pero tenía miedo que termine tirado en coma alcohólico. Las pibas vieron como les caía esa inmundicia frente a ellas, salpicones, y la puta que te parió. Allen se reía, había alejádose de su objetivo momentáneamente para compartir con nosotros eso que somos.
Luna) Y vos, nene, ayudame un poco. Dale, que Felipe está bien.
Lo bueno de Allen es que se pone las pilas cuando hay que poner. Entonces nos ocupamos de llevar al borrachito este a un lugar de reposo, al lado de las duchas del club, donde lo tuvieramos a mano. Y Feli quedó ahí, hasta que nos tocó llevarlo al auto.
Luna) Allen. ¿Vos cómo estás? Noté que July no vino.
Allen) Si. Salía con otras amigas. Sinceramente la extraño, me viene la ola destructiva.
Luna) Bueno. Hace mucho que no hablamos, sin July de por medio ¿no? ¿Por qué no me contás cómo estás? Y no me vengas a esquivar, quiero saber cómo andás de tu insomnio y de tus inestabilidades, que noto hoy están en voga.
Allen) ¿Sabés algo? Te extraño a vos también a veces. Nunca te lo dije pero me gusta eso de que opinemos tan diferente. Creo que si dijeras exactamente lo mismo que yo ni me caerías bien. Eso, me prometí que te iba a decir esto, porque a veces parece que no te reconozco que sos buena en lo que haces. Aunque a veces me enervan algunas de tus respuestas empapadas de realidad y joyas de verano.
Previamente Allen había hecho muchas de las cosas que nos fuimos enterando. Inodoros con problemas, y desde el fondo vino corriendo uno de los organizadores, diciendo que alguien había iniciado un chapuzón de conitos, y que mañana iban a tener un lío con los del club. El cajón de cerveza había caminado desde los árboles, bordeando la valla que separaba la fiesta con la cancha, y luego de trepar y trepar por el alambrado paf estaba del otro lado, a pasitos del Reanult Clio, móvil de esta noche.
Luna miró a Allen. Allen esbozó esa sonrisa. Ella estaba obligada a ser complice, para que no le dieran una golpiza a su amigo.
Orlando estaba bien acompañado, la morocha era cita del domingo a la tarde. Ni se percataba de que lo querían mucho ahí nomás, a siete metros, Ludi, que lloraba en otro beso, porque lo único que quería era no ser tan Lisa, que estaba allí, esperando el milagro, pero ni siquiera dispuesta a mover un dedo por el cielo, que Allen estaba dispuesto a enjuiciar hasta instancias ridículas, porque July hacía lo que podía pero no corresponde hecharle semejante carga encima. Orlando puteaba porque lo obligaban a dejar a su conquista ahí en la fiesta, para irse nomás. Menos mal que tu celular ya realizó nuevas adquisiciones, nene.
Luna me dice a mi - Allen - que nos juntamos luego, que le explico esto del cajón de cerveza en el baúl, de los sueños rotos que total no uso porque ni duermo casi, hace 48 horas que mi conciencia artificial es casi todo mi ser, que por qué llevamos a Felipe ella de los brazos y yo de los pies, y por qué hace tanto que dejamos de resplandecer para disolvernos. Orlando putea porque nos vamos y la morocha se queda. Los rugbiers miran a un Allen demasiado jocoso, Lisa agradece el escape, al igual que Ludi, que viajará sentada en el regazo de Orlando.