Algunas formas para decir "te amo"

miércoles, 29 de agosto de 2007

I
Creo que es porque desde que tu mano toma la mía, está esa especie de sensación que me cubre, que me inunda, que sé que sos vos, pasando un rato. Y es mucho mejor decirnos hola, porque detesto esos chaus. El hola es una palabra creativa, inaugura un encuentro, una performance, una estadía en nosotros.

Hola nos sirve siempre de principio, pero sostengo que lo retomamos a cada ratito, para saludarnos nuevamente, no caer en ese solipsismo que a veces nos domina. En cambio, adios es una palabra fea, no me gusta. Es por eso que no te la digo nunca, ni chau ni nos vemos ni hasta luego. Siempre un beso acompañado de una caricia. No me gusta decirte chau, quisiera que fueramos un continuo hola.

El hola me permite desplegare en vos, un domingo, que no llega a lunes. Aunque parece que la semana siempre nos amenaza.

II
Estoy molida - le digo por el celular-. No puedo con nada. Allen, corazón, no salgamos hoy, en la oficina me tuvieron loca. Sólo quiero dormir, ¿si? Gracias por entender. Te prometo que salimos este viernes.

Noto esa caida en tu voz, no te pongas así. Vamos. Je, mirá vos, Allen enamorado, y yo acá, que buen motivo que resulté ser. Me encanta que estés. Lamento hoy no poder verte.

Hoy no quedaba más de July. Con las fechas de entrega por todas partes, esa oficina era un nido de culebras. Hoy te toca hacer todo este papelerío, aceitá tus engranajes, que vas a tener flor de problema hoy. Y en realidad son una cadena, y te quitan la energía, y cuando salí, lo único que quedaba de mi era... nada.

Y después a la facultad. Le mando un mensajito a Allen. "Te quiero. Jules". No me responde. A veces me arma pataletas, parece un nene. Pero se está portando mejor ultimamente, doctor, no hace tanto despiole. Me da besos sin motivo, lo veo perderse en mi. Allen tiene una hermosa mirada, pero ¿sabés lo que es verla en mi? Salgo de clase. Lo único que quiero es pedir algo de comer apenas llegue a casa, tirarme en la cama, que mañana hacemos todo de nuevo. Hoy no sale nada bien.

El ascensor al quinto. La llave en el B. giro, y vamos... July se encontró con un pollo recién hecho, servido sobre la mesa del living. Había agua mineral y jugo de naranja. La vajilla correctamente dispuesta, servilletas. En la cocina, los platos sucios de ayer no estaban, y un cartelito pegado en la heladera: "hay un cuarto de helado; banana split, chocolate crocante y mousse de limón". La habitación estaba arregladísima, cama hecha (esta mañana era un desastre). Le dejó un bombón sobre la almohada (con un papelito: "Encontré a tu hermanito menor"). Sobre el escritorio, una nota: "no te podía decir esto por mensaje de texto".

Seguro que Allen estuvo hasta hace dos minutos aquí adentro. Qué sincronización.

III
Me estaba mirando desde hacía rato ya. Yo me hacía la dormida, pero él me miraba, lo sabía, me acariciaba el pelo, su nariz jugaba de repente en mi frente, como en esos roces en los que Allen es experto. Cuando la superficie de contacto es tan ínfima, pero todo tiembla tanto tanto, que casi no me puedo contener.

Y me dice al oido, y esta sonriendo, lo sé, aunque mantengo los ojos cerrados. Quería quedarme así un buen rato, que él me recorra. Tan apasiblemente, porque para la danza siempre encontramos nuestro momento, pero los amaneceres de sábado al medio día son los amaneceres de sábado al medio día.

Siempre me dice que me no le satisfacen las palabras, que le quedan cortas, que yo soy más que eso y que su mano está... llegando desde otro flanco. Y nuestros cachetes se rozan, está haciendo arte, esa forma tan linda de hacer las cosas. Allen, Allen, sos un dislate vos. Y te juro que me olvido de los enojos, porque ahora estás pintando un cuadro conmigo, que empezaste por mi cara y seguís por mi cuerpo. Yo sigo dormida, pero te juro que me estoy guardando este momento, que me lo quedo.

Y yo ahora decidí que sos mío.

IV
Si nos ponemos así de cerca, cara con cara, hacemos el uniojo. Parece que tenemos un ojo. Y hace cuarenta minutos que estamos así, perdidos, sin registrar al nene que le tira arena a la hermana en el arenero, al chiquito que hace la vertical, otro viajando en tobogán hasta la luna, y un picadito de gritos, corridas atónitas ante una pelota que se deja querer sólo de a ratos.

Te tengo en frente mío, así, mirandote a distancia nula, queriendo llegar, aunque sé que más lejos que esto no llego. ¿O si?

Allen, las distancias no son cuestiones físicas nomás.

Claro Guille, porque creo que adentro de tus ojos me veo un poco, y debe ser la primera vez que mi imagen no me molesta. Te abrazo y me dejo caer, pero caer en vos es una de mis sensaciones preferidas, es todo tan nuevo... y si navegar por tus brazos es para perder la brújula un poco más, pero para encontrarme menos perdido.

V
La improvisación es la siguiente:

Sonó el timbre. Era una salida extraoficial, un claro intento de ponernos de acuerdo aunque sabíamos perfectamente que no nos podríamos de acuerdo, ni en transición, ni en una playa en Mar del Plata en pleno enero.

Y abrí, y estaba él, vestido de traje formal. Detestaba hacer eso, pero ahí estaba. Ay Allen, y yo vestida así nomás. Bueno vamos.

Camisa, corbata, pantalones, sólo te vi así en un casamiento al que fuimos, que me contaste que detestas la formalidad. Y bien que te conozco que la detestás, porque sos muy... muy "casual", como quien dice. Y manejas, me llevas, sonrisa, juego de labios, mi mano en tu pierna.

Me llevaste a comer a tu casa, y estaba casi todo hecho, solo faltaba calentar un poco el pollo con el arroz. Me dijiste que quería tomar. Yo contesté que agua estaba bien pero ya tenías la cerveza en la mano. No cocinás mal, y al poco tiempo me demostrarás que además tenés otras hablidades culinarias. Y seguirás inventando platos, conmigo de por medio.

Sorpresa, de helado. Ese que que yo quería, cómo tomás nota. Me sorprende que recuerdes detalles, que recuerdes tanto de mi. Veo que me prestás atención, y que ahora y las órdenes las doy yo, que vos ya dijiste demasiado...

Postales

lunes, 27 de agosto de 2007

I
Y claro, ¿por qué no? ¿Por qué no omitir un rato que vos estás del otro lado del teléfono, imaginándome a mi del otro lado del teléfono, haciéndole caras al techo y olvidándote de que es por vos que estamos acá reunidos pero separados?

Porque sostengo que entre los capítulos, entre la líneas, vos lees más de lo que te dignas a explicar, Allen. Porque sos claramente vos el que está detonando los puentes, renunciando a cada palabra que digo. Y es horrible que ya no me escuches...

(Ya se te va a pasar, lo sabés, estas cosas se superan. Lo que no quita que sos lo único que da vueltas en mi cabeza desde hace días...)

Duele que digas eso. Sé que lo haces por mi bien, lo cual llega a sorprenderme, cómo podés ser tan crudo y decirme que la realidad es que no me conviene estar con vos.

II
Navego desde tus pies hasta tus piernas, pero me gusta naevegar lento, imponer mis tiempos, que total sé que vos estás ahí, esperando, sintiendo cada desmán, cada temblor, cada movimiento que es un mundo demasiado táctil. July, sabés que me gustan las expediciones, abstraerme en el paisaje, que la luz del velador me muestre sólo tu perfil, que sea domingo y no tenga que salir corriendo, sino estar acá con vos dejándome circular un poco entre los dos.

(¿Y te conté que mis pies son un trampolín hechos para que vos saltes desde ellos? ¿Te diste cuenta de que hay verdades que se hacen con el cuerpo al lado, no con la vista? Sé que te gusta jugar, cada vez un poco más lento, un poco más rápido. No querés quedarte en ningún lado demasiado tiempo.)

... en el ombligo, cerca de la costa sur. Pero me la saltee, porque todavía no tengo que star ahí, sino visitar tus ojos, que me quedan arriba. Vos mirás y te reís, July, pero en verdad estamos los dos riéndonos. Nos soltamos un poco y hacemos cosquillas con la mano, que va haciendo malabares, que va improvisando multitudes. Pero parece que hay terremotos, que abriste los ojos y...

Primero león, luego cordero.

III
(originalmente, un comentario que dejé en el blog de Lusmala)

Y ni te hubieras molestado en derramar el café, que ahora hace siluetas de animalitos en la mesa.Ahora chapoteando me entero de las cigueñas, de los divanes, de las tostadas desaparecidas y los rebeldes que abordaron tus agallas.

Yo jamás te dí garantías contra los cristales rotos, contra las bombas de tiempo (que admito, suelo colocar), ni prometí ambulancias para los heridos. No chiquita, eso te lo prometiste a vos por mi...

Ni contra los llamados de mi alter ego, que encima cuando la atiendo me corta. tu tuu tu... Siempre me encuentro con ese tonito, que yo sé me lo está tirando una máquina, pero es ella, es ella.

Te estás cortando con los critales, chiquita.

Sabías que me iba a cortar. Dejaste que me cortara... y no me digas chiquita.

IV
- No me digas de nuevo que estás ahí, recomenzando por décima vez las cosas. No, no me gusta esa falta de dirección. No entiendo por qué desarmás y rearmás todo, constantemente. Es como si te cansaras de todo, y optaras por detonar.

- Tengo esa sensación. Ya me dijeron alg parecido, y no estoy de acuerdo, pero entiendo de dónde sacás la versión. Es una mala versión, creo que hay evidencia para sostener en contra de eso que decís.

- Es que solés tirar tus proyectos por la borda Allen. Reconocelo. Sé que no es la totalidad de lo que haces, que creaste inventos que considero brillantes. Pero veo cierta tendencia abortiva, cierto afán demoledor.

- ... ¿Y por qué no ves también el afán constructor? ¿Por qué no te das cuenta de los movimientos repentinos para rescatar las cosas, para darles nueva vida porque si las cosas no camban entonces no están vivas? Sostener algo no es mantenerlo inmutable, es lograr su fluir en el tiempo y el espacio, es hacerlo existir, que no es existir siempre de la misma manera. Temo que vos tengas una tendencia a la rutina...

- ¿Es eso? Pensás que soy rutinaria, siempre más de lo mismo, una figurita repetida en tu vida. ¿Qué pasa Allen?

- ¿Qué pasa? No sé cómo reconstruirte. No me malinterpretes, no me voy, me quedo, me quiero quedar. Estoy acá, hablándote, con más urgencia que nunca, porque no me voy...

- Me alegra eso. Me alegra que me estés besando en este momento, que tus brazos me hayan atrapado y me tengan fuerte. Yo tampoco me voy. Me alegra que nos podamos comunicar, que no estemos perdiendo las sensaciones por completo.

V
(originalmente, un comentario a un post de Hani)

Te quiero pero por otro lado: (Cosas que no le dijo J. a A. pero las pensó)

- Fijate que por la derecha está bloqueado, porque se estacionó ese con el que ya no quiero tener nada que ver y molesta el molesto eh. Y guarda con venir desde el frente xq no me gustan los choques bruscos, nada de eso. Por atrás ni hablar, olvidalo querido... ¿Izquierda? Hasta para los besos sos zurdito, che. Quizás, fijate si llegás a quererme por ese lado...

VI
No, si, claro, cómo no. Ajá, ajá. Te aseguro que aunque encuentres mi mirada perdida, estoy acá presente. Si, fue buen recital, y no recuerdo precisamente si volví a casa o me digné a salir luego.

Que raro, vos siempre tenés algo para hacer.

Eso no es verdad (y detesto esa imagen errada que te has hecho de mi).

Y bueno, eso es culpa tuya, ser construcciónficional. Porque si sos el chico malo del lugar, si tu comedia nos involucra a todos, si las ideas se te escurren en disparates... al fin y al cabo, sos vos.

No creo en explicaciones tan simplistas. Me duele que pienses así, porque en realidad tengo otro punto de vista de mi mismo. Duele porque resulta que uno construye de manera equivocada entonces, y encima no es realista, porque paf, uno termina siendo una ilusión óptica.

Claro, a vos no hay nada que te caiga peor que el hecho de que vos seas irrealista.

El síndrome

viernes, 24 de agosto de 2007

Personajes:
- Ludi
- Luna
- Orlando
- Felipe
- Allen
- Lisa
- Seres nocturnos varios

Creo que nos habíamos olvidado en el auto la coherencia, que el cielo de la noche no nos negaba nada y que fue recién al otro día que nos volvimos un poco menos santos y otro tanto más maniáticos. Un cajón de cervezas en el baul, 35 conitos de plástico naranja que adornan la pileta del club, deshechos tóxicos en pleno patiodevenidoenpistadebaile. Porque nadie vio a nadie taponar los inodoros con toda la fruta que había, ni nadie fue el responsable del sex on the beach que aterrizó en la consola de musicalización. Son los percances de haber conocido a esta gente, ¿no? - Decía Lisa.

Yo lo miraba bailar entre toda esa gente, y era él solito que le ponía mute al mundo y me venían esas ganas de correr, arrebatarlo de sí, llevarmelo a los arbolitos y... Pero no, Orlando es de todas esta noche, me imagino. Mientras Felipe se encuentra con el décimo tequila (su mejor amigo hoy), Allen está tramando algo (nos damos cuenta, por su mirada pícara y su merodear ciertas partes del lugar). La pequeña Luna es el único ser medianmente racional en eta tierra de la danza hacia la derecha, ideal para el reconcimiento de plataformas no submarinas. ¿Desde cuando Orlando me gusta? Desde que Yo, Ludi, me hago cargo un poco de todo esto que me atraganta, desde que mandé a la mierda el trabajo, desde que dejé a mi escapadita de los fines de semana, desde que inventé nuevas formas de olvidarme que yo no soy de este mundo, porque se equivocaron al traerme acá.

Orlando bailaba como nunca, con un grupo de absolutas desconocidas. Era evidente que los nombres ya surgirían, que los encuentros serían los domingos, que el martes nos encontramos después de clase a las diez, y que Felipe después va a preguntar de dónde salió esa morocha.

Yo no me ando con más cosas entre manos que el amor puro, viste. Puro porque es lo que realmente me vale, y no me importan los reproches del otro día, el dolor de cabeza ese que me parte el cráneo, o la verdad de la milanesa. Para eso está...

... Allen, esa persona que está entre los árboles, que fichó los cajones de cerveza, que se aburrió de esta fiesta de rugbiers high class (¡me llevarón a ella!), al lado de la autopista Illia, en un club de vaya a saber qué náutico. Hay que inventar, che, se safó el cabito, la térmica quiere estallar, quiere dar vuelta un poco toda la noche.

Allen) Hace falta caos acá, tanto desorden controlado me pone mal. Necesitamos un disparate ya.

Luna estaba monitoreando las diferentes situaciones: Amiga 1 conociendo a chico X, que mañana no le importaría. Amigo 2 tratando de levantarse (as usual) todo lo que tuviera tetas. Amigo 3 pasadísimo de tequila, un desastre en potencia. Amiga 4 con un aire de tristeza (Lisa, si no me contás que te pasa, cada vez te conozco menos). Amigo 5, por favor, no.

Felipe bailaba. Se aproximaba a un grupo de señoritas. Lindas chicas, como todas, eran su target. Tequila tequila que vamos para adentro, que el cuerpo de Felipe es un barco que vaya a saber dónde encalla hoy, pues todos saben que él es experto en dejar los problemas mal planteados pero funcionando. Las ideas se le escapan como el vaso con su trago que salió disparado...

Aterrizó en la cabeza del dj. Terror. Al tipo le chorreaba todo el líquido, un desastre todo pegote, una idea que Allen festejaba desde el anonimato. Felipe hizo casi cuerpo a tierra entre los danzantes, se agachó, tenía que rajar de ahí, antes de que se dieran cuenta de dónde había salido el proyectil. La noche era genial, el cielo era el mejor techo de todos, derramaba un poco de luz de cada una de las estrellas. El pasto del campo era una mugre de vasos, puchos, papelitos, una lástima. Parecía lindo club, lástima que caímos nosotros y parece que estamos aplicando los clásicos esquemas de lo que nosotros llamamos "ponerle onda".

Allen estudiaba claramente la situación: tenía el auto de Orlando afuera del alambrado. Los cajones de cerveza estaban abajo de un árbol, pero bastante alejados del griterío, la música, los barmans y sobretodo, el equipo de rugby claramente presente entre los asistentes. Era tomar eso, ir por el fondo, sigilosamente, tirar el cajón del otro lado del alambrado, y buscarlo en el momento oportuno de salir porque "me olvidé el celular en el auto".

Orlando) No Allen. Te van a cagar a trompadas. Pará, no es el momento ni el lugar para tus jugarretas - había aparecido de entre los suyos, la voz de la razón, que se hacía medio el sota porque bien que había acompañado a Allen en más de una, pero de repente se le ocurre crecer. En seguida retorno a las chicas, y dejó a un Allen advertido, aunque no impedido.

Entonces Ludi conoció a un tal fulano que le ecordaba a un mengano que le hacía olvidar a Orlando, y que se puso a visitar su lengua en medio del quilombo de gente, casi sin preludios.

Era lo que yo necesitaba, no pedía nada más que un poco de alguien, quería ese cosquilleo que me producen los besos, aunque te los den mal. Pero odio cuando dan mal los besos, pibe, no necesito que me rompas la boca, que me tengo que buscar una nueva, a ver está bien vení. Es medio errático esto, viste, pero a ninguno de los dos nos importa tanto, y resulta que me vio Orlando. Jodete. Vos no te diste cuenta de que yo estoy acá, andá con la otra, que nadie te quiere acá, salvo esta estúpida acá en pleno acto de degradación sólo por un cosquilleo.

Lisa miraba anonadada a su amiga Ludi, irreconocible. Ludi a los frontazos con ese otro pibe, y podría haberse agarrado a uno mejor. No gracias, tu amigo no me interesa, gracias, tengo cerveza ya, no fumo, no me interesa tu habitación de hotel y no necesito que me revisen el aceite. ¿Lisa la mejor rebotera del mundo?

Lisa estaba ahí, en medio de la multitud, haciendo de cuenta que la estaba pasando bárbaro. Pero lo que la tenía un poco con las lagrimas adentro era que nada le pasaba en realidad, que era lo mismo que estuviera o no, que se hubiera quedado en casa durmiendo, porque aquí no estaba él, esperando conocerla, con una calidez que ella no conocía. En vez de eso, estaba el frío (era el final del verano, en realidad), el frío de Orlando con una, Ludi no admitiendo que la cosa no estaba bien, Allen siendo Allen, Felipe...

... Se dio vuelta, las pibas estaban bailando, y vomitó ahí nomás el tarado - contaría dos días después Luna-.Yo lo vi, estaba al lado de Feli. Ya ni pelota me daba ya, pero tenía miedo que termine tirado en coma alcohólico. Las pibas vieron como les caía esa inmundicia frente a ellas, salpicones, y la puta que te parió. Allen se reía, había alejádose de su objetivo momentáneamente para compartir con nosotros eso que somos.

Luna) Y vos, nene, ayudame un poco. Dale, que Felipe está bien.

Lo bueno de Allen es que se pone las pilas cuando hay que poner. Entonces nos ocupamos de llevar al borrachito este a un lugar de reposo, al lado de las duchas del club, donde lo tuvieramos a mano. Y Feli quedó ahí, hasta que nos tocó llevarlo al auto.

Luna) Allen. ¿Vos cómo estás? Noté que July no vino.

Allen) Si. Salía con otras amigas. Sinceramente la extraño, me viene la ola destructiva.

Luna) Bueno. Hace mucho que no hablamos, sin July de por medio ¿no? ¿Por qué no me contás cómo estás? Y no me vengas a esquivar, quiero saber cómo andás de tu insomnio y de tus inestabilidades, que noto hoy están en voga.

Allen) ¿Sabés algo? Te extraño a vos también a veces. Nunca te lo dije pero me gusta eso de que opinemos tan diferente. Creo que si dijeras exactamente lo mismo que yo ni me caerías bien. Eso, me prometí que te iba a decir esto, porque a veces parece que no te reconozco que sos buena en lo que haces. Aunque a veces me enervan algunas de tus respuestas empapadas de realidad y joyas de verano.

Previamente Allen había hecho muchas de las cosas que nos fuimos enterando. Inodoros con problemas, y desde el fondo vino corriendo uno de los organizadores, diciendo que alguien había iniciado un chapuzón de conitos, y que mañana iban a tener un lío con los del club. El cajón de cerveza había caminado desde los árboles, bordeando la valla que separaba la fiesta con la cancha, y luego de trepar y trepar por el alambrado paf estaba del otro lado, a pasitos del Reanult Clio, móvil de esta noche.

Luna miró a Allen. Allen esbozó esa sonrisa. Ella estaba obligada a ser complice, para que no le dieran una golpiza a su amigo.

Orlando estaba bien acompañado, la morocha era cita del domingo a la tarde. Ni se percataba de que lo querían mucho ahí nomás, a siete metros, Ludi, que lloraba en otro beso, porque lo único que quería era no ser tan Lisa, que estaba allí, esperando el milagro, pero ni siquiera dispuesta a mover un dedo por el cielo, que Allen estaba dispuesto a enjuiciar hasta instancias ridículas, porque July hacía lo que podía pero no corresponde hecharle semejante carga encima. Orlando puteaba porque lo obligaban a dejar a su conquista ahí en la fiesta, para irse nomás. Menos mal que tu celular ya realizó nuevas adquisiciones, nene.

Luna me dice a mi - Allen - que nos juntamos luego, que le explico esto del cajón de cerveza en el baúl, de los sueños rotos que total no uso porque ni duermo casi, hace 48 horas que mi conciencia artificial es casi todo mi ser, que por qué llevamos a Felipe ella de los brazos y yo de los pies, y por qué hace tanto que dejamos de resplandecer para disolvernos. Orlando putea porque nos vamos y la morocha se queda. Los rugbiers miran a un Allen demasiado jocoso, Lisa agradece el escape, al igual que Ludi, que viajará sentada en el regazo de Orlando.

Desvíos

miércoles, 22 de agosto de 2007

Personajes:
- Allen
- July
- Guillermina

I
2) Sabés que me gusta mucho cuando me agarrás así de repente, me tomás por asalto, improvisás con todas las letras, y hasta nos armamos un abecedario propio los dos, viste. Nunca te lo digo, pero es lindo encontrarte de frente, compartiendo las sábanas los sábados a la mañana. El otro día te extrañé, ese lunes que me dije que no estabas.

1) Bien. Nos vamos soltando, eso es bueno July. Me gusta que puedas decir las cosas un poco...

2) Lo que pasa es que vos tenés esa idea de que si no te digo las cosas, es que no siento nada. Vos me enseñaste a jugar con los implicitos, querido. Y si a veces no me salen las cosas, bueno, al menos mejoré, no?

1) Si, debo reconocerte que eso de enviarme un regalo a la oficina sin motivo fue excelente. Me gusta a mi que improvises. Y me gusta que planees las cosas también, porque la verdad que estaba teniendo un día de los mil demonios y justo llegaste al rescate. Por eso me pasa todo lo que me pasa con vos, porque llegas en el momento justo, cosa que no suele ocurrirme con nadie.

II
#) Eso de jugar con los labios, es una de las mejores cosas que aprendí de vos. Me acuerdo que te pregunté cómo preferías los besos. Y me dijiste "introducción, desarrollo y desenlace". Hay que hacer las cosas con variedad, ¿no Allen? Yo prefiero que juguemos así, que crucemos nuestros ojos constantemente, viste que cuando te acercás mucho a la cara de la otra persona, parecés un cíclope, que tiene un único ojo, y nos quedamos así cuanto tiempo al otro día de conocernos realmente (adivinamos que nos gustabamos pero nos conocíamos de antes y ya el primer beso que nos supimos inventar recuerdo perfectamente cómo fue, pero no como nos animamos a darnoslo) y decirnos cosas y tomar helado para luego recostarnos en la plaza del conocernos más, de ir a la par, siguiéndonos el uno al otro. ¿Te acordás cómo eramos, Allen?

1) Si, Guille. Lo recuerdo. Eramos casi perfectos, nunca nos peleabamos, ibamos de acá para allá en plena sintonía, eras mi aeropuerto más cercano, je.

#) ¿Me extrañás?

1) Esto no se lo dije nunca a nadie, y es una completa irresponsabilidad que largue esto así nomás frente a la principal implicada: Tenemos esta relación actual de no hablarnos nunca, salvo por este desvarío que estamos compartiendo ahorita, pero te digo, que me acuerdo de vos en algún momento de todos los días, desde que no somos nosotros.

#) ....

1) No sabés que decir, claro. Por eso no te digo estas cosas.

#) Es que no entiendo, me duele aún. Me dijeron que si se menciona mi nombre automáticamente el aire a tu alrededor se vuelve espeso, salta la térmica. Me duele que al menos no podamos estar en la misma habitación, que al menos no nos podamos saludar, que a ve cómo estás, que... ¿Qué te pasa Allen?

III
Juliet por Allen:
Julieta como en Julieta Cinadi, chica capitalina especial para este libertario fracasado que soy. July posee un sentido del humor delirante, una sonrisa realmente envidiable, pelo castaño ideal para remolonear por las mañanas, brazos suaves que son geniales para llevarlos en la espalda, en claro gesto de "ahora". Persona de autoestoma variable, tirando a nublada. Muy audaz con sus silencios, que funcionan como un gran sistema estereo para decir las cosas en voz alta con una inmutabilidad pasmante.

Contadora arrepentida, ama sus números tanto como los odia, se sirve de un análisis continuo de las realidades hipertensas para justificar una serie de ausencias contínuas, saberse de memoria qué ocurrió desde la vereda de enfrente, y cuántas veces le demostró la historia que en realidad tiene mala memoria.

Es temerosa por naturaleza, pero cuando al toque, cuando te pasaste de rosca, dejaste de ser el león para ser el cordero. Y pafff, no la para nadie. Y ahí es donde somos iguales, donde jugamos a cambiar los roles, aunque me parece que a mí me toca más veces ser león, pero a ella le encanta dar el revés y repentinamente sacarse la piel de oveja y lucir las fauces. Je.

También es propio tener en cuenta que ese cuerpito chiquito (1.58 de altura), destella continuamente emociones varias de todos los colores y sabores, de las cuales yo me quedo con el tutifrutti porque es su especialidad, sobretodo con crema chantilli y frutillas los viernes a la noche.

IV
Allen por July
Primero: un tipo tan interesante como difícil. Dulce como él sólo, pero hay que entender la frecuencia. Me contó una vez que su tía le tiró las cartas, y que predijo que lo que él más añoraba era la libertad, pero que eso no iba a poder ser, al fin de cuentas. Yo creo que eso lo marcó, desde chico, hasta llegar a ser Allen, residente de Almagro, 24 años, soltero, mirada penetrante, capaz de ser tan docil como cabezadura.

Suele meditar mucho. Demasiado. Compartimos eso. Pero cuando deja de pensar, deja de hacerlo en serio y entonces empieza el gran mambo, el gran baile, donde él dispone que la pista hay que gastarla, quela música nos incita a cosas que se supone no debemos hacer porque no son socialmente aceptadas. Y así terminamos haciendo al amor en la terraza de la fiesta de Ludi.

Como sostiene Meri (piensan que yo no sé lo que dice Meri, pero se equivocan), tiene una espalda excelente para hacer besos deportivos, de salto en largo, carreras cortas y natación sobre los homoplatos para llegar al chapuzón en la oreja. Allen gestiona los dos extremos: una rapidez implacable en la cual perdemos nuestra forma de ser en eso que somos. O una sutileza, una forma de sostener la tensión con un susurro y un roce de piernas que me ha metamorfoseado en leona más de una vez. Todo porque el cordero provocaba desmanes.

Racionalista que reniega de su herencia inevitable, ahora anda un poco más suelto, pero para esa soltura con esa caida inherente de ladrillos, esas destrucciones tan contemporáneas de nosotros mismos. Tiene una puntería para los misiles teledirigidos asombroza. Cree tanto en las sorpresas, en esa necesidad de fisurar la rutina. Y se queja de que el mundo no cambia lo suficiente. Ese es Allen Jana, demasiado soñador y demasiado despierto.

V
1) Deberíamos irnos un rato, alquilarnos una habitación en nunca jamás un fin de semana, y dedicarnos a coleccionar lo efímero de nosotros, que nos importa tanto y yo me quiero quedar con tus abrazos, que ya me malacostumbraste. (introducción, desarrollo y desenlace.)

2) Quisiera. Deberíamos. Sostengo que es una excelente idea, un beso en la comisura de los labios, que me gusta porque estimula la imaginación, es un pequeño detonador de fantasías Allen. Sería lindo, vernos un poco sin ese resto de mundo de la avenida, los puestos de diarios, las bocas de subte, el sesenta que pasa, mi prima que llama por cel, tu padre mensajeando por tu paradero y decime ¿eres feliz conmigo?

1) Si. No estoy acostumbrado. Es raro, incluso a veces me asusta, me pregunto por las ilusiones ópticas que sé sufrir demasiado a esta altura, a la vista de todos, sin que nadie lo note demasiado.

2) Te cuesta pensar que el cielo pueda ganar el juicio. Pero sabés que es lo mejor.

1) Siempre y cuando vos, así como sos, Julieta muchacha de ojos marrones, jeans gastados pero bien lucidos, remera negra de los Beatles, pulcera de plástico de poca monta y sin aros en ninguna de sus orejas; seas la abogada del cielo, que argumentás mucho mejor que yo.

VI
#) Cuando recuerdo que estabas... Porque mi gran herida es que no estés, Allen. Que hayas dicho lo que dijiste, que caminaras en dirección contraria, que me evites, que yo sea el chispazo que inicia la reacción en cadena. Duele saber que yo estoy ahí, de fondo, entre tanto desierto.

1) Creeme, si vos pusiste eso en palabras, yo soy la carne viva.

#) ... Que soy la causa por la que iniciaste una y otra vez el juicio este que llevas acabo...

1) Si, Guillermina.

2) Detesto que me digas Guillermina. Es obvio, cuando me llamás por mi nombre entero, todos lo notan. Todos me dicen Guille, que queda muchísimo más cerca que Guillermina. Millas más cerca, continentes más cerca. Guillermina está en la otra punta del mundo, Allen.

1) Sabés como es esto, se presenta la evidencia, el juez escucha a las partes, a la querellante y a la defensa, y el jurado, tendencioso como nunca emite un veredicto. Pero todo esto es un proceso largo, tenso, denso, poco brillante, más bien opaco.

#) No sé, no sé si quiero ser la abogada defensora. Ese afán de que el cielo termine perdiendo la querella, me duele. Es que me molesta ser mera "prueba del delito", me molesta ser la pieza inerte sobre la cual se debate. Dime ¿alguna vez podríamos suspender el juicio, dejarlo ahí un rato? No arreglaremos nada, lo sé, ya es tarde, pero me gustaría compartir impresiones por fuera de la corte. Por fuera de lo que nos hemos convertido.

Jugada de gol

domingo, 19 de agosto de 2007

Personajes:
- Meri
- Orlando
- Bruno
- Felipe
- Allen
- (Luna)
I
Mientras me siento un poco a disfrutar del paisaje, veo como las paredes relampaguéan al ritmo de un reggaetón inescuchable, la lluvia empieza a salpicar a los que afuera disfrutan de eso que es intomable y Bruno inicia otra escalada con otra mina que otra vez lo va a mandar a freir espárragos.

Primero fuimos a comer, a celebrar que se nos va un grande, que Allen inició su escapada hacia otro lugar, y vamos a ver en qué termina. Orlando es una especie de presencia fantasmagórica, aparece y desaparece. Felipe baila con todo el mundo, nunca pensé que alguien pudiera beber tanto, de tal manera.

Hace tiempo que venía acomodando la jugada. Esto es como un partido de fútbol, querido. Si, vos contra mi. Allen contra Meri. Je. Tanto tiempo intentando, y nada. Vos cuando querés das cero feedback, guapetón. Y no sé si es que tomamos un poco de más pero esta vez te la voy a hacer más difícil.

II
Orlando: ... estuvo no sé cuánto tiempo puteando por el olor a mierda, porque no se podía laburar. Y cuando le llegó el mail invitándolo al gay resort, jajaja, nadie en la oficina pudo contener la risa, incluso Olga, lo miraba a Alberto.

Allen: Debía pensar "oh no, es peor de lo que yo creía, mi marido me cornea con otro tipo". jajaja.

Meri: No sabés. Están todo el tiempo hablando de vos, de que no hiciste esto, de que no dejaste listo lo otro, de que no dejaste un celular y que ahora cómo te contactamos.

El lugar: La Farola de Belgrano. Excelente para las milanesas a la napolitana, tamaño tanque. Cervezas de por medio, algunas papas fritas. Estrenando salida de ex compañeros de laburo. Allen festejante, en dos días comienza otra cosa. El resto, adaptándose a una isla nueva, de la que el demonio de tasmaña se fue, auto eyectado.

Orlando nos dice que hay fiesta, que no sabe qué onda. Las nubes amenazan con tirarnos baldazos de agua fría, pero estamos con ruedas todos, móviles esperándonos a que los llevemos hacia el próximo estallido. Felipe le mandó el mensajito a Orlando: Niceto Vega y Bondpland. Fiesta de no sé qué, no conocemos a nadie, vamos.

Allen piensa que hoy tiene que ser una noche normal. Aunque algo está alborotando todo, pero tiene que ser normal. Orlando no da dos mangos por esa idea. Meri tiene otros planes. Bruno entiende que la noche es todo lo posible que aún no ocurrió.

III
Volvemos a la locación: fiesta desconocida.
Este partido me lo debés desde hace rato, querido Allen. Desde las caricias en tu espalda cuando me llevabas a casa en el auto, esa noche en Juan B. Justo. Desde la vez que fuimos al recital en River, que yo me cambiaba en el auto, en plena avenida Libertador, a tu lado, y vos manejabas imperturbable, y yo me preguntaba si terminaríamos yendo al reci o teniendo relaciones por ahí nomás.

Es como una pelota de pase de gol, intenté jugadas por donde fuera, por el centro, jugando bajito a los pases cortos. Al pelotazo desde lejos, a ver si entraba al arco. El referí no me da penal ni en pedo. El estadio está en silencio, viendo a ver qué hago, cómo me las arreglo para meter gol o no.

Allen veía cómo las paredes vaban vueltas y vueltas, el piso hacía zoom in y zoom out, y el techo se derretía como si lo hubiera pintado Salvador Dalí. No recordaba hacia cuánto que estaba ahí. En algún momento había estado Orlando, que se había sumergido en la multitud de la noche. Felipe estaba tomando algo que se hacía llamar "nectar", y seguro era un derivado del petroleo y el ácido tartárico. Meri estaba reposando un rato en una banqueta, al costado, cerraba los ojos y se tambaleaba. Bruno estaba afinando la puntería, se olvidó el tirador láser, así que estamos viendo si con escopeta de perdigones cazamos algún venado, que está lleno.

Entonces yo tenía pelota, estaba el juego parado en realidad. Era como un tiro libre. Patee. Le dije a Allen que viniera un rato, que cómo andaba, que no habíamos tenido oportunidad de hablar los dos bien desde esto de que él se va, y cómo se va a notar tu ausencia...

Orlando estaba hablando con una de las chicas del lugar. Curiosamente, la noche no acompañaría a Orlando ("reboté quince de quince intentos", diría al otro día). Era une bella casa, digna de cualquier residente de Palermo. El living había sido despejado de todos los muebles que seguramente lo poblaban. Estaba el lugar lleno. Ninguno de la troupe sabía cómo habían llegado ahí, de parte de quién, quién los esponsoreaba, cuánto habían tomado, blablero, ... Estaban seguros de que mañana todos absolutamente todos tendrían un dolor de cabeza terrible, que los recuerdos serían fragmentarios, que las selecciones de la memoria serían muy arbitrarias, pero que el cuerpo pasaría la factura de todo lo acontecido, detalle a detalle.

IV
Paso a paso. Primero mi mano trepa tu espalda, y te digo que la verdad, se siente re linda. Y tu pelo ni hablar, me encanta jugar con tu cabellera, hacer remolinos. Mientras vos manejas, mirás todo Buenos Aires desde esa pantalla frontal que tenemos en tiempo real y con sonido superemvolvente, esa gran bestia que nos hace suya a cada momento, de la cual renegamos. Y por favor, que no estes pensando en tu chica, que July es nada más que un accesorio. Yo quiero que los dos nos olvidemos de ella y que...

No entiendo a Meri. O mejor dicho, si, la entiendo a la perfección. Digo, las señales son irrefutables. Orlando me mira con cara de "sos un salame" cada día que nos decimos hola el la oficina, cada momento que ella viene y se sienta en mi oficina a charlar de la vida, y Alberto nos mira de reojo porque resulta que yo anduve con la otra piba que estuvo antes que Meri (es mentira) y que no trabajamos nada (otra mentira).

Los rumores del affair Meri-Allen habían surgido del día a día. Orlando sabía que Meri le tenía ganas a su amigo. Allen se ocupaba de omitir esas evidencias. Una vez, en el cumpleaños de Orlando, Meri y july se conocieron. Meri siempre confianzuda, mandándole el brazo alrededor de la cintura a Allen. July trinaba. Se daba cuenta. Sabía que no pasaba nada por parte de Allen, que él jamás visitaría esos labios, que no rompería el contrato de exclusividad que mantenía con ella. Pero Meri lucía esas ganas de estar con Allen, demasiado escotadas, demasiado insinuantes. ¿Y si algún día quebraba la defensa, y si algún momento de flaquesa lo abordaba a Allen? Allen no era una persona estable, pero en cuestiones de amoríos era...

V
... un dinosaurio - dijo Luna-. Vos crees que el amor es para siempre, que no nos damos besos con nuestros ex aunque hayamos encontrado otra pareja, que nada más tenemos lugar en el corazón para nuestro compañerito de toda la vida. Actualizate Allen. Pensá que ahora Guillermina anda con cualquier otro, y vos estás recién testeando a ver si July es July. ¿Y si tuvieras la oportunidad de besar a Guillermina otra vez? Ahí te quiero ver, aunque la hayas enterrado, yo sé que ella tiene ese poder sobre vos.

Allen se sentía desactualizado, efectivamente. Para estas cuestiones se daba cuenta de que se aferraba a las personas demasiado quizás. Pero iba más allá de las elecciones que pudiera realizar, no eran racionalidades, eran cuestiones ancladas en lo más profundo de su ser, eran parte de su carne. Él era eso, esa persona que no juega a varias puntas, que no soporta las infidalidades, las visitas furtivas a labios prohibidos. Porque las aventuras, según Allen, se viven con esa persona que efectivamente no somos nosotros pero nos hace sentir más nosotros.

VI
Conseguí que vinieras, Allen. Bien. Un logro, una ventaja. Se te nota más relajado hoy, será que ahora te espera ese estrellato, esa nueva constelación que vaya a saber a quién implica. Y me enteré de tu alejamiento de July, que era la marca principal en tu defensa, a ver si ahora puedo gambetear. Porque mi brazo dice que tu cintura está esbelta, que tu espalda me sigue gustando tanto como las otras veces en tu auto. Que me cuesta acercarme pero porque me gusta que estés cerca tanto, y los hombres suelen hacerme las cosas más fáciles, pero vos, Allen, tenés tus mañas.

Existen los goles de pelota parada. Te voy a extrañar. Vos también. ¿Qué esperás? Tantos cambios, vos tan joven, tan idealista aún, por encima del resto, yo te juro que me alegro de tu nuevo trabajo, pero lamento tu partida, mi sonrisa guarda algo de tristeza, ya te lo dije.

Es simple, como encontrarnos en ese bar de las cañitas, tomar unas cervezas, reirnos de Alberto, sobre todo de Alberto. Después que me lleves a casa completamente borracha, y abrazándome a vos, porque no puedo ni caminar, y gracias, me encanta que me cuides, que estés, que seas Allen aquí y ahora, en pleno abrazo de sábado a la madrugada. Si te pregunto cómo estás es porque quiero compenetrarme en el tema, porque ahora apoyo mi cabeza en tu hombro, porque te doy un beso en el cuello. Si, te di un beso en el cuello, ¿y?

Meri estaba jugando el partido como nunca. No lo podía creer, escalaba posiciones. Pero Allen, fiel a Allen, no desarmaba la defensa. Pero no pasaba nada. Pero el tiempo estaba yéndose y no pasaba nada, era ella en el campo de juego. Creo que esto es un corner, creo que todo el equipo tiene que ir a cabecear, creo que esta vez aunque sea con falta metemos el gol, creo que patee, que mi boca aterrizó en la de Allen, que estoy viviendo en Allen un rato, que llegó el vuelo, que patee del corner y pude cabecear y la pelota entró.................. Gol.

Bruno perdió el interés en los perdigones, dio media vuelta, para encontrarse que la cara de Allen y la de Meri era una sola. Felipe empezó a aplaudir, riendo compulsivamente, no comprendía bien qué pasó o cómo, pero avalaba el resultado. Orlando escupió un "por fin" que tenía atragantado desde hace al menos tres meses. Una ausente July lloró de rabia, le hubiera gritado que ella lo amaba, a diferencia de "otras". Bruno miró a Orlando que miraba a Felipe que miraba su destornillador, y elevó el vaso. Un brindis.

Gol. Jugada de labios. Magistral jugada de labios.

VII
Allen: Ehm.... Perdón Meri, pero... No es lo que quiero.

Meri: ¿Cómo que no es lo que querés? Si no me dijiste nada, no frenaste mi juego.

Gol anulado. El resto fue una cordial ráfaga de puteadas de Meri a Allen. Que sos un pelotudo, no sos mi amigo, entendelo. Que no me vengas con estupideces, que la verdad es que bien te dabas cuenta, no puedo creer que seas tan boludo.

Allen estaba lo suficientemente pasado como para no terminar de comprender, pero si entendía que eso no debía ser, que el gol no valía, que era todo un error, había posición adelantada, la fecha no correspondía y el árbitro no estaba en sus cabales. Las explicaciones posteriores fueron la gran omisión de todo esto, y el hagamos de cuenta que no pasó nada, aunque Orlando lo vio todo, Felipe va a preguntar, y veremos quién más vio la jugada.

El terror

jueves, 16 de agosto de 2007

1) Digo que quizás pifié en un par de cosas, cariño. Sé que tengo esa manía, ese afan irrefutable de hacer las cosas un poco peor que la vez anterior. Lo admito, a veces me dejo llevar por esa nada, por la pérdida total, esa esperanza que queda crucificada, pero no ha muerto aún.

2) Cariño, lamento que digas eso. Te veo dar vueltas, giros y giros, coletazos que pueden llegar a mover el mundo, pero todo queda truncado en lo anecdótico. Creo que fue eso lo que me desgastó a mi también, verte tan... inestable Allen. Sos como un electrocardiograma que sube repentinamente, y que termina pagando los daños, esos vidrios rotos con los que me tocó cortarme más de una vez. Y sé que no lo haces a propósito, que solo recreaste esa versión tuya, ese...

1) ... Dibujo animado,una caricatura de lo que se suponía debía llegar a ser. No sé dónde exactamente se perdió todo July, no lo sé. Hay una fisura, el sistema no anda, y cada vez que intento romperlo, parece inmutable.

2) Allen, mi amor, te extraño. Voy a seguir extrañándote, y por más que mis lagrimas me delatan, que lo que siento por vos se me escapa por la mejilla y rueda al piso en otro chapoteo más, desearía que vos esta vez pudieras escaparte... Pero sé que no lo harás.

1) Vivo escapando querida, pero nunca paso la frontera. Es como si mi fuga fuera siempre dentro de los límites del mismo estado, viste. Me escapo pero siempre logro retener las emociones más eficaces, más brillantes.

2) Digo, ¿la onda de FM no es eso? ¿No es ese rayo, ese relámpago destructor que choca contra la frontera, que se desmantela a sí mismo, y por ende a vos?

1) Es probable, pero no lo puedo cambiar.

Allen y July permanecían abrazados cerca de Plaza Italia, cerca del zoológico. Plena noche de martes, un estancamiento del tiempo que deseaba simplemente dejar de discurrir, hacerse pura emotividad liberada a sí misma, como cuando solían mirarse furtivamente escapando de sus propias negaciones. A July le costó horrores admitir que Allen era parte de la ecuación de ella, que se sentía mejor con él al lado. No estaba completa con él, pero se sentía definitivamente menos incompleta. Era un factor que tenía que estar.

July funcionaba como esa parte de Allen que le otorgaba coherencia. Sobre todo eso, coherencia. Pero le permitía sus desmanes.

Es que somos dos personas muy miedosas, querida July. Y cuando nos conocimos, nos experimentamos un poco en el laboratorio, y nos dimos cuenta de que ambos teníamos miedo, que nos asustaba tirarnos desde lo alto de nosotros porque abajo no había piso, no había nada. Fue ahí que dijimos que bueno, que vamos a hacerlo juntos, que vamos a tener miedo pero vamos a estar los dos teniendo miedo y haciendo las cosas. Y entonces el miedo fue cediendo, porque estabamos los dos.

2) Sos demasiado importante como para que yo, simplemente yo, te retenga en mis brazos. Pero sé que si te suelto me arrepentiré.

1) ¿Volvió el miedo? ¿Es que nos estamos separando, estamos solos, esta escisión está haciendo que el terror vuelva?

2) No, eso no por favor. Quedate...

Allen no pensaba en moverse. Podían quedarse los dos cuerpos ahí parados en plena avenida, fundidos, ambos dándole la espalda al mundo, que nada ocurriría. Mientras July estuviera con Allen, el cuerpo de él permanecería ajeno a los temblores, ajeno a ese nerviosismo, ajeno a los desmanes, ajeno a la pérdida total de diección. July supo lograr que Allen evitara los estallidos, tenía el mérito pocas veces reconocido de desactivar la bomb, de evitar que la térmica salte y vuele todo por los aires. Si Allen a veces se le salía de las manos, la ausencia de July provocaría un continuado de coletazos, de explosivos ubicados adrede, de luces destellantes en el horizonte, que indicaban claramente la guerra, los misiles cayendo.

July se resguardaba, hundiéndose cada vez más en Allen, cada vez más adentro, y no afuera. Se negaba a enfrentar esa ciudad maldita que la había visto crecer, que hoy pretendía llevarse a su corazón, que pretendía esgrimir su cabeza. ¿Por qué estás tan enojada con el mundo? Le preguntaba Allen cuando ella fruncía el ceño. Ahora Allen no preguntaba, ambos entendían perfectamente qué ocurría.

No era de simple mal inventor que Allen preguntaba. Si él supo ser más optimista, fue porque realmente July era July como en Allen y July. ¿Qué debes hacer cuando te vuelves insensible a la droga que te mantiene vivo? ¿Morir nuevamente?, se preguntaba Julieta. Los brazos de Allen lograban retener sus temblores, como la primera vez, ¿pero hasta cuándo?

3) Yo te juro que en este momento sos lo más importante en mi vida. Pero siento que no estoy preparado/a para llegar tan lejos, para ser tan nosotros... Quisiera volver.

Se alejaron unos pasos. Allen mirando para el norte, July enfrentando ese Sur de avenida Santa Fé que aprendió a odiar, y que desde hoy resentiría por años.

2) Por favor, quiero que evites a H., ¿si? No te hará bien.

1) No te preocupes - dijo la máquina avanzando o retrocediendo, ya no lo sabía -, mis acciones sólo se cobrarán una única víctima. El cielo está en juicio, y lo va a perder...

Y así volvió el terror.

Sismos

miércoles, 15 de agosto de 2007

Personajes:
- Orlando
- Ludi
- Allen


I
Orlando: Creo, fue un momento realmente ganador. Es decir, se fue como pocos lo hacen, haciendo bullicio, demasiado bullicio. Fue eso: un epílogo. A ver, por dónde puedo comenzar a contarte...

Ludi: Y... Jamás entendí esa relación entre Allen y su jefe. ¿Tan mal tipo es?

Orlando: No es mal tipo. Se llevaban mal entre ellos. Yo con Alberto, está todo bien. Es un pelotudo, pero está todo bien. Tiene esas cosas de imbécil, de que quiere siempre forrearte. Y Allen es así. Lo peor que podés hacer es insultar su inteligencia.
La cuestión es que consiguió otro trabajo, y empezó la rienda suelta. Lo que no rompía se lo afanaba, con el que no se peleaba, le hacía la vida imposible, a la que no podía...


II
Ya estaba todo casi listo. Allen había reconfigurado la red interna de las compus del laburo especialmente para que no anduviera ninguna en un plazo de 72 horas. No quedaban cds virgenes en toda la oficina, y una impresora Canon yacía en su habitación, tomada de prestamo permanente. La compactera de la máquina de Alberto tenía una feta de salame, y dentro de la electrónica del aparato había un pedazo de carne cruda que le daría noticias a toda la oficina en un par de días.
Orlando me decía que era un loco de la guerra, que siempre me dejaba llevar demasiado por mis olas destructivas, que lo de Nordelta, que lo de la fiesta del amigo de la amiga de Ludi, el complot para romper el sistema de sonido de la gente de The End (mierda... eso fue Nordelta también!).

(July opina, aunque no está: Allen es un tipo perfectamente racional. Pero cuando se le zafa un tornillo, cagaste, se va de mambo, pierde todo rasgo de coherencia que lo caractariza, se sabe incapaz de conquistar el mundo, así que empieza a generar caos. Y con el caos se divierte.)

Mientras Allen había dispuesto toda una serie de herramientas en el depósito estratégicamente ubicadas para caerse monumentalmente, en una perfecta avalancha de metales desconocidos que tampoco le interesaban. Había seteado el servidor para que le enviara, cuando el lo incidase, una serie de mensajes anónimos poco educados al correo general de la empresa: "gordo pelotudo", "Dejá de ver pornografía en tu máquina Alberto, ya lo saben todos por los pelos en tus manos" "Alberto, ¿te acordás cuando nevó? a vos te sigue nevando en el..."

Orlando: Mirá, vos, sos mal tipo cuando querés. Claro, te vas, renuncias, no te importa una goma nada. Pero el que se va a tener que bancar la perorata con el dogor soy yo.

Allen: Nene nene. Estás tratando conmigo, es obvio que ya con la cadena zafada voy a armar un despelote de aquellos. ¿Te conté que le voy a pinchar las cuatro ruedas del coche? Así cuando se va a las once de la noche sabés la pataleta que le agarra. Esto es así, hay gustos en la vida que uno debe darse. Mi viejo me decía que tenía que quedar todo bien acá. No nada, guerra, nene.



III
Orlando: No lo odia. Simplemente, a Allen le gusta desestructurar. Capaz sea porque él se piensa a sí mismo como alguien muy estructurado. Es una forma que tiene de atacarse, aunque no lo creas. Él lo ve así. El tema es que el tipo este Alberto, cuando Allen comenzó a crecer adentro de la empresa, le empezó a tirar obstáculos: No le aprobaba los avisos, le rechazaba ideas y después las proponía como que eran de él, lo hacía hacer y rediseñar a diestra y siniestra las gráficas.

Orlando le daba besos en la espalda a Ludi. La noche ya había pasado, la cama estaba revuelta, no había ideas propias para compartir. Se habían desagotado todas las emociones en plena histeria de invierno, primavera y verano. Allen era tema de conversación. Ludi supo confesar, completamente borracha, que Allen en un principio le atrajo. Luego se dio cuenta de que el pibe era una bomba de tiempo a veces...

Ludi: Él ya había hecho eso de mandarle mails con jodas a Alberto. Trascendió que...

Orlando: Lo del curriculum del perro, el mail de la competencia que le decía "venite que sos groso", las pasadas de teléfono de tipos que en realidad lo querían putear, el newsletter porno que le llega a Alberto con nombre y apellido y que lo vio la mujer... Hay una ley, querida Ludi: si algo extraño está pasando en tu vida, es probable que Allen tenga que ver.

Ludi: Vos mucho no lo bancás con esas cosas.

Orlando: Me divierte. Allen es todo un tipo, no me lo pierdo ni por puta. Es el único ser que conozco arriesga su laburo haciendo semejantes pequeñeces transformadas en grandes artimañas: pasa ronzando un patrullero en plena autopista Illia a las seis de la matina, cae completamente bajo los efectos del ya sabemos qué a una reunión de jefes de proyecto, que se calienta cando la rubia esa le toca el ojete, como el otro día...

Ludi: No sabía lo de la rubia. Ni lo del patrullero. Y pensé que habia dejado ciertos hábitos, cuando July se entere se va a armar la goma...

Orlando: ¡Si fue con July que se pegó el primer viaje! Esa mina primero lo provoca y luego le quiere poner el freno. Como el cross que le dio la otra vez... jaja. Que se la banque, y además bien que le gusta que Allen sea así.


IV
Allen había dispuesto la cafetera expreso para que largara café con burbujas de detergente por un rato, el saco del jefe, olvidado en el perchero, tenía en los bolsillos excremento de gato. El asiento del jefe carecía de los tornillos que usualmente aunaban las partes metálicas, por lo que en cuanto Alberto atinó a reposar su importante trasero, viajó automáticamente al piso, que era un charco de agua de deshielo de vaya a saber dónde.

El último día de trabajo de Allen constó en borrar todas las carpetas personales de la computadora, terminar de setear el site para que cayera cuando el diera el ok desde su casa, la impresora estaba cargada con helado de frutilla y banana split, y había elaborado un video que se dispararía en todas las máquinas a las doce del mediodía del martes siguiente, que comenzaría con un simpático capítulo de los Teletubies para terminar con una clara escena en triple equis, dirigida directamente al jefe. De todo esto, Orlando sabía el cincuenta porciento.

Me gusta hacer quilombo, lo admito. De ese santo proyecto inspirado en la ficción francesa he caido en dos vertienes, la buena de los asaltos sorpresa a mis seres queridos, y la mala de armar despelotes e idear verdaderas rupturas de cráneos (ambas vertientes del proyecto francés: Project Franz y Project Mayhem respectivamente). De todas formas, todos los caminos me llevan a deconstruir.

Entonces saludo, un abrazo fuerte a Meri, que no la vería todos los días, unas carcajadas con Orlando, el finde me contás cómo fue, un amable adiós con la de contaduría, una escabullida de la asistente del jefe de laboratorio, un estrechón de manos muy falso con Alberto. Salió, miró el sol radiante, era libre por una semana hasta que empezara su próximo trabajo en la agencia. Y se fue cantando "to to torito, torito.... voy al mataderooooooo". Desde el ventanal de la oficina lo miraban, yéndose.

Temblando frágil en la multitud

martes, 14 de agosto de 2007

(intentaré hacer honor a los comentarios de que debo escribir más breve... a ver si me sale.)

Personajes:
- Allen Jana
- Resto del mundo


I
Un duchaso después del día de laburo. Mierda, me olvidé la toalla en la habitación. No logré afinar la guitarra, terminar la melodía que ayer no me costaba nada. Y ya casi no me hablás, me sacás totalmente de mis casillas con esas respuestas tuyas. "Ah mirá vos, Allen... ". Te juro que caminaba por las paredes, hice salto en largo en el techo, cuando me hablabas así, tan suelta de ideas, tan olvidadiza de mi, que al fin y al cabo no soy más que yo en un hermoso mal día.


II
El monitor me miraba atónito, no sabía qué hacer sin que yo presionara el clic del mouse, el Esc del teclado. Y seguí recibiendo los mails, de que el cliente no estaba conforme con el aviso, ya no podía esquivar las miradas. Fue en ese momento, alrededor de las 11.30 de la mañana que me di cuenta de que este día sería una verdadera cagada.

No es difícil, suelo hacerlo todo el tiempo. Me piden un aviso: diseño claro, fondo verde, muchacha en bikini, y vamos a ver si el tipo que lee el aviso asocia la mina con el aparato este que tenemos que vender. Si, lo sé, lo hago todo el tiempo. Detesto hacerlo. Allen, que se vende como la peor prostituta de todas, que sabe que podría estar en otro lado, haciendo otra cosa, con otra gente... Pero no, Allen es este tipo sentado frente a la pc ideando imbecilidades, que para colmo hoy no le salen.

"Tengo un problema", estalló Dani desde la computadora de enfrente a la derecha. Yo había superado la crisis mediática superconcentrada de darme cuenta que doce de doce avisos que había hecho, gozaban de tremendos errores. Salvé las papas, pero ahora, Dani.

"Esta porquería de publicador no anda". Allen, tiene que reconocerle a Daniel que lo ha ayudado en más de una oportunidad. Hora de pagar: "Mirá, a mi el publicador web me anda, así que pasame lo que tengas que subir que lo liquidamos".
Puta madre, hoy tenía ganas de irme cuanto antes de esta nefasta oficina rodeada de nadie, porque la verdad es que hoy son todos una manga de indeseables, y yo sólo quiero...


III
... Enviarte un mail, amablemente. A ver si nos deshacemos de todos durante un rato. Digo, a vos no te gusta tu oficina, a mi tampoco la mía. Vayamos a odiar el mundo a algún lado, y odiemoslo juntos. Vos con todos tus papeleríos me resultás entretenida al fin de cuentas. Tus ojos son un parque de diversiones, viste. Hace mucho que Allen no va a treparse en ellos.

Creo que me encantaría verte hoy. Entonces ensayé ese texto: "Quiero saber si podemos vernos hoy". Nada muy complicado.

Luego de tanto esperar, y no me respondés. Hoy viene mal.


IV
Salir al mundo, un rato, almuerzo en el mundo exterior. No tengo por qué salir, pero salgo a respirar, a alejarme de los avisadores malhumorados, de los imbéciles perdidos en el chiquitaje de que lo más importante en su vida es la Times New Roman o la Verdana, que los colores no corresponden con el branding, y por qué no se dan cuenta de cuan pequenos son. Yo me siento pequeño hoy, en realidad. El pequeño Allen, esperando el milagro. Y esta piba no me contesta, es la única persona que puede hacer que el día de hoy valga la pena. Pero no, es el destino. Estoy destinado a sufrir este día como de los peores, y yo que pensé que había zafado de la mezcla entre la cerveza sin gas y las papafritas húmedas.

"Eso lo necesitamos hoy, y ojo que en el mail está copiado Ernesto Celian". Ernesto Celian: Capo de tutti la empresa, y si no tengo esto resuelto para las seis, se arma la goma, se prende fuego todo, y yo, tan experto en arrojar combustible, tengo que ver cómo cuernos hago para que estos idiotas tengan su minita al lado de su supermonitor LCD a precio de lujo. Por favor, el mundo de la publicidad es un infierno, más que nunca hoy.

Tomando café a roletes, insultando reiteradas veces al techo, a este sistema macabro que lo único que consigue es dejarme en banda en tan desesperado momento, brillando en plena multitud, sólo, aunque me rodeen todos, aunque todos hagan de cuenta que nada pasa, acá, estoy apagando incendios. ¿Desde cuándo me importan tanto los incendios, mierda?


V
"A ver Luna si me orientás un poco"... Para variar, y siguiendo la línea de desastre de la jornada, de ese almuerzo soso, de esa diagramación que no me sale, de ese servidor que no me deja subir las cosas, de ese café recontra quemado, de ese sol radiante que me mira a través de la ventana oscura y sucia; vos querida Luna, estás perdida en cualquier cosa y no te dignas a responderme los llamados.

"Si nene, qué te pasa? Estoy ocupada", me escribió Luna, después de un largo rato.

Okey, entiendo que tampoco debo hablarte a ti hoy, que te vendiste al complot mundial de "ignoremos a Allen". Haberlo dicho antes, me ahorrabas el pedido de salvavidas, de flotadores en tremenda tempestad de lo irrisorio.

"No importa. Perdón la molestia", le respondí.

"Bueno, dale, contame Allen", insistió. Ya ni te contesto. Ya perdí las ganas, así que el resto fue silencio.


VI
Volverme hacia Dani, que ahora tiene dos archivitos más para subir. Y yo con mis obsesiones por irme a casa en hora. Luego llega esa sensación de que hoy estoy cansado desde que me leanté, desde que ella se fue para no volver, desde que las puertas del cielo son asediadas por proyectiles de larga distancia.

Y justo hoy me llegan datos de la inombrable. En realidad, es bueno irla afrontando a la distancia. Que Guille, ya no estás, no quiero que vuelvas, pero irrefutablemente apareces de vez en cuando. Las desvantajas de conservar los amigos en común. Si quieren juntarse, juntensen, pero no me cuenten. Y ni pienso responder al mail de invitación. July siempre miraba de reojo a cualquier referencia a Guillermina. En realidad, ella ni la conocía. Tampoco la soportaba.

Pero seguimos con Dani y la máquina de descuartizar ideas, de revertir los buenos días, de conservar las ilusiones. Dani no te preocupes que para algo estoy, que vos sos un tipo copado. Van quedando cada vez menos en el piso, se van yendo. Esta vez nos toca quedarnos, justo hoy, día de neuronas quemadas, estómados revueltos y esas estúpidas ganas de que al menos me digas "hola".

VII
Lograr una respuesta tuya hoy me vale más que ningún otro día, mi querida muchacha. Me extraña tu súbita ausencia, me extraña tu silencio tan sólido y polar, me extraña semejante abandono... te extraño. Hoy podrías haberme arrancado una sonrisa con mucha facilidad (te quejás de que soy difícil para ello), y justo no venís. Te juro que te odié ese rato...

Le fabuleux destin d'Amélie Poulain

viernes, 10 de agosto de 2007

(cómo la queremos... ¿no?)


Tomo la primera persona de la enunciación aquí por primera vez. Es decir, me dejo de inventar cosas y personajes. Y escribiré sobre otras invenciones.

Y aquí está ella, Amelie. A esta altura es siempre una buena visita para mi, siempre alguna pirueta para hacer, algún revoleo de ojos, algún montaje que me toca ejecutar entre mi día a día y la pérdida completa del tiempo. Y está bien diversificarse. Lo primero que debemos aceptar de esta chica es que las cosas no tienen que ser como son. Es decir, tenemos la oportunidad de nosotros mismos inventar formas nuevas de hacer las cosas, sorprendernos hasta a nosotros mismos, y por sobretodo a los demás.

Esta chica se ha dedicado a salirse con la suya, pero de una manera tan linda, que no puedo hacer más que aplaudirla. Mandar enanos de jardín a recorrer el mundo, escarmentar a un jefe mala onda, invitar a un hombre a revisitar su niñez, demostrarle a un viejo encerrado que hay mundo y que está ahí nomás. Realizar todo ese montaje para ver si este otro muchacho con hábitos tan peculiares como entretenidos termina parado frente a su puerta, preguntando por ella.


Aquí la tenemos de niña. Como todo chiquitín, alcanza a ver cosas que los más grandes no podemos, o que se nos dificulta (igual bien saben que yo no me destaco por haber crecido... je). Creo que tiene que ver con ese momento inicial de la vida de una persona, en el cual está descubriendo el mundo, siendo uno con el mundo (Merleau, se me filtra este tipo siempre...). Porque cuando crecemos , pareciera que aceptamos las reglas, y entonces perdemos esa relación lúdica con nosotros y con el resto.

Y encima era ta linda la nena (de grande también, obvio). La primera parte de la peli es genial, me encanta. Ella desde la ventana, ella con los dedos llenos de frutillas. Simplemente magnífica. Aquí, sacando fotos, un amor.

Amelie fue adoptada casi como un modus operandi, no solo en situaciones de cumples, sino en otras. Con resultados diversos, pero de los cuales no me arrepiendo. De hecho, de tener otra oportunidad de hacer las cosas (ya que veníamos debatiendo sobre el control del espacio y tiempo), seguramente procedería a meterme incluso en cuestiones que no debería haberme metido. No me interesa que comprendan a Amelie como lo hago yo, en absoluto. Y ojo que a raiz de Amelie he tenido mis lindos despelotes... ¡Y también festejos!

Esa sonrisa... jamás me canso de verla. Hay que ser un poquito más como ella. Es bueno provocarle una sonrisa a otra persona, sin pretender contraprestación, ni siquiera un gracias. Por eso los anonimatos.

Plena indeterminación de una forma de ser en el mundo. Corrijo: de ser CON el mundo. Son lindos los proyectos, los montajes, los paisajes de utilería de los que esta muchacha se sirve para jugar un rato, para hacer la película un disparate tan real como alentador. (Además recomiendo la banda sonora, por Yann Tiersen... Es bellísima.)

Amelie es ese intento (siempre con sus riesgos, pero sin ellos nada vale la pena) de encontrar caminos alternativos a eso que hacemos todos los días, a esas rutinas. Hay costumbres que matan, que no nos dejan ver otras cosas que nos rodean.Digo: ¿Por qué las cosas tienen que ser estandarizadas? Hay que divertirse un poco, hay que encontrar formas creativas de meterse en problemas. Los problemas van a estar seguro.

Love always,

TomK

Discusión: ¿Volar, o controlar el espacio-tiempo?

miércoles, 8 de agosto de 2007

Personajes:
- Lisa
- July
- Orlando
- Allen
- Felipe
- Ludi
- Bob

July: ... Porque no podés andar pretendiendo continuar con esas ideas tuyas de que metiéndote hasta el cogote en todo vas a manejar tus problemas. Digo, si ya hay desastres espacio-temporales con la naturaleza, imaginate lo que podés llegar a ocasionar vos, Allen.

Lisa: Si, Jules tiene un punto ahí, es cierto. Tipo que, ¿para qué querés controlar eso? Pensá que cualquier desmán, vos serías el responsable. ¿Entendés?

Allen: A ver a ver si nos ponemos de acuerdo. Volar, volar. PARA VOLAR YA TENEMOS AVIONES, HELICÓPTEROS, COHETES, ETC ETC. O sea que están votando por algo que ya podemos hacer. Además, sería genial viste, el completo control del espacio tiempo... ¿Sabés la cantidad de cosas que podría deshacer, rehacer, poner en pausa, en slow motion? Ni que hablar de las distribuciones geográficas, que están claramente mal. Yo debí haber nacido en Inglaterra, y déjense de jorobar.

July: Sos cabeza dura. Claro, a vos te dan la oportunidad de ponerte al mando y faaaaaa... agarrás así nomás. ¿Te pensás que vas a poder arreglar todo con controlar el espacio-tiempo? No nene, seguís siendo humano, y para colmo sos Allen.

(July le dió un beso a Allen y le hizo sana sana colita de rana, aunque no hacía falta...)

Orlando: ¿Viste? Son todas iguales. No les gusta que algún otro pueda romper las bolas. Total, nena, vos controlás el espacio-tiempo. Si uno quiere encontrarse, no que estoy indispuesta. Si uno quiere allá, no que nene, que a mi me gusta más otro lado. Y entonces hablan de volar. Por favor, semejante ideota agarraron, eh.

Bob: Yo qué sé... si me imagino volando, como flotando, sería lindo.

Orlando: Ya me aflojaste nene. No les sigas la corriente que...

Ludi: Vos si que sos injusto. No se trata de que nosotras elegimos todo siempre como se nos antoja. Te aseguro que el que controló el espacio y tiempo con Cami fuiste vos, pedazo de salamín con queso.

Allen: No desvíen su atención de lo que importa. El gran problema acá, que nos tiene aquí reunidos frente a los chops, y frente a lo que queda de tan sublime picada, es que los problemitas del mundo, de uno, de ella y tuyos, no se arreglan vo lan do. Eso es una paparruchada...

July: Nada de paparruchadas. Vos lo que pasa es que frente a tus manías te encerrás más en ellas. Siempre girás a la derecha, ¿por qué no probás de girar a la izquierda por una vez en tu vida?

Orlando: Pero si este es bastante zurdito....

July: Es una forma de decir. ¿Y vos querés controlar el espacio y el tiempo? No podés ni ordenar tu habitación, y menos llegar a horario. Dejense de joder chicuelos. Volar es la key de la cuestión. Porque volando uno se libera, es como si tu cuerpo se desprendiera, fuera un satélite que se remonta, imaginensé los chicos jugando por el aire, los besos en pleno arrebato de caida libre, las correteadas espaciales. Y me comparás eso con un avión, vos no entendés nada.

Allen: Es que si uno controla el espacio y el tiempo, volás. Volás entre las dimensiones, volvés, avanzás, y cuando querés te quedás un poco más. Si querés que la peli dure dos horas, dura dos horas, si querés darte besos en la cama con tu chica, lo haces durar días, semanas, meses; si querés viajar a Holanda y tomarte una cerveza como se debe, listo y paf.

Lisa: ¿Cerveza? ¿Holanda? ¿Esos son tus motivos?

Orlando: Bueno, he de dicidir un poco con el licenciado Allen. Pero que la verdad, chicas piénsenlo. Cuando uno habla de controlar el espacio y el tiempo, habla de establecer una relación más armónica con la existencia. Piensen que uno nunca llegaría tarde...

Ludi: ¿Están escuchando las mismas ganzadas que yo, muchachinas?

Bob: Volar estaría bueno porque uno podría viajar a Holanda, ver todo el oceano ahí... Lo del espacio y tiempo, me parece que es mucho che. Y es completamente cierto que si se licitara el control espacio-temporal, a nosotros deberían inhabilitarnos para concursar. Solemos romper cosas con el en tiempo real, así nomás, y en cualquier parte, imaginensé el despelote de Allen desbalijando alguna fiesta en el Soho, Orlando llevandose a veinte minitas al cuartito del fondo, y Felipe arrojándole los vasos de tragos y clericó al deejay...

Felipe (tirado en el sofá, pseudoconciente por el vodka): ¿ehmmhhsmemmmmmffff?

Allen: Volar me aburre. Ya detesto los aviones.

Lisa: Mirá, debe ser algo cercano al bungee jumping.

July: Si, pero más libre todavía. Libertad nenes, eso es vida. Controlar las cosas nos ha llevado a perdernos en oficinas hasta las siete de la tarde (con suerte), a arruinar nuestra propia casa, planeta bello si lo hay, a inventar excusas para someter al otro. Porque el control es eso, someter, hacer un arreglo instrumental para volvernos un poco menos humanos, un poco más macabros. Esa propuesta es patética, porque no acepta el azar, la vida misma, el juego con el destino. ¿Y saben qué es lo peor? Que en realidad no están eliminando el azar. Ese control que tanto añoran es una perla maldita, una verdadera cagada.

Lisa: Te aplaudo compañera, yo te voto, postulate para lo que quieras que te banco. Esta es una mujer, sepanlón.

Bob: Si, porque las decisiones acarrean responsabilidad. Y muchachos, admitámoslo, lo dijimos el otro día, queremos evitar las responsabilidades.

Ludi: No es un motivo muy noble, pero vale.

Bob: Es cierto. Lo dijimos el otro día cuando lo cargabamos a Orlando, que no quiere admitir que está de novio con María, que pasó al bando de los pollerudos.

Allen: Si, admitime eso Orlando.

Orlando: Nada, digo, el día que yo le pueda decir a María "mirá, soy mujeriego, me gusta revolear casas por sus respectivas ventanas", entonces me caso. Si ella es la que acepta eso, ME CASO.

Ludi: ajamm...

July: Menos mal que no influencias a tus amigos.

Allen: Basta que el desvío es insostenible. El tema es que volar sería muy difícil de regular. Viste esto del espacio aéreo, es una cagada. Si, obvio que sería lindo, sería simpático dar volteretas en pleno parquecito, al lado del planetario. Pero es que uno hace tanta cosa y después putea porque no lo hizo asá, o porque le faltó cinco para el peso, que bueno, si me ofrecen sacarle la conseción al de arriba y darmela a mí, obvio que acepto.

July: Te juro que yo te quiero, pero a veces estás muy equivocado cariño.

Allen: Si, lo sé. Que bueno que yo también te permito tus despioles.

Lisa: Eso de controlar es cualquiera, un claro envenenamiento de todo. El tiempo y el espacio son para vivirlos, para desplegar en ellos todo lo que somos, incluso si pudieramos volar. Tipo que controlar las cosas es un chiquitaje maquiavélico sin sentido, o con un sentido pobre. Bob, vos por ahí lo intuís a lo que te digo.

Bob: ¿Intuir? Gracias, que me toca sólo intuir eh. Entiendo, si está bien, estoy de acuerdo.

Ludi: Volar sería despelote, pero claro. Vos pensá que es casi como caminar, pero mejor. Más livianito, digamos. Las calles son un despelote, caminamos, el centro es imposible. Con el vuelo pasaría masomenos lo mismo, no sé. Pero no es grave, ya lo sufrimos de última. Pero nos podríamos dejar caer más gentilmente en la cama en los brazos de... quien esté de turno... y

Orlando: ejem....

Ludi: ...podríamos hacer bailecitos más lindos, con más posibilidades. Yendo y viniendo arriba abajo a la izquierda en desde el centro y a la bolsa. Choques y chisporroteos en pleno centro porteno, a diez metros de altura. Besos anatómicos hechos a medida, aptos para despegar los pies de la tierra e irse un fin de semana a la playa. El piso lejos, porque en realidad no hay piso, sino esa sensación de estar parados establemente en nuestras vidas.

Allen: Muy lúdico el asunto. Me gustó lo de tirarme gentilmente en la cama...

July: Claro que te gustaría. Yo sé que tenés esos destellos tan brillantes, que me dejan pasmada. Te das cuenta de lo que te digo, volar para jugar.

Orlando: Y después me dicen que yo soy el pollerudo...