Sí, claro

miércoles, 30 de mayo de 2012

"Sí claro", pensé, mientras esperaba en la puerta del Geoge & Dragon. Justo la noche no me acompañaba: viento que recorría las callecitas, nubes. El de la verdulería de al lado ya había cerrado, se estaba yendo tarde. Lo saludé, "bonne nuit", celebré con un breve movimiento de mano, izquierda, derecha.

Sí, claro, ella no estaba. Ya se me hacían veinte los minutos de espera. Sí claro, ya me veía venir la excusa. Tenía esas tremendas ganas de verla, pero sabía perfectamente que era una traidora.

Unas gotas cayeron. Las luces eran hermosas, debo admitir. Pensé en la gente caminando por la plaza central. Me acordé de por qué la ciudad me parecía hermosa. El cartel verde del George se agitaba un poco. De vez en cuando, en mi caminar de aquí para allá en esa esquina, como si eso matara la espera, miraba para adentro.

"Quiero una 1886", pensé.

Sí, claro, me imagino que en verdad no apareciste porque estabas enquilombada con los pasajes de Ryanair. O quizás estabas decidiendo si ir a verlo a él. Son sólo hipótesis, que es lo que me dejás, ya que no me decís las cosas.

Las mujeres son así: te reclaman pero a la hora de dar explicaciones, hacen agua como cualquier ser humano. Era incapaz de admitir que se iría para Marseille. Hasta yo sabía que era decisión tomada, pero ella necesitaba transitar ese tortuoso camino.

¿Saben lo adorable que son las caricias de la lluvia? Son adorables porque se sienten perfecto sobre el rostro. Además, cobran esencial belleza cuando uno se da cuenta de que con poco más estaría empapado. A merced del tiempo. Estar desamparado ante tanta belleza es la dicha, creo.

Las nubes.

Cada vez que me decía a mi mismo "sí, claro", sonaba más irónico. Era como si cualquier predicción de las excusas que arrojaría ella partieran del punto fallido de la mentira. Date cuenta, hasta las nubes me tratan mejor que vos. Merde.

Las gotitas iban dibujando circulitos en la vereda y a mi me daba un poco de lástima arruinarlos con mis pisadas deambulantes. Pensé que en definitiva yo lo hacía sin querer, como ella con mis intensiones. En definitiva nos pisamos los unos a los otros por accidente, sin poder evitarlo, a conciencia pero con cara de "qué querés que le haga".

Me daban ganas de llamarla, pero no para preguntarle por qué no había llegado, o por qué no iba a venir. Sino para decirle "ridícula, por favor, andate a buscarlo". Si total importaba tres carajos yo en la historia. Qué feo que es cuando te das cuenta que te creíste protagonista, pero apenas sos un extra.

A los cuarenta minutos de espera uno se siente un imbécil. Otra vez había caído en la trampa de ella, esa en la que lograba que yo mismo me mintiera y creyera que ella me quería, en la que me olvidaba que lo fáctico había dictaminado hace rato que no estaríamos juntos.

Lo fáctico. Que se sepa que en nuestra charla con ese personaje nefasto en ese maldito fuerte, charlaremos bastante sobre lo fáctico, para determinar, en uno de esos juicios audaces que hacemos los hombres, que todo es ficción. Sí, claro.

Pseudoplay

miércoles, 23 de mayo de 2012

[Empecé a escribir esto hace aproximadamente un año y jamás lo terminé]

Personajes:
Jorge Bataille as: El rey
Susana Sontag as: La reina
Jim Bentham as: the beggar
Jackie Rousseau as: Mrs. Sunshine
Guy Debord as: Dr. Love
Justine Frischmann as: Dra. No

I
Ingresan el Rey y la Reina al escenario, caminando rápidamente, en medio de una acalorada discusión:

La reina: No no no, no lo creo señor. ¿Que yo soy una histérica? Creo que yo no tuve la culpa, que no insinué nada que no debiera y que fui directa cuando se trató el asunto. Ahora, que vos pienses en mi de esa manera, es asunto tuyo.

El rey: Hay algo que no me creo, hay algo que aquí está patas para arriba, y es que vos no me tratás como a todo el mundo. Los llamados, los guiños, tomarme de la mano. Y no comprendo la negación, pues si nos llevamos de maravillas, me sonreías todo el tiempo. Me hacés el único culpable cuando las evidencias nos atan el uno al otro, cuando no habría siquiera litigio de no ser porque vos y yo nos hemos entrometido íntimamente sin lograr jamás encontrarnos del todo.

Silencio. La Reina mira al Rey con cara extrañada, se ha perdido en las palabras de su majestad.

La Reina: Esto es inaudito. Yo no quiero siquiera ser Reina, y menos a tu lado.

El Rey no puede ocultar su gesto de dolor, las palabras de la Reina lo han herido.

El Rey: Pues serás desheredada, desterrada. ¡Ya no más! Fui un tonto al creer en tí, fui un tonto tonto, si te sigo escuchando me hundiré más en las tinieblas. ¡Todo para enterarme que nunca me quisiste! Jamás jamás, esto es...

La Reina sale deprisa del escenario. El Rey mira cómo se va, mientras las luces se van apagando. El gesto de su majestad es de desolación, casi sollozos.

II
Un mendigo se encuentra sentado en el piso, sobre la izquierda del escenario. Un sombrero maltrecho le cubre la cara, aunque podemos ver que lleva el pelo largo y barba. Toca en la guitarra:

Don´t fear if it´s too deep
Won´t be trouble to breathe
If your heart´s an ocean, may I swim in your seas?
But there´s no such thing as heaven...

Entra por el lado derecho del escenario el Dr. Love, acompañando a Mrs. Sunshine. Van caminando hacia algún lugar, por lo que cruzan el escenario. Cuando pasan cerca del mendigo:

Mendigo: Apreciable señor, ¿tendría una moneda para un humilde artista sin suerte?

Dr. Love se detiene, mira fastidiado. Justo cuando se dispone a continuar su camino, Mrs. Sunshine busca en su bolso algunas monedas para darle al mendigo.

Dr. Love: "Un tipo sin suerte", pero hombre, usted no hace más que quedarse tirado y molestar a los transeuntes con su "música" (hace el gesto de comillas). Debería hacer algo más de su vida, pues el hombre es dueño entero de sus actos, de su libertad, de sus decisiones.

El mendigo se quita el sombrero, el cual extiende para recibir las monetas que le da Mrs. Sunshine. Ella no dice nada, simplemente su cara delata su compasión.

Mendigo (escrutando con la mirada al Dr. Love): Una vez yo creí en el "selfmade man". Siempre fui un tipo soberbio aunque pocas veces logré darme cuenta de ello. Y quizás en el momento donde me sentía más seguro de todo lo que me rodeaba, la duda acudió a mi, me demostró que la consciencia es algo relativo y volátil. Desde aquel entonces no logro ajustarme a ninguna creencia más que a la temporalidad de las cosas.

Dr. Love: Un hombre sin creencias es un hombre impuro, no se puede confiar en él porque no se sabe en qué creerá mañana, a qué le será fiel, qué fines perseguirá.

Mendigo: Lo mismo me han dicho en muchos lados, amable señor. Debe ser cierto.

Mrs. Sunshine: ¿Ha usted perdido la brújula de la vida?

Mendigo: ¿Perdido? Jajaja, diría más bien que la he arrojado adrede, pues no me servía. Apuntaba a cosas que no quería.

El Dr. Love toma a Mrs. Sunshine del brazo, para llevársela.

Mendigo: ¡Adiós, gentes bien!

Ambos salen. El mendigo continua con otra canción:

Put your boots on and
Take a ride out of his town
Get away from these streets your will used to own
Girl I think you know, you don´t need his kind of love
And that´s how she forgot about him

Las luces se apagan lentamente.

III
La Dra. No se encuentra sentada en el escritorio de su despacho. Revisa unos papeles muy concentrada. Ingresan por la derecha Dr. Love y Mrs. Sunshine. La Dra. No los recibirá sin siquiera mirarlos, mantendrá el principio del diálogo continuando su actividad de revisión de papeles.

Dra. No: Estimados, un placer recibirlos en mi oficina. ¿Hace cuánto que no nos vemos? ¿Dos semanas?

Dr. Love: Aproximadamente, Dra. No. Verá, es que tuve que salir de viaje y esta chica no se anima a caminar a solas por el vecindario.

Mrs. Sunshine se ruboriza. Ambos se sientan en dos sillas, ubicadas justo en frente al escritorio de la Dra.

Dra. No (sin despegar los ojos de los papeles que revisa): No hay problema. La gente organiza y prioriza los tiempos según la importancia que le asigne a las cosas. Pues tiempo siempre hay para todo.

Dr. Love: Fueron unas semanas de locos. Sunshine aquí no se encuentra del todo bien. Ha terminado su relación con Dimitri.

La Dra. No alza la vista, mirando directo a Mrs. Sunshine.

Dra. No: ¿A qué se debió eso?

Mrs. Sunshine no contesta. Mira para abajo.

Dr. Love: Es joven, insegura. Dice que le preocupaba que todo fuera... "perfecto". Y entonces decidió terminar con el muchacho. Pobre, está destruido. La llama pero ella se niega a atenderlo. Muy descortés de su parte. Pensé que quizás usted pudiera hacerla recapacitar, quitarle el miedo al compromiso. La vida no siempre es una aventurita de jardín de infantes.

La Dra. No se para, camina pensativa, mira hacia arriba midiendo con precisión las palabras que ha de decir. Mrs. Sunshine tiene cara de miedo, sabe que no será bueno lo que va a escuchar.

Dra. No: A ver si comprendo. Escucho quejas de centenares de personas por semana, que se quejan de que sus relaciones no son perfectas. Y usted, que parecía finalmente haber sentado cabeza, haber logrado eso mismo, la seguridad absoluta, decidió tirarlo todo por la borda.

Dr. Love regaña con la mirada a Mrs. Sunshine.

Dra. No: ¿Qué ocurrió? ¿Era todo "demasiado perfecto"? Dimitri es una persona entrañable. Cuando acudiste a mi en un primer lugar decías tener miedo de todo. Con el tiempo y mi ayuda conseguiste no sólo salir al mundo, sino enamorarte del hombre perfecto. Y...

Mrs. Sunshine (en un tímido estallido): No. Es decir, yo era feliz con él pero ahora no. Últimamente no. Y lamento todo por Dimitri, pero no puedo mentirme a mi misma y peor, a él, todo por mantener esto que ustedes quieren. No es legítimo. Me deprime, me entristece, no puedo.

Mrs. Sunshine rompe a llorar. Se tapa la cara mientras la Dra. No y el Dr. Love la observan de una forma distante.

Dra. No: Tienes ya treinta años. Y sin embargo te comportas como una ninñita de cinco. Te falta madurez.

Dr. Love: Yo creía que estaba cerca, pero veo que no. Esto me ha desilucionado mucho. Creí que mi sobrina preferida se casaría con un galán de primera, pero...

Dra. No: Quizás sea un deliz, quizás entres en razón. Quizás puedas comprender, después de esta sesión, que en definitiva lo mejor para tí es lo que ya hemos reconocido como tal.

Las luces se apagan.

IV
El Mendigo se encuentra durmiendo, sentado en el mismo lugar que la escena II. Ronca. La guitarra se encuentra acostada a su lado.

El Rey ingresa silenciosamente, casi en puntas de pie. Mira al mendigo dormir. Este repentinamente se despierta y se asusta, alejándose repentinamente del Rey.

Mendigo: ¡¡¡Ahh ahhh ahh!!! Su majestad, ¡es que me casi se me va la vida del susto!

El Rey: Perdón mi amigo, es que lo miraba ahí, descansando tan apasible. Me resultó una sorpresa, pues esperaba encontrarlo tocando la guitarra, entonando alguna balada de esas que inventa usted de a ratos.

El mendigo, más tranguilo, vuelve a su lugar.

Mendigo (retomando el aire): Me quedé dormido sin darme cuenta. Pocas veces me ocurre.

El Rey: Acudo aquí porque me siento desolado, la mismísima Reina me ha confesado que no me quiere, cuando para mi era evidente que ella me amaba.

Mendigo: Ajá, ¿y por qué se le ocurre que en esa ocasión debe acudir aquí?

El Rey: Pues me siento desorientado, temo que esto derribe mis estanterías, en las que albergo mis ideales más fundamentales. Siempre busque la simpleza en la mujer, y cuando creí haberla encontrado en la Reina, ella me demuestra que la simpleza no es tal.

Mendigo: Uno termina teniendo las cosas tan claras que en cuanto algo no cuadra deviene una crisis fundamental. En el mejor de los casos, se trata de un cambio de paradigma. En el peor de los casos, un remiendo mal hecho que acarreará una crisis peor en el futuro. A todos nos ocurren ambas cosas.

El Rey lo mira pensativo. El mendigo atina a tomar la guitarra. El Rey le toma del brazo:

El Rey: Es que realmente me sentía en la cresta de la ola, todo era perfecto. Y ella era la frutilla del postre, ella era... pero ahora todo parece una estafa. ¡La odio! ¡La odio con toda mi alma! No es justo que me rechace a mí, que soy todo lo mejor para ella.

Mendigo: Del amor al odio hay un paso nada más, claro. Por otro lado, ¿fue ella así de tajante? ¿No quiere saber nada con usted, su majestad?

El Rey niega con la cabeza. Luego se agacha junto al mendigo, posa su cara sobre su hombro y llora. El mendigo lo mira extrañado, lo palmea sin saber cómo reconfortarlo.

El Rey: Tu fuiste también un noble. Quizás no un rey, pero si un caballero. ¿Y fue a raiz de quién que te convertiste en un mendigo? Más aún, fue tu elección, fue apropósito. ¡Pensé que habías perdido la cabeza pero te juro que ahora comprendo mejor!

Mendigo: Su majestad, su situación es diferente de la mía. Jamás olvide eso. Hace mal tenerlo todo, sépalo. Y es recién cuando uno llega al fondo que entonces puede comenzar a trepar.

Luces out repentinamente.

V
Se prenden las luces repentivamente. Dr. Love está en medio de la escena.

Dr. Love: La claridad pareciera ser en ocasiones un mal. La duda, para Descartes, era el fundamento de sus certezas. Y sin embargo varios, como Nietsche, Freud o Marx, han demostrado que ni la consciencia es tierra firme.

Dr. Love: Ahora, entiendan bien: Esto puede sonar a un justificativo de la inconstancia, a una canonización de la deriva total. Más bien, todo lo contrario: se trata de una reafirmación de que uno puede efectivamente dar consigo mismo, encontrarse. Los griegos habían hecho del conocimiento de sí, del arte de uno mismo, uno de los valores sagrados de su cultura.

Dr. Love: Si todo fuera así, tan frácil como dicen algunos, nada sería posible. Ni que yo esté hablando con ustedes ni que ustedes efectivamente y por alguno de esos vericuetos de las casualidades, estén aquí escuchándome.

Luces out.

VI

Parrhesia

I
Según los griegos, la parrhesia es el "hablar fanco". O al menos es lo que cuenta Michel...

II
Después de tanto tiempo resulta que él me dijo que a le pasaba lo mismo conmigo. Resulta que cuando yo lo miraba del otro lado de la clase, aquella vez que llegó tarde y no se sentó al lado mío, pasaba lo mismo.

Y así, fuimos compañeros durante todo un cuatrimestre. Nada, eramos dos personas que se había cruzado en la librería y que luego resultamos ser compañeros de clase. Trabajamos juntos en varias ocasiones. Arreglamos una salida, la primera, y vos no viniste porque "tenías que trabajar".

Jamás te creí esa excusa.

También recuerdo cuando nos juntamos a estudiar una vez en casa. Limpié todo, no vaya a ser que no diera la imagen de hogar de una dama. Pasé toda la mañana ordenando mis múltiples placares que vos ya conociste.

Y hubo otra vez donde te crucé en Belgrano y fuimos a tomar algo al Havanna. Ahí acordamos organizar la fiesta de mi cumple, esa en la que se prendieron todos, aunque llegaron recontra tarde a mi casa. Y yo te presenté con algo de vergüenza a Nico, mi ex.

Y bueno, eso, tanto tiempo paso sin decirnos que nos gustábamos.

III
Foucault relaciona ese hablar franco (que no necesariamente es el decir veraz en sentido de una única verdad absoluta, sino que se trata más de algo honesto, abrirse sinceramente al otro, por decirlo de alguna forma) con el gobierno y con la política: el decir veraz como discurso por excelencia del primer mandatario.

IV
Creo que todo sería más fácil si sencillamente me dijeras lo que pensás, lo que sentís. O sea, si no querés salir más conmigo, decimelo. Pero eso de ni contestar, de desaparecer, ¿qué onda? ¿Tanto te cuesta hacerte cargo de las cosas?

Porque hay un hábito de vivir como incómodo cualquier expresión de no aceptación. Es más fácil contestar "no puedo, tengo la agenda ocupada hasta el 8 de octubre de 2017" antes de decir "prefiero que no". Un no que enmascara otro no.

Suena feo. Pero es así, la gente prefiere una mentira que te haga sentir un poco estúpido, pero respetado, antes que la verdad. Porque el rechazo duele, entonces si hacés una mentirita, la cosa safa.

Y así nos perdemos en el juego de las apariencias. Las cosas no quedan claras, no somos francos. Es todo una cuestión de protocolo: no está bueno decirme que te aburriste conmigo, no está bueno decirme que no tenés ganas de salir el viernes. Montemos todo en la mentira de que estás con otra persona... por favor...

V
Claro que, cuenta Foucault, ese decir veraz ha mutado a lo largo de los años y la civilización. Ese discurso que se inicia sobre sí mismo, y que funda las bases de la "buena" política, ha quedado perdido. Artificios de la retórica, vio.

Something that sounds

I
"Writing songs is a chaotic process: you don´t know exactly how it starts. It can accidentally bump into your head, without asking permission, when you are on the bus, still in bed, at the supermarket or whatever.  It involves joining parts of your everyday life, old memories, utopias and (im)posibilities. Perhaps it sounds like an A, C or F#? You keep adding layers and layers and layers, til you got ..."


II
Nos volvimos a encontrar en una fiesta, en uno de los bares cerca de Sol. Llegué tarde, como de costumbre, y él estaba allí desde hacía rato, aparentemente. Ni me acerqué a saludarlo: estaba lejos, sentado en una mesa, charlando con gente que no conocía, y con otros que conocía un poco.

Implementé inmediatamente mi White Russian, ya que quién sabe, en cualquier momento la conciencia podría atacarme y me volvería trágicamente lúcida.

Conmigo estaban Iván y Beatrix, dos amigos de hace mucho tiempo. Beatrix se la había pasado toda la noche diciendo que yo no tenía buena cara. Y se habrá pensado que era por el otro, pero nada que ver. Aunque cuando Jon se levantó al rato, y saludó de pasada, no le di ni cuarto de pelota.

No fue a propósito. Fue sencillamente algo que pasó, me salió así. Veníamos hablando de la vida con Beatrix e Iván, que me insistía en que le cuente con quién estaba saliendo. Con nadie, contestaba siempre yo. Se cansó de mis escasas respuestas, y simplemente se fue a charlar con esos desconocidos y gente que conozco poco, donde andaba Jon. Se reían mucho, hablaban de lugares recónditos del mundo. Criminales.

Recuerdo que tomé otro trago más, que quizás fuera un Cuba Libre. Y no me gustó. Luego por alguna razón me di un beso con Beatrix, y seguimos hablando como si nada. No recuerdo nada más.

Solo la música: "spending my time", de Roxette. Posta.

III
Y en algún momento del debate, Michel le dice a Noam algo así como: "a mi me parece que basás todos tus conceptos científicos en el sentido común".

IV

Compré unas donas y me fui a uno de los cuatro molinos ubicados en la circunferencia de la ciudad. Era un día soleado, pensé en morirme un buen rato al sol. No era el único, había otros habitantes que lúcidamente optaron por lo mismo que yo.

La noche anterior en el Snuffel había tocado un japonés, o chino, o koreano. Tamiro Shagakhi. Creo que ese era el nombre. Cuestión, que el tipo había traído unos bombos enormes -e nor mes-, hab[ia ejecutado algunas piezas en violín y otras en mandolina.

Yo no es que estuviera borracho, pero algo así. Todo lo que el tipo este hacía me parecía ruidosamente fantástico. Yo estaba acodado en la barra, disfrutando del delirio. En un momento una chica se me sienta al lado, le pide al danés una cerveza Kolsh. Me habré dedicado unos diez minutos a preguntarme si estaría sola.

El danés estaba a full, atendiendo a toda una parba de borrachos que seguramente entendían tanto como yo de lo que estaba haciendo el señor Tamiro. Quizás eramos todos exiliados, pensé.

De alguna forma comencé a hablarle a la muchacha de la Kolsh. Francesa. Logramos entablar un breve diálogo rebuscado en inglés, en el que ella me dijo que estaba de paso yendo para Amsterdam. Fueron de esas conversaciones donde la mujer no devuelve mucho. Yo le conté que venía de Madrid. Le importó tres pepinos.

Justo en ese momento Tamiro paró todo y cantó algo así como un aullido reverberante, crujiente, palomitas de maíz. Me dio hambre y entonces le solicité al danés que tuviera el gran gesto de prepararme un tostado loco. Y además le pedí otra Javellin.

- This one is the best - le dije a la chica de la Kolsh-.

Me contestó arrojando una mirada desagradable. Lo bueno de saber que no vas a ganar con una mujer es que te liberás ante ese fracaso de haberla perdido, te volvés como impune.

- Well, sunshine, you shure don´t talk much, do you? - dije, para apresurar la degradación.

- I tend to talk when I want to talk. And if I want to talk to that person - replicó.

- You don´t get laid much, do you? - incineré-.

- What? - dijo, habiéndome escuchado perfectamente.

Procedió a retirarte, mientras yo me tentaba un poco por dentro, sin poder evitar la sonrisa.

- I´m just making conversation, hey!

El chino/japonés/oriental seguía con otra fase de su extraordinaria música: ahora tenía un gong (por fin) y lo ejecutaba luego de recitar unos mantras (o lo que fuera que era lo que estaba recitando). Me fui al rato para los bares de la vueltita de la plaza central, ahí, en esa torre que de noche es más bonita que de día, por la iluminación.

Se trata de tres bares, uno al lado del otro: el primero tiene happy hour de las 22 a las 23. El del medio, de las 23 a las 24. Y el último, desde la medianoche a la una de la matina.

Extrañé a Tamiro un poco, pues me había acostumbrado a su extraña música surrealista. En una mesa estaban unas muchachas sentadas, tomando stout. Eran dos. Me acerqué a una y le pregunté si tenía fuego. Me ofreció y le contesté "ojala fumara, pues así me sería más fácil continuar la conversación".

Increiblemente, sonrió. Me senté con ellas.

No recuerdo demasiado más. Sé que en algún momento le dije de vernos mañana, pero no recuerdo la respuesta, ni tengo anotado el teléfono de nadie, así que...

Me desperté al otro día con un cántico en mi cabeza. Tomé inmediatamente el charnago y descubrí que era -algo raro que a mi me ocurra-, una base en C#.

Fases

miércoles, 16 de mayo de 2012

Jon está trabajando en la siguiente secuencia de canciones:

Fase 1: Ignición
- La chica se enamora profundamente de alguien. Se siente intensamente atraída por esa persona, podríamos decir hasta cegada. Literalmente, ella es encendida por el acontecimiento de conocer a esa persona. Vive una relación muy apegada y se siente verdaderamente feliz y realizada.
  (Es la canción más corta de la saga, la más ruidosa.)

Fase 2: Colisiones
- La chica se encuentra engañada por quien creía que era su amor. Descubre que él no le corresponde, por más que compartieron mucho juntos. Ella ve toda su historia, sus vivencias, destruidas. Se siente estúpida y toma un enorme rencor hacia su ahora ex enamorado.
  (La composición más compleja de la saga, ya que no cuenta con una estrofa homogénea y su ritmo es "atípico".)

Fase 3: Siluetas
- Intenta reencontrar su rumbo, ya que luego del shock de verse abandonada, se encuentra errante. Sufre cambios en su personalidad, directamente siente de otra manera, debido a la desilusión ocurrida. De tal forma, se percibe a sí misma haciendo cosas que no se creía capaz, y fallando a sus anteriores mandatos de moral. Es ella divagando y sobrepasando sus propios límites.
  (Es la canción más larga, y que contiene la mayor cantidad de referencias bibliográficas, entre las que se encuentran Flaubert, Ponty, Sartre y Stalin.)

Fase 4: Colapse
- Finalmente se junta con otra persona, con quien tiene un romance bastante importante y se pone nuevamente en pareja. Se cree en un principio feliz, pero en verdad es una relación forzada que intenta dar fin al ciclo depresivo anterior. Es ella intentando superar una situación que vino arrastrando con esa relación fracasada, que tanto la marcó.
  (Sin composición.*)

Fase 5: Dinner & Wine
- La chica en una cena, habla con su pareja. Le expresa su tedio, su sinsentido. Se encuentra deprimida, porque va descubriendo algunas cosas de sí misma: que es infeliz. Esta canción contiene una frase ideada por uno de los personajes que no es Jon: "Honey would you pass me the wine, just another glass and I´ll be intact".
   (Es la más tradicional de la serie, ya que se basa en estructuras pop ya conocidas.)


La Fase 4* es el bache en la secuencia: Jon aún no ha creado ni la música ni la letra. Sencillamente se sabe que existe porque sería la pieza faltante de la serie.

Se supone que podría haber una fase 6, en la que el conflicto se resuelva de una forma u otra. Pero eso es futurología.

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Notas de Bayton:

1. Probablemente haya que agregar algo, un impass, entre Fase 1 y Fase 2, ya que el pasaje de una a otra puede ser demasiado repentino. Eso podría ser como una Subfase, llamada Limbo.

2. Siluetas debería llevar el subtítulo de "Tus cielos azules niegan la evidencia".

3. La existencia de una Fase 6 sería buena, ya que sino la saga termina con lo que puede considerarse la canción menos arriesgada de todas.

4. Fase 5 a su vez tiene reconocidas similitudes con la olvidada Sunny Day.

5. Hablando de autorobos: Fase 3 contiene a modo de final el estribillo de otra canción antigua, que dice "Es tan real, es tan real: hasta estallar". Debería al menos retrabajar los arreglos. O directamente extirpar esa parte.

6. Ignición está en E. Colisiones está en D, basando su estructura luego en F# y A/E. Siluetas arranca en C, para posteriormente basarse en E. Dinner & Wine está en A.

Y todas sus concatenaciones

I

Llegué a Brugge y lo primero que hice fue acodarme en la barra del Snufel. El bartender me recordaba: un danés al que un argentino le había enseñado a hablar español. O sea, un tipo que te decía "che" con tonada nórdica.

- ¿Que tanto, tío? - me preguntó, mientras me servía una Ohms.

Yo pateé mi poco equipaje al costado de la barra y me senté. Tomé la cerveza mientras le conté parte de mis quilombos.

- Camina por la ciudad, seguro solo fue una pelea de palabras - dijo, queriendo decir "discusión"-. Estás en este lugar hermoso, podés descansar che.

A eso había ido, a perderme un rato, a que nadie supiera donde estaba. Brugge, así de pequeña como es, me sirve para perderme una semana tranquilamente. Para caminarla por todos lados. Me gusta caminar las ciudades, sencillamente recorrerlas. Y reconocerlas.

Pensé que, en caso de guerra con Chateau D´If y con Gaena, este sería un buen refugio: las puertas de la ciudad cuentan con fuertes (aunque digamos, si uno llega por tren, no hay mucha guardia. Hay que mejorar eso). El gran problema era la segunda ciudad.

- Dame lo más fuerte que tengas - le pedí al danés -.

Sacó de la heladera una Javelin, la destapó, y me la sirvió. Le conté un poco el fato con Jacqueline.

Ella se había vuelto para Roma, por algún motivo que desconocía. Pero nos seguíamos hablando con cierta regularidad. A mi parecer, ella no quería nada serio conmigo. Eso, sorpresivamente a mi me generó un conflicto, porque ella me gustaba.

Luego me enteré de todo lo que me enteré.

- Bueno che - me dijo el danés -, el problema es que vos no tenés que fijarte en una mujer sola, sino que tenés que tener siempre al menos tres disponibles.

Las chances de éxito de lo que me contaba este tipo eran nulas.

Los últimos días que estuvimos juntos, Jacqueline se había vuelto malhumorada, como nerviosa. Quedé descartado de su vida, todo por que aún seguía dando vueltas con el otro. Fue por esos días, una noche X, que ocurrieron las cosas con Solange. Una semana después, yo mismo le pedí a Jacqueline que fuera honesta con todos, hasta consigo misma.

Resultado: se fue. 

Y yo soy un caradura. Solange fue más un juego que otra cosa, ahora tengo que decirle de alguna manera que no podemos seguir como veníamos.

Ergo, de mis dos historias casi simultáneas, no me queda nada. Qué loser. En definitiva Solange es una especie de daño colateral, de concatenación del quilombo que se me armó con Jackie.

II
Elegí mal la ciudad, pero me pareció una de las más prudentes para alejarme de todo. El TrasTevere es bonito, de todas formas. Me vine acá como si tuviera que pensar las cosas, pero ya lo decidí todo. Lo que tengo que hacer es masticar las ideas, asumir, poder decir, lo que voy a hacer.

Caminé hasta el Castillo de Sant´Angelo, donde esgrimí mi no tan nueva libreta universitaria de la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires, y pude entrar gratis. En ese lugar se refugiaba el Papa Clemente VII, que tenía un corredor oculto a su disposición que conectaba el castillo con lo que hoy a devenido en el Vaticano.

En Gaena tenemos algo por el estilo.

Yo creo que Jim me envidia haber conquistado esa ciudad, creo que muy en el fondo le enerva que yo sea la reina de ese lugar, y no él su rey.

Se piensa que voy a gastar mis energías en seguir asediando su castillo de la costa francesa. Por favor, si ya no significás nada para mi, si no te sigo, si no te estoy observando lo que hacés, si no te chequeo la cuenta de Twitter para ver a quién le cocinaste pollo al verdeo.

El tema es que fracasé en mi escape alternativo, pues salir con Jon no me ayudó a deshacerme finalmente de este karma que es JB, sino más bien que le dio una excusa para volver. Y yo como una colegiala idiota, entre dos amores.

El problema con Jonathan es que se comporta como un pendejo, me arruinó la intensión de estar con alguien mejor que Jim. Y eso que este último no se lució últimamente por su madurez, su tolerancia, su carácter centrado.

Más allá de todo, Jon es buen muchacho. Se hace el playboy demasiado, pero es bueno. Ahora, digo yo, los hombres entonces hacen las mismas cagadas, por A o por B: se meten con tilingas por vengarse de una. Tanto el racionalista como el pendex (que son dos polos claramente opuestos, oh, sociedad contemporánea!).

Fui a la rueda de la fortuna, a ver si esta vez no me mordía la mano por mentirme a mi misma. No en ese momento, estaba en plena emancipación. Pude decir lo que ya sabía, había decidido hacía al menos una semana: me vuelvo a Buenos Aires, basta da esto.

Y me lo imaginé al señor Bentham explicando todo: "Por una serie de interrelaciones que eran difíciles de prever, pero fáciles de imaginar, tenemos que la sujeta A se a metido con el sujeto B, pero que tras una serie de conflictos le da pie al sujeto C para que salga con ella. Ergo, sujeto B se mete con sujeta D, lo que  agudiza los conflictos entre sujeta A y sujeto B. A todo esto, sujeto C no es más que un daño colateral. Y sujeta D, una holandesa reventada".

Lo último lo agregué yo.

No sé. Pobre Jon, terminó siendo una concatenación de mi intento de liberarme de la sobra de ese tipo, ese tal Bentham. Sea quien sea.

Uno (pedazo de...)

viernes, 11 de mayo de 2012

Durante toda la semana no supe nada de él. Era su especialidad: borrarse. Tuve que contestar con mi mejor cara de piedra a la pregunta "¿Y qué tal la pasaron con Jon?". Muchas veces mal intencionada, esa pregunta me molestaba. No tanto por la intención, sino porque no sabía que mierda contestar.


"Sí, mirá, pasaron cosas. Y de repente, así como así, se fue y no sé nada de él". Pedazo de hijo de puta.

Mi madre me dijo que la amistad entre el hombre y la mujer no existe. De hecho, según ella, su mejor amigo era mi papá. Pensé que estaba todo arreglado para contradecirla, pero digamos que ahora se me ha dado un revés.

De alguna forma sabía que esto iba a pasar. Ahora, contaba con una seguridad: él solito iba a aparecer, pues teníamos que reanudar los ensayos. Alguien preguntaría y pafate, ahí quiero ver. Nos veremos nuevamente en la sala, él y yo. ¿Cómo será? Nuestra relación cambió.

En verdad, no cambió nada. Sólo hemos pasado otras cosas, sabés que de alguna forma pienso que sos atractivo, de la misma forma que yo ahora sé que me darías. Y tenemos esa relación contradictoria donde nos contradecimos pero en verdad nos entendemos muchísimo.

Nada cambió. Quizás sea yo que en lugar de esperar algo de vos, podría yo que sé, invitarte a salir. O quizás vos podrías dejar de comportarte como un soberano pelotudo y dejar a la estúpida esa que sabrá mucho de matemática pero es un aparato. En serio, vos mismo dijiste que no te resultaba tan entretenido conversar con ella, que te costaba. 

Ay, pero: "Siempre quise salir con una peliroja y ahora, i got it!". Pedazo de pelotudo.

Cuando leo lo que escribís me pregunto qué cantidad de mambos tendrás en la cabeza. A quién le habrás escrito qué canción, a quién corchos le estoy cantanto. De alguna manera, me lesbianizás (reite).

Yo también tengo mis metáforas, mis historias, mis histerias. ¿Te pensás que las tuyas son mejores? Mirá yo no te lo conté pero antes de vos, justo antes, me estaba viendo con un baterista: casado con una hija. Eso es quilombo.

Cuando te lo conté me dijiste algo de la moral, vos que sos tan autocrítico y no podés sostener nada de lo que decís ni dos segundos sin relativizarlo: "Bah, yo lo veo así, quizás me equivoque". "Oh, no quiero andar diciendo verdades, como si supiera de lo que estoy opinando". Odio cada una de esas frases, se te nota mucho en una de las estrofas.

¿Cómo llegar de la tercera persona a la segunda? Eso me pasa con vos nada más. No es que te ame, no te la creas, pero... algo tenemos.

Y pensar que en diez días me voy a enterar que estás con esa... pedazo de garca.

Diez

miércoles, 9 de mayo de 2012

I
El que te quiere hablar no te habla y el que no querés que te hable te habla. Con el que hablás no te dice nada y con el que hablabas ahora es re copado y por último, uno que en verdad es mudo parece re locuaz.

II
Muchas de las voces que leí alzarse, aterradas, por lo que implican los términos y condiciones de Google Drive con respecto a propiedad del contenido, son las mismas que en tono progre te dicen que la privacidad ya fue. #consistencia

III
Había decidido prescindir del celular durante mi exilio. Lo más correcto, me pareció, sino no era un exilio. Aún así, no me aguanté y lo prendí un poco, al tercer día. Lo dejé sobre la mesa del bar, mientras me bebía mi segunda cerveza. Nada. Estuvo prendido como treinta minutos, y lo volví a apagar. No sabía si sentirme insoportablemente a salvo o condenadamente libre.

IV
Canalla, manipulador, mal tipo, asqueroso... pensé de todo al principio, Aproximadamente a las dos horas de insultarlo me di cuenta de que yo era la estúpida. Me ocurre a veces: estoy haciendo algo, pensando algo, de forma dramática, y clac. Algo cambia, como si mi perspectiva se corriera.

V
Sonará a ficción, pero el 75% de lo relatado en "Get the girl out" es cierto. Fue una secuencia muy divertida.

VI
Mientras escupía algo de sangre, arrodillado en la banquina, miró a July que estaba en pleno llanto, puteándolo como nunca en la vida. Las luces destellantes de la autopista, algunos autos que pasaban. Recordaría ese momento como un quiebre, quizás, la primera vez que Julieta se percató de que él le podía hacer grave daño.

VII
Si y no al mismo tiempo. Ella funciona en su nuevo sistema bifónico, capaz de emitir señales contradictorias en cuestión de segundos. De tal forma, así como te deja plantado con la cena que vos mismo te ofreciste a cocinar, aparece a la semana - sí, una semana después -, invitándonos así, como si nada, al BAFICI. "El BAFICI ya terminó, corazón". "Bueno, igual yo lo decía por tirar algo para hacer". 

VIII
Que no te enorgullezca haberme herido de esta forma. Odio que de alguna forma, te nutras de mi dolor. Y tu nueva noviecita me tiene las pelotas llenas conque está re contenta, descubriendo algo nuevo en el amor. ¿Cómo puede interesarte esa cursilada? Yo me pregunto por qué carajo me sigo haciendo mala sangre por un tipo cagador como vos.

IX
Primero, hay q saltar el pollo en aceite - muy poco -, de forma que se selle. Luego, llegado ese punto, hay que agregar las cebollas de verdeo y la cebolla. A los dos minutitos ya habrá largado el jugo, ergo, hay que agregar las papas. A ojo, mas o menos - como para orientar - no más de diez minutos, ahí le pueden agregar el vino blanco. De ahí, unos quince minutos tranquilos. Mientras pueden ir haciendo un poco de caldo, que les va a servir cuando se haya evaporado el alcohol. En este punto, más que nada, se continúan cocinando las papas. Cuando la cosa ya bajó, es el momento de agregar la crema. Y pum, al plato y a la mesa.

X
¿No quiere el boleto de vuelta? Oh, menudo detalle se estaba olvidando usted. ¿Para qué momento lo desea? Mire, puede coger los trenes cada media hora. Le salé siete euros, tal cual la ida. Si quiere coger un billete abierto, eso le saldrá un euro más, porque no es de Renfe. ¿Se siente bien señor?

Dos

martes, 8 de mayo de 2012

I
Llegué a Madrid dos días después de lo que en principio pensé, dos días antes de lo que realmente charlé con Solange. De alguna forma, Atocha me recibió como un hombre incapaz de elucubrar planes y mantenerlos. "La jungla interna", pensé, mientras veía esa especie de bosque que tanto me gusta adentro de ese tinglado.

Mi idea de arrancar la semana sobrio fracasó en seguida, pues terminé en 100 Montaditos frente a la estación, y ya me puse ebrio a las dos de la tarde. Y Solange regresaría pronto y todo se me empujaba adentro, porque yo sabía las cosas que iban a pasar, las determinaciones que debía tomar.

Me reí entre un lagrimeo, mientras pedía un montadito más y mi tercera cerveza. Tenía una semana antes de volver al trabajo, ergo, la idea de escapar a Toledo me resultó no solo brillante, sino necesaria. Reí. Sería genial volver a la cité medieval, la tierra del Quijote, sentirme algo héroe un rato.

Retorné a Atocha y adquirí, entre balbuceos que provocaron la sonrisa de la cajera, un ticket para quijotear al día siguiente.

Era un requisito para que el sistema siguiera funcionando, al menos los dos días subsiguientes.

II
Cuando lo dejé en Matabiau me sentí en paz. Estaba tan tranquila que hasta me amigué con la ciudad, comprendí porqué le gustaba tanto a Jon. Fue una despedida casi emotiva, me dispuse a recorrerla un poco, a darle importancia. Y también volví al George & Dragon.

Fue al otro día, al despertar, se me cerró el estómago, signo irrefutable de que algo andaba mal. Mi cuerpo sabe más que yo de estas cosas: toda la semana anterior a la muerte de mi padre, me la pasé vomitando. Los médicos le encontraron explicación. También, cuando me bocharon en historia, ya dos días antes de que me dieran la nota, lo mismo.

Traté de no pensar en Jon y un final abrupto. Eso fue peor, porque cuando me planteo que no tengo que pensar en algo entonces me pongo obse, no me lo puedo sacar de la cabeza.

III
Regresé de Toledo por la noche casi, después de un día de intensas caminatas y media tarde en el museo militar. Además, me peleé con la recepcionista del castillo de San Servando, porque no me daba toda la información que le pedía con un mínimo de amabilidad.

Por la noche, chequeando correos, fue que opté nuevamente por exiliarme en Brujas al menos hasta el sábado. Ella llegaría mañana, mi avión salía a las doce del mediodía. Es decir, tenía unas horas para empacar nuevamente e irme.

Pensé en escribirle un mail a Solange explicando, pero no tenía explicación. Tenía el sentimiento ridículo de que no podíamos estar en la misma ciudad. O no me sentía preparado. ¿Explicar qué? Ella volvería a clases la semana siguiente, ergo, debía evitar que venga a la ciudad belga.

Lo mejor era no decirle.

IV
Llegué a Madrid tal como lo había planeado, dos días después de la partida de Jon. Me encontré a esa ciudad tal como la había dejado: insulsa, aburrida, sistemática, cuadrada, como un cubito de hielo que se mueve para todos lados. Extrañé Toulouse.

Por alguna razón Jon no me contesta los mensajes.

Get the girl out

viernes, 4 de mayo de 2012

Entré al departamento y era un caos. Hablo de la mesa totalmente tapada de cosas, de medicamentos, de papeles, de libros, de cajas. Y en el piso ropa sucia, o limpia, o mas o menos. Creo que en un momento tropecé con algo que estuvo vivo en algún momento: ah, claro, un pedazo de pollo (?).

- No me digas nada del desorden, chango - dijo Rolland.

- Obvio que sí te voy a putear - contesté.

Había llegado al departamento de Barthes para idear hacia dónde mierda salir, y el me había avisado del estado caótico de su morada, pero les juro que...

- ¿Pensaste?

- Sí - dije-. Vamos para un lugar que se llama El Maltés. Aunque dudo que te cope la música, había buen material la última vez que fui. Que fue en verdad la primera vez en mi vida que fui ahí, o sea, que técnicamente no es la última vez, porque...

- No me jodas.

Me senté en su computadora, la cual era otro espacio caótico. No encontré cómo cambiar la música, todas las ventanas que intentaba navegar estaban previamente logueadas con usuarios de Rolland (oh, lógico que así sea, que tonto soy), y comencé por ende a responder unos mensajes vía directo con una amiga de él.

- ¿Quién es Clarixa?

- La conocí en Santa Fe. Amable chica, aunque un poco malumorada.

Me caí de la silla. No por la impresión que me generara Clarixa, sino porque ni las sillas están en estado en el departamento de Rolland. Ya charlamos con Bentham que nos tiene preocupados esta depresión de él.

II
Ya se le va a pasar, no lo presionemos. Pero hay que acompañarlo para que salga para adelante. Cuando él te dice que no quiere salir, hay que hincharle las pelotas para que salga. Pero no siempre, porque también necesita... viste... tener su espacio.

Lo que no tenemos que dejar es que se encierre. ¿Viste como está ahora? En pleno caos. Yo te juro que no sé cómo vive así. Claro, él te va a decir que no tiene tiempo, que entre la facultad y el laburo está como loco. Pero son pamplinas, vos fijate que antes no le pasaba eso. Es más, tenía menos tiempo.

Sí, sí, ya sé que al estar de novio entonces se veía obligado a mantener más orden. Pero te digo -te sugiero, te increpo a pensar, te soplo la idea- , que todo tiene un límite. Jamás había visto tan desbandada la cosa, tan abandonado todo.

Mentira, sí he visto cosas abandonadas, y peor. Como cuando murió mi madre. Guy, yo te juro, vos no viviste en una casa desolada: donde efectivamente nadie podía moverse -no había voluntad-, en la que recuerdo una vez haber encontrado al gato ese muerto, vaya a saber cuánto llevaba ahí. Y todo porque sencillamente "las cosas dejaron de hacerse".

A lo que voy es que reconozco la dejadez de la depresión, y el caos, el desorden de Rolland, es eso. Y no esa pelotudés que nos quiere vender de su nueva etapa de la vida en la que no tiene tiempo.

III
Le pregunté a esa tal Clarixa qué haría a la noche, si saldría. De una forma poco ortodoxa, la chica interpretó que la estaba invitando a salir. Mejor: interpretó que Rolland la estaba invitando a salir.

- Che, dice que viene para acá.

- Pará pará, no tengo ganas. Digamos, si hay una chance de que conozca a alguna mujer hoy, si está ella me va a sabotear.

La cara de Rolland manifestaba desagrado por la idea de que su amiga viniera para acá. No sé por qué, pero era evidente que había hecho algo mal.

- Bueno, le digo que no vamos a salir - contesté, con la idea de resolver el problema en tres segundos y ya-.

El problema fue que la chica se puso insistente, que me dijo que ahora le había dado ganas de salir, que hacía mil año que no nos veíamos (que no veía a Rolland), que se venía para casa (la casa de Rolland).

- Es cabeza dura - agregué-.

- No no, pará. Decile que estamos saliendo, que no...

Tengo la teoría de que esta chica le tiene ganas a Rolland. Veran, pues nuestro decaido amigo no terminó la frase que le sonó el teléfono y era ella. Y no logró hacerla desistir de venir. Ergo, en treinta minutos la tuvimos abajo, ejecutando reiteradas presiones al portero eléctrico, piso octavo A.

Mierda, debe haber pensado Rolland, mientras levantó tres cosas y pateó otras dos, como si el desorden quedara arreglado así.

- Che, quizás ve este quilombo y se espanta.

- Esta NO ES MI IDEA DE SALIR DE JODA - dijo con cara de cabreado en serio-.

Clarixa resultó ser una chica, digamos... con la que no es fácil dialogar, ya que emite respuestas tales como "si", "no", "no sé", y no se explaya en más detalles. Mejor aún, estaba más centrada en ver a dónde saldríamos. La mera imagen de arrastrarla a cualquier local me parecía un tanto...

- No tengo ganas de arrastrar a nadie -  me había dicho Rolland justo antes de bajar a abrirle.

A su vez, pensé que llevarla a El Maltés no era una buena idea: destruiría el karma del lugar. Y no conseguiría que Rolland, absorbido por esta Clarixa, se emancipara un poco de la idea idealista de su ex.

Le ofrecí un poco de cerveza a la muchacha. Con una de las peores caras de ojete del mundo me contestó que no tomaba ese tipo de cosas. Me quedó claro, luego de su sonrisa asquerosa, que además su proyecto era echarme de la noche.

A mi nadie me echa de la noche. De última, vos te vas de la noche, pero yo la sigo.

Además, dejar a Rolland solo con esta mujer, en medio de este quilombo, era inhumano, admito. Me sentía responsable. Imaginensé a causa de esto teníamos a Rolland internado por sobredosis de ansiolíticos. No quería pensar en eso.

Me encerré en el baño un poco, y decidí llamar al Jimmy. Este me atendió con su últimamente habitual tono de hinchado las pelotas.

IV
Bueno, lo que precisan es que esta mujer no quiera estar con ustedes. Y hay algo sencillo: para resolver un drama con mujeres, no hay nada mejor que agregar más mujeres. O sea que le dicen que van a salir con unas chicas, y ya. Porque la piba de violinista no se va a querer quedar.

Ah, y vos de paso, de sopetón, me preguntás de dónde vas a sacar a las mujeres que te van a salvar de esa mujer. ¿Yo qué sé? Suficiente que te estoy tirando la posta de cómo resolver el tema. No precisás siquiera llevar a nadie en verdad, ya con la excusa sirve. O sea, decís que van a salir con unas, si querés te mando un mensajito y decís "oh, mirá esta piba está con su amiga por acá y vamos a darle".

Bueno, en verdad, tenés un problema de orden pragmático: ella ya se fue hasta ahí. Ergo, con la sencilla excusa no la sacás.

La verdad, flojo. Escuchame, ¿para qué invitan a venir a una piba con la que no quieren salir? ¿Qué clase de amigas tiene Rolland? Ah, bueno, estás frito. Un amor. ¿Así te contestó? Escuchame, dos mas dos, cuatro. Hacé lo que te digo.

V
¿Por qué carajo ahora se le da por decir "dos mas dos, cuatro" cuando quiere fundamentar algo?

La hipótesis benthamista era plausible. La excusa de que saldríamos con unas amigas sería ideal para descartar a la chica. Dicho sea de paso, cuando terminé de hablar por teléfono y salí del baño, sentí que con la mirada esta chica me expropiaba la vida, se quedaba con el 51% de las acciones, como echándome.

Pensé que si Jimmy no me podía ayudar, aún así podía ejecutar el plan con ayuda de Gilles. Le envié un mensaje, pero más allá del asunto, decidí implementar.

- Me dijo Jimmy que está con unas chicas, que precisan compañía. Creo que es un tremendo plan, podemos salir al Shamrock, incluso podríamos evitar que este haga desmanes.

- Eh, alto plan, contestó Roland con un interés insípido. Tuve que avivarlo vía mensaje: "seguime la corriente, que esta no va a querer salir si salimos con otras".

- Oh -contestó Roland más efusivo-, acá me mando un mensaje diciendo que me quieren conocer.

Le sonrió a Clarixa, que sonrió de vuelta pero tan tan falsamente, y luego me arrojó una mirada con tanto odio que me debe haber restado al menos dos años de vida.

- Bueno, ponete lindo - le dije, apreciando que él no estaba listo y que quizás estaba tan desastroso como su departamento caótico, lleno de ropa tirada, cajas de cosas, papeles, ardillas y muchos manices.

Ese era yo quedando aún más como el ojete con esa chica, que hemos de decir que no estaba fea, pero sí que tenía una actitud que daba miedo. Y qué me importa, si total ya estoy condenado, no le voy a hacer nada, la verdad que quisiera que se vaya.

- ¿Y a dónde vamos? - dijo ella.

Gran cagadón. Gran. No se daba por aludida, la situación se estaba agravando, la cara de Roland era de cuasi llanto, escondida en una sonrisa que intentaba sobrellevar momentos de diálogo con Clarixa, mientras con algunas miradas me pedía que resolviera la situeishón.

Decidí llamar a Gilles finalmente.

VI
- Vamos che, va a ser divertido - decía Gilles -. O sea, salimos un toque y les damos una mano. A vos te gusta armar estos montajes, la llevás a ella y después nos tomamos el palo.

- Pero no es así, o sea: vos me estás pidiendo que lleve a mi chica para allá, que te la preste para hacer de farsa de que salen con minas estos, por favor.

- Dale pelotudo, tengo dos, necesito la tercera para que aparente que salimos los tres.

- Ideas de mierda tengo yo.

- Es pa lo pibe, dale.

De esa forma, Gilles convencía a Jim de que convenciera a Jackie para que acompañe al primero, y dos amigas de este, al departamento de Roland. El objetivo era simular que saldrían los tres, y de tal forma dejar arafue a Clarixa, quien renunciaría inmediatamente a salir al verse rodeada de gente que se conocía y era buena onda y no conjugaba con la tremenda cara de orto que a ella le encantaba poner.

Llegaron tarde, como a las dos de la mañana. Jaqueline refunfuñó un poco, pero la idea le terminó resultando hasta divertida, aunque las dos amigas de Gilles no le parecieron para nada adecuadas (tema de discusión).

Guy y Roland recibieron a los cinco (Jim esperaba abajo) como si se tratara de la salvación. La cara de Clarixa en ese momento era tétrica, estaba cansada, se había dado cuenta de que no obtendría lo que quería, pues para ella lo único que había hecho la situación era empeorar.

- Bueno, caímos con las chicas - se anunció Gilles.

Todo habrá durado com mucho diez minutos más, en los que las chicas hablaron más que nada con Guy, porque el salame de Rolland estaba lento. De hecho, fue Jackie la que le dio más charla, casi como si se lo quisiera levantar. Quizás este hecho, esa conversación tonta, la risita jijiji tonta de Jackie, y el pseudo toqueteo, lograran que finalmente Clarixa se decidiera a irse.

- Bueno, se hizo tarde - dijo, mientras tomaba su cartera-.

Victory. Hell yea.

Todo muy rico

jueves, 3 de mayo de 2012

A ver:

Te levantás temprano, te preparás un desayuno saludable (con cereales),,, (y fruta), mientras no mirás tu programa informativo mala onda de todas las mañanas. Te organizás con tiempo, llegás relajado al trabajo, saludás a todos amablemente, sonriente, destellante. Y dormiste cinco horas.

Te ocupás de tus mails, te ocupás de aclararle cositas a la piba de marketing, visitás a la gente de sistemas para que corrijan algo que no funka desde el miércoles pasado. Atendés el teléfono cuando te llama Highlander para decirte que por favor no lo dejes morir. Todo.

Almorzás rápido, pero light. Mientras hablás con ella, le decís cosas lindas, pensás en cómo la recibirás a la noche. Te armás la nota mental: papas, pollo, cebollas de verdeo, vino blanco, crema. Ya tenés la cena resuelta.

Le decís que es linda y que se ven a la noche. Le pedís disculpas por tartar cuatenra segundos en responderle algunos mensajes. Le ponés sonrisitas.

Llaman al teléfono, y les podés decir perfectamente "la tienen adentro no atiendo un carajo" porque estás cuasi almorzando y cuasi arreglando tu cena. Te molestan por Twitter con una salaminada que se mandaron de lugar agencia X.

Todo arreglado, a las nueve estate en casa. "¿Llevo algo?", pregunta ella que es la individua más tierna del mundo en ese preciso momento. Respondés que no hará falta, que ya tenés todo listo (¡mentira!) y pero que cualquier cosa le avisás (¡otra mentira! si falta algo andá a buscarlo, aunque te salga mil millones de dólares).

Costó tremendamente no sonar mala onda en ese momento. Mala onda atribuida a la peregilada de mails que en una de esas veías que estaban cayendo en esa maldita casilla de correos electrónicos que -maldita sea-, hubieras querido que no fuera la tuya.

Y señor, usted probablemente haya sido adquisidor de dos reuniones a las que no tiene ganas de asistir. Ocurre también que complementariamente lo llama un socio laboral, que intenta comunicarle que algo se está quemando en algún lado, y no sabe qué es.

Smoke it.

A la salida, out in the streets, te cruzás con alguien que crees que es quien es que no ves hace mucho, como se Allen Jana se hubiera cruzado con Julieta Cinadi, como si Jorge Bataille se hubiera cruzado con Susan Sontag. Así, una mirada furtiva, un "¿me habrá reconocido?".

Avenida Córdoba es grande, cabe todo el mundo ahí. Papafritología pura, che.

Dos colectivos no pararon. Dos. Cosas que podrían pasarte cualquier otro día, pero que se conjugan justo cuando precisás llegar desesperadamente a tu casa para completar las compras que no hiciste antes (sobre todo las cebollas de verdeo), y más aún, escalofriantemente, arreglaste un horario demasiado temprano para que ella venga a tu casa.

"¿Qué clase de pelotudo invita a cenar a las ocho y media de la noche?", hubiera sido tu discurso en los Martin Fierro a pelotudo de la semana. Gracias gracias, dirías, no lo hubiera logrado sin mis fans.

A los tropezones, finalmente, conseguís sin problemas los ingredientes faltantes. Todo se acomoda, ¿viste, pibito melodramático? Pensaste que conseguir todo era misión imposible, como si quisieras comprar yo que sé, plutonio para el auto de volver al futuro.

Si había un buen día para ponerte a discutir con la vecina sobre los ruidos de los sábados a las cuatro de la tarde, era ese momentito antes de entrar a tu departamento, ese exacto segundo en el que ingresás la llave y...

"Mañana hablamos señora, espero gente", respondés sonriente, con cara de .

Todo para que luego, al fin ingresado al recinto que llamás hogar, cuando tenés todo listo para preparar una exquisita cena, a eso de las 19.30 hora local, ella te comunique por mensaje de texto que al final no puede concurrir a cenar contigo, que se olvidó, oh, que tenía el cumpleaños del tío.

Eso.

Toulouse / Tu luz / Too Loose

martes, 1 de mayo de 2012

Me acuerdo que él pidió una Becks. Y yo pedí un White Russian. Recordé ese lugar: era el preferido de JB. Y de Bayton. Recuerdo que nos sentamos ahí una noche fría, fría. No pensé que fueramos a sobrevivir. Yo me había maquillado como para una cita.

Sólo nos juntábamos a escribir un poco. Pero había algo que no habíamos aclarado, evidentemente. El vino de camisa y todo. Yo mido esos códigos: si el hombre se arregla, es que hay alguna intención. Y si bien aplica a nosotras también, no tanto. Bah...

El George N Dragon (Greorgian Dragon, duh) queda en una esquina en la ciudad de Toulouse, lugar en el que yo estaba pasando el break de la facultad, visitando a mis tíos. Y por el que estaba casualmente pasando Bayton.

Era requisito del sistema que pasáramos por ese bar - su preferido, ya les dije-. Si bien a mi me gusta la cerveza, esa noche había decidido envalentonarme. Como si precisara el alcohol para perder la cabeza y animarme a eso que yo me quería animar pero no tenía la valentía de siquiera formular como correspondía.

Y él. Él estaba en cualquiera, después me enteré. Pero les juro que en ese momento no sabía.

Él me tomó la mano, me contó un poco que había conocido Gaena, que había conocido Marseille. Que tenái sentimientos encontrados hacia la ciudad, porque si bien era un cacho de historia, también el Chateau D'If (él lo pronunciaba muy cerrado: "yatódif") había servido para una sola batalla. Y le indignada que la historia fuera escrita por locos así.

Le conté sobre Salzburgo, y se indignó más aún.

Me puse nerviosa cuando le mostré en qué había estado trabajando. No sé, fue muy tonto todo. Incluso rompí una de las ojas al tratar de sacarla de la carpetita. Pensé que hubiera sido mejor traer la tablet, pero me pareció poco romántico,

Poco romántico, con Bayton. Por favor, flor de pelotuda soy.

También hay cosas que una mujer no debería permitir, como por ejemplo, que él reposara su mano en mi regazo, mientras leía atentamente junto a mi mis notas. Y sus movimientos se confundieran con una caricia, como si quisiera tocarme. Y yo cayendo como una colegiala que se sienta rarita y tiene ganas de experimentar.

Mi White Russian se había acabado cuando me di cuenta que yo me apoyaba levemente sobre su hombro, que evidentemente nadie estaba tomándose en serio esto de revisar notas. Debo decir que lo había ensayado bien, que me había enviado las canciones en mp3 a mi correo una semana antes.

Todo se había armado de forma tal que estuvieran dadas la condiciones para juntarnos a revisar música. Lo que no me dijo fue cómo le gusta hacer música a él.

II
Será que los encontré en la invernal Toulouse, pero los discos L´Absente y (Tout est calme) de Yann Tiersen me hacen adorar una jornada adentro de casa, con estufa, café y mirando al frío por la ventana. Sostengo que escucharlos en verano no es lo mismo, no tiene el mismo sabor, no los disfruto de tal forma.

Entonces hay algo de situacional, de memoria emotiva. Justo hoy agarré el libro de Merleau que conseguí de forma accidental en la feria (Lo visible y lo invisible, hasta hace poco inconseguible), y me hizo pensar en eso: la situación compleja de escuchar esos discos de Yann Tiersen en otro contexto que no es su original.

Porque Toulouse es hermosa, la caminaría sin rumbo durante una semana, tranquilamente.

La cuestión es que no me pasa con todos los discos, pero con esos dos en particular, sí. Como si requirieran su ciudad de origen. Cuando se los hice escuchar a Solange, no le parecieron nada del otro mundo. A ella le gusta no acompañarme demasiado en las cosas, siente que es demasiado comprometido.

Esa capacidad de poder vivir el invierno de Toulouse en otro lugar no me la saca nadie. Sería como un requisito del sistema: volver a pasar por ahí, como cuando era más joven. Sentarme en el George N Dragon, pedir una Becks.

III
Lo despedí en Matabiau dos días después. Nos habíamos comportado de forma extraña esos dos últimos días, casi ni nos comunicamos.

El se iba para su España. Yo me quedaba unos días más, antes de volver a la universidad. Durante esos dos días me sentí liberada, como si pasar el proceso con Jon me hubiera liberado un poco. Estaba todo bien. Habíamos estado juntos y nadie había matado a nadie, no había odios, no había líos.

Paz.

Me reconforté en esa idea. Quizás a la mañana tuve un sentimiento raro, como de extrañarlo. ¿Por qué? La verdad que no puedo explicar a Jon ni siquiera cuando se me aparece así, de forma tan efímera.

Ya cuando se había ido, caminando en dirección contraria a la estación, me di cuenta un poco por qué le gustaba esa ciudad: era sencilla. Las calles, la gente, los edificios. No era como otras ciudades, donde están refaccionando todo, donde existen los problemas de una nación. No había costa, no había grandes monumentos ni lugares reconocidos. Era sencillamente una ciudad, con su aire propio.

Esperé otros dos días para volver al George N Dragon, sola. Me pesó un poco. Me valí de un papel y un lápiz (no tenía birome) para escribir una canción. Pensé en una carta para él, pero luego lo transformé en versos, que probablemente le enviaría con dos motivos: uno, que le pusiera música. Dos, a ver si se daba cuenta que hablo de nosotros.