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Over here

viernes, 11 de enero de 2013

- Hey, are you in bed?

- Nuh,

- Do you want to go out?

- Well, it's kinda late. And I work tomorrow...

- Just a little while. I had a though day and I really need to relax, let my head go... and I totally think that you should go out too.

- Why's that?

- Because if you do not go out you stay at your place and drink.

- I did not drink a single drop tonight. And anyways, there's nothing wrong with that. It's ok to have something to drink whe you are not with somebody.

- Yes there is something wrong.

- And why?

- Because if you stay at your place drinking, then I am alone.

- That... So, if I drink you get lonely?

- I mean, we can be alone together and drink... It would be fun, be can go out and be alone. Oh, well, that's not so clever. I think you should come to my place?

- You are foward...

- You already know that...

- Yes, but I tought that the other day was just you on a really horny day.

- Probably. But, this time we can just talk. I mean, we can get to know each other better. Because I hate it when you behave like a dumbass. But when we talk I fell I can really get you thinking, and that you are smart, and I enjoy you being smart.

- I hardly know you, but I think I'm going to.

- Well, I'd like to see you. Why is it so hard for you to say that? I know you want to see me.

- How do you know that?

- Because I noticed that when you like me you start asking a lot of questions about me and what I am traying to say, as if you were trying to crack some sort of code. And I like it a little bit, so now come over here, ok?

Hit girl

jueves, 27 de diciembre de 2012

Well, she arrived at my place around nine, and I was trying to get dinner done. I was supposed to help her with some studies about Merleau-Ponty, cause some friends told her that I was good at that stuff. The thing is that she came in, we talked and shortly after she was pushing me to bed.

Literaly, she took me to my own bedroom and threw me into the bed. As I was laying there, she jumped on top of me.

- Well, here we are.

- Certainly. So, was all this Merleau-Ponty stuff just an excuse?

- Yes and no. I mean, I should study. But If I have to choose, I'll have you instead.

She smiled and gave me a kiss. Then started licking my neck, while she was holding my hands so I couldn't move. Crazy girl.

So, as I could, I freed my hands and started touching her back, letting her know that I was going to soon remove her shirt.

By soon I meand that ten minutes later, let say, she was half naked.

And i had to be in control, so I turned things around: she had to lay on the bed because I was going to take my time. It was mandatory that I spent some real time on her neck and her chest. And her arms, and her legs, and her ears.

She was acting kinda crazy, she dfinitely liked it. She complained that I still had my shirt on. It took her thirty seconds to throw it at the side of the bed.

- And please, let me check you buty - she said.

It was weird to hear that request, but well. That meant that I was totally naked and she was smiling.

- Let me bit it.

- Oh, really.

It hurted a little. But she was trying to be nice and gentle. Or something like that.

She then said that she really liked my back, and she had already spoted me two weeks ago, at a concert we all went together.

- And what do you want now? - I asked, while I was pulling of ther pants.

- Well. It would be great if you lick my nipples.

I certeainly agreed. She had quite good breasts, so I took a tour around them. And then went back to her neck, and then her ear, and then...

- Oh, I have to fuck your brains out.

So she turned me over and put herself on top of me again.

- Have you got any protection, boy?

Had to fetch my pants, my wallet, to get some. This girl really liked to be in control. It was as if she just wanted to let herself go, and didn't care that much if I agreed or not with what she was doing. She actually moved quite wildly, and sometimes it hurted. If you know what I mean.

That's was certainly not good for my sex drive.

But we managed to go on for twenty minutes or so. Hit girl just graved my arms and scrarched her nails on my chest. Moved hard, said some things. I don't know if she really meant those words.

The bed was a mess. The whole room was a mess. And I still had to cook dinner, we ate at midnite.

Never write a love letter when you're drunk (II)

jueves, 13 de diciembre de 2012

I
Corazón corazón:

No importa cuánto cierre las ventanas, cuánto baje las persianas, siempre terminás haciendo oleajes en mi living. Ese cosquilleo que siento cuando nos vemos. Nunca te lo dije, pero cuando te veo venir se me incineran las ganas de estar solo.

Ah, eso, hay algo que no te dije: me pasan cosas con vos. Dos tipos de cosas: unas son cuando creo que sos perfecta y te adoro, cuando me encanta cualquier cosa que hagas. El segundo tipo de cosa que me pasa con vos es cuando me doy cuenta que no sos perfecta porque me hacés alguna canallada y te odio.

Si fuera por mi, si me dejaras, sólo sentiría el primer tipo de cosas, el que te mencioné primero.

Sólo quisiera que te tomaras el tiempo...

II
Te juro que no sé o no recuerdo o no me importa qué tiene el vaso, pero es genial. ¿Escuchaste lo que están pasando? Ace of Base. A mi se me mezclan las cosas, creo que poner Ace of Base ahora es criminalmente hermoso, humillantemente tierno, heroicamente reventado.

Me siento muy linda hoy. Eso. No me importa la mina del Departamento de Deportes, con sus tetas enormes y sus piernas moldeadas. No me importa porque yo soy mucho más inteligente e interesante.

Al menos, eso quiero que creas.

¿Van a poner todo el disco de Ace of Base? Pregunto, porque es la primera fiesta en diez años que debe pasar esa música. Igual me encanta.

Lo vi a Héctor, le dije hola y le di un beso en el hombro. Me serví un daikiri de frutillas. Lo mismo que toma la perra del Departamento de Deportes. Decir que sé que no te le vas a acercar, entonces estoy tranquila y bailo con tu amigo Héctor.

Soy muy mala bailando. Y vos sos... Somos dos tronquitos, aunque de repente te inspirás. No sé cómo terminamos uno al lado del otro y me tomaste de las manos y te seguí los pasos. ¿Cuántas cervezas tomaste? No te creo que solo dos. Tampoco te creo cuando me esquivás con la mirada, cuando pretendés que no te importo.

Me voy dos segundos o una hora. La pasé bien, pero voy a ver si Héctor me da bola. Solo para saber, viste. Y para dejarte bien en claro que yo no te pertenezco.

Me sirvo otro daikiri, pero de durazno. Porque la estúpida de Deportes le está agitando las tetas a los de recepción, que acaban de llegar más puestos que el Pity Álvarez. Yo no ando mostrándome así, prefiero ser más sugestiva. Así logro que me mires desde la otra punta de la habitación.

¿Se piensan que es fácil ser mujer y venir a una fiesta? Para nada, me tomo mi cuidado, me preparo. Pienso mucho cómo va a ser, con quién quiero hablar, con quién quiero estar. Además de la expectativa, pues una nunca sabe a qué persona puede conocer.

Estamos escuchando a los wachiturros de repente. No me importa tanto. Si me preguntaran qué quiero escuchar, no sabría qué decir. Es como si a esta altura no pudiera soportar el compromiso de tomar una decisión. Vos, devolveme la mirada. Vos, sí: necesito que las cosas simplemente me pasen, ¿ok?

Voy nuevamente a tu lado, te tomo por la cintura, te sonrío y apoyo mi cabeza en tu hombro. Te dige que me caes bien, que quiero que nos llevemos súper pero para eso necesito que me trates mejor. Eso. ¿Por qué a la de Deportes le respondés sus mensajes y a mi no? Si es una reventada, si no te gusta. Yo sé que no te gusta, es burda. Yo no soy burda.

Intelligence is sexy. ¿Soy sexy para vos? Perdón, perdón, es que tomé mucho daikiri. Lo que te quiero preguntar es si podemos no darnos un beso hoy, pero si seguir hablando porque me gustaría conocerte. No, no me tires la boca, no. Sólo quiero que hablemos.

Y te juro por mi vida que  aunque te hacés el anti me caes bien, hasta me gustás. Se me lengua la traba.

Sos un tipo reservado. En verdad, hablás de algunas cosas de vos, pero de otras no. ¿Es verdad que salías con la hermana de Héctor? ¿Y cómo lo tomó él cuando se enteró? Ella es linda. ¿Pensás que es más linda que yo?

Bueno, como están pasando un tema de The Killers que me gusta me voy a bailar con otro y te dejo abandonado. Así, aunque pongas cara de perrito mojado te dejo. No te odio, sólo necesito que sepas que soy independiente de vos, que puedo ser feliz sin vos.

Y eso es lo último que sabrás de mi. Luego voy a estar ocupada, colapsando.

III
... para verme, o para que estemos juntos. Porque ahora, así como estamos, tengo le sensación de que un día de estos, por el motivo que sea - conociste a otro, te fuiste, lo que sea - no nos vamos a ver más. Eso a veces me angustia.

Sí, es ridículo, lo sé, no somos nada serio. ¿Cómo voy a ponerme así? Perdoná, no es una escena esto. Yo te escribo así porque a veces no me sale decir las cosas. Sos una persona muy linda. Re inteligente. Re tierna. Pero lo que quiero decirte es...

IV
Si hay algo que no entendí fue esa vez que te me acercaste y me dijiste que te encantaría ser mi amiga pero que había algo de mi que te llamaba la atención. Me dijiste "la verdad, no sé qué hacer con vos". ¿Qué hacer conmigo? Bueno, te doy una idea: ¿salimos?

Que no.

¿Entonces? Decidís que durante dos semanas no me vas a dirigir la palabra. Genia, brillante lo tuyo, muchacha.

Un día venís, te sentás, me escuchás tocar la guitarra. Me decís que suena lindo, te sentás al lado mío. Mirás, sonreís, tenés todo controlado. Me pedís que toque otra, me pedís que toque esa canción que te gustó.

Yo, si tuviera algo de voluntad, te mando a freir churros.

Y entonces me tomás de la mano, nos recostamos un poco, me mirás desde abajo. Me querés, o algo te pasa. No me preguntás cuáles libros me gustan, no me preguntás qué música suelo escuchar, no me preguntás que películas veo. Ya lo sabés todo, hablamos con un nivel de simbiosis llamativo.

Después me di cuenta que no es la simbiosis. ¿Sabés cuál es el problema de ser un tipo extremadamente racional? Que las casualidades no existen y que las ilusiones te duran poco. Me las sé todas, me la doy de mente brillante.

Hasta que llegás vos y volvés en mi contra todos mis trucos.

Cuando te digo trucos pensás que te engaño. Corazón, no tengo como engañarte si no estoy con vos, ¿entendés? Tampoco me interesa engañarte. Tu miedo es más un justificativo que una realidad.

Ah, pero no te preocupes, quedate con mis ganas, quedate con mis ilusiones, quedate con mis instantáneas de vos. Total, no creo que vaya a necesitar todo eso.

V
... que no puedo estar así con vos. Estamos fuera de sintonía, porque siempre que te busco no estás, o estás en cualquier lado haciendo cualquier otra cosa que te resulte más interesante.

Trato de no hacer un escándalo de nada. Me pediste que fuera una persona serena, que te dejara tu espacio, que sos libre. ¿Pero pensaste dos segundos en lo que te dije?

Hola, la paso bien con vos, me gusta cuando hablamos, me divierto.

Ni bola, me contestás cualquier cosa. Sos insensible. Tu soberbia te sienta mal. Sabés qué, andate a la mierda.

Te mando un beso.

Los implícitos

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Hay cosas que se saben pero no se dicen. Porque decirlas es ponerlas de manifiesto, lo que entonces conlleva enfrentarlas. Lo explícito es lo ineludible. Las palabras, muchas veces, sirven para enmascarar lo que nuestros gestos corporales indican.

Entonces, un miércoles cualquiera de junio volvió una amiga, a quién no presentaré hasta luego porque no quiero poner nombres acá, porque con nombres la gente se imagina cosas, vieron.

Ella se mudó cerca de casa, por Anton Martín. Un departamento bonito, con balcón francés. Solíamos comer pizza los días de mucho calor, mientras tomábamos cerveza y hablábamos de todo, de Rajoy, de la crisis, de Pink Floyd, de su carrera, de la mía.

Incluso en ocasiones hablábamos de nuestros roces de pareja, de cómo ella sólo se cruzaba con tipos rayados y yo me cruzaba con treintañeras indecisas.

1) Lo que pasa, corazón, es que vos sos especialista en poner insegura a la otra persona. Tu seguridad es algo remarcable en vos, pero de repente te agarran esos rayes de pánico que al otro le provocan dudas.

2) Creo, son fisuras que tenemos todos. La contradicción somos nosotros, hasta el tipo más seguro del mundo tiene algún momento en que se siente reducido a un niñito indefenso.

1) Lo tuyo son esos dos extremos, que curiosamente, terminan conformando un gris.

2) A mi me gusta pensar en colores, que tengo muchas gamas de colorado, verde, azul, violeta, incluso amarillo. Los grises son matices aburridos, no sé por qué la gente habla de grises cuando la vida tiene colores.

1) Colores. ¿Te conté de cuando salí con el daltónico? Ese no era el problema del tipo. Resultó que era voyeur.

2) ¿Cómo voyeur?

1) Sí, o sea, no me quería ni tocar. Sólo le gustaba ver que me tocara yo. Lo saqué cagando, para hacer eso una no necesita a nadie, y menos que sólo mire.

Me reí.

2) Y, digamos que es un poco limitado el asunto. ¿Pero no quería al menos meter mano él?

1) No. Si era por él, se sentaba al lado mientras yo hacía mis cosas.

No sé por qué, me acordé de una chica con la que yo salia, a la que no le gustaba que se tocaran nuestros pies y por eso cuando estábamos juntos siempre tenía medias. Siempre, en todo momento. Pero esa es otra historia.

2) ¿Te acordás cuando terminamos en esa fiesta llevándole el sonido al que organizaba, pseudo borrachos, cruzando hasta Atocha?

Lo recuerdo. Era la época dónde salíamos seguido, ibamos a bailes que se organizaban en diversos clubes y barcitos semi clandestinos. La gente era amena y no eran caros, podías beberte una caña por un euro tranquilamente.

En esos lugares conocías a personas que al menos esa noche, eran las más interesantes del mundo. Según el estado de la conversación, podías terminar hablando de Dalí o encamado en una habitación de una casa que no era la tuya.

Hace poco volvimos a uno de esas fiestas, en un lugar cerca de la rambla.

1) Esta noche es raro, acá no bailan mucho.

Había dos o tres que pasaban diapositivas, mucha gente en la barra y otra mucha charlando, en grupos. Pasaban música de los ochenta, sonaba The Cure. Compramos dos cervezas en la barra.

1) Quizás en este tiempo cambiaron los códigos y ahora esto es así. O quizás a las doce de la noche aún nada de esto arrancó.

2) Antes veníamos a las diez y media y ya estaba todo explotando. Los jóvenes no saben divertirse hoy en día.

Me reí. Fuimos a comprar otra cerveza y bailamos un poco. Hacía bastante calor esa noche. Tomábamos como si fuera agua.

2) Tengo un paso que aprendí el otro día, mirá.

1) Sí, dale, pero ¿seguro que es pasando las manos por detrás? Ah, sí. ya sé cuál es. Ojo con la cerveza no la vuelques. Ay!

2) No te preocupes, además hay que comprar otra, eso ya está caliente. Mirá, lo dejamos acá. Ahora, fijate cómo este tema da para que atravesemos todo el lugar así, mirándo fijo, y tomados de la mano.

1) Me hacés reir con tus caras.

2) Entonces habrimos las manos, ¿viste la chica esa, que está en una toga? Es la justicia. Le quiero decir que no estoy de acuerdo con ella.

1) Jajajaja, está loca la mina, hace calor y está vestida así. Seguro va a terminar toda ebria. Bailemos hasta la barra de vuelta por favor, se me secó la garganta.

2) Estoy en ese momento de la noche donde no distingo entre el bien y el mal, pero cuando lo logre, elegiré el mal.

1) Eso lo decía un personaje de un blog que leía, un tal Felipe Esthershack.

2) Sí, el mismo.

1) Odio cuando, entrada la noche, ya te dan de beber en vasos de plástico. ¿Ves? Algunas cosas nunca cambian. Ahora la gente empieza a moverse.

2) Los inspiramos, nos vieron cruzar todo el lugar haciendo el baile ese del egipcio.

1) El baile egipcio, mientras agitamos las caderas, mientras tomamos otro poco de cerveza y yo desearía estar en un lugar más fresco como Suecia. Y todos esta noche queremos la revolución.

2) Todos. El problema es que como hacemos siempre lo mismo estamos condenados a repetir lo que nos pasa.

1) Esto se baila así, con las manos en la cintura, vos agarrame y vamos a hacer de cuenta que sabemos mobernos, y...

3) ... cuando te acerques entonces nos miramos de cerca, sin comprender demasiado, pero nos sale un beso de alcohol y calor. Ninguno de los dos se detiene, es un accidente, pero ningún accidente está completo si no nos exponemos un poco, ya sea lastimándonos, muriéndonos o quedando atontados en un beso en medio de todos. Decir cualquier cosa ahora está mal, porque incluso cuando nos retiramos un poco, nos miramos y sin decir nada nos volvemos a besar. La cerveza se cayó, vamos a tener que comprar otra, pero no nos importa.

2) Bueno, no sabía que podíamos hacer eso.

1) No sabía. Somos amigos, ¿de dónde salió esto? ¿Quién sos ahora? Somos los mismos, somos exactamente los mismos. Las cosas cambian, pero no tanto, ¿verdad?

2) La interacción de las mismas personas, en contextos diferentes, da un resultado diferente. Eso es lo que Jimmy Bentham intenta explicar con su estúpida teoría de las ecuaciones emotivas.

1) ¿Me querías besar desde hace mucho? ¿Improvisamos? No sé qué pensar cuando hacés estas cosas.

2) Ahora soy yo el que hace las cosas. Claro, porque yo hago lo que yo quiero, sobre todo con vos que sos tan dócil.

1) Te cuesta. No podés decir todo sin que el otro lo diga primero, querés tener la última palabra. Cuando te ponés así te odio.

2) Hace dos minutos me estabas besando y ahora resulta que me odias. Somos amigos y ahora resulta que yo hago las cosas... pensá lo que decís. Además, nunca pensaste en qué pasaría con nosotros si....

1) No me lo digas, no me lo digas por favor.

Solíamos salir a cenar los viernes

lunes, 22 de octubre de 2012

(En 2006 escribí esto. No pienso corregirlo. Besos.)


-          Recuerdo que solíamos salir a cenar todos los viernes. Nos encantaba. Teníamos nuestra listita de lugares habituales, y según el antojo, íbamos a cenar a tal o cual lado.
-          Tenés como cierta melancolía por ese tipo. Tanto lo reprochas, pero ahí está – y le señaló la cara sonrojada - , ese gesto me demuestra que todavía lo querés.
-          Obvio que lo quiero. Eso jamás lo dudo.
-          Pero sin embargo, hace media hora que lo único que haces es despotricarte contra él. ¿Es relator me dijiste, verdad?
-          Si. Se fue a cubrir alguna de esas cosas. El fútbol de las Olimpiadas, o yo que sé qué corchos…
-          Ah… Lo debo conocer entonces.
-          Si. Pero tenemos un trato…
-          Nada de nombres. Sos una completa extraña para mí, pero sin embargo siento que te conozco tanto. El cuento que me contás siempre que nos vemos es un cuento incompleto, sin personaje principal y con escenarios vagos y borroneados por un autor que no quería privar al lector de las libertades de la imaginación. En realidad, como hablamos de estas cosas. ¿Hablás con alguien más? Alguna amiga…
-          No. El tema es que con vos, al estar ya reunidos de una forma clandestina, te puedo contar todo. Y encima ni sabés quien soy. ¿Cuántos años me das?
Meditó, buscando un número. Era algo difícil, pues ninguno le satisfacía. ¿Y si le pegaba? ¿Cuál era la diferencia? Seguro, jamás lo sabría. Y era mejor así. Su mano comenzó a recorrer lentamente las piernas de ella. Esa pierna desconocida, pero en ese momento vecina, incluso habitable. Era hermosa, pero se alejaba siempre al otro día. Podía pasar una semana sin que ella se dignara a llamarlo. Y de repente, el teléfono, ese endemoniado enano buchón, chillaba porque ella lo buscaba nuevamente, con ganas de abrazar un cuerpo extraño. Entonces, él entraba en escena.
-          Hmmm….
-          Me parece que estás pensando en cualquier cosa menos en mi edad.
-          38.
-          Yo me hago la idea de que vos tenés 42.
-          No pregunté, pero ahora ya sé que pensás de mi.
Si ella tenía ojos apagados, él lograba encendérselos un poco. El brillo de su juventud volvía por unas horas. A él siempre le gusto como los ojos de ella se perdían en los suyos. Lo único que ella necesitaba era a un extraño. Pero a esa altura, ella sabía que no podía conformarse con cualquier extraño. Él era su extraño, su amor que jamás flotaría en la superficie. Era su enamorado subacuático. Tanto le había costado encontrar a éste, que era apuesto y encima buena persona. La calle estaba llena de estúpidos, eso su historia lo había demostrado a cachetadas.
-          ¿No tenés miedo de que se entere? – Preguntó él.
-          No… es como si no me importara. Bah… no es que no me importe, pero siento que nada puedo hacer y que mi marido jamás se enterará o jamás le llevará el apunte. No me malinterpretes. Si hay algo que mi marido sabe es como tratar a una mujer- él le puso un gesto de molestia, pues odia que una mujer le diga que es otro el que sabe como tratarla-. Lo único que ocurre es que quizás eso se ha perdido un poco. No sé por qué se perdió, pero sé que ahora que él no está, yo quiero estar con vos.
-          Bueno que digas eso. Aunque por tus palabras eso de “se perdió un poco” me parece un fiel intento de rescatar a tu marido de la hoguera en que lo pusiste… o al menos un intento de que la llama lo queme menos.
Ella lo miró fijamente. ¿Se daba cuenta que la mano de él estaba casi en su entrepierna? Los domingos por la mañana eran geniales para quedarse remoloneando en la cama. El no había cesado de clavarle esos ojos negros, de tal oscuridad que daban ganas de meterse adentro y averiguar que pasaba adentro. Pero siempre, esos ojos negros le significaban a ella una distancia insalvable.
Su otro brazo pasaba atrás de su cuello y salía del otro lado, para descansar en el hombro de ella. Ambas cabezas se habían posado en la almohada la noche anterior, y allí seguían. Nunca habían hablado tanto de sí mismos. Era indudable que en algún momento los dos alternativamente habían sentido el deseo de revelar su nombre, de saltar del anonimato, con documento y todo, de mostrar toda su desnudez por completo, sin esconder absolutamente nada. Pero ambos se dedicaban a recordarse su pacto.
-          Nada de nombres – dijo ella aquella vez que se conocieron, hace tres meses -. No quiero saber quien sos. No me interesa quien sos, tu identidad. Me interesa el extraño que sos. Sólo quiero pasar mi tiempo con un desconocido y que no me pregunten nada.
-          Bárbaro. Así que te importa un pito conocerme, pero te va acostarte conmigo.
-          Parece que no entendiste. No es que no me intereses, sino todo lo contrario. Pero tengo la necesidad de jugar con el anonimato, de desconocer los detalles básicos de tu persona. Llevamos hablando casi una hora y media y ni sabemos nuestros nombres.
-          ¿Y cómo te llamas?
-          No te lo voy a decir, y además te prohíbo que vos me digas tu nombre – le dijo acercando sus labios a los de él, pero sin llegar a besarlo. Era obvio que lo estaba provocando con gestos alocados.
-          Podríamos ser dos almas que sin nombre se identifiquen mutuamente.
¿Cómo había llegado a sus oídos que ella era casada con un relator de fútbol? Ella no se acuerda. En él, el recuerdo quedó tatuado en su frente. Ella terminó llorando como una condenada a la tercera vez que salieron. Ni siquiera se habían acostado, pero era cierto que se sentía como las cosas avanzaban al trote, agitadamente. Estaban en la puerta del departamento de ella. Ella quería invitarlo a subir. Él quería ser invitado a subir. ¿Era lo que debía ocurrir? Seguro. Nadie lo dudaba. Ni siquiera aquel relator de fútbol que se encontraba en Perú, para cubrir la final de Argentina – Brasil y que ya había pasado por más labios que una bombilla de mate.
-          ¿Qué dedos estarán rozando las caderas de mi mujer? – preguntó el periodista deportivo a uno de sus compañeros de trabajo.
-          Yo creo que los dos saben muy bien lo que hacen – fue la respuesta. – Y es bárbaro porque ninguno dice nada.
Si ahora ella se arrojaba, al menos por un rato, en los brazos de otro, no era su culpa.  No era de ninguno en realidad, pues así eran las cosas. Ella, vestida de novia y caminado hacia el altar, no se imaginó que necesitaría recurrir desesperadamente a otro hombre, que si apreciaba, simplemente no amaba.
-          Es mentira eso de “hasta que la muerte los separe” – dijo en tono reprochón. – A nosotros siempre nos separó River-Boca, la Libertadores y el Mundial.
-          Pero siempre volvieron a estar juntos. Yo creo que lo que intentó decirles el cura ese día es que estarían juntos como pareja hasta que la muerte los separe. Entonces, se reencontraran en otro mundo.
-          A veces decís demasiadas pavadas. No necesito que me expliques que quiso decir el cura.
En ese momento los ojos de él despegaron irremediablemente en un vuelo fugaz e irreflexivo. Estaban destinados a estrellarse de nuevo en el rostro de su amante, pero el vuelo continuaría lo más que pudiera.
-          No te ofendas.
¿A qué hora tenía que estar él en la reunión de mañana? Tendría que llamar a su secretaria temprano para que se lo recuerde. Odiaba molestarla. Sentía por esa otra mujer (su secretaria) una atracción que jamás confesó a nadie. Y era extraño, pues el siendo soltero y jamás casado, podría haber intentado algo. Pero allí estaba él, al lado de una mujer que no lo amaba, posando su mano sobre los muslos de una desdichada. ¿Y él no era desdichado? ¿No estaba parado siempre, rodeado de nadie? Las otras personas no eran para él otra cosa que puntos de vista, lejanos en la distancia, que le decían que tenía que hacer. Jamás les había podido hacer caso.
Una mano femenina se posó sobre su pecho y lo acarició. ¿Pedía perdón? ¿Era para tanto? No. Seguro que no hacía falta enojarse. Nadie en la habitación estaba enojado. El silencio inundaba el espacio, pero nada más. Él no tenía ya ganas de hablar del cura, de maridos en el extranjero, etc.
-          Amo a mi secretaria.
-          ¿Qué? ¿Amás a tu secretaria?
-          Eso dije.
-          Pero, ustedes no están saliendo. ¿O si? No me gustaría que le metas los cuernos conmigo a la mujer que amas.
-          Perdón… vos le estas metiendo los cuernos a tu marido conmigo, así que por qué no podría hacer yo lo mismo.
Ella lo miró sorprendido. Tomó aquel último comentario como una confirmación de que su amante estaba con otra. Él sabía lo que le había dado a entender a la mujer que yacía a su lado y no se preocupó por desmentir el malentendido. ¿Cómo sería amar a su secretaria, o más bien, ser amado por ella? Se sonrió sin darse cuenta.
-          No me esperaba que salieras con alguien más. ¿Hace mucho?
-          Tenemos un trato…
Los ojos de ella tuvieron que frenar ante la reserva de los ojos negros de él. Las dos oscuras esferas que le devolvían por fin la mirada, pero parecían más oscuras. Era como si aquel vuelo provocado por el recuerdo de las palabras del cura los hubiera quemado hasta volverlos carbón. Ella sintió que el levantaba la mano de su pierna. Ni se había dado cuenta, pero sintió la ausencia de aquella mano como quien siente a su verdadero amor partir.
-          Mi marido seguro debe estar con otra.
-          ¿Eso pensás?
-          Seguro. Si yo estoy con vos, ¿por qué él se va a privar de conocer a otra?
Los dos ojos oscuros se aproximaron a los de ella. Se besaron, sin siquiera ellos entender por qué. Los labios no importaban, eran los ojos lo que se besaban realmente. Esos ojos oscuros se habían acercado a esos ojos pardos. Cada globo ocular oscuro había tomado por pareja a otro globo ocular pardo. Querían danzar, un vals hubiera sido ideal. Ambos creyeron escuchar la música, pero los ojos no bailaron.
Los vidrios rotos cayeron al suelo cuando él separó su cuerpo del de ella y se sentó al borde de la cama. Ella miraba su espalda. Desde que lo había visto sin ropa la espalda de ese hombre le provocaba. Sentía ganas de tirársele encima por detrás y no dejarlo ir, prenderse a él como un animal salvaje a su presa. Pero en ese momento el animal salvaje estaba quieto, parecía domesticado. Era horrible que alguien hubiera domesticado a tan precioso animal. Lo mismo opinaba él, pero ella no tenía forma de saberlo.
-          Odio los domingos a la mañana – dijo él mientras se estiraba y un bostezo escapaba desde la garganta a la libertad.
-          Para mi están bien. Lo que si odio son los lunes a la mañana.
-          ¿Sabes cuando vuelve tu marido?
-          No… bah… mas o menos. Todo depende de cómo le vaya a la selección en los juegos.
Entonces él se volteó y sin mirarla le preguntó.
-          y… ¿Vos querés que la selección llegué lejos en los juegos olímpicos o pierda pronto?
Ella se levantó súbitamente y lo abrazó.
-          Quisiera que jueguen para siempre.
La respuesta le resultó extraña. ¿Qué tipo de persona deseaba que su amado no volviera nunca? Por más de que le gustara andar con otra gente y tener un amante, ella amaba a su marido más que a nadie.
-          En este momento – dijo casi entre lágrimas- quisiera deshacerme del amor que le tengo a mi marido. Vos me mirás como quien ha dicho una barbaridad, pero es así. Amo a mi marido, y quiero desembarazarme del amor que por él siento. No necesito amarlo de esta manera, necesito otra cosa.
-          ¿Y por qué no te divorcias?
-          No es posible. Estoy atrapada. No puedo decirle de separarnos. No quiero estar sola.
-          Estoy yo.
-          Si, pero vos estás con otra. Si pierdo a quien todavía amo nadie quedará para mí. Le temo a la soledad, pues ya no soy una purreta que puede levantarse a cualquier macho.
Hubiera querido reconfortarla, sabía qué cosas podía decirle para aliviarla, pero no lo hizo. Cualquier cosa que él le hubiera dicho hubiera sido en vano. Él sostenía que lo mejor que alguien podía hacer cuando se enfrentaba a alguien deprimido era dejarlo en paz. Ahogándose en sus penas. Una lástima que ahora le tocara a ella. La última vez que él la había intentado reconfortar se había enterado de la profesión de su marido y de los problemas que eso le acarreaba a la mujer.
-          Y vos… ¿Por qué estas conmigo si amas a otra? – Le preguntó ella.
Desde que se había enterado de lo de la secretaria, esa pregunta le hacía bochinche en la cabeza, pugnando por salir. No se había animado a preguntar, hasta ese momento en que los ojos negros ni siquiera merodeaban cerca de se figura.
-          Tenemos un pacto.
-          Yo te conté a vos. No seas así…
-          Ella no me ama. Yo lo sé. Lo peor es que ni siquiera sé a qué hombre pertenecen sus añoranzas y sentimientos. Es odioso no poder enamorarla.
Ella le tomó del brazo. Ahora se había sentado a su lado. Eran dos compañeros con tanto en común, pero no eran iguales. Eran los solitarios amantes de una ciudad que jamás les había demostrado cariño, que jamás les había preguntado como les iba en su casa o con el estudio, que a duras penas les había reconocido algún éxito laboral. La ciudad no los quería, pero tenía que soportarlos. La secretaria no lo amaba a él. A ella su marido la había engañado a los dos meses de casados. Ella había perdido un embarazo hace poco más de un año. Él logró, no sin apelar a toda clase de medios, que una ex novia suya abortara a los 19 años. Las vidas se perdían. Ellos estaban vivos, pero no vivían. Tenían la impresión de jamás haber estado realmente vivos.
-          Sos un hombre apuesto. Seguro que podes reconquistarla – le dijo ella para reconfortarlo.
-          No es solo cuestión de cómo me vea. Además, seguro que muchas mujeres, incluida ella, disiden con vos.
-          No me vas a decir como se llama, ¿no?
Los ojos negros le contestaron que no sin hacer absolutamente nada. Fue el no más silencioso del mundo.
-          Yo no te digo como se llama mi marido porque vos seguro que lo conoces. Al menos así no sabes quien es – se atajo ella, para justificar su propia negativa a revelar el dato.
¿En qué cambia eso las cosas?, pensó él. Era totalmente innecesario hacer referencia alguna a nombres. Esa habitación era la zona de veda. Nadie sabía nada de nadie, y sin embargo todos se conocían. Esa habitación era la imagen microscópica de una Buenos Aires desolada, tan viva y tan indiferente. El amor de la ciudad a sus hijos es indiferente.
Los dedos de ella jugaban en la alfombra del puso. Le encantaba rozar las yemas de los dedos contra la felpita. Era automático. Él le tomó la mano y se la besó.
-          Te voy a decir una cosa, – comenzó a decir él mientras ella le regalaba toda su atención, con un moño y el papel de regalo más bello que él había recibido en años – mas allá de que ciertamente mi vida no ha dado resultado, debo decirte que te quiero.
La afirmación no le cayó muy bien a ella. Entonces intentó frenar la declaración.
-          No me vas a callar – atacó antes él -. No te voy a decir que te amo porque no es así. Pero eso no quita que tenga sentimientos de cariño por vos, y sinceramente quisiera que estuvieras mejor con vos misma y tu marido. Es estúpido negar que me gustás, de alguna manera. No voy a negarlo. Deseo volver a verte. Si me querés sorprender entonces decirme que no me querés volver a ver, y entonces…
-          Te entiendo. Tenés razón.
Fue entonces cuando ella comenzó a mirar sus prendas. Era hora de vestirse. Los pantalones de él no pudieron esconderse durante mucho tiempo. La camisa le quedaba holgada. Se sentía más flaco que la noche anterior. Era como si hasta parte de su ser lo hubiera abandonado para irse con otra parte de ella, a algún lugar mejor. Ella se vestía, completamente ausente. De la habitación del hotel salieron dos personas huyéndole al destino. Ella volvería a su marido, para vivir el romance más insípido que alguien pueda contar. Él encontrará el lunes el mensaje de su secretaria diciéndole que se va a Nápoles con su novio, para casarse allí. Poco después llegó el telegrama de renuncia.

Diez

miércoles, 9 de mayo de 2012

I
El que te quiere hablar no te habla y el que no querés que te hable te habla. Con el que hablás no te dice nada y con el que hablabas ahora es re copado y por último, uno que en verdad es mudo parece re locuaz.

II
Muchas de las voces que leí alzarse, aterradas, por lo que implican los términos y condiciones de Google Drive con respecto a propiedad del contenido, son las mismas que en tono progre te dicen que la privacidad ya fue. #consistencia

III
Había decidido prescindir del celular durante mi exilio. Lo más correcto, me pareció, sino no era un exilio. Aún así, no me aguanté y lo prendí un poco, al tercer día. Lo dejé sobre la mesa del bar, mientras me bebía mi segunda cerveza. Nada. Estuvo prendido como treinta minutos, y lo volví a apagar. No sabía si sentirme insoportablemente a salvo o condenadamente libre.

IV
Canalla, manipulador, mal tipo, asqueroso... pensé de todo al principio, Aproximadamente a las dos horas de insultarlo me di cuenta de que yo era la estúpida. Me ocurre a veces: estoy haciendo algo, pensando algo, de forma dramática, y clac. Algo cambia, como si mi perspectiva se corriera.

V
Sonará a ficción, pero el 75% de lo relatado en "Get the girl out" es cierto. Fue una secuencia muy divertida.

VI
Mientras escupía algo de sangre, arrodillado en la banquina, miró a July que estaba en pleno llanto, puteándolo como nunca en la vida. Las luces destellantes de la autopista, algunos autos que pasaban. Recordaría ese momento como un quiebre, quizás, la primera vez que Julieta se percató de que él le podía hacer grave daño.

VII
Si y no al mismo tiempo. Ella funciona en su nuevo sistema bifónico, capaz de emitir señales contradictorias en cuestión de segundos. De tal forma, así como te deja plantado con la cena que vos mismo te ofreciste a cocinar, aparece a la semana - sí, una semana después -, invitándonos así, como si nada, al BAFICI. "El BAFICI ya terminó, corazón". "Bueno, igual yo lo decía por tirar algo para hacer". 

VIII
Que no te enorgullezca haberme herido de esta forma. Odio que de alguna forma, te nutras de mi dolor. Y tu nueva noviecita me tiene las pelotas llenas conque está re contenta, descubriendo algo nuevo en el amor. ¿Cómo puede interesarte esa cursilada? Yo me pregunto por qué carajo me sigo haciendo mala sangre por un tipo cagador como vos.

IX
Primero, hay q saltar el pollo en aceite - muy poco -, de forma que se selle. Luego, llegado ese punto, hay que agregar las cebollas de verdeo y la cebolla. A los dos minutitos ya habrá largado el jugo, ergo, hay que agregar las papas. A ojo, mas o menos - como para orientar - no más de diez minutos, ahí le pueden agregar el vino blanco. De ahí, unos quince minutos tranquilos. Mientras pueden ir haciendo un poco de caldo, que les va a servir cuando se haya evaporado el alcohol. En este punto, más que nada, se continúan cocinando las papas. Cuando la cosa ya bajó, es el momento de agregar la crema. Y pum, al plato y a la mesa.

X
¿No quiere el boleto de vuelta? Oh, menudo detalle se estaba olvidando usted. ¿Para qué momento lo desea? Mire, puede coger los trenes cada media hora. Le salé siete euros, tal cual la ida. Si quiere coger un billete abierto, eso le saldrá un euro más, porque no es de Renfe. ¿Se siente bien señor?

Oceans

lunes, 29 de agosto de 2011

I
2) ¿Alguna escapatoria?

1) Es difícil decirte esto, pero... ¿no sentís que somos una farsa? Es como si fueramos un sencillo paliativo de nuestros dolores, cuando te juro que el amor es otra cosa.

2) Nuestra relación fue signada, sobre todo desde hace al menos dos años, por esa capacidad que tenemos vos y yo de aliviar nuestros pesares. Pero no se trató solo de eso.

1) No, ya lo sé...

2) Lo pensé. Porque yo a las cosas siempre las pienso. Tengo esa sensación, todo esto me arrastra a una nueva crisis.

1) A mi también. Pero esta vez no nos podremos ayudar. Duele mucho y me vas a hacer falta pero no voy a poder recurrur a vos.

2) Podemos, pero estamos volviendo sobre la misma falla...

1) ¿Falla? ¿Para vos nosotros somos una falla?

2) No quise decir eso, sino que ahora nuestra relación está trunca, está...

1) Por favor, no sigas que duele. No quiero escucharte decir eso. Me lastima. Fuimos, somos, una experiencia. No una equivocación. ¿No?

Él la abrazó pero ella se quedó inmutable, con los ojos un poco llorosos.

2) Hey, por favor, no te tomes las cosas así. No quise decir eso, ¿ok? Me alegrás mucho, me encanta conocerte.

1) Y sin embargo nos hacemos mal. ¿Cómo puede ser que nuestra amistad fuera fantástica y nuestra relación una ...?

Ella no se animó a decir lo que él había dicho, frenó. Le dolía tanto que no podía ni decirlo, que prefería negarlo. Un accidente.

1) Seguís enamorado de otra vos...

2) ¿Eh? No. Yo realmente te quiero...

1) Se te ve en la cara, corazón. Se te nota. No me pone mal, yo también tengo que resolver cosas. Pero me sorprende que vos no lo tengas tan claro, cómo la querés.

2) Linda, escuchame -le toma la mano-, yo no te usé para superar a otra, ¿ok?

1) No, a conciencia no. Pero tenés una tristeza enorme, y para mi es por ella. Yo también. Compartimos nuestras tristezas oceánicas. ¿Te acordás la primera vez que nos acostamos? ¿Cómo nos liberamos? Ahí nos perdimos...

Era cierto. Había un punto en su historia en la que sus caminos se habían no sólo juntado, sino confundido. Una noche sobre todo, hace tiempo en verdad, en que habían salido a cenar por Palermo sabiendo los dos claramente sus intensiones.

2) No está mal. Estábamos tristes y nos reconfortamos. Lo estúpido fue creer que una relación podía arrancar de ahí. Entonces tenemos este afecto que es el de dos amantes, pero si realmente nos queremos tanto no podemos mentirnos.

Ella por fín lo abrazó. Como si finalmente hubiera dicho lo correcto, utilizado las palabras justas. Si bien él había iniciado la conversación, ella necesitaba llegar a ese punto para ser más honesta.

II
¿Cómo arrancó todo?

Hey, vamos, dale. Sólo me estoy aproximando un poco, nada más. Porque sos como un imán, hay una fuerza que nos atrae, que pone mi brazo en tu cuerpo, dándole la vuelta. Lo tenemos decidido, vamos a hacerle caso a todos. Que todos dicen eh, por qué no andan juntos. Andemos juntos, acariciemos un poco las heridas.

Pensalo. No, no lo pienses. Justamente todo esto va a pasar porque nadie piensa, sino que hace lo que quiere. Hace tiempo que queremos, hace tiempo que me mirás y me doy cuenta. Y te llamo para que vengas, porque verlos a los chicos me divierte, pero verte a vos se me ha vuelto algo totalmente nuevo.

Salgamos, estemos juntos. Estemos juntos hasta el amanecer. Yo me quedo escuchándote, me encanta escucharte. Me gusta tu piel, me hacés reir más que de costumbre. ¿Qué cambió? Pasé por todo esto, por esta gente que me ha manoseado los sentimientos así nomás, pasé por todo para llegar a vos, que te tenía al lado. ¿Es así?

anecdótica

lunes, 18 de julio de 2011

I
Me dolía todo. Fui víctima de un calambre en plena noche, y lo siento a tres días del evento. Y eran las cuatro am y ella de repente me miraba de cerca, estba vestida. Me dijo "bueno, me voy". Jamás le voy a perdonar que me haya despertado, con lo que me cuesta dormir. "¿Qué?", pregunté con mal humor. ¿No podía quedarse tranquila unas, digamos, seis horas?

Tuve que esperar hasta que cayera su remís. Mientras, ella me decía cosas como "no sé qué me pasa", o "pienso demasiado". Y a mi me dolía el mundo. Si quería irse, pues que se fuera. Lo peor de todo es que con tanto cansancio no iba a poder continuar durmiendo.

Nos despedimos abajo en lo que puedo describir como un breve despacho, bye bye.

II
Well, detox hurts. And yes, you know you will fall back into that shit again sometime. It´s like a ghost that appears everytime you are alone.

III
Parque del Retiro, Madrid.

Por el mero hecho de cumplir una apuesta, JB se ha ubicado en uno de lso bancos que está en las proximidades del palacio de cristal para ejecutar el charango. Además, ha dejado pertinentemente un gorro con unas monetas.

El origen de esto fue la frase de Guy: "Dale, ponete en la plaza a tocar el charango y que te dejen unas monedas". JB lo pensó: era obtener unos euros para luego gastárselos en 100 Montaditos. Eso lo hizo sonreir.

Tocó algunas canciones: No surprises, can´t help falling in love, stand by me, pero las más hiteras fueron Someone is there y What a wonderful world. No obtuvo demasiado, ya que el Parque del Retiro no es el lugar ideal para esto, sino más bien la Puerta del Sol. Pero no quería quitarla trabajo al pibe vestido de Bob Esponja.

IV
Hay gente que si se entera de como es uno, se ofende. Hay gente que en verdad no quiere saber lo que a uno le pasa, porque es un problema. Omitir, eso.

Abstracciones

jueves, 14 de julio de 2011

I
Fueron 33 minutos de bus. Llegué a Volendam un miércoles soleado. Lo primero que me hizo sonreir fue el molino que está antes de entrar a la pequeña ciudad, uno verde enorme que data del año 1650. Cuando me bajé, me encontré frente a la misma cafetería que hace dos años, atendida por una holandesa que podía ser la misma o no, pues para mi no habría diferencia.

Caminé un poco por esa especie de feria improvisada, en esa callecita que termina dando en el puerto. Remeras, souvenirs, pequeñas imitaciones de Van Goghs, réplicas a escala de barcos. No iba a comprar nada, pero me quedé mirando la gama de cafés que ofrecían en uno de los lugares. K7. ¿Quién tomaría K7? Suena bien.

Llegué al puerto y me quedé congelado un tiempo, observando todo el escenario, abstrayéndome mi entorno para poder apreciarlo más aún. El amor es algo así, quedarse como un estúpido mirando, sin poder reaccionar. Es algo hipnótico. Si no te perdés en ese tipo de cosas, no estás enamorado.

Caminé un poco por la costa y los muelles. Los capitanes estaban preocupados porque la marea no bajaba desde hacía una semana. Tres de ellos debatían, hablaban, uno decía que esto era lo que se pagaba por querer ser dios. Me hubierea unido a la conversación, pero no soy holandés ni marino.

La Jürgen Tavern estaba aún allí, así que pensé que podría comer y beber algo ahí en breve. Me senté en el banco de uno de los muelles. Uno que tiene una estatua de un viejo sentado en él. Una idea genial, porque pude ponerme a discutir con el viejo, que me ignoraba por completo. Pensé entonces que el hecho de que te ignore una estatua es más gentil, el viejo al menos tenía una mirada apasible. Que te ignore una persona es más rústico, nunca queda bien, quizás hasta opina diferente a uno y se da el lujo de contestarle a uno.

Ahí me sentí exiliado.

II
Pensé que uno en verdad nunca admite una adicción hasta que llega a una especie de bottom line. O sea, hasta que el maleficio que eso presenta no sea realmente heavy todo sigue. Y de alguna forma, el que sale fácil entonces jamás fue un verdadero adicto.

Por otro lado, ocurre más allá de todo esto que uno hace una especie de abstracción y se observa desde afuera. Es común que en tal ocasión se diga "oh, que desastre soy". Es como si uno alcanzara la verdadera reflexión, un momento lúcido. Eso me gusta. Yo me alejo de las cosas para obtener vistas panorámicas, para ver el todo.

Pero puntualmente con respecto a las abstracción de este tema, de la dependencia, debo decir que es mentira eso, porque el momento de abstracción reflexiva no impacta profundamente. Es una de las vueltas de la cabeza. Aún así, he de admitir que reconocer el problema es un primer paso. Pero no es nada más que eso, un primer paso.

III
Es diferente. A ella siempre la traumó un poco la diferencia de edad. Tanto que me terminó convenciendo. Siempre en algún momento de la conversación salía la cuestión generacional, e incluso se notaba en boludeces como la música que nos gustaba o las cosas que recordábamos de nuestra infancia (el Italpark, sí lo rememoro).

Y por otro lado, ella se comportaba como una chiquilla. Ese fue otro de los momentos de abstracción donde me planteé que en verdad no comprendo ni medio a las mujeres. Ella necesita sentirse linda, claro, pero creo que no tenemos exactamente la misma vivencia de eso. Ojo, no es que esté mal, pero la diferencia es...

Cuando conoció a mis amigos, me dio la sensación de que se sintió atacada, como si todos las estuvieran juzgando. Y dije "corazón, tranquila". El problema es que las novias de Oliver y Orlando son un tanto jodidas, no incluyen a la gente así nomás. Entonces que ella empezara a hablar con esas dos era un drama...

IV
La primera pelea que tuve con Antonella fue por el médico. Pero ella se puso mal en serio. Lo gracioso fue que yo terminé consolandola a ella, pero se puso tremenda con que me iba a acompañar. Y yo me reí. Lloró más. Es pelotudo reirse en esas situaciones.

Llegó un punto en que me obligó a pedir turno por teléfono frente a ella. "Dale, llamá ahora. Tenés tiempo, estás en horario". Me puse en cabeza dura, porque quería ponerme a hacer otra cosa, como por ejemplo escuchar mis nuevos discos de Yann Tiersen.

Agarró mi credencial y se puso a llamar. Se ve que la pasearon un rato por algunos internos, porque llamó varias veces. Y yo tirado en el puf como una larva, abstraido por la música. Imperdonable. Me lo oba a cobrar caro esto, se ve que estaba angustiada, pero juro que en ese momento no podía responder como un tipo copado, siquiera serio.

Sacó dos turnos, me dijo que un día tenía que entrar algo más tarde al trabajo. Luego de hablar con ella, pedirle disculpas, cocinarle y prometerle ir al teatro, mas o menos limpié mi imagen de imbécil.

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martes, 14 de junio de 2011

(post perdido, del 4 de agosto de 2010)

I
Me hablás y no sé exactamente cómo lográs aliviarme. Me siento mal, pero cuando vos me decís que va a estar todo bien, te creo. Tenés una forma de presentarme el balance de bueno/malo de una forma muy... no sé cómo llamarla, cálida, dulce o como quieras. Y te creo.

Si mi vieja me dice "no te preocupes, ya te va a salir algo", no le creo. Si mi mejor amiga me dice "bueno, es cuestión de tiempo, va a salir algo", no le creo. Si mi hermana me dice "no te preocupes, algo aparecerá", no puedo creerle. Ahora, vos venís y me decís "tranqui, que vas a estar bien. Vas a encontrar algo para vos y vas a estar contenta"... te creo! Te creo y me hacés sonreir.

Vos decís que sos malo reconfortando a la gente, que no sos capaz de aliviar a nadie. Y yo tengo que  desmentirte, corazón. Tengo que decirte que me levantaste el ánimo siempre. Un misterio es cómo lo lográs, como aunque estés con tus "malos humores", te las arreglás.

Y me encanta cuando me traes la barra de Cadbury de yogurt de frutilla. Me hace sentir segura.

II
- Hello - dijo ella al otro lado del teléfono-. No te quise llamar antes, a ver con qué humorcito tuyo me encontraba de mañana...

- Hola - contesté con la cabeza totalmente detonada.

- ¿Y vos que querías venir a buscar en ese estado? - dijo ella-. ¿Qué hiciste anoche?

- Salimos con Bataille y Guy, comimos el mexicano más caro del mundo, pero buenisimo. Luego creo que anduvimos por... Bangalore. Y había dos por uno.

Ella se rio. Con voz resfriada me contó del kayak y que el Wilkenny estaba como lo había dejado.

III
Recopilo un poco la información: tengo un carácter de mierda, tiendo a ser bastante inconexo con las cosas que digo y además duermo poco, lo cual acentúa todo esto.

La verdad que, tengo que decir, por más que vos digas que no tenés paciencia, soy testigo de todo lo contrario. Para mi que trabajar con chicos te armó del temple justo para que no te enojes si aún no fui al hospital. je.

IV
- Sos de Buenos Aires, ¿de dónde?

El micro ya había salido, no había retorno. Volvía a la ciudad, al trabajo, maldita sea.

- De Olivos - contestó ella, mientras veía alejarse la terminal de omnibus.

- ¿Por donde anduviste? ¿Bariloche y algo más?

- El Bolsón, dos días - contestó ella mientas descubría que en la bandejita le tocaba pollo con una crema rara.

Mientras continuaba investigando su cena, su compañero de asiento la interrogaba sobre sus quehaceres cotidianos: era maestra, tenia veintinueve años, vivía en Olivos. Muchacho macanudo, pero ella no estaba de humor. Por su acento cantado, el pibe era de Córdoba.

Él le habló de que estudiaba música, guitarra. Se dedicaba a dar clases y visitaba al hermano que vive en Buenos Aires dos veces al año. Porque el hermano era abogado y estaba de feria.

- ¿Viajaste sola?

- Sí.

- Uh, de habernos conocido antes, te mostraba todo. Hace un año que vivo acá en el sur. Quizás me puedas mostrar algo de Buenos Aires.

Va a Buenos Aires dos veces al año, tiene al hermano ahí. Pero solicita un tour... ajá.

- Tengo novio - contestó ella.

¿De nuevo?

lunes, 28 de marzo de 2011

Primero me mandaste una serie de incoherencias por mensaje de texto, con hashtags y arrobas, como si se tratara de Twitter. Se te notaba que a las ocho ya tenías un pedo para quinientos. Y cuando nos encontramos en el bar, te quedaste charlando con cualquiera un buen rato, a mi ni bola.

Hasta que nos cruzamos, me sonreiste, te sonreí. Me preguntaste como andaba. Hasta nos abrazamos. Antes ni bola, me veías como charlaba con Tina, de reojo. Y ahora, paf, todo amor y cariño. Y te dije de volver. Sí, sabías que te iba a decir eso.

¿Qué te hacés el sorprendido? Si me mensajeaste, me buscaste. Entonces obviamente que yo quiero y me pareció bien decirte que quería que volvieramos.

Hasta me banqué tu aventurita. Me lo tomé con humor, aunque no te voy a mentir: no me encantó lo que me dijiste, precisamente. Pero bueno, yo también tuve mis encontronazos, ¿no? Lo que pasa es que sos siempre tan inteligente como para ni preguntar, para obviar esa parte de la historia. Y por eso te molesta tanto que hurguen en tu pasado.

Estabas borrachín, pero yo no te voy a cambiar, así como vos no vas a cambiar que a mi no me guste tu bandita preferida. Ni tampoco vamos a compartir una cerveza nunca, ni tampoco vamos a comer pescado juntos jamás. Pero de nuevo, juntos...

Quedamos en vernos el sábado.

Problemas técnicos

viernes, 7 de enero de 2011

Según:

I
- En definitiva, creo que no sé hacer nada. Digo, o sea, no me destaco. No... tampoco me emociono demasiado con las cosas hoy en día, te soy sincero. Seguro para vos es distinto, estás acostumbrada a vertelas con el mundo.

- Te juro que no. Una se lleva cada palazo. Pero el tema es ser fuerte, vio. ¿Cómo va tu madre?

Me callé porque sinceramente no quería hablar de eso. Sé que ella estaba al tanto de todo, pero necesitaba poner una distancia y además no quería hablar de mi madre, de ninguna forma.

- Bueno, lo que quieras. Pero vas a tener que hablar con alguien. Eso de dejar las cosas así no va a ningún lado, Jim.

Me pregunté por qué estaba nuevamente en esa situación donde Betina me pasaba algún tipo de reclamo. Debo ser un pelotudo bárbaro. Fue ahí cuando ella me dijo:

- Extraño a mi hermana. Me contó que la quisieron asaltar en Sidney. La verdad es que me puse loca. Me mata que esté tan lejos, tanto tiempo y sola.

Cambio de tema. Seré paranoico, pero ¿estategia? Apoyó su cabeza en mi hombro. Fui tan idiota que la abracé. Le sentía el corazón latir rápido, y encima el mío también. Y Antonella me hubiera demandado por idiota, por no aprender nunca las cosas.

Nos acercamos de a poco, pero mi cabeza iba rápido, quería meter el freno de mano sin ser grosero. Y entonces, todo se detuvo. Ni ella se acercaba ni yo. Evidentemente, estana esperando a que yo concretara la situación. Y:

Sonó mi celular, rescatado por un mensaje. Así es.

II
Es característico de mi estos últimos tiempos llegar tarde, así como es característico de vos ponerme siempre la misma sonrisa cuando nos saludamos. ¿Y viste que casi soy un tipo normal? Casi.

- Ahora bien, te ponés nerviosa.

- ¿Nerviosa?

- O lo que sea. Quizás fuera la sorpresa, pero cuando te ofrecí servirte y cerveza, te temblaba a mano.

- ....

- Decí lo que quieras, pero me di cuenta. Y también me di cuenta que mientras te servía, estabas tan tensa que no dejaste de inclinar el vaso y que entonces la cerveza se chorreó. Pensé en hacerte un comentario lúdico y todo.

- ¿Ahora me hacés comentarios lúdicos? Bueno, ¿por qué no lo hiciste?

- Estabas nerviosa, decidí dejarte tranquila. Pensé que si encima te ... bueno, yo qué sé. Fue como un no hincharte. Además en frente de todos, no sé, pensé en ahorrarte cualquier reacción, a ver si te ponías más nerviosa.

- No estaba nerviosa, ¿vale? Y quizás tenga derecho a que me descoloque un poco tu actitud.

- Como quieras. Sostengo que fue así.

- Jim, no me contestes como a los locos. Te lo pido por favor, no estoy para eso. Menos ahora. No sé que habrás visto vos, yo estaba charlando entre asado y amigos. Pero queda claro que vos siempre querés dar la nota conmigo.

Silencio.

- Ok, bueno... -prosiguió ella- eso de que cuando vos decidís las cosas estén todo ok no me cierra del todo. No me mal interpretes, me parece bien que tengamos una relación algo más coherente, pero solo te invito a darte cuenta de tu arbitrariedad.

Silencio.

- En fin... Sea lo que fuera ya pasó.

- No me puse nerviosa, y menos por vos.

- Como quieras. Anyways, queda entre vos y yo y no hablamos de esto nunca más. El cuerpo revela cosas, yo lo sé, vos deberías saberlo. ¿Te acordás cuando discutíamos sobre la verdad de lo gestual?

III
- ¿Sabés que? Uno no puede siempre tener a todos contentos. Uno siempre, por a o b, la frega con alguien. Y a nosotros nos toco bastante, ya la verdad que no sé qué hacer con vos, o no sé qué hacer con nosotros, porque me ...

El tema con ella es que cuando quiere quemarte la cabeza, saca todo su napalm disponible.

- ... falta quizás resolver algunas cosas a mí, Jim. No con vos, sino con otra persona y si hay algo que aprendí es a hacerme cargo de mis acciones, de mis errores, y... no me malinterpretes.

Eso, todas me piden que no malinterprete. ¿Qué les pasa?

- Pero yo qué sé, me siento con miedo, un miedo tremendo. Y no tengo ni ganas de salir últimamente por esto, es como que quiero encerrarme y dejar pasar todo. El otro día en el trabajo me puse a llorar en el baño, y no sé por qué.

Escuché esta historia antes, lo juro. O una similar.

- Hice quilombo, Jimmy. Con vos, conmigo, con todos. Y no te merecés tampoco que... Sos muy dulce, y eso creo que me pudo, pero tampoco puedo omitir que no quiero hacerte daño ni que las cosas terminen para el orto.

Bueno, evidentemente estamos coleccionando una serie de problemas técnicos estos días. Desde mi incompetencia para manejar a una chica "que obtiene lo que quiere", pasando por una ex a la que desconozco ya, y llegando a una cita que en definitiva es:

- ... loca, pero quiero creer que podemos estar tranquilos así. ¿No? Hay muchas cosas que no sabés.

Esa frase tirenlá a la basura. "Hay cosas que no sabés". Sí, y vos no sabés todo de mí tampoco. ¿No sería más útil deshacerse del miedo y largar lo que sea? Porque en el peor de los casos, ya estás tirando todo a la mierda, corazón.

- Y que me encantaría saber de vos, quiero seguir viéndote, aunque no tengo mucha esperanza de ello.

- Hey, chica, mirá. A esta altura del partido, uno se de cuenta que no puede evitar lastimar. Las cosas no se hacen por malicia, sino porque uno va descubriendo lo que uno es. Y te juro que voy a ir encontra de mis intereses, pero claro, andá y hablá con quién debas. Pero armá lío en serio.

Ella se quedó callada. Me estaba escuchando.

- A ver. Si todo esto es para que no hagás nada, la verdad es una mierda. Ahora, vas a incinerarte para resolver tus asuntos con ese alguien más, por favor, quemate en serio. O sea, no te garantizo que va a salir bien, sino que te vas a tener que jugar.

- Sí lo sé. Aunque no tengo todo tan claro como para definirme.

- Uno de vueltas muchas veces no por indeciso, sino por miedoso. Ojo con eso. Te lo digo por experiencia, si no vas y quemás todos los cartuchos, entonces no vas a resolver jamás. Si al menos te tirás el combustible encima, bueno, que el otro lleve el fósforo.

Era raro que yo le estuviera dando ese tipo de consejos. Rarísimo, pero no me costó para nada.

- Lo decís como si fuera fácil, como si uno supiera lo que quiere. Y la verdad es que no sé, porque no sé si me quiero quemar o si prefiero que me llames mañana para ver cómo ando.

- Yo lo único que veo es que tenés un tanque de combustible. El tema es quién realmente querés que tenga el fósforo.

IV
En medio de la noche.

Sin razón aparente.

- Jim - dijo Bella.

- Mmmm...?

- Quiero preguntarte algo.

- Sí mi amor, ¿dime?

- ¿Te acostaste alguna vez con Antonella? No ahora, pero ponele, ¿antes de que vos y yo salieramos?

Piba obse. El otro día me hicieron la misma pregunta, y me acordé de este momento.

Sincericidios

jueves, 21 de octubre de 2010

Quizás crean que esto es una especie de repetición:

I
Entonces te pusiste pesado, dijiste que querías llevarte el cuadro. ¿Vos te das cuenta de que quedás como un pelotudo? No sé como conseguiste que te dijera que sí, que te iba a ayudar a llevarte ese cuadro del lugar. No sé por qué te escuché, no sé por qué te seguí, no sé por qué incluso terminé siendo yo la que sacó el cuadro de su lugar. Todo para... ¿vos?

Cuando me sacaste a bailar ya el cuadro estaba oculto entre nuestras camperas. Vos te fijabas que nadie descubriera lo que teníamos ahí. ¿Sabés qué te diría su te dignaras a escucharme? Te diría que vos tenés una debilidad por mí, o algo, y no la asumís. Te diría que cuando me tomás de la cintura no lo hacés con inocencia.

Bajamos la escalera del lugar. Abrazados. Tenemos nuestros abrigos, que cubren el cuadro que nos estamos llevando. Como no se lo puede llevar uno, tenemos que esconderlo de a dos. Entonces dijiste "somos novios", para que podamos dramatizar el escape con tu preciado trofeo. ¿Tab fácil decís las cosas? No me gusta que me trates así, que me lleves así tan a la ligera. Buscate a otra.

Sinceramente, y por más sonrisa que ponga: creo que no tenemos nada que hacer.

II
Repertorio de la dupla Ukelele-Bentham, a la fecha:

1. Somewhere over the rainbow [Judy Garland]*

2. What´s up [Four Non Blondes]

3. Don´t look back in anger [Oasis]

4. Yellow [Coldplay]

5. Nada es gratis en la vida [Cuarteto de Nos]

6. Rise [Ed Vedder]

7. The kids are alright [The Who]

8. Live Forever [Oasis]

9. Black Hole Sun [Soundgarden]**

10. Stand By Me [Ben E. King]***

Work in progress:

11. Mrs. Robinson [Simon & Garfunkel]

12?. Alguna de los Beatles tiene que salir che


III

No lo percibiste cuando ocurrió. Jamás lo sabrás probablemente. No tenés ni idea, y ahora estamos en pleno libreto que ninguno de los dos sabe definir demasiado, somos malos guionistas para nuestros encuentros. A esta altura ya lo tenemos claro.

Cuando estábamos mirando Rudo y Cursi, cuando tu sofá era nuestro lugar en el mundo, cuando nadie más que nosotros existía, vos dijiste:

- Perdón, ¿puedo?

Te acurrucaste junto a mí y me tomaste la mano. Me pediste permiso. Después decís que no sabés qué hacer conmigo, cómo hablarme, cómo hacer las cosas.

Jamás lo sabrás, no te lo voy a decir, porque sería darte una pauta de cómo enfrentarme. Pero cuando me pediste permiso eras la cosa más dulce del mundo, cuando te acurrucaste, cuando posaste tu cabeza sobre mi hombro. En definitiva, cuando todo tu cuerpo me dijo que querías estar conmigo.

¿Podrías echarme la culpa de todo lo que ocurra? Seguramente. También yo. Pero se me ocurre que debo aprender a ser más benevolo. En definitiva, tenemos nuestras diferencias pero admito que me decís las cosas con una sinceridad que me apabulla.

IV
Así se expone una. Así, un sincericidio. Porque no sé qué me pasa con vos, a veces te pongo en la mira, me digo "¿y por qué no?". Otras veces no congeniamos en nada. Y cuando te insinuo las cosas, te las digo entre líneas, te hacés el pelotudo, esquivás los balazos como si estuvieras en la Matrix.

Eso, vos a mi me aplicás Matrix. Odio cuando hacés eso.

En verdad, me lo advertiste: "soy muy bueno no dándome por aludido", dijiste. Sos muy bueno haciéndote el pelotudo.

Te conozco hace... ¿un mes? Y cada vez que salgo con mis amigas te menciono quinientas veces. Y no sé qué quiero de vos. Amigos, ya lo taché. ¿Uno más del montón? Me caes bien, no quiero herirnos, esas cosas no... ¿Novio? Proyecto a futuro en una de esas...

V
Sueño de forma recurrente con vos, Jimmy. En mi último sueño, vos vas manejando y yo te miro como colgada, pensativa. Como me pasa cuando te sentás a mi lado a preparar tu clase. Y te miro y pienso. En el sueño en un momento me mirás, y me decís "bueno, si lo estás pensando, claro. Yo también creo que tengo ganas de besarte".

Pero ahora sé que no soy la única que sueña con el otro, porque vos me dijiste que habías soñado que ibamos en un ascensor, y que yo tenía miedo porque subía muy muy alto, iba rápido y el motor hacía un ruido bárbaro. Tenía miedo de que se cayera.

Vos me decías que no iba a pasar nada, que era seguro. El ruido de los motores era anormal. Vos mismo me confesaste que en el sueño, vos no creías lo que decías.

Cambios, metáforas, traspolaciones. Como sea, por más que te creas Neo, tenemos un temita.

VII

"En cuanto te conocí me dije que no tenía que enamorarme de vos", fue la frase que Bentham elucubró al pensar sobre su relación con ella.

VIII
Lindo cuadro.

Me lo llevé de Jackie O.

Lo sé, me lo dijiste.

No puedo explicar demasiado por qué se me da por llevarne cosas de los lugares.

Porque habías tomado. No me gusta cuando tomás, me hiciste enojar.

Sí. Por eso cuando te conté me pusiste por mensaje de texto "grrrrrr". Me gruñiste.

No me gusta cuando hacés eso, ya tuve malas experiencias al respecto. No necesito otra, ahorratelo.

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*: Podríamos decir que me baso en la versión de Israel Kamakawiwo'ole

**: Es totalmente mentira, al día de la fecha me es imposible tocar semejante cosa.

***: Again, la versión que conocemos todos es la de John Lennon, la mejor del mundo de la historia