Hay cosas que se saben pero no se dicen. Porque decirlas es ponerlas de manifiesto, lo que entonces conlleva enfrentarlas. Lo explícito es lo ineludible. Las palabras, muchas veces, sirven para enmascarar lo que nuestros gestos corporales indican.
Entonces, un miércoles cualquiera de junio volvió una amiga, a quién no presentaré hasta luego porque no quiero poner nombres acá, porque con nombres la gente se imagina cosas, vieron.
Ella se mudó cerca de casa, por Anton Martín. Un departamento bonito, con balcón francés. Solíamos comer pizza los días de mucho calor, mientras tomábamos cerveza y hablábamos de todo, de Rajoy, de la crisis, de Pink Floyd, de su carrera, de la mía.
Incluso en ocasiones hablábamos de nuestros roces de pareja, de cómo ella sólo se cruzaba con tipos rayados y yo me cruzaba con treintañeras indecisas.
1) Lo que pasa, corazón, es que vos sos especialista en poner insegura a la otra persona. Tu seguridad es algo remarcable en vos, pero de repente te agarran esos rayes de pánico que al otro le provocan dudas.
2) Creo, son fisuras que tenemos todos. La contradicción somos nosotros, hasta el tipo más seguro del mundo tiene algún momento en que se siente reducido a un niñito indefenso.
1) Lo tuyo son esos dos extremos, que curiosamente, terminan conformando un gris.
2) A mi me gusta pensar en colores, que tengo muchas gamas de colorado, verde, azul, violeta, incluso amarillo. Los grises son matices aburridos, no sé por qué la gente habla de grises cuando la vida tiene colores.
1) Colores. ¿Te conté de cuando salí con el daltónico? Ese no era el problema del tipo. Resultó que era voyeur.
2) ¿Cómo voyeur?
1) Sí, o sea, no me quería ni tocar. Sólo le gustaba ver que me tocara yo. Lo saqué cagando, para hacer eso una no necesita a nadie, y menos que sólo mire.
Me reí.
2) Y, digamos que es un poco limitado el asunto. ¿Pero no quería al menos meter mano él?
1) No. Si era por él, se sentaba al lado mientras yo hacía mis cosas.
No sé por qué, me acordé de una chica con la que yo salia, a la que no le gustaba que se tocaran nuestros pies y por eso cuando estábamos juntos siempre tenía medias. Siempre, en todo momento. Pero esa es otra historia.
2) ¿Te acordás cuando terminamos en esa fiesta llevándole el sonido al que organizaba, pseudo borrachos, cruzando hasta Atocha?
Lo recuerdo. Era la época dónde salíamos seguido, ibamos a bailes que se organizaban en diversos clubes y barcitos semi clandestinos. La gente era amena y no eran caros, podías beberte una caña por un euro tranquilamente.
En esos lugares conocías a personas que al menos esa noche, eran las más interesantes del mundo. Según el estado de la conversación, podías terminar hablando de Dalí o encamado en una habitación de una casa que no era la tuya.
Hace poco volvimos a uno de esas fiestas, en un lugar cerca de la rambla.
1) Esta noche es raro, acá no bailan mucho.
Había dos o tres que pasaban diapositivas, mucha gente en la barra y otra mucha charlando, en grupos. Pasaban música de los ochenta, sonaba The Cure. Compramos dos cervezas en la barra.
1) Quizás en este tiempo cambiaron los códigos y ahora esto es así. O quizás a las doce de la noche aún nada de esto arrancó.
2) Antes veníamos a las diez y media y ya estaba todo explotando. Los jóvenes no saben divertirse hoy en día.
Me reí. Fuimos a comprar otra cerveza y bailamos un poco. Hacía bastante calor esa noche. Tomábamos como si fuera agua.
2) Tengo un paso que aprendí el otro día, mirá.
1) Sí, dale, pero ¿seguro que es pasando las manos por detrás? Ah, sí. ya sé cuál es. Ojo con la cerveza no la vuelques. Ay!
2) No te preocupes, además hay que comprar otra, eso ya está caliente. Mirá, lo dejamos acá. Ahora, fijate cómo este tema da para que atravesemos todo el lugar así, mirándo fijo, y tomados de la mano.
1) Me hacés reir con tus caras.
2) Entonces habrimos las manos, ¿viste la chica esa, que está en una toga? Es la justicia. Le quiero decir que no estoy de acuerdo con ella.
1) Jajajaja, está loca la mina, hace calor y está vestida así. Seguro va a terminar toda ebria. Bailemos hasta la barra de vuelta por favor, se me secó la garganta.
2) Estoy en ese momento de la noche donde no distingo entre el bien y el mal, pero cuando lo logre, elegiré el mal.
1) Eso lo decía un personaje de un blog que leía, un tal Felipe Esthershack.
2) Sí, el mismo.
1) Odio cuando, entrada la noche, ya te dan de beber en vasos de plástico. ¿Ves? Algunas cosas nunca cambian. Ahora la gente empieza a moverse.
2) Los inspiramos, nos vieron cruzar todo el lugar haciendo el baile ese del egipcio.
1) El baile egipcio, mientras agitamos las caderas, mientras tomamos otro poco de cerveza y yo desearía estar en un lugar más fresco como Suecia. Y todos esta noche queremos la revolución.
2) Todos. El problema es que como hacemos siempre lo mismo estamos condenados a repetir lo que nos pasa.
1) Esto se baila así, con las manos en la cintura, vos agarrame y vamos a hacer de cuenta que sabemos mobernos, y...
3) ... cuando te acerques entonces nos miramos de cerca, sin comprender demasiado, pero nos sale un beso de alcohol y calor. Ninguno de los dos se detiene, es un accidente, pero ningún accidente está completo si no nos exponemos un poco, ya sea lastimándonos, muriéndonos o quedando atontados en un beso en medio de todos. Decir cualquier cosa ahora está mal, porque incluso cuando nos retiramos un poco, nos miramos y sin decir nada nos volvemos a besar. La cerveza se cayó, vamos a tener que comprar otra, pero no nos importa.
2) Bueno, no sabía que podíamos hacer eso.
1) No sabía. Somos amigos, ¿de dónde salió esto? ¿Quién sos ahora? Somos los mismos, somos exactamente los mismos. Las cosas cambian, pero no tanto, ¿verdad?
2) La interacción de las mismas personas, en contextos diferentes, da un resultado diferente. Eso es lo que Jimmy Bentham intenta explicar con su estúpida teoría de las ecuaciones emotivas.
1) ¿Me querías besar desde hace mucho? ¿Improvisamos? No sé qué pensar cuando hacés estas cosas.
2) Ahora soy yo el que hace las cosas. Claro, porque yo hago lo que yo quiero, sobre todo con vos que sos tan dócil.
1) Te cuesta. No podés decir todo sin que el otro lo diga primero, querés tener la última palabra. Cuando te ponés así te odio.
2) Hace dos minutos me estabas besando y ahora resulta que me odias. Somos amigos y ahora resulta que yo hago las cosas... pensá lo que decís. Además, nunca pensaste en qué pasaría con nosotros si....
1) No me lo digas, no me lo digas por favor.
Los implícitos
miércoles, 12 de diciembre de 2012
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2 comentarios:
Dont tel mi cos it jorts, sonó a eso el final del diálogo.
Ese es un diálogo tuyo, ves? No la paparruchada esa del cuento! :P
Pero pero!
Son cosas diferentes, esto está sostenido casi integramente por el diálogo. El cuento es más amable al lector (?).
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