I
Restart you heart here:
II
Estoy tratando de estructurar un cuento en el que Jimmy Bentham, Jonatham Bayton y Michelle Foucault terminan involucrados. Incluye algunos episodios aquí ya descritos, pero la verdad que cuesta poner todo esto en una secuencia más clara.
La secuencia en la que trabajo aún así, reconfigura la relación entre los tres. En ella Jim es un soberbio infumable, Bayton un tipo mucho más inseguro y Michelle no es lesbiana.
Pero al ir escribiéndolos nuevamente me di cuenta que casi los quiero, como si existieran.
El hecho de que esté tratando de escribir un cuento es mi excusa de no estar actualizando este blog que uds. están leyendo ahora.
III
La novia bailaba el vals con una sonrisa de oreja a oreja y los abuelos del novio no podían parar de aplaudir. Yo bailé con la novia al principio casi, luego del tío o quien fuera, para luego dedicarme a setear un micrófono del Rickenbacker que había sido modificado por un imbécil.
Terminaba el Vals, algunas canciones y tocábamos.. Y yo me encontraba con un destornillador ajustando el Toaster.
- ¿Y? - me decía Fernando, el hermano del novio -. Pudiste hacerlo andar.
- Andar anda. El tema es que no quiero que sature, y para eso tengo que alejarlo, no como lo ubicó este imbécil.
Es difícil tratar de ajustar un tornillo con un destornillador que no es, hay que tener cuidado de no dañar nada. Mi cara debía ser la de un cirujano en una intervención coronaria.
- ¿Ahora te ponés a arreglar el bajo? - me dijo ella.
La miré dos segundos, ah sos vos. Sí, mirá, sacame fotos de todo esto que estoy sufriendo mientras estos se cagan de risa.
La fotógrafa se reía. Habíamos comenzado a hablar por la tarde, durante la prueba de sonido. Era bastante contrera, decía con facilidad cosas como "te estás equivocando en la afinación", ese tipo de asuntos que para mi son sensibles.
Y en ese momento me sacó una foto y me dijo:
- No sos gran bailarín de Vals, pero con esto para mi ya sos un luthier.
- Ja. No, los luthieres son gente seria y grande.
- Parecés un tipo serio...
- Las apariencias engañan.
- Y bueno, si, estás un poco viejito.
- Ah bueno. Eso no era para que lo reafirmes, sino para que por cordialidad al menos me dijeras algo como "pero no parecés tan mayor", o no sé, esas cosas que saben decir ustedes las mujeres que son sensibles.
- ¿Yo? ¿Sensible? Soy Loiuse, olvidate. Pienso más como hombre que como mujer.
Yo venía de una semana maratónica de discusiones con Emma: si iba a dormir, si nos veíamos, si los champignones tenían malas energías, si mi cara a la mañana no era del todo alegre, si ella quería que salieramos con las amigas; en fin, como era de esperarse se había puesto un poco demandante.
Y Louse era tan jovencita... lo genial de ella era que no coincidiamos en nada, pero tampoco hacía falta. Nos quedamos hablando casi toda la noche, ni bailamos. Registré que cuando tocamos la tuve en frente a mi, que casi todo el tiempo toqué con los ojos cerrados - no sé por qué, creo que fue el hecho de tener que cantar -.
- Mirá, acá saliste lindo - me dijo -.
- Ah, mirá vos, por fin un cumplido, muchas gracias.
- De nada.
Me fue mucho más fácil abrazarla luego de eso. Restart your heart, here.
IV
Llegué a Tarragona en busca del Coliseo al lado del mar. En la época de la Antigua Roma, Cataluña había sido territorio del imperio y en esta ciudad que les cuento existía un circo, justo al lado del Mediterraneo.
Sencillamente es brillante la idea de poner un Coliseo al lado del mar. Cruzando la calle, a unos doscientos metros, se encontraban el resto de las instalaciones de este circo: una serie de ruinas y cabernas, con torres desde las que se puede ver el resto de la ciudad.
No sé por qué, pero decidí informar a Rousseau sobre mi locación, no tanto para que viniera a verme sino para que viniera a ver lo que quedaba de todo esto. Sobre todo para ella, amante de las mitologías, esto debía resultar hermoso.
Sorpresivamente me contestó a los días - ya había abandonado Tarragona y me encontraba en Barcelona, camino a Girona, para volver unos días a Marseille-, me dijo que ya conocía el lugar, que había estado últimos días de febrero.
O sea que no me había cruzado con Jackie de casualidad, pues mi visita ocurrió el dos de marzo.
"Viste la muñeca del año 1200? No puedo creer que fuera articulada, los nenes jugaban con eso".
También era sorprendente que ella supiera que yo me iba a interesar por esa muñeca, una figura de una mujer en miniatura, hecha de marfil, que podía ser movida y puesta en diversas posiciones. De la misma manera que yo sé que fue a la biblioteca de Tarraco (Tarragona en catalán) y ella sabe que fui a la disquería esa que estaba a otros doscientos metros del circo.
Porque las cosas inconexas, aunque no lo crean, aunque no parezca, se relacionan. Y como de alguna forma, por un evento accidental, algo que no tenía demasiado sentido, como puede ser una visita a un Coliseo al lado del mar resulta en el reinicio del diálogo con esa persona que aún querés.
Restart your heart here.
