Restart your heart

jueves, 29 de noviembre de 2012

I
Restart you heart here:



II
Estoy tratando de estructurar un cuento en el que Jimmy Bentham, Jonatham Bayton y Michelle Foucault terminan involucrados. Incluye algunos episodios aquí ya descritos, pero la verdad que cuesta poner todo esto en una secuencia más clara.

La secuencia en la que trabajo aún así, reconfigura la relación entre los tres. En ella Jim es un soberbio infumable, Bayton un tipo mucho más inseguro y Michelle no es lesbiana.

Pero al ir escribiéndolos nuevamente me di cuenta que casi los quiero, como si existieran.

El hecho de que esté tratando de escribir un cuento es mi excusa de no estar actualizando este blog que uds. están leyendo ahora.

III
La novia bailaba el vals con una sonrisa de oreja a oreja y los abuelos del novio no podían parar de aplaudir. Yo bailé con la novia al principio casi, luego del tío o quien fuera, para luego dedicarme a setear un micrófono del Rickenbacker que había sido modificado por un imbécil.

Terminaba el Vals, algunas canciones y tocábamos.. Y yo me encontraba con un destornillador ajustando el Toaster.

- ¿Y? - me decía Fernando, el hermano del novio -. Pudiste hacerlo andar.

- Andar anda. El tema es que no quiero que sature, y para eso tengo que alejarlo, no como lo ubicó este imbécil.

Es difícil tratar de ajustar un tornillo con un destornillador que no es, hay que tener cuidado de no dañar nada. Mi cara debía ser la de un cirujano en una intervención coronaria.

- ¿Ahora te ponés a arreglar el bajo? - me dijo ella.

La miré dos segundos, ah sos vos. Sí, mirá, sacame fotos de todo esto que estoy sufriendo mientras estos se cagan de risa.

La fotógrafa se reía. Habíamos comenzado a hablar por la tarde, durante la prueba de sonido. Era bastante contrera, decía con facilidad cosas como "te estás equivocando en la afinación", ese tipo de asuntos que para mi son sensibles.

Y en ese momento me sacó una foto y me dijo:

- No sos gran bailarín de Vals, pero con esto para mi ya sos un luthier.

- Ja. No, los luthieres son gente seria y grande.

- Parecés un tipo serio...

- Las apariencias engañan.

- Y bueno, si, estás un poco viejito.

- Ah bueno. Eso no era para que lo reafirmes, sino para que por cordialidad al menos me dijeras algo como "pero no parecés tan mayor", o no sé, esas cosas que saben decir ustedes las mujeres que son sensibles.

- ¿Yo? ¿Sensible? Soy Loiuse, olvidate. Pienso más como hombre que como mujer.

Yo venía de una semana maratónica de discusiones con Emma: si iba a dormir, si nos veíamos, si los champignones tenían malas energías, si mi cara a la mañana no era del todo alegre, si ella quería que salieramos con las amigas; en fin, como era de esperarse se había puesto un poco demandante.

Y Louse era tan jovencita... lo genial de ella era que no coincidiamos en nada, pero tampoco hacía falta. Nos quedamos hablando casi toda la noche, ni bailamos. Registré que cuando tocamos la tuve en frente a mi, que casi todo el tiempo toqué con los ojos cerrados - no sé por qué, creo que fue el hecho de tener que cantar -.

- Mirá, acá saliste lindo - me dijo -.

- Ah, mirá vos, por fin un cumplido, muchas gracias.

- De nada.

Me fue mucho más fácil abrazarla luego de eso. Restart your heart, here.

IV
Llegué a Tarragona en busca del Coliseo al lado del mar. En la época de la Antigua Roma, Cataluña había sido territorio del imperio y en esta ciudad que les cuento existía un circo, justo al lado del Mediterraneo.


Sencillamente es brillante la idea de poner un Coliseo al lado del mar. Cruzando la calle, a unos doscientos metros, se encontraban el resto de las instalaciones de este circo: una serie de ruinas y cabernas, con torres desde las que se puede ver el resto de la ciudad.

No sé por qué, pero decidí informar a Rousseau sobre mi locación, no tanto para que viniera a verme sino para que viniera a ver lo que quedaba de todo esto. Sobre todo para ella, amante de las mitologías, esto debía resultar hermoso.

Sorpresivamente me contestó a los días - ya había abandonado Tarragona y me encontraba en Barcelona, camino a Girona, para volver unos días a Marseille-, me dijo que ya conocía el lugar, que había estado últimos días de febrero.

O sea que no me había cruzado con Jackie de casualidad, pues mi visita ocurrió el dos de marzo.

"Viste la muñeca del año 1200? No puedo creer que fuera articulada, los nenes jugaban con eso".

También era sorprendente que ella supiera que yo me iba a interesar por esa muñeca, una figura de una mujer en miniatura, hecha de marfil, que podía ser movida y puesta en diversas posiciones. De la misma manera que yo sé que fue a la biblioteca de Tarraco (Tarragona en catalán) y ella sabe que fui a la disquería esa que estaba a otros doscientos metros del circo.

Porque las cosas inconexas, aunque no lo crean, aunque no parezca, se relacionan. Y como de alguna forma, por un evento accidental, algo que no tenía demasiado sentido, como puede ser una visita a un Coliseo al lado del mar resulta en el reinicio del diálogo con esa persona que aún querés.

Restart your heart here.

May happen any day

viernes, 2 de noviembre de 2012

Allen Jana corre. Corre como jamás lo hizo en su vida, sus músculos tienen la fuerza que nunca tuvieron. Él esquiva la gente que va por la vereda, alza la vista buscándola, intenta dar con ella. Sigue corriendo.

La gente por la avenida lo observa molesto. Alguno lo insulta cuando casi se lo lleva puesto. Pasaron minutos de las siete de la tarde y él corre como si no hubiera mañana.

Minutos antes, en una conversación telefónica ella le decía que se iba, que se volvía para lo de sus padres. Se iba de Buenos Aires. No se lo había dicho, según ella, para no hacer las cosas más difíciles. Entonces él intentó encontrarla a la salida del trabajo de ella. Pero no llegó, ella recién se había ido.

Así que corre.

Toda la semana la situación entre ellos dos había sido tensa, casi no se hablaron. Él estaba ofendido con ella porque le había hecho un escándalo sobre una ex - o algo así - de él. Casi un clásico "we were on a break". Ella estaba bastante deprimida, y había intentado aclarar la situación pero Allen se lo hacía difícil. Inaccesible, sordo, testarudo.

Toda la semana así, por una estupidez.

La estupidez había ocurrido hacía dos meses, en un momento donde se habían peleado los dos fieramente, cuando él le dijo que pensaba irse de vacaciones por su cuenta con Orlando. Ella no lo tomó tan bien, y la discusión derivó en -también- otra semana de no hablarse. Puntualmente ella le dijo "no me hablés nunca más".

Como quien lo toma literal, Allen salió con una chica llamada Jennifer y aunque el mundo crea que pasaron ciertas cosas, aunque la historia oficial diga que los hechos fueron intensos, no pasó nada. Pero muchas veces la verdad es más indefendible que la ficción.

Eso fue lo que originó esa, la última pelea de la que les hablo. Cuando ella se enteró del asunto, debido a un desliz de Felipe, chau. Crisis, welcome again.

Y corre. Corre y los músculos de sus piernas mañana van a arderle. Hoy ya no sienten nada. Y cree verla, su cabellera castaña, entre una multitud. Corre más entonces.

Cuando cruza la calle a velocidad de gacela paf, un auto lo atropella. Vuela unos tres metros, el auto frena repentinamente, Allen queda tendido sobre el asfalto de Avenida Santa Fe. Queda boca arriba, con los labios ensangrentados y el pantalón roto a la altura de la rodilla. Su remera está desgarrada y con sangre.

Allen escucha gritos, varias personas se acercan, él las ve sobre el fondo de un cielo celeste. Se siente raro porque no le duele nada, no se da cuenta. Una mujer pide que alguien llame a una ambulancia. Otro hombre se agacha junto a él, le habla, pero Allen no reacciona.

Entre el tumulto que se va formando al rededor de él, aparece una cara barbuda. Un tipo sereno, lo mira seriamente. Se pone también a su lado, se agacha y le levanta la cabeza, lo mira.

Allen lo observa, le pregunta qué pasa. Escupe sangre.

Él hombre mantiene su mirada clavada en los ojos de Allen. Parece casi enojado con el curso de los hechos, con ese auto parado a tres metros que tuvo que frenar repentinamente porque alguien se interpuso en su camino.

- Allen, soy Jimmy - le dice -. Allen, ¿me escuchás?

Allen le dice que sí. Intenta mover la cabeza con dificultad. Debe tener huesos rotos, debe tener hemorragias, probablemente vaya a perder el conocimiento en unos minutos, o segundos, u horas, o días.

- Allen. El terror de perder a alguien es quizás una de las formas más comunes de perder a alguien - dice el Jim, y momentos después deja que Allen repose su cabeza nuevamente en el asfalto. Se levanta, y se retira.

Allen intenta seguirlo con la vista. Lo llama, perdiendo sangre por la boca que le cae a uno de los tipos que tiene al lado.

- Jimmy, ¿qué pasó? ¿Qué es esto? ¿Dónde estoy? ¿Dónde está ella?