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Pseudoplay

miércoles, 23 de mayo de 2012

[Empecé a escribir esto hace aproximadamente un año y jamás lo terminé]

Personajes:
Jorge Bataille as: El rey
Susana Sontag as: La reina
Jim Bentham as: the beggar
Jackie Rousseau as: Mrs. Sunshine
Guy Debord as: Dr. Love
Justine Frischmann as: Dra. No

I
Ingresan el Rey y la Reina al escenario, caminando rápidamente, en medio de una acalorada discusión:

La reina: No no no, no lo creo señor. ¿Que yo soy una histérica? Creo que yo no tuve la culpa, que no insinué nada que no debiera y que fui directa cuando se trató el asunto. Ahora, que vos pienses en mi de esa manera, es asunto tuyo.

El rey: Hay algo que no me creo, hay algo que aquí está patas para arriba, y es que vos no me tratás como a todo el mundo. Los llamados, los guiños, tomarme de la mano. Y no comprendo la negación, pues si nos llevamos de maravillas, me sonreías todo el tiempo. Me hacés el único culpable cuando las evidencias nos atan el uno al otro, cuando no habría siquiera litigio de no ser porque vos y yo nos hemos entrometido íntimamente sin lograr jamás encontrarnos del todo.

Silencio. La Reina mira al Rey con cara extrañada, se ha perdido en las palabras de su majestad.

La Reina: Esto es inaudito. Yo no quiero siquiera ser Reina, y menos a tu lado.

El Rey no puede ocultar su gesto de dolor, las palabras de la Reina lo han herido.

El Rey: Pues serás desheredada, desterrada. ¡Ya no más! Fui un tonto al creer en tí, fui un tonto tonto, si te sigo escuchando me hundiré más en las tinieblas. ¡Todo para enterarme que nunca me quisiste! Jamás jamás, esto es...

La Reina sale deprisa del escenario. El Rey mira cómo se va, mientras las luces se van apagando. El gesto de su majestad es de desolación, casi sollozos.

II
Un mendigo se encuentra sentado en el piso, sobre la izquierda del escenario. Un sombrero maltrecho le cubre la cara, aunque podemos ver que lleva el pelo largo y barba. Toca en la guitarra:

Don´t fear if it´s too deep
Won´t be trouble to breathe
If your heart´s an ocean, may I swim in your seas?
But there´s no such thing as heaven...

Entra por el lado derecho del escenario el Dr. Love, acompañando a Mrs. Sunshine. Van caminando hacia algún lugar, por lo que cruzan el escenario. Cuando pasan cerca del mendigo:

Mendigo: Apreciable señor, ¿tendría una moneda para un humilde artista sin suerte?

Dr. Love se detiene, mira fastidiado. Justo cuando se dispone a continuar su camino, Mrs. Sunshine busca en su bolso algunas monedas para darle al mendigo.

Dr. Love: "Un tipo sin suerte", pero hombre, usted no hace más que quedarse tirado y molestar a los transeuntes con su "música" (hace el gesto de comillas). Debería hacer algo más de su vida, pues el hombre es dueño entero de sus actos, de su libertad, de sus decisiones.

El mendigo se quita el sombrero, el cual extiende para recibir las monetas que le da Mrs. Sunshine. Ella no dice nada, simplemente su cara delata su compasión.

Mendigo (escrutando con la mirada al Dr. Love): Una vez yo creí en el "selfmade man". Siempre fui un tipo soberbio aunque pocas veces logré darme cuenta de ello. Y quizás en el momento donde me sentía más seguro de todo lo que me rodeaba, la duda acudió a mi, me demostró que la consciencia es algo relativo y volátil. Desde aquel entonces no logro ajustarme a ninguna creencia más que a la temporalidad de las cosas.

Dr. Love: Un hombre sin creencias es un hombre impuro, no se puede confiar en él porque no se sabe en qué creerá mañana, a qué le será fiel, qué fines perseguirá.

Mendigo: Lo mismo me han dicho en muchos lados, amable señor. Debe ser cierto.

Mrs. Sunshine: ¿Ha usted perdido la brújula de la vida?

Mendigo: ¿Perdido? Jajaja, diría más bien que la he arrojado adrede, pues no me servía. Apuntaba a cosas que no quería.

El Dr. Love toma a Mrs. Sunshine del brazo, para llevársela.

Mendigo: ¡Adiós, gentes bien!

Ambos salen. El mendigo continua con otra canción:

Put your boots on and
Take a ride out of his town
Get away from these streets your will used to own
Girl I think you know, you don´t need his kind of love
And that´s how she forgot about him

Las luces se apagan lentamente.

III
La Dra. No se encuentra sentada en el escritorio de su despacho. Revisa unos papeles muy concentrada. Ingresan por la derecha Dr. Love y Mrs. Sunshine. La Dra. No los recibirá sin siquiera mirarlos, mantendrá el principio del diálogo continuando su actividad de revisión de papeles.

Dra. No: Estimados, un placer recibirlos en mi oficina. ¿Hace cuánto que no nos vemos? ¿Dos semanas?

Dr. Love: Aproximadamente, Dra. No. Verá, es que tuve que salir de viaje y esta chica no se anima a caminar a solas por el vecindario.

Mrs. Sunshine se ruboriza. Ambos se sientan en dos sillas, ubicadas justo en frente al escritorio de la Dra.

Dra. No (sin despegar los ojos de los papeles que revisa): No hay problema. La gente organiza y prioriza los tiempos según la importancia que le asigne a las cosas. Pues tiempo siempre hay para todo.

Dr. Love: Fueron unas semanas de locos. Sunshine aquí no se encuentra del todo bien. Ha terminado su relación con Dimitri.

La Dra. No alza la vista, mirando directo a Mrs. Sunshine.

Dra. No: ¿A qué se debió eso?

Mrs. Sunshine no contesta. Mira para abajo.

Dr. Love: Es joven, insegura. Dice que le preocupaba que todo fuera... "perfecto". Y entonces decidió terminar con el muchacho. Pobre, está destruido. La llama pero ella se niega a atenderlo. Muy descortés de su parte. Pensé que quizás usted pudiera hacerla recapacitar, quitarle el miedo al compromiso. La vida no siempre es una aventurita de jardín de infantes.

La Dra. No se para, camina pensativa, mira hacia arriba midiendo con precisión las palabras que ha de decir. Mrs. Sunshine tiene cara de miedo, sabe que no será bueno lo que va a escuchar.

Dra. No: A ver si comprendo. Escucho quejas de centenares de personas por semana, que se quejan de que sus relaciones no son perfectas. Y usted, que parecía finalmente haber sentado cabeza, haber logrado eso mismo, la seguridad absoluta, decidió tirarlo todo por la borda.

Dr. Love regaña con la mirada a Mrs. Sunshine.

Dra. No: ¿Qué ocurrió? ¿Era todo "demasiado perfecto"? Dimitri es una persona entrañable. Cuando acudiste a mi en un primer lugar decías tener miedo de todo. Con el tiempo y mi ayuda conseguiste no sólo salir al mundo, sino enamorarte del hombre perfecto. Y...

Mrs. Sunshine (en un tímido estallido): No. Es decir, yo era feliz con él pero ahora no. Últimamente no. Y lamento todo por Dimitri, pero no puedo mentirme a mi misma y peor, a él, todo por mantener esto que ustedes quieren. No es legítimo. Me deprime, me entristece, no puedo.

Mrs. Sunshine rompe a llorar. Se tapa la cara mientras la Dra. No y el Dr. Love la observan de una forma distante.

Dra. No: Tienes ya treinta años. Y sin embargo te comportas como una ninñita de cinco. Te falta madurez.

Dr. Love: Yo creía que estaba cerca, pero veo que no. Esto me ha desilucionado mucho. Creí que mi sobrina preferida se casaría con un galán de primera, pero...

Dra. No: Quizás sea un deliz, quizás entres en razón. Quizás puedas comprender, después de esta sesión, que en definitiva lo mejor para tí es lo que ya hemos reconocido como tal.

Las luces se apagan.

IV
El Mendigo se encuentra durmiendo, sentado en el mismo lugar que la escena II. Ronca. La guitarra se encuentra acostada a su lado.

El Rey ingresa silenciosamente, casi en puntas de pie. Mira al mendigo dormir. Este repentinamente se despierta y se asusta, alejándose repentinamente del Rey.

Mendigo: ¡¡¡Ahh ahhh ahh!!! Su majestad, ¡es que me casi se me va la vida del susto!

El Rey: Perdón mi amigo, es que lo miraba ahí, descansando tan apasible. Me resultó una sorpresa, pues esperaba encontrarlo tocando la guitarra, entonando alguna balada de esas que inventa usted de a ratos.

El mendigo, más tranguilo, vuelve a su lugar.

Mendigo (retomando el aire): Me quedé dormido sin darme cuenta. Pocas veces me ocurre.

El Rey: Acudo aquí porque me siento desolado, la mismísima Reina me ha confesado que no me quiere, cuando para mi era evidente que ella me amaba.

Mendigo: Ajá, ¿y por qué se le ocurre que en esa ocasión debe acudir aquí?

El Rey: Pues me siento desorientado, temo que esto derribe mis estanterías, en las que albergo mis ideales más fundamentales. Siempre busque la simpleza en la mujer, y cuando creí haberla encontrado en la Reina, ella me demuestra que la simpleza no es tal.

Mendigo: Uno termina teniendo las cosas tan claras que en cuanto algo no cuadra deviene una crisis fundamental. En el mejor de los casos, se trata de un cambio de paradigma. En el peor de los casos, un remiendo mal hecho que acarreará una crisis peor en el futuro. A todos nos ocurren ambas cosas.

El Rey lo mira pensativo. El mendigo atina a tomar la guitarra. El Rey le toma del brazo:

El Rey: Es que realmente me sentía en la cresta de la ola, todo era perfecto. Y ella era la frutilla del postre, ella era... pero ahora todo parece una estafa. ¡La odio! ¡La odio con toda mi alma! No es justo que me rechace a mí, que soy todo lo mejor para ella.

Mendigo: Del amor al odio hay un paso nada más, claro. Por otro lado, ¿fue ella así de tajante? ¿No quiere saber nada con usted, su majestad?

El Rey niega con la cabeza. Luego se agacha junto al mendigo, posa su cara sobre su hombro y llora. El mendigo lo mira extrañado, lo palmea sin saber cómo reconfortarlo.

El Rey: Tu fuiste también un noble. Quizás no un rey, pero si un caballero. ¿Y fue a raiz de quién que te convertiste en un mendigo? Más aún, fue tu elección, fue apropósito. ¡Pensé que habías perdido la cabeza pero te juro que ahora comprendo mejor!

Mendigo: Su majestad, su situación es diferente de la mía. Jamás olvide eso. Hace mal tenerlo todo, sépalo. Y es recién cuando uno llega al fondo que entonces puede comenzar a trepar.

Luces out repentinamente.

V
Se prenden las luces repentivamente. Dr. Love está en medio de la escena.

Dr. Love: La claridad pareciera ser en ocasiones un mal. La duda, para Descartes, era el fundamento de sus certezas. Y sin embargo varios, como Nietsche, Freud o Marx, han demostrado que ni la consciencia es tierra firme.

Dr. Love: Ahora, entiendan bien: Esto puede sonar a un justificativo de la inconstancia, a una canonización de la deriva total. Más bien, todo lo contrario: se trata de una reafirmación de que uno puede efectivamente dar consigo mismo, encontrarse. Los griegos habían hecho del conocimiento de sí, del arte de uno mismo, uno de los valores sagrados de su cultura.

Dr. Love: Si todo fuera así, tan frácil como dicen algunos, nada sería posible. Ni que yo esté hablando con ustedes ni que ustedes efectivamente y por alguno de esos vericuetos de las casualidades, estén aquí escuchándome.

Luces out.

VI

Toulouse / Too Loose / Tu luz

jueves, 25 de agosto de 2011

Mal dicho: le posgrad.

Mal dicho, digo, porque así no es. Pero Jorge y Guy me insistieron en que era una buena idea agarrar el curso de Toulouse e irme unos meses. Y es increible como todo a mi me pasa por accidente, todo para que no pase nada. Porque yo no soy dueño ni de lo que me pasa.

Y a mi se me viene a la cabeza el George n Dragon, ese lugar tan impecable en la esquina de la rue donde servían un Russian no se qué que se bebía Debord mientras yo iba por la tercera cerveza. Y yo tenía en verdad una ansiedad del tamaño de St Etienne y el refugio de los jacobinos. Y pensaba en Jaqueline y en qué ocurriría en Italia.

- Pero a Toulouse tendrías que volver soltero - me dijo Debord.

Algo de razón tiene: está lleno de universitarias bonitas por todas partes, por la Garonne, por la ville, por le parc, por la Université de Sciences Sociales... ahí donde se supone que tengo que ir a solucionar todo.

- ¿Solucionar todo? - preguntó Jorge -. No seas boludo, si vas ahí es para vivir una especie de sueño responsable. Porque te harías el que estudiás pero en verdad te vas de joda.

- Anyways, no puedo ir ahora. No llego y además está el casamiento.

- Siempre el no, siempre el no - protestó Guy -. Sos un tipo con suerte y te quejás de que te sale el comodín, pedazo de pelotudo. El ahora no es una boludés, vos pensá en la posibilidad que tenés.

El George n Dragon es uno de los lugares más importantes del mundo. Porque ahí uno se junta a charlar con chicas y a hablar con gente que toma White Russian. Y no vi a ninguna leyendo a Zizek, pero sí había gente que escuchaba el White Album. Y eso es bueno.

Además del Happy Hour y del hecho de que entre la Sociales y el George hay solo unas cuatro cuadras.

El hambre

martes, 14 de junio de 2011

I
Cansado. Estaba can sa do de ella, de su forma de despertarme a las mañanas, de quedarse todo el día en casa, de no entender que esa noche quería salir con mis amigos, de que se apareciera de sorpresa en las fiestas de cumpleaños.

Todo eso, así que le eché fli. Un momento de convicción y determinación pocas veces vistos. Agarré y la senté en el sofá, le dije que yo no podía darle lo que ella quería, que necesitaba espacio, que no significaba que nos tuvieramos que pelear, pero sí que la cosa no iba más así.

Todo bien. Momento tenso, pero lo entendió.

Salí esa noche, nos fuimos a una fiesta en San Isidro de un amigo de Gilles. A las cuatro de la mañana cayó ella, me dejó tres mensajes en el celular. Alta mierda. Cuando Jim se estaba esfumando se la cruzó a la salida, me dijo "che, te busca Miriam". Callate boludo que no quiero, no sé, que no entre, que se joda, yo me quedo acá un rato más.

Enervado me tenía, enervado. Logré a lo largo de los días ir limitando sus momentitos. Pero no había pensado en el hambre por venir...

II
- ¿Holá?

- Hola Miri, soy Jorge. ¿Cómo andás?

- Ah, ¿Qué hacés loqui por acá?

En uno de esos arrebatos me decidí por no volver a casa, aparcar mi coche en avenida Maipú al 2000 y tocarle timbre. Una idea genial, según Gilles. Una caradurés imperdible, según Jimmy. Una decisión de hombre, según Rolland. Una gran iniciativa, según Guy.

- ¿Estás muy ocupada?

- Algo... estaba preparando una chocotorta para mañana, es el cumpleaños de Beatrix.

Qué carajo me importaba. Traté de actuar serenamente.

- ¿Necesitás ayuda? Soy un gran testeador de chocotortas, yo te puedo decir cuando está a punto.

- Es que ahora vienen las chicas.

- ¿Cuándo? ¿No tenés un rato? Te traje las caripusas, así ya no te doy más vueltas con eso. De paso veo cómo está el potus.

Hubo un silencio tedioso. Pensé que me había colgado.

- Es un toque, te dejo todo y me voy.

- Jor, te juro que no puedo. Estoy hasta las manos, si querés hablamos mañana. Por las caripusas no te preocupes, las paso a buscar sino.

- ¿Una vez que te las traigo y me las despreciás así?

- En serio...

- Además, creo que me olvidé mi libro de Osho en tu living.

Era mentira. Osho estaba perdido, pero seguro que ahí no.

- Bueno, mañana reviso y si está te lo acerco - dijo Miriam hinchada las pelotas-. Hablamos Jorge.

Penal. Eso me pasa por tomar decisiones precipitadas... cómo desempolvar la agenda a ver cómo soluciono esto che.

Diaz Velez

lunes, 24 de enero de 2011

La cantidad de vueltas que llevabamos dadas en esta puta ciudad no tiene nombre. Lo peor era que estábamos originalmente a diez cuadras del cumpleaños de Rose, pero no sé de dónde sacamos la idea de subirnos al auto en claro estado post-scriptum.

- Lo que pasa es que tenemos que llegar a Diaz Velez, de ahí doblar a la derecha y...

- Che, tengo que cargar nafta - dijo Gilles -. Esto está en rojo y me pone del ojete. ¿Dónde hay una Shell?

- ¿Shell? - pregunté- Estamos casi en Parque Centenario y no recuerdo que siquiera haya estación de servicio. ¿Shell tiene que ser?

- Sí, eso se le carga a este auto.

Fue el inicio de una voltereta que definitivamente no deberíamos haber hecho. Pero bueno, el problema había sido, como dije, que en lugar de caminar un poco nos quisimos venir manejando.

- Che, ¿eso que fumamos qué era? - preguntó lo que quedaba de Jorge, arrojado desde el asiento de atrás. Pensé que en una de esas en breves quince minutos lo teníamos vomitando al lado de la avenida.

- Son de esas cosas que hacen que todo se vea con delay - dije, mientras efectivamente no estaba en el mejor de mis estados. Pero como soy un tipo muy conciente me descarté automáticamente como probable conductor.

(Conciente nada, diría Jackie, que cuando le conté se puso de mal para abajo, porque "claro, conciente de que no podías manejar, pero te subiste al auto igual". Y yo me pregunto por qué mierdas siempre termina teniendo razón...)

Doblamos por una calle, y luego por otra. Y pasamos por el bolichón donde Rose estaba ejecutando su cumpleaños. Y yo vi como pasábamos, mientras Gilles explicaba por qué teníamos que dar con una Shell dentro de poco.

- Seguí por Diaz Velez - dijo algún fragmento de Jorge, que no tenía ni la más pálida idea -, creo que hay una cuando cruza avenida Córdoba.

De más está decir que Diaz Velez no se cruza jamás con Córdoba, pero Gilles siguió la indicación de todas formas.

No sé cuánto estuvimos dando vueltas, pero supongamos que quince minutos. Y creo que en algún momento, en algún semáforo, Gilles consoguió que un tachero le indique que recién a quince cuadras teníamos unas estaciones de servicio.

- Lo que nos hubiera ahorrado mucho tiempo, hubiera sido haber planeado la cosa de entrada -decía Jorge, mientras cargábamos nafta-. Porque vamos a perdidos en la neblina, y cuando nos planteamos a dónde nos dirigimos, en verdad no nos interesa demasiado el asunto. La civilización sólo se pregunta eso de falluta nomás.

- Depende - contesté -. Los ideales ilustrados creo que eran bastante claros, sobre todo con respecto a la razón y el progreso, bro.

- Progreso las pelotas.

- ¿Por qué hablamos de esto? - se quejó Gilles.

- Porque tu amigo está un poco pasado.

- ¿Mi amigo?

Iniciamos el retorno, en lo que ya era una noche demasiado larga para que no hubiera ocurrido más que una serie de cervezas y esas cosas en el depto que Jorge tenía por el verano.

- Yo tengo una teoría sobre Caballito -expliqué-: ese barrio se formó porque la gente que llegaba ahí no podía salir. Entonces debió establecerse ahí.

- ¿No es esa la explicación que das para Flores? - atajó Gilles.

Bueno, es evidente que con la edad me he quedado sin demasiada memoria, pero sobre todo, sin ideas.

- Ahora sólo hay que dar con un garage.

La segunda parte de la peripecia en auto fue dedicada a encontrar lugar donde arrojar el mismo. Tema importante, a eso de las tres y media de la mañana. Nuestra escasa geografía no nos ayudaba a dar siquiera con un garage.

- Se me ocurre que hay uno por la vueltita de Diaz Velez, antes del parque.

- Que se te ocurra lo que quieras, pero cómo mierda llego a la vueltita esa...

- ... de no seguir con un plan, porque el que hace luego otro viene y deshace. Antes había un proyecto colectivo para llegar a algún lado. Como una tendencia, pero ahora, ni siquiera eso. Todo se pierde en cuestiones efímeras y no se lega a ningún lado...

- Es genial hacer esto en tierra macrista - dije, cansado y entrando en un mal humor nocturno anticopado.

Fue en ese momento que Jorge surgió desde atrás, tomó el volante, al grito de:

- ¡¡Es para la derecha!!

Tuvimos que sacarlo inmediatamente con Gilles, que se puso bastante nervioso por el manotón de Jorge, a quien debí explicarle que no se hace eso cuando otra persona maneja. Como si se trata de una clase de educación vial a un nene de seis.

La vueltita de Diaz Velez encontró a Gilles nervioso, a Jorge cumpungido y a mi enojado. Todo porque al pelotudo de Jorge se le había subido el thc a la cabeza y le había arrojado la coherencia por la borda.

Y a todo eso, quizás sea un tema de presión o lo que sea, pero había perdido el efecto de delay y mi percepción se encontraba casi arreglada.

(No le comenté mejor a Jackie lo de los delays, porque se me ocurrió que dada la mala onda que tenía ella con el asunto, quizás esta vez fuera mejor omitir. Luego se enteró charlando con Jorge del tema, y efectivamente no el gustó nada pero al menos ya era cosa del pasado y así todo fue más fácil.)

El primer garage, el de la vueltita, no aceptaba autos. El de Campichuelo ni siquiera tenía sereno conciente que nos viniera a abrir. Y optar por dejarlo afuera estacionado en la calle, era sencillamente imposible para Gilles, que estaba neurotizado con su auto esa noche.

Recién a las cinco de la mañana, entre vueltas y vueltas, finalmente el señor Deleuze se calmó lo suficiente como para dejar el auto a media cuadra de donde teníamos que ir.

A las cinco de la mañana, cuando ya no dejaban entrar a nadie al lugar.

Rose salió para saludarnos, puso cara de "qué amigos pelotudos que tengo". Salió Susana y nos sacamos una foto, la cual espero no ver jamás en mi vida.

Desacuerdos

miércoles, 18 de agosto de 2010

I
El día que Gilles y Clarise se pelearon, ella lloró como una condenada toda la tarde, se encerró en su cuarto y siempre que la madre tocaba su puerta, para ofrecerle la cena o algo de comer, ella contestó que no. El teléfono sonó un par de veces, y ella lo miró sin atenderlo, pensando que era él.

Nada que ver, se trataba de la tía Clota. Claro, él llamaría a su celular. Pero cualquier posibilidad abierta de contacto le parecía que podía ser él.

Al día siguiente, Clarise llamó al trabajo para decir que le mandaran a un médico, que se sentía mal. Vio Start Wars II y III, para dispersar su mente. Recibió tres mensajes por celular:

"Personal que conviene! Si recargás 30 o 50 pesos hoy, tenés el doble para hablar toda la semana".

"¿Te llamó"

(¿cómo preguntás eso hija de puta?)

"Hey, estoy cerca de tu casa. ¿Te visito un rato?"

II
- Estaba tan preocupado, que le ofrecí de fumarnos uno para que se distendiera - comenté, para finalizar abruptamente mi relato sobre Guy y sus problemas.

No pensé que Jackie se lo fuera a tomar tan así. Hay gente que realmente reacciona mal, pues puedo recapitular casos puntuales, incluso de gente aún más reaccionaria.

- Te desconozco.

Esa fue una gran frase.

- Ya no sé de qué sos capaz.

Otra gran frase. Se armó.


III
El día que Gilles y Clarise se pelearon, él llamó a Jorge y le arrojó la primicia justo después del "hola".

- Dice que se peleó con Clar - le dijo Jorge a Jim.

- ¿Dónde andan? - dijo Gilles.

- En el Carrefour - dijo Jorge mientras agarraba unas bandejas de milanesas-. Taco´s nite. ¿Te venís?

Al llegar del super a la casa de Bentham -templo oficial de taqueadas-, Gilles ya estaba esperándolos en la puerta. Había una asamblea del edificio, en la que Jim no pensaba participar, así que entre el tumulto del hall lograron hacerse camino hasta el elevador.

- ¿Saben lo que creo? Yo en verdad jamás quise a nadie. Y eso me da por las pelotas en verdad, aunque no lo crean.

Jorge escuchaba con toda atencón, asintiendo. Jim no podía creer cómo Gilles tenía dibujada una sonrisa cuando decía todo eso.

- Si encuentran a alguien que realmente quieran, muchachos, no la dejen ir. Porque pasan un montón de pelotudeces en esta vida.

Filosofía. Porque todo esto, la vida, qué pretendemos el uno del otro, en donde te ves dentro de tres años, qué nombre le pondrías a tu hija, si nos mudamos juntos, ¿de qué se trata la comunicación? ¿Dos personas que se quieren son quizás una figura perfecta?

- Tranqui, Gilles - dijo Jorge-. Mirá, la cosa es que estés con la que quieras estar, el tiempo que quieras estar. Me parece que vos a esta altura no la estabas pasando bien.

- Nada debe reemplazar la sensación de levantarte junto a la persona que amás... - continuó Deleuze sin escuchar.

- Casi que hay un quiebre - dijo jim-. Igual, a todos nos agarran esos momentos de... devoción a la nada.

Un leve silencio.

- Por favor, salgamos. Tengo que conocer a alguien hoy - dijo Gilles -. Creo que la piba esta del sábado iba a Bangalore, porfa vamos.


IV
- Explicame por qué no me hablás.

- Todo bien, te quiero, la paso bárbaro con vos, pero la verdad es que no te puedo dar lo que necesitás ahora.

- Pero... ¿qué necesito? No te reclamé nada.

- Simplemente deberíamos tomarnos un tiempo, no quiero que haya mala onda cuando nos volvamos a hablar.

- Ah, genial. Yo soy la enamorada. Yo que jamás te pedí nada.

Entonces una se siente una pelotuda, porque el pibe es el correcto y yo acaparo todo. Y encima se da el lujo de dejarme de hablar de repente y yo tengo que andar mandándole mails para pedirle de hablar. Es ridículo.

- Está bien, dejá nomás. No hablemos más.

Andate a la mierda, quería decir. Pero si digo eso soy una resentida, entonces contesto con altura che.

Bad weather

domingo, 25 de julio de 2010

I
Justo a las once de la mañana salia mi bus para Bariloche, ese que me iba a llevarme a un lugar más despejado, para alejar la cabeza de todos las responsabilidades que el rol de profesora de secundario acarrea. La ventaja es esta: que me puedo tomar vacaciones de invierno. Y no hablar de que tengo un mes y pico de vacaciones en verano.

Pero vuelta: salía ese sábado y teníamos que levantarnos temprano. Yo me había quedado a dormir en lo de Jim, que es más cerca de retiro. Y de paso el me hacía el desayuno mientras yo me quedaba remoloneando en la cama.

Jim despertó sobresaltado. Pensé que yo me iba a despertar antes un sábado, pero no. Me ganó, estaba como loco.

- Honey, ¿qué pasó?

- Ni idea. Tengo el corazón que va a mil...

Le tomé el pulso, puse mi oído directo en su pecho. Efectivamente, tenía el corazón que trinaba, y recién se despertaba.

- Jimmy, corazón, sé que no te va a gustar lo que te voy a decir, pero por favor andá a la guardia. No es normal...

- No hace falta. A veces me pasa, no al toque se me va.

- Ah, ¿es periodico? Porfa, andá al médico.

No contestó. Ni me miró, se levantó un tanto apurado y se fue al baño. Yo miré la valija, hecha casi, porque había desperdigado todo en busca de mi cámara. Cuando volvió se acostó un poco, se notaba que hacía respiración diafragmática, profunda, a ver si le bajaba el pulso un poco.

Hubiera tenido que abrazarlo y reconfortarlo, pero en lugar de eso me saltó la parte equivocada:

- Jimmy, please, prometeme que después de que me acompañes a retiro te venís a la guardia. Estás acá nomás.

No contestó. Odio cuando no contesta. Él sabe que al resto del mundo le rompe las pelotas cuando no contesta.

- Jimmy, seguro que no es nada grave, pero vas y te hacen un electro y...

- Jackie, porfa, después voy, pero ahora dejame tranquilo. Te lo pido por favor.

Me enculé y comencé a preparar mi valija nuevamente. Preparada despreparada de a ratos y fragmentariamente en lo que me quedó del viernes. Pensé en decirle que no me acompañara a Retiro, pero seguro que ahí se armaba. Y pensé en decirle que lo llamaba cuando llegara al hostel para ver cómo le había ido. No le dije nada, total después lo hice igual.

Jim se levantó, automáticamente se vistió y fue a configurar la cafetera, además de iniciar la computadora para chequear el horario del tren. Parece más voluntarioso que yo, que soy la que se va de vacaciones.

Pasaron como quince minutos hasta que volvimos a hablarnos. Entre sorbos de café y las tostadas con mermelada de durazno, le comenté que había sacado en el mismo hostel que el año pasado.

- Es el mejor - dijo él casi sin mirarme.

Pensé que en una de esas se había enojado porque me iba.

- ¿Te molesta que me vaya?

- No. ¿Por?

- Digo, estás un poco... intratable.

- Disculpá. Es que me pongo cabezadura con la idea de ir a los doctores. La otra vez mi vieja me hizo una historieta conque tengo historial familiar y no sé qué mierda.

- Y pensá que en una de esas si vas al médico ya no le vas a dar excusas a que te moleste con eso, ¿no?

Me puse didáctica, como si le estuviera hablando a un nene. A veces lo trato como a un nene, sobre todo cuando se pone cabeza dura, que no es poco seguido. Me miró en claro proceso de enojo.

Pensé que no me quería ir así, que no nos ibamos a ver por una semana y que no tenía ganas de...

- Ok, después voy - me contestó.

Lo conozco lo suficiente como para saber que no va a ir, que me contestó cualquier cosa con tal de que pare. También sé que cuando nos tomamos el tren el diálogo entrecortado no logró licuar que estabamos enojados el uno con el otro. Pensé en quedarme, pero luego dije que no, que no era justo.

Llevaba todo mi equipaje pesado, para descargar la furia o quizás testear si le daba un paro. Se pone así de gilastro. Esperamos 45 minutos hasta que anunciaron el bus.

Por más que me dio un beso largo antes de que yo subiera al omnibus, nuestra despedida tuvo algo de... como cuando dicen que no hay q irse a dormir sin haber resuelto una pelea. ¿Y te llamo y quizás se te pasó? Me saludó desde la plataforma.

II
- ¿Cómo va? ¿Todo sorpresa? - me saludó Jorge.

Gruñí.

- Dale dale. ¿Ya se fue Jackie? Vamos, no te pongas así que en una semana está de vuelta. No seas pollerudo.

- Nada. Es que discutimos un poco antes de que se fuera.

- Bueno bueno - ingresó Debord - muchachos, tengo una salida para esta noche que pinta bastante bien.

Me pareció excelente, pero intuí que algo no cerraría.

- Tengo una fiesta por Belgrano, a la que me vienen hinchando para que vaya unas amigas.

- ¡Por fin algo potable! - estalló Bataille.

Tocaron el timbre: era Gilles. Tuve que bajar a abrirle.

- Bueno - dijo Debord cuando volví para traer al maestro de la fuga-, dado que el señor Bentham no anda de humor para hacer los tacos necesarios, pedimos pizza y ya.

Deleuze lucía particularmente encendido: había dejado a Lispector en la casa y se había apresenciado en mi casa.

- Ah, le dije a mis amigas que vengan para acá - dijo Debord-. ¿Todo bien?

Y qué mierda le iiba a decir... Ya las invitaste, caen en una hora, no no, no hay problema.

- Son buena onda, las conocí en el sur hace dos años. Nada del otro mundo, pero después vamos a la fiesta.

Me llegó un mensaje al celular, de Jackie:

"Seguro que no fuiste. El chofer del bondi está loco, puso el aire acond. Te llamo, no te enojes. Besote."

Why can´t you let it go?

- Ah bueno, cómo te tiene - dijo Bataille, que vió al menos de quién era el mensaje.

- Me parece perfecto que estés ahora sin ella un rato, así tenés tu espacio - dijo Gilles, a quien estrangularé la próxima vez que haga un comentario de tal calibre.

Me paré sin decir nada, midiéndolos a todos, para poner un disco de The Killers. Me dolía la cabeza, tenía la idea de que era por tensión.

- Vamos vamos, muchachos - celebró Debord -. ¡Esta noche será una harta noche!

Snap

miércoles, 7 de julio de 2010

I
- ¿Dónde está Jackie? - preguntó Guy.

Refunfuñé. Tenía un mal humor de los mil demonios, mi objetivo era olvidarme de todo y embriagarme. Bataille iba de un lado para otro, preparando el teclado, disponiendo parlantes, acomodando alguna hoja con las letras. Tocaba su pequeña orquesta en un lugar muy paquete, en el cual me sentía peor imposible. Yo ya estaba hasta las pelotas de analgésicos.

- ¿Qué pasó? - insistió Guy -. Tenés una cara de los mil demonios. ¿Tan grave?

- Nada. Desacuerdos, esta vez me terminó acorralando con...

II
- Perdón, pero me sorprende. Me desilucionás -dijo Jackie de forma lapidaria.

Fantástico, era exactamente lo que quería escuchar. Repentinamente Jackie juzgaba demasiado para mi gusto, se metía con mi pasado y me acusaba por él.

- Todos hacemos estupideces, Jackie, ¿ok? Fue una etapa algo desordenada de mi vida, no entiendo por qué te lo tomás tan a mal. Tampoco es nada tremendo.

- ¿Tremendo? La verdad que no creí que vos...

Ni ganas de hablar del tema, che. Cuando me siento más libre lo digo así a la ligera -y me han acusado por ello-, pero en verdad es algo que pesa. Lo extraño es que no me arrepiento para nada. Me pasa con varias cosas que me han ocasionado problemas: sé que estuvo mal lo que hice, o que no era lo más adecuado pero debía hacerlo, sino jamás me hubiera sacado las dudas.

- Todo cambia, Jackie. ¿Vos jamás te pasaste de rosca? ¿Jamás hiciste algo que luego no podías creer? Es como cruzar la frontera de uno mismo, una forma de éxtasis, es increible lo que ocurre cuando uno mismo viola sus límites.

Jackie me miró fijo, no le causó nada de gracia mi explicación. Su rostro era una mezcla de depresión con enojo. Eso. Le daba bronca que yo era lo que era y que no me podía cambiar. Le daba bronca saber además que su enojo era infundado, porque yo por más historia que tenga, soy en la actualidad otro.

Y le duele. Le duele demasiado, es desmedido, según mi opinión. ¿Pára qué preguntó si no quería escuchar la respuesta? Lloriqueó un poco. Traté de abrazarla pero ella no quería, me alejó tajante, sus manos se clavaron en mi pecho punzantes. "Salí".

III
Cuando comenzó a tocar Bataille yo iba por la tercer cerveza, y discutía con Bob y Guy sobre el desempeño de la selección en el mundial, que justo ese mismo día había quedado eliminada. Gilles se rió por atrás, me dijo que estaba gritando, y que era un caradura por hablar de fútbol como si supiera. Y tenía toda la razón, claro.

Comenzó a sonar un tema de los Stones conocido, pero que no recordaba el título...

Por más que no había dormido nada, opté por salir. Para despejar mi cabeza, despreocuparme, olvidarme un rato de ella. Un fracaso total, he de decir.

Si hay algo que no comprendo es cómo Gilles maneja tan bien tantas cosas a la vez: charla con una amiga de Clarisa a la que le tiene ganas mientras la susodicha está en la barra comprando Speed con vodka. La toma de la mano, le está haciendo algún cuento de lectura de la palma, y que ve el futuro. Yo debo ser un ser muy simple que no puedo manejar las cosas así de lúcido.

Y yo me preguntaba que sería de Rousseau esta noche.

En un momento Deleuze nos llamó a Guy y a mi, para que nos unieramos a la conversación con Clarisa y sus amigas. Guy fue encantado, yo hubiera preferido que me dejaran embriagarme tranquilo.

- Chicas, él es el señor Debord, -presentó Gilles -, experimentado en las artes esotéricas y futuro ingeniero de última generación. Y aquí presente está Jim Bentham, gran cantautor y especialista en medios digitales. Se trata de dos hombres de vanguardia, cada uno destinado a disciplinas inconexas pero que logran conjugar con una pericia implacable, sobretodo después de unas copas.

La imbecilidad de Gilles es sencillamente genial, está muy por delante nuestro.

- ¿Cantautor? - preguntó una de las amigas de Clarisa.

- Sí sí, -contestó rápidamente Deleuze para no darme chance de echarlo a perder - Jim compone todas las canciones de su banda.

A Deleuze le encanta mandarme al frente, le encanta comprometerme. Por eso es verdaderamente más inteligente que yo.

Bataille era rock puro: tocaba con anteojos negros, mientras de vez en cuando sorbía un Jack Daniels y las luces violetas lo bañaban por completo. Estaban tocando una solemne versión de Comfortably Numb, de Floyd.

En algún momento apareció Jeremías, ese amigo de Jorge que a todos nos cae un poco mal y que casualmente porta un apellido similar al mío. Se presentó ante todos, con su cara redonda de afietada limpia y perfecta, su chomba celeste y sus zapatillas con wifi de última tecnología.

La cara de Gilles no logró ocultar su displacer: él ya había tenido un encontronazo con Jeremías, que desde esa vez era considerado persona no grata entre nosotros pero se lo recibía aún así de una forma "políticamente correta".

- Andás un poco ido vos eh, ¿Qué hacés solo? - me dijo Jeremías.

Caí en la cuenta de que seguramente él estaba desactualizado, y pensaba que la gran ausente de la escena era Bella. No me preocupé por aclararle nada.

Guy se compenetró en la charla con las damas, mientras que Deleuze pedía nuevamente una recarga de vodka.

- Pues sabes tu, un día ellas te pasan factura por tu pasado y pafate - le contesté a Jeremías.

- Bueno, pero entonces buena cara. Estás libre hoy, mirá que bien acompañados que los encontré.

- Claro. Igual estoy tranqui. Respeto, vio.

- ¿Respeto? Tu novia salió por ahí y se garcha a otro y vos hablás de respeto?

Snap.

Cuando me di cuenta había empujazo a Jeremías, puteándolo. Este reaccionó alejándose levemente, al cántico de "¿Qué te pasa, tarado?", mientras Guy se daba cuenta de que algo pasaba.

Nos paramos como quien se va a trompear, de tal forma que Bataille y los suyos hicieron ademán de deneter la performance justo en un tema que no recuerdo porque no le di pelota porque estaba ocupado mirando con odio al boludo de Jeremías.

Gilles y Guy se pararon también, y vinieron a "retenerme" mientras no sé quién hablaba con Jeremías para intentar calmarlo. Al pedo, porque ni él ni yo nos ibamos a las manos, es sabido. Clarisa y sis amigas observaban probablemente indignadas por nuestra reacción de pendejos.

- ¿Qué pasó? - dijo Guy. Luego se dio vuelta para chequear el status de Jeremías.

- El estúpido ese dijo pelotudeces, eso pasa. Ya fue.

- ¿Ya fue? Decime que lo agarramos - acotó Gilles que no se bancaba ni un gramo al otro.

- En serio, no pasa nada.

- ¿Qué pasó? - repreguntó Guy.

No quería decir nada porque me daba cuenta de que todo era una tremenda pelotudés, que al fin y al cabo el estúpido era estúpido pero yo había reaccionado mal. Pero me insistían.

- Sólo dijo una boludés sobre Jackie - confesé.

Eso. Escucho eso de un pelotudo y me imagino a Jackie y evidentemente me salta la térmica. Anto dice que así pasa, soy como un jueguito a veces, apretan dos botones y chau, me pasan cagadas, siento cagadas y hago cagadas.

Si Jackie hubiera visto la escena hubiera sido genial, le hubiera dado más excusas para enojarse. Hubiera justificado aún más sus miedos y pánicos. Todo porque yo me decido a lucir mi estupidés de lujo.

Expliqué con mayor precisión los dichos de Jeremías. Guy dijo que no era para tanto, Gilles opinó que el tipo era un idiota. Pero por votación unánime se definió que no se puede andar empujando a la gente así, porque agita las cosas.

En ese momento sonaba All of my love, cover de Zeppelin.

IV
- Tengo bastante energía del odio - le dije a Bataille cuando me dijo de manejar su camioneta porque él tenía un pedo atómico.

Guy se subió atrás, acomodado entre el teclado y dos amplificadores. Bataille se sentó en el asiento del acompañante, diciendo "dale, no tenés rock". Pasaron dos viejas paseando al perro -¡a las dos de la mañana!- y les gritó "¡Montoneraaaas!", mientras yo arrancaba.

- Che, es para la derecha - dijo Bataille.

- Izquierda - dije yo-.

- Doblá a la derecha, mierda. Es para allá porque el Zoológico está para allá. Vamos.

Doblé a la derecha, aunque era obvio que debíamos ir a la izquierda.

- Che, creo que es para el otro lado - dijo Guy un con aires de irse a dormir.

Bataille se había dado cuenta por el puente que cruza sobre avenida Córdoba.

- Lo arreglo fácil.

Di una vuelta en U en pleno Juan B. Justo, con la impunidad clásica de la que alguna vez fui dueño. Un auto tocó bocina, otro auto pasaba en el carril más cercano a la vereda contraria y quizás nos haya visto cuando lo saludé.

Bataille me miró. Guy se despertó diciendo "¿Qué hacés animal?".

Me reí. Recordé que en parte romper las reglas me aliviaba. Aunque se tratara de estupideces, me aliviaba. Romper cosas me aliviaba, ir contra algo. Me falta motivación, parece. Nuevamente: si Jackie me hubiera visto, más justificaciones para ella.

- Cheeee, Guy, ¿no querés manejar vos?

Así amigos

miércoles, 23 de junio de 2010

I
- Y claro que Gilles se va a enojar - dijo Jackie-. Es re feo que no banquen a tu pareja.

- Pero no es de mala onda, todos intentamos llevarnos bien con Clarisa pero la verdad no hubo caso. Estuvo todo bien hasta hace unos meses, que comenzamos todos a notar a Deleuze decaído. Todos lo notamos, no estoy hablando de uno de mis dislates.

II
Entonces un día Deleuze cayó como un meteorito a la casa de Bataille, donde yo preparaba tacos picantes mientras debatíamos cuál era mejor, si la Babaria o la Leffe. Llamó repentinamente a Jorge, que le dijo que estaba conmigo en su casa, y tardó no más de cinco minutos en arribar.

- No importa - dije -. Hay tacos como para tres, sin problemas.

Sin problemas nada. Gilles llegó con una cara aterradora. No dijo nada, se sentó. Jorge le ofreció cerveza pero él quería vodka. Vodka, así puro. El asunto venía por una discusion con Clarisa.

- Se muda de la casa, y me dijo de irnos a vivir juntos.

Claro. Colapso.

- Decile que necesitás tiempo - dijo Jorge mientras me robaba un poco del relleno de los tacos del wok.

- Sencillamente decile que aún no, -dije yo- que querés primero estar viviendo un toque más por tu cuenta. Seguro ella lo entiende - mentí-. Están hace ya un tiempo, pero lo importante es que le hagas entender que el hecho de que no quieras ahora no significa que no quieras nunca nunca jamás en la vida.

La cara de Deleuze noo mejoraba. Pensé que estabamos dialogando con una momia, con lo que quedaba de un hombre que se caía a pedazos como si estuviera hecho de rastris.

- El tema es que no creo que entienda. Son cuatro años de relación, es mucho. Ella quiere avanzar. Y después de esto viene el casamiento, o los hijos y... es demasiado.

- Pará pará - intervino Jorge -, te estás haciendo la película vos. Me extraña araña, tomatelo con soda.

Eso. ¿Que quedaba del Deleuze que nosotros conocíamos? Ese tipo seguro, que todo le importaba tres carajos. Está metido en algo que le da miedo salir, pero se está dando cuenta que debe salir.

Me fui a atender los tacos mientras me sentía tremendamente cruel por pensar eso. Jackie dice que sueno demasiado frío cuando hablo de estas cosas. Seguro.

Pero no, esperen que no es tan así. Para mi se caía de maduro que la relación entre Lispector y Deleuze iba para atrás. Pero no me pareció el momento para decirle esas cosas, no me pareció adecuado dirigir mis palabras en el mismo sentido que aquella vez en el bar. Opté por ser un tipo menos despiadado, pues si el problema de Gilles era el creciente compromiso, tendría que afrontarlo y ya.

Mientras pensaba todo esto me imaginé a Barthes diciéndome con ironía "A mirá que tipo resuelto que sos, Jimmy".

- No me puedo ir a vivir con ella . Sé que eso es el acabose, no podría.

No podés porque necesitás más espacio del que te dan, del que admitís que precisas.

- Si lo hago es por el mandato social - continuó Deleuze-, porque mis viejos la re quieren a Clari si nos ven viviendo juntos se mueren.

Pero no se trata de que no quieras acatar el "mandato social", esa es una excusa que utilizás para encubrir otra cosa, que ya te darás cuenta qué es. Y me sigo sintiendo un tipo de mierda por pensar todo esto.

- Bueno, pará. Quitate presión - dijo Jorge con mucha más bondad de la que yo soy capaz-. ¿No está eso ya?

A Jorge le preocupaba que se me pasaran los tacos, pero ya estaba todo listo. Así que llevé el wok al centro de la mesa mientras Jorge decía algo de que las mujeres son así por el reloj biológico, y que quieren ser madres. Genial: para sacarle el pánico le explica que Clarisa en verdad quiere quedar embarazada. Buena táctica, George.

- Relajate - dije mientras traía las cervezas -. Efectivamente ella quiere que la relación "crezca", pero si decís las cosas tranquilo y claro, te tiene que dar más tiempo.

Esa era la idea que a Deleuze le quejaba: que sólo podía aplazar el asunto. Que estaba comprando un tiempo limitado.

Deleuze casi no comió.

Amigos así

lunes, 14 de junio de 2010

[Y que conste que no me siento plenamente glorioso al respecto.]

Cuando entramos al bar de Pepe, estaba semi vacío. ¿Qué mierda hago un martes a la noche en provincia? Simple: "Nos juntamos a tomar algo por ahí con los pibes. Hace mucho que no. Venite". Y será porque yo mismo me doy cuenta de mi borradés que lo tomo como un mandato y me presento, y espero a que vengan, y llegan y entramos. Y el bar de Pepe está semi vacío.

- Pero mirá que se respira lindo acá - dijo Deleuze llenándose los pulmones de humo de cigarrillo-. Extraño esto, cuando veníamos acá y nos sentábamos a tomar y charlar de la vida.

Bataille no lo escuchaba. Encaró directo para la barra del fondo e increpó al mozo a que trajera una Stella. Eso no me gusta de Pepe: sólo tiene Stella y boludeces.

- Bueno, dejá de quejarte siempre porque no tienen Heineken - me reprochó Deleuze sentándose-. Esto es una salida de hombres, sencilla, sin problemas ni preocupaciones. Y quizás entre algún grupo de damas.

Lo dudo: son las diez de la noche de un martes.

- Es que la Stella sabe a los mil demonios ahora. Yo me quedo con una Bock. ¡Bataille! ¡Pedite una Quilmes Bock para mi por favor!

Ni bola que me dio Jorge, tuve que levantarme a pedirle yo al mozo que trajera algo medianamente copado. Cuando volví a la mesa Bataille discutía sobre los Beatles:

- Yesterday es épico, la verdad. Help! debe ser el mejor disco de los Beatles, es impresionante.

- Los Beatles no tienen mejor disco - contesté-. Son todos sencillamente sublimes.

- Es cierto en verdad.

- Pfff, I would marry rock n roll if I could....

Gilles lucía una sonrisa de oreja a oreja, mientras Barthes se dedicaba más que nada a escuchar nuestros halagos a los cuatro fantásticos porque él sabe más bien poco de música.

- A todo esto - dijo Roland -, ¿por qué me consultabas sobre dolores punzantes en el brazo la otra noche?

- Nada - contesté -. Me pegaron un golpe en un inicio de altercado en una fiesta y precisaba saber si me habían hecho algo malo y tenía que ir a la guardia. Nada grave igual, como veras.

Hacía rato que no nos juntábamos todos juntos. Y fue Barthes el que disparó primero:

- Gilles, finalmente lograste una salida sin tu mujer.

- Lo sé. Es que se hace difícil, ella es bastante apegada. El otro día me llamó para consultarme sobre una remerita que se querái comprar, a ver si me gustaba. Me reclama. Me tengo que separar.

Deleuze se opaca al hablar de Clarisa, como si estuviera contándonos de su gran carga, de un gran peso. Pero siempre están ahí, juntos.

- Gilles - dije -, pareciera que estás con ella simplemente para no estar solo.

- No, nada que ver -contestó en un claro gesto defensivo-. Yo digo eso pero no, estoy bien con ella.

Escuchar un "me quiero separar" cada vez que veo a Deleuze me llevó no creerle. De tratarse de un chiste, nadie lo repetiría tantas veces, pues es demasiado malo.

- Simplemente deberías emanciparte más de ella - dijo Rolland.

- Todo bien con Clarisa, pero a veces queremos estar por nuestra cuenta -acotó Bataille-. Sobre todo porque a ella no le gusta que yo hable de Susana, a ver si le anda contando cosas. Quiero libertad che.

- Bue bue, si para ustedes es difícil, imaginensé para mi. Yo estoy con ella y me doy cuenta de esas cosas.

Gilles comenzaba a enojarse. La conversación lo incomodaba, pero nosotros tres habíamos improvisado un acuerdo tácito de tratar el tema.

- Hasta cuando aparecen las amigas, merodea por donde andamos nosotros -prosiguió Roland dejando su chop sobre la mesa-. El viernes Bentham hace unos tacos en la casa, pero nada de cueros.

- Bueno muchachos, no sé qué haré. ¿ok? Ustede andan libres por ahí y me meten presión.

- Libertad - dije-. No te decimos que la libertad sea pasársela de joda. Sino que notamos que te quejás mucho de Clarisa, tus gestos te delatan, tu vos, ahora mismo no querés hablar demasiado de ella. Porque se supone que ahora saliste con los pibes y es tu oasis de libertad. Pero no, así no funciona Gilles.

- Lo que digo no lo digo en serio. Son cosas que uno dice. Lo que pasa es que vos como estás ahora con Jackie resulta que tu relación es nueva, pero ya vas a querer mandarla a la mierda. Uno se cansa che, hace años que estoy con Clarisa, uno tiene ganas de renovarse.

Lapidario.

- Bueno, más allá de si tenés razón o no, decimos que te ves un poco agobiado - dijo Bataille.

Definitivamente Gilles estaba agobiado. Uno de sus últimos refugios, nosotros, estaba en su contra. Barthes dio un discurso sobre lo que es una relación funcional y lo que no:

- Tienen que tener su espacio compartido, claro. Pero también poder andar cada uno por su cuenta. A vos lo que te pasa es que estás ahogado, que están toooooodo el tiempo juntos. Y eso no va a llevar a ningún lado. Esa dependencia es aniquiladora. No es que tenga nada contra el amor, ojo, sino que sencillamente precisamos los seres humanos cierta libertad.

Resulta que la libertad es cuando uno está solo. Resulta que todo es la degradación. Ponty seguro coincidiría conmigo, que el solipsismo es más de lo mismo, que la libertad no se trata de impunidad sino de fluir, encontrarle lo lindo al accidente, de involucrarse en...

- Increible. Logro salirme un rato de casa solo, y ustedes me vienen con esta - exclamó Deleuze-. Rolland, no me des sermones porque no sos el indicado: bien que cuando una te gusta de volvés un pollerudo hasta la pelotudés máxima. Y vos Jorge, bien sencillo es lo tuyo: nunca anduviste de novio por lo tanto no sabés. Y el dia que te agarres a una vas a ver como no la querés soltar. Y Jimmy, ¿te parece a vos? Sos más inestable que el plutonio, ya te lo dijeron todas, Bella, Male, Justine. ¡Hasta Jackie! No te bancás que nada dure demasiado.

La cosa se había puesto cruda. Mirábamos a Gilles cabreado, pensamos que algún vaso iba a volar por los aires. Por las dudas agarré mi chop.

- Muchachos, son unos boludos. Todos tenemos nuestras crisis che, pero no me esperaba que no me banquen, que no banquen a Clari, que me vengan con charlitas y "que no te vemos bien".

- Vos mismo decís que te querés escapar - dije.

- Recreos, dispersión, un poco de televisión desinteresada o un buen libro de ciencia ficción. Eso. No estar siempre en el mismo lugar, tomándome las cosas en serio. Me conocés, deberías saberlo. Pero más allá de eso a Clari la quiero yo.

- Y por eso le bajás la caña a la otra, perfectamente coherente - dijo Rolland.

- Pará que eso lo festejo, che - intervino Bataille-. Está buena.

Me sentía una especie de consultor moralista, que intentaba evangelizar a un playboy devenido en marido insatisfecho.

- Rolland, flor de pelotudo. Con la otra tengo una relación meramente sexual, nada más. Es una forma de salirme de la rutina, si así lo querés, soy joven, soy humano che.

- Y en crisis - dije.

Disparó contra mi como si fuera su archienemigo:

- Que vos te hayas sentido asfixiado por Bella en su momento es asunto tuyo. Vos estabas mal, estás trasladando lo que te pasó hacia mi persona, pero no.

Recordé efectivamente eso. Al verlo a Gilles ahora sentí un alivio. Él no tenía la valentía de decirle a Clarisa que no la quería más, o de quedarse solo. Había una línea entre él y yo: frente a mi vi el miedo que alguna vez tuve, estaba ese tipo que apostaba por la continuidad hasta la terquedad ridícula. Frente a él, estaba el tipo que teme a lo continuo, que se retuerce a cada momento para no ser igual y siempre termina en lo mismo.

- Y vos decís que la tengo que dejar. ¿Y entonces? La puta... - se levantó Gilles y salió.

- ¿No es para tanto? - preguntó Bataille.

- Quizás no fueron del todo felices tus palabras - me dijo Rolland -. Pero tenés razón, tiene miedo de quedarse solo. Es raro, justo él.

- Cuatro años saliendo - dijo Bataille-. La mierda. Se puso sensible me parece.

Los entrometidos

miércoles, 12 de mayo de 2010

I
Una serie de cruces, ocurridos casualmente todos en corto tiempo y en un mismo lugar:

II
Esperabamos la salida de Bataille, que estaba pronto a recibirse. Nos encontrábamos aprontados en la puerta del aula 124 del Pabellón III de Ciudad Universitaria, con huevos, harina, vino berreta, vinagre y otras cosas sabrosas. Jorge no había querido ver a nadie antes del exámen.

Deleuze era de los más emocionados, iba y venía para todos lados, quería traer más huevos porque decía que eran pocos. Era la previa a una fiesta, pero:

La novia de Deleuze, Clarisa Lispector, estaba cumpungida sentada en el piso, a un costado de la puerta del aula donde rendía Bataille. ¿El problema? No soportaba que la ex novia de Gilles estuviera presente. Peor aún, sufría porque ellos se ponían a hablar.

Gilles hablaba con su ex, largo y tendido, como si no se vieran hacía años. Lo cual era verdad, pues más allá de que vivan en frente, hacía años que nadie sabía mucho de Angelina. Desde el piso Clarisa observaba. Odiaba a Angelina, no la soportaba, se paseaba tan impune por el Pabellón III, Gilles le prestaba tanta atención. Claro, total a él qué carajo le importaba, él había estado con ella, ahora era su novio. Él estaba en ventaja, las conocía íntimamente a las dos, sabía todo sobre las dos.

- Creo que le otorgás demasiada importancia - le dijo Jim a Clarisa-. Hace tiempo que estuvieron juntos.

- No me pasa nada.

- Vamos, tenés los ojos rojos.

- Es que no me da bola. Le habla más a ella que a mi.

- Igual -dijo Clarisa resentida -, vos no sos quién para decirme que me tome las cosas a la ligera, te recuerdo.

Bentham se hartó de hacer de soporte técnico a una mujer con la que ni siquiera tenía gran trato, así que optó por irse y ya.

Algo de razón tenía. Gilles parecía demasiado dedicado a Angelina. Pensé en enviarle un mensaje para avivarlo, pero solito se dio cuenta de que su novia se sentía más abandonada que perrito de la calle.

- ¿Qué pasa corazón? - dijo Deleuze, sentándose junto a ella y abrazándola.

- Quiero que se vaya.

- Pero corazón, ella es amiga de Bataille. Lo que importa es la recibida de Jorge, nada más. No le des bola.

Es probable que Clarisa no le haya podido quitar sus ojos maliciosos de encima a Angelina en toda la noche.

III
Ciudad Universitaria es grande. Pero aún así, si hay alguien a quien me podía encontrar era a
Justine.

- ¿Así que Jaqueline Rousseau es tu nueva novia?

- No estamos de novios. Simplemente salimos - contesté defendiéndome innecesariamente.

¿Será posible que Justine conozca a Jackie por el solo hecho de vivir ambas en Olivos? ¿Serán compañeras del secundario? ¿Irán al mismo almacén? Así tan frontal, Justine había venido a hablarme. A mi no me interesaba en lo más mínimo, pero ella con total impunidad se presentó y me saludó. Todo esto en la previa a la recibida de Bataille.

- Así que no es tu novia... Claro. Una fija - dijo Justine, guiñándome el ojo.

Iba a decirle que no era así, que simplemente quizás estabamos en el estadío previo a ponernos en serio, o quizás no. Que todo es relativo y volátil con Rousseau, que somos dos juntos y a veces separados. Pero me di cuenta de que no tenía por qué darle explicaciones.

- En fin... Pensé que vendrías a dar clases los miércoles. Veo que te cambiaron de día.

- Sep. Echaron al ayudante que estaba en la comisión de los martes. Se puso a salir con una alumna y se armó quilombo. Tenemos un jefe de cátedra bastante conservador. ¿Cómo va la banda?

¿Cómo mierda estaba enterad...? Claaaro... Pero qué tipo pelotudo que soy. Víctima de un laburo de contrainteligencia. Por más de que yo no pregunte por ella, Justine mantiene cierto contacto con gente de mi entorno.

- Ahí. Sólo preparamos un minishow, en cuando hagamos eso automáticamente la formación queda disuelta.

- ¿Disuelta? ¿O sos tan soberbio que por el sólo hecho de que tu salida desecadenará la disolución?

- Debo admitir que tenés razón. Reformulo tomando tu versión: luego de que toquemos me abro. Que el resto haga lo que quiera.

- ¿Puedo preguntar por qué esa inconstancia? ¿Por qué esa necesidad de desarmar lo que hacés?

- Solo sí puedo preguntar por qué te interesa tanto que yo desarme o rearme - retruqué un tanto cansado de la indagatoria.

- Debo ir a clase, hay entrega. En fin, bueno nos vemos. Ah, y felicitaciones por tu recibimiento.

Justine lucía soberbia, se alejó cruzando el patio central del tercer pabellón. Era evidente que había preguntado por mi, sabía cosas que no podía saber.

IV
Yo no quiero que venga nadie, no quiero ver a nadie, me tomé como cincuenta tés de tilo y estoy un tanto tranquilo. Camino para todos lados, pero es sólo por divertimento. Lo vi a Deleuze dando vueltas, ¿estará el resto? Los mato.

Y vos decime, ¿será posible que vos también te recibas el mismo día que yo? ¿Será posible que arquitectura legal se rinda en el mismo momento que Diseño Editorial? La puta madre, Sontag, pareciera imposible liberarse de vos.

Yo en el aula 124. Vos en el aula 122. Increible parece.

Yo te vi, vos me viste. ¿Estamos ofendidos? Vos porque te tiré un balde por la cabeza, yo porque siempre fuimos sólo amigos. Podriamos haber coordinado para ni cruzarnos. Y escuchame vos, Deleuze, ¿por qué mierda vas y la saludas? Estás acá por mi, no por ella, se sabe ya. No me importa que ella se reciba el mismo día que yo.

Y esto de tener que esperar dos horas en la puerta de un aula para rendir es una mierda. Y tembién es una mierda que me tomen escrito y luego oral. Probablemente Susana defienda un trabajito que entregó hace dos semanas y como además tiene todo promedio diez, está todo resuelto.

Pero yo, estoy al horno. Hola Justine, qué hacés. Sí, voy a dar mi último final, así que quizás me reciba, aunque... Sí, se recibió hará unos meses, si a mi me va bien nos ponemos a full con la banda. ¿Vas a dar clase? Tratalos bien a tus alumnos, mirá como sufrimos. No tiemblo de nervios, tiemblo por las esperanzas. Chau, sí, nos vemos claro.

Ahora me pasás por al lado. Mirá, yo soy menos cabeza dura que vos, te saludo. Hola, ¿cómo andás? Te saludo porque sé que no querés que te salude.

Y mirá que lo ensayamos eh:

Hola me dijo sorprendida Susana, como si nunca me hubiera visto. Yo le dije que la había visto, pero pensé que no quería que le hable. Ella mintió y dijo que no, que nada que ver. Yo le pregunté qué rendía, aunque ya lo sabía por Bentham. Ella dijo que Diseño Editorial. ¿No es esa la materia que da Justine?

En qué andás me preguntó ella. Yo contesté que me recibía. Ella también me dijo que se recibía. Y entonces le pregunté si estaba con alguien. Se tomó la pregunta para el orto.

Justo me llamaron. Entré, se presurizó el aula. Comencé a escribir, escribí como un frenético. Oral luego. Se me perdían las palabras, le decía "no sé" a la profesora. La mina me decía "pero lo dijiste recién", se me mezclaba todo. Una piba que estaba rindiendo en una mesa de más adelante se desmayó, entró el médico. Yo dije algo de la legislación sobre los pulmones de manzana. Me habían preguntado sobre espacios verdes.

Seis.

V
Alzamos entre todos a Bataille, recién recibido. Alguien le pasó la maquinita de cortar el pelo y cayeron uns mechones. Lo sacamos del Pabellón III, bajó las escaleras rápidamente y los huevos comenzaron a lloverle, la mayoría errando.

En menos de cinco minutos Bataille era un enchastre de huevo, harina, ketchup. El vinagre le picaba los ojos. Le tiré medio litro de Termidor en la cabeza: el peor olor del mundo. Polenta en sus pantalones. Mi remera parecía un batik, aunque Gilles estaba peor: parecía que él también se había recibido.

Alguien le alunizó un huevaso de Angelina en la frente. Sonó duro.

Justine me saludó saliéndo del Pabellón III, por las escaleras. La perdí al instante.

Sontag escapó sutilmente por la otra escalera, la vimos alejarse: no quería terminar hecha un enchastre, y sobre todo ser atacada por el gran enchastrado.

Jugador múltiple

jueves, 22 de abril de 2010

Con tanta simpleza tuve que coordinar mi encuentro con una muchacha que mora en Morón, todo justo después de que terminé de salir con otra en Belgrano. Con esta última había pasado la noche anterior, ella cocinó y nos quedamos viendo Malice in Wonderland, película que no les recomiendo.

Al despertarnos, a eso de las once, recordé que había quedado en ver a esta otra chica, la de danzas árabes. Pero me estaban reteniendo, y me quedé hasta la tarde. Cuando me fijé en el celular tenía dos mensajes y una llamada perdida. Y menos mal que el celular permaneció callado todo este tiempo.

En el baño arreglé encontrarnos en Palermo, cerca de Serrano. Ese lugar supo ser la base de Bentham, y según me indicó cerca está el Rampacar, así que improvisé el lugar y no le di demasiada elección. Total de Morón a Palermo esa chica hacía rápido.

Cuando salí de Belgrano era tarde, tenía que ir volando, así que me tomé un taxi. Mi economía era la peor, pues por más de que no había derrochado grandes dineros con la otra chica, era fin de mes y me mataba. Mi efectivo no alcanzaría los cincuenta pesos. ¿Qué haría? ¿Podía alegar que me habían afanado? ¿Quizás podría pedir crédito por lo de algún amigo?

Cuando me la encontré tenía cara de haberme esperado durante veinte minutos. Como llegué en taxi de capital me sentí re buchoneado que no había estado en casa. Pensé que ella no lo notaría, y nos fuimos primero a tomar brevemente algo. Nos sentamos en un barcito de los de Niceto Vega. Mi crédito me tenía preocupado, ella se daba cuenta que tenía la cabeza en cualquier parte.

Pensé en Bentham, que vive mas o menos cerca. Le mandé un mensaje para ver en qué andaba, pero el maldito estaba perdido con Jackie en Parque Rivadavia, seguramente gastando dinero en libros y cosas de ñoños. Entonces cuando me fui al baño llamé a Bataille.

- Che.

- ¿Qué acelgaaaaa? - me contestó la voz cuasi ebria de Jorge.

- che, necesito me hagás la gamba. Estoy corto de cash y estoy en medio de una cita. ¿No me alcanzarías cien pé?

- ¿Eh? ¿Encima de prestarte guita tengo que llevartela a donde estás?

- Daleeeee, porfa! Se trata de la bailarina esta, la árabe porfa.

- Esa está buena. ¿Pero cómo saliste sin guita pelotudo? - reprochó Jorge.

- No sé me olvidé. Mirá, estoy en Niceto Vega, en la esquina frente a Niceto el lugar. Antes del Roxy. Dale vos tenés la Combi venite de toque, te aparecés como casualmente y me das la guita con carpa.

- Puf no puedo creer que me voy a ir hasta allá sólo para pagarte el polvo.

Cuando corté con Bataille, me sentía a salvo. Bataille apareció a los cuarenta minutos y cuando me dio la mano me encajó los billetes. Un crack, cómo lo quiero a Jorge. Encima le tiraba los galgos a la bailarina:

- Mirá vos, que extraño encontrarla por aquí. Yo que pensaba darme una vuelta por Scalabrini Ortiz para ver si me la encontraba moviendo las cachas - dijo haciendo pacitos de baile.

Lo justo para pasar la noche. En algún momento de la noche mi chica me llamaría, precisaría una buena excusa. Pero seguro Jorge intervendría con algo tan copado como "nos juntamos a jugar al poker", "ensayamos después de hora" o "nos juntamos a jugar a la Wii", alguna cosa que fuera lo suficientemente repelente para ella como para darme vía libre. Esas tres opciones le mandé por mensaje de texto a Jorge, Bentham y Barthes, para coordinar mi coartada.

Se me rieron los tres, y esto seríoa cuento para las próximas semanas.

Al otro día tenía que aparecer temprano por lo de mi novia, y en estado. Seguro tendríamos que almorzar con sus padres o algo. Menos mal que en los telos a uno lo despiertan a más tardar 10.30.

Al otro día me dolía la espalda, y un tirón en la pantorrilla me había dejado medio rengo. Todo muy bien con la chica árabe, pero no me gustaba que ronque. Salí

Llegué y me recibió con una sonrisa. No teníamos que ir a ninguna parte por suerte. Me preguntó cómo la había pasado anoche, si había ganado. ¿A qué? ¡No sabía cuál coartada habían usado en mi favor! Por las dudas dije que ni, que seguro Bataille había hecho trampa.

- Pensé que ni Barthes ni Bentham se prendían en la Wii -dijo ella.

- Seeee, sobre todo Jim, es un fanático, le encanta jugar al Winning. Lo que pasa es que lo niega públicamente pero es de quejoso nomás, en verdad...

- ¿Querés pedir algo para comer? ¿O salimos?

- Ouch corazón, estoy sin un mango.

Ame´s slight return

jueves, 1 de abril de 2010

El problema era explicarselo al policía...

La acción era simple, Jorge debía dejar el paquete en el buzón mientras yo aguardaba con el auto. Ahora, esto de los deliverys hace años dejó de ser simple:

Para variar, la noche que elegí para dejar el paquete, llovió.

Además, como aún no había arreglado el auto por completo, el motor recalentaba, entonces cuando agarramos la ruta estaba que ardía. Al salir de la autopista lo paré, le puse más agua. Evidentemente tiene una pérdida.

Bueno, y la casa. Desde aquella vez post-drogado que decidí entregar los mensajes en completamente limpio y sobrio. Tardé poco tiempo en flexibilizar la ley seca, que ahora hace juego bonito bonito con los controles de alcoholemia.

Jorge: No te preocupes, que acá el borracho soy yo.

Es tan difícil mantenerse en el anonimato estos días. Bah, en realidad, no creo que sea difícil, sino que yo precisamente no soy bueno para ello. Digo, no debe ser tan jodido idear un mecanismo para...

Cuando llegamos llovía bastante. Tuvimos que aguardar un rato, hasta que la cosa aflojara. Jorge se puso a contarme algo de un viaje que hizo a Corrientes. Había ido sólo por un día, en busca de una leña para hacer un cordero. Le había dicho que esa leña se conseguía únicamente allí, y que el sabor que le dejaba a la carne era espectacular.

Jim: ¿Y? ¿Al final cómo salió el cordero?

Genial. ¿Qué me iba a decir? ¿Que se había ido hasta Corrientes con la camioneta, cruzado un laguito en una balsa hecha mierda, encontrado un localcito en la loma del ojete donde tenían la leña, y que al final el cordero estaba mal?

Jim: Fijate.

Jorge salió del auto. Aún llovía, pero ambos teníamos ganas de deshacernos de esto -en realidad, de llevar acabo la "tarea" de forma prolija y lúdica-.

Encima estaba el perro ese de miércoles que tiene ella, que ladra a todos y a todo. Jorge miró, se asomó, dio caminó un poco frente a la entrada de la casa. Yo pensé que lo iban a ver, le hice señas de que venga. Además, como suele ocurrirme, el garitero miraba, encaró para acercarse. Ahí simplemente pensé que Jorge debía quedarse ahí y yo tenía que reestructurar la lógica de estas cosas, porque los riesgos eran menos inocentes de lo que nos dabamos cuenta.

El garitero venía y entonces Jorge volvió al auto. Tomó el paquete y lo tiró en alguna parte del jardín. En menos de cinco segundos nos estabamos dando a la fuga de un garitero que venía caminando pancho con una linterna y lejos de habernos afanado algo, habíamos perdido algo.

Fue pasando unas siete cuadras que un patrullero nos detuvo. Según le habían dicho al agente, había unos tipos merodeando en un Gol. Y nosotros estábamos en un Gol. El tema era explicarle al cana que somos tipos normales y que el tema de Jorge con olor a vodka es sólo eventual.

"¿Qué hacen por acá muchachos?", preguntaba el uniformado. "¿Anduvieron fumando?", me preguntó. Contesté que yo era alérgico, respuesta bastante pelotuda pero la dije con una espontaneidad que pasó como piña.

Felipe decía que no estábamos haciendo nada. Yo apliqué la tergiversación de la verdad: "estamos yendo a lo de un amigo de por acá. Si quiere puede escoltarnos y va a ver que nos esperan". "Y estamos tarde", acotó Jorge, fuera de estado.

- ¿Abren el baúl, muchachos? - el otro cana said.

No había nada, claro. Aunque que encontraran una reposera de playa de hace años ahí toda hecha percha me dio vergüencita. Teníamos un par de botellas en el asiento trasero, pero nada llamativo.

- Tu amigo no está como para seguir, me parece - dijo el poli-. ¿Van a seguir tomando?

- No se preocupe que el no maneja. Le quitaron la camioneta la última vez, tuvo que ir a buscarla a campana. Por lo demás, únicamente pasamos por la zona de camino a la calle Pridiliano Pueyrredón, Martínez, pues concurrimos a juntarnos con unos amigos.

Se ve que mi cara de tipo inocente e inofensivo terminó de convencer a ambos polis. En verdad tampoco tenían ganas de detener a nadie, y menos cuando no había pasado nada, ¿verdad?

Seguramente en los días siguientes reforzaron la vigilancia en la cuadra, alegando que un intento de robo había tenido lugar, o que se estaba planificando algún golpe. Y nosotros de ahí que sólo de ahí nos fuimos a una perdición, como odio San Isidro. Jorge terminó derrapando de temprano. Yo tuve que aguantarlo en avenida Libertador a altas horas de la madrugada, cuando lo convencí de que se recueste en el auto y duerma, mientras yo me perdía por ahí un rato.

Cuando quise arrancar el auto, estaba palmado. Volví el colectivo a casa.

El desperdicio

jueves, 4 de marzo de 2010

Algo así:

Fue un viernes por la tarde que sorpresivamente se estrelló un mensaje en mi celular. "Hola, al final no nos cruzamos en el msn en toda la semana.". Era Susana. Obviamente me encontré entre la sorpresa y el júbilo, entre la estupidez y el pánico -como si entre esas dos obras de Spregelburd existiera otra-.

Le pregunté a Gilles. Contestó "Te está tanteando. Dale pa frenchi".

Le pregunté a Rose. Contestó "¡Epa! Yo creo que está interesada".

Le pregunte a Bentham. Contestó "Efectivamente, suena a un tanteo".

Entonces procedí: efectué una respuesta un tanto estúpida que no vale la pena contar. Lo importante es que conseguí salir con Susan un viernes a la noche así de la nada. Y yo me sentía re copante y ella estaba hermosa.

La encontré en Santa Fe y Callao, para ir a comer por ahí y luego quién sabía. No teníamos mayor plan que encontrarnos, y eso era lo que me había puesto tan contento, tan vital. Ella esbozó esa sonrisa que tiene tan practicada como sus tiros de hockey. Yo implementé alguna de mis observaciones jocosas como "qué pintusa la chiruza", o similares.

Y entonces, a Miró, un restaurant con velas y mesitas lindas. Ella me contó que había cambiado de trabajo, que se había pasado a otro estudio (contable). Yo le conté que pensaba en irme a Europa, que Barthes y Bentham me habían llenado la cabeza con su viajecito. Eramos dos personas contándonos nuestras existencias, el tiempo era vertiginosamente personal para nosotros, eramos dos. Y entonces decidí que era hora de aclarar algunas cosas. Por lo que fui al baño y al retornar, me senté a su lado.

- Oh. Bueno Jorge -dijo ella-. ¿Ahora estás aquí?

- Es que me molesta la mesa en el medio. Atenta contra mi ser en este momento, y además desde acá puedo llamar al mozo para pedirle otra margarita.

Ella sonrió, que era lo mejor que me podía pasar. Susana Sontag tiene una hermosa sonrisa y yo me consideraba dichoso de que me sonriera tan cerca. Continué la charla -dije algo del recital de Coldplay, que a ella le gusta-, y entonces la tomé de la mano.

- Creo que hay un malentendido - dijo ella-. Es que...

Creo que en ese momento recordé la metáfora de Bentham sobre los montajes y cómo estos se desmoronan, pues en ocasiones las construcciones más elaboradas son las más frágiles. "Es cuestión de atar un par de palabras a un lugar y tiempo precisos para que se vaya todo a la mierda", o algo así, había dicho Jim. Y efectivamente sentí todo desmoronarse.

Estaba demasiado expuesto, demasiado con ella en ese momento. Y repentinamente quería estar sin ella, omitirla, irme. No recuerdo qué más dijo ella, ni qué le contesté. Pero si recuerdo que largué un:

- ¿Te parece que nos vayamos?

Viernes once y media de la noche y ya era un fracaso. Me pregunté si los muchachos habrían salido, pero no era más que una pregunta pelotuda, pues no quería salir.

- Jorge, plis - dijo ella-. No quiero que estés mal. Pero me gusta ser tu amiga.

No dijo nada de que eso de ser amigos era una mierda. No dijo anda de lo ridículo que era decir lo que estaba diciendo. Tampoco dijo nada cuando la dejé en un taxi, pues ni ella quería subirse a mi auto ni yo quería llevarla.

Y luego:

- No sé. La verdad que me desorientó.

- Es una frígida - dijo Gilles-. Ni ella sabe lo que quiere. No le conozco ni un novio a esa piba. Y mirá que es linda eh. Pero se ortiva. Con vos tiene buena onda, pero a nosotros...

- Jorge, estimado Jorge - acotó Jim-. Nunca se sabe qué ocurre en la cabeza de una dama, y menos en el corazón. Todos pensamos que finalmente se iba a poner las pilas, que una chica amable como Susana se había dado cuenta de el gran partido que es Bataille. Aún así aplaudo la pirueta con la que conseguiste salir con ella, me encantaría que se me hubiera ocurrido a mi.

Jim lo había relatado: la chica sensible que por un cambio de circunstancias deviene en la chica cruel.

- ¿Cómo era? ¿Una chica sensible, un tipo egocéntrico y un creído?

- En rigor - corrigió Bentham-: la obra versa sobre una chica sensible, un tipo egoista y otro tipo soberbio. Ahora no recuerdo las extrapolaciones más allá de la chica sensible que deviene en chica cruel, pero no creo que sea el caso de Susana. No hablaba del caso de Susana.

- Mirá - dijo Gilles-, es así. Ahora te la podés sacar de la cabeza a la pendeja. Listo, ya sabés que está loca, que no sabe lo que quiere, que te dice de salir y después no te da bola. Ahora te podés dedicar a pleno a otra cosa.

- Debo admitir que el argumento de Deleuze es al menos en parte, cierto - dijo Jim.

- Sí sí, ya se me va a pasar -contesté-. Ni que hubiera pasado algo con Sontag. Ni que hubiera sentido amor por ella, ni que hubieramos estado juntos verdaderamente.

Me llegó un mensaje. Era Susana preguntándome cómo estaba. Tanto Gilles como Jim votaron por no responder, por lo que seguí su opción. La verdad, ni ganas tenía. Entonces la charla prosiguió en los problemas de los otros. Gilles comentó que la Rusa le había llamado, pero él no le contestó. Luego el debate se movió a sobre quién versaba la figura de la chica sensible devenida en cruel: ¿Bella, Male Ponty o Justine Frischmann?

Llegué a la conclusión de que si yo protagonizara la obra intermedia entre La Estupidez y El Pánico, esta debería titularse El Desperdicio, pues tanta energía para llegar a nada...

Operativos

martes, 2 de marzo de 2010

Un tanto desorientado, Barthes intentaba explicarse cómo había terminado una muchacha ebria a sus pies, rodeada de pasto vomitado. La chica se encontraba inconsciente, farfullando cosas. Él quería hacerla reaccionar, pero no lograba respuesta. Su pulso estaba intacto, un poco acelerado a su parecer.

- ¿Rusa? ¿Rusa? - decía.

Nada. Todo parecía genial, estaba en cualquier parte del parque y tenía que arrastrar a esa piba hasta la casa. Desde lejos se veían las luces, se escuchaban gritos y Bataille corría al rededor, tirando chicas a la pileta y acusando a Bentham de traidor.

- Aunque sean más, si trabajamos en equipo las podemos tirar a todas - decía Jorge interesado en el asunto de mujeres mojadas.

- Definitivamente, pero tenemos que armar un perímetro cerca de la puerta del baño - explicaba Bentham mientras dibijaba en el aire el display-. De esta forma podemos cortar su paso al living, y ahí creo que un 50% de las asistentes terminará en la pileta. Luego creo que es altamente probable que de ese 50% podamos reclutar a algunas para arrojar a las otras a la pileta.

- El gran problema es extraer a las del living, que no quieren salir.

El principal objetivo de Jim y Jorge eran Rose Luxemburgo y Antonella Chejov, quienes habían hecho del living de la casa su bunker. Deleuze se encontraba en el living, pero más que un infiltrado, se ocupaba de otra cosa:

- ... llegué hace poco Brasil. No me canso de vacacionar allí, es un paraiso. Estoy considerando seriamente irme a vivir allí -le explicaba Gilles a una desconocida.

No tardó en convencerla. Luego la muchacha le señaló a Bataille que claramente desbordaba la operación indicada por bentham, todo para tirarse al agua con una chica vestida de rojo.

- ¡El celular! -gritó la chica de rojo, recién ingresada a la pileta.

Gilles se reía, por primera vez quizás apreciaba el paisaje de quilombo desde la distancia, a través de la ventana del living. ¿Y esa paz para no participar de dónde salía? Se quedó charlando con la chica. Un tal pablo preguntaba por su novia, que hacía rato que no la veía. ¿Dónde está Marín? Nadie sabía. El pibe buscaba en el área de la pileta, pero ninguna de las chicas empapadas era su novia.

- Che, creo que vi a la Rusa irse con Barthes para el bosque - dijo Antonella-. ¿Qué onda?

- Onda que quizás a Pablo no le guste demasiado eso ... - contestó Rose.

A lo lejos Barthes había logrado que la Rusa caminara, con gran ayuda de él claro.

- Rusa... ahora te vamos a dejar en el sofá, o quizás hasta te consiga una cama. Seguro tienen una cama. Habrá que conseguir que el escuadrón chapuzón no te tire a la pileta, pero a penas nos vean iniciaré acciones diplomáticas con Bataille y Bentham para que nos dejen secos en paz.

- mm arrdf - dijo la Rusa.

Arrastrar a esa piba era realmente un suplicio. De vez en cuando escupía algo de vómito y le quedaba un hilo de baba colgando. Barthes pensaba que seguro tenía algún pedazo de daikiri de durazno en la ropa, producto de las expulsiones de la chica.

Pablo desde que había llegado que no daba con su chica Marin, la Rusa. Jim y Jorge habían optado por dejar en paz al sujeto y no solicitar su ayuda.

- Tiene cara de ortiva - dijo Jim.

Cuando Barthes llegó al área más iluminada del parque, se dibujó una silueta de guerra: un soldado que llevaba a otro herido a cuestas. "Restatando al soldado Rusa", o algo así. Fue ahí cuando Antonella divisó a los combatientes que se aproximaban.

- Habría que iniciar un operativo de entrar a la Rusa a la casa sin que Pablo haga escándalo, lo que probablemente implique que no vea a su novia ebria en los brazos de Barthes.

Rose observó.

- Pero si salimos nos van a querer tirar. Y no están abiertos al diálogo.

- Sí sí - dijo Antonella-. Jim me escucha a mi, ahora vas a ver.

Antonella se asomó por la puerta al jardín, donde estaba operando el escuadrón chapuzón. Llamó la atención de Bentham, que se acercó pero inmediatamente tomó a Antonella del brazo para llevársela. Ella resistía, tomándose del marco de la puerta. "Pará boludo no".

Bentham logró llevarse a Antonella, justo cuando esta puteaba y cuando escuchó otro insulto detrás suyo. Fue ese el momento en que Pablo corría hacia Barthes y la Rusa.

- ¿Qué pasó? - preguntó Bentham.

- Que tenemos que ir a ver que Barthes esté bien, porque apareció el novio de la Rusa y tememos que se arme - dijo Antonella-.

- ¿La Rusa tiene novio? Puf pobre pibe...

Bentham dejó a Antonella para ver qué onda con los soldados.

- Te dije que me escuches, pero estabas demasiado ocupado tratando de tirarme al agua - dijo Antonella.

Jim ni contestó.

Pablo empujó a Barthes, le preguntó qué hacía con su novia. La Rusa simplemente se sentó, porque evidentemente caminar le había dado vértigo. Roland intentaba explicar: Fui al bosque a buscar el celular al auto y la encontré vomitándose la vida. Pero su explicación no lograba sonar a "no me trinqué a tu novia". Ciertamente la Rusa había estado con alquien, pero no era Barthes.

- Pendeja ebria - decía Deleuze mientras observaba la acción desde el living-. Parece que se arma. Ni me dijo que tenía novio.

Dejó a la muchacha en el living para concurrir a la escena del jardín. Bataille se dio cuenta de la situación recién cuando vio a Gilles salir rápidamente de la casa.

- Mirá, no pasó nada. Simplemente se agarró un pedo padre - intervino Bentham.

- Ee, ¿y a vos quién carajo te llamó? -dijo uno de los tres amigos de Pablo.

- Pará de apurar vos - decía Antonella que lo último que quería era trompadas-. Es así, la Rusa estuvo tomando desde temprano y se bajó no sé cuántos daikiris y vodkas.

Pablo empujó a Barthes, que parecía inmutable. No había chances de una pelea salvo que se pusieran necios Pablo y sus amigos. Una intervención de la Rusa hubiera sido ideal, pero se encontraba ocupada vomitando más aún.

- Pablo, simplemente llevátela -decía Antonella-. Mirala está para atrás. Te importa más cagarte a trompadas que otra cosa.

- ¿Qué pasa? - dijo Gilles llegando. Atrás de él venía Bataille.

Se pronosticaba gresca, pero Antonella estaba decidida a que nada ocurriera. Desconfiaba de Deleuze sobre todo, y no quería que a Bentham se le saltara un tornillo.

- Mirá - dijo Jim -, mi amigo te dice la verdad. Si hubieran estado haciendo algo él la deja ahí tirada, pero la estaba trayendo.

Bentham pensaba que ayudaba a distender pero nada que ver. Antonella deseaba que todos se callaran y la dejaran a ella llegar a una solución pacífica. Pablo miraba rabioso, Barthes mantenía su cordura. Bataille observaba la situación sin emitir palabra.

- Con él no estuve... - farfulló la Rusa.

Deleuze tragó saliva. Lo que allí pasara dependía de lo que la piba esa dijera.

- Estuve con él - y señaló por error a Bentham.

Pablo miraba con ira. Esto iba a ponerse feo. Deleuze pensaba que era mejor apartarse y no participar, no fuera cosa que la Rusa corrigiera lo que dijo. Entonces Antonella reaccionó rápído:

- No, él estaba en la pileta, lo viste llegar. Además él está conmigo.

Ahí nomás Antonella le dio un beso a Bentham.

Rose se rio por lo bajo. Barthes miró la tremenda jugada perpetrada por la señorita Chejov. Parecía que con bronca y todo, Pablo aceptaba que sin importar la calidad de relación que hubiuera entre Antonella y Jim, él no podía haber estado con la Rusa.

- ¿Entonces con quién? - preguntó Pablo.

- Ni idea - acotó Rose-. Vaya a saber, hay bastante gente. Algunos ya se fueron.

Jim miraba de reojo a Antonella, y se sorprendía de su docilidad y capacidad para seguir tal improvisación.

- ¿Podemos llevarnos a la Rusa? Que se acueste - dijo Bentham.

Deleuze miraba más apartado. No quería ausentarse pero tampoco llamar la atención. Se escudaba en Bataille y Barthes, que permanecían mudos.

Pablo y un amigo suyo llevaron a lo que quedaba de la Rusa hacia la casa, para recostarla. Ni bien entraron, Antonella dispuso que sacaran a Deleuze del area. Bataille deploró no poder continuar con su operativo, pues aún había como unas ocho chicas sin arrojar a la pileta.

- Qué organizativa que estás - le dijo Jim a Anto.

- Puf, ni que lo digas. Me siento una estratega. A todo esto, perdón pero tenía que inventar la excusa y eras perfecto. Era el elemento para salir del embrollo.

- No problem. La razón nos da los elementos para la creación, con la condición de que los usemos en contra de ella - contestó Bentham.

- Good quote. Who´s?

- Mía. Claramente organizaste elementos discretos, pero para verdaderamente salir de los embrollos, hace falta algún tipo de atentado como el tuyo. Admirable.

Antonella sonrió, mientras Bataille, Rose y Deleuze se retiraban. Ella partió con Barthes y Bentham media hora después, antes de que Pablo comenzara las indagatorias.

- Ahora, fijate cómo Barthes, sin hacer nada más que ir a buscar un celular, creo todo esto - observó Jim-. A todo esto Deleuze tiene que contar cómo mierda hizo.

- Yo qué mierda sabía que la pendeja esa era tal generadora de quilombos - se quejó Roland mientras miraba por la ventanilla del auto.

Estereo(tipos)

jueves, 25 de febrero de 2010

In the play there should be five stereotyped characters:

- A rationalist, can´t really understand anything in this world: Jim Bentham
- An anarquist, a terrorist against structures and discipline: George Bataille
- A romantic, married to his utopic feelings about love & life: Guy Debord
- A seducer, always ready to enjoy creation and improvisation: Gilles Deleuze
- The Doctor, an institution, ready to conquer the world in the name of science: Roland Barthes

Videoteque

domingo, 7 de febrero de 2010

Me vi obligado (por razones ficticias) a asociar un video (canción en verdad) a cada personaje (o lo que sean). Digamos (escribamos) que serían una especie (suerte de) indicador del carácter (o delineamiento), y que no pretenden explicar nada (jamás lo hago, ¿verdad?). Aquí van:

Jim Bentham:
Kashmir - Graceland


Rose Luxemburg:
The Beatles - Can´t buy me love


Rolando Barthes:
Blur - Country house


Antonella Chejov:
Miss world - Hole


Male Ponty:
In circles - Sunny Day Real Estate


Jorge Bataille:
Lord don´t slow me down - Oasis


Bella:
Run baby run - Garbage


Gilles Deleuze:
Aeroplane - Red Hot Chili Peppers


Algo así. Las canciones serían otras de atenernos a Jana, Orlando, Felipe, Zunny, Luna, Valerie, etc etc etc.

My wife

martes, 26 de enero de 2010

I
[My life's in jeopardy
Murdered in cold blood is what I'm gonna be
I ain't been home since Friday night
And now my wife is coming after me]

Comenzó a sonar el celular, y Deleuze no estaba en posición de atender. Pero tenía que atender. Mientras la piba aún dormía, utilizó el truco que él se sabe, que sale casi de forma automática: abrió la ventana, para generar algo de ruido ambiente.

- Hola gorda, buen día. ¿Cómo estás? Pero hey, no no, no te enojés.

A Orlando le decían que tenía las habilidades de un gato, de caer siempre parado.

- Estoy en la calle mi amor, salí a comprarle el regalo a tu mamá. ¿Tenés idea de algo que le pueda gustar? Porque me estoy quedando sin ideas...

Recordó de casualidad que era el cumpleaños de su suegra al otro día. A veces él mismo se sorprendía de su rapidez, tan implacable, tan versátil. La excusa le sirvió para entretenerla al otro lado de la línea, mientras relojeaba que la muchacha tirada en la cama no se despertara ni hablara.

- Ajá, bueno, mirá, yo voy a estar por Belgrano, así que de última nos juntamos para almozar.

La chica seguía durmiendo. Y acababa de comprar al menos dos horas hasta el encuentro con su novia, que también dormía al otro lado de la línea. Aunque por momentos pareciera que las excusas demuestran sus grietas. "Me debo estar volviendo viejo", pensó Deleuze.

[Give me police protection
Gonna buy a gun so
I can look after number one
Give me a bodyguard
A black belt Judo expert with a machine gun]

II
- Bueno, me dio esa sensación de que ella sabía -dijo Deleuze.

- ¿Pero por qué? - replicó Bataille -. Si dijiste que estuvo todo bien.

- Sí me quedé con esa sensación de no sé qué, de que mi excusa era cualquiera, se notó que no había pensado el regalo para nada, que no tenía ni idea. Además es poco defendible decirle que me desperté a las nueve de la mañana de un sábado a comprarle el regalo a mi suegra.

- Opino que quizás por primera vez te estés traicionando a vos mismo - dijo Bentham, mientras inspeccionaba una vidriera con guitarras.

Iban los tres sujetos por la galería Río de la Plata, a eso de las siete de la tarde. Poco tiempo antes Deleuze y su chica habían resuelto lo del dichoso regalo.

- ¿Y la piba con la que estabas te dijo algo? - preguntó Bataille, que había encontrado un teclado que le gustaba e hizo además de entrar a preguntar por el mismo. Y abandonó esa intensión rápido.

- Dormía. Igual era una loca de mierda. Le di un teléfono que no era.

- Perfect.

- Creo que le di el tuyo.

- ¿Qué? - dijo Bentham.

- Oh vamos, a los dos nos gusta joder a la gente. Vos tenes tu estilo bien cuestinable, yo tengo este. Además se que la única forma de picarte a vos es comprometerte en estas cosas. Si no querés no la atiendas.

Bentham comenzó a reirse. Deleuze había tomado ese hábito de molestarlo con esas cosas, regalar su teléfono a desconocidas. Eso le habíoa ayudado a restarle gravedad a las cosas.

- Bueno, pero para mi Jim tiene razón -dijo Bataille despidiéndose del teclado que le gustaba-. Te hacés mucho la cabeza y eso es raro. ¿Resulta que ahora tenés cargo de conciencia?

- No es por limarte, pero creo que uno de estos días tu inconsciente te va a entregar... Venís diciéndolo demasiado.

[All I did was have a bit too much to drink
And I picked the wrong precinct Got picked up by the law
And now I ain't got time to think]

- ¿Qué?

- "Me quiero separar". Por un lado te preocupa que se de cuenta y por otro lado te importa tan poco. Es raro.

- ¿Y a quién no le ha ocurrido? -preguntó Bataille-. Vos mismo dijiste que para estar en una relación uno no tiene que estar seguro de todo. En definitiva lo que hace Deleuze es ser un tanto más pragmático con eso que vos decís, esa relatividad con la que estás casado.

"Estoy casado con la relatividad", pensó Bentham con desilución.

- Sólo dije que siento que estoy perdiendo el toque, que no salgo de los apuros tan bien como antes -explicó Deleuze-. Quizás me agarre culp. En un momento pensé que fui un inconsciente, que no sabía ni quién era esa piba.

- Un derrapé... - dijo Bataille-. ¿Y qué sería de nosotros sin el éxtasis? Hay muchas formas de salirse de uno mismo, y creo que a vos, como a todos, te agarró miedo un poco.

- Yo no tengo miedo.

- Miedo, cierto ruido, un cuarto a la penumbra... -dijo Bentham-. En realidad cuando empezás a pensar es que intentás agarrate de toda la parafernalia racional para explicar.

- ¿Explicar qué? -preguntó Orlando mientras revisaba una vidriera por zapatillas Adidas.

Bentham hizo un gesto de "todo".

Bataille se puso a hablar con una chica que llevaba una remera de Led Zeppelin.

- Además yo estoy seguro de que ella me cagó - remató Deleuze.

- Ah, qué brillante argumento.

- ¿Vos no pensaste que algunas de tus ex te cagó? ¿Aunque no te hayas enterado?

III
Somehow, Bentham remembered a recent conversation that Allen and Paulie had not so long ago:

Paulie: O sea, cuando yo le metí los cuernos a mi ex era porque la relación no estaba bien.

Allen: Con ese criterio, cada vez que uno tiene una discusión de pareja se queda neurotizando toda la noche pensando que lo están cagando

Paulie: Y es que una se siente incompleta, o que el otro no da todo lo que da una por la relación. Yo creo que todos mis ex ponen las manos en el fuego porque yo les fui fiel.

Allen: How so... You sound really... encouraging... And I feel so married to my beliefs.

Paulie: Hey, sólo tomadlo como mi experiencia. Además yo a ella la defiendo...

That´s right, she stands by her.

IV
- Ignorance is bliss... - replicó Bentham-. Y ojo que lo mío no es moralismo, sino una especie de imposibilidad congénita eh.

Volvió Bataille, y retomó sus ideas:

- En definitiva, si se dio cuenta, por cómo es ella, seguro ya anduvo con otro. Son así, te meten los cuernos incluso antes de que vos hagas nada. En algunos casos al menos creo que lo hacen por inseguridad, como si dijeran "ya que me vas a cagar, yo te cago primero"...

[Gonna buy a tank and an aeroplane
When she catches up with me
Won't be no time to explain
She thinks I've been with another woman
And that's enough to send her half insane
Gonna buy a fast car
Put on my lead boots
And take a long, long drive
I may end up spending all my money
But I'll still be alive]

Deleuze no estaba demasiado satisfecho con esa acotación. Bentham pensó que Paulie hubiera podido intervenir fructiferamente en esa conversación. Bataille hizo un gesto de "tengo ganas de ir al Escandinavo a por una Wars pero como está cerrado a esta ahora me imagino que nos conformamos con una Stella en Cinema".

-En definitiva, todo es del orden de la creencia y los implícitos nos pueden jugar fantásticamente en contra - acotó Bentham mientras emprendían marcha-. Debería olvidarme de las palabras y dedicarme a lo no dicho. ¿So qué onda con la Zeppelin girl, George?...

[This post includes extracts from My Wife, by John Entwistle. Released on Who´s Next (1971) by The Who]