Bad weather

domingo, 25 de julio de 2010

I
Justo a las once de la mañana salia mi bus para Bariloche, ese que me iba a llevarme a un lugar más despejado, para alejar la cabeza de todos las responsabilidades que el rol de profesora de secundario acarrea. La ventaja es esta: que me puedo tomar vacaciones de invierno. Y no hablar de que tengo un mes y pico de vacaciones en verano.

Pero vuelta: salía ese sábado y teníamos que levantarnos temprano. Yo me había quedado a dormir en lo de Jim, que es más cerca de retiro. Y de paso el me hacía el desayuno mientras yo me quedaba remoloneando en la cama.

Jim despertó sobresaltado. Pensé que yo me iba a despertar antes un sábado, pero no. Me ganó, estaba como loco.

- Honey, ¿qué pasó?

- Ni idea. Tengo el corazón que va a mil...

Le tomé el pulso, puse mi oído directo en su pecho. Efectivamente, tenía el corazón que trinaba, y recién se despertaba.

- Jimmy, corazón, sé que no te va a gustar lo que te voy a decir, pero por favor andá a la guardia. No es normal...

- No hace falta. A veces me pasa, no al toque se me va.

- Ah, ¿es periodico? Porfa, andá al médico.

No contestó. Ni me miró, se levantó un tanto apurado y se fue al baño. Yo miré la valija, hecha casi, porque había desperdigado todo en busca de mi cámara. Cuando volvió se acostó un poco, se notaba que hacía respiración diafragmática, profunda, a ver si le bajaba el pulso un poco.

Hubiera tenido que abrazarlo y reconfortarlo, pero en lugar de eso me saltó la parte equivocada:

- Jimmy, please, prometeme que después de que me acompañes a retiro te venís a la guardia. Estás acá nomás.

No contestó. Odio cuando no contesta. Él sabe que al resto del mundo le rompe las pelotas cuando no contesta.

- Jimmy, seguro que no es nada grave, pero vas y te hacen un electro y...

- Jackie, porfa, después voy, pero ahora dejame tranquilo. Te lo pido por favor.

Me enculé y comencé a preparar mi valija nuevamente. Preparada despreparada de a ratos y fragmentariamente en lo que me quedó del viernes. Pensé en decirle que no me acompañara a Retiro, pero seguro que ahí se armaba. Y pensé en decirle que lo llamaba cuando llegara al hostel para ver cómo le había ido. No le dije nada, total después lo hice igual.

Jim se levantó, automáticamente se vistió y fue a configurar la cafetera, además de iniciar la computadora para chequear el horario del tren. Parece más voluntarioso que yo, que soy la que se va de vacaciones.

Pasaron como quince minutos hasta que volvimos a hablarnos. Entre sorbos de café y las tostadas con mermelada de durazno, le comenté que había sacado en el mismo hostel que el año pasado.

- Es el mejor - dijo él casi sin mirarme.

Pensé que en una de esas se había enojado porque me iba.

- ¿Te molesta que me vaya?

- No. ¿Por?

- Digo, estás un poco... intratable.

- Disculpá. Es que me pongo cabezadura con la idea de ir a los doctores. La otra vez mi vieja me hizo una historieta conque tengo historial familiar y no sé qué mierda.

- Y pensá que en una de esas si vas al médico ya no le vas a dar excusas a que te moleste con eso, ¿no?

Me puse didáctica, como si le estuviera hablando a un nene. A veces lo trato como a un nene, sobre todo cuando se pone cabeza dura, que no es poco seguido. Me miró en claro proceso de enojo.

Pensé que no me quería ir así, que no nos ibamos a ver por una semana y que no tenía ganas de...

- Ok, después voy - me contestó.

Lo conozco lo suficiente como para saber que no va a ir, que me contestó cualquier cosa con tal de que pare. También sé que cuando nos tomamos el tren el diálogo entrecortado no logró licuar que estabamos enojados el uno con el otro. Pensé en quedarme, pero luego dije que no, que no era justo.

Llevaba todo mi equipaje pesado, para descargar la furia o quizás testear si le daba un paro. Se pone así de gilastro. Esperamos 45 minutos hasta que anunciaron el bus.

Por más que me dio un beso largo antes de que yo subiera al omnibus, nuestra despedida tuvo algo de... como cuando dicen que no hay q irse a dormir sin haber resuelto una pelea. ¿Y te llamo y quizás se te pasó? Me saludó desde la plataforma.

II
- ¿Cómo va? ¿Todo sorpresa? - me saludó Jorge.

Gruñí.

- Dale dale. ¿Ya se fue Jackie? Vamos, no te pongas así que en una semana está de vuelta. No seas pollerudo.

- Nada. Es que discutimos un poco antes de que se fuera.

- Bueno bueno - ingresó Debord - muchachos, tengo una salida para esta noche que pinta bastante bien.

Me pareció excelente, pero intuí que algo no cerraría.

- Tengo una fiesta por Belgrano, a la que me vienen hinchando para que vaya unas amigas.

- ¡Por fin algo potable! - estalló Bataille.

Tocaron el timbre: era Gilles. Tuve que bajar a abrirle.

- Bueno - dijo Debord cuando volví para traer al maestro de la fuga-, dado que el señor Bentham no anda de humor para hacer los tacos necesarios, pedimos pizza y ya.

Deleuze lucía particularmente encendido: había dejado a Lispector en la casa y se había apresenciado en mi casa.

- Ah, le dije a mis amigas que vengan para acá - dijo Debord-. ¿Todo bien?

Y qué mierda le iiba a decir... Ya las invitaste, caen en una hora, no no, no hay problema.

- Son buena onda, las conocí en el sur hace dos años. Nada del otro mundo, pero después vamos a la fiesta.

Me llegó un mensaje al celular, de Jackie:

"Seguro que no fuiste. El chofer del bondi está loco, puso el aire acond. Te llamo, no te enojes. Besote."

Why can´t you let it go?

- Ah bueno, cómo te tiene - dijo Bataille, que vió al menos de quién era el mensaje.

- Me parece perfecto que estés ahora sin ella un rato, así tenés tu espacio - dijo Gilles, a quien estrangularé la próxima vez que haga un comentario de tal calibre.

Me paré sin decir nada, midiéndolos a todos, para poner un disco de The Killers. Me dolía la cabeza, tenía la idea de que era por tensión.

- Vamos vamos, muchachos - celebró Debord -. ¡Esta noche será una harta noche!

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