Dos estúpidos que no se hablan

jueves, 15 de julio de 2010

[Érase una vez dos estúpidos que no se hablaban]

I
Chejov lo había preguntado en medio de las achuras: "¿Por qué no la llamás de una vez?". Pero si ella se equivoca entonces ella me tiene que llamar pero... ¿sigo con esa versión estúpida? Evidentemente.

Me costó horrores levantar el teléfono y llamarla. Como si mi orgullo me estorbara de una forma incomprensible. Miré el teléfono desde el living como media hora hasta que me decidí.

El teléfono llamó dos veces y:

- Hola - dijo ella.

Saludo afirmativo. Vio mi número en el caller ID y contestó. Pensé que no la encontraría, o pensé que quizás no me atendería. ¡Una puta semana!

- Hola Jackie - dije.

Hubo un silencio, no sabía qué decirle. Había pensado todo el tiempo en llamarla y no había planificado qué le diría si atendía, no tenía ninguna estrategia retórica.

- Iba a llamarte - dijo finalmente ella -. Me ganaste de mano.

No supe si creerle. Pienso que ella no tenía el... ¿coraje?

- Bueno, como sea, aquí estoy. ¿Te acuerdas de mi?

Sentí su respiración como si hubiera exalado al sonreír, como si una felicidad algo tristrona hubiera aflorado en ella.

- La verdad que no sé bien qué decirte - le dije mientras pensaba que en verdad la extrañana-. Estuve pensando en vos - articulé.

- Yo también. Em, ¿podemos vernos?

- Claro. No ahora, que en un rato me junto con Jorge y Gilles.

- ¿Ensayan?

- Algo parecido.

- Mañana tengo ensayo... ¿Venís? - se despachó ella.

No lo podía creer. Finalmente. Si me decía que fuera era que estaba todo bien. ¿Pues quién hace eso para que se pudra todo? Eso, una vez más me valía de la lógica pura para calmarme un poco, una vez más

II
Estaban ensayando y a ella le tocaba hacer un breve monólogo. Su outfit eran unos pantalones de vestir, una camisa blanca, el pelo recogido y unos zapatos sin taco, que no hacían juego. Nada que ver con lo que ella viste usualmente. Lo único que quedaba de Jackie eran los anteojos que usaba de vez en cuando, como los que ella sostenía que yo debía usar más periódicamente.

La directora la llamó a escena. Lucía un poco intranquila, me miró sin sonreir, pero constato que yo estaba ahí observándola.

Jackie: Debe tratarse de un engaño sutil, de algo que sufrimos sin darnos cuenta hasta que un día es demasiado evidente. El engaño no se oculta, más bien es algo que aparenta.

Hizo una pausa. Ella miró para abajo. No sé por qué, pero asumí que tenía ganas de fumar.

Jackie: A una nunca le enseñan a rehacerse, ha tener el coraje de dar vuelta el timón tan drásticamente. Llevo diez años trabajando en algo que no me apasiona, en un lugar que me parece tan colorido como periódico de los años treinta, sufriendo por cosas que... que no tienen ya sentido. ¿Qué me importa que no haya café del bueno para la reunión con esos chupasangre?

La última frase la dijo enervada, casi gritando, con un tono de voz tan tajante que cortó el aire de la sala.

Jackie: Verán: creo que no estoy hecha para esto, que yo aprendí bien cosas que me enseñaron mal. Eso es lo grave. Y juro que no lo soporto más, que se me caen los días del bolsillo y no me sobran.

Mira de reojo a la audiencia. Dirige luego su vista hacia la derecha, para encontrarse conmigo. Nos miramos, sostiene la vista.

Jackie: Pero ya sé lo que piensan. Otra loca histérica. No no no, no me vino, nada de eso. Son años, años de llevar adelante una farsa, de vivir con el hombre equivocado, de esforzarme por las cosas equivocadas. ¿Y cómo carajo quieren que no me cueste tirar todo esto que por más que me hace infeliz es todo lo que tengo? Es fácil, demasiado fácil, decir desde allí "cambiá tu vida". "Mudate a Miami". No, no están entendiendooooo.

La entontación de mujer desesperada me pareció genial.

Jackie: Lo que aquí verán es sólo efecto de lo que ustedes crearon, de pequeñas imperfecciones que ustedes no perciben, pero día a día están frente a sus narices.

Caminó tres pasos hacia su izquierda para salir de escena.

Jackie: Aquí verán un poco de sus historias. Aunque no lo admitan. Aquí están ustedes. Quizás no nosotros les resultemos un tanto bruscos, quizás hasta burdos, pero si no encuentran algo que les resulta familiar, entonces sencillamente no tienen ni por asomo ganas de experimentar realmente lo que es la libertad.

Salió de escena caminando de una forma furibunda. No volvió a aparecer. Amo a esta mujer.

III
Nos encontramos directo a la salida.

- Hey - dijo ella al aparecer ya cambiada. Era ella de vuelta, con su pulóver marrón y blanco, con dibujitos de llamas indias. Simplemente me abrazó, lo que fue una especie de cachetazo doloroso.

- ¿Vamos a La Continental? - propuso.

Mientras caminabamos nos rodeaba un silencio, que yo me había propuesto aniquilar porque ya llevaba una semana.

- Jackie, lamento lo de la última vez. Quizás no fue la mejor manera de decir las cosas, pero yo qué sé...

- Es difícil. Sé que no debería, pero me es difícil. Sé que... ¿puedo preguntarte si ahora...?

Negué con la cabeza. No me gustaba que me solicitara detalles, como si buscara quitarle relevancia o algún argumento que volviera todo "menos grave" para su cabeza.

- Más de un año, si precisás saberlo.

- Perdón, lamento mi reacción. Me tomaste por sorpresa, lo que es ridículo, lo sé, porque yo te pregunté por el asunto inicialmente...

Tuve la sensación de que ese "perdón" le costó tanto como a mi levantar el teléfono aquella vez. Tuve la sensación de que fuimos dos estúpidos testarudos que no nos hablamos cuando ambos quieríamos hacerlo.

- Me dio miedo, o no supe como reaccionar. No sé, me hubiera gustado que me hablaras del tema antes. Lloré como una condenada toda la semana. Iba a llamarte pero pensé que me odiabas.

Tengo la sensación de que soy tan tan tan tan hermético a veces que entonces ellas no sabes qué mierda me pasa por la cabeza. Algo así me había dicho Bella.

- En fin, te extrañé mucho.

Simplemente detuve nuestra caminata para La Continental, que quedaba a dos cuadras, y la besé. No podía creer lo que la había extrañado en una semana.

Erase una vez dos estúpidos que morían por hablarse pero no lo hacían, hasta que uno de ellos, contra su arraigado carácter, rompió el hielo.

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