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La guerilla

martes, 25 de diciembre de 2012

I

Caminaba en dirección a Sol, una tarde de semana, calle llena de gente y un calor notorio. Me pararon como tres veces los de Green Peace diciéndome "Dale hombre, échanos una mano", mientras yo pensaba en llegar al Fnac a por el último disco de los Posies.

Y la vi. Corrí.

- ¡Jackie! - grité.

Se dio vuelta y allí estaba, esa chica de anteojos y jeans rotos. Me sonrió sorprendida. Me detuve jadeante frente a ella.

- Jonny, hey. ¿Cómo andás? Te ves... cansado. ¿Cómo haz estado?

Ella me hablaba en neutro, como si precisara hubicarse en el mismo espacio lingüístico que yo. Había olvidado cómo sonaba un argentino tratando de hablar como español.

- Yo bien, ¿vos? Digo, ¿tú? Bah, hablemos en argentino, ¿está?

El pique corto me dejó con las manos apoyadas en las rodillas, tratando de sostenerme. Me di cuenta de lo fuera de forma que estaba.

- Está bien, tenés razón. Es que se me pega, viste. Yo estoy bien, acá yendo para la estación. 

- A la estación. ¿Estás de paso? Podemos ir al 100 Montaditos a por unas cañas, ¿o estás justa de tiempo?

- De hecho, tengo tiempo de sobra. Vale.

Vale. Creo que a ella le gusta mezclar cuando modismo idiomático pueda. Como ella es profesora, debe tener que seguir las reglas gramáticas y ortográficas al pie de la letra durante todo el ciclo lectivo en el colegio. Y entonces son pequeñas venganzas que ella ejerce durante sus estadías afuera.

El sol me pegaba directo en la frente. Si no entrábamos rápido al bar me iba a derretir. Pedimos unos montaditos y dos cañas de cerveza.

- Bueno, ¿qué contás? - me preguntó ella.

- Bien, vuelto al trabajo y pensando en volver a los estudios. Y...

- Me parece una excelente idea, sos muy inteligente. No te oxides como yo. Ni bien regrese a Buenos Aires tengo el mismo plan.

- ¿Por qué desapareciste?

Ella me miró. Siguió sonriendo pero con algo de tristeza.  Entonces nos avisaron que ya estaban listos los montaditos, así que fui a buscarlos. Y así la dejé pensar para cuando volviera yo con el pedido.

- Perdón Jonny, digamos que nos encontramos en una etapa particular de mi vida donde yo necesitaba no pensar las cosas. Y cuando no pensás las cosas hacés todo por impulso, y me fui. Lo sé, te pido disculpas, no entendiste nada.

- Mas vale que no. Aunque luego fui armando el rompecabezas - le contesté, intentando demostrarle lo más claramente posible que no estaba enojado.

- ¿Sabés? Cuando realmente querés a alguien le bancás cosas que al resto no. Y a veces, cuando la relación pasa momentos de tensión aguda, una se pregunta si no está cediendo demasiado. Bueno, en plena crisis me conociste.

- Algo me dijiste. Que estabas tratanto de terminar un noviazgo largo, o empezando a terminarlo.

- Sí. Eso pensé. No me caracterizo por mis procesos claros. Yo misma no me doy cuenta de lo que quiero, o me asusto de lo que quiero. 

- ¿Y ahora volviste para irte? ¿Volvés ya a Buenos Aires? ¿O te vas para otra ciudad de acá?

La ametrallé con preguntas. Quería que se quedara, o en realidad quería que finalmente se sintiera tranquila. Me hubiera gustado tomarle la mano al menos.

- Voy para Atocha porque espero en una hora aproximadamente encontrarme con Jimmy.

II
Rolland Barthes ingresa al escenario, luce un traje desalineado, con la camisa afuera y la corbata desarreglada. Parece que hubiera salido de un casamiento a las seis de la mañana. Tiene una copa de champán o sidra o algo en la mano, que sacude mientras habla.

- Vieron que Jimmy de momentos parece un personaje omnisciente. Tiene respuesta para todo, aparece como si nada, sabe lo que pasa, sabe qué le van a decir. Saca conjeturas, utiliza a más no poder su teoría de las ecuaciones.

Se escucha brevemente música de los años cincuenta: Guilty.

- Bueno, pero Jimmy jamás pudo poner en su cuadrilla a Jackie. Jimmy sabe algunas cosas, teoriza sobre ella, pero sabe perfectamente que no llega a más que quimeras. Ella está afuera de su dominio. De la misma forma, Jackie se pensó que tenía a Jimmy al dedillo y cuando se dio cuenta de que no era así, todo se desmadró.

Rolland toma un poco de lo que sea que haya en la copa.

- Esto está caliente - dice con cara de asco, y vuelve a tomar-. El hecho de que ambos estén dirigiéndose en este preciso instante a Atocha no es casual.

Se saca la corbata, que le resulta insoportable.

III
- ¿Entonces? Te vas a encontrar con él. ¿Él te llamó? ¿Vos lo llamaste?

Jackie se puso un poco incómoda. Habrá sido porque hablar del otro conmigo no le parecía del todo correcto. Pero contestó.

- Él dijo que quería verme.

- Y vos querías verlo, pues sino no hubieras accedido a encontrarte con él.

- No accedí a nada. Él no sabe que estoy acá y no sabe que nos vamos a encontrar. Sencillamente le contesté que sí, y él me dijo que llegaba hoy a Madrid desde Tarragona. Solo busqué el único tren que conectara directo, y aquí estoy.

La miré extrañado. Pues hubiera sido más fácil que arreglaran antes todo. Incluso Jim podría haber cambiado el pasaje, o haber hecho una combinación. Además me imagino que ella lo dejó sin respuesta desde hace días.

- No sé qué ocurrirá, trato de no pensar. ¿Vos en qué andás, Jonny?

IV
I was searching through my files, looking for nothing, when I found this pice of lyric:


I´ve escaped your ideas a life time,
Suddenly I found out that you stole them from me...
 

I really don't know what to do with it, but I should definitely use those two lines.

Get the girl out

viernes, 4 de mayo de 2012

Entré al departamento y era un caos. Hablo de la mesa totalmente tapada de cosas, de medicamentos, de papeles, de libros, de cajas. Y en el piso ropa sucia, o limpia, o mas o menos. Creo que en un momento tropecé con algo que estuvo vivo en algún momento: ah, claro, un pedazo de pollo (?).

- No me digas nada del desorden, chango - dijo Rolland.

- Obvio que sí te voy a putear - contesté.

Había llegado al departamento de Barthes para idear hacia dónde mierda salir, y el me había avisado del estado caótico de su morada, pero les juro que...

- ¿Pensaste?

- Sí - dije-. Vamos para un lugar que se llama El Maltés. Aunque dudo que te cope la música, había buen material la última vez que fui. Que fue en verdad la primera vez en mi vida que fui ahí, o sea, que técnicamente no es la última vez, porque...

- No me jodas.

Me senté en su computadora, la cual era otro espacio caótico. No encontré cómo cambiar la música, todas las ventanas que intentaba navegar estaban previamente logueadas con usuarios de Rolland (oh, lógico que así sea, que tonto soy), y comencé por ende a responder unos mensajes vía directo con una amiga de él.

- ¿Quién es Clarixa?

- La conocí en Santa Fe. Amable chica, aunque un poco malumorada.

Me caí de la silla. No por la impresión que me generara Clarixa, sino porque ni las sillas están en estado en el departamento de Rolland. Ya charlamos con Bentham que nos tiene preocupados esta depresión de él.

II
Ya se le va a pasar, no lo presionemos. Pero hay que acompañarlo para que salga para adelante. Cuando él te dice que no quiere salir, hay que hincharle las pelotas para que salga. Pero no siempre, porque también necesita... viste... tener su espacio.

Lo que no tenemos que dejar es que se encierre. ¿Viste como está ahora? En pleno caos. Yo te juro que no sé cómo vive así. Claro, él te va a decir que no tiene tiempo, que entre la facultad y el laburo está como loco. Pero son pamplinas, vos fijate que antes no le pasaba eso. Es más, tenía menos tiempo.

Sí, sí, ya sé que al estar de novio entonces se veía obligado a mantener más orden. Pero te digo -te sugiero, te increpo a pensar, te soplo la idea- , que todo tiene un límite. Jamás había visto tan desbandada la cosa, tan abandonado todo.

Mentira, sí he visto cosas abandonadas, y peor. Como cuando murió mi madre. Guy, yo te juro, vos no viviste en una casa desolada: donde efectivamente nadie podía moverse -no había voluntad-, en la que recuerdo una vez haber encontrado al gato ese muerto, vaya a saber cuánto llevaba ahí. Y todo porque sencillamente "las cosas dejaron de hacerse".

A lo que voy es que reconozco la dejadez de la depresión, y el caos, el desorden de Rolland, es eso. Y no esa pelotudés que nos quiere vender de su nueva etapa de la vida en la que no tiene tiempo.

III
Le pregunté a esa tal Clarixa qué haría a la noche, si saldría. De una forma poco ortodoxa, la chica interpretó que la estaba invitando a salir. Mejor: interpretó que Rolland la estaba invitando a salir.

- Che, dice que viene para acá.

- Pará pará, no tengo ganas. Digamos, si hay una chance de que conozca a alguna mujer hoy, si está ella me va a sabotear.

La cara de Rolland manifestaba desagrado por la idea de que su amiga viniera para acá. No sé por qué, pero era evidente que había hecho algo mal.

- Bueno, le digo que no vamos a salir - contesté, con la idea de resolver el problema en tres segundos y ya-.

El problema fue que la chica se puso insistente, que me dijo que ahora le había dado ganas de salir, que hacía mil año que no nos veíamos (que no veía a Rolland), que se venía para casa (la casa de Rolland).

- Es cabeza dura - agregué-.

- No no, pará. Decile que estamos saliendo, que no...

Tengo la teoría de que esta chica le tiene ganas a Rolland. Veran, pues nuestro decaido amigo no terminó la frase que le sonó el teléfono y era ella. Y no logró hacerla desistir de venir. Ergo, en treinta minutos la tuvimos abajo, ejecutando reiteradas presiones al portero eléctrico, piso octavo A.

Mierda, debe haber pensado Rolland, mientras levantó tres cosas y pateó otras dos, como si el desorden quedara arreglado así.

- Che, quizás ve este quilombo y se espanta.

- Esta NO ES MI IDEA DE SALIR DE JODA - dijo con cara de cabreado en serio-.

Clarixa resultó ser una chica, digamos... con la que no es fácil dialogar, ya que emite respuestas tales como "si", "no", "no sé", y no se explaya en más detalles. Mejor aún, estaba más centrada en ver a dónde saldríamos. La mera imagen de arrastrarla a cualquier local me parecía un tanto...

- No tengo ganas de arrastrar a nadie -  me había dicho Rolland justo antes de bajar a abrirle.

A su vez, pensé que llevarla a El Maltés no era una buena idea: destruiría el karma del lugar. Y no conseguiría que Rolland, absorbido por esta Clarixa, se emancipara un poco de la idea idealista de su ex.

Le ofrecí un poco de cerveza a la muchacha. Con una de las peores caras de ojete del mundo me contestó que no tomaba ese tipo de cosas. Me quedó claro, luego de su sonrisa asquerosa, que además su proyecto era echarme de la noche.

A mi nadie me echa de la noche. De última, vos te vas de la noche, pero yo la sigo.

Además, dejar a Rolland solo con esta mujer, en medio de este quilombo, era inhumano, admito. Me sentía responsable. Imaginensé a causa de esto teníamos a Rolland internado por sobredosis de ansiolíticos. No quería pensar en eso.

Me encerré en el baño un poco, y decidí llamar al Jimmy. Este me atendió con su últimamente habitual tono de hinchado las pelotas.

IV
Bueno, lo que precisan es que esta mujer no quiera estar con ustedes. Y hay algo sencillo: para resolver un drama con mujeres, no hay nada mejor que agregar más mujeres. O sea que le dicen que van a salir con unas chicas, y ya. Porque la piba de violinista no se va a querer quedar.

Ah, y vos de paso, de sopetón, me preguntás de dónde vas a sacar a las mujeres que te van a salvar de esa mujer. ¿Yo qué sé? Suficiente que te estoy tirando la posta de cómo resolver el tema. No precisás siquiera llevar a nadie en verdad, ya con la excusa sirve. O sea, decís que van a salir con unas, si querés te mando un mensajito y decís "oh, mirá esta piba está con su amiga por acá y vamos a darle".

Bueno, en verdad, tenés un problema de orden pragmático: ella ya se fue hasta ahí. Ergo, con la sencilla excusa no la sacás.

La verdad, flojo. Escuchame, ¿para qué invitan a venir a una piba con la que no quieren salir? ¿Qué clase de amigas tiene Rolland? Ah, bueno, estás frito. Un amor. ¿Así te contestó? Escuchame, dos mas dos, cuatro. Hacé lo que te digo.

V
¿Por qué carajo ahora se le da por decir "dos mas dos, cuatro" cuando quiere fundamentar algo?

La hipótesis benthamista era plausible. La excusa de que saldríamos con unas amigas sería ideal para descartar a la chica. Dicho sea de paso, cuando terminé de hablar por teléfono y salí del baño, sentí que con la mirada esta chica me expropiaba la vida, se quedaba con el 51% de las acciones, como echándome.

Pensé que si Jimmy no me podía ayudar, aún así podía ejecutar el plan con ayuda de Gilles. Le envié un mensaje, pero más allá del asunto, decidí implementar.

- Me dijo Jimmy que está con unas chicas, que precisan compañía. Creo que es un tremendo plan, podemos salir al Shamrock, incluso podríamos evitar que este haga desmanes.

- Eh, alto plan, contestó Roland con un interés insípido. Tuve que avivarlo vía mensaje: "seguime la corriente, que esta no va a querer salir si salimos con otras".

- Oh -contestó Roland más efusivo-, acá me mando un mensaje diciendo que me quieren conocer.

Le sonrió a Clarixa, que sonrió de vuelta pero tan tan falsamente, y luego me arrojó una mirada con tanto odio que me debe haber restado al menos dos años de vida.

- Bueno, ponete lindo - le dije, apreciando que él no estaba listo y que quizás estaba tan desastroso como su departamento caótico, lleno de ropa tirada, cajas de cosas, papeles, ardillas y muchos manices.

Ese era yo quedando aún más como el ojete con esa chica, que hemos de decir que no estaba fea, pero sí que tenía una actitud que daba miedo. Y qué me importa, si total ya estoy condenado, no le voy a hacer nada, la verdad que quisiera que se vaya.

- ¿Y a dónde vamos? - dijo ella.

Gran cagadón. Gran. No se daba por aludida, la situación se estaba agravando, la cara de Roland era de cuasi llanto, escondida en una sonrisa que intentaba sobrellevar momentos de diálogo con Clarixa, mientras con algunas miradas me pedía que resolviera la situeishón.

Decidí llamar a Gilles finalmente.

VI
- Vamos che, va a ser divertido - decía Gilles -. O sea, salimos un toque y les damos una mano. A vos te gusta armar estos montajes, la llevás a ella y después nos tomamos el palo.

- Pero no es así, o sea: vos me estás pidiendo que lleve a mi chica para allá, que te la preste para hacer de farsa de que salen con minas estos, por favor.

- Dale pelotudo, tengo dos, necesito la tercera para que aparente que salimos los tres.

- Ideas de mierda tengo yo.

- Es pa lo pibe, dale.

De esa forma, Gilles convencía a Jim de que convenciera a Jackie para que acompañe al primero, y dos amigas de este, al departamento de Roland. El objetivo era simular que saldrían los tres, y de tal forma dejar arafue a Clarixa, quien renunciaría inmediatamente a salir al verse rodeada de gente que se conocía y era buena onda y no conjugaba con la tremenda cara de orto que a ella le encantaba poner.

Llegaron tarde, como a las dos de la mañana. Jaqueline refunfuñó un poco, pero la idea le terminó resultando hasta divertida, aunque las dos amigas de Gilles no le parecieron para nada adecuadas (tema de discusión).

Guy y Roland recibieron a los cinco (Jim esperaba abajo) como si se tratara de la salvación. La cara de Clarixa en ese momento era tétrica, estaba cansada, se había dado cuenta de que no obtendría lo que quería, pues para ella lo único que había hecho la situación era empeorar.

- Bueno, caímos con las chicas - se anunció Gilles.

Todo habrá durado com mucho diez minutos más, en los que las chicas hablaron más que nada con Guy, porque el salame de Rolland estaba lento. De hecho, fue Jackie la que le dio más charla, casi como si se lo quisiera levantar. Quizás este hecho, esa conversación tonta, la risita jijiji tonta de Jackie, y el pseudo toqueteo, lograran que finalmente Clarixa se decidiera a irse.

- Bueno, se hizo tarde - dijo, mientras tomaba su cartera-.

Victory. Hell yea.

Las distancias

lunes, 29 de noviembre de 2010

I
Entonces empezó a explicarle al doctor todo lo que había pasado hace un mes, desde los platos rotos hasta Jim pateando la puerta. Y Jimmy se limitaba a mirar, mientras el hermano de él, Johns, continuaba vomitando sus explicaciones y sentada, casi como parte de una tribuna, estaba ella.

El psiquiatra tenía en su despacho una pintoresca biblioteca (Suicide Patients and Mental Illness, por ejemplo). Jim la escrutaba, en una de esas buscando algún libro de Michel. Todo esto mientras su madre miraba resentida y el vomito continuaba.

Había un busto blanco de una cabeza, con las diferentes partes del cerebro señaladas. Cuando al doctor de tocó explicar el cuadro mencionó

II
- Es extraño, Rolland, muy. Porque en ese lugar te cruzás a una chica y pensás "esta está acá porque... trato de matar al novio" o algo así. Me crucé a una a la salida, muy bonita, le dije "usted primero", y me sonrió pero de una forma rara.

- Pues sí - dijo Rolland emitiendo una sonrisa-. La verdad que con esas no me metería. Ponele que justo tenés algo que les hace acordar a un ex o algo. La pudren.

- Pero además, están las que sólo pasan al consultorio. No están internadas, van solo a la parte "copada".

- Esas son las que intentaron matar al novio o están pensando en hacerlo. Son casos potenciales.

- O sea que no hay que salir con pibas que se mediquen - dijo Bentham.

Las dos formas que había elaborado Bentham para sobrellevar las visitas al psiquiátrico eran abordándolo como objeto de estudio -la distancia fría- o el humor insensible -la distancia cruel-.

- Porque ponele que a la piba un día se le pasa el Rivotril, o peor, lo pierde y no encuentra el pastillero. Cagaste hermano.

III
- Hay diversas formas de depresión - explicaba el doctor -. Pero digamos, que usualmente en los casos más severos, los pacientes no encuentran la voluntad de hacer las cosas. Actualmente ella esta tomando dos tipos de medicaciones, una antes de dormir que tiende a calmarla y otra a la mañana, un antidepresivo. Funcionan en combinatoria, se entiende.

- Genial. Pero no creo que sólo con eso logremos nada, Doc.

- El entorno social es muy importante. Sé por lo que charlé con ella que tiene una relación un poco desgastada con usted, Johns. Y que en el caso de Jim, su... forma de tratar las co...

- ¿Mi escasa tolerancia? ¿Carácter un tanto explosivo de a ratos?- disparó Jim sin dejar de mirar el lomo de un libro, "How to treat paranoia and isolation in young patients".

El doctor prosiguió sin hacerse cargo de las palabras de Bentham, a quien le molestaba el excesivo reparo del primero en la utilización de términos para que nadie resultara herido.

- Hablé con ella sobre algunas cosas que dice. Sé que es duro, pero les sugiero que cuando hablen con ella no... no tomen a pecho todo. Simplemente hay ideas que ella irá moldeando, que irá agiornando. Lo que no significa que ustedes tengan que hacer caso omiso de todo. No es fácil, pero lo mejor será que en todo caso, si sienten que algo de lo que dice ella es demasiado, se retiren un rato al menos, a tomar aire y quizás volver a los quince minutos.

"Doctor, en quince minutos vuela todo al carajo igual", pensó Jim.

IV
Johns siempre fue un desbolado. Pero vos Jim antes no eras así, antes eras más retrotraído hasta. Estos últimos años he visto cómo te salta la térmica más de una vez. Y parece que cada vez más seguido. Por favor, cuidate que eso no es bueno.

V
Y de tanta distancia a veces necesitás un cable a tierra. Y de tantas cosas que a uno le pasan alrrededor, termina por armarse una especie de "buffer zone", en que cada amigo y familiar es un punto en la distancia, un punto de vista a la distancia que dice cosas.

Y justo el día que tengo que ir a dar clases uno se deshace. Entonces uno pretende anular la distancia de una forma casi instantanea. Si al menos tuviera una cara conocida en esa clase.

Eso.

El mismo día de la clase le envié un mensaje a Micaela Bajtin, ofreciéndole venir a presenciar la mis dichos en público. Se trata de ese mensaje cuasi desesperado que envía uno, a ver si a último momento logra enmendar ese error grave que le parece haberse quedado solo. Casi sin esperanza.

Micaela contestó que sí. De tal forma que tuve que invitarla a cenar luego de la clase. Tuve, quiería, una mezcla de las dos. Ella que ya sabía la mitad de lo que yo iba a decir ("No se trata nada más de generar volumen, followers, me gusta. Hay que ver las mentions, los RT, los..." y a ella le gusta cuando me pongo a hablar de métricas).

Y la distancia entre ella y yo es algo tan variable. Soporte técnico.

Niños con Rivotril

viernes, 23 de julio de 2010

- ¿Qué es eso? - dijo Jackie, al ver que dos chicos se pasaban algo.

Uno de los nenes lucía inquieto, decía que se sentía mal, tenía los ojos llorosos. Uno de sus compañeritos trataba de consolarlo, y le ofreció un Rivotril. Ella simplemente cubría una suplencia en primario, y se topó justo con esto. Jaqueline, acostumbrada a los alumnos de secundario, quedó pasmada.

- No, pará, dame eso - intervino-. ¿De dónde lo sacaste?

Le sacó el pastillero azul al nene que estaba ofreciendo. El niño dijo que la mamá se lo daba.

- ¿Tomaste de esto? - indagó al chico que se sentía mal.

En nene negó con la cabeza, al borde de las lágrimas, como si lo estuvieran retando. Se agachó para hablarle, mientras miraba al otro de reojo, que no entendía por qué le habían incautado sus pastillitas.

Jackie recordó sus días de maestra de primaria. Se sentía mucho más cómoda en las clases de quinto año que las de segundo grado, eso era un hecho.

- Hey, chiquitín - le dijo jackie al nene que se sentía mal - ¿Qué pachó?

Luego, esa misma tarde, le contaría a Jim:

- No entiendo qué mierda piensan los padres. Claro, el otro vio al amiguito mal y le ofrece un Rivotril. Está mal que le den eso, no tienen conciencia los nenes. Esto me pasa por aceptar una suplencia donde no me corresponde.

Puteaba tanto que Jim tuvo la sensación de estarse escuchando a sí mismo.

- A la postre, es un peligro porque en una de esas si el nene hubiera tomado le hacía algún efecto adverso.

Jackie hizo un gesto explosivo de "claaaaaro!". Horas antes de encontrarse en el living de su casa con Jimmy, que había prometido cocinar esta vez él, Jackie se encontraba en la oficina de la directora de primario, con el pastillero azul en sus manos.

- Jaqueline, sé que estás acostumbrada a manejarte con chicos adolescentes, pero esto es otra cosa. No podés quitarle al nene algo que le dieron los padres y que tiene que tomar.

- ¡Se lo saqué porque andaba ofreciendo! Y me pareció que debían saber que estas cosas andan circulando por acá. ¿La maestra de estos chicos sabe?

- Sí, sabe. Pero el tema es que si después el nene va a la madre y le dice que le sacamos el pastillero, tenemos lío nosotros. Eso está con receta seguramente, y si se lo dejan al nene es para que lo tome a la hora que le corresponde. Tu rol únicamente es que no ande convidando, en eso estamos de acuerdo.

Jackie miraba a la directora indignada. El quilombo que hacían los niños en el recreo le resultaba particularmente apabullante. Resulta que ahora ella estaba mal, que no tenía derecho a sacarle el pastillero al nene, que incluso había comprometido al colegio.

- Sencillamente cuando toque la campana, volvé al aula y devolvele al niño lo que es suyo. Y seguí con la clase, la maestra de ellos está volviendo el lunes.

- Ok. Pero es que nada más no lo puedo creer.

- Jaqueline, pensé que estabas más preparada para esto. Justamente te ofrecimos la suplencia porque vos tenés experiencia en primario.

Y desde el living Jackie revivía todo con una ira pocas veces vista. Aún no se le pasaba la bronca. Jim la escuchaba, estaba dolida, impactada.

- Me da lástima - decía-. El nene no tiene conciencia, cuando le falta eso se siente mal y no entiende por qué. Tiene siete años.

Jim abrazó a Jackie, que daba vueltas y no se podía sacar de la cabeza la imagen del nene nervioso aceptando una pastilla.

- Hey, tranquila.

- Mañana tengo que volver.

- Mañana... mirá, es una verdad que no podés hacer nada con esos padres, que si tienen a un hijo medicado, lamentablemente está fuera de tu jurisdicción eso.

- Dicen que tiene ADD. ADD es una deficiencia neuronal, física, no tiene que ver con que el chico sea nervioso e hiperactivo. Eso se trata con un psicólogo, no mandandole ansiolíticos. Yo trato con chicos de secundario, no de primario.

Jim seguía abrazando a Jackie, que seguía hablando entre la bronca y la tristeza. La invitó a sentarse, pero ella no le hizo caso.

- Te quedaste realmente mal... ¿Preferís que salgamos un rato?

- No no, es que no me puedo sacar la imagen de la cabeza. Y a la gorda pelotuda diciéndome "pensé que estabas preparada para esto". Estúpida.

Jim no sabía mucho qué hacer, pues es bastante incompetente para reconfortar a alguien. Se sentarón en el sillón negro del living, Jackie apoyaba su cabeza sobre el hombro de él, que la acariciaba.

- Estúpidos...

- En estos momentos son los que consulto a Rolland. Él sabe de todo sobre este tipo de cuestiones, se sabe las interacciones de las sustancias con el cuerpo. Es un groso.

Llamé a Rolland.

- ¡Bro! ¿Qué onda?

Un breve catchup hicimos, hata que llegué al dofón de mi consulta:

- Escuchame, ¿me explicás bien qué es el Rivotril?

- ¿Te dieron eso?

- No pelotudo, consulto porque es lo están dando a un alumno de Jackie.

- A la pelotita in the sky with diamonds*. Bueno, ese pibe no va a tener higado cuando sea grande, porque ese tipo de droga es muy pesada. Bah, depende de cuántos miligramos le hayan indicado, pero genera dependencia. Está contraindicada para hepáticos de hecho.

- Ajá.

- La droga se llama Clonazepam. Tiene un período de acción de hasta 30 o 40 horas. Es una Benzodiazepina.

- Joya, el pibe vive drogado.

- ¿En serio le indicaron eso? ¿Qué desorden tiene?

- Yo qué sé, Rolland. No es mi alumno. Jackie tampoco sabe, el psiquiatra o a lo que sea que el pibe va, le indicó eso.

- Bueno, mirá: la gente que consume benzodiazepina tiene más tendencia a cometer crímenes y no encontrar trabajo.

- ¿Qué?

- Eso. Justo vengo de dar final de bioestadística, así que estoy filoso. Está estadísticamente comprobado que la gente que consume ese tipo de psicoactivos tiene tendencia a eso, a afanar y ser desempleado. Es como una figura del "doesn´t fit". Porque el tema es que en algunos pacientes tiene reacciones adversas.

Jim decidió no contarle esto a Jackie.

- Es de la misma familia que tomaste vos para volar. El Alplax y el Rivotril son ambos benzodiazepina, pero el primero es de acción inmediata y no dura tanto. Che, hablando del tema, encontré el otro díia un libro que quizás te interese: La Argentina Ansiolítica.

Busqué la contratapa en internet:
HISTORIAS COTIDIANAS SOBRE LA MEDICALIZACIÓN DE LA VIDA Un hombre que llega a la guardia de una clínica con síntomas de ataque de pánico, una abuela que discute con el cura de la iglesia sobre su necesidad de visitar a un psiquiatra, un ejecutivo que odia las pastillas y prefiere el diván, una mujer fóbica a los aviones que nunca viaja sin su pastilla "mágica" o una chica que logró terminar su carrera con la ayuda de ansiolíticos son algunos de los personajes anónimos que transitan las páginas de este libro.

- Barthes: andate a la mierda - le dije luego de buscar-. La puta madre me agregaste un libro que leer. Pero con los aviones algo esporádico, che.

- Che, pará, ahora que estamos en esto de contraprestación de conocimiento, ¿qué mierda es un troyano?

- Un tipo que nació en Troya.

- No forro, en serio.

- ¿Por los virus troyanos lo decís?

- Claro claro. ¿Estás lento hoy? Te gusta hacerte el salame.

- Bueno, ¿conocés la historia del caballo de Troya, no? Se supone que un troyano, en términos de malware, era un programa que traía algo escondido cuando lo bajabas. Te lo bajas pensando que es una cosa, pero en verdad es otra, te caga. Aparecieron a mediados de los noventa - explicó Bentham tratando de lucir un saber enciclopédico que en verdad envidiaba de Barthes -, y ahora los usan para hackear máquinas, ya que pueden generar una brecha de ingreso para otras computadoras. Un "security breach".

- Ajá, muy lindo todo. ¿Me está espiando la CIA?

- No creo. Seguro debe ser uno de esos que te baja algún soft malisioso. No hagas nada de home banking por las dudas.

- ¿Cómo mierda lo saco?

- Antivirus y un combo mágico de programitas, che. Debe haber sido algún ejecutable que bajaste. Eso te pasa por bajar discos piratas.

- Pará tarado. Creo que me lo pegaron por el msn.

Bentham prometió llamar al día siguiente con instrucciones específicas de cómo miércoles sacar esa porquería.

- Hey - volvió Bentham a Rousseau -. ¿Cómo le va, profe?

Ella no contestó. Puso una sonrisa triste y abrazó a Jim, que se sentaba nuevamente junto a ella en el sillón.

- ¿Qué dijo Rolland?

- Que es un ansiolitico. Y bueno, se sorprendió de que a tan corta edad un chico lo esté tomando. Y estaba preocupado porque tiene la máquina llena de virus.

Jackie abrazó más a Bentham. Él simplemente le habló de que quería ir a ver La Omision de la Familia Coleman, que le encantaría que fuera. Habló como si recién se conocieran:

- Mirá, yo no sé si venís seguido por acá. Sos muy linda, seguro tenés novio. Pero no lo veo por acá, así que me gustaría invitarte, si no es demasiado atrevimiento, a una salida entre nosotros dos para que conozcamos nuestras personas personales.

- Tonto - Jackie se rió.

- Yo sé que en una de esas te resulta un poco raro que un tipo como yo se fije en vos, y que seguro que salís con Luciano Martinez o Mariano Castro, pero si tenés un finde libre yo te ofrezco de vernos un rato.

Jim levantaba la ceja mientras le hablaba, cosa que a Jackie le hacía reir aún más. Pero con ese pequeño gesto gilastrún fue calmando su malestar.

* : "In the sky with diamonds" es una expresión que que Bentham agrega para denotar gravedad, que parece haber quedado instaurada. Por ej: "se fue a la mierda in the sky with diamonds", "estamos en las últimas in the sky with diamonds", "la mandé a la mierda in the sky with diamonds".

Amigos así

lunes, 14 de junio de 2010

[Y que conste que no me siento plenamente glorioso al respecto.]

Cuando entramos al bar de Pepe, estaba semi vacío. ¿Qué mierda hago un martes a la noche en provincia? Simple: "Nos juntamos a tomar algo por ahí con los pibes. Hace mucho que no. Venite". Y será porque yo mismo me doy cuenta de mi borradés que lo tomo como un mandato y me presento, y espero a que vengan, y llegan y entramos. Y el bar de Pepe está semi vacío.

- Pero mirá que se respira lindo acá - dijo Deleuze llenándose los pulmones de humo de cigarrillo-. Extraño esto, cuando veníamos acá y nos sentábamos a tomar y charlar de la vida.

Bataille no lo escuchaba. Encaró directo para la barra del fondo e increpó al mozo a que trajera una Stella. Eso no me gusta de Pepe: sólo tiene Stella y boludeces.

- Bueno, dejá de quejarte siempre porque no tienen Heineken - me reprochó Deleuze sentándose-. Esto es una salida de hombres, sencilla, sin problemas ni preocupaciones. Y quizás entre algún grupo de damas.

Lo dudo: son las diez de la noche de un martes.

- Es que la Stella sabe a los mil demonios ahora. Yo me quedo con una Bock. ¡Bataille! ¡Pedite una Quilmes Bock para mi por favor!

Ni bola que me dio Jorge, tuve que levantarme a pedirle yo al mozo que trajera algo medianamente copado. Cuando volví a la mesa Bataille discutía sobre los Beatles:

- Yesterday es épico, la verdad. Help! debe ser el mejor disco de los Beatles, es impresionante.

- Los Beatles no tienen mejor disco - contesté-. Son todos sencillamente sublimes.

- Es cierto en verdad.

- Pfff, I would marry rock n roll if I could....

Gilles lucía una sonrisa de oreja a oreja, mientras Barthes se dedicaba más que nada a escuchar nuestros halagos a los cuatro fantásticos porque él sabe más bien poco de música.

- A todo esto - dijo Roland -, ¿por qué me consultabas sobre dolores punzantes en el brazo la otra noche?

- Nada - contesté -. Me pegaron un golpe en un inicio de altercado en una fiesta y precisaba saber si me habían hecho algo malo y tenía que ir a la guardia. Nada grave igual, como veras.

Hacía rato que no nos juntábamos todos juntos. Y fue Barthes el que disparó primero:

- Gilles, finalmente lograste una salida sin tu mujer.

- Lo sé. Es que se hace difícil, ella es bastante apegada. El otro día me llamó para consultarme sobre una remerita que se querái comprar, a ver si me gustaba. Me reclama. Me tengo que separar.

Deleuze se opaca al hablar de Clarisa, como si estuviera contándonos de su gran carga, de un gran peso. Pero siempre están ahí, juntos.

- Gilles - dije -, pareciera que estás con ella simplemente para no estar solo.

- No, nada que ver -contestó en un claro gesto defensivo-. Yo digo eso pero no, estoy bien con ella.

Escuchar un "me quiero separar" cada vez que veo a Deleuze me llevó no creerle. De tratarse de un chiste, nadie lo repetiría tantas veces, pues es demasiado malo.

- Simplemente deberías emanciparte más de ella - dijo Rolland.

- Todo bien con Clarisa, pero a veces queremos estar por nuestra cuenta -acotó Bataille-. Sobre todo porque a ella no le gusta que yo hable de Susana, a ver si le anda contando cosas. Quiero libertad che.

- Bue bue, si para ustedes es difícil, imaginensé para mi. Yo estoy con ella y me doy cuenta de esas cosas.

Gilles comenzaba a enojarse. La conversación lo incomodaba, pero nosotros tres habíamos improvisado un acuerdo tácito de tratar el tema.

- Hasta cuando aparecen las amigas, merodea por donde andamos nosotros -prosiguió Roland dejando su chop sobre la mesa-. El viernes Bentham hace unos tacos en la casa, pero nada de cueros.

- Bueno muchachos, no sé qué haré. ¿ok? Ustede andan libres por ahí y me meten presión.

- Libertad - dije-. No te decimos que la libertad sea pasársela de joda. Sino que notamos que te quejás mucho de Clarisa, tus gestos te delatan, tu vos, ahora mismo no querés hablar demasiado de ella. Porque se supone que ahora saliste con los pibes y es tu oasis de libertad. Pero no, así no funciona Gilles.

- Lo que digo no lo digo en serio. Son cosas que uno dice. Lo que pasa es que vos como estás ahora con Jackie resulta que tu relación es nueva, pero ya vas a querer mandarla a la mierda. Uno se cansa che, hace años que estoy con Clarisa, uno tiene ganas de renovarse.

Lapidario.

- Bueno, más allá de si tenés razón o no, decimos que te ves un poco agobiado - dijo Bataille.

Definitivamente Gilles estaba agobiado. Uno de sus últimos refugios, nosotros, estaba en su contra. Barthes dio un discurso sobre lo que es una relación funcional y lo que no:

- Tienen que tener su espacio compartido, claro. Pero también poder andar cada uno por su cuenta. A vos lo que te pasa es que estás ahogado, que están toooooodo el tiempo juntos. Y eso no va a llevar a ningún lado. Esa dependencia es aniquiladora. No es que tenga nada contra el amor, ojo, sino que sencillamente precisamos los seres humanos cierta libertad.

Resulta que la libertad es cuando uno está solo. Resulta que todo es la degradación. Ponty seguro coincidiría conmigo, que el solipsismo es más de lo mismo, que la libertad no se trata de impunidad sino de fluir, encontrarle lo lindo al accidente, de involucrarse en...

- Increible. Logro salirme un rato de casa solo, y ustedes me vienen con esta - exclamó Deleuze-. Rolland, no me des sermones porque no sos el indicado: bien que cuando una te gusta de volvés un pollerudo hasta la pelotudés máxima. Y vos Jorge, bien sencillo es lo tuyo: nunca anduviste de novio por lo tanto no sabés. Y el dia que te agarres a una vas a ver como no la querés soltar. Y Jimmy, ¿te parece a vos? Sos más inestable que el plutonio, ya te lo dijeron todas, Bella, Male, Justine. ¡Hasta Jackie! No te bancás que nada dure demasiado.

La cosa se había puesto cruda. Mirábamos a Gilles cabreado, pensamos que algún vaso iba a volar por los aires. Por las dudas agarré mi chop.

- Muchachos, son unos boludos. Todos tenemos nuestras crisis che, pero no me esperaba que no me banquen, que no banquen a Clari, que me vengan con charlitas y "que no te vemos bien".

- Vos mismo decís que te querés escapar - dije.

- Recreos, dispersión, un poco de televisión desinteresada o un buen libro de ciencia ficción. Eso. No estar siempre en el mismo lugar, tomándome las cosas en serio. Me conocés, deberías saberlo. Pero más allá de eso a Clari la quiero yo.

- Y por eso le bajás la caña a la otra, perfectamente coherente - dijo Rolland.

- Pará que eso lo festejo, che - intervino Bataille-. Está buena.

Me sentía una especie de consultor moralista, que intentaba evangelizar a un playboy devenido en marido insatisfecho.

- Rolland, flor de pelotudo. Con la otra tengo una relación meramente sexual, nada más. Es una forma de salirme de la rutina, si así lo querés, soy joven, soy humano che.

- Y en crisis - dije.

Disparó contra mi como si fuera su archienemigo:

- Que vos te hayas sentido asfixiado por Bella en su momento es asunto tuyo. Vos estabas mal, estás trasladando lo que te pasó hacia mi persona, pero no.

Recordé efectivamente eso. Al verlo a Gilles ahora sentí un alivio. Él no tenía la valentía de decirle a Clarisa que no la quería más, o de quedarse solo. Había una línea entre él y yo: frente a mi vi el miedo que alguna vez tuve, estaba ese tipo que apostaba por la continuidad hasta la terquedad ridícula. Frente a él, estaba el tipo que teme a lo continuo, que se retuerce a cada momento para no ser igual y siempre termina en lo mismo.

- Y vos decís que la tengo que dejar. ¿Y entonces? La puta... - se levantó Gilles y salió.

- ¿No es para tanto? - preguntó Bataille.

- Quizás no fueron del todo felices tus palabras - me dijo Rolland -. Pero tenés razón, tiene miedo de quedarse solo. Es raro, justo él.

- Cuatro años saliendo - dijo Bataille-. La mierda. Se puso sensible me parece.

.Call girl

martes, 13 de abril de 2010

I
Justo estabamos tomando algo previamente a la cena con la señorita Rousseau, cuando sonó su celular.

- Ap. Hola, ¿qué tal?

Intenté desentenderme de la conversación mirando a mi alrededor. Últimamente estoy muy mexicanizado, pues siempre termino probando algún taco picante, pero todos los caminos conducen al mejor, Cielito Lindo.

- Nada. Un pibe que me anda llamando. Ya le di a entender que no quiero nada con él pero está medio cargoso.

¿Así nomás me lo decís? Claro, una chica como Jackie reune tres cualidades, enumeradas en su momento por Barthes: "Es linda, carismática e inteligente. Por eso todos le quieren dar." Yo venía pensando en lo difícil que era ese terreno de salir con una chica solicitada, que juega entre que sabe y que no lo sabe, inocente de casi treinta que no puede obviar ciertas cosas pero se hace...

Y me comentó brevemente que el pibe le mandaba mensajes cinco veces al día. Lo que hizo que me sintiera un poco desdichado, porque yo paso días sin hablarle de repente.

- Pero no te preocupes, salamín - dijo Jackie robándome mi calificativo de uso predilecto -. Por otro lado no puedo creer cómo no te estás muriendo al comer todo eso.

Como aún no traían los tacos, comencé a probar la salsa directo con la cuchara. Jackie no quería saber nada, pero yo lo degustaba agradablemente.

- Jorge dice que no tengo corazón. Una vez intentaron matarme mediante salsa picante. Fracasaron, y algunos terminaron tomando agua directo de las canillas del lavadero.

- Puf, pero qué... idea tan copada, tratar de intoxicarte con picante.

Sonó nuevamente el celular de Jackie, con un mensaje. Era otra vez el sujeto en cuestión.

II
- Jackie me hace acordar a esa película con Cameron Diaz y Ben Stiller...

- Something about Mary - asentí-. Eso parece. Es como una especie de anomalía bastante razonable, ¿no? Encima no es que ella le tire onda a todo el mundo, sino que es carismática de una forma un tanto torpe, por decirlo de alguna manera.

- Tiene más amigos en Facebook que Mark Zuckerberg.

Me causaba gracia la contradicción de una chica tan popular en la red, que fuera antitecnológica.

- Igual ni lo usa. De hecho le tengo que enseñar a bajar música porque no sabe - contesté riendo-. Es charming cuando me viene a pedir ayuda.

- Por lo que parece, debe tener todo un cuerpo técnico a disposición. "Fijate" - dijo haciendo énfasis en las comillas despiadadamente.

- Callate gil.

IV
- ¿Otra vez?

- Sí, sí. No sé qué le pasa hoy, me habló de un recital y no sé qué, de ir con unos amigos en común porque consigue entradas baratas.

Justo llegaron los tacos. Intenté dispersarme. Entonces sonó mi celular, era Antonella: "Iujuuu, ¿cómo va tu cita, Jimmy?" Y yo para qué le conté...

- Bueno a vos también te suena el celular - acotó Jackie risueña. Yo no entendía de qué-. ¿Quién es?

Pensé: Le digo o no le digo, le doy a entender que estoy con otra o le explico que entre la señorita Chejov y yo no pasa naranja. No la conozco lo suficiente, pero no me gusta andar ocultando. Tardé demasiado en responder como para poder ser ambiguo, así que simplemente:

- Una amiga que me pregunta cómo me está yendo contigo.

-Ah bueno, ¿tengo a un board de consultoría analizando la cuestión? - dijo ella mientras comía una enchilada de pollo que no tenía nada de picante y a mi me hubiera resultado totalmente sin sabor.

- De ninguna manera, solo lo hace para molestar un rato. Se aburre...

- Ajáaa - dijo ella mientras le soba el celular ooootra vez.

Lo miró. apretó una teclita y lo dejó ahí nomás.

- ¿Estás en contra de la conectividad perpetua por este tipo de asuntos vos? ¿Y por qué usas dos Messengers? ¿Tenés una doble vida? Quizás después te vas con tu esposa y tenés hijos y llevás una vida paralela donde se van de vacaciones a Mar del Plata o Miami o esas cosas.

Reí. Evidentemente esta chica tiene la capacidad de restarle gravedad a los asuntos, esa forma de volverse dibujito animado. Me trajeron más salsa, porque me había terminado la mía.

Antes de que la dejara a ella en su casa, como a las tres de la mañana, sonó nuevamente su celular.

- A bue, me pregunta si necesita que me lleve a casa, que él ya está volviendo.

V
- ¡La competencia puede ser feroz, Bentham! - dijo Barthes alarmándose mientras corría en círculos en mi living.

- Pará pará con la paranoia. Nadie compite acá, y ella no es un trofeo ni nada che - dije para sentirme progre-. Y sí, es solicitada, ¿so? No tiene pinta de andarse de trampa.

- Puf, si Gilles te escuchara. Diría que no conocés a las mujeres, que aunque te creas que son inocentonas te cagan, que utilizan su carita de tristes para sacarte cosas y que te manipulan con los regalos más inesperados.

Aún así me invadió la idea de que era sólo cuestión de tiempo de que yo me demostrara un tanto aburrido y ella se interesara en cualquier otro. Pues el tema era que lo suyo era un carisma continúo, imparable, que daba vueltas y vueltas. There´s something about Jackie.

- Yo decir que nunca pegué demasiada onda, pero está para darle. Y pensá que yo soy un tipo de códigos, hay otros lobos por ahí que sólo te querrán quitar del medio.

- Ok ok, got it. Dejalo ya, will ya?

Operativos

martes, 2 de marzo de 2010

Un tanto desorientado, Barthes intentaba explicarse cómo había terminado una muchacha ebria a sus pies, rodeada de pasto vomitado. La chica se encontraba inconsciente, farfullando cosas. Él quería hacerla reaccionar, pero no lograba respuesta. Su pulso estaba intacto, un poco acelerado a su parecer.

- ¿Rusa? ¿Rusa? - decía.

Nada. Todo parecía genial, estaba en cualquier parte del parque y tenía que arrastrar a esa piba hasta la casa. Desde lejos se veían las luces, se escuchaban gritos y Bataille corría al rededor, tirando chicas a la pileta y acusando a Bentham de traidor.

- Aunque sean más, si trabajamos en equipo las podemos tirar a todas - decía Jorge interesado en el asunto de mujeres mojadas.

- Definitivamente, pero tenemos que armar un perímetro cerca de la puerta del baño - explicaba Bentham mientras dibijaba en el aire el display-. De esta forma podemos cortar su paso al living, y ahí creo que un 50% de las asistentes terminará en la pileta. Luego creo que es altamente probable que de ese 50% podamos reclutar a algunas para arrojar a las otras a la pileta.

- El gran problema es extraer a las del living, que no quieren salir.

El principal objetivo de Jim y Jorge eran Rose Luxemburgo y Antonella Chejov, quienes habían hecho del living de la casa su bunker. Deleuze se encontraba en el living, pero más que un infiltrado, se ocupaba de otra cosa:

- ... llegué hace poco Brasil. No me canso de vacacionar allí, es un paraiso. Estoy considerando seriamente irme a vivir allí -le explicaba Gilles a una desconocida.

No tardó en convencerla. Luego la muchacha le señaló a Bataille que claramente desbordaba la operación indicada por bentham, todo para tirarse al agua con una chica vestida de rojo.

- ¡El celular! -gritó la chica de rojo, recién ingresada a la pileta.

Gilles se reía, por primera vez quizás apreciaba el paisaje de quilombo desde la distancia, a través de la ventana del living. ¿Y esa paz para no participar de dónde salía? Se quedó charlando con la chica. Un tal pablo preguntaba por su novia, que hacía rato que no la veía. ¿Dónde está Marín? Nadie sabía. El pibe buscaba en el área de la pileta, pero ninguna de las chicas empapadas era su novia.

- Che, creo que vi a la Rusa irse con Barthes para el bosque - dijo Antonella-. ¿Qué onda?

- Onda que quizás a Pablo no le guste demasiado eso ... - contestó Rose.

A lo lejos Barthes había logrado que la Rusa caminara, con gran ayuda de él claro.

- Rusa... ahora te vamos a dejar en el sofá, o quizás hasta te consiga una cama. Seguro tienen una cama. Habrá que conseguir que el escuadrón chapuzón no te tire a la pileta, pero a penas nos vean iniciaré acciones diplomáticas con Bataille y Bentham para que nos dejen secos en paz.

- mm arrdf - dijo la Rusa.

Arrastrar a esa piba era realmente un suplicio. De vez en cuando escupía algo de vómito y le quedaba un hilo de baba colgando. Barthes pensaba que seguro tenía algún pedazo de daikiri de durazno en la ropa, producto de las expulsiones de la chica.

Pablo desde que había llegado que no daba con su chica Marin, la Rusa. Jim y Jorge habían optado por dejar en paz al sujeto y no solicitar su ayuda.

- Tiene cara de ortiva - dijo Jim.

Cuando Barthes llegó al área más iluminada del parque, se dibujó una silueta de guerra: un soldado que llevaba a otro herido a cuestas. "Restatando al soldado Rusa", o algo así. Fue ahí cuando Antonella divisó a los combatientes que se aproximaban.

- Habría que iniciar un operativo de entrar a la Rusa a la casa sin que Pablo haga escándalo, lo que probablemente implique que no vea a su novia ebria en los brazos de Barthes.

Rose observó.

- Pero si salimos nos van a querer tirar. Y no están abiertos al diálogo.

- Sí sí - dijo Antonella-. Jim me escucha a mi, ahora vas a ver.

Antonella se asomó por la puerta al jardín, donde estaba operando el escuadrón chapuzón. Llamó la atención de Bentham, que se acercó pero inmediatamente tomó a Antonella del brazo para llevársela. Ella resistía, tomándose del marco de la puerta. "Pará boludo no".

Bentham logró llevarse a Antonella, justo cuando esta puteaba y cuando escuchó otro insulto detrás suyo. Fue ese el momento en que Pablo corría hacia Barthes y la Rusa.

- ¿Qué pasó? - preguntó Bentham.

- Que tenemos que ir a ver que Barthes esté bien, porque apareció el novio de la Rusa y tememos que se arme - dijo Antonella-.

- ¿La Rusa tiene novio? Puf pobre pibe...

Bentham dejó a Antonella para ver qué onda con los soldados.

- Te dije que me escuches, pero estabas demasiado ocupado tratando de tirarme al agua - dijo Antonella.

Jim ni contestó.

Pablo empujó a Barthes, le preguntó qué hacía con su novia. La Rusa simplemente se sentó, porque evidentemente caminar le había dado vértigo. Roland intentaba explicar: Fui al bosque a buscar el celular al auto y la encontré vomitándose la vida. Pero su explicación no lograba sonar a "no me trinqué a tu novia". Ciertamente la Rusa había estado con alquien, pero no era Barthes.

- Pendeja ebria - decía Deleuze mientras observaba la acción desde el living-. Parece que se arma. Ni me dijo que tenía novio.

Dejó a la muchacha en el living para concurrir a la escena del jardín. Bataille se dio cuenta de la situación recién cuando vio a Gilles salir rápidamente de la casa.

- Mirá, no pasó nada. Simplemente se agarró un pedo padre - intervino Bentham.

- Ee, ¿y a vos quién carajo te llamó? -dijo uno de los tres amigos de Pablo.

- Pará de apurar vos - decía Antonella que lo último que quería era trompadas-. Es así, la Rusa estuvo tomando desde temprano y se bajó no sé cuántos daikiris y vodkas.

Pablo empujó a Barthes, que parecía inmutable. No había chances de una pelea salvo que se pusieran necios Pablo y sus amigos. Una intervención de la Rusa hubiera sido ideal, pero se encontraba ocupada vomitando más aún.

- Pablo, simplemente llevátela -decía Antonella-. Mirala está para atrás. Te importa más cagarte a trompadas que otra cosa.

- ¿Qué pasa? - dijo Gilles llegando. Atrás de él venía Bataille.

Se pronosticaba gresca, pero Antonella estaba decidida a que nada ocurriera. Desconfiaba de Deleuze sobre todo, y no quería que a Bentham se le saltara un tornillo.

- Mirá - dijo Jim -, mi amigo te dice la verdad. Si hubieran estado haciendo algo él la deja ahí tirada, pero la estaba trayendo.

Bentham pensaba que ayudaba a distender pero nada que ver. Antonella deseaba que todos se callaran y la dejaran a ella llegar a una solución pacífica. Pablo miraba rabioso, Barthes mantenía su cordura. Bataille observaba la situación sin emitir palabra.

- Con él no estuve... - farfulló la Rusa.

Deleuze tragó saliva. Lo que allí pasara dependía de lo que la piba esa dijera.

- Estuve con él - y señaló por error a Bentham.

Pablo miraba con ira. Esto iba a ponerse feo. Deleuze pensaba que era mejor apartarse y no participar, no fuera cosa que la Rusa corrigiera lo que dijo. Entonces Antonella reaccionó rápído:

- No, él estaba en la pileta, lo viste llegar. Además él está conmigo.

Ahí nomás Antonella le dio un beso a Bentham.

Rose se rio por lo bajo. Barthes miró la tremenda jugada perpetrada por la señorita Chejov. Parecía que con bronca y todo, Pablo aceptaba que sin importar la calidad de relación que hubiuera entre Antonella y Jim, él no podía haber estado con la Rusa.

- ¿Entonces con quién? - preguntó Pablo.

- Ni idea - acotó Rose-. Vaya a saber, hay bastante gente. Algunos ya se fueron.

Jim miraba de reojo a Antonella, y se sorprendía de su docilidad y capacidad para seguir tal improvisación.

- ¿Podemos llevarnos a la Rusa? Que se acueste - dijo Bentham.

Deleuze miraba más apartado. No quería ausentarse pero tampoco llamar la atención. Se escudaba en Bataille y Barthes, que permanecían mudos.

Pablo y un amigo suyo llevaron a lo que quedaba de la Rusa hacia la casa, para recostarla. Ni bien entraron, Antonella dispuso que sacaran a Deleuze del area. Bataille deploró no poder continuar con su operativo, pues aún había como unas ocho chicas sin arrojar a la pileta.

- Qué organizativa que estás - le dijo Jim a Anto.

- Puf, ni que lo digas. Me siento una estratega. A todo esto, perdón pero tenía que inventar la excusa y eras perfecto. Era el elemento para salir del embrollo.

- No problem. La razón nos da los elementos para la creación, con la condición de que los usemos en contra de ella - contestó Bentham.

- Good quote. Who´s?

- Mía. Claramente organizaste elementos discretos, pero para verdaderamente salir de los embrollos, hace falta algún tipo de atentado como el tuyo. Admirable.

Antonella sonrió, mientras Bataille, Rose y Deleuze se retiraban. Ella partió con Barthes y Bentham media hora después, antes de que Pablo comenzara las indagatorias.

- Ahora, fijate cómo Barthes, sin hacer nada más que ir a buscar un celular, creo todo esto - observó Jim-. A todo esto Deleuze tiene que contar cómo mierda hizo.

- Yo qué mierda sabía que la pendeja esa era tal generadora de quilombos - se quejó Roland mientras miraba por la ventanilla del auto.

Estereo(tipos)

jueves, 25 de febrero de 2010

In the play there should be five stereotyped characters:

- A rationalist, can´t really understand anything in this world: Jim Bentham
- An anarquist, a terrorist against structures and discipline: George Bataille
- A romantic, married to his utopic feelings about love & life: Guy Debord
- A seducer, always ready to enjoy creation and improvisation: Gilles Deleuze
- The Doctor, an institution, ready to conquer the world in the name of science: Roland Barthes

Videoteque

domingo, 7 de febrero de 2010

Me vi obligado (por razones ficticias) a asociar un video (canción en verdad) a cada personaje (o lo que sean). Digamos (escribamos) que serían una especie (suerte de) indicador del carácter (o delineamiento), y que no pretenden explicar nada (jamás lo hago, ¿verdad?). Aquí van:

Jim Bentham:
Kashmir - Graceland


Rose Luxemburg:
The Beatles - Can´t buy me love


Rolando Barthes:
Blur - Country house


Antonella Chejov:
Miss world - Hole


Male Ponty:
In circles - Sunny Day Real Estate


Jorge Bataille:
Lord don´t slow me down - Oasis


Bella:
Run baby run - Garbage


Gilles Deleuze:
Aeroplane - Red Hot Chili Peppers


Algo así. Las canciones serían otras de atenernos a Jana, Orlando, Felipe, Zunny, Luna, Valerie, etc etc etc.

Aprender a volar

domingo, 31 de enero de 2010

I
- What?

- ¿Qué esperabas? ¿Que un frenético como yo se quedara tranquilo a bordo de una cosa que pesa toneladas y que le dicen que es capaz de cruzar el Atlántico? ¡Pamplinas viejo!

Fue en ese momento que caí en cuenta de lo serio que era el problema de Bentham con respecto a los aviones. Fue tambien el momento en que pensé que realmente le tenía que gustar Bélgica como para someterse a algo que no le gustaba, eso de volar.

- Tranca viejo. Mira el nivel de tecnología que tienen, aparatos para todo, altura velocidad presión latitud... y creo que te traen una cerveza con la cena - dije.

- Igual no te preocupes, querido Barthes. A esta altura ya no me importa. Mirá que grandes son esos che.

Azí ez Ezeiza. Como relataba Tomás Eloy Martínez en La novela de Perón, un general zesoso hablaba capicúa: Azi ez e ze iza. Perfecto. Habíamos vagado por el freeshop en busca de candados, pero cuando vimos que el más barato salía treinta dólares decidimos que los que teníamos estaban ok.

El espacio de tránsito en los aeropuertos equivale a un no lugar. Es decir, es mero tránsito y espera, para esfumarse a otro lado, ni siquiera para quedarse en la tierra. Luego del sanguche de milanesa más caro de la historia, decidí retar a Bentham a la escoba de quince, para que se distrajera. En pocos minutos estaríamos a bordo del avión y camino a el aeropuerto de Frankfurt, Rhein-Main.

II
- ¿Cómo estás? - dijo Day.

- Tranquilo, anestesiado. Esa chica la está pasando mal. Me molesta cómo se sacuden estos aparatos, la verdad es que a uno le cuesta admitir que esto pueda sostenerse y prescindir del suelo.

Daytona trataba de soportar a Allen, le tomaba la mano, lo miraba. Pero Allen quería estar completamente tranquilo y existir aparte del mundo, sobre todo de ese maldito avión. Veía la ruta que iban a hacer: bordear la costa de Brasil, hasta que en un punto era oceano adentro por mucho tiempo, hasta la península.

- Y ahí llegamos a Barajas - dijo para sí mismo Allen.

Day lo miró y pensó que sería mejor que intentara dormir.

- De ahí otro avioncito más chiquito a Schiphol, que debe ser un aeropuerto hermoso y sumamente mantenido porque los holandeses son gente muy copada.

Day sonrió.

- Y seguro que ahí todos hablan raro. Quiero estar en un lugar donde no entienda lo que pasa alrededor.

- No te preocupes no vamos a entender nada. Confío en vos para comunicarte en inglés con la gente. Vos sólo tenés que conseguirme un molino, quiero ver uno al menos.

III
El alravoz: Experimentaremos algunas turbulencias por la noche.

- Pero por qué no se van a la mierda...

- Calma Jim, calma. Ya sobrevolaste el oceano, quedate tranqui. El capitán parecía un tipo serio, de esos tipos que cuelgan un cuadro de Picasso en su living y tienen dos nenas chiquitas y quilomberas, toman un vacito de tinto a la noche porque hace bien al corazón, mientras escuchan Fm Aspen.

Cuentitos para las fiestas

miércoles, 30 de diciembre de 2009

I
Entonces Barthes decidió que era el momento, y mientras todos estaban sentados cenando entre cervezas y el fin de la cursada, le dijo a Xara que lo acompañara afuera a fumarse un pucho. Y cómo explicarle que él quería estar con ella y la idea de que ella se fuera todo el verano lo atormentaba, que al menos tenía que decirle que él la quería.

Rememoró una conversación la noche anterior:

- Diría que no te valgas de palabras, sino que utilices tus manos -dijo Bentham.

- ¿Cómo? No puedo tirármele así - replicó Barthes.

- No, no viejo. No así no. Mirá, es simplemente un poco de "mimo undercover". Charlan, le tomás la mano, ves si se queda. Sutil, nada de abrazarla, por lo menos inicialmente. Yo qué sé, improvisá. Pero no te vayas a la mierda boludo.

Una serie de observaciones que hacían la escena más pesada: Xara tenía novio. "Pero no está todo bien parece", había explicado Barthes. "Pero aún así no me parece che", había contestado Bentham. Y Xara estaba ahí, con él. Y el resto adentro, riendo y tomando y comiendo y charlando y riendo. Ellos eran dos externos a eso ahora, dos deportados. Y ella le apoyaba su cabeza sobre el hombro, porque estaba cansada.

Cuando Barthes besó a Xara fue lento pero intenso. Y ella lo miró a los ojos. "¿Tenías que esperar a que esté de novia para esto?". (muac!) Qué respuesta, viejo. Lo de las manos era cierto parecía, eso del lenguaje corporal. ¿De dónde sacaría (Muac!) Jim ese tipo de ideas? Pero tuvo razón en que de haberle dicho algo tan estúpido como "mirá me gustás" (muac!), hubiera... sobana tremendamente pelotudo.

Y la conversación tres días después:

- ¿So?

- Nada. Una boluda.

- Era una de las posibilidades - contestó Bentham que era más un acotador pesimista que un tipo que sabe-. Bah, tendrías que ver qué dice. Es muy reciente, vaya a saber que le está pasando por la cabeza.

- Na, ¿qué le importa? Se queda con el novio y total no pasó nada. Además no la voy a ver hasta vaya a saber cuándo, quizás hasta marzo.

- Hiciste lo que podías. Peor hubiera diso nunca decirle nada, ahora por lo menos te sacaste la duda: había onda. El tema es qué hacer con esa onda, claro...

II
... Y luego él la sacó a bailar, cosa que a ella le llamó la atención, pues no eran de salir a las pistas. La sorpresa fue que se lelvaban bastante bien, que después de tanto tiempo aún podían divertirse. Él se perdió en sus ojos un poco, mientras ella dejaba deslizar su mano entre los dedos, para dar la vuelta y volver a agarralo, para hacer una pirueta poco ensayada pero divertida, y para quedar tan cerca que no se acordaba ya de esa vista.

Entonces ella le dijo que no estaba tan mal, que no era tan malo como él decía. Y él le dijo que era más cuestión de quién acompañaba: "cuando uno lo disfruta, baila con ganas, en serio". Ella sonrió y él sonrió, y cuando arrancó otra canción ella gritó y se lo llevó del brazo más adentro de la pista. Estaban con todos y con nadie, eran parte de un todo desapercibido.

Cuando dos cuerpos están sincronizados, son uno solo, como dos partes que se reclaman y participan el uno del otro. Y swing. Y para abajo. Y vuelta nuevamente, pero no soltando sino quedando casi acostada (no me dejes caer) (no, no te dejaré caer), para volver, tomarlo desde la cintura. Nuevamente toda la vuelta para invertir las posiciones y quedar un tanto desorientados.

Ella pensó que finalmente estaban pasándola bien, que este era el primer silencio que compartían a gusto, pero esta forma de no hablarse le gustaba. Sólo era cuestión de que se dejaran ser un poco el uno al otro a su manera. Y otra vuelta, y extender los brazos para alejarse. Y al acercarse chocaron, como labios que se estrellan contra otros labios, más por culpa de él que por que ella lo quisiera. "No. Te equivocaste otra vez", le dijo ella. Se alejó observándolo, para luego huir de la pista.

III
- Es que no te puedo creer. ¿Qué se te pasa por la cabeza a vos? Ni siquiera estaba con él en serio.

- Se supone que eso me tiene que reconfortar - contestó Bataille enojado.

- Se supone que no me tenés que tirar nada, ni sólido ni líquido. Además no te comprendo, dijimos que estabamos bien como amigos. No te entiendo. Ni siquiera me dijiste alguna vez que yo te interesaba. Y por eso me hiciste pasar un papelón.

Bataille no podía mirar a los ojos a Susana. Sí, definitivamente era un pelotudo. Y en su pelotudés se había agarrado bronca, pero la había descargado no contra el culpable, sino contra la pobre Susana que con sus cosas, aún así era inocente.

- No sabía ni qué decirle a él. "Sí, mirá, mi amigo me tiene ganas y como aparecí con vos me tiró agua fría (¡¡fría!!) en la cabeza". Te juro que en este momento no te soporto, te odio, no puedo creer.

Bienvenido compa, es así: un día te volvés tan estúpido que te odian. Y claro, ¿vos viste lo que hiciste? Y Jorge rememoró cómo todo era una noche normal hasta que Susana había aparecido con él. Y Bentham se hubiera acordado de Bataille refugiado en la barra. Y Deleuze se hubiera acordado de cómo vio el cuerpo de Susana tomando una súbita ducha. Y Susana recordó su sorpresa-impotencia-vergüenza. Hubiera deseado no ser tan callada y tímida y poder decirle in situ a Bataille que era un hijo de puta.

IV
Rose Luxemburgo iba en el auto con su madre, que la llevaba hasta la estación. Rápido, pensó que no podía aplazar más la noticia y que realmente tenía que comenzar a blanquearlo. Ella, quién lo diría, una chica de veintitrés, una dama. Era insostenible, insoportable, desdichadamente condenada a confesar.

Y sabía que su madre sería un problema, mientras veía pasar los edificios de la avenida y la gente con paquetes y regalos y una sonrisa navideña. Y a Rose la carcomía la idea, no quería decirlo pero tenía que decirlo. Entonces llegaron a la estación, y el auto se detuvo:

- Má. Estoy saliendo con alguien -dijo mientras hacía ademán de abrir la puesta para bajarse.

- Ah, mirá vos. Me lo suponía.

- Tiene treinta y siete...

La madre de Rose golpeó el volante con disgusto.

- Por eso te vas todo el fin de semana.

Rose dijo "chau gracias beso" y se bajó rápido del auto. No quería volver a ver a su madre nunca más, o quizás hasta el domingo.

V
Deleuze se reía, a carcajadas tan desmedidas como la cantidad de alcohol que había tomado. Y estaba tan tan tan dado vuelta que decía que él esa noche era soltero. Al otro día era menos que probable que él le dijera algo por el estilo a su chica, en pleno almuerzo familiar. Pero en ese momento en ese sucucho lleno de gente, era así: él solo para todas.

Cuando Deleuze se subió a cantar "la rubia en el avión". Barthes lo escuchaba desafinar y se tapaba los oídos. Bentham lo alentó con toda la furia, un seubicado tenían que pedirle que se calle. Y Jorge Bataille tenía ganas de subir con el micrófono, pero de cagón nomás no fue.

No tardó demasiado el soltero Deleuze en ponerse a charlar con una morocha que bailaba al lado del parlante, Jorge Bataille se lanzó hacia la amiga mientras Bentham se aproximaba nuevamente a la barra. Y Bentham tiene la cabeza en cualquier parte, menos en la camarera esa que lo miraba. Deleuze se lo avisó a Jim.

- Mira para ver si necesitamos algo - replicó Jim.

Barthes andaba medio bajonzuelo, pero no era sólo cuestión de tiempo. Pobre, habló poco toda la noche. Deleuze le dijo a la morocha que la iba a llamar en la semana. Pero como estaba encontra de ser él el único que se iba con algo, cuando pagaron para irse, él entre risas anotó el número de teléfono de Jim en el billete, cuando le dejó la propina: "es de parte de él", señaló. A Bentham luego le cayó graciosa la explicación.

Es la última vez (en el año) que vamos a un cantobar.

Los kilómetros hasta allí

miércoles, 23 de diciembre de 2009

La emotividad es algo tan variable. Por momentos me doy cuenta que trato de reducirla a una serie de variables de análisis, como si hablaramos de kilómetros, kilos, megavatios, amperajes, megabites y minutos con años y segundos. En definitiva no se trata más que de metáforas.

El problema (nos) surgió cuando en un cumpleaños Susana Sontag acudió acompañada de su chico y eso a Jorge no le gustó ni medio. Le guardó rabia, más por lo no ocurrido que por lo ocurrido, y menos por él que por ella. Porque en una rápida inspección, empíricamente basada en un sólido intercambio de palabras, determinamos junto a Gilles que el muchacho de Susan era un tremendo pelotudo.

- Saca sus puros como si fueran... se jacta de fumar cubanos... no sé, como si quisiera sacar a relucir su...

- Status - completé la oración de Gilles.

Y Susana andaba como quería, bailaba sin siquiera saludar a Jorge, lo que era agravante para él. Nunca lo había visto ahí, refugiado continuamente en la barra con su speed con vodka, el cuarto de la noche. Y consideremos que era la una recién. Bataille se encontraba a kilómetros de Susan, pero la observaba como si fuera su real destino.

Unos cuantos metros más cerca de mí, ella decía:

- ... maestra de primario. Aunque me tomaré el año que viene para aprender masajes.

Recordé esa tremenda contractura de mi cuello y desee que alguien me ofreciera uno nuevo. Acomodé las vértebras, lo que debe haber hecho un tremendo ruido y le dio pie a Gilles para que retome la conversación con la señorita. No tardó dos minutos en aparecer Bella.

- Me olvidé de preguntarte cómo andás - dijo.

- Cuando nos saludamos, pero vos sabés que uno siempre contesta de compromiso. Bien, lidiando con la situación de mi madre. ¿Vos?

- Bien. Cambio de trabajo por suerte. Te vi un tanto ocupado con ella.

Sabía que iba a decir algo de eso. Era como si nuestra (ex) relación pesara unos cuantos kilos y de vez en cuando sintiera la necesidad de pasarme los costales. Aún así, me sentía neutralmente bien y no me importaba tanto lo que pudiera decir Bella, o lo que pudiera pensar. Total, ya estaba jugado. Ella me contó más de su nueva posición y yo le conté cómo seguía siendo el mismo tipo de siempre. Ella me insinuó que estaba con alguien y yo le insinué que me parecía bien.

Revisaba ocasionalmente qué era de Jorge: se encontraba casi escondido. Me hacía acordar a la época en que yo elucubraba mis plantes.

- Jimmy, sos un tipo malumoradamente adorable - me dijo Bella, en lo que fue casi un chispazo.

- Sos una chica extructuradamente encantadora - contesté, para no elevar los amperes.

Mientras, Gilles anotaba el número telefónico de la maestra. Extrañamente no la sacó a bailar. Repentinamente quise estar con Male. Repentinamente todo parecía tan neutral, nada importaba.

Susana se quedó sola, bailando, mientras su "novio" (o lo que sea) acudió a la barra. Yo creo que Bataille estaba esperando ese momento para proceder, pues los kilómetros fueron fulminados con una seguridad aplastante.

Ocurrió como un relámpago. Jorge se adueñó de un gran cubo de agua fría, y rápidamente se vació en la cabeza a Susana. De kilómetros a centímetros y de centímetros a litros. Y de litros a descomponerse en bites.

El espectáculo fue sublime, de una poética pocas veces vista. Hasta Jorge Bataille tiene un límite, señoras y señores. Hasta él, un tipo dedicado al éxtasis, encuentra su punto donde se mete tan adentro de las cosas que debe...

Tuvimos que improvisar el operativo de rescate. Susana no podía emitir sonido, no podía hablar, estaba anonadada. Probablemente su "amiguito" estuviera aprontándose a la localización, por lo que debíamos ejecutar rápidamente algo que impidiera trompadas/puteadas/etc. Ajustemos los cinturones, supongamos un kilometraje de escape, aumentemos las distancias para poder lidiar con este repentino incremento del peso de nuestras acciones.

- George - dije tomándolo del brazo-. Nos damos a la fuga.

Atendió a Susana ensopada y con frío, mientras Gilles y yo nos llevábamos a Bataille a algún otro lado que no fuera el lugar donde él había decidido vaciar ese cubo de agua fría. Escuchamos a Susana decir algo, probablemente un insulto dirigido a Jorge. Pero ya no le importaba a nadie, ni siquiera a él.

- Me voy me voy - decía Jorge.

El tipo estaba dolido. Los de seguridad por suerte ni habían pintado, y era evidente que Susana no quería armar tanto quilombo. Claro, ella es tan medida que ni cuando le corresponde arma lío. Por favor. Saludé Bella al pasar, que miraba consternada la escena. Barthes estaría hablando brevemente con el sujeto que salía con Susan, para explicarle por qué un chapuzón de agua fría era bueno en esta época del año. Me imagino algo así:

- Cuando hace tanto calor el cuerpo necesita limpiarse - decía Roland-. Muchos se piensan que sólo se logra con el vapor de las termas, pero el augua fría es rejuvenecedora de la piel.

Y toda una sarta de pamplinas.

Jorge no lo decía, pero estaba dolido. Le decía a Gilles que nos fueramos a Shamrock. Tres de la mañana, ¿la noche terminaba o comenzaba? Fue esa noche que ideé no más que el título, sin sabér de qué se trataría: "The Rationals".

- Mi amigo Jim - decía Jorge -. Vos me entendés, vos te das cuenta. Podría haber avisado la muy perra, ¿no?

No me iba a poner a explicarle a Jorge que en verdad esas distancias son insalvables y que Susana a fin de cuentas podía ir a los lugares con quien quisiera. Tampoco tenía ganas de explicarle en tono de que yo supiera algo, en tono educativo. Menos que menos, deseaba satirizar sobre lo ocurrido o agregar dolo a la actitud de Susan. Cosas que ocurren, amigo.

Me llamó Roland: "¿Dónde andan? Bella pregunta qué pasó. Susana está recontra cabrera. El pibe de ella busca a Jorge. Pasenmé a buscar guachos de mierda, no me dejen".

Coordiné el rescate de Barthes, lo buscamos sobre Güemes. Luego, lo mejor era recorrer nuevamente esos largos kilómetros con Bataille, acompañarlo un poco y darnos cuenta que en definitiva, somos una metáfora.

breakin point

viernes, 18 de diciembre de 2009

Bueno, aunque no se sabe con certeza, se supone que Allen Jana muere en un accidente de tránsito en avenida Coronel Díaz y... ¿Arenales? Hecho que se supone ocurriría un sábado o domingo cerca del mediodía.

Por otro lado, más allá de este hecho superfluo, ocurriría esto con la historia paralela.

Jim Bentham tendría una serie de sitruaciones un tanto no claras con Malena Ponty. Todo esto para aprovechar las confusiones hasta ahora especificadas de forma muy clara y transparente en posts anteriores.

Se revelaría en una especie de mito que Georges Bataille desperdició sus oportunidades con Susana Sontag. Todo porque Sontag es arisca y nadie (NADIE) sabe lo que le pasa por la cabeza.

Rolando Barthes profundiza sus discusiones metafísicas con Bentham. Para arribar a nada. Y resulta que Barthes se trae gato encerrado.

En garras de un futuro indeterminado está la relación entre Deleuze y Fernanda Guattari. Algunos predicen problemas y otros dan la catástrofe por inevitable, por no decir lapidaria, por no decir definitiva, por no decir insalvable por no decir guevadas.

En teoría deberían aparecer characters as:

- Rose Luxemburg: perdida de la vida la extrañamos!

- Oswald Soriano: La luz intelectual que busca nuevos y mejores fracasos.

- Oracio Holveira: Si Gallagher fuera una persona... ¡sería Oracio!

- Bella Carolyn Burnham: De apariciones ocacionales. Muchacha estructurada pero bonachona como ella sola. O al menos esa idea nos hacemos.

Y me estoy perdiendo más personajes, pero irán apareciendo. Pero se intentará a partir de este momento un breaking point. No con los fines de recomenzar nada, sino para seguir con esta fábrica de certezas fallidas que tenemos aquí.

En algún momento daré más detalles de la muerte de Jana. Pero ahora no.

Aviones

jueves, 10 de diciembre de 2009

[En borrador desde marzo, quedó este post. Se supone que lo iba a terminar, pero bueh]

Quien se está parado en pleno escenario es Roland Barthes. Lleva puesta una camiza azul marino, pantalones a cuadros -que claramente no combinan- y zapatillas. La oscuridad detrás de él parece deborarlo, pero no. Esa oscuridad está con él.

Roland: El sujeto reticente es el sujeto que en realidad necesita de la cercanía. Pues, me parece, los disparos amenazadores para ahuyentar a los intrusos son pruebas, como una especie de artefacto ridículo que la persona solipsista impone para obstaculizar la labor de quien se preocupa por el.

Un reflector se prende. Jim Bentham no puede evitar su cara de nada, mientras Bella lo mira con sos ojos redondos y grandes. Él dice que ya dominará sus males, que sus pánicos no precisan de atención. Ella dice que debería buscar ayuda. Él ya contestó en varias oportunidades que "no cree en la psicología".

Bella: Cómo quieras, pero algún día tendrás que enfrentarlo. Tendés a escaparte.

Jim: Justamente estoy parado aquí -alza la mirada-. No creo estar evitando nada, simplemente, tomo mis tiempos para llevar acabo mis luchas.

Bella: Tenés miedo a volar, ¿no?

Jim -bajando la mirada-: Claro, precisamente. En realidad, creo que es una especie de disgusto a todo lo que no puedo comtrolar, todos esos procesos que no entiendo.

Roland: El sujeto debe aprender a convivir con eso que no es él, con ese gesto que le es ajeno pero propio. Quizás sea sólo cuestión de dejar las cosas tranquilas, de no pensar tanto. Oh, pero por supuesto, somos seres pensantes y a veces nos cuesta dejar a las cosas simplemente... ser.

Bella: Sé que no te gusta que te lo diga, pero me preocupás.

Jim: Lamento. Son momentos, verás. Soy un tipo razonable hasta que me vuelvo irracional.

Bella: No lo escucho de tu boca pero lo veo en tus ojos. Estás molesto, en parte conmigo. ¿Me vas a contar? Ok, creo que me puse un tanto frenética, perdón.

Jim: Los vuelos, los aviones. Me resulta difícil de creer que esa cosa que pesa no sé cuántas toneladas va a cruzar todo un oceano. Encima se le agitan las alas y tengo que confiar en una manga de sujetos que quizás estén borrachos.

Roland -mirando a Jim-: Hace poco se cayó un avión cerca de Bruselas. Las chances de que se vuelva a caer un avión allí son infimas, ahora le cota a otra capital del mundo.

Jim: Callate pelotudo.

Bella: Mirá, decir que sé que te vas a subir al avión con tal de llegar a Brugges. Por lo demás, me cansé de discutir sobre esto. Simplemente te llevó unas pastillas, ¿ok? Ya la noche anterior tenés que relajarte, mi viejo nos lleva.

Jim: A genial, yo que me llevo bárbaro con tu viejo, que me adora que me quiere con toda su alma y...

El jardin

miércoles, 8 de abril de 2009

- A veces me doy cuenta que no te das cuenta. Te inunda esa navieté. Una vez me dijiste que en realidad te haces el boludo.

I
Una recopilación de historias cualquiera, todas encarnadas en una manga de sujetos que recorre la ciudad nocturna sin un punto fijo de fuga. Cualquier plan los hubiera saboteado. En cambio, pedían improvisar lo más posible, dejarse ser un poco, olvidarse de Buenos Aires -item importantísimo- y pensarse en...

Jim: Bélgica. Claramente esto debería ocurrir en Bélgica.

George: ¿Sí? Yo pensaba en Hungría. No por alguna razón en particular, deben ser las ganas nomás.

Bataille, Debord, Barthes y Bentham se encontraban frente a la gran puerta de una casa bastante paqueta. Las paredes de ladrillo a la vista separaban a los personajes de lo que parecía ser un jardín enorme, con árboles sembrados por doquier y un perro que ladraba en las lejanías. Algunas columnas blancas, estilo griego, hacían juego con la luz de las antorchas que descubrió la puerta de madera al abrirse.

Jim: Brujas. Esto me hace acordar a Brujas, sobre todo el grabado en piedra del tipo con el sol.

I hear the sound of drums... La música recién comenzaba. Jorge llevaba su cajón de cerveza. Parecía casi custodiarlo, aunque luego se olvidaría de él para hacerse amigo del barman. "Voy a ser tu mejor cliente de la noche, quizás de la década", le dijo.

Barthes saludó a un par de gentes que los otros tres sujetos no conocían.

Roland: Bienvenidos, enjoy.

II
- Ahora, digo yo... Lo que más te delata es no habérmelo contado de entrada. ¿Tan poca confianza me tenés? Oh corazón, eso me lastima más que lo que pueda hacer esa chiruza (reventada). Ya sé cómo son estas cosas, no te voy a pedir que dejes de ser hombre. En definitiva, por más que algunos se hagan los buenitos, sabemos todas en el fondo que no son muy resistentes a las insinuaciones.

- ¿Insinuaciones? No se trató más que de una charla. No se entiende, se supone que este tipo de cosas se superan, se dejan atrás. No podés pedirme que me deshaga de mi pasado así como yo jamás de digo que te desentiendas del tuyo.

- Insinuaciones, tratativas, un daikiri de durazno. Vos jamás tomás daikiri de durazno...

III
Venían signados por una estela de pasado. Precisamente, de mujeres, y según a quién se le pregunte, de tiempos mejores o peores. El primer caso podría datarse del alejamiento entre Susana y Jorge, lo que era más un intento de relación frustrada antes que cualquier otra cosa. Por otra parte, Debord había finalmente estallado y su relación con Miss Emma, aunque los diálogos permanecían. Bentham se encontraba algo asustado sobre Justine. El único que desvariaba igual que siempre era Barthes.

Era de esperarse: Jorge tardo poco en terminar como un chapuzón en la pileta. Si se le preguntara, diría que no la extrañaba, que Susana se podía ir al reverendo carajo. Claramente mentía. Según Barthes, Susana era un tanto "extraña".

- Extraña, digo. Le tiraron los perros casi todooooos los que conozco, y ella salía con su amiguita la otra que también es bastante rara, ya que estamos.

Los problemas comenzaron cuando Emma entró de la mano de otro tipo. Imaginamos que nada de esto había sido planeado. El problema fue Debord, que automáticamente entró en una especie de transe durante el cuál era imposible comunicarse.

- No se entiende -decía Guy-. A tan poco tiempo de haber cortado... Sé que puede salir con quien quiera, pero el detalle es desastroso.

Bentham hubiera respondido que "bienvenido al mundo. Ellas salen con otros después de que terminan de salir con uno." A lo que Barthes hubiera replicado "Bueno, dejalo, a vos te costó darte cuenta de eso". Guy Debord, en el transcurso de ese breve diálogo, engulló tres tequilas sin sal ni nada.

- Viva la patria.

En épocas anteriores Justine le hubiera reprochado a Bentham esas actitudes. No porque ella fuera aburrida, sino porque tenía esa forma de reclamar que no hacía juego con las actitudes de nadie, para decir verdad. A Deleuze nunca le había caído del todo bien, y Bataille recién estos últimos meses había entablado algo que podría denominarse, una amistad.

- Lo que no entiendo del todo es cómo mierda se sienten ellas cuando pasan estas cosas - decía Bentham mientras se tomana la cerveza número lo que sea-.

- Lo peor es que se cae el mundo, mi amigo, y nadie está ahí para sostenerlo -decía un cada vez más deprimido Debord-. Es mi historia, es que soy demasiado sensible.

IV
-¿Insensible? ¿A vos te parece que yo soy insensible? Qué me decís de las cosas que me tuve que bancar yo, ¿Eh? Creeme, no soy tan insensible como vos cuando tomás daikiri de durazno, como cuando hacés de cuenta que no existo. Me lastimaste con eso, y mucho...

Era como una onda expansiva que lo rompía todo en un radio unos metros que iban entre ella y yo, justo donde antes estaban esos centímetros que fracasaban en separarnos antes de cada beso.

- Me imagino que estas cosas son así, jamás salen bien.

- Me imagino, me imagino. Depende, uno puede hacer las cosas para que no sea tan grave, para no lastimar tanto.

V
- Ohh, lastimado, herido... -gemía Debord mientras le hablaba a uno de los enanos de yeso que había en el jardín-.

- Perfecto, justo hoy que mi amiguita está on fire, descubrimos que estos tienen sentimientos -protestó Basthes-.

Aún así, Roland es un tipo muy pragmático. Sabía que las heridas de los dos soldados sanarían, así que fue en busca de otra compañía.

Fue cuando Bataille llamó a Susana.

- ¿Qué me decís? Ayer me dijiste que no me querías ver más. Ahora me llamás... ¡Estás hecho una histérica Jorge!

- Es que no lo puedo evitar -decía Jorge tomándose otro Vodka con Speed-. Sé que todo esto no tiene sentido, pero bueno, marqué tu número porque en realidad quería ver cómo andabas y quizás podíamos relativizar las cosas.

VI
- Creo, sinceramente, que no es para tanto lo que me decís. Ok, bienvenida, no soy perfecto. Es más, soy un imbécil. Parado frente a tí, un imbécil, un gusto en conocerla -extendí mi mano para estrechar la suya. Me pegó-.

- No es momento para tus sarcasmos. Me hago problema porque yo a esa chiruza la tengo calada, qué te crees que no veo como se te acerca y te dice "Hola Ji..."

VIII

-...mmy. No sabía que venías para acá, pensé que se iban para San Isidro.

- Prácticamente estamos en San Isidro...

- Chep, ¿por qué Guy charla con el pasto?

- No es el pasto. No se ve, justo lo está tapando el flaco de remera roja, pero ahí hay un enano de jardín que Debord ha escojido como confesor. Es que se peleó con Emma.

- Huy, pobrecín. Igual, Emma Bovary no era para él. No entiendo cómo duraron tanto.

- Era una de esas parejas, un tanto tensas. Pero creo que esa tensión formaba parte de la atracción que sentían el uno por el otro. Química de pareja, no todos funcionamos igual.

Bataille había logrado subirse a uno de los enormes parlantes que había en el jardín. Una piba le gritaba para que se bajara, pero él seguía en una conversación telefónica con Susana.

- No sabés la vista que hay... Es fun da men tal.

- No se te entiende nada - replicó Susana del otro lado del teléfono-.

- Lo que pasa es que yo no soy alto, entonces, ponele, al ver a Roland desde arriba, es todo un flash para mí.

- ¿Por qué hablamos de Roland?

IX
- ¿Estás enojado conmigo? Me das esa sensación a veces...

- ¿Enojado?

- Sí, enojado. O molesto. O desilucionado.

X
- Ayudame con este daikiri, que no lo puedo terminar. Encima vengo de una semanita, por favor, tengo que aflojar un poco.

- Seguro.

- Y hoy terminé el día con ciencia ficción... Me agregó Carlos al msn...

- ¿Carlos? Pero ya fue... ¿Lo aceptaste?

- Y... una siente curiosidad.

- Ni hablar, Caroline.

- Bueno, me agarró medio débil. Yo que sé, al final con este sureño nada. Creo que necesito sentirme linda o algo, y bueno, él es un pedazo re importante de mi historia.

- Quedate tranquila que sos linda, pero no estás para los jueguitos de él. Ya los conocés -respondió Bentham omitiendo su propia historia-.

- ¿Vos no me extrañás? - Apuntó Caroline.

Mas o menos en ese instante Bataille logró caerse, derramando su trago sobre la gritona, rompiendo el celular y perdiendo algo más que la comunicación con Susana.

Barthes efectivamente se hallaba "trabajando", pero terminó perdiendo terreno con "la amiga de la amiga de esa piba que no me acuerdo como se llama". Bueno, ella, en definitiva, le corrió la cara justo cuando el tiró toda la artillería. Entonces, cuando quizo buscar a sus amigos, Roland se encontró con: Un desquiciado que le hablaba a un enano de jardín sobre el desamor. Un separatista que luego de danzar sobre un parlante reía de dolor clamando "menos mal que no me fracturé", mientras estiraba su brazo buscando lo que quedaba de su trago. A Bentham y Caroline en una situación parecida -no igual- a aquella en la que el primero le estampó un beso a la segunda.

- La historia tiene formas curiosas de reirsenos en la cara, muchachos -dijo Roland al vacío.

XI
- Estimado enano, -decía Debord- vos no te hagas problema por lo que hagan ellas. Siempre, al fin y al cabo, te dejan ahí, tirado en el medio de todo. Como te habrán hecho a vos. Como me hicieron a mí. Miralo a Jorge, está hecho moco en el piso. No importa cuánto Barthes trabaje con alguna morocha, todos terminamos en medio del parque. Ni hablar de Bentham, que ahora se le viene el estallido. Oh estimado enano, de tantas rupturas y fracturas habrás terminado hecho de yeso.

Matar a Bentham

martes, 17 de febrero de 2009

Hubo un complot para matar a Bentham. Según fuentes no policiales, Deleuze y Bataille complotaron contra el racionalista, porque según a juicio suyo, este era demasiado inmune.

Fue en la casa de Debord, a la vuelta de las vacaciones, un día de febrero o enero, no nos interesa la fecha. Gilles y Jorge habían adquirido en tierra brasileña unos chiles en conserva, de forma secreta, una noche. Lo consiguieron en un restorancito de Guarda, cuando casi mueren intoxicados con semejante picante. Entonces, decidieron que la supuesta inmunidad de Bentham a los hemorroides debía ser testeada.

Quince días planificando la situación, hasta que Bataille envió el correo que dictaminaba la reunión en el departamento de Guy Debord, la cual no carece de cierta cuota de surrealismo, pues esos patos que hacen de canilla son llamativos. Y las pinturas de Dalí en las paredes. Y el perro de cerámica en el dormitorio.

En la cocina se compenetró Barthes, también confabulado para el envenenamiento contra Jim. Preparaba cuidadosamente el relleno de los tacos mientras Bentham y Debord desvariaban sobre las teorías del punto de fuga, discusión en la que hubiera sido pertinente la intervención de Gilles, pero este elaboraba una salsa a base de los mencionados agies picantes, cayasa y ajo.

Se dice que la conversación entre Debord y Bentham se volvió más aspera cuando se aludió al asunto "radiohead en Argentina". Puede haber ocurrido así:

Jim: Son unos chorros.

Guy: Eeee, pará, es que son una banda grosa. Mucho más progres que tus queridos hermanos Gallagher...

Jim: Radiohead está cobrando tres gambas. ¿Quiénes se creen? ¿Noel Gallagher?

La alusión ha la famosa cita del cejijunto sobre el rey del pop -adaptada para los Yorkes en este caso- sólo logró profundizar el debate "neo emos" vs. "brit pop".

Guy: Neo emos tu vieja.

Jim: Manga de depresivos automáticos...

Mientras la discusión llegaba a ningún lado -la deriva-, Deleuze seguía preparando -mal- la salsa tal como se la había comentado el mozo del restorancito de Guarda. No le había dado las medidas, pero al menos ahora sabía menos tóxico, el veneno era más sutil.

Roland: Che, ya estoy. Esto está para darle.

Noche de muchachos, no girls around. El escenario ideal para atentar contra la vida de alguno de los presentes, por motivos tan justos como inmorales. Entonces Roland Barthes llevó todo su significante de los tacos -pollo y carne vacuna, de primera- a la mesa. Deleuze dispuso la salsa en un frasco de tabasco, para que todo pareciera natiural.

Jorge: Todo lucirá como un accidente...

Los confabulados se acercaron a preparar sus tacos, mientras el despreocupado Bentham, deshecho de su manía por el control unidireccional de las cosas, se dispuso a preparar su taco.

Jorge: Ohhh, que tonto de mí, le he puesto demasiada salsa picante. Ohhh, Bentham, a vos que te gusta lo picante, ¿quieres mi taco? Tu sabes que no tengo tu resistencia.

Por detrás reíanse Roland & Gilles, mientras Guy engullía su chicken taco libre de toda toxina.

Eso tenía un baño de salsa. Bentham agarró la botella de salsa y probó un poco. Tenía un gusto a cayasa espantoso.

Jim: Esto tiene alcohol...

Gilles: Mirá, lo compramos ahí en el chino, parece rico... Mmmmm

Jim: A esto le pusieron algo...

Jorge: Naa, además, vos no estás vivo, resistís todos los picantes.

Entonces Bentham, sabiéndose en medio de un complot, simplemente cenó su taco, siendo el espectáculo de todos. Sí, luego de medio taco -ácido- seguía vivo.

Jorge y Gilles miraban como su victima continuaba comiendo el veneno, pero nada parecía detenerlo.

Jim: Bueno, ya que están tan fanáticos para que pruebe esto (que no tiene tan buen gusto, tiene demasiado alcohol, permitanmé decirles), ¿de dónde mierda lo sacaron?

Fue allí el momento de la confesión, que venían elucubrando esto desde hace quince días, que habían dispuesto frascos y frascos de estos agies picantes, que casi mueren aquella noche ausente en Guarda.

Jim: Débiles -y se terminó el taco-.

Jorge: No tenés corazón. Eres un cadáver vivo.

Jim: Vos... -dirigiéndose a Jorge- ¡oh, acéfalo!

Gilles: Pará, ok ok, como intento de matarte, ¿Cuánto le ponés? Un diez, la verdad que bastante bien.

Jim: Mmmm, no está mal. Pero demasiada cayasa, es una bebida que no me gusta. Démosle un nueve.

Debord: No entiendo cómo te estás preparando otro.

Luego Jim le contaría a Bella que intentaron matarlo. Bella, risueñamente indignada, le dijo que esas son cosas que hacen los hombres cuando están solos. Manga de brutos.

Dieron las doce, Gilles y Roland automáticamente sacaron sus celulares para enviar los mensajes correspondientes del día de los enamorados (lo que descarta la hipótesis inicial de que era una noche de enero).

Jim: Débiles -comía su taco-.

Aunque al rato de dió cuenta de que si bien el veneno no lo había matado, la cantidad de cerveza ingerida lo había vuelto tan torpe como para que se le cayera un vaso por el balcón e iniciar otra discusión con el dueño de casa, que no llegaría a ningún lado...

Por lo que resta, resulta que Gilles comió un taco que estaba pasado en salsa y terminó tomando agua directo de la canilla de la cocina. Luego, después de una cuasi zambullida en el baño, se acostó medio húmedo para reponerse. Lo habrán tidado en la casa, porque no podía más. Guy re reía, Bentham sentía vértigo de la idea de tan sólo parase, y Bataille estaba intacto, pues ese sujeto es inmune al alcohol.