La emotividad es algo tan variable. Por momentos me doy cuenta que trato de reducirla a una serie de variables de análisis, como si hablaramos de kilómetros, kilos, megavatios, amperajes, megabites y minutos con años y segundos. En definitiva no se trata más que de metáforas.
El problema (nos) surgió cuando en un cumpleaños Susana Sontag acudió acompañada de su chico y eso a Jorge no le gustó ni medio. Le guardó rabia, más por lo no ocurrido que por lo ocurrido, y menos por él que por ella. Porque en una rápida inspección, empíricamente basada en un sólido intercambio de palabras, determinamos junto a Gilles que el muchacho de Susan era un tremendo pelotudo.
- Saca sus puros como si fueran... se jacta de fumar cubanos... no sé, como si quisiera sacar a relucir su...
- Status - completé la oración de Gilles.
Y Susana andaba como quería, bailaba sin siquiera saludar a Jorge, lo que era agravante para él. Nunca lo había visto ahí, refugiado continuamente en la barra con su speed con vodka, el cuarto de la noche. Y consideremos que era la una recién. Bataille se encontraba a kilómetros de Susan, pero la observaba como si fuera su real destino.
Unos cuantos metros más cerca de mí, ella decía:
- ... maestra de primario. Aunque me tomaré el año que viene para aprender masajes.
Recordé esa tremenda contractura de mi cuello y desee que alguien me ofreciera uno nuevo. Acomodé las vértebras, lo que debe haber hecho un tremendo ruido y le dio pie a Gilles para que retome la conversación con la señorita. No tardó dos minutos en aparecer Bella.
- Me olvidé de preguntarte cómo andás - dijo.
- Cuando nos saludamos, pero vos sabés que uno siempre contesta de compromiso. Bien, lidiando con la situación de mi madre. ¿Vos?
- Bien. Cambio de trabajo por suerte. Te vi un tanto ocupado con ella.
Sabía que iba a decir algo de eso. Era como si nuestra (ex) relación pesara unos cuantos kilos y de vez en cuando sintiera la necesidad de pasarme los costales. Aún así, me sentía neutralmente bien y no me importaba tanto lo que pudiera decir Bella, o lo que pudiera pensar. Total, ya estaba jugado. Ella me contó más de su nueva posición y yo le conté cómo seguía siendo el mismo tipo de siempre. Ella me insinuó que estaba con alguien y yo le insinué que me parecía bien.
Revisaba ocasionalmente qué era de Jorge: se encontraba casi escondido. Me hacía acordar a la época en que yo elucubraba mis plantes.
- Jimmy, sos un tipo malumoradamente adorable - me dijo Bella, en lo que fue casi un chispazo.
- Sos una chica extructuradamente encantadora - contesté, para no elevar los amperes.
Mientras, Gilles anotaba el número telefónico de la maestra. Extrañamente no la sacó a bailar. Repentinamente quise estar con Male. Repentinamente todo parecía tan neutral, nada importaba.
Susana se quedó sola, bailando, mientras su "novio" (o lo que sea) acudió a la barra. Yo creo que Bataille estaba esperando ese momento para proceder, pues los kilómetros fueron fulminados con una seguridad aplastante.
Ocurrió como un relámpago. Jorge se adueñó de un gran cubo de agua fría, y rápidamente se vació en la cabeza a Susana. De kilómetros a centímetros y de centímetros a litros. Y de litros a descomponerse en bites.
El espectáculo fue sublime, de una poética pocas veces vista. Hasta Jorge Bataille tiene un límite, señoras y señores. Hasta él, un tipo dedicado al éxtasis, encuentra su punto donde se mete tan adentro de las cosas que debe...
Tuvimos que improvisar el operativo de rescate. Susana no podía emitir sonido, no podía hablar, estaba anonadada. Probablemente su "amiguito" estuviera aprontándose a la localización, por lo que debíamos ejecutar rápidamente algo que impidiera trompadas/puteadas/etc. Ajustemos los cinturones, supongamos un kilometraje de escape, aumentemos las distancias para poder lidiar con este repentino incremento del peso de nuestras acciones.
- George - dije tomándolo del brazo-. Nos damos a la fuga.
Atendió a Susana ensopada y con frío, mientras Gilles y yo nos llevábamos a Bataille a algún otro lado que no fuera el lugar donde él había decidido vaciar ese cubo de agua fría. Escuchamos a Susana decir algo, probablemente un insulto dirigido a Jorge. Pero ya no le importaba a nadie, ni siquiera a él.
- Me voy me voy - decía Jorge.
El tipo estaba dolido. Los de seguridad por suerte ni habían pintado, y era evidente que Susana no quería armar tanto quilombo. Claro, ella es tan medida que ni cuando le corresponde arma lío. Por favor. Saludé Bella al pasar, que miraba consternada la escena. Barthes estaría hablando brevemente con el sujeto que salía con Susan, para explicarle por qué un chapuzón de agua fría era bueno en esta época del año. Me imagino algo así:
- Cuando hace tanto calor el cuerpo necesita limpiarse - decía Roland-. Muchos se piensan que sólo se logra con el vapor de las termas, pero el augua fría es rejuvenecedora de la piel.
Y toda una sarta de pamplinas.
Jorge no lo decía, pero estaba dolido. Le decía a Gilles que nos fueramos a Shamrock. Tres de la mañana, ¿la noche terminaba o comenzaba? Fue esa noche que ideé no más que el título, sin sabér de qué se trataría: "The Rationals".
- Mi amigo Jim - decía Jorge -. Vos me entendés, vos te das cuenta. Podría haber avisado la muy perra, ¿no?
No me iba a poner a explicarle a Jorge que en verdad esas distancias son insalvables y que Susana a fin de cuentas podía ir a los lugares con quien quisiera. Tampoco tenía ganas de explicarle en tono de que yo supiera algo, en tono educativo. Menos que menos, deseaba satirizar sobre lo ocurrido o agregar dolo a la actitud de Susan. Cosas que ocurren, amigo.
Me llamó Roland: "¿Dónde andan? Bella pregunta qué pasó. Susana está recontra cabrera. El pibe de ella busca a Jorge. Pasenmé a buscar guachos de mierda, no me dejen".
Coordiné el rescate de Barthes, lo buscamos sobre Güemes. Luego, lo mejor era recorrer nuevamente esos largos kilómetros con Bataille, acompañarlo un poco y darnos cuenta que en definitiva, somos una metáfora.
Los kilómetros hasta allí
miércoles, 23 de diciembre de 2009
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