Mientras Paula una vez más dice "Me encanta Odds & Sods", yo le comento que fue el regalo de cumple de Valeria. Y ella se ríe de lo mismo que yo, de imaginarse a Valeria preguntando en disquerías de Cabildo por un disco de The Who.
Hace meses que no nos juntamos en casa a servirnos cerveza y escuchar clásicos y compartir opiniones de por qué ella está en crisis (primera noticia que tengo) y por qué a mi no me ocurren las cosas (noticia vieja). Y sonó Love me do y bailamos un rato en el living porque ella dijo que teníamos que bailar.
El desprendimiento terapéutico comenzó rápido, versando sobre psicología masculina y femenina, suerte de lazo incomprensible que deriva en cualquier cantidad de quilombos. Paula me decía que los hombres le tenemos miedo al compromiso y yo le decía que depende, porque hay algunos no son tan así. Y ella me miraba.
- ¿Vos te peleaste con Day por eso?
- No no, aunque luego hablando con ella salió el tema de los planes que ella tenía: hijos, familia y esas cosas.
- Y te espantaste.
- Para nada. El asunto no había salido hasta después de terminada nuestra relación -contesté a modo aclaratorio, como diciéndole que yo en verdad soy un tipo re maduro eh-. Fue más un tono confesatorio el que utilizó. Y con todo esto de vivir separados, ella jamás insinuó venirse a vivir conmigo, aunque su cepillo de dientes estaba en mi baño y tenía su desodorante también, y esas cosas.
Luego ella me comenzó ha hablar de un tal Federico que no sé si es anterior o posterior a Paliers y no pregunté porque no me interesaba. En definitiva, el pibe era una especie de galán de radionovela.
- Son de esas cosas que le ocurren a uno, que de repente razona cómo llegó a estar ahí, un domingo saliento con ese pibe. La verdad que no sé, no entiendo cómo logró convencerme pero sí entiendo por qué lo mandé a freir espárragos.
Lo groso de Paula es que utiliza esos antimodismos, totalmente fuera de uso y totalmente. Ocurrió en ese momento de la noche So sad about us y eso nos llevó a una especie de baile también, aunque no era, pero era.
- Es que es así: cuando él empezó a salir conmigo resulta que uno de sus amigos, que creo que me tenía ganas, le dijo así en frente de todos, justito el fin de semana siguiente, algo así como "seguí acumulando, que ya somos varios los que te queremos quebrar el brazo ese, el que no usas para satisfacerte". Y... desde ahí no me habla casi.
- Probablemente el estúpido de ese otro le tenga odio a Federico porque él agarró viaje con vos. Es una cuestión casi territorial te diría. Por otro lado, si este Federico te deja de dar bola por eso, es un tremendo pelotudo.
- Ya fue -dijo ella-. Fue un rato, digamos. ¿Por qué es que después de un rato uno pierde el interés? Pensé que realmente me gustaba pero me duró un fin de semana. Soy cualquiera.
Pusimos Hard days night. Inmediatamente ella me sacó a bailar y me hizo reir porque me enseñó un paso de una vueltita que hay que soltarse las manos y la verdad que ahora no recuerdo cómo es. Algo así: Ambos, con las manos tomadas, extienden los brazos. Luego los pasan por atrás del cuello, y ... ahí ocurria alguna magia y había que soltarse y no recuerdo más.
Y llegó su opinión sobre algo de lo que ella está al tanto. Me resultó gracioso, luego al recordarlo, cómo ella lo trajo a colación:
- La verdad, no te merecés que siquiera ella haga el intento de hablarte - me dice-. Duele eso, sos bastante malo, sabelo. Ella no necesita que la ignores sino que simplemente desea poder compartir una situación que ocurra entre cuatro paredes sin que haya ese aire roto entre los dos.
- El aire se rompe. Es la primera noticia que tengo de esa posibilidad, aunque no se trata de que me sea totalmente extraña sino que simplemente no sé pensar las cosas.
- Vos mismo dijiste que pensás demasiado.
- Sí sí, pero es una idea a corregir. Cuando dije eso separaba sentir de pensar y eso no es así, lo que ocurre muchas veces es que uno se encierra en el mutismo de su racionalidad, midiendo. Y es eso lo que no está bien. La medición es una forma bastante nula de experiencia, y no la métrica de las mismas.
- Deberías decirle de que se vieran.
Se inició a través de mis labios una risa, una reacción a lo ridículo, un atentado contra cualquier momento de seriedad que pudiera tener una conversación sobre Guillermina.
Comenzó a sonar Love ain´t for keeping, en una excelente versión extendida que me encanta escuchar porque Townshend y Entwistle se van de mambo mal. Por otro lado estoy lejos de comprender cómo me convenció Paula de comprar Quilmes Red: siempre coordinamos eso a la perfección, pero en esta ocasión me insistió con esa clara imperfección.
- Can´t buy me loooooove.
- Esa ya pasó -le dije a Pau-. Y no vale repetir hoy.
- De todas formas, explicame qué mierda quiere decirte un hombre con "es que le tengo miedo a lo nuevo. Pero luego me doy cuenta de que la paso bien, lo que pasa es que al principio no es así". La puta madre, son complicados.
Intenté explicarle que esa afirmación no era para nada mala y que sí, era un mecanismo de boludés, pero presente tanto en mujeres como hombres. Y ella me dijo entonces, sin que yo se lo preguntara, que eso se lo había dicho Paliers cuando comenzaron a salir. Y a mi no me importaba el autor de la frase, sino su funcionamiento.
- En definitiva, todos podemos decir todo, según vos.
- Bueno, sí. Es una verdadera posibilidad. Las virtualidades, vos lo que para es que no leiste a Foucault.
Se rió como si supiera que en algún momento de la noche ibamos a arribar a ese nombre, como si en algún momento tuviera yo que sacar a relucir lo letrado que soy y ella tuviera que quedarse cantanto Naked eye un rato. Pero no más que eso.
Fue así como ella me dijo y yo le dije lo que mas o menos era, en definitiva, un fragmento de lo que podía ocurrirnos.
Tuesday´s are back
jueves, 17 de diciembre de 2009
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