Una cumbre culinaria

lunes, 14 de diciembre de 2009

1) La próxima intentaré no comportarme como un imbécil. Lo prometo.

2) Mmm, sería bueno que al menos pudieras dirigirme la palabra o un gesto que no sea la nada. Ni siquiera digo que tengamos una conversación, pero al menos que no me omitas así tan groseramente.

1) Ok, tenés razón. Lo que pasa es que vos viste cómo soy yo. ¿Sal?

2) Mirá que ya tienen eh. Sí, ya sé que no sos una persona muy accesible. ¿Le pongo ketchup a una parte, o a todas?

1) A una parte, así hago rotation -dijo mientras se llevaba una papafrita a la boca.

2) Igual me parece bien que al menos ahora seas un tantito autocrítico. Ya no nos hacemos daño hace rato...

1) Bueno, eso quizás se deba a que justamente dejamos de hablarnos. Y no entiendo cómo no te gustan los mejillones -entonces le tendió uno con un tenedor, gesto al que ella reaccionó poniendo cara de asco-. Dale cheeee.

2) ¡Pero no seas pesado! No me gustan, ya lo sabés.

1) Je.

Mientras ella comía sus papafritas con ketchup, miraba cómo él disfrutaba de esa combinación un tanto extraña. Entonces él se levantó repentinamente, como si hubiera tenido una idea urgente, y fue a la cocina. Trajo jugo.

1) ¿Querés?

Ella ni le contestó, sólo tendió su vaso.

2) El tema del jugo de naranja es que te lo tomás de un saque. A mi me cuesta, arranco a tomarlo y no paro hasta que el vaso queda vacío.

1) Idem. Igual tenés que entender que para un racionalista como yo las cosas son blancas o negras. Sí, ya sé que yo mismo vengo con la paleta de colores a salpicar todo de cualquier color, pero viste, a fin de cuentas...

2) Quizás aplicándote un poco podrías hacer pintar algo lindo. Me choca cómo omitís todo cuanto yo digo, creo que no me merezco eso, ¿verdad?.

1) Sí, lo sé. Pero creeme que me cuesta, ¿ok? No espero que me comprendas, como yo de alguna manera no te comprendo a vos... lo irreductible de la experiencia, vio. Estamos un tanto limitados. Hoy en día ni estamos de acuerdo en el menú, imaginate lo que podría salir de...

Por su parte, ella comía unas fajitas de pollo que lucían lo suficientemente bien como para que él las envidiara un poquito. Pero había guerra culinaria y él no aceptaría aunque ella le ofreciera cien veces.

2) Probá. ¿No? Qué cabeza dura. Y mi pollo debe estar bastante mejor que esas cosas que estás comiendo vos.

1) Igual mejor, más mejillones para mi -le dijo sacándole la lengua-. Pollo con papas fritas, sos más resuelta que yo, querida.

2) No no, querida no. ¿Ves? Eso si que es cualquier cosa. Resulta que antes no existía y ahora no solo existo sino que soy "querida". La verdad que no me parece. Imaginate si yo te digo "querido", a vos. Es una patada.

1) Sí, tenés razón, que palabra de mierda. A mi me trae malos recuerdos. Igual es la última vez que se me ocurre decírtela, lo prometo. Uno tiene resbalones entre las palabras, viste, en una de esas dice cosas que jamás diría -tomó tres mejillones con su tenedor, los sumó a una papafrita y se los mandó nomás. Ella miró el espectáculo nuevamente poniendo cara de asco-. El otro día le dije a Gallagher "andate a la mierda", y yo jamás lo mando a la mierda. Lo mando a la concha del pato, pero a la mierda no, no va. Estoy hecho un estúpido.

2) Es que yo no entiendo, sencillamente. Sos un desfachatado, no tenés nada de criterio gastronómico a veces. Por lo menos comé cosas que combinen. Mejillones con papas fritas y encima tomando jugo de naranja. Ponele tabasco y yo creo que estás en tu cumbre culinaria.

Él la miró con un gesto de aprobación. Evidentemente no le parecía tan mala idea.

1) Igual, es verdad, podría haber combinado mejor con...

2) Noooooo, eso de que la cerveza va con todo también es otro invento tuyo, eh.

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