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Sobre los personajes

viernes, 14 de diciembre de 2012

Me tomo este post para hablar de los personajes:

- Michelle Foucault: estudiante de psicología, que antes estudió Administración de Empresas pero abandonó la carrera cuando a ella la abandonó su ex novio. Un tanto tímida, pero segura de si misma. A veces se le patinan las cosas.

- Jonathan Bayton: joven, enérgico e inexperto. Es un tipo rápido, menos intelectual que los personajes centrales de las temporadas anteriores. Más impulsivo, pero no por eso menos resuelto. Es quizás el más consistente en cuanto a carácter.

- Jacqueline Rousseau: intelectual maestra de lengua y literatura. Trementamente simpática y agradable, es conquistadora serial de corazones. También es bastante vueltera con sus relaciones y un tanto insegura cuando alguien se le planta.

- Juan Pablo Sartre: una bomba de tiempo. Es el elemento desestabilizador, carece de ética pero es un excelente amigo. Mujeriego, es una versión actualizada de Orlando de la temporada 1 y de Gilles Deleuze de la temporada 2.

- Jim Bentham: calculador, racionalista y moralista criminal. Casi insoportable. Personaje casi omniciente, pues sabe la mayoría de las cosas que van a pasar y posee explicaciones para todo y todos. A excepción de Jackie Rousseau, quien es su point de capitón.

- Solange: Amante ocasional de Jonathan Bayton, con quien tiene una relación de casi admiración mutua, aunque con bastantes miedos involucrados. Esta chica es alta y morocha, muy sensual. Aparenta estar segura de todo pero en verdad todo la preocupa.

- Emma: novia por descarte de Jonathan. Bastante mayor que él, se trata de una mujer que está llegando a la crisis de los cuarenta, que es sensible y extremadamente amable. Ella cree que merece ciertas cosas en la vida, y lucha por conseguirlas.

Introducing: Michelle

martes, 14 de agosto de 2012

Estudié un poco ciencias económicas. Soy buena con los números, siempre saqué diez en matemáticas, la primera de la clase. Creo que duré dos años en la carrera, carecía de la exactitud que yo buscaba y la sentía como una disciplina inhumana, sin alma.


Es curioso, pero la economía, si preguntás, muchos la toman como una carrera de ciencias exactas. Pero es de ciencias humanas. Siempre me causó gracia eso.

Ingresé en crisis de carrera al año. No me agradaba, sentía demasiado desapego, demasiada falta de amor por lo que estudiaba. Me iba bien, pero... ¿yo una administradora? Mi último cuatrimestre fue una pena, empecé cuatro materias (o sea, dos menos que lo regular), dejé una a las dos semanas (una pérdida de dinero importante), y solo rendí los finales de dos.

Mi mente, en blanco.

En ese momento estaba saliendo con un muchacho que se llamaba Leonardo. La iba de agradable, aunque muy pendejo resultó. Siempre se juntaba con sus amigos y esas cosas. Me enteré un buen día que tenía varias otras chicas en otras provincias, en especial en Málaga.

Y yo yéndolo a despedir a la estación en cada uno de sus viajes al sur. Que estúpida.

De alguna forma que no recuerdo, a mis veintiún, decidí estudiar psicología. Giros que se dan, me fui al coño con esa. Y la verdad, no volvería es estudiar esta carrera, pues siento que no me ha retribuido lo que yo esperaba.

¿Qué se supone que haga ahora? ¿Atender a gente para decirles que no están tan locos? ¿Y yo? Bueno, pero, al menos sentí que era más humana. Podía aplicar mis sistemas a otra cosa: a la mente humana, a las emociones.

Siempre trabajé en lo que podría entenderse como Comunicaciones Institucionales. Siempre me dediqué a eso, a asesorar. He pasado por diversas universidades, atendiendo a alumnos y egresados.

Salí con un profesor de química un año. Se dedicaba más que nada alimentos, y sus adulteraciones en procesos de conservación. Lindo. Murió poco después de que dejáramos de vernos. Tenía cuarenta y dos años.

A los veinticinco fue que me enamoré de una amiga mía, o alguien que yo creía que conocía bien. Justo yo estaba cursando Psicología de la Personalidad, me sentía muy introspectiva. Recuerdo que me analizaba hasta el más mínimo pensamiento, y paf, cuando pasó eso fue un tornado para mi.

Se llamaba Julieta y era dos años menor que yo. Ella era morocha, así que con mi cuasi rubio íbamos bien. Salí con ella siete meses, hasta que me dejó. La odié. Creo que ese año de mi vida no salí de casa, no me vi con nadie, no viví.

A raíz de mi ruptura con la reventada de Julieta, comencé a su vez a ir a la psicólogo. Tenía la cabeza tan mezclada que opté por atenderme con un hombre, ya que si me agarraba la transferencia, quería que fuera hetero. Flor de pelotuda...

El día que le dije a mis padres de mi orientación sexual, ambos lo aceptaron, pero con una tristeza que lo cambió todo para siempre. Creo, si me permiten la opinión, que fue la noticia de que no iban a tener nietos nunca lo que los deprimió.

La idea de ir diciéndolo fue justamente de mi psicólogo. Verán, cuando pasó todo esto yo comencé a tener tremendos ataques de pánico, los que me dejaban encerrada en mi habitación los fines de semana. Tomaba el metro asustada. Más de una vez terminé en el médico por sentirme mal de la presión, cuasi desmayada.

Mis pocas pero muy buenas amigas comprendieron, es más, hasta lo asimilaron bien. Mi hermano también, hasta se sintió aliviado de que no me iba a tener que cuidar de otros hombres.

Es curioso, pero cuando la gente te conoce, salvo que sea muy evidente, asumen automáticamente que sos hétero. "Tengo un muchacho para presentarte", y yo pienso no, así no.

Jonathan dice que no parezco lesbiana. Digo, ¿como es eso? No hablo de estereotipos evidentes, sino de gente que es gay y va caminando y es igual a la hetero. IGUAL. Poco tiempo después me di cuenta de que al menos él, no distingue la horientación sexual de nadie, salvo que vaya vestido de Locomía.

Ahora estoy pensando qué hacer de mi vida. ¿Me quedo, me voy? El trabajo me tiene harta, pero es lo suficientemente cómodo como para hacer otras cosas. Soy la nada misma. Pensé que a medida se acercaran los treinta todo se aclararía un poco. Mentira.

Divergentes

jueves, 2 de agosto de 2012

I

En una entrevista de principios de 2012, Yann Tiersen respondía que trabaja sus composiciones desde una idea inicial de un borrador. Una base sencilla, que suele bosquejar inicialmente en guitarra, para luego agregar capas y texturas.

Es decir, hay una base germinal, una especie de célula primitiva, sobre la cual luego se irían montando otras ideas, arreglos que proliferarían gatillados por ese germen. Todo esto, por supuesto, resulta en la modificación modificar la melodía inicial.

De tal forma, observo que ocurren dos cosas: se monta una especie de estructura narrativa, por un lado. Y por otro, le resulta extremadamente fácil hacer las reversiones más desnudas de sus canciones.

Pensé esto principalmente con una canción como Ashes, que en su versión de estudio abraza el barroquismo, pero que en su versión acústica es una oda al minimalismo folky.

II
Estábamos viendo Full Monty en la casa de Michelle, viernes a la noche.

- Debe ser la única película en la que Robert Carlyle hace un personaje tranca.

Pensé: Trainspotting, Tomorrow never dies, Hittler: rise of evil. Quería refutarla, pero soy pésimo con el tema de películas.

- Es que tiene algo, un aire a loco, o no sé... - continuó.

Desde que nos habíamos sentado en el sillón que había pensado en la imagen de noviazgo. Eso. No hay nada de sexo porque tanto a mi novia como a mi nos gustan las mujeres. No pensé que una coincidencia pudiera ser un problema, hasta hoy.

Ella estaba vestida con unos joggins, medio tapada con un buzo. Les juro que no me importaba.

- Igual, si Robert Carlyle puede ser stripper... - dije por decir cualquier cosa.

- Es la actitud, además, el hecho de que sea una persona conocida del pueblo le agrega morbo.

- Na, porque lo conozcan no van a querer ir a verlo en bolas.

- Digo, le agrega atractivo, deja de ser un x para ser alguien que ven por la calle y le dicen "hola".

- ¿Si yo fuera stripper vos me vendrías a ver?

- Probablemente.

- Qué genial. Yo también te iría a ver si fueras stripper.

- Lo sé.

- Y sino fueras también.

Me miró y se rió. Como disfruté esa pequeña victoria, ni les cuento.

Venía pensando en abrazarla un poco, o quizás solamente acariciarle la rodilla -sic. Tal cual, la rodilla pensé -. Antes de llegar a la casa de Michelle me había dicho que no tenía que hacer eso, porque se iba a molestar. Pero in situ les juro que es difícil.

III

2) Ah, podrías servirme para practicar masajes.

1) ¿Dónde?

2) Debo practicar pies. Te va a encantar.

1) Me imagino que se tenía que dar, los dos en la cama, era cuestión de...

2) En verdad, la profesora indicó que no deben hacerse en la cama. Ahí me dije, "es lo primero que pienso hacer". Que contrera soy. Ella lo toma muy profesional, como que hay que mantener la distancia con el cliente.

1) ¿Ves que pensamos las mismas cosas? Si yo aprendiera, obviamente que los daría en la cama. ¿Para que me ponés talco?

2) Es mejor al tacto, porque así mis dedos se van a deslizar mejor. Primero te tomo de los talones, y me fijo cuál pierna tenés más larga. Suele ser la derecha. Entonces, levanto un poco y con la otra mano empujo la planta. Se mueve todo el cuerpo, hasta el hombro.

1) ¿Esto es reflexología?

2) No, eso no tiene nada que ver, reflexología es solo en la planta el pie. Acá voy a pasar por todo tu pie.

1) Se siente rico.

2) Menos mal, seguro esto te relaja. En una de esas hasta te dormís.

1) Son cinco movimientos. El tercero es el que estimula los órganos reproductores.

2) Ap. ¿Para qué me contás eso?

1) ¿Cómo para qué? Es re importante, además quería ver tu cara cuando te lo decía.

2) ¿Y esto que estás haciendo ahora que hace?

1) Columna.

2) En la cama los dos. Son de esas cosas que dijimos que no iban a pasar, te das cuenta. Es tan poca la distancia ahora.

1) Bueno, claramente, nunca digas nunca. ¿Tenés sueño o te estoy estimulando? Mmm

La ilusión óptica

miércoles, 18 de julio de 2012

I

Queríamos irnos a un ambiente bastante más apasible. Ibamos enfilando para salir del salón. Alguien en la barra gritaba "Que viva el Atlético, ooh oooh ooh". Saludamos a la recepcionista, no sin antes volver a adquirir nuestros abrigos y una bolsa de Michelle, que aparentemente tenía un regalo.

- Es para una amiga, le va a quedar re mono.

¿Mono? Me pregunté si la amiga sería fea.

Pasaron unas chicas del grupete de Edición, que se nos rieron porque estaban un poco borrachas. Al pasar una de ellas dijo algo de Woody Allen. Recordé que tenía que reservar las entradas para ir con Michelle.

Miré el reloj de reojo. Eran la 1,12.

Continuamos caminando por el pasillo, hacia la salida. Miré los ladrillos y me dije "yo tengo que ser como esa pared, cara de piedra". La tome por la cintura, en un gesto de cariño terrorista, porque sabía perfectamente que ella me iba a mirar.

- Jon ... - dijo ella, aminorando la marcha.

- Sí, corazón - dije, agravando la situeishón.

Alguien desde el salón grito "Maniano Yajoy, Maniano Yajoy, pues ven que te la doy". Miré hacia la recepcionista, con cara de sorpresa. Ella también, levantó las cejas, y se fue para adentro a ver qué pasaba. Michelle continuó:

- Creo que sigue habiendo un malentendido...

La recepcionista volvió. El pasillo era largo, digamos, unos quince metros. En una punta, estaba la entrada al salón, y desde la otra punta, el guardia custodiaba la salida y además se entretenía con su iPhone.

Pensé: Qué pelotudo soy, el ladrillo no es tan sólido, no hay que tener cara de ladrillo. Se dice cara de piedra.

- Quizás no me estoy expresando de la forma correcta, o no sé, tampoco quiero ser...

- Bueno, ya, esperá. Estem, bueno, quiero, yo me pregunto qué interpretás por ahí vos de esto, ponele.

Me miró raro. Evidentemente no había formulado mi enunciado de la mejor forma posible. Me di cuenta de que tengo que dejar de terminar mis frases con "ponele".

- Digo, que vos pensás que pretendo de vos... no sé...

Quería decir cojer, pero no me salía porque me había puesto en "gentleman mode", cosa que: 1. no me sale, y 2. se nota mucho que no me sale

- ... sos una más, y pero me caes bien...

Todos nos caemos bien, viste. Y salieron una manga de borrachos del salón que iban al baño, y uno le decía al otro "la tía anda mirando mucho, me parece que le tenemos que pegar una visita compa" "¿Pero quién se queda con la mensa?" "Pues que sea a sorteo, o veamos quién le cae mejor a las amigas, tot..."

Mi vida, la frivolidad.

Michelle me miraba fijo, doblando un poco su labio como para abajo, en una especie de mueca que sería injusto describir como triste pero más injusto describir como feliz.

- Bueno, perdón... - dije, casi cediéndole la palabra de una vez por todas.

- Estem, no es una molestia -dijo, y se mantuvo en silencio unos diez segundos-. Como te dije, suelo ir a fiestas gays... - continuó, y me miró de reojo.

La miré. Ninguno de los dos dijo nada por unos extensos cinco segundos. Todo llega, en algún momento nos avivamos o nos avivan.

Creo que en ese momento escuché un vaso caer al suelo y estallar. El guardia de la entrada levantó su ojos y nos miró.

Caí. Claro, me lo había mencionado en ocasiones anteriores y yo lo había pasado por alto. Me lo dijo de forma muy gentil, y yo asumí que era sencillamente porque le gustaba juntarse con esa gente. Caí. Probablemente, en lugar de prestarme atención a mi, estuviera relojeando a la camarera, o a una de las pibas de edición.

Dudé. ¿Y si me estaba diciendo el cuento ese para justificar que no quería estar conmigo? Les juro que la ven y no dan dos mangos porque ella tuviera afinidad con otras mujeres.

- Hey - me dijo ella. Evidentemente me había quedado carburando en la cabeza semejante información.

- Perdón, pero la verdad, no me lo imaginé - contesté en un acto de pharresia.

- Pensé que ibas a darte cuenta. El otro día, cuando nos quedamos charlando más en serio en aquel bar, pensé en decírtelo directamente.

Pero no la encaré. La escuché, me contó los dramas con los padres, me contó hasta de un ex novio de ella. Que debe su tesis, que si bien está cómoda en el trabajo preferiría trabajar de lo que estudió. Todo eso, pero no esto que me acababa de decir.

Por otro lado, recopilé las veces que me contó de las fiestas gays. Pensé si la había visto mirar a otra mujer. Intenté reunir evidencia en mi memoria, pero no por dudar de ella, sino por intentar dilucidar cuán lento era yo para interpretar indirectas.

La recepcionista se llevaba unos pedazos de vidrio roto en una pala. Pensé en que quizás me tendría que barrer a mi también, pues pocas veces sentí que me quitaban todo tan de repente, así nomás, sin que yo pudiera hacer nada en absoluto.

El problema de cuando alguien que te atrae le gustan las personas de su mismo sexo es que no dejás de ver a esa persona como atractiva, y encima te hacés la fantasía de "bueno, quizás yo consigo que conmigo haga la excepción". Una especie de ilusión óptica que la imaginación practica.

Las evidencias

martes, 17 de julio de 2012

I

Entra caminando Jim Bentham. Viste una camisa negra y pantalones negros, lleva un cigarrillo apagado, nuevo y sin fumar, en la boca. Se detiene en el medio del escenario.

Bentham: ¿Qué es la verdad? Bah, mejor, vamos a una pregunta que parece no ser la misma, pero casi casi que lo es: ¿A las personas les interesa saber la verdad?

Deja caer el cigarillo de sus labios. Con un breve ademán del pie, lo pisa. Como si lo apagara.

Bentham: Creo que lo dije hace poco, en otra ocasión: hay momentos en los que uno dice la verdad, que es veraz y legítimo con lo que dice, pero que sencillamente la otra persona no le cree. ¿Por qué es eso? En reiteradas ocasiones se ha contado aquí situaciones ficcionales, cosas que no eran pero eran, de alguna forma. Ya sé que no lo van a hacer, pero lean Historia de la sexualidad II, o El gobierno de sí y de los otros, y...

Se detiene, problematizado. Acaba de descubrir que se fue por las ramas mencionando algo totalmente anecdótico e innecesario.

Bentham: Perdón. Lo que quiero decir es que no importa cuán veraz sea lo que decimos, en ocasiones puede darse que no nos crean. Son esas ocasiones en las que la evidencia incluso atenta contra la verdad. Por otro lado, las personas muchas veces eligen creer lo que les sea más cómodo.

II
- Epa, dónde estuviste todos estos días - dijo Michelle-, mientras me saludó.

- Enfermé. Mucho.

- Sí, no te veo como... - dijo, mientras observaba el calendario colgado en la pared-. No te veo desde el jueves.

- Yo también conté los días en que no te ví. ¿Me extrañaste?

Ella se sonrió sin mirarme.

Yo comencé a no entender nada oficialmente, porque viste que se te disparan cosas, ideas, imágenes, tendencias, cercanías.

- No me digas así - dijo ella, entre molesta y risueña, si es que existe eso-.

- Igual, podemos ver de solucionar eso de extrañarnos. Discutámoslo durante la cena.

Me observó casi seria, ya sin risa.

Me fui alejando por el pasillo, caminando para atrás, mientras le seguía hablando. Era un gesto: me quería quedar con ella, pero debía irme.

Ya sabían que obviamente, el apellido de Michelle es Foucault, ¿No?

III
Continúa Bentham hablando:

Bentham: Ya les hablé de la Pharresia, ¿es verdad? El hablar franco, que implica un involucramiento tal de uno con lo que dice, se une tan íntimamente con sus palabras, y por ende, con quien las escucha.

Pausa. Bentham observa detenidamente a algunos del público, los interpela con la mirada. Los ve, sabe que están ahí.

Bentham: La pharresia es un acto de honestidad con uno mismo, pero es importante ante el otro que ese acto de honestidad con uno mismo ocurra. Es la confianza mas íntima, es una demostración de lo caro que el otro me resulta.

Mira el cigarrillo aplastado. Un gesto de preocupación le transforma la cara.

Bentham: Y sin embargo, ¿puede la otra persona ante un acto de pharresia negar ese decir veraz? Ha ocurrido, créanme, más veces en la historia de las que estamos dispuestos a reconocer.

IV
Ah, mierda. ¿Saben de qué me di cuenta? Cuando me separé me sentí tremenda hija de puta. Cualquier cosa, terminé haciendo cualquier cosa. Y yo tenía un hogar, ocho años de pareja, tres de convivencia.

El problema es que cuando no reconocés las cosas vos, cuando no te das cuenta de lo que realmente te pasa, de alguna forma todo eso surge. Yo no reconocí que no era feliz en mi relación hasta tarde. Tuvo que pasar la crisis, encontrarme teniendo un affair con otro, para darme cuenta.

Una se manda cagadas. Me sentí flor de hija de puta. Y luego de eso, ya con mi ex mudado y viviendo en otro lado, descubrí eso: no lo hice por mala, sino por confundida, por equivocada. Y no se trató de una equivocación de cabeza dura, adrede.

Hay cosas que a uno le pasan, se los juro. Sartre dice que uno es responsable de las decisiones que toma. De acuerdo, pero ¿nunca les pasó que en verdad sienten que las decisiones lo toman a uno?

En la confusión una se mete en más líos, termina en una de esas, involucrada con más gente. Además, empiezan a decir de vos que sos cualquiera, que sos una puta, que sos una mala mina, que...

A mi eso me mata. Él, otro él, me dijo que no me preocupe por lo que dicen. Pero que sí, que piense, porque mis acciones tienen un peso.

Él, otro él, no mi novio de ese entonces, me pareció tremendamente tierno. Le propuse de todo, sin darme cuenta. Vení a casa, tomemos whisky. Le terminé pidiendo disculpas, vía mail, como una cagona porque no me animé a decírselo en la cara.

Ese otro él era el ex de mi hermana. Aterrada quedé de que se entere. Tanto que pensé en autodenunciarme, porque ya tenía tantos quilombos en la cabeza.

Todo eso le puede llegar a pasar a una mujer buena cuando se equivoca, y se engaña a sí misma sin darse cuenta. Él, otro él que no es el que mencioné recién, sabe todo esto que conté y me dijo que aún así soy buena.

V
Bentham: En mi caso personal, ya conocen parte de la historia. En definitiva, Rousseau no aceptó jamás mi versión de la historia, por más que yo sepa que es verdad.

Camina para un costado, sin mirar al público. Como paseandose, de aquí para allá.

Bentham: El problema de esto que les menciono es que, por más que uno sea franco con uno mismo, la pharresia -sostengo yo-, siempre la completa un poco el otro. Ocurre de tal forma, que se nos genera un problema, porque nosotros tenemos que justificar, entiendase casi fundamentar y probar, la franqueza de nuestros dichos.

Se detiene, gira la cabeza para mirar al público.

Bentham: El orden de lo probatorio, de la evidencia, pone en cuestión al decir franco, porque le exige algo, una manifestación empírica externa (es decir, no íntima), que lo sustente. Allí ocurre la crisis.

VI
Hay una serie de indicios. Me escribe diciendo que baje a saludarla, que no sea mala onda. Contó los días que no me vio. Arreglamos para salir, me pone hasta pretensiones de cuál obra ir a ver.

Pero a su vez, la empiria contraria: otro día le digo de ir a cenar y ni me contesta, cuando logro besarla me niega y me rechaza. Un día me sonríe cuando la apuro, al otro casi se ofende porque le dije "bonita". Le comento algo de mi vida y se mete, se enoja hasta si no quiero hacer lo que ella sugiere.

Me entré a preguntar qué trauma tendría esta chica. Pronto, más evidencias sobre este peculiar caso.

VII
Bentham: Con esto no digo que no hablen de forma franca, sino que con mayor urgencia recurran a ella, y reconozcan y reciban también la pharresia ajena, aprecienlán como el esplendor que es.

contreras

jueves, 12 de julio de 2012

I
Caminábamos con Michelle por la Gran Vía. Era sábado a la mañana. En particular, yo andaba tras la búsqueda de un Rickenbacker 4003 Fireglo, que me venía resultando bastante difícil de hallar.


Michelle me escoltaba porque, además de aprovechar el paseo para sus inevitables compras de velas aromáticas, estaba en contra de que yo adquiriera el mencionado instrumento. "No me parece que te gastes en eso", decía.

Sí bien eso había generado conversaciones con cierto nivel de tensión, yo en particular no le daba demasiada importancia.

Intenté dispersarme en una librería, para buscar uno de los libros de Merleau que no conseguía, pero enseguida me di cuenta de que el local era de libros religiosos, ya que las categorías en las estanterías rezaban: "moral", "teología", "valores familiares", "espiritualidad".

A los dos segundos estaba afuera, y Michelle se reía de mi cara de espanto.

En un momento, entramos en una galería y dimos con un local de música bastante maltrecho, atendido por un gordo barbudo. Era evidente que ese tipo tenía un Rickenbacker. Del '79, con algunos detalles en la parte de abajo, pero en excelente estado.

Charlé un poco más con el gordo, que en verdad no lo quería vender, lo había sacado del depósito solo para mostrarme esa reliquia. En un momento Michelle me pisó el pie, en un claro signo de advertencia de "ni se te ocurra".

Se hubiera tenido que quedar tranquila, ya que no pensaba llevárme ese en particular, y menos al exorbitante precio propuesto por el tipo ese, quien evidentemente pedía eso para no venderlo.

"Es que estas cosas tienen valor afectivo", me había dicho.

II
I am really bad at writing, i believe. I just do it because I dig de experience, and as Merleau-Ponty and Pablo Picasso (more or less) explain, words are pure tought becoming real. And I do not strictly separate thinking from feeling.

The other day I went to a bar where a friend of mine was going to read a short story she wrote. Quite a good tale, i must say: full of metaphores and poetry, a political feminist version of our government. And as I heard the words coming out of her mouth, I realize that most of my friends are really good at writing.

I believe that the matter here is, not only talent, but go and live life. I mean, the tales you can write, even if they are science fiction, must have some relation to your experiences. So, the richer your life is, the better you will write.

This is the practical support to my so "totally off topic" activities. I feel that you must do something completely unrelated to your profession, in order to enrich your capabilities. Perhaps you can find solutions in something that seems to have nothing to do with nothing.

Oh, yups. This is totally random, I know.

III
Hecho tipo necktrough, dos micrófonos single coil, el del puente con chapón. Ambos micrófonos tienen la misma polaridad, lo que genera el clásico sonido de "hum" distintivo de un Rick. Salida stereo.

Edición 2004 o superior, que viene con el switch de sonido vintage. Pickguard blanco. Escala larga, calibre de cuerdas 0.40, afinación estándar. Terminación en Fireglo, cuerpo de maple, fingerboard de palo de rosa. Creo que los frets son medium.

Quizás, sería posible, modificar el single coil del cuello por un toaster.

IV
- ¿Vos decís esa?

- Sí, ¿por qué no?

- Bueno, probaría con una de Woody Allen que están versionando. No me malinterpretes, pero Sartre es un poco pesado, no nos va a dejar con muchas ganas de vivir un sábado a la noche.

- Podemos ir la del domingo en todo caso.

- Genial. A puerta cerrada un domingo. Creo que me mato.

- Bueno bueno, está bien, si no querés no vengas, voy sola.

- No, sí, digo que voy. Pero para el sábado, veamos la de Woody. Y el domingo, tomamos algo de soma o prozac y vemos la de Sartre. ¿A que hora es?

- A las seis los domingos. A las siete treinta los sábados.

- El domingo tengo ensayo a las cuatro. Pero para el otro domingo veo de correr el horario y listo, llegamos fantastique.

- O lo pueden hacer el sábado...

- No llegamos ya a cambiar el día. Además creo que Solange específicamente no podía en otro momento. Dimos setecientas vueltas para eso.

- Ah, Solange.

- ¿Qué?

- Nada. Siempre dando la nota.

- ¿Cómo siempre?

- La otra vez también, ¿no tuvieron que andar cambiando todo para que encima ella fuera nada más un rato? Todo porque tenía un recital.

- Ajá. ¿Y desde cuando acotás vos sobre ese tipo de cuestiones?

- Es sólo una observación, nada más, Jon.

- Sep. La otra vez, cuando te la presenté, estuviste un poco arisca con ella. ¿Puedo arriesgar a que hay un caso de celos aquí?

- No, tonto. Solo digo en base a lo que vos mismo me comentás, nada más. Vos sos el que se queja, así que no me vengas porque nada que ver.

- Quién lo diría, Michelle con celos... Igual no entiendo por qué, no hay motivo alguno.

- Sí, como no hay motivo alguno entonces no hay celos, ¿entendés? Ahora, ¿me pasás el agua por favor? Uy, y ahora te andás sonriendo, por favor, nada que ver eso que decís... dejalo ahí, haceme el favor, fijemonos si hay que reservar para la de Woody...

Cositas, viste

miércoles, 11 de julio de 2012

I
A pero, comentame, ¿qué es lo que no te convence? Me encantaría que me dijeras por qué no. No por cuestionarte, ni refutarte, sino por conocerme un poco más, o saber cómo me ves.

Vos me mirás de una forma diferente, no como me miran los demás. Lo sé, yo te miro a los ojos cuando me hablás. ¿Sabés la cantidad de copas que tomé, mientras esperaba que me dijeras algo, que sencillamente me hablaras?

Te parecerá sencillo a vos: conociste a alguien en pleno viaje, te sentiste bien, te dejaste llevar. Y luego te fuiste, sin darme demasiada explicación.

If. What if. Odio preguntarme qué podría haber pasado. Aunque me doy cuenta que fuiste vos, más que nada, la que no quiso que pasara nada más, me pregunto qué hubiera pasado sí... ¿nos hubieramos conocido en otra etapa de nuestras vidas?

II
Según Jimmy, le atraigo porque debo tener algo de una maestra de cuando él tenía cinco años. Quizás sea mi carácter digno de una maestra, de andarle encima a los nenes, reprocharlos pero quererlos, acogerlos pero no mostrarles mis propias debilidades.

Suele decir que soy muy inteligente. Me gusta que lo diga. Más allá de que sé que el también me mira las tetas, me gusta saber que no es lo único que ve en mi.

Siempre me reprochó ser poco comunicativa. Si bien soy amiguera, según Jimmy, hay que hacer una especie de arqueología para intuir siquiera cómo me siento al respecto de algo, de lo que sea. Admito que tiene razón, que no dejo entrar a cualquiera.

Él es un tipo altamente racional, mide todo, se la pasa analizando variables, pensando posibilidades, diagramando mentalmente las cosas. Suma, resta, saca. Intenta ser un estratega, y no se da cuenta de que no somos así, de que yo no soy así. Aunque a veces sus métricas hayan tenido la razón, no soy así.

III
Me pregunto en qué momento habrá decidido ser así. Bah, como si se tratara de un momento. Debe ser solo esa sensación de momento aislable, de día x, en la que presiento que dejé de ser el tipo que era para ser otro.

Si alguna vez dije "yo, el peor de todos", fue en broma. Lo que pasa es que a veces uno arma tanto quilombo, jode a tanta gente, lastima tanto, que se siente una especie de bomba expansiva, de mala persona sin querer.

Y no, creo que tampoco es tan así. Al menos ahora, creo que no es tan así. Lo mejor que pude haber hecho fue decirle las cosas, irle de frente. Sino, ocultarle las cosas era montar una pantalla innecesaria.

La mentira tiene patas cortas. ¿Saben qué? Hay veces en que uno dice la verdad, pero aún así, la ficción es tan fuerte que es irremontable. Sobre todo, si salís con chica x, jamás jamás la vas a convencer de que no pasó nada con chica z. La gente muchas veces cree lo que quiere creer.

Cruces

miércoles, 4 de julio de 2012

I
Conocí a Michelle en un momento particular de mi vida: me encontraba desmotivado por la monotonía de todo. Esa monotonía que uno genera casi sin darse cuenta, atrapado entre esos intentos de salirse de la rutina que no son más que movimientos toscos.

Ella era una mujer común. De hecho, no recuerdo la primera vez que la vi. No le di pelota, no me llamó la atención, nada, cero. Y sin embargo un día, sentado en el 100 Montaditos, almorzando, apareció ella. Su cara me resultaba familiar, pero no lograba encajarla en mi memoria.

No sé por qué me fijé en ella ese día, la verdad. Llevaba una pollera negra y una remera violeta. Tenía una vincha que le toraba toda su cabellera para atrás, ese pelo castaño claro que tan bien le quedaba con sus ojos marrones.


Llevaba unas 38 horas sin dormir, y en medio de la crisis de vida que eso te genera, decidí ir hacia ella a hablarle. Me acerqué, para iniciar una conversación.

- Sí, te he visto en el trabajo -  me contestó ella-.

Me quedé pensando cuándo demonios me la había cruzado.

II
- Sí, contame Solange.

- Bueno, doctora, verá... Es llamativo, pero desde nuestro petit voyage a Toulouse, la relación entre Bayton y mi persona había quedado rara, como que hallábamos más roces. Justo íbamos a ensayar, y yo estaba particularmente inquieta porque quería mostrar algunas canciones, y sabía que él en particular era muy nulo para demostrar cualquier tipo de aprobación por cosas que no fueran ideas de él.


- ¿Te preocupa lo que él piense de vos?

- Es mi amigo, es normal, ¿no? Mostré una base en re y sol, con estribillo en la y mi. Algo sonaba conocido, según mi querido guitarrista. Y entonces Bayton cantó un poco de Everybody hurts, y me quise ingresar a mi propia muerte, porque estaba presentando un plagio y yo estaba re confiada en eso.


- Claro, entiendo. Lo tenés en estima porque lo considerás un buen músico.

- De hecho, él mostró uno de sus ya conocidos montajes que no tienen estrofa uniforme, y que adicionan capaz de cosas y arreglos. Nos resultó agradable, pero no sé. Me resultó predecible. Pero por otro lado, me gusta.

- ¿Él?

- No, no, lo que nos mostró me gustó.

- Arrancaste diciendo que sentís la relación rara, que vos querés que sea todo como antes. ¿Pensás que él siente cosas por vos?

- No sé. Es como si ahora, cuando lo veo en el ensayo, viera a otra persona. También, la relación entre él y yo está más tensa que antes, yo la siento más tensa.

- ¿Él te dijo algo que no te gustó? ¿Qué cambió en el trato con él?

- Mmm, bueno, ahora cuando chateamos tarda mil años en contestarme. Antes no era así. Y cuando le muestro algo que hice yo, no se muestra muy efusivo. Está hipercrítico con todo, como si tuviera una idea de lo que es la excelencia musical, así, pura.

- Soberbio. Bueno, quizás lo que pasó entre ustedes no tiene nada que ver. Sino que él tiene una etapa en su vida así, en la que trata de aceptar ideas de los demás, pero eso choca con su natural concepción de las cosas. Me da la sensación de que es más una impresión tuya lo "rara" que está la relación ahora.

- ¿Si?

- Sol, digamos que no hizo nada en particular que indique que está enojado, molesto o dolido contigo...

III
Fue luego de la oficina que nos encontramos con todos a tomar algo. Ahí estaba ella, Michelle, un tanto alegre por unas copas de más que había tomado: champán, apoyaba su cuerpo contra la pared mientras un puf la sostenía desde su bastante lindo trasero.

Al dj se le había ocurrido utilizar luces locas de color rosa y violeta, y todo me parecía sugestivo. Mi vida era sugestiva, porque estaba a un día de conocer a... esa que no recuerdo el nombre, pero que era bonita y simpática. Pero en ese momento, Michelle así, medio borracha, y yo, en claro ataque de revolución industrial. Me costó dos pasos acercarme a hablarle, sentarme junto a ella.

Estuvo bueno porque me dijo cosas que no sabía: que escuchaba heavy metal y que estaba a punto de recibirse de diseño audiovisual. ¿Por qué recién tanto tiempo después llegué a conocer estos detalles? Evidentemente me había enfocado en otras cosas, como saber de su familia o su libro favorito (Rayuela).

Me sentí que la iba completando, y que más me gustaba.

Ella me preguntó qué hacía específicamente, cosa que odio responder. Con algún chiste me tomó de la mano, se reía. De repente alzaba la voz, llamando al fotógrafo. Las luces le coloreaban la cara. Y me acerqué nuevamente a ella, aunque no era el momento adecuado.

Al rato, saliendo, me lo dijo...

Una cuestión de método

jueves, 28 de junio de 2012

I


Teoría de la deriva. Te despertás un día, estás de viaje, y te vas, te tomás algún transporte, y te perdés en la ciudad. Llevás tu mapa, claro. Pero no lo usás hasta que pase algún tiempo.

Entonces vas a seguir no direcciones, sino lo que te atraiga. Como ese cartel de neón que anuncia una megarecontra obra de teatro. O ese carris que va por la calle, ese que te tomás, porque lo más probable es que después de la catedral, pasando el tunel, te deje en la plaza central.

Y mezclarte un poco con la gente, sin ser la gente. Tal vez -aunque no será este el caso-, te encuentres con un metrónomo gigante. Usualmente, hay cosas de una ciudad que nadie te dice. Como el refugio de los jacobinos, esa ciudad secreta, ese jardín que se descubre detrás de una gran puerta de madera.

Recorrer una ciudad desconocida, sin un rumbo preciso, es una forma de enamorarse. Es otro de los motivos por los que jamás haría un tour guiado: que me corran con los horarios es inaudito, y que no me dejen estar lo que yo quiera en los lugares, ni hablar. Además, perdería esta libertad de perderme.

En algún punto de nuestro atolondrado recorrido, podemos tomar el mapa. Ocurre:

1. Hay que averiguar dónde nos encontramos

2. Hay que chequear qué hay cerca que resulte interesante

¿Sabés qué sentís? Nada. Hermosa y apabullante nada. Y eso es una libertad impune.

II
"Do something you're afraid of... and fail". Pretty much, that line, taken from the movie Dare, sums up what I feel.

Encuentro que no es poco usual que yo deba atentar contra mis propios hábitos. Todo comenzó hace años, cuando tenía que optar por un curso de filosofía -era lo esperable-, pero opté por otra cosa. ¿Y por qué elegiste teatro?, me preguntaron. "Porque es exactamente lo que yo dije que no iba a hacer". Quite funny turn of events, I must say.

Atenté otra serie de veces al respecto. Subirme en reiteradas oportunidades a un avión, por ejemplo. Mandar a la mierda a un jefe. Salir con la prima de un gran amigo mío. Why not.

En resumen: "La razón nos da los elementos para la creación, pero con la condición de que los usemos contra ella misma". (La forma más concisa de expresar esto se me tenía que ocurrir borracho).

III
Caminaba como camino siempre, pero sintiéndolo de otra forma. Perdido, aunque sabía a dónde iba. Esto de vacacionar tan lejos de casa, tan de visitante, es hermoso. Entonces, salí de la boca del subte, y di con el Vieux Port en pleno atardecer.

Me di cuenta de dos cosas en ese momento:

a. Esta gente ve esta belleza todos los días y ni lo nota
b. Esto que menciono me pasa a mi mismo en mi ciudad natal

IV
Pensé que había sido el método. Mi approach a Michelle había sido muy repentino, o quizás le había resultado desubicado. ¿Cómo saberlo? Solo deseé con toda mi alma que no fuera otra vez el temita de ex no resuelto, porque ya me había dejado una en otro país por eso.

Me la encontré cerca de Gran Vía, de casualidad, haciendo compras. Me vio, no se hizo la boluda, porque ella misma me llamó. Eso me reconfortó. Nos preguntamos cómo estábamos, blablero. Dudé dos segundos si hacer referencia a lo que había pasado hacía dos días o dejarlo ahí.

- Escuchame, perdón por lo del otro día, no quise incomodarte - dije medio atolondrado.

- No hay problema - dijo ella, y prosiguió-. Olivia me preguntó si la podés ayudar con un tema de la Facultad, que ella no caza una.

Cambió de tema, mala señal.

- Sí, no tengo problema, aunque no sé de qué se trata.

- De algo de... bueno, me dijo un nombre y no lo recuerdo...

Como cambió de tema, decidí no implementar me segunda frase que era "Si querés un día nos juntamos, podríamos charlar de cosas relevantes, como la crisis o la Euro", que era uno de mis chistes malos.

Se retiró con sus bolsas, caminando, llevando su silueta para otro lado. Me pareció que cuando le mencioné lo de la otra noche se volvió cortante, no quería hablar del tema. Soy bastante malo con las indirectas, prefiero los explícitos.

Pensé los siguientes dos días en ella. No soy de abandonar fácil y de ponerme a pensar en otra cosa así nomás. ¿Quizás tenía miedo? En una de esas la hirieron en una relación anterior. O quizás, efectivamente tengo que convencerla de que no soy cualquiera. O engañarla un poco, porque en realidad soy cualquiera.


Por A o por B, sabía que mi naturaleza me impediría quedarme callado. Pensé que quizás estaba con alguien, pero automáticamente descarté esa posibilidad porque el novio hubiera aparecido mencionado en nuestras conversaciones.


Y si piensa que soy muy frontal, no la puedo llamar así nomás. Preguntarle a Olivia es de salita de cinco.


Comencé a entender que Michelle era también difícil de descifrar, porque la verdad, no tenía las más puta idea de qué le pasaba por la cabeza.

M.

jueves, 21 de junio de 2012

Entonces me acerqué a ella, mirándola directo a los ojos, centímetro a centímetro. Me había costado horrores tomar la decisión, aceptar que me había conquistado de esa forma tan directa.

Y la hija de puta me esquivó.

- Perdón, creo que hay un malentendido - dijo.

Por un lado no pude creer que llegada esa circunstancia, esa proximidad, ella me rechazara así. Lo peor es que había ganado confianza a costa de hablar con ella de cosas sentimentales, o cómo nos parecía no entender nada, o cómo nos gusta dormir hasta las dos los domingos.

Miré la pared, blanca, oscura. En verdad la esquivaba a ella, que no sabía si me estaba mirando - asumo que no -, pero si sabía que se sentía al menos tan incómoda como yo. Era ese momento en que te abrís a la otra persona y resulta que no, que salís levemente lastimado.

- Claro -dije-. Por este tipo de cosas no es tan fácil.

- ¿Qué?

- Perdón.

Tardó unos dos segundos en responder. Justo cuando yo pude volver a mirarla, cuando pude volver a registrar que ella estaba frente a mi y que justo yo le había tradado de dar un beso y que justo se me había revelado que ella no pensaba en eso.

- No hace falta, está bien - contestó, mirando de reojo al piso.

La música del lugar seguía sonando: Michel Teló. Pensé en que me hubiera encantado sacarla a bailar, pero ya estaba en esta instancia en que no era adecuado. Además, sabía que a ella no le gustaba la danza en ninguna de sus formas.

Estaba perdido, bah.

- Bueno, estem - dije así tropezado-, estem. Lo que pasa cuando es que yo vos creo que sos interesante.

Ella me miró por una milésima de segundo, creo que fue una confesión de no correspondencia.

- Tomaste de más - me dijo-.

- No - le dije-. Si hubiera tomado de más, quizás te estaría insistiendo o quizás estaría haciendo como si nada. Pero acá estoy, hablándote.

A mi me enseñaron a incinerarme. A mi me gusta llevar el combustible, y que ellas pongan los fósforos. Tenía ganas de irme, de que se termine el momento. Pero hubiera dado todo por quedarme con ella.

No me contestó porque no había forma de que me contestara, porque no me quería dar una negativa tan directa, porque así, en todo caso, podría defender lo ocurrido como un acto de mi ebriedad, descalificándolo como total incoherencia.

De alguna forma me llamé al silencio. Ella lo rompió con una pregunta idiota.

- ¿Podemos ser amigos?

Opté yo por devolverle el silencio, no por venganza, sino porque tampoco tenía respuesta que no fuera groseramente directa.

Las luces, la música, el lugar, la gente. Todo me pareció tedioso, pero más efímero que de costumbre. Ya no me molestaba la música cachengue, los lasers, los empujones, el precio de la pinta. Si me molestaba ese momento que ocurre justo después de que te dicen que no, ese donde encontrás un argumento para no hacer las cosas, antes que para animarte a hacerlas.

Debo haber tenido un look terrible, que ella me tomó del brazo, lo que probablemente aseguró en ese momento un status de confusión que solo días después, conversando con ella, lograría descifrar. Era como una leve caricia. ¿Stereo?, pensé.

La verdad era que su carita me tenía a su merced, que esa tristeza no me ayudaba, sino más bien agravaba la situación en la que nos encontrábamos. Su pollera negra, sus botas posmo. Su remera a rayas blancas y negras. Era ella, como un todo, en su integridad.

¿Cómo decirle a alguien que te interesa sin usar esa palabra de mierda? Interés. De alguna forma, ya lo había hecho. Pero en ese momento pensé que el problema era la situación, que ella no quería arruinar nuestra relación o que sencillamente no le gustaba que nadie se le tire en un boliche.

Fair enough, pensé. Lo gracioso (o no, piensen lo que quieran) es que cuando caí en eso, cuando pensé en dejarla ser, o seguir las cosas luego, avancé nuevamente hacia ella y finalmente la besé.

- No - dijo ella retirándose luego de unos segundos, y mirando para abajo.

¿Era por insistencia la cosa? ¿Cuánta razón tenía? ¿O simplemente no se había animado nuevamente a esquivarme, porque dos veces seguidas en una noche le resultaba demasiado? ¿Me he convertido en un imbécil?

- Escuchame, no es el momento. ¿Podemos hablar luego? -  dijo ella.

Mi incógnita era aún mayor, no entendía con qué me estaba enfrentando. Pensé que iba a volar un cachetazo, cualquier cosa, pero que me digan de hablar luego...

- ¿Luego? Claro, aunque también podríamos hablar un poco ahora - apuré.

- No, ahora no es el momento ni el lugar. Fijate. Además de que necesito ordenar mis ideas, creo que ahora no es el momento apropiado.

- Como digas. Perdón, no quise incomodarte.

- Dejá de pedir perdón, por favor. Ya está. Solo es que no quiero hablar ahora de esto, no me parece el lugar, y la verdad que prefiero quedarme sola un rato al menos.

Un rato. Con lamento, la dejé en paz. Quizás debería haberme quedado, insistirle para salir del lugar, acompañarla a la casa, lo que fuera.

Fui a la barra. Me tropecé con uno que estaba charleta, me dijo que había mucha gente, que los del bar se tardaban mucho. Miré buscándola, para saber al menos por dónde andaba. Y me di cuenta de que se había ido.