Cruces

miércoles, 4 de julio de 2012

I
Conocí a Michelle en un momento particular de mi vida: me encontraba desmotivado por la monotonía de todo. Esa monotonía que uno genera casi sin darse cuenta, atrapado entre esos intentos de salirse de la rutina que no son más que movimientos toscos.

Ella era una mujer común. De hecho, no recuerdo la primera vez que la vi. No le di pelota, no me llamó la atención, nada, cero. Y sin embargo un día, sentado en el 100 Montaditos, almorzando, apareció ella. Su cara me resultaba familiar, pero no lograba encajarla en mi memoria.

No sé por qué me fijé en ella ese día, la verdad. Llevaba una pollera negra y una remera violeta. Tenía una vincha que le toraba toda su cabellera para atrás, ese pelo castaño claro que tan bien le quedaba con sus ojos marrones.


Llevaba unas 38 horas sin dormir, y en medio de la crisis de vida que eso te genera, decidí ir hacia ella a hablarle. Me acerqué, para iniciar una conversación.

- Sí, te he visto en el trabajo -  me contestó ella-.

Me quedé pensando cuándo demonios me la había cruzado.

II
- Sí, contame Solange.

- Bueno, doctora, verá... Es llamativo, pero desde nuestro petit voyage a Toulouse, la relación entre Bayton y mi persona había quedado rara, como que hallábamos más roces. Justo íbamos a ensayar, y yo estaba particularmente inquieta porque quería mostrar algunas canciones, y sabía que él en particular era muy nulo para demostrar cualquier tipo de aprobación por cosas que no fueran ideas de él.


- ¿Te preocupa lo que él piense de vos?

- Es mi amigo, es normal, ¿no? Mostré una base en re y sol, con estribillo en la y mi. Algo sonaba conocido, según mi querido guitarrista. Y entonces Bayton cantó un poco de Everybody hurts, y me quise ingresar a mi propia muerte, porque estaba presentando un plagio y yo estaba re confiada en eso.


- Claro, entiendo. Lo tenés en estima porque lo considerás un buen músico.

- De hecho, él mostró uno de sus ya conocidos montajes que no tienen estrofa uniforme, y que adicionan capaz de cosas y arreglos. Nos resultó agradable, pero no sé. Me resultó predecible. Pero por otro lado, me gusta.

- ¿Él?

- No, no, lo que nos mostró me gustó.

- Arrancaste diciendo que sentís la relación rara, que vos querés que sea todo como antes. ¿Pensás que él siente cosas por vos?

- No sé. Es como si ahora, cuando lo veo en el ensayo, viera a otra persona. También, la relación entre él y yo está más tensa que antes, yo la siento más tensa.

- ¿Él te dijo algo que no te gustó? ¿Qué cambió en el trato con él?

- Mmm, bueno, ahora cuando chateamos tarda mil años en contestarme. Antes no era así. Y cuando le muestro algo que hice yo, no se muestra muy efusivo. Está hipercrítico con todo, como si tuviera una idea de lo que es la excelencia musical, así, pura.

- Soberbio. Bueno, quizás lo que pasó entre ustedes no tiene nada que ver. Sino que él tiene una etapa en su vida así, en la que trata de aceptar ideas de los demás, pero eso choca con su natural concepción de las cosas. Me da la sensación de que es más una impresión tuya lo "rara" que está la relación ahora.

- ¿Si?

- Sol, digamos que no hizo nada en particular que indique que está enojado, molesto o dolido contigo...

III
Fue luego de la oficina que nos encontramos con todos a tomar algo. Ahí estaba ella, Michelle, un tanto alegre por unas copas de más que había tomado: champán, apoyaba su cuerpo contra la pared mientras un puf la sostenía desde su bastante lindo trasero.

Al dj se le había ocurrido utilizar luces locas de color rosa y violeta, y todo me parecía sugestivo. Mi vida era sugestiva, porque estaba a un día de conocer a... esa que no recuerdo el nombre, pero que era bonita y simpática. Pero en ese momento, Michelle así, medio borracha, y yo, en claro ataque de revolución industrial. Me costó dos pasos acercarme a hablarle, sentarme junto a ella.

Estuvo bueno porque me dijo cosas que no sabía: que escuchaba heavy metal y que estaba a punto de recibirse de diseño audiovisual. ¿Por qué recién tanto tiempo después llegué a conocer estos detalles? Evidentemente me había enfocado en otras cosas, como saber de su familia o su libro favorito (Rayuela).

Me sentí que la iba completando, y que más me gustaba.

Ella me preguntó qué hacía específicamente, cosa que odio responder. Con algún chiste me tomó de la mano, se reía. De repente alzaba la voz, llamando al fotógrafo. Las luces le coloreaban la cara. Y me acerqué nuevamente a ella, aunque no era el momento adecuado.

Al rato, saliendo, me lo dijo...

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