[Empecé a escribir esto hace aproximadamente un año y jamás lo terminé]
Personajes:
Jorge Bataille as: El rey
Susana Sontag as: La reina
Jim Bentham as: the beggar
Jackie Rousseau as: Mrs. Sunshine
Guy Debord as: Dr. Love
Justine Frischmann as: Dra. No
I
Ingresan el Rey y la Reina al escenario, caminando rápidamente, en medio de una acalorada discusión:
La reina: No no no, no lo creo señor. ¿Que yo soy una histérica? Creo que yo no tuve la culpa, que no insinué nada que no debiera y que fui directa cuando se trató el asunto. Ahora, que vos pienses en mi de esa manera, es asunto tuyo.
El rey: Hay algo que no me creo, hay algo que aquí está patas para arriba, y es que vos no me tratás como a todo el mundo. Los llamados, los guiños, tomarme de la mano. Y no comprendo la negación, pues si nos llevamos de maravillas, me sonreías todo el tiempo. Me hacés el único culpable cuando las evidencias nos atan el uno al otro, cuando no habría siquiera litigio de no ser porque vos y yo nos hemos entrometido íntimamente sin lograr jamás encontrarnos del todo.
Silencio. La Reina mira al Rey con cara extrañada, se ha perdido en las palabras de su majestad.
La Reina: Esto es inaudito. Yo no quiero siquiera ser Reina, y menos a tu lado.
El Rey no puede ocultar su gesto de dolor, las palabras de la Reina lo han herido.
El Rey: Pues serás desheredada, desterrada. ¡Ya no más! Fui un tonto al creer en tí, fui un tonto tonto, si te sigo escuchando me hundiré más en las tinieblas. ¡Todo para enterarme que nunca me quisiste! Jamás jamás, esto es...
La Reina sale deprisa del escenario. El Rey mira cómo se va, mientras las luces se van apagando. El gesto de su majestad es de desolación, casi sollozos.
II
Un mendigo se encuentra sentado en el piso, sobre la izquierda del escenario. Un sombrero maltrecho le cubre la cara, aunque podemos ver que lleva el pelo largo y barba. Toca en la guitarra:
Don´t fear if it´s too deep
Won´t be trouble to breathe
If your heart´s an ocean, may I swim in your seas?
But there´s no such thing as heaven...
Entra por el lado derecho del escenario el Dr. Love, acompañando a Mrs. Sunshine. Van caminando hacia algún lugar, por lo que cruzan el escenario. Cuando pasan cerca del mendigo:
Mendigo: Apreciable señor, ¿tendría una moneda para un humilde artista sin suerte?
Dr. Love se detiene, mira fastidiado. Justo cuando se dispone a continuar su camino, Mrs. Sunshine busca en su bolso algunas monedas para darle al mendigo.
Dr. Love: "Un tipo sin suerte", pero hombre, usted no hace más que quedarse tirado y molestar a los transeuntes con su "música" (hace el gesto de comillas). Debería hacer algo más de su vida, pues el hombre es dueño entero de sus actos, de su libertad, de sus decisiones.
El mendigo se quita el sombrero, el cual extiende para recibir las monetas que le da Mrs. Sunshine. Ella no dice nada, simplemente su cara delata su compasión.
Mendigo (escrutando con la mirada al Dr. Love): Una vez yo creí en el "selfmade man". Siempre fui un tipo soberbio aunque pocas veces logré darme cuenta de ello. Y quizás en el momento donde me sentía más seguro de todo lo que me rodeaba, la duda acudió a mi, me demostró que la consciencia es algo relativo y volátil. Desde aquel entonces no logro ajustarme a ninguna creencia más que a la temporalidad de las cosas.
Dr. Love: Un hombre sin creencias es un hombre impuro, no se puede confiar en él porque no se sabe en qué creerá mañana, a qué le será fiel, qué fines perseguirá.
Mendigo: Lo mismo me han dicho en muchos lados, amable señor. Debe ser cierto.
Mrs. Sunshine: ¿Ha usted perdido la brújula de la vida?
Mendigo: ¿Perdido? Jajaja, diría más bien que la he arrojado adrede, pues no me servía. Apuntaba a cosas que no quería.
El Dr. Love toma a Mrs. Sunshine del brazo, para llevársela.
Mendigo: ¡Adiós, gentes bien!
Ambos salen. El mendigo continua con otra canción:
Put your boots on and
Take a ride out of his town
Get away from these streets your will used to own
Girl I think you know, you don´t need his kind of love
And that´s how she forgot about him
Las luces se apagan lentamente.
III
La Dra. No se encuentra sentada en el escritorio de su despacho. Revisa unos papeles muy concentrada. Ingresan por la derecha Dr. Love y Mrs. Sunshine. La Dra. No los recibirá sin siquiera mirarlos, mantendrá el principio del diálogo continuando su actividad de revisión de papeles.
Dra. No: Estimados, un placer recibirlos en mi oficina. ¿Hace cuánto que no nos vemos? ¿Dos semanas?
Dr. Love: Aproximadamente, Dra. No. Verá, es que tuve que salir de viaje y esta chica no se anima a caminar a solas por el vecindario.
Mrs. Sunshine se ruboriza. Ambos se sientan en dos sillas, ubicadas justo en frente al escritorio de la Dra.
Dra. No (sin despegar los ojos de los papeles que revisa): No hay problema. La gente organiza y prioriza los tiempos según la importancia que le asigne a las cosas. Pues tiempo siempre hay para todo.
Dr. Love: Fueron unas semanas de locos. Sunshine aquí no se encuentra del todo bien. Ha terminado su relación con Dimitri.
La Dra. No alza la vista, mirando directo a Mrs. Sunshine.
Dra. No: ¿A qué se debió eso?
Mrs. Sunshine no contesta. Mira para abajo.
Dr. Love: Es joven, insegura. Dice que le preocupaba que todo fuera... "perfecto". Y entonces decidió terminar con el muchacho. Pobre, está destruido. La llama pero ella se niega a atenderlo. Muy descortés de su parte. Pensé que quizás usted pudiera hacerla recapacitar, quitarle el miedo al compromiso. La vida no siempre es una aventurita de jardín de infantes.
La Dra. No se para, camina pensativa, mira hacia arriba midiendo con precisión las palabras que ha de decir. Mrs. Sunshine tiene cara de miedo, sabe que no será bueno lo que va a escuchar.
Dra. No: A ver si comprendo. Escucho quejas de centenares de personas por semana, que se quejan de que sus relaciones no son perfectas. Y usted, que parecía finalmente haber sentado cabeza, haber logrado eso mismo, la seguridad absoluta, decidió tirarlo todo por la borda.
Dr. Love regaña con la mirada a Mrs. Sunshine.
Dra. No: ¿Qué ocurrió? ¿Era todo "demasiado perfecto"? Dimitri es una persona entrañable. Cuando acudiste a mi en un primer lugar decías tener miedo de todo. Con el tiempo y mi ayuda conseguiste no sólo salir al mundo, sino enamorarte del hombre perfecto. Y...
Mrs. Sunshine (en un tímido estallido): No. Es decir, yo era feliz con él pero ahora no. Últimamente no. Y lamento todo por Dimitri, pero no puedo mentirme a mi misma y peor, a él, todo por mantener esto que ustedes quieren. No es legítimo. Me deprime, me entristece, no puedo.
Mrs. Sunshine rompe a llorar. Se tapa la cara mientras la Dra. No y el Dr. Love la observan de una forma distante.
Dra. No: Tienes ya treinta años. Y sin embargo te comportas como una ninñita de cinco. Te falta madurez.
Dr. Love: Yo creía que estaba cerca, pero veo que no. Esto me ha desilucionado mucho. Creí que mi sobrina preferida se casaría con un galán de primera, pero...
Dra. No: Quizás sea un deliz, quizás entres en razón. Quizás puedas comprender, después de esta sesión, que en definitiva lo mejor para tí es lo que ya hemos reconocido como tal.
Las luces se apagan.
IV
El Mendigo se encuentra durmiendo, sentado en el mismo lugar que la escena II. Ronca. La guitarra se encuentra acostada a su lado.
El Rey ingresa silenciosamente, casi en puntas de pie. Mira al mendigo dormir. Este repentinamente se despierta y se asusta, alejándose repentinamente del Rey.
Mendigo: ¡¡¡Ahh ahhh ahh!!! Su majestad, ¡es que me casi se me va la vida del susto!
El Rey: Perdón mi amigo, es que lo miraba ahí, descansando tan apasible. Me resultó una sorpresa, pues esperaba encontrarlo tocando la guitarra, entonando alguna balada de esas que inventa usted de a ratos.
El mendigo, más tranguilo, vuelve a su lugar.
Mendigo (retomando el aire): Me quedé dormido sin darme cuenta. Pocas veces me ocurre.
El Rey: Acudo aquí porque me siento desolado, la mismísima Reina me ha confesado que no me quiere, cuando para mi era evidente que ella me amaba.
Mendigo: Ajá, ¿y por qué se le ocurre que en esa ocasión debe acudir aquí?
El Rey: Pues me siento desorientado, temo que esto derribe mis estanterías, en las que albergo mis ideales más fundamentales. Siempre busque la simpleza en la mujer, y cuando creí haberla encontrado en la Reina, ella me demuestra que la simpleza no es tal.
Mendigo: Uno termina teniendo las cosas tan claras que en cuanto algo no cuadra deviene una crisis fundamental. En el mejor de los casos, se trata de un cambio de paradigma. En el peor de los casos, un remiendo mal hecho que acarreará una crisis peor en el futuro. A todos nos ocurren ambas cosas.
El Rey lo mira pensativo. El mendigo atina a tomar la guitarra. El Rey le toma del brazo:
El Rey: Es que realmente me sentía en la cresta de la ola, todo era perfecto. Y ella era la frutilla del postre, ella era... pero ahora todo parece una estafa. ¡La odio! ¡La odio con toda mi alma! No es justo que me rechace a mí, que soy todo lo mejor para ella.
Mendigo: Del amor al odio hay un paso nada más, claro. Por otro lado, ¿fue ella así de tajante? ¿No quiere saber nada con usted, su majestad?
El Rey niega con la cabeza. Luego se agacha junto al mendigo, posa su cara sobre su hombro y llora. El mendigo lo mira extrañado, lo palmea sin saber cómo reconfortarlo.
El Rey: Tu fuiste también un noble. Quizás no un rey, pero si un caballero. ¿Y fue a raiz de quién que te convertiste en un mendigo? Más aún, fue tu elección, fue apropósito. ¡Pensé que habías perdido la cabeza pero te juro que ahora comprendo mejor!
Mendigo: Su majestad, su situación es diferente de la mía. Jamás olvide eso. Hace mal tenerlo todo, sépalo. Y es recién cuando uno llega al fondo que entonces puede comenzar a trepar.
Luces out repentinamente.
V
Se prenden las luces repentivamente. Dr. Love está en medio de la escena.
Dr. Love: La claridad pareciera ser en ocasiones un mal. La duda, para Descartes, era el fundamento de sus certezas. Y sin embargo varios, como Nietsche, Freud o Marx, han demostrado que ni la consciencia es tierra firme.
Dr. Love: Ahora, entiendan bien: Esto puede sonar a un justificativo de la inconstancia, a una canonización de la deriva total. Más bien, todo lo contrario: se trata de una reafirmación de que uno puede efectivamente dar consigo mismo, encontrarse. Los griegos habían hecho del conocimiento de sí, del arte de uno mismo, uno de los valores sagrados de su cultura.
Dr. Love: Si todo fuera así, tan frácil como dicen algunos, nada sería posible. Ni que yo esté hablando con ustedes ni que ustedes efectivamente y por alguno de esos vericuetos de las casualidades, estén aquí escuchándome.
Luces out.
VI
Pseudoplay
Publicado por T. en 0:46 1 comentarios
Etiquetas: bataille, bentham, frischmann, guy the quilomber, rousseau, sontag
Talk show host
I
Pero es que... ni nos hablamos. Nada, en serio. Intercambiamos miradas, o algo así. Y eso viste. Eso de compartir una mesa con amigos y que entre nosotros esté tan complicado porque ella estaba en frente un derecha y yo me reí de su chiste. Eso: ella dijo algo y yo me reí. ¿Hace cuánto que no ocurría?
Cuando me la crucé en la cocina me pregunté si era accidente. ¿Ella había ido a que la vaya a buscar o yo había ido a buscarla? No se entendía una mierda.
Pero me sonrió, mientras dejaba unos platos para lavar. Yo saqué una cerveza del freezer, mientras desde la mesa me pedían que trajera un Speed. Nos miramos, puse cara de "qué gente loca". Me sonrió de vuelta.
O sea: estuvimos juntos y ahora nos cuesta horrores comunicarnos mediante muecas. Bien ahí.
II
- Me lo veía venir - me dijo Micaela.
Odio ser tan obvio.
- Me parecía que estábamos en... que no estábamos motivados.
Es raro: primer corte de relación mutuo en la historia del rock. Pero lean esto che:
- Me da le sensación de que nos caemos bien y que por una cosa del momento empezamos. No te digo que no la pasé bien. Me gustó mucho.
Micaela cortó hace tres meses con el ex novio. Era un poco cantado que yo no le iba a funcionar. Y ella conmigo...
- Yo seguía un poco por inercia.
El día que me despierto y me doy cuenta que no quiero compartir el desayuno con la persona que tnego al lado, es el día en que comienza a laburarme el marote a full. Es cuando uno empieza a tener dudas, cuando uno empieza a elaborar planes de escape o lo contrario, justificaciones para quedarse. Porque las crisis no son claras: o hay que navegarlas o hay que naufragarlas.
- Por momentos me daba la sensación de que me inventabas cosas de más.
Lo que Micaela jamás compartió conmigo es ese código de "me lo tomo a la chacota" que tengo, ese código que supe compartir sea por oposición o complicidad. O sea: no me entendía las sátias, las ironías, los sarcásmos, mis inventos. No porque fuera tonta, nada de eso. Sino porque no era su onda.
- No, por favor, hagamos miti-miti - me dijo ella ante mi clara intentona de pagar.
III
- ¿Y por qué no?
- Simplemente no. Dejalo ahí.
Noté cómo le costaba, pero me era honesta. Era una especie de duro trabajo, que nos costaba a los dos sudor y lágrimas. Insistió:
- Me gustaría verte, a ver qué tal lo hacés. Jamás te vi en un escenario actuando nada... Me pierdo de eso.
- Tampoco vale la pena. Lo juro. Porque esto no es un fin, es un medio.
- ¿Y por qué siempre nos vemos en situaciones tan maquetadas?
Odio que me hagan preguntas tan excelentes, porque me provoca la curiosidad, me pone en una situación tan comprometedora, me moviliza de forma que...
- ¿Qué clase de pregunta es esa?
- Lo sabés perfectamente.
El tema es cuando yo empiezo a interesarme por ella. Todo surge ahí. Es como un reestarting point inconfesable, es su espacio en el cual ella me tiene. Y es en ese espacio donde ella puede quizás agarrarme de vez en cuando.
- No es nada serio que vaya a verte.
Me pregunté qué debía hacer con esa frase: desestimarla, tirarla, reconvertirla, eludirla, olvidarla.
- Bueno, me interesa. Podrías confiar un poco. Si querés, en retribución, yo puedo también mostrarte qué hago, aunque probablemente no te interese.
Decidí no meterme en eso, y eludí la conversación diciéndole que le enviaría la invitación esa que jamás le llegará.
IV
Entonces hay una vez en que ella me dice que se va. Y yo me siento pésimo por su ausencia. Pero a que no saben qué. Efectivamente, me di cuenta de que fui presa de un cualquierismo súbito, de algo que en verdad no es. Y entonces me di cuenta que:
Si bien estoy en camino, la ausencia de Jackie me afecta.
Los treinta también, me están afectando.
Y que ambos items convergen en lo que describo como una carencia de ideas global: no se me ocurre un carajo de nada.
En fin, como sea: nos vimos, por más que hubo un par de situaciones, no pasó nada. Y fue como si hubiera podido mantener el timón, como si hubiera dicho "ok, Justine, ya estamos ok. No sos tan peligrosa después de todo".
Luego de eso, me olvidé del asunto y todo estuvo bastante mejor.
V
Tiene el premio a la más quejosa, a la más fanática, a la más obse, a la más celosa, a la más controladora. El premio a la más demandante, a la más acaparadora, a la más reclamadora.
Y cambió, casi irreconocible. Que sale, que se emborracha, que se fuma un porro, que se divierte, que ahora conoce los boliches de la Costanera. En un principio me revolvió el estómago, pero después juro que puse todo en su lugar. Porque uno idealiza y cuando se da un tortazo, la puuuu
Todo es lo mismo. Nada cambia, en verdad. Digamos, sí, ya sé que todo cambia. Pero siempre cambia, entonces, es lo mismo. Bueno, algo así.
Entonces, cuando Bella viene y me pregunta "qué es de tu vida", yo sé que me lo pregunta Bella. Pero no me lo pregunta la Bella que conocí. Entonces, bueno, ustedes saben...
Publicado por T. en 0:57 0 comentarios
Etiquetas: bajtin, bella, frischmann, male ponty, rousseau
¿Cuándo pensabas decírmelo?
I
- ¿Y cuándo pensabas decírmelo? - dije.
II
Ella me dijo que dale, que fuera, que era una fiesta de su colegio y que iban a ir las amigas y quería que yo las conociera. "Así conocés a las chicas". Argumentó que podía invitar a mis amigos, que le dijera a Jorge y Gilles que habría chicas solteras, que sus amigas eran todas lindas y sólo dos tenían novio, además dijo algo así como:
- Dale, vos porteñito, salite de capital un poco, hay vida después de la General Paz-
- General Paz. ¿No es contradictorio? Un general que se llame Paz? Yo la verdad es que no comprendo, o sea, evidentemente en su nombre ese muchacho portaba otra vocación, no la de general.
- Tonto. Dale.
Arribé a casa de Jackie a eso de las diez de la noche, luego de un viaje en colectivo que pocas veces hago porque generalmente viene ella para casa. Justamente eso fue un argumento para que yo esta vez tuviera que moverme un poco para su lado, que tuviera que irme para el bajo, Avenida Libertador, Pelliza, Maipú y toda esa geografía que ya no frecuento tanto. Así que le dije a Jackie que contara conmigo
Jorge recibió la invitación con alegría. Gilles rápidamente improvisó cómo deshacerse de sus compromisos. Sorpresivamente Guy se prendió, como vive cerca fuimos juntos a cruzar la frontera de la capital con esa cosa lejana que es provincia. La conversación en el colectivo fue:
- Es que dijo que quiere que conozca a las amigas.
- Bien - dijo Guy-. Eso significa que está con vos, bien bien.
Reí.
- Posta. Si quiere que vayas para presentarte es que está todo bien. Más allá de que no hayan formalizado nada, significa que sos "presentable". Es un tema, en cualquier momento te presenta a los viejos.
- Es el tema. En algunas cosas se comporta como si fuera una novia, pero cuando hablamos del tema pareciera que se frikea, que le da miedo. Parece que le metieron los cuernos unas cuantas veces y yo estoy pagando la factura de eso.
- Mmmm, llamativo - observó Guy-. Tenés que luchar contra su complejo de inseguridad.
- El otro día me preguntó si Antonella y yo fuimos novios.
- ¡Apá!
- Sí sí, pregunta peligrosa, porque es un ni. No fuimos novios pero en fin, alguna cosa pasó. Y ahora nada lo juro.
Esta vez se rió Guy.
- Más allá de nuestros comentarios, es gracioso como ahora te defendés automáticamente del nombre de Antonella. ¿Cenaron el otro día?
- Sep. Pero dejate de joder. Con Jackie es como si en la práctica fueramos novios, pero al momento de ponerle esa etiqueta le diera miedo. Pero que ni se me ocurra siquiera mirar a otra eh. Es una especie de contrato de exclusividad undercover el que tenemos.
- He escuchado del asunto. ¿Ella no anda con nadie más?
- No creo, no está en su carácter. Está bien que es popular, pero no da con el target. Es hasta tosca de a ratos, tendría que ser demasiado buena actríz para montar algo así.
Nos bajamos en Libertador y Corrientes, para caminar dos cuadras y dar con el departamento de la señorita Rousseau. Ella nos recibió.
- Hi sunshine. Hola señor Debord, sea bienvenido a mi humilde morada. Sé que se siente lejos de casa, pero haga de esta morada su morada. Tengo una amiga que creo que es para vos.
Jackie estaba muy espléndida, muy radiante, su personalidad se exteriorizaba más que nunca. Al rato cayeron los dos provincianos de Jorge y Gillles.
- Me costó un Perú borrarme de la cena de aniversario de mis suegros, pero todo sea por el rockanrol - comentó Gilles.
III
San Isidro. Sí, ya lo sé, Sunshine. No te gusta juntarte "con esta gente", pero vamos, es divertido. El barman le tira onda a Jorge, es un cago de rida. Mi amiga Emily dice que tu amigo es lindo, avispalo un poco.
Ahora bien, vos te hacés el sota pero viniste bestidito para la ocasión. Me gusta como te queda la vamisa negra con la remera roja, está bueno el contraste. La primera vez que te vi vestido así me la quiero olvidar, claro, pero ahora todo bien. ¿Me vas a ayudar a convencer al DJ de que pase Un Poco de Amor Francés? Así bailamos un rock n roll.
No. Es cualquiera eso que decís, la Stout no es cerveza de mina. Y yo no soy una mina, las anteriores serán minas, pero yo no soy "tu mina". Te hago enojar y entonces te abrazo mientras bailamos y me gusta arrinconarte, y a vos te encanta sacarme de la pista, llevarme por ahí y que nos demos besos.
Jorge es un tipo macanudo, aunque tengo que opinar que debería agilizar sus trámites. Además, está hablando con mi amiga equivocada, porque la que le tiró onda es la otra. Todos están aquí, gente que no veo hace mil quinientos años, que no sé nada. Eramos tan jóvenes, ahora tenemos todos treinta.
Sos muy gracioso cuando bailás reggaetón. Pero bien, o sea, te hacés el payaso, pero no te movés tan mal. Te enseño a dar la vuelta, te enseño a cruzar los brazos por arriba y girar, pero vos me senseñás a quedar en cada accidente cara a cara, demasiado cerca como para...
- Hola, ¿qué hacés? - saludé.
- ¿Cómo andás tanto tiempo? - dijo Justine -. Y hola vos, mirá dónde te vengo a encontrar.
¿Justine conoce a Jimmy?
- ¿Cómo le va, arquitecta? - dijo él-. Aquí Jackie me estaba enseñando a bailar, porque la verdad que mis habilidades no existen al respecto.
- Claro, veo que nada a cambiado en este tiempo - le contestó Justine.
- ¿Ustedes dos se conocen? - dije.
- Pues claro - dijo Justine -. Si el vivía por Olivos y además supo frecuentar el bar del socio de Pepe. Licenciado Jim Bentham. Bienvenido a nuestra fiesta del Florida, siéntase como a gusto por favor. Y trate de no iniciar la paranoia en el loca, no vaya a ser que terminemos en un poco gracioso simulacro de incendio.
Jim sonrió. Comentamos dos o tres detalles más. Luego Justine se retiró.
- ¿Así que conocés a Frischmann? - pregunté- Qué pequeño es el mundo. Ella era de otro curso, algo traté con ella de pequeña, pero no demasiado. Digamos que ella es más de la onda artística, de dibujo y pintura. Y yo me dediqué a letras y leer y escribir.
Jim puso cara rara. Noté que no sólo saludó a Jim, sino que conocía a Jorge y a Gilles, con los que se quedó hablando más tiempo y riendo tendido. Pensé que era solo para dejarnos solos, pero no era solo eso:
- Digamos. Justine y yo salimos juntos, debo decirte - dijo Jim -. Fue hace años ya. De hecho me la encontré el otro día en el recibimiento de Jorge.
- ¿Y cuándo pensabas decírmelo? - dije.
- Que Jorge se había recibido o que Justine y yo tenemos una historia?
Estúpido.
- Bueno, te lo estoy diciendo. Justamente porque no tengo nada que ocultar, es una cosa del pasado. Justine efectivamente como dijiste, es bastante diferente a vos.
IV
Al otro día, hablando con Guy:
- Creo que está enojada, o molesta al menos. Desde que se lo dije esa noche fue como que se alejó, me trató con distancia. No sé si le molestó enterarse de esa forma o que simplemente yo hubiera estado con una conocida de ella.
- Sea como sea - dijo Guy -, evidentemente tiene celos.
- No por favor, ya para celos estaba Bella. Ella odiaba que me pudiera encontrar con Justine o cualquier referencia a Male. No le gustaba siquiera que las viera entre amigos. ¿Jackie también?
- Imaginate que Jackie no quiera que veas ni a Justine ni a Male ni a Bella. Vas acumulando prohibiciones.
- Quiero creer que Bella era excesiva, que Jackie no me va a decir que no les puedo siquiera hablar.
- Eso es tu culpa che, no aceptes esas condiciones.
- No las acepté. Aquí estoy pues. Pero Jackie, no me lo esperaba de ella, sobre todo con su dificultad con ciertas etiquetas y nomenclaturas.
- Women! Jim, relax. Seguro se le pasa.
- Sep. Igual Justine es una bomba de tiempo, vaya a saber lo que le dice. "Hola Jackie, mirá, Bentham blablero blabla".
- Dejalo che. Ya está. Jackie está con vos, aunque le cueste decirlo con todas las letras, pero cuando te fuiste al baño una de las amigas le preguntó si eras el novio, y ella dijo que sí.
- La puta, ¿y cuándo pensabas decírmelo? - dije rabioso.
Publicado por T. en 23:14 0 comentarios
Etiquetas: bentham, frischmann, rousseau
Los entrometidos
I
Una serie de cruces, ocurridos casualmente todos en corto tiempo y en un mismo lugar:
II
Esperabamos la salida de Bataille, que estaba pronto a recibirse. Nos encontrábamos aprontados en la puerta del aula 124 del Pabellón III de Ciudad Universitaria, con huevos, harina, vino berreta, vinagre y otras cosas sabrosas. Jorge no había querido ver a nadie antes del exámen.
Deleuze era de los más emocionados, iba y venía para todos lados, quería traer más huevos porque decía que eran pocos. Era la previa a una fiesta, pero:
La novia de Deleuze, Clarisa Lispector, estaba cumpungida sentada en el piso, a un costado de la puerta del aula donde rendía Bataille. ¿El problema? No soportaba que la ex novia de Gilles estuviera presente. Peor aún, sufría porque ellos se ponían a hablar.
Gilles hablaba con su ex, largo y tendido, como si no se vieran hacía años. Lo cual era verdad, pues más allá de que vivan en frente, hacía años que nadie sabía mucho de Angelina. Desde el piso Clarisa observaba. Odiaba a Angelina, no la soportaba, se paseaba tan impune por el Pabellón III, Gilles le prestaba tanta atención. Claro, total a él qué carajo le importaba, él había estado con ella, ahora era su novio. Él estaba en ventaja, las conocía íntimamente a las dos, sabía todo sobre las dos.
- Creo que le otorgás demasiada importancia - le dijo Jim a Clarisa-. Hace tiempo que estuvieron juntos.
- No me pasa nada.
- Vamos, tenés los ojos rojos.
- Es que no me da bola. Le habla más a ella que a mi.
- Igual -dijo Clarisa resentida -, vos no sos quién para decirme que me tome las cosas a la ligera, te recuerdo.
Bentham se hartó de hacer de soporte técnico a una mujer con la que ni siquiera tenía gran trato, así que optó por irse y ya.
Algo de razón tenía. Gilles parecía demasiado dedicado a Angelina. Pensé en enviarle un mensaje para avivarlo, pero solito se dio cuenta de que su novia se sentía más abandonada que perrito de la calle.
- ¿Qué pasa corazón? - dijo Deleuze, sentándose junto a ella y abrazándola.
- Quiero que se vaya.
- Pero corazón, ella es amiga de Bataille. Lo que importa es la recibida de Jorge, nada más. No le des bola.
Es probable que Clarisa no le haya podido quitar sus ojos maliciosos de encima a Angelina en toda la noche.
III
Ciudad Universitaria es grande. Pero aún así, si hay alguien a quien me podía encontrar era a
Justine.
- ¿Así que Jaqueline Rousseau es tu nueva novia?
- No estamos de novios. Simplemente salimos - contesté defendiéndome innecesariamente.
¿Será posible que Justine conozca a Jackie por el solo hecho de vivir ambas en Olivos? ¿Serán compañeras del secundario? ¿Irán al mismo almacén? Así tan frontal, Justine había venido a hablarme. A mi no me interesaba en lo más mínimo, pero ella con total impunidad se presentó y me saludó. Todo esto en la previa a la recibida de Bataille.
- Así que no es tu novia... Claro. Una fija - dijo Justine, guiñándome el ojo.
Iba a decirle que no era así, que simplemente quizás estabamos en el estadío previo a ponernos en serio, o quizás no. Que todo es relativo y volátil con Rousseau, que somos dos juntos y a veces separados. Pero me di cuenta de que no tenía por qué darle explicaciones.
- En fin... Pensé que vendrías a dar clases los miércoles. Veo que te cambiaron de día.
- Sep. Echaron al ayudante que estaba en la comisión de los martes. Se puso a salir con una alumna y se armó quilombo. Tenemos un jefe de cátedra bastante conservador. ¿Cómo va la banda?
¿Cómo mierda estaba enterad...? Claaaro... Pero qué tipo pelotudo que soy. Víctima de un laburo de contrainteligencia. Por más de que yo no pregunte por ella, Justine mantiene cierto contacto con gente de mi entorno.
- Ahí. Sólo preparamos un minishow, en cuando hagamos eso automáticamente la formación queda disuelta.
- ¿Disuelta? ¿O sos tan soberbio que por el sólo hecho de que tu salida desecadenará la disolución?
- Debo admitir que tenés razón. Reformulo tomando tu versión: luego de que toquemos me abro. Que el resto haga lo que quiera.
- ¿Puedo preguntar por qué esa inconstancia? ¿Por qué esa necesidad de desarmar lo que hacés?
- Solo sí puedo preguntar por qué te interesa tanto que yo desarme o rearme - retruqué un tanto cansado de la indagatoria.
- Debo ir a clase, hay entrega. En fin, bueno nos vemos. Ah, y felicitaciones por tu recibimiento.
Justine lucía soberbia, se alejó cruzando el patio central del tercer pabellón. Era evidente que había preguntado por mi, sabía cosas que no podía saber.
IV
Yo no quiero que venga nadie, no quiero ver a nadie, me tomé como cincuenta tés de tilo y estoy un tanto tranquilo. Camino para todos lados, pero es sólo por divertimento. Lo vi a Deleuze dando vueltas, ¿estará el resto? Los mato.
Y vos decime, ¿será posible que vos también te recibas el mismo día que yo? ¿Será posible que arquitectura legal se rinda en el mismo momento que Diseño Editorial? La puta madre, Sontag, pareciera imposible liberarse de vos.
Yo en el aula 124. Vos en el aula 122. Increible parece.
Yo te vi, vos me viste. ¿Estamos ofendidos? Vos porque te tiré un balde por la cabeza, yo porque siempre fuimos sólo amigos. Podriamos haber coordinado para ni cruzarnos. Y escuchame vos, Deleuze, ¿por qué mierda vas y la saludas? Estás acá por mi, no por ella, se sabe ya. No me importa que ella se reciba el mismo día que yo.
Y esto de tener que esperar dos horas en la puerta de un aula para rendir es una mierda. Y tembién es una mierda que me tomen escrito y luego oral. Probablemente Susana defienda un trabajito que entregó hace dos semanas y como además tiene todo promedio diez, está todo resuelto.
Pero yo, estoy al horno. Hola Justine, qué hacés. Sí, voy a dar mi último final, así que quizás me reciba, aunque... Sí, se recibió hará unos meses, si a mi me va bien nos ponemos a full con la banda. ¿Vas a dar clase? Tratalos bien a tus alumnos, mirá como sufrimos. No tiemblo de nervios, tiemblo por las esperanzas. Chau, sí, nos vemos claro.
Ahora me pasás por al lado. Mirá, yo soy menos cabeza dura que vos, te saludo. Hola, ¿cómo andás? Te saludo porque sé que no querés que te salude.
Y mirá que lo ensayamos eh:
Hola me dijo sorprendida Susana, como si nunca me hubiera visto. Yo le dije que la había visto, pero pensé que no quería que le hable. Ella mintió y dijo que no, que nada que ver. Yo le pregunté qué rendía, aunque ya lo sabía por Bentham. Ella dijo que Diseño Editorial. ¿No es esa la materia que da Justine?
En qué andás me preguntó ella. Yo contesté que me recibía. Ella también me dijo que se recibía. Y entonces le pregunté si estaba con alguien. Se tomó la pregunta para el orto.
Justo me llamaron. Entré, se presurizó el aula. Comencé a escribir, escribí como un frenético. Oral luego. Se me perdían las palabras, le decía "no sé" a la profesora. La mina me decía "pero lo dijiste recién", se me mezclaba todo. Una piba que estaba rindiendo en una mesa de más adelante se desmayó, entró el médico. Yo dije algo de la legislación sobre los pulmones de manzana. Me habían preguntado sobre espacios verdes.
Seis.
V
Alzamos entre todos a Bataille, recién recibido. Alguien le pasó la maquinita de cortar el pelo y cayeron uns mechones. Lo sacamos del Pabellón III, bajó las escaleras rápidamente y los huevos comenzaron a lloverle, la mayoría errando.
En menos de cinco minutos Bataille era un enchastre de huevo, harina, ketchup. El vinagre le picaba los ojos. Le tiré medio litro de Termidor en la cabeza: el peor olor del mundo. Polenta en sus pantalones. Mi remera parecía un batik, aunque Gilles estaba peor: parecía que él también se había recibido.
Alguien le alunizó un huevaso de Angelina en la frente. Sonó duro.
Justine me saludó saliéndo del Pabellón III, por las escaleras. La perdí al instante.
Sontag escapó sutilmente por la otra escalera, la vimos alejarse: no quería terminar hecha un enchastre, y sobre todo ser atacada por el gran enchastrado.
Publicado por T. en 12:59 0 comentarios
Etiquetas: bataille, bentham, deleuze, frischmann, Lispector