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martes, 22 de enero de 2013

Seré sincero:

Con Bentham muerto no sé qué hacer. Es como quedarse sin matriz de pensamiento, núcleo organizador, o lo que sea. Creo que la dinámica entre él y Jackie me resultaba relativamente fácil de llevar.

Pero también es cierto que me encontré en un callejón sin salida.

A su vez, podría ocurrir que todo siga igual. Puedo de hecho elegir otro personaje y listo. Pero las chances de que se pareciera a JB son muchísimas. De hecho, los paralelismos entre Allen y Jimmy creo que son evidentes.

Punto muerto, entonces.

Revisando mis notas, encontré esta:


Los Inexpertos

(Esto podría ser una de las primeras partes)

Recuerdo cuando Clarice me dio mi primer beso. Ella tenía un año más que yo: ocho, pues yo tenía siete. Ella llevaba esos anteojos de marco negro, con aparatos. Yo tenía ese corte de casquito que siempre le reproché a mi madre, pues me hacía cortármelo así desde los tres años. Cuando iba al peluquero ella me decía "No te rapes, Allen. No te rapes". Jamás me rapé como hasta los catorce.

Bueno, les cuento: Aquel día Clarice llevaba unos jeans medio gastados y una trenza larga que le llegaba casi hasta la cola. Yo siempre fui un desgreñado. Mis pantalones rotos por la rodilla, mi camperita que había sido de mi primo. Ella y yo eramos dos sujetos raros perdidos en ese bosque de pinos, justo al lado de las canchas de fútbol y del cole. Las ventajas de haber crecido cerca del puerto, en zona norte.

Nos habíamos escabullido un momento de los juegos del día de la familia. El equipo rojo le iba ganando al equipo azul por veinte puntos. Pero aún faltaba que yo corriera velocidad, y era el más rápido de todos. Clarice y yo nos habíamos entretenido charlando, caminando, ella comía una hamburguesa recién salida mientras yo aún no probaba bocado. Sin querer nos metimos en el bosque de pinos, al lado de las canchas de fútbol, ese lugar del cual yo escribí un cuento un año antes.

El papá de Clarice andaba por ahí, supervisando el asado para que saliera perfecto y cagando a pedos al encargado porque la madera para el fuego no era buena. Pero era genial que él estuviera entretenido en ese fuego Pensé que si el papá de Clarise nos veía me iba a meter en problemas.

Caminamos, nos perdimos por ahí. Yo jugaba con una rama que usaba de bastón, espada y escopeta. Me sentía en una excursión de aventura con ella. De hecho, lo recuerdo, me sentía raro, sabía que algo pasaba.

"Querés que te de un beso", me dijo ella de repente. Se la notaba nerviosa, o sin saber exactamente cómo decirlo. No supe qué responder. Hacía dos segundos charlábamos de los grandes, de cómo no tenían asaltos sino reuniones, de cómo no veían dibujitos. Y así nomás, eso. No me tuvo misericordia, así como me lo dijo me estampó un beso.

Sentí cosquillas en la panza. Sentí mi cabeza volar por las copas de los árboles. Pensé en qué loco sería que esté todo dado vuelta. Ella dijo "mmm". Yo no sabía si preguntarle si estaba bien o quedarme callado. Por las dudas la tomé de la mano. Mientras nuestros labios tendían un puente entre el uno y el otro.

Fue gracioso. No abríamos los labios. Ella después de no se cuánto los abrió un poquito. Entonces cuando nos dejamos de dar un beso nos quedamos mirando. Ella se rió. Yo me reí, aunque no sabía bien de qué: estaba confundido.

Yo no le solté la mano. Nos quedamos sonriendo un rato, yo le pregunté si le gustaban los árboles. ¡Le pregunté si le gustaban los árboles! ¡Qué pregunta pelotuda! Cuando volvimos con los demás, el padre de ella estaba buscándola. Que dónde estaba Clarice, que ya le había preparado su otra hamburguesa.

"¿Querés que te de un beso?" Ahora digo, ¿qué pasó con lo directa que era Clarice? Debo decir que fue valiente: se aventuró a algo que ninguno de los dos conocía, tomó la decisión por los dos. Clarice no me preguntó si quería un beso. En realidad afirmó "te voy a dar un beso, Allen".

¿Y yo con siete años que iba a decir? "No, que no sé cómo es eso". "Perdón, no se hace". No me dio tiempo (por suerte), a opinar. Eramos eso: unos inexpertos. Creo que después perdemos algo de la magia o nos volvemos mucho más diestros. Un beso de inexpertos es un beso sin precedentes, un ensayo total, eso que queremos hacer pero no nos sale, no tanto porque supongamos que sea difícil sino porque nos damos cuenta de que nunca lo hicimos.

Ella me miró y se fue. Yo me quedé pensando en quiénes eramos Clarice y yo. ¿Eramos novios? ¿La gente se vuelve pareja cuando se besa? Digo yo, algún tipo de acuerdo común tiene que haber para aceptar eso, es un beso.

En el recreo del lunes ella me sonreía. A mi, que era algo así como el don nadie del aula. Ella me decía que no podía invitarme a ver tele a la casa. De todas formas, yo casi no miraba tele. Ir a tomar helado me pareció cursi. Pero una vez dijimos de ir al cine, de escaparnos del cole. Me acuerdo que fuimos al Unicenter, a ver una de una tal Julia Roberts. Malísima, pero la pasé bárbaro.

2 comentarios:

Crisálida dijo...

ES MUY TIERNO!

T. dijo...

lo tenía totalmente olvidado