Entré al departamento y era un caos. Hablo de la mesa totalmente tapada de cosas, de medicamentos, de papeles, de libros, de cajas. Y en el piso ropa sucia, o limpia, o mas o menos. Creo que en un momento tropecé con algo que estuvo vivo en algún momento: ah, claro, un pedazo de pollo (?).
- No me digas nada del desorden, chango - dijo Rolland.
- Obvio que sí te voy a putear - contesté.
Había llegado al departamento de Barthes para idear hacia dónde mierda salir, y el me había avisado del estado caótico de su morada, pero les juro que...
- ¿Pensaste?
- Sí - dije-. Vamos para un lugar que se llama El Maltés. Aunque dudo que te cope la música, había buen material la última vez que fui. Que fue en verdad la primera vez en mi vida que fui ahí, o sea, que técnicamente no es la última vez, porque...
- No me jodas.
Me senté en su computadora, la cual era otro espacio caótico. No encontré cómo cambiar la música, todas las ventanas que intentaba navegar estaban previamente logueadas con usuarios de Rolland (oh, lógico que así sea, que tonto soy), y comencé por ende a responder unos mensajes vía directo con una amiga de él.
- ¿Quién es Clarixa?
- La conocí en Santa Fe. Amable chica, aunque un poco malumorada.
Me caí de la silla. No por la impresión que me generara Clarixa, sino porque ni las sillas están en estado en el departamento de Rolland. Ya charlamos con Bentham que nos tiene preocupados esta depresión de él.
II
Ya se le va a pasar, no lo presionemos. Pero hay que acompañarlo para que salga para adelante. Cuando él te dice que no quiere salir, hay que hincharle las pelotas para que salga. Pero no siempre, porque también necesita... viste... tener su espacio.
Lo que no tenemos que dejar es que se encierre. ¿Viste como está ahora? En pleno caos. Yo te juro que no sé cómo vive así. Claro, él te va a decir que no tiene tiempo, que entre la facultad y el laburo está como loco. Pero son pamplinas, vos fijate que antes no le pasaba eso. Es más, tenía menos tiempo.
Sí, sí, ya sé que al estar de novio entonces se veía obligado a mantener más orden. Pero te digo -te sugiero, te increpo a pensar, te soplo la idea- , que todo tiene un límite. Jamás había visto tan desbandada la cosa, tan abandonado todo.
Mentira, sí he visto cosas abandonadas, y peor. Como cuando murió mi madre. Guy, yo te juro, vos no viviste en una casa desolada: donde efectivamente nadie podía moverse -no había voluntad-, en la que recuerdo una vez haber encontrado al gato ese muerto, vaya a saber cuánto llevaba ahí. Y todo porque sencillamente "las cosas dejaron de hacerse".
A lo que voy es que reconozco la dejadez de la depresión, y el caos, el desorden de Rolland, es eso. Y no esa pelotudés que nos quiere vender de su nueva etapa de la vida en la que no tiene tiempo.
III
Le pregunté a esa tal Clarixa qué haría a la noche, si saldría. De una forma poco ortodoxa, la chica interpretó que la estaba invitando a salir. Mejor: interpretó que Rolland la estaba invitando a salir.
- Che, dice que viene para acá.
- Pará pará, no tengo ganas. Digamos, si hay una chance de que conozca a alguna mujer hoy, si está ella me va a sabotear.
La cara de Rolland manifestaba desagrado por la idea de que su amiga viniera para acá. No sé por qué, pero era evidente que había hecho algo mal.
- Bueno, le digo que no vamos a salir - contesté, con la idea de resolver el problema en tres segundos y ya-.
El problema fue que la chica se puso insistente, que me dijo que ahora le había dado ganas de salir, que hacía mil año que no nos veíamos (que no veía a Rolland), que se venía para casa (la casa de Rolland).
- Es cabeza dura - agregué-.
- No no, pará. Decile que estamos saliendo, que no...
Tengo la teoría de que esta chica le tiene ganas a Rolland. Veran, pues nuestro decaido amigo no terminó la frase que le sonó el teléfono y era ella. Y no logró hacerla desistir de venir. Ergo, en treinta minutos la tuvimos abajo, ejecutando reiteradas presiones al portero eléctrico, piso octavo A.
Mierda, debe haber pensado Rolland, mientras levantó tres cosas y pateó otras dos, como si el desorden quedara arreglado así.
- Che, quizás ve este quilombo y se espanta.
- Esta NO ES MI IDEA DE SALIR DE JODA - dijo con cara de cabreado en serio-.
Clarixa resultó ser una chica, digamos... con la que no es fácil dialogar, ya que emite respuestas tales como "si", "no", "no sé", y no se explaya en más detalles. Mejor aún, estaba más centrada en ver a dónde saldríamos. La mera imagen de arrastrarla a cualquier local me parecía un tanto...
- No tengo ganas de arrastrar a nadie - me había dicho Rolland justo antes de bajar a abrirle.
A su vez, pensé que llevarla a El Maltés no era una buena idea: destruiría el karma del lugar. Y no conseguiría que Rolland, absorbido por esta Clarixa, se emancipara un poco de la idea idealista de su ex.
Le ofrecí un poco de cerveza a la muchacha. Con una de las peores caras de ojete del mundo me contestó que no tomaba ese tipo de cosas. Me quedó claro, luego de su sonrisa asquerosa, que además su proyecto era echarme de la noche.
A mi nadie me echa de la noche. De última, vos te vas de la noche, pero yo la sigo.
Además, dejar a Rolland solo con esta mujer, en medio de este quilombo, era inhumano, admito. Me sentía responsable. Imaginensé a causa de esto teníamos a Rolland internado por sobredosis de ansiolíticos. No quería pensar en eso.
Me encerré en el baño un poco, y decidí llamar al Jimmy. Este me atendió con su últimamente habitual tono de hinchado las pelotas.
IV
Bueno, lo que precisan es que esta mujer no quiera estar con ustedes. Y hay algo sencillo: para resolver un drama con mujeres, no hay nada mejor que agregar más mujeres. O sea que le dicen que van a salir con unas chicas, y ya. Porque la piba de violinista no se va a querer quedar.
Ah, y vos de paso, de sopetón, me preguntás de dónde vas a sacar a las mujeres que te van a salvar de esa mujer. ¿Yo qué sé? Suficiente que te estoy tirando la posta de cómo resolver el tema. No precisás siquiera llevar a nadie en verdad, ya con la excusa sirve. O sea, decís que van a salir con unas, si querés te mando un mensajito y decís "oh, mirá esta piba está con su amiga por acá y vamos a darle".
Bueno, en verdad, tenés un problema de orden pragmático: ella ya se fue hasta ahí. Ergo, con la sencilla excusa no la sacás.
La verdad, flojo. Escuchame, ¿para qué invitan a venir a una piba con la que no quieren salir? ¿Qué clase de amigas tiene Rolland? Ah, bueno, estás frito. Un amor. ¿Así te contestó? Escuchame, dos mas dos, cuatro. Hacé lo que te digo.
V
¿Por qué carajo ahora se le da por decir "dos mas dos, cuatro" cuando quiere fundamentar algo?
La hipótesis benthamista era plausible. La excusa de que saldríamos con unas amigas sería ideal para descartar a la chica. Dicho sea de paso, cuando terminé de hablar por teléfono y salí del baño, sentí que con la mirada esta chica me expropiaba la vida, se quedaba con el 51% de las acciones, como echándome.
Pensé que si Jimmy no me podía ayudar, aún así podía ejecutar el plan con ayuda de Gilles. Le envié un mensaje, pero más allá del asunto, decidí implementar.
- Me dijo Jimmy que está con unas chicas, que precisan compañía. Creo que es un tremendo plan, podemos salir al Shamrock, incluso podríamos evitar que este haga desmanes.
- Eh, alto plan, contestó Roland con un interés insípido. Tuve que avivarlo vía mensaje: "seguime la corriente, que esta no va a querer salir si salimos con otras".
- Oh -contestó Roland más efusivo-, acá me mando un mensaje diciendo que me quieren conocer.
Le sonrió a Clarixa, que sonrió de vuelta pero tan tan falsamente, y luego me arrojó una mirada con tanto odio que me debe haber restado al menos dos años de vida.
- Bueno, ponete lindo - le dije, apreciando que él no estaba listo y que quizás estaba tan desastroso como su departamento caótico, lleno de ropa tirada, cajas de cosas, papeles, ardillas y muchos manices.
Ese era yo quedando aún más como el ojete con esa chica, que hemos de decir que no estaba fea, pero sí que tenía una actitud que daba miedo. Y qué me importa, si total ya estoy condenado, no le voy a hacer nada, la verdad que quisiera que se vaya.
- ¿Y a dónde vamos? - dijo ella.
Gran cagadón. Gran. No se daba por aludida, la situación se estaba agravando, la cara de Roland era de cuasi llanto, escondida en una sonrisa que intentaba sobrellevar momentos de diálogo con Clarixa, mientras con algunas miradas me pedía que resolviera la situeishón.
Decidí llamar a Gilles finalmente.
VI
- Vamos che, va a ser divertido - decía Gilles -. O sea, salimos un toque y les damos una mano. A vos te gusta armar estos montajes, la llevás a ella y después nos tomamos el palo.
- Pero no es así, o sea: vos me estás pidiendo que lleve a mi chica para allá, que te la preste para hacer de farsa de que salen con minas estos, por favor.
- Dale pelotudo, tengo dos, necesito la tercera para que aparente que salimos los tres.
- Ideas de mierda tengo yo.
- Es pa lo pibe, dale.
De esa forma, Gilles convencía a Jim de que convenciera a Jackie para que acompañe al primero, y dos amigas de este, al departamento de Roland. El objetivo era simular que saldrían los tres, y de tal forma dejar arafue a Clarixa, quien renunciaría inmediatamente a salir al verse rodeada de gente que se conocía y era buena onda y no conjugaba con la tremenda cara de orto que a ella le encantaba poner.
Llegaron tarde, como a las dos de la mañana. Jaqueline refunfuñó un poco, pero la idea le terminó resultando hasta divertida, aunque las dos amigas de Gilles no le parecieron para nada adecuadas (tema de discusión).
Guy y Roland recibieron a los cinco (Jim esperaba abajo) como si se tratara de la salvación. La cara de Clarixa en ese momento era tétrica, estaba cansada, se había dado cuenta de que no obtendría lo que quería, pues para ella lo único que había hecho la situación era empeorar.
- Bueno, caímos con las chicas - se anunció Gilles.
Todo habrá durado com mucho diez minutos más, en los que las chicas hablaron más que nada con Guy, porque el salame de Rolland estaba lento. De hecho, fue Jackie la que le dio más charla, casi como si se lo quisiera levantar. Quizás este hecho, esa conversación tonta, la risita jijiji tonta de Jackie, y el pseudo toqueteo, lograran que finalmente Clarixa se decidiera a irse.
- Bueno, se hizo tarde - dijo, mientras tomaba su cartera-.
Victory. Hell yea.
Get the girl out
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Toulouse / Too Loose / Tu luz
Mal dicho: le posgrad.
Mal dicho, digo, porque así no es. Pero Jorge y Guy me insistieron en que era una buena idea agarrar el curso de Toulouse e irme unos meses. Y es increible como todo a mi me pasa por accidente, todo para que no pase nada. Porque yo no soy dueño ni de lo que me pasa.
Y a mi se me viene a la cabeza el George n Dragon, ese lugar tan impecable en la esquina de la rue donde servían un Russian no se qué que se bebía Debord mientras yo iba por la tercera cerveza. Y yo tenía en verdad una ansiedad del tamaño de St Etienne y el refugio de los jacobinos. Y pensaba en Jaqueline y en qué ocurriría en Italia.
- Pero a Toulouse tendrías que volver soltero - me dijo Debord.
Algo de razón tiene: está lleno de universitarias bonitas por todas partes, por la Garonne, por la ville, por le parc, por la Université de Sciences Sociales... ahí donde se supone que tengo que ir a solucionar todo.
- ¿Solucionar todo? - preguntó Jorge -. No seas boludo, si vas ahí es para vivir una especie de sueño responsable. Porque te harías el que estudiás pero en verdad te vas de joda.
- Anyways, no puedo ir ahora. No llego y además está el casamiento.
- Siempre el no, siempre el no - protestó Guy -. Sos un tipo con suerte y te quejás de que te sale el comodín, pedazo de pelotudo. El ahora no es una boludés, vos pensá en la posibilidad que tenés.
El George n Dragon es uno de los lugares más importantes del mundo. Porque ahí uno se junta a charlar con chicas y a hablar con gente que toma White Russian. Y no vi a ninguna leyendo a Zizek, pero sí había gente que escuchaba el White Album. Y eso es bueno.
Además del Happy Hour y del hecho de que entre la Sociales y el George hay solo unas cuatro cuadras.
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El tipo más garca del mundo
Mientras me iba contando, yo me reía. Casi escupía mis cereales del desayuno, se me salían por la nariz los cachos de tostada. Guy había finalmente pegado onda con Beatrix.
- ¿A dónde la llevaste?
- Fue un tema, porque acá no hay telos viste. Y en la habitación están ustedes. Entonces, le dije al de la recepción que me había olvidado la campera en la sala común, y me dio la llave. Eran como las cuatro de la mañana.
- ¿En la sala común anduvieron?
- Sí. No sabés lo ruidosos que son los sillones esos. Encima ella quería estar en los de adelante.
- Decime en cuál sillón estuvieron, porque no quiero sentarme en ese. A todo esto...
Le señalé la pantalla lcd frente a la recepción, que tenía las cámaras de seguridad. Guy abrió los ojos como dibujito japonés, y le preguntó al recepcionista:
- ¿Esa cámara da a la habitación común?
- Claro - le contestaron-.
- Bueno, Guy - le dije riéndome-. ¡Ahora sos actor porno amateur!
Guy se entró a reir también. Ya toda la noche anterior había sido medio ficcional. Pero estaba cantado que Beatrix y él tenían onda. Sólo hubo que dejarlos solos en el boliche ese "Mi madre era una Groupie", y listillo.
- En un momento, entró un chino.
En ese momento escupí más cereales, porque me impedían reirme.
- Entró un chino. Posta. Y el sorete nos vio y no se iba. El tipo más garca del mundo...
Yo estaba de humor: sin noticias de Jackie, y St. Claire me había respondido mi mail. Iniciar la mañana con el cuento de Debord fue realmente chistoso. Nadie le borraba la sonrisa de la cara. De ahí, nos fuimos al Uffici.
Publicado por T. en 22:29 0 comentarios
Etiquetas: debord
St. Claire
Volvía de Gaena con una depresión atómica. Era obvio que iba a pasar esto, o que iba a pasar cualquier cosa poco copada con JR. Lo que ocurrió, es que encontrame con ella tan lejos tenía una especie de aura mítica. JR y JB se accidentan en Italia, cerca de la estación de tren.
Y si bien JR no ocultó su gran emoción, es evidente que estos últimos días ha estado convulsionada y que yo estoy tan inestable como el plutonio. Guy me dijo que era insostenible:
- Es insostenible. Te quiere dar a toda costa.
- ¿Y si yo te digo que no?
Guy se rió. Sabía que si bien no teníamos chances, Jackie y yo seguiamos siendo potencialmente un quilombo.
- ¿Que no qué? - dijo al terminar su carcajada.
Ni lo uno ni lo otro. Pues si bien nos perdimos con JR por las calles de Gaena, esa ciudad italiana tan bonita, pero no tanto como Brugge. Cuando Jackie me había anunciado que se iba para Europa, pensé en esta probable coincidencia. Y luego:
- Hicieron ambos dos todo lo posible por coincidir en aquella ciudad. Ni siquiera estaba en nuestro itinerario original - reclamó Guy-. Pero está bueno eso de elegir destinos que no sean tan conocidos.
Con Jackie nos encontramos en la estación de tren, a la que habíamos llegado una hora tarde. Pensé que se había ido, que se había cansado de esperar. Pero dí con ella en mi search desesperado.
- Hicieron mucho para encontrase en esa ciudad. Para ir a ver a Boticelli.
- Y te juro que ni ella ni yo teníamos planes de que pasara nada.
- Lo peor es que lo creo de los dos. Pero que no se plantearan las cosas así, de frente, no significa que no tuvieran intensiones ocultas. Ambos.
Como Jackie habla italiano, me ayudó a pedir el almuerzo: un bocadillo de jamón crudo y una Heineken. Almorzamos en las escaleras de la estación. Paseamos por los puentes de el Revere, río que corta la ciudad por la mitad. Fuimos al museo de bellas artes. Guy merodeaba por ahí, mientras Jackie me abrazaba y a mi me entraban a picar las ideas.
Me la pasé rascándome la cabeza.
Llegamos a la plaza de las estatuas, donde encontramos diversas réplicas de obras como el David, o Venus, o Afrodita.
II
Mientras volvíamos a Gaena, Bentham estaba en un estado de cuasi depresión llamativo. No habló durante todo el viaje. Esgrimió la excusa de "estoy cansado". Cuando todos sabíamos que Jackie lo había dejado mal.
Cuando llegamos a Roma estaba más despierto, pero seguía sin hablar.
Discutíamos con Beatrix -nuestra compañera de viaje de Ururguay, chica muy simpática con la que yo tendría algo dos días después, al irnos de Roma-, y Lidia -amiga de Bea-, los lugares a visitar mañana: el Vaticano y el barrio Tras Tevere.
Como quién es artífice de su propia revolución, Bentham no perdió tiempo y al llegar al hostel fue derecho a la habitación. Yo me quedé chequeando mails y charlando con Beatrix, nuestra compañera de viaje de Uruguay.
Teníamos que definir la cena, cosa que ibamos a discutir con Bentham pero cuando él bajó:
- Estimados, me voy a cenar con la holandesa.
Teníamos una compañera de cuarto holandesa, con la que Bentham había estado charlando. Una chica de una sonrisa radiante. Tenía un aire a... una actriz que no recuerdo el nombre. Bentham lo mencionó, pero no me sale ahora.
- Epa - dije-. Muy bien señor. Me deja con las dos damas esta noche.
Jim estaba renovado. Causa-efecto. Dejó a Jackie en el fin del mundo, pero precisaba confort, contención. Se ve que la cosa con Rousseau no había quedado diez puntos. Pero se las ingenió para reciclarse, y se iba a la cita más cara del mundo.
III
- Hello! How was your day? -said Bentham as soon as he opened the door, to find Claire sitting in her bed and checking some maps.
- Hi there. Pretty well. I visited Vatican city today. Got some pics to show you. Where did you go?
- Gaena. Wonderful place, nice people and ice cream.
- Oh...
The thing about Claire is that she had this wonderful smile. She smiled at me since de first day I saw her, when we arrived with Guy, Lidia and Beatrix, late.
We talk a little while, about some places in Rome, as well as our schedules.
- So, are you doing something tonight?
- No - she said with a sad face -. I´d love to see de Colliseum at night, I´d love to take some pictures of it.
- Oh, that would be nice. We can go tonight, my friends are staying in, so perhaps we...
- Yay! I would like that.
- ... perhaps then we can have something to eat, or hang around in the city.
She smiled.
We said at nine.
IV
- Please, prestame Euros que no pude cambiar hoy.
Genial. Él se iba con la holandesa, y yo tenía que financiarlo. Para mi que se vino el viaje pensando, y es obvio que subió directo a la habitación para encontrase con Claire.
Volvieron temprano, los escuché llegar. Claire se iba la siguiente noche, por lo que ambos recorrieron el resto de Roma por su cuenta, mientras yo me preparaba para...
Notas sobre "Se suponía que..."
I
Hola, mi nombre es Guy. Quizás me recuerden de posts anteriores como... bueno, quizás no me recuerden. De todas formas, estoy aquí para aclarar algunas cosas sobre el post de abajo.
Primero, Jackie en ningún momento acorraló a Jimmy, ni lo persiguió ni nada. Sí, ocurrió que por esas cuestiones del azar, totalmente calculadas, terminaron sentados uno al lado del otro. Se trata más de una ficción de Bentham, antes que algo que haya sido verdad.
Segundo, él le dijo qué tomar, pero no porque ella se lo pidiera sino porque él se hizo cargo de ella.
Tercero: algo que debemos conceder, es que Jackie concurrió al evento especialmente arreglada. Cosa que llamó la atención no sólo de Jim, sino del resto de los concurrentes.
Cuarto: Al otro lado de Jackie se sentó otro sujeto,, Darío, que le tiene ganas. De ahí, la expresión dicha posteriormente a la salida "vos y yo estamos tratando de cortar leña del mismo árbol". Y es mentira que a Jim le importó tres carajos eso.
Quinto: No es verdad que Jackie fue tan frontal al buscar a Bentham. Se trató de algo más sutil. La relación de ellos amerita que tuvieran algo más que una "charla de salón". Pero, nuevamente, la personalidad de Jim tradujo eso en una especie de ataque vertiginoso.
Sexto: Una leve corrección, pero que debe hacerse. Jim no se soltó de la mano de Jackie. Jackie le puso la mano en el hombro y Jim se corrió.
II
Yo, que soy Jackie, creo tengo el derecho a contar también un poco cómo son las cosas.
Llegué, sí. Tarde, para variar. Y nos sentamos uno al lado del otro. Pero porque ya todos saben que tenemos una relación más cercana, o la tuvimos, o lo que fuera. No porque yo armara nada en especial.
Como me visto o no, para salir, es mi problema.
Darío me tira con todo, es evidente. Ahora bien, Jim podría dejarse de joder con eso un poco, sabe que no le voy a dar pelota.
Hablé mucho con Jim. Pero fue todo correcto, y creo que él también quería hablar conmigo. Lo que no me gustó fue cuando efectivamente, se alejó de mí. Como si tuviera lepra o algo, decir que no fue grosero, sino volaba una trompada.
Mentira lo de la trompada, sé perfectamente que no me da para hacer eso y que tengo algo de miedosa.
Sobre la vestimenta: él se puso la remera que yo siempre le dije que le quedaba bien. Y la camisa esa negra linda. Así que no hablen.
Yo dije que quería algo light y él solito se metió.
A él le da bronca porque Darío es mucho más frontal que él, y me abraza y eso. Y Jim, como es a veces un incompetente para demostrar algún tipo de afecto, se pone del orto con eso. Yo no soy hiperdemostrativa, pero me alguna pila me pongo.
De última, además, Jim estuvo hablando con Inés y yo no me puse loca ni nada. Aunque no me gusta esa piba. Encima ella se vino peinada, re vestida y todo. Pero los comentarios los ligo yo, es injusto.
Último: no lo perseguí, para nada. Pero como él es un complotista, se cree hago todo apropósito. Nada que ver. No negaré que quería hablar con él, pero su lectura fue exagerada, y además, si te perseguí tanto, corazón, me parece que después vos también te sentiste a gusto hablando conmigo.
Jamás le dijje "eee hola qué tal, quien sos". Emití un "hola, ¿cómo andás? Tanto tiempo...", con cara de "hablemos que no muerdo". Y me costó mucho decidirme, convencerme de que él mismo no mordía, para ver si podíamos entablar una conversación como dos seres humanos.
Gracias por leer este descargo.
III
Ok ok. Muchas de las afirmaciones que acaban de leer, que corrigen mi tergiversada versión de los hechos, admito que son verdad. Peor hay cosas que no dejan de ser como las planteo.
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Sobre algunas revueltas
I
Considero, a la fecha de hoy, que en los momentos en que me sentí más realizado fueron también los que fui más soberbio. Digamos: sostengo que mis percepciones eran erroneas, que mis valores se basaban en dogmas fallutos.
II
- ... ue siempre te sentí un poco... que no sabía a dónde ibas. Me vas a decir que me tomo las cosas a pecho, optaste por irte del trabajo de un día para el otro, barajaste treinta destinos de vacaciones en media hora sin siquiera perguntarme, al cumple de mi viejo fue todo un que voy-que no voy contínuo.
- Jackie, a ver. Sí, te tomás las cosas demasiado a pecho. Y creo que hay cosas que a vos te figuran "de repente" porque en verdad no prestabas demasiada atención, o no percibías. No negaré mi cierta volatilidad, pero vamos, tampoco soy un electrocardiograma...
Somos dos icebergs.
- Por otro lado, señorita, me está hablando la que decide irse a Dublin en una semana. La diferencia entre vos y yo es que yo celebré tus iniciativas, vos...
- ¿Celebrar? ¿Tenía que celebrar todo lo que hicieras? ¿Que dieras vueltas en U en Juan B. Justo, por ejemplo?
Esta no me la perdonan más. Y yo se lo conté como algo anecdótico. Me costó dos días de que no me hablara. Ni Jorge se lo tomó tan mal.
Entonces yo me puedo dar cuenta de que lo que me atraía de ella eran sus inseguridades de niña malcriada. Y ahora mi gran desencanto es que ella, gran proclamadora del desvarío, me señala como que siempre me "salí del plan".
Recién esa noche pude deshacerme de ella.
III
Hay una idea de Michel que me gusta mucho. No recuerdo exactamente el texto, sólo sé que está en La Vida De Los Hombres Infames, y dice algo así como "somos más libres de lo que creemos".
IV
Y muchas veces funciona por accidente, como a mi me gusta. Porque de a momentos se explotar las situaciones.
Por ejemplo, puede ocurrir que cuando quede una moneda en la máquina del colectivo, yo intente devolvérsela a la chica que justo subió antes que yo. Y ella me conteste que en verdad es que la máquina le tomó mal una moneda de 25, como que era de 50. Y yo le conteste "bueno, pues en ese caso te ganaste 25 centavos". Con una sonrisa toma la moneta y me dice gracias, que debe ser su día de suerte. "Jamás había conocido a alquien que creara dinero en un colectivo, la verdad te felicito. Usualmente solemos perder dinero en estas cosas..."
No habrá sido mi actuación más brillante, pero al menos fue. Y así la gente se habla.
V
Salimos y estuvo perfecto. La llevé a cenar a La Rosadita, charlamos toda la noche. Creo que con ella tenemos onda realmente, podemos hablar mucho. Aunque por momentos me daba la sensación de que no sabía cómo encarar la cosa.
Tomamos vino, porque a ella le gusta cenar con vino.
Fuimos a bailar por ahí. A un lugar al que llegaría por accidente, a un cumpleaños de Bentham: el Podestá. Luego me enteré que allí fue el lugar de altercados finales de este con la señorita Bella, versión 1.0.
Pero al bailar con ella logré más proximidad, logré algo de auténtico "flirteo" (eeeeesa, me encanta esa palabra). Piso arriba, barra de la izquierda, al lado de una de las columnas del fondo. Ahí estábamos, y probablemente sonara una cumbia cuando me aproximé y nos dimos un beso.
Fue raro, porque no pasó demasiado más. No entendí si había ido demasiado lejos o qué, pero lo pienso y juro que hice lo que tenía que hacer.
Seguimos hablando con ella los días posteriores, pero al momento de hablar para salir de vuelta, nada. Su manera de esquivar fue tremenda. "Nos vemos en clase", dilapidó. Entonces también volveré a jurar: me cayó como el ojete. Gilles me decía que no me tomara el asunto tan a la tremenda, que era solo una mina. Jim alegó que "hacen eso". Jorge me contestó "pfff, madurá, Guy".
VI
So, if you ask me: el que no tiene un poco de suicida, el que no atenta contra su cordura, el que no se une de a ratos al "cualquierismo", el que no estalla para disfrutar de sus explosiones, ¿para qué vino?
Si esperás siempre el momento perfecto, te juro que te vas a cagar de embole.
Esquivando el salón
Supongamos que nos invitan a una fiesta de casamiento miti judio miti cristiano. Supongamos que llegamos tarde, porque antes nos juntamos en mi casa y vos empezaste a tomar licor de melón. Además, supongamos que cuando llegamos nos encontramos con Guy que estuvo de colado en toda la ceremonia y además cenó de garrón "pollo al champignon, buenísimo".
Supongamos que ponen la canción esa del panamericano. También, podemos barajar la posibilidad de que cansado de esperar al barman, yo mismo me haya adueñado de la chopera para servirme mi vaso. Porque antes, probablemente haya probado uno de los peores destornilladores del mundo, y debido a tal infracción haya retornado a mi bebida natal.
Y entre tantos supuestos, cabe la posiblidad de que vos hayas terminado en mis brazos porque no te podés mantener parada, y nos hayamos sentado en los sillones de un costado. Mientras todos bailaban, supuestamente yo podía hacer lo que quería con vos, porque estabas más detonada que Hiroshima.
Ahora bien, no sé bien qué suponer sobre la cuestión de por qué no te di un beso cuando estabas completamente a mi merced. Elaboré una serie de teorías al respecto -digo, ¿cuando no?-, en las que se supone que yo no me aprovecho de nadie, que prefiero tener el completo acuerdo de la otra persona, o...
En algún momento de la noche, Guy me increpó: ¿Y? ¿Le vas a dar pelota o no? Hoy te la ganás.
Pero creo que no... Si bien he de admitir que ella estuvo muy al pendiente de mi volátil estado de ánimo estos días, y he de admitir que cuando uno anda inestable entonces necesita cariño, y que ella es una fuente de eso, mi cabeza no estaba de acuerdo en llevar las cosas acabo así.
Diría Guy: Está con vos. De fi ni ti va men te no es tu a mi ga. Tampoco la estás violando, che.
Eso, ella en mis brazos, ojos cerrados, se sonreía de a ratos. Me decía cosas como "¿De qué color es el techo?" o "Pa panamericano... ", mientras yo le decia a todo que sí. Un breve momento me retiré a la barra a traerle un vaso de agua, para que ella dijera "pero, ¿y tu cerveza?"
Y acotaría Guy: Te hacés demasiado drama. A vos ella te gusta. Quizás no para casarte, pero el tema es que te tomás todo demasiado en serio. Podrías aprovechar un poco de atención femenina, que a todos en algún momento de nuestras vidas nos ha hecho falta.
Porque siempre, en algún momento nos falta. Como en ese momento faltaba que bajaran el volumen, o faltaba que me trajeran mi vaso de cerveza porque no sé dónde andaba, o faltaba que ella no me tome por la cintura apretándose contra mi pecho. Y faltaba que ella me pidiera "¿Porfa, me acompañás al baño?"
El momento glamoroso de la noche: yo llevando a Betina de la mano, sosteniéndola por el salón, atravensando las mesas y esquivando las sillas -que evidentemente la atacaban-, todo para dejarla en la puerta y que dijera "Chaucito. Esperame eheeee".
Y los hechos, más que los supuestos, son que estaba yo esperando a una chica hiperquinética pasada de copas en el Golf Club de Villa Adelina, con Guy que se preguntaba si realmente yo era idiota y yo preguntándome por qué realmente soy un tipo tan estructurado.
"Hola, volví", dijo risueña ella. Y otra vez la odisea de atravesar el salón, abrazado a Betina. Saludamos a mi ex jefe, que ahora debe pensar que comploto con ella para destruirlo. "Así que ustedes dos andan juntos", debe haber dicho. Y yo, preocupado como buen imbécil, "no, señor, no es lo que usté piensa".
Nuevamente en el sillón, Betina me preguntó si yo tenía novia. ¿Qué más me faltaba? Eso, que quisiera bailar. Fue como si ella se revitalizara ebriamente para sacarme a bailar en medio del carnaval carioca. Elal con peluca celeste y sombrero de bruja. Yo con las orejas de Shrek y un garrote inflable.
Y será que a mi me gusta quedarme con las preguntas porque no me banco las respuestas, pero entre danza y danza no hubo más que alún roce y algún abrazo, alguna mano que se deslizaba por la espalda del otro y siempre la sonrisa implacable de los dos. Mientras alguno de "los otros" observaba de reojo cuando nos ibamos a dar un beso, yo pensaba si realmente estaría genéticamente impedido para aprovecharme de una chica en pedo. Yo me aprovecho, pero no en estas circunstancias che. Me gusta más la labor psicótica o alguna oportunidad de quedar mal frente a alguien muy lúdico. ¿Pero así?
Diría Guy: Así uno se la pasa, así uno conoce gente, así uno se manda cagadas, así uno se caga de risa, así uno después no la mira a la cara al otro día en la oficina, así uno después se despierta con ella al lado. Es así como uno improvisa, es así como uno anda en cualquiera, es así como uno se lame las heridas. Porque uno puede y debe permitirse estas cosas, sin culpa.
Aclaré que yo no tengo culpa.
Él desaclaro el asunto, pues invocó "¿Qué mierda te importaba si ella estaba en pedo o no? En definitiva, estaba con vos".
Y yo desaclaré otro poco: "Se me ocurrió que estaría mejor vernos en otro momento, ella no en pedo y yo no atajándola por el salon".
Guy desaclaró más: "¿Podés tratar de no planificarlo todo? Justamente, hoy era la chance... Ahora ella está sobria y se piensa que vos tenés cero onda con ella".
Claro. Ahora estamos en una mesa vacía del salón, porque casi todos se fueron. Betina se ríe de los chistes que hace un desconocido que quiere levantarsela y yo charlo de a ratos con Guy, de a ratos con otra gente. Y de los abrazos que desperdicié ya no queda nada, y al otro día me levantaré con un corsódromo en la cabeza y la pregunta de "¿Qué mierda me pasa?"
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Leaving song, pt3
Porque irse de los lugares no siempre es fácil. No siempre se trata de sencillamente desaparecer y tirar una bomba de humo, desconectarse instantaneamente. Dicen que puedo ser un tipo frío, un "freezer" (Bella dixit). Y sin embargo cuando uno cambia de trabajo, siento toda una burocracia del abandono funcionando.
Así fue como nos quedamos con Guy planificando alguna vez una de mis últimas campañas, en claro estado de ebriedad, pero que resultó en una gran idea. Y menos mal que chequeamos la redacción de los documentos al otro día.
Más recientemente, Betina dijo "al fin!" al enterarse. Me mando a actualizar rápidamente mi LinkedIn y mi Facebook, porque según ella ahora hay que tirar la data más actualizada online. "Dale no seas salame", dice Brecht, omitiendo mi relación amor/odio con lo que hago.
En plena pelea con Jackie -se enojó porque no fui a almorzar con sus padres. Tiene algo de razón-, en el teléfono, le conté. Logré que se ofenda porque no le había comentado nada del cambio. También, tiene razón.
Entonces cuando uno está de salida en un trabajo, está entre cosas: por un lado todo ese futuro que se vendrá y que uno desconoce, y por otro lado, disfrutando de una nada hermosa, de una oficina que ya no es propia. Uno logra tomar una distancia de los problemas, ponerse en perspectiva.
- Total, vos ya estás afuera -me dicen mientras cae otro problema gran gran-. Lo que me preocupa es quién va a encargarse del Illustrator.
Illustrator, es una preocupación mayor. Y yo me pregunto quién hará los emoticones ahora en la oficina, porque hay que seguir haciéndolos. Contribuyen al clima laboral, lo juro.
Chejov esbozó una sonrisa al enterarse. Porque yo me enteré que en donde trabaja ella están buscando líder de redacción, y ella me iba a proponer a mi.
- No sabía. Pues, creo que he desbaratado tus planes.
- Lástima, pero te felicito. ¿Me llevás contigo?
- Me encantaría, pero no creo que aún tenga ningún tipo de poder de decisión sobre a quién traer y llevar. ¿Lo discutimos en un martes de Opera Rock?
- Encantada.
Rousseau está hablando demasiadas pestes de la directora. En una de esas, si ella es tan parecida a mi en eso, termina cambiando también.
- Es una cheta reventada - dijo Jackie-.
"Reventada" es una palabra que más de uno me ha afanado.
Y los amigos siempre están dispuestos a festejar, aunque no comprenden el ritmo al que he venido trabajando. Jorge dice que eso de que no duermo es cualquiera y Gilles que me preocupo demasiado. Y el maldito de Rolland, de viaje.
- En una de esas volvemos a trabajar juntos - dijo Guy-. Es un mundo pequeño. Recordá que ya compartimos trabajo en dos ocasiones.
Es cierto. En ambas ocasiones Guy tuvo que ver cómo me iba. Una vez fue como se debe. La segunda, asistió a un relámpago revolucionario. Y ahora, que lo miraba por tv, se trataba de una batalla política entre mi jefe y yo:
- Te crees el inventor de la dinamita acá, Jim. Pero acá somos todos los que trabajamos para mejorar las cosas.
Cuando me preguntan qué característica mía debería cambiar, contesto "la soberbia".
- Sos bueno en lo que hacés, pero tenés algunos issues con la autoridad.
No es para tanto, che. Pensá que no inicié ninguna revolución ahora, ni una revuelta, ni un cirquito. Tengo mala fama nomás.
Hacerme mala fama es una especied e hobbie que tienen Jorge, Gilles y Guy, para molestarme.
- ¿Cómo es que Bella sabe? - inquirió Gilles-.
Esa es una historia esporádica: me la crucé justo cuando iba a hacerme los malditos exámenes clínicos. Increiblemente charlamos como si nada. El 152 es un escenario curioso para charlar con juna ex.
And now, deeper into de wolves jaws, my friends...
Las cruzadas
I
- Ah, le dije a mis amigas que vengan para acá - dijo Debord-. ¿Todo bien?
Y qué mierda le iba a decir... Ya las invitaste, caen en una hora, no no, no hay problema.
- Son buena onda, las conocí en el sur hace dos años. Nada del otro mundo, pero después vamos a la fiesta.
II
Me resulta inverosímil cómo terminé en tu casa. ¿Crees en el destino? No puede ser, vos mismo alguna vez me hablaste de casualidades demasiado casuales, con eso de las ambulancias y blablero.
Nos cruzamos, y ahora una amiga nos dice que vamos a la casa de un amigo de un amigo que resultás ser vos, St. Bentham. Finalmente conozco dónde vivís. Y ya sé que van a estar mirando los atributos de Solange, pero... Te ves tan divertido, aunque digas que tenés un humor un tanto degradado.
Me gusta tu lámpara de lava, me da curiosidad tu guitarra eléctrica, si me guiara por la larga charla que vamos a tener toda la noche diría que terminamos juntos voy y yo, que nos damos otra oportunidad.
III
Dejenmé cuestionar algo del sr. Bentham: no entiendo qué sujeto se la pasa hablando con una mujer para no hacer nada. Yo lo quiero mucho, y Betina es una chica bastante linda. Pero la verdad que no lo entendimos. Los mirábamos en casa de Jim y se llevaban de maravilla, hasta Gilles dijo:
- Che, mirá que se llevan bien ustedes eh.
- Es que fuimos compañeros de trabajo- contestó con una sonrisa Betina Brecht.
Ahí nos enteramos de que la excesiva onda de Brecht con Bentham venía de antes.
Y nos quedamos un buen rato en lo del señor, escuchando a los Beatles. Y esa Solange preguntó qué estaba sonando, cosa que se le perdonaba porque estaba más buena que comer con la mano. El tema era que se la disputaban Bataille y Deleuze, aunque como el segundo tiene novia el primero -al menos en mi opinión- tenía legítimo derecho.
No ganó ninguno, claro está. Yo me dediqué a la tercera chica, mi amiga Alicia. Con ella ya había quedado mal cuando le dije "estás flaca" y me respondió "¿me estás diciendo que antes estaba gorda?". Se trata de un sencillo problema de construcción de oración che...
Y le pregunté a Jim qué onda con Betina. Me contó algunas cosas, me despejó que no había pasado nada, y me aclaró que su pelea con Rousseau no implicaba que iba a hacer cualquiera. Y que además no le gustaban las rubias. O sea: una respuesta bastante pelotuda.
IV
Me hiciste tentar con lo de las entrevistas:
- Nadie entiende qué mierda buscan los psicólogos laborales con esas preguntas - dijiste -. Te preguntan: "¿te gusta el azul?", mientas te toman la entrevista en una habitación azul, con muebles azules y la entrevistadora está vestida de azul. Y uno contesta: "no, me va más el celeste".
Me reí cinco minutos seguidos. Dijiste que no era tan bueno tu chiste, y quizás fuera el daikiri, pero no podía parar.
Tu amigo Gilles bailaba con Solange. Todos miraban a Solange, siempre es así. Y te invité a bailar y en verdad no tenías demasiadas ganas, pero recordé que a veces empujándote un poco aceptás. Esperé estratégicamente a un rockanrol de Los Redondos.
- Menos mal que pararon con el reggaetón - dijiste-.
Mientas me sorprendías con alguna que otra vueltita, me preguntaba hacía cuántas horas que hablábamos.
V
Creo que reboté con todas. Creo que en serio, le tiré tiros a todas la mujeres de la fiesta. Nada. Un fracaso. Entonces esta Solange largó a Deleuze y se vino para donde estaba: la barra, degustando un Smirnoff con vodka.
- ¿Qué hacés solo?
¿Qué se supone que debe contestar uno a eso? Lo frontean así, la cosa no resiste demasiado análisis. Pero dije que no la iba a sacar a bailar, que ya Gilles había estado en esa movida. Me propuse hacer gala de mi simpatía y mi ocurrencia:
- Mirá ese plano de evacuación. Preciso uno para mi casa me parece.
- ¿Un plano de evacuación para tu casa? - dijo extrañada.
- Sí, indicaría: punto de reunión: el living. Una flechita indicaría el camino a la cocina y la heladera, para sacar los alcoholes. Porque en caso de un incendio, si dejás los alcoholes, peor porque son inflamables, ¿no?
La piba era menos tonta de lo que creí, porque se rio. Y así conseguí su teléfono.
VI
- Yo creo que estás para más... - te dije.
- Mmm, ¿hace falta hablar de trabajo un sábado a la noche?
Era lo que más compartíamos, pero tenías razón. Hay que innovar en los temas. Me preguntaste cómo me estaba yendo en la facultad, cuando planeaba recibirme. Por más que el tema no me apasionaba te seguí la onda. Te recordé que al haberte recibido en Comunicación te consideraba un modelo a seguir. Me dijiste que no te tirara tantas flores.
Te dije que estabas flaco. Me convidaste de tu cerveza y me dijiste que el tema era que ya no comías. "Estás lindo", dije achinando los ojos. Me arrepentí, porque me salió casi como si lo dijera una madre.
Nos quedamos charlando en una esquina. Solange ahora había pasado a tu amigo Jorge, mientras Bataille y Debord no perdían tiempo. Alicia, ¿qué era de Alicia? Ni que la hubiera llamado, vino a nosotros. Me dio la sensación de que los dos queríamos que se fuera.
- ¿Qué les pareció la bailarina? La verdad que me dio verguenza ajena a mi.
Tu cara de poco interés era mortal. Fuimos a comprar otra cerveza mientras vos ibas a hablar un poco con tus amigos, Guy y Gilles. Cuando volvimos se reían de algo, pensé que habían hecho un comentarion de nosotras. Y para generar conversación:
- ¿Qué? todavía no estamos tan borrachas - dijo Alicia.
Yo tenía sueño y en un momento me tomé el atrevimiento de posar mi cabeza sobre tu brazo.
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Bad weather
I
Justo a las once de la mañana salia mi bus para Bariloche, ese que me iba a llevarme a un lugar más despejado, para alejar la cabeza de todos las responsabilidades que el rol de profesora de secundario acarrea. La ventaja es esta: que me puedo tomar vacaciones de invierno. Y no hablar de que tengo un mes y pico de vacaciones en verano.
Pero vuelta: salía ese sábado y teníamos que levantarnos temprano. Yo me había quedado a dormir en lo de Jim, que es más cerca de retiro. Y de paso el me hacía el desayuno mientras yo me quedaba remoloneando en la cama.
Jim despertó sobresaltado. Pensé que yo me iba a despertar antes un sábado, pero no. Me ganó, estaba como loco.
- Honey, ¿qué pasó?
- Ni idea. Tengo el corazón que va a mil...
Le tomé el pulso, puse mi oído directo en su pecho. Efectivamente, tenía el corazón que trinaba, y recién se despertaba.
- Jimmy, corazón, sé que no te va a gustar lo que te voy a decir, pero por favor andá a la guardia. No es normal...
- No hace falta. A veces me pasa, no al toque se me va.
- Ah, ¿es periodico? Porfa, andá al médico.
No contestó. Ni me miró, se levantó un tanto apurado y se fue al baño. Yo miré la valija, hecha casi, porque había desperdigado todo en busca de mi cámara. Cuando volvió se acostó un poco, se notaba que hacía respiración diafragmática, profunda, a ver si le bajaba el pulso un poco.
Hubiera tenido que abrazarlo y reconfortarlo, pero en lugar de eso me saltó la parte equivocada:
- Jimmy, please, prometeme que después de que me acompañes a retiro te venís a la guardia. Estás acá nomás.
No contestó. Odio cuando no contesta. Él sabe que al resto del mundo le rompe las pelotas cuando no contesta.
- Jimmy, seguro que no es nada grave, pero vas y te hacen un electro y...
- Jackie, porfa, después voy, pero ahora dejame tranquilo. Te lo pido por favor.
Me enculé y comencé a preparar mi valija nuevamente. Preparada despreparada de a ratos y fragmentariamente en lo que me quedó del viernes. Pensé en decirle que no me acompañara a Retiro, pero seguro que ahí se armaba. Y pensé en decirle que lo llamaba cuando llegara al hostel para ver cómo le había ido. No le dije nada, total después lo hice igual.
Jim se levantó, automáticamente se vistió y fue a configurar la cafetera, además de iniciar la computadora para chequear el horario del tren. Parece más voluntarioso que yo, que soy la que se va de vacaciones.
Pasaron como quince minutos hasta que volvimos a hablarnos. Entre sorbos de café y las tostadas con mermelada de durazno, le comenté que había sacado en el mismo hostel que el año pasado.
- Es el mejor - dijo él casi sin mirarme.
Pensé que en una de esas se había enojado porque me iba.
- ¿Te molesta que me vaya?
- No. ¿Por?
- Digo, estás un poco... intratable.
- Disculpá. Es que me pongo cabezadura con la idea de ir a los doctores. La otra vez mi vieja me hizo una historieta conque tengo historial familiar y no sé qué mierda.
- Y pensá que en una de esas si vas al médico ya no le vas a dar excusas a que te moleste con eso, ¿no?
Me puse didáctica, como si le estuviera hablando a un nene. A veces lo trato como a un nene, sobre todo cuando se pone cabeza dura, que no es poco seguido. Me miró en claro proceso de enojo.
Pensé que no me quería ir así, que no nos ibamos a ver por una semana y que no tenía ganas de...
- Ok, después voy - me contestó.
Lo conozco lo suficiente como para saber que no va a ir, que me contestó cualquier cosa con tal de que pare. También sé que cuando nos tomamos el tren el diálogo entrecortado no logró licuar que estabamos enojados el uno con el otro. Pensé en quedarme, pero luego dije que no, que no era justo.
Llevaba todo mi equipaje pesado, para descargar la furia o quizás testear si le daba un paro. Se pone así de gilastro. Esperamos 45 minutos hasta que anunciaron el bus.
Por más que me dio un beso largo antes de que yo subiera al omnibus, nuestra despedida tuvo algo de... como cuando dicen que no hay q irse a dormir sin haber resuelto una pelea. ¿Y te llamo y quizás se te pasó? Me saludó desde la plataforma.
II
- ¿Cómo va? ¿Todo sorpresa? - me saludó Jorge.
Gruñí.
- Dale dale. ¿Ya se fue Jackie? Vamos, no te pongas así que en una semana está de vuelta. No seas pollerudo.
- Nada. Es que discutimos un poco antes de que se fuera.
- Bueno bueno - ingresó Debord - muchachos, tengo una salida para esta noche que pinta bastante bien.
Me pareció excelente, pero intuí que algo no cerraría.
- Tengo una fiesta por Belgrano, a la que me vienen hinchando para que vaya unas amigas.
- ¡Por fin algo potable! - estalló Bataille.
Tocaron el timbre: era Gilles. Tuve que bajar a abrirle.
- Bueno - dijo Debord cuando volví para traer al maestro de la fuga-, dado que el señor Bentham no anda de humor para hacer los tacos necesarios, pedimos pizza y ya.
Deleuze lucía particularmente encendido: había dejado a Lispector en la casa y se había apresenciado en mi casa.
- Ah, le dije a mis amigas que vengan para acá - dijo Debord-. ¿Todo bien?
Y qué mierda le iiba a decir... Ya las invitaste, caen en una hora, no no, no hay problema.
- Son buena onda, las conocí en el sur hace dos años. Nada del otro mundo, pero después vamos a la fiesta.
Me llegó un mensaje al celular, de Jackie:
"Seguro que no fuiste. El chofer del bondi está loco, puso el aire acond. Te llamo, no te enojes. Besote."
Why can´t you let it go?
- Ah bueno, cómo te tiene - dijo Bataille, que vió al menos de quién era el mensaje.
- Me parece perfecto que estés ahora sin ella un rato, así tenés tu espacio - dijo Gilles, a quien estrangularé la próxima vez que haga un comentario de tal calibre.
Me paré sin decir nada, midiéndolos a todos, para poner un disco de The Killers. Me dolía la cabeza, tenía la idea de que era por tensión.
- Vamos vamos, muchachos - celebró Debord -. ¡Esta noche será una harta noche!
Snap
I
- ¿Dónde está Jackie? - preguntó Guy.
Refunfuñé. Tenía un mal humor de los mil demonios, mi objetivo era olvidarme de todo y embriagarme. Bataille iba de un lado para otro, preparando el teclado, disponiendo parlantes, acomodando alguna hoja con las letras. Tocaba su pequeña orquesta en un lugar muy paquete, en el cual me sentía peor imposible. Yo ya estaba hasta las pelotas de analgésicos.
- ¿Qué pasó? - insistió Guy -. Tenés una cara de los mil demonios. ¿Tan grave?
- Nada. Desacuerdos, esta vez me terminó acorralando con...
II
- Perdón, pero me sorprende. Me desilucionás -dijo Jackie de forma lapidaria.
Fantástico, era exactamente lo que quería escuchar. Repentinamente Jackie juzgaba demasiado para mi gusto, se metía con mi pasado y me acusaba por él.
- Todos hacemos estupideces, Jackie, ¿ok? Fue una etapa algo desordenada de mi vida, no entiendo por qué te lo tomás tan a mal. Tampoco es nada tremendo.
- ¿Tremendo? La verdad que no creí que vos...
Ni ganas de hablar del tema, che. Cuando me siento más libre lo digo así a la ligera -y me han acusado por ello-, pero en verdad es algo que pesa. Lo extraño es que no me arrepiento para nada. Me pasa con varias cosas que me han ocasionado problemas: sé que estuvo mal lo que hice, o que no era lo más adecuado pero debía hacerlo, sino jamás me hubiera sacado las dudas.
- Todo cambia, Jackie. ¿Vos jamás te pasaste de rosca? ¿Jamás hiciste algo que luego no podías creer? Es como cruzar la frontera de uno mismo, una forma de éxtasis, es increible lo que ocurre cuando uno mismo viola sus límites.
Jackie me miró fijo, no le causó nada de gracia mi explicación. Su rostro era una mezcla de depresión con enojo. Eso. Le daba bronca que yo era lo que era y que no me podía cambiar. Le daba bronca saber además que su enojo era infundado, porque yo por más historia que tenga, soy en la actualidad otro.
Y le duele. Le duele demasiado, es desmedido, según mi opinión. ¿Pára qué preguntó si no quería escuchar la respuesta? Lloriqueó un poco. Traté de abrazarla pero ella no quería, me alejó tajante, sus manos se clavaron en mi pecho punzantes. "Salí".
III
Cuando comenzó a tocar Bataille yo iba por la tercer cerveza, y discutía con Bob y Guy sobre el desempeño de la selección en el mundial, que justo ese mismo día había quedado eliminada. Gilles se rió por atrás, me dijo que estaba gritando, y que era un caradura por hablar de fútbol como si supiera. Y tenía toda la razón, claro.
Comenzó a sonar un tema de los Stones conocido, pero que no recordaba el título...
Por más que no había dormido nada, opté por salir. Para despejar mi cabeza, despreocuparme, olvidarme un rato de ella. Un fracaso total, he de decir.
Si hay algo que no comprendo es cómo Gilles maneja tan bien tantas cosas a la vez: charla con una amiga de Clarisa a la que le tiene ganas mientras la susodicha está en la barra comprando Speed con vodka. La toma de la mano, le está haciendo algún cuento de lectura de la palma, y que ve el futuro. Yo debo ser un ser muy simple que no puedo manejar las cosas así de lúcido.
Y yo me preguntaba que sería de Rousseau esta noche.
En un momento Deleuze nos llamó a Guy y a mi, para que nos unieramos a la conversación con Clarisa y sus amigas. Guy fue encantado, yo hubiera preferido que me dejaran embriagarme tranquilo.
- Chicas, él es el señor Debord, -presentó Gilles -, experimentado en las artes esotéricas y futuro ingeniero de última generación. Y aquí presente está Jim Bentham, gran cantautor y especialista en medios digitales. Se trata de dos hombres de vanguardia, cada uno destinado a disciplinas inconexas pero que logran conjugar con una pericia implacable, sobretodo después de unas copas.
La imbecilidad de Gilles es sencillamente genial, está muy por delante nuestro.
- ¿Cantautor? - preguntó una de las amigas de Clarisa.
- Sí sí, -contestó rápidamente Deleuze para no darme chance de echarlo a perder - Jim compone todas las canciones de su banda.
A Deleuze le encanta mandarme al frente, le encanta comprometerme. Por eso es verdaderamente más inteligente que yo.
Bataille era rock puro: tocaba con anteojos negros, mientras de vez en cuando sorbía un Jack Daniels y las luces violetas lo bañaban por completo. Estaban tocando una solemne versión de Comfortably Numb, de Floyd.
En algún momento apareció Jeremías, ese amigo de Jorge que a todos nos cae un poco mal y que casualmente porta un apellido similar al mío. Se presentó ante todos, con su cara redonda de afietada limpia y perfecta, su chomba celeste y sus zapatillas con wifi de última tecnología.
La cara de Gilles no logró ocultar su displacer: él ya había tenido un encontronazo con Jeremías, que desde esa vez era considerado persona no grata entre nosotros pero se lo recibía aún así de una forma "políticamente correta".
- Andás un poco ido vos eh, ¿Qué hacés solo? - me dijo Jeremías.
Caí en la cuenta de que seguramente él estaba desactualizado, y pensaba que la gran ausente de la escena era Bella. No me preocupé por aclararle nada.
Guy se compenetró en la charla con las damas, mientras que Deleuze pedía nuevamente una recarga de vodka.
- Pues sabes tu, un día ellas te pasan factura por tu pasado y pafate - le contesté a Jeremías.
- Bueno, pero entonces buena cara. Estás libre hoy, mirá que bien acompañados que los encontré.
- Claro. Igual estoy tranqui. Respeto, vio.
- ¿Respeto? Tu novia salió por ahí y se garcha a otro y vos hablás de respeto?
Snap.
Cuando me di cuenta había empujazo a Jeremías, puteándolo. Este reaccionó alejándose levemente, al cántico de "¿Qué te pasa, tarado?", mientras Guy se daba cuenta de que algo pasaba.
Nos paramos como quien se va a trompear, de tal forma que Bataille y los suyos hicieron ademán de deneter la performance justo en un tema que no recuerdo porque no le di pelota porque estaba ocupado mirando con odio al boludo de Jeremías.
Gilles y Guy se pararon también, y vinieron a "retenerme" mientras no sé quién hablaba con Jeremías para intentar calmarlo. Al pedo, porque ni él ni yo nos ibamos a las manos, es sabido. Clarisa y sis amigas observaban probablemente indignadas por nuestra reacción de pendejos.
- ¿Qué pasó? - dijo Guy. Luego se dio vuelta para chequear el status de Jeremías.
- El estúpido ese dijo pelotudeces, eso pasa. Ya fue.
- ¿Ya fue? Decime que lo agarramos - acotó Gilles que no se bancaba ni un gramo al otro.
- En serio, no pasa nada.
- ¿Qué pasó? - repreguntó Guy.
No quería decir nada porque me daba cuenta de que todo era una tremenda pelotudés, que al fin y al cabo el estúpido era estúpido pero yo había reaccionado mal. Pero me insistían.
- Sólo dijo una boludés sobre Jackie - confesé.
Eso. Escucho eso de un pelotudo y me imagino a Jackie y evidentemente me salta la térmica. Anto dice que así pasa, soy como un jueguito a veces, apretan dos botones y chau, me pasan cagadas, siento cagadas y hago cagadas.
Si Jackie hubiera visto la escena hubiera sido genial, le hubiera dado más excusas para enojarse. Hubiera justificado aún más sus miedos y pánicos. Todo porque yo me decido a lucir mi estupidés de lujo.
Expliqué con mayor precisión los dichos de Jeremías. Guy dijo que no era para tanto, Gilles opinó que el tipo era un idiota. Pero por votación unánime se definió que no se puede andar empujando a la gente así, porque agita las cosas.
En ese momento sonaba All of my love, cover de Zeppelin.
IV
- Tengo bastante energía del odio - le dije a Bataille cuando me dijo de manejar su camioneta porque él tenía un pedo atómico.
Guy se subió atrás, acomodado entre el teclado y dos amplificadores. Bataille se sentó en el asiento del acompañante, diciendo "dale, no tenés rock". Pasaron dos viejas paseando al perro -¡a las dos de la mañana!- y les gritó "¡Montoneraaaas!", mientras yo arrancaba.
- Che, es para la derecha - dijo Bataille.
- Izquierda - dije yo-.
- Doblá a la derecha, mierda. Es para allá porque el Zoológico está para allá. Vamos.
Doblé a la derecha, aunque era obvio que debíamos ir a la izquierda.
- Che, creo que es para el otro lado - dijo Guy un con aires de irse a dormir.
Bataille se había dado cuenta por el puente que cruza sobre avenida Córdoba.
- Lo arreglo fácil.
Di una vuelta en U en pleno Juan B. Justo, con la impunidad clásica de la que alguna vez fui dueño. Un auto tocó bocina, otro auto pasaba en el carril más cercano a la vereda contraria y quizás nos haya visto cuando lo saludé.
Bataille me miró. Guy se despertó diciendo "¿Qué hacés animal?".
Me reí. Recordé que en parte romper las reglas me aliviaba. Aunque se tratara de estupideces, me aliviaba. Romper cosas me aliviaba, ir contra algo. Me falta motivación, parece. Nuevamente: si Jackie me hubiera visto, más justificaciones para ella.
- Cheeee, Guy, ¿no querés manejar vos?
Estereo(tipos)
In the play there should be five stereotyped characters:
- A rationalist, can´t really understand anything in this world: Jim Bentham
- An anarquist, a terrorist against structures and discipline: George Bataille
- A romantic, married to his utopic feelings about love & life: Guy Debord
- A seducer, always ready to enjoy creation and improvisation: Gilles Deleuze
- The Doctor, an institution, ready to conquer the world in the name of science: Roland Barthes
Heroin Girl
- ¡Así que ahora te hacés el recatado!
- Recatado no, sólo te aviso de a dónde no querés ir.
- ¡Por favor Jim, por favor! Me parece hipócrita de tu parte que me digas qué hacer cuando vos tantas otras veces no haz estado en tus cabales. Me parece injusto. Vos lo que realmente temés es que me vaya con otro...
Era como si Bella estuviera atacando a Jim con armas nuevas, todas a la vez, para intentar sacarle ese algo que el muchacho se estaba guardando. Todo esto en el luger menos adecuado, uno de esos lugares de la capital que uno ve inocentemente pero se trata de alguna casa perdida, esquiva, o como quieran llamarle.
- Sabía de su depresión, sabía que estaba yendo al psicólogo - le dijo Bentham a Debord -. Pero la verdad es que no soporto verla en este pico.
Era todo tan dramático, tan convulsionado. Y Bentham preocupándose por Bella antes de aquella otra mujer que realmente debería ser el motivo de su atención. Ni bien entraron ambos sujetos, Debord y Bentham, notaron la presencia de Bella, una muy linda e inteligente joven. En ere momento Debord preguntó, como si hubiera tenido un presentimiendo:
- ¿Preferís que nos vayamos?
- No - contestó Bentham siguiendo a Bella con los ojos.
¿El lugar? Una casa en Villa Urquiza. La dueña de casa había hecho chocotorta, y el caradura de Bentham había comido como tres pedazos, pidiendo como hasta las tres de la mañana. Y Debord, un tanto eshausto de tanta rutina, charlaba con una tal Jennifer, relacionada en algún momento a algún tal Allen.
El problema surgió cuando en la mesa alguién dejó pastillas. Debord notó la cara de ojete de Jim al ver el evento. ¿Por qué?, pensó Debord. No era nada raro. Luego, al ver cómo Bella era convidada porun piibe cuyo nomnbre ella quizás desconozca. El ver a Bella tomando un cuarto de pastilla obligó a Bentham a acercarse a la chica. Y todo terminó en una discusión:
- ... Me doy cuenta de que tenés miedo de mí -decía ella-. ¿Aún puedo herirte, verdad? Te molesta eso. Te molesta la idea de que yo pueda irme con otro esta noche. Pero sos un mentiroso, porque sé que vos te irías con otra. ¿So?
- Bella... por favor, creo que te pasaste de drogas.
Jim recordaba aquel encuentro con Bella. Ella, una persona completamente dominada por la legalidad, una noche invadió su cancha de juego de la vida para notificarle que finalmente había probado al menos de fumarse un porro. Dicho con mucho mayor nivel, claro. Y Jim pensaba cuánto había camgiado Bella en todo ese tiempo.
- Ay, Jim - dijo Bella-. Sos un tonto. Yo ya me desquité de vos, no necesito tirarme a nadie esta noche. Sería de mala sangre y no, no lo haría. Así como sé que vos, por ese respeto que invocás, tampoco siquiera bailarías con otra, porque yo estoy aquí.
- Sólo trato de ser políticamente correcto, digamos - contestó Jim tomándola del brazo-. Se trata más de ser gentil con el otro antes de que irle con crudezas. Igual no es eso lo que me preocupa ahora, sino más bien que no sé qué tomaste.
- ¡Y la Jose!
La Jose la Jose. Fue increíble como Bella atacó a Bentham con semejante metáfora. Ella le estaba ganando en su propio terreno... al menos ella creía. Bentham pensó sólo quince segundos y logró decodificarla.
- Ok. Entonces es una excelente razón para no tomar nada de eso. Hay una ley que conocés bien que es "no mezcles". En verdad no aplica para el alcohol, pero si aplica, por razones delicadas, a este tipo de cosas.
Fue momento de polémica. Ni Bentham ni Debord pudieron notar si Bella había tomado algo más, pero la verdad es que ella se callmó, como si alguien la hubiera llamado a sus cabales. Y Bentham se dio cuenta de lo preocupado que estaba, y Debord pensó "qué copado que tu ex novia se drogue y se ponga histérica, probablemente para tirársele a otro flaco en frente tuyo". Todo eso, claro. Bella había encontrado el arma perfecta para pegarle un balazo a Bentham, ese iceberg que supo conocer como si fuera un verdadero hogar.
- Debord - solicitó Bentham mientras veía como Bella se alejaba de él, harta de su desubicada intervención-. Esto es una cagada. ¿Ella llegó a sentir esto?
- No creo, pues ella a vos sólo te vio fumando. Aunque ella era conservadora en esa época. Vos sabés, el efecto dramático de la navieté.
- Y sabés que creo que este fue un especial acto de venganza. No puedo evitar desglozar analíticamente esto: tomó exactamente lo que yo digo que no me gusta, las drogas psicoactivas. Fue como si yo hubiera dicho derecha y ella ahora estuviera yendo a la izquierda.
- Muchas lecturas puedo hacer de eso...
- En serio pelotudo. Ahora la conservadora se hace tan la extremista que me hace parecer a mi, un supuesto "liberal", como el mismo papa de la iglesia católica y todos los santos.
- Pensás demasiado, Jim. Pensás que lo hace para joderte.
- No sólo eso. Más allá de mi ego, digo que no me gusta que se meta en esas cosas, sobre todo porque si se emociona de repente, así de rápido, es peor. Y por más que ella ser una mujer madura uno jamás, jamás, deja de hacer boludeces graves.
- Relax. Sé que mañana la vas a llamar, porque sé que no te aguantás cómo termine. Pero Jim, por favor, dejala ser. Llamala en unos días, no creo que ella termine mal. Se pasó un toque, ¿y? Entonces como vos decís, te cagó.
Sorpresivamente Bentham logró contenerse hasta el miércoles. Ahí le envió un mensaje a Bella, preguntándole si estaba bien. Bella tardó dos horas en llamar, para decir que estaba bien y que la perdonara si había sido medio bruta. Bentham dudó. ¿Él tendría que haberse disculpado en su momento? Por supuesto que no, pues él sabía lo que hacía.
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Videoteque
Me vi obligado (por razones ficticias) a asociar un video (canción en verdad) a cada personaje (o lo que sean). Digamos (escribamos) que serían una especie (suerte de) indicador del carácter (o delineamiento), y que no pretenden explicar nada (jamás lo hago, ¿verdad?). Aquí van:
Jim Bentham:
Kashmir - Graceland
Rose Luxemburg:
The Beatles - Can´t buy me love
Rolando Barthes:
Blur - Country house
Antonella Chejov:
Miss world - Hole
Male Ponty:
In circles - Sunny Day Real Estate
Jorge Bataille:
Lord don´t slow me down - Oasis
Bella:
Run baby run - Garbage
Gilles Deleuze:
Aeroplane - Red Hot Chili Peppers
Algo así. Las canciones serían otras de atenernos a Jana, Orlando, Felipe, Zunny, Luna, Valerie, etc etc etc.
Desenvueltos
Un escenario.
- Ya no salimos más, no veo por qué está mal que yo vaya con un amigo a la fiesta.
- ¡No salimos más hace una semana, Emma!
- Suficiente, sabés que no me gusta andarme con rodeos. Además, no entiendo, ni que hubiera estado a los besuqueos en frente tuyo... Ni siquiera entiendo por qué te explico las cosas. Ya no somos nada.
Debord se da vuelta. Su cejas conjugan junto a su boca un gesto triste, una mirada que se pierde fija por detrás del telón. Emma se da cuenta de que sus palabras son duras, pero se aferra a ellas porque, precisamente, son verdad.
- Guy...
Ambos mantienen su distancia. Ella mira sus espaldas, él no tiene ganas de estar ahí, pero no se va. Quiere que ella diga algo que lo retenga. Si no lo hace, se quedará igual.
- Guy, la verdad, no pasó nada. Y no entiendo por qué te tengo que andar explicando. Vos podrías haber estado con otra y yo no te hubiera dicho nada. No porque me hubiera encantado, sino porque reconozco que ese no es mi lugar, que sos libre, que...
- ¡Basta! Envolvernos en una sábana ya no era suficiente, digo. Ni hablar de los desayunos en la cama, eran una farza. Tampoco servía devolvernos miradas que de todas formas no significaban nada. ¿O sí significaban?
Guy Debord se da vuelta, para enfrentar a Emma. Ella lo mira al borde del llanto, y en seguida retira su vista hacia el costado. Quiere eludir su imagen, que finalmente parece estar lo suficientemente lastimada como para decir lo que ella teme.
- A fin de cuentas, me dejaste. No pienso retomar todas las cosas que pensabamos. Entiendo las crisis, quién no las ha pasado. Yo qué sé, tampoco te puedo obligar a nada. Tampoco puedo decir que sos una mala persona. Ese es el tema, seguís siendo Emma la chica bonita. Emma, la chica que brilla ante todos, y me ha dejado.
- ¿Hace falta que pongas las cosas de esa manera?
- Emma, una mujer inolvidable, cuya mera presencia nos inunda con un sentimiendo de dicha. O bueno, diré desde ahora que nos inundaba, pues desde hace días este río ha desbordado.
- A veces pienso que mis amigas tienen razón, que te hacés el intelectual al pedo. Sobretodo en situaciones que no da ponerse en esa pose.
- ¿En qué pose debo ponerme? Quizás prefieras la pose de un hombre que jamás te amó, al cual podés decirle simplemente que te vas y le importa un pepino, eso. Me importa un pepino, mi amor, así que no habrás problemas. Vos te quedás con el perro, yo con la compu. Asunto resuelto.
Emma no sabe si pegarle un cachetazo o pedirle disculpas. Mientras, Debord se ha llamado a silencio, pues ha vomitado quizás demasiadas palabras, demasiadas cosas cuyo lugar menos inadecuado era este.
Las luces se van apagando gradualmente, hasta que quedamos completamente a oscuras.
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Etiquetas: debord
400
Cuatrocientos kilómetros, nena, y lo que todos creíamos por cerrado no existía en realidad. Si bien todos pensábamos en la obviedad de una relación entre Jorge y Susana, la cruel realidad nos hizo toparnos con que ella no quería estar con él. Todo esto ocurrió adentro de un boliche marplatense que prefiero olvidar pronto. Me costó sacar a Bataille del lugar. Él estaba tan cabrero, puf, si lo hubieran visto.
Mientras yo compartía otras tantas cervezas con Guy, relojeaba los acercamientos de Jorge a ella. Un poco de baile, y hasta una Sprite con limón (todos sabemos que la Corona va con limón, no la Sprite). Hace meses que el muchacho sufre de mal de amores con Suana, chica inteligente aunque un tanto callada y otro tanto arísca de a ratos. Pero no podemos culparla, pues nosotros no somos los seres más agradables del mundo.
Guy: Siento que entre ella y yo no pasa lo mismo que antes. De hecho, cuando me habla parece más solicitarme cosas que realmente hablarme. Creo que me tiene un tanto deprim...
A medida seguía el relato de Guy, Jorge aumentaba sus acercamientos a Susana. Le tomaba la mano, pero ella luego se la llevaba al otro brazo para rascarse, o simplemente acomodarse la vincha. Fue en ese instante que recordé los famosos indicios de que todo iría mal, indicios que hace tiempo no siento pero reconocí al instante. Lo supe. Bataille estaba pronto a...
Guy: ... imaginás, ¿no? Yo solo le dije que me gustaría que viniera conmigo. Nada más. No le hice ningún reclamo, ni nada por el estilo. Las relaciones son muy extrañas, Jim. A veces me siento que somos un acto fallido, como Allen y July. Ahora la extraño. Muchísimo, hasta me siento culpable de andar perdido por acá. ¿Te diste cuenta que...
Eludir se había vuelto para Susana una sutileza. Yo observaba el campo de batalla, mientras me acordaba, por alguna extraña razón, a la situación que alguien me había contado en las puertas de un pub porteño. La historia había sido algo así: la chica estaba atrás del chico. Él simplemente andaba con otra, hasta que un día no anduvo más. Entonces, esta otra aprovechó para tirarle los perros de una. Los signos de su fracaso le parecían evidentes, pero como una suicida del amor fue y se dio duro contra la realidad.
Meri: No quiero seguir así. No puedo, ¿sabés? Lo peor es que sé que te voy a extrañar, pero no te puedo ver más, Allen. Ya fue demasiado.
Alen hacía uso de su reconocido arte de la idiotes, pero de una innovadora forma: quedarse callado. El breve monólogo de Meri lo sobrepasaba, no tenía una respuesta que lo pudiera sacar intacto de la situación.
Meri: Me gustaría que esto fuera reciproco, pero no voy a forzar las cosas. Si te digo esto es para lastimarme de tal forma que no querré volver a verte.
Allen: Lo lamento, pero no puedo corresponderte.
Fue la cosa menos estúpida que pudo decir, pero era verdad. Con Meri se lelvaba bárbaro, y si bien detectó que ella se acercaba, simplemente dejó las cosas pasar. Algún día creceremos. O no.
Jim: Se viene....
Entonces Jorge abrazó en un ataque de romanticismo a Susana y la besó. Era una foto brillantemente seductora, dos personas besándose en medio de una pista de baile donde nada parece ocurrir entre todo el movimiento. Pero el beso duró poco, y en ese instante Guy dio por finalizada sus explicaciones teóricas sobre Emma. Susana logró alejarse de Jorge, romper el beso. Él la miró fijo, eso había sido alta traición.
Habíamos viajado cuatrocientos kilómetros escuchando la promesa de Bataille: ahora sí que me agarro a Susana. No me para nadie. No vuelvo a Buenos Aires sin un beso de Susana.
Definitivamente había cumplido su promesa, pero no como el querría. Creo que automáticamente Jorge perdió todo contacto con al realidad, pues simplemente se alejó, se fue, destinó su camino a donde fuera menos a las cercanías de Susana, que aún se hallaba un tanto shokeada.
Guy: Em, se pudrió, ¿no?
Claramante. Tuvimos que ir a rescatar a Jorge del pedo mágico que tenía en su cráneo. Nos costó una hora encontrarlo dentro de ese galpón de luces y destellos. Susana, la única mujer que había venido con nosotros, nos esperaba en la barra. El momento habría de ser inolvidable.
"¡400 kilómetros!", gritaba Jorge. Nosotros mirabamos la escena sin mirar. Claro, era obvio que atendíamos a otra cosa, obvio obvio, seguro seguro. Supuestamente Susana era un hecho en la vida de Jorge, pero nadie mejor que una mujer para destronar a un soñador. 400 kilómetros, y estamos donde estamos.
Jim: Tengo la sensación de que las cosas están cambiando.
Guy: Ciertamente, mi amigo. Ciertamente...
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El jardin
- A veces me doy cuenta que no te das cuenta. Te inunda esa navieté. Una vez me dijiste que en realidad te haces el boludo.
Jim: Bélgica. Claramente esto debería ocurrir en Bélgica.
George: ¿Sí? Yo pensaba en Hungría. No por alguna razón en particular, deben ser las ganas nomás.
Bataille, Debord, Barthes y Bentham se encontraban frente a la gran puerta de una casa bastante paqueta. Las paredes de ladrillo a la vista separaban a los personajes de lo que parecía ser un jardín enorme, con árboles sembrados por doquier y un perro que ladraba en las lejanías. Algunas columnas blancas, estilo griego, hacían juego con la luz de las antorchas que descubrió la puerta de madera al abrirse.
Jim: Brujas. Esto me hace acordar a Brujas, sobre todo el grabado en piedra del tipo con el sol.
I hear the sound of drums... La música recién comenzaba. Jorge llevaba su cajón de cerveza. Parecía casi custodiarlo, aunque luego se olvidaría de él para hacerse amigo del barman. "Voy a ser tu mejor cliente de la noche, quizás de la década", le dijo.
Barthes saludó a un par de gentes que los otros tres sujetos no conocían.
Roland: Bienvenidos, enjoy.
- ¿Insinuaciones? No se trató más que de una charla. No se entiende, se supone que este tipo de cosas se superan, se dejan atrás. No podés pedirme que me deshaga de mi pasado así como yo jamás de digo que te desentiendas del tuyo.
- Insinuaciones, tratativas, un daikiri de durazno. Vos jamás tomás daikiri de durazno...
Era de esperarse: Jorge tardo poco en terminar como un chapuzón en la pileta. Si se le preguntara, diría que no la extrañaba, que Susana se podía ir al reverendo carajo. Claramente mentía. Según Barthes, Susana era un tanto "extraña".
- Extraña, digo. Le tiraron los perros casi todooooos los que conozco, y ella salía con su amiguita la otra que también es bastante rara, ya que estamos.
Los problemas comenzaron cuando Emma entró de la mano de otro tipo. Imaginamos que nada de esto había sido planeado. El problema fue Debord, que automáticamente entró en una especie de transe durante el cuál era imposible comunicarse.
- No se entiende -decía Guy-. A tan poco tiempo de haber cortado... Sé que puede salir con quien quiera, pero el detalle es desastroso.
Bentham hubiera respondido que "bienvenido al mundo. Ellas salen con otros después de que terminan de salir con uno." A lo que Barthes hubiera replicado "Bueno, dejalo, a vos te costó darte cuenta de eso". Guy Debord, en el transcurso de ese breve diálogo, engulló tres tequilas sin sal ni nada.
- Viva la patria.
En épocas anteriores Justine le hubiera reprochado a Bentham esas actitudes. No porque ella fuera aburrida, sino porque tenía esa forma de reclamar que no hacía juego con las actitudes de nadie, para decir verdad. A Deleuze nunca le había caído del todo bien, y Bataille recién estos últimos meses había entablado algo que podría denominarse, una amistad.
- Lo que no entiendo del todo es cómo mierda se sienten ellas cuando pasan estas cosas - decía Bentham mientras se tomana la cerveza número lo que sea-.
- Lo peor es que se cae el mundo, mi amigo, y nadie está ahí para sostenerlo -decía un cada vez más deprimido Debord-. Es mi historia, es que soy demasiado sensible.
Era como una onda expansiva que lo rompía todo en un radio unos metros que iban entre ella y yo, justo donde antes estaban esos centímetros que fracasaban en separarnos antes de cada beso.
- Me imagino que estas cosas son así, jamás salen bien.
- Me imagino, me imagino. Depende, uno puede hacer las cosas para que no sea tan grave, para no lastimar tanto.
- Perfecto, justo hoy que mi amiguita está on fire, descubrimos que estos tienen sentimientos -protestó Basthes-.
Aún así, Roland es un tipo muy pragmático. Sabía que las heridas de los dos soldados sanarían, así que fue en busca de otra compañía.
Fue cuando Bataille llamó a Susana.
- ¿Qué me decís? Ayer me dijiste que no me querías ver más. Ahora me llamás... ¡Estás hecho una histérica Jorge!
- Es que no lo puedo evitar -decía Jorge tomándose otro Vodka con Speed-. Sé que todo esto no tiene sentido, pero bueno, marqué tu número porque en realidad quería ver cómo andabas y quizás podíamos relativizar las cosas.
- No es momento para tus sarcasmos. Me hago problema porque yo a esa chiruza la tengo calada, qué te crees que no veo como se te acerca y te dice "Hola Ji..."
-...mmy. No sabía que venías para acá, pensé que se iban para San Isidro.
- Prácticamente estamos en San Isidro...
- Chep, ¿por qué Guy charla con el pasto?
- No es el pasto. No se ve, justo lo está tapando el flaco de remera roja, pero ahí hay un enano de jardín que Debord ha escojido como confesor. Es que se peleó con Emma.
- Huy, pobrecín. Igual, Emma Bovary no era para él. No entiendo cómo duraron tanto.
- Era una de esas parejas, un tanto tensas. Pero creo que esa tensión formaba parte de la atracción que sentían el uno por el otro. Química de pareja, no todos funcionamos igual.
Bataille había logrado subirse a uno de los enormes parlantes que había en el jardín. Una piba le gritaba para que se bajara, pero él seguía en una conversación telefónica con Susana.
- No sabés la vista que hay... Es fun da men tal.
- No se te entiende nada - replicó Susana del otro lado del teléfono-.
- Lo que pasa es que yo no soy alto, entonces, ponele, al ver a Roland desde arriba, es todo un flash para mí.
- ¿Por qué hablamos de Roland?
- ¿Enojado?
- Sí, enojado. O molesto. O desilucionado.
X
- Ayudame con este daikiri, que no lo puedo terminar. Encima vengo de una semanita, por favor, tengo que aflojar un poco.
- Seguro.
- Y hoy terminé el día con ciencia ficción... Me agregó Carlos al msn...
- ¿Carlos? Pero ya fue... ¿Lo aceptaste?
- Y... una siente curiosidad.
- Ni hablar, Caroline.
- Bueno, me agarró medio débil. Yo que sé, al final con este sureño nada. Creo que necesito sentirme linda o algo, y bueno, él es un pedazo re importante de mi historia.
- Quedate tranquila que sos linda, pero no estás para los jueguitos de él. Ya los conocés -respondió Bentham omitiendo su propia historia-.
- ¿Vos no me extrañás? - Apuntó Caroline.
Mas o menos en ese instante Bataille logró caerse, derramando su trago sobre la gritona, rompiendo el celular y perdiendo algo más que la comunicación con Susana.
Barthes efectivamente se hallaba "trabajando", pero terminó perdiendo terreno con "la amiga de la amiga de esa piba que no me acuerdo como se llama". Bueno, ella, en definitiva, le corrió la cara justo cuando el tiró toda la artillería. Entonces, cuando quizo buscar a sus amigos, Roland se encontró con: Un desquiciado que le hablaba a un enano de jardín sobre el desamor. Un separatista que luego de danzar sobre un parlante reía de dolor clamando "menos mal que no me fracturé", mientras estiraba su brazo buscando lo que quedaba de su trago. A Bentham y Caroline en una situación parecida -no igual- a aquella en la que el primero le estampó un beso a la segunda.
- La historia tiene formas curiosas de reirsenos en la cara, muchachos -dijo Roland al vacío.
Comunicación
Nos encontramos ante un escenario, cuya única iluminación es un reflector que dibuja una especie de círculo deforme y blanco. Entonces, vestido con camisa y pantalones negros, entra Jim Bentham. Se para justo bajo la luz del reflector, erguido, y con sus manos cruzadas tras la espalda, comienza:
Jim: La comunicación, a esta altura del partido, debe ser entendida como la forma de realización del hombre. ¿Qué es la felicidad, sino una forma de comunicación? ¿Qué es el amor, sino esa especie de fluido a veces tóxico otras veces alucinógeno, que fluye entre nosotros y un otro? Nadie es solo, ni siquiera el ermitaño.
Se enciende una luz en ese momento, dibujando una pequeña escena alterna ubicada atrás y a la derecha de Bentham. En ella participan Debord sentado en una silla y su novia Rose Luzemburg, de pie, junto a él. Ninguno de los dos puede ver a Bentham, pero este, se voltea para observar lo que dirán.
Guy: No es que quiera irme de vos, pero sí quiero alejarme de la ciudad. Estaremos más lejos, sí, pero me ayudará a mi a desintoxicarme de este cruel suelo del Abasto.
Rose: Lo sé, sé que sufrís la monotonía de cada calle, de cada cuadra, de cada parada de colectivo corroida por los años. Pero... ¿Qué querés? Yo no me quiero ir. Y estamos tan cerca ahora. ¿Pensaste en un futuro juntos? ¿Cuál será? ¿Tu campo y mi ciudad?
Guy: No creo sea este momento de hacernos cargo de esa decisión, que ni siquiera hemos esbozado en nuestras mentes.
Rose: ¿Ni siquiera hemos esbozado? No hables en plura.
Jim -dirigiéndose al frente-: Incluso la no comunicación es comunicación. Al no decir, decimos, el que calla otorga y el que huye jamás escapa del todo...
Rose: Ya el otro día te dije de salir, de vernos... Y me dijiste que tenías que leer... Y jamás notaste ni mi corte de pelo de de la semana pasada, así como tampoco recordaste que cumplimos once meses juntos.
Guy: ¿Es ese el problema? ¿Pensás que nos estamos alejando? Por favor, no...
Jim: Es increible la lógica de lo inevitable. Lo que no se ha dicho termina desparramado, de una forma u otra, sobre el juego.
Rose se va. Queda Debord, que no ha atinado a levantarse de su silla. Mira al suelo algo ido, despide un suspiro que cae roto contra el piso. Alza la mirada, ve a Bentham que lo observa. La luz que lo iluminaba se esfuma.
Es a la izquierda de Bentham que un nuevo y gran círculo da lugar a la interpretación de Bataille frente a Susana Sontag. Sólo dos metros tienen entre sí, pero ambos permanecen de frente, mirándose pero eludiéndose.
Casi si darse cuenta, los personajes se van aproximando. Susana, entre más se acerca a Jorge, menos lo mira. Jorge le clava la mirada, mientras continua aproximándose. Justo antes de que su mano encuentre la de ella, deja de mirar.
Jim: Y cuando hablamos de comunicación, no hablamos necesariamente de la palabra, de los vocablos, de las claves secretas. En realidad, creo, es el cuerpo el que no puede evitar comunicar. Es por eso que esto de la comunicación, de ser uno con el mundo, es una cuestión bastante central.
Susana le muestra las palmas de las manos a jorge. Él suma sus palmas. La luz se concentra en ellos dos, mientras que ella comienza a llevar a Jorge por el resto del escenario. Al pasar al lado de Bentham, Jorge le dirige una mirada...
Jim: Bueno. Lo disfruta. Claro, los indeterminados de la comunicación son ese punto preciso en el cual nos realizamos en ella. Porque en nuestras imprecisiones somos nosotros mismos de forma más libre. Lo explícito es sólo una forma -no por ello menos rica- que intenta presentarse como la más común. En realidad, si vamos a los tantos, el cuerpo, sin valerse de la palabra, habla mucho más.
Jorge acompaña los suaves pero rápidos movimientos de Susana. Se sientan, se dejan caer. Ella juega a la muerta, Jorge intenta levantarla. Es cuando lo logra que ella lo toma de la mano y lleva a Jorge fuera del escenario. Con ellos, la luz que los perseguía.
Jim: Digamos... nada puede ser en sí mismo. Entonces, ser es comunicar. Cuerpo, palabra, expresión. En realidad, son todo lo mismo, diferentes formas de algo inevitable.
Un circulo, al lado de Bentham, ilumina a Deleuze. Su mirada es de angustia, es evidente que quiere llorar y no se anima.
Gilles: Se fue. En realidad, siempre supe que se iría. Es por eso que andaba con la otra. No de malo, sino de... descreido. Lo que pasa es que tantas veces uno termina solo. Vos me vas a decir que eso no justifica nada, que al amor hay que corresponderlo. Andá vos, con tu mundo perfecto.
Jim: Somos expresión de nosotros mismos. No importa cuánto intentemos engañarnos, la realidad de lo que somos siempre llega. Tarde o temprano. Lo mejor es intentar conocerse antes de tener sesenta, porque entonces la mentira parece haber sido demasiado larga, casi tanto como una vida.
Gilles: Lo trágico. No la dejaba porque no me quería sentir solo. Lo estúpido. Era justamente porque estaba con demasiada gente que ella ahora no está. No sabés lo que tenés hasta que lo perdés, como dijo alguien...
Bentham miró de reojo a Deleuze. La cita de Jana era más que inoportuna...
Gilles: Es que sentía todo como un retroceso. Eso me dijo ella, pero no podía más. Se tuvo que volver a la casa de los padres. Una cagada. ¿Cómo me siento yo? Imagínense. Les juro que traté, pero no soy tan buen tipo...
Bentham se aproximó a Deleuze, lo abrazó. Mientras lo acompañaba afuera del escenario...
Jim: Lo inevitable... Es preferible pasarla mal ahora que terminar en un completo desastre después. No hay que preocuparse, pues todo puede parecer negro ahora, pero no es más que la vida entera lo que nos queda por delante...
Matar a Bentham
Hubo un complot para matar a Bentham. Según fuentes no policiales, Deleuze y Bataille complotaron contra el racionalista, porque según a juicio suyo, este era demasiado inmune.
Fue en la casa de Debord, a la vuelta de las vacaciones, un día de febrero o enero, no nos interesa la fecha. Gilles y Jorge habían adquirido en tierra brasileña unos chiles en conserva, de forma secreta, una noche. Lo consiguieron en un restorancito de Guarda, cuando casi mueren intoxicados con semejante picante. Entonces, decidieron que la supuesta inmunidad de Bentham a los hemorroides debía ser testeada.
Quince días planificando la situación, hasta que Bataille envió el correo que dictaminaba la reunión en el departamento de Guy Debord, la cual no carece de cierta cuota de surrealismo, pues esos patos que hacen de canilla son llamativos. Y las pinturas de Dalí en las paredes. Y el perro de cerámica en el dormitorio.
En la cocina se compenetró Barthes, también confabulado para el envenenamiento contra Jim. Preparaba cuidadosamente el relleno de los tacos mientras Bentham y Debord desvariaban sobre las teorías del punto de fuga, discusión en la que hubiera sido pertinente la intervención de Gilles, pero este elaboraba una salsa a base de los mencionados agies picantes, cayasa y ajo.
Se dice que la conversación entre Debord y Bentham se volvió más aspera cuando se aludió al asunto "radiohead en Argentina". Puede haber ocurrido así:
Jim: Son unos chorros.
Guy: Eeee, pará, es que son una banda grosa. Mucho más progres que tus queridos hermanos Gallagher...
Jim: Radiohead está cobrando tres gambas. ¿Quiénes se creen? ¿Noel Gallagher?
La alusión ha la famosa cita del cejijunto sobre el rey del pop -adaptada para los Yorkes en este caso- sólo logró profundizar el debate "neo emos" vs. "brit pop".
Guy: Neo emos tu vieja.
Jim: Manga de depresivos automáticos...
Mientras la discusión llegaba a ningún lado -la deriva-, Deleuze seguía preparando -mal- la salsa tal como se la había comentado el mozo del restorancito de Guarda. No le había dado las medidas, pero al menos ahora sabía menos tóxico, el veneno era más sutil.
Roland: Che, ya estoy. Esto está para darle.
Noche de muchachos, no girls around. El escenario ideal para atentar contra la vida de alguno de los presentes, por motivos tan justos como inmorales. Entonces Roland Barthes llevó todo su significante de los tacos -pollo y carne vacuna, de primera- a la mesa. Deleuze dispuso la salsa en un frasco de tabasco, para que todo pareciera natiural.
Jorge: Todo lucirá como un accidente...
Los confabulados se acercaron a preparar sus tacos, mientras el despreocupado Bentham, deshecho de su manía por el control unidireccional de las cosas, se dispuso a preparar su taco.
Jorge: Ohhh, que tonto de mí, le he puesto demasiada salsa picante. Ohhh, Bentham, a vos que te gusta lo picante, ¿quieres mi taco? Tu sabes que no tengo tu resistencia.
Por detrás reíanse Roland & Gilles, mientras Guy engullía su chicken taco libre de toda toxina.
Eso tenía un baño de salsa. Bentham agarró la botella de salsa y probó un poco. Tenía un gusto a cayasa espantoso.
Jim: Esto tiene alcohol...
Gilles: Mirá, lo compramos ahí en el chino, parece rico... Mmmmm
Jim: A esto le pusieron algo...
Jorge: Naa, además, vos no estás vivo, resistís todos los picantes.
Entonces Bentham, sabiéndose en medio de un complot, simplemente cenó su taco, siendo el espectáculo de todos. Sí, luego de medio taco -ácido- seguía vivo.
Jorge y Gilles miraban como su victima continuaba comiendo el veneno, pero nada parecía detenerlo.
Jim: Bueno, ya que están tan fanáticos para que pruebe esto (que no tiene tan buen gusto, tiene demasiado alcohol, permitanmé decirles), ¿de dónde mierda lo sacaron?
Fue allí el momento de la confesión, que venían elucubrando esto desde hace quince días, que habían dispuesto frascos y frascos de estos agies picantes, que casi mueren aquella noche ausente en Guarda.
Jim: Débiles -y se terminó el taco-.
Jorge: No tenés corazón. Eres un cadáver vivo.
Jim: Vos... -dirigiéndose a Jorge- ¡oh, acéfalo!
Gilles: Pará, ok ok, como intento de matarte, ¿Cuánto le ponés? Un diez, la verdad que bastante bien.
Jim: Mmmm, no está mal. Pero demasiada cayasa, es una bebida que no me gusta. Démosle un nueve.
Debord: No entiendo cómo te estás preparando otro.
Luego Jim le contaría a Bella que intentaron matarlo. Bella, risueñamente indignada, le dijo que esas son cosas que hacen los hombres cuando están solos. Manga de brutos.
Dieron las doce, Gilles y Roland automáticamente sacaron sus celulares para enviar los mensajes correspondientes del día de los enamorados (lo que descarta la hipótesis inicial de que era una noche de enero).
Jim: Débiles -comía su taco-.
Aunque al rato de dió cuenta de que si bien el veneno no lo había matado, la cantidad de cerveza ingerida lo había vuelto tan torpe como para que se le cayera un vaso por el balcón e iniciar otra discusión con el dueño de casa, que no llegaría a ningún lado...
Por lo que resta, resulta que Gilles comió un taco que estaba pasado en salsa y terminó tomando agua directo de la canilla de la cocina. Luego, después de una cuasi zambullida en el baño, se acostó medio húmedo para reponerse. Lo habrán tidado en la casa, porque no podía más. Guy re reía, Bentham sentía vértigo de la idea de tan sólo parase, y Bataille estaba intacto, pues ese sujeto es inmune al alcohol.