- ¡Así que ahora te hacés el recatado!
- Recatado no, sólo te aviso de a dónde no querés ir.
- ¡Por favor Jim, por favor! Me parece hipócrita de tu parte que me digas qué hacer cuando vos tantas otras veces no haz estado en tus cabales. Me parece injusto. Vos lo que realmente temés es que me vaya con otro...
Era como si Bella estuviera atacando a Jim con armas nuevas, todas a la vez, para intentar sacarle ese algo que el muchacho se estaba guardando. Todo esto en el luger menos adecuado, uno de esos lugares de la capital que uno ve inocentemente pero se trata de alguna casa perdida, esquiva, o como quieran llamarle.
- Sabía de su depresión, sabía que estaba yendo al psicólogo - le dijo Bentham a Debord -. Pero la verdad es que no soporto verla en este pico.
Era todo tan dramático, tan convulsionado. Y Bentham preocupándose por Bella antes de aquella otra mujer que realmente debería ser el motivo de su atención. Ni bien entraron ambos sujetos, Debord y Bentham, notaron la presencia de Bella, una muy linda e inteligente joven. En ere momento Debord preguntó, como si hubiera tenido un presentimiendo:
- ¿Preferís que nos vayamos?
- No - contestó Bentham siguiendo a Bella con los ojos.
¿El lugar? Una casa en Villa Urquiza. La dueña de casa había hecho chocotorta, y el caradura de Bentham había comido como tres pedazos, pidiendo como hasta las tres de la mañana. Y Debord, un tanto eshausto de tanta rutina, charlaba con una tal Jennifer, relacionada en algún momento a algún tal Allen.
El problema surgió cuando en la mesa alguién dejó pastillas. Debord notó la cara de ojete de Jim al ver el evento. ¿Por qué?, pensó Debord. No era nada raro. Luego, al ver cómo Bella era convidada porun piibe cuyo nomnbre ella quizás desconozca. El ver a Bella tomando un cuarto de pastilla obligó a Bentham a acercarse a la chica. Y todo terminó en una discusión:
- ... Me doy cuenta de que tenés miedo de mí -decía ella-. ¿Aún puedo herirte, verdad? Te molesta eso. Te molesta la idea de que yo pueda irme con otro esta noche. Pero sos un mentiroso, porque sé que vos te irías con otra. ¿So?
- Bella... por favor, creo que te pasaste de drogas.
Jim recordaba aquel encuentro con Bella. Ella, una persona completamente dominada por la legalidad, una noche invadió su cancha de juego de la vida para notificarle que finalmente había probado al menos de fumarse un porro. Dicho con mucho mayor nivel, claro. Y Jim pensaba cuánto había camgiado Bella en todo ese tiempo.
- Ay, Jim - dijo Bella-. Sos un tonto. Yo ya me desquité de vos, no necesito tirarme a nadie esta noche. Sería de mala sangre y no, no lo haría. Así como sé que vos, por ese respeto que invocás, tampoco siquiera bailarías con otra, porque yo estoy aquí.
- Sólo trato de ser políticamente correcto, digamos - contestó Jim tomándola del brazo-. Se trata más de ser gentil con el otro antes de que irle con crudezas. Igual no es eso lo que me preocupa ahora, sino más bien que no sé qué tomaste.
- ¡Y la Jose!
La Jose la Jose. Fue increíble como Bella atacó a Bentham con semejante metáfora. Ella le estaba ganando en su propio terreno... al menos ella creía. Bentham pensó sólo quince segundos y logró decodificarla.
- Ok. Entonces es una excelente razón para no tomar nada de eso. Hay una ley que conocés bien que es "no mezcles". En verdad no aplica para el alcohol, pero si aplica, por razones delicadas, a este tipo de cosas.
Fue momento de polémica. Ni Bentham ni Debord pudieron notar si Bella había tomado algo más, pero la verdad es que ella se callmó, como si alguien la hubiera llamado a sus cabales. Y Bentham se dio cuenta de lo preocupado que estaba, y Debord pensó "qué copado que tu ex novia se drogue y se ponga histérica, probablemente para tirársele a otro flaco en frente tuyo". Todo eso, claro. Bella había encontrado el arma perfecta para pegarle un balazo a Bentham, ese iceberg que supo conocer como si fuera un verdadero hogar.
- Debord - solicitó Bentham mientras veía como Bella se alejaba de él, harta de su desubicada intervención-. Esto es una cagada. ¿Ella llegó a sentir esto?
- No creo, pues ella a vos sólo te vio fumando. Aunque ella era conservadora en esa época. Vos sabés, el efecto dramático de la navieté.
- Y sabés que creo que este fue un especial acto de venganza. No puedo evitar desglozar analíticamente esto: tomó exactamente lo que yo digo que no me gusta, las drogas psicoactivas. Fue como si yo hubiera dicho derecha y ella ahora estuviera yendo a la izquierda.
- Muchas lecturas puedo hacer de eso...
- En serio pelotudo. Ahora la conservadora se hace tan la extremista que me hace parecer a mi, un supuesto "liberal", como el mismo papa de la iglesia católica y todos los santos.
- Pensás demasiado, Jim. Pensás que lo hace para joderte.
- No sólo eso. Más allá de mi ego, digo que no me gusta que se meta en esas cosas, sobre todo porque si se emociona de repente, así de rápido, es peor. Y por más que ella ser una mujer madura uno jamás, jamás, deja de hacer boludeces graves.
- Relax. Sé que mañana la vas a llamar, porque sé que no te aguantás cómo termine. Pero Jim, por favor, dejala ser. Llamala en unos días, no creo que ella termine mal. Se pasó un toque, ¿y? Entonces como vos decís, te cagó.
Sorpresivamente Bentham logró contenerse hasta el miércoles. Ahí le envió un mensaje a Bella, preguntándole si estaba bien. Bella tardó dos horas en llamar, para decir que estaba bien y que la perdonara si había sido medio bruta. Bentham dudó. ¿Él tendría que haberse disculpado en su momento? Por supuesto que no, pues él sabía lo que hacía.
Heroin Girl
jueves, 18 de febrero de 2010
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