Creo que la sobreexposición de Antonella había llegado a un punto de saturación. Creo que era notorio como ella, que era alguien más bien de perfil bajo, estos últimos días se había dedicado a publicitar su excelente estado de animo. No tardé en pensar que se trataba de una pantalla, claro está. Esto lo pensé no tanto por observador o inteligente, sino por haber sido yo mismo un tipo dedicado a los montajes.
Y fue en una "reunión" entre amigos que ella estaba chispeante, que estaba alegre, riendo todo el tiempo. Ahora tomaba cerveza y hablaba con gente, se había olvidado de su ex y de los problemas. Aunque el día anterior el imbécil no había tenido mejor idea que llamarla a las tres de la mañana. Pero en ese momento, en esta reunión, todo su pasado parecía anulado.
¿Lo efímero de la sonrisa oculta lo sangrante del dolor? ¿Cuán buena actriz sos, Antonella? Cuando le hice esta última pregunta a ella, me miró con cara descolocada.
- ¿Actriz? Cuando era chica era buena, me daban los protagónicos. Pero en la adolescencia me inhibí, no sé qué pasó. Me cansé del éxito, jajaja.
- ¿Y ahora te esforzás nuevamente?
Creo que de alguna forma me hacía enojar que ella no dijera las cosas, un enojo que hasta puedo considerar injustificado, pues no tengo derecho a decirle que hable, presionarla para que escupa lo que sea le esté ocurriendo. Lo que no me gustaba no era que no me dijera las cosas a mi, sino saber que no estaba hablando con nadie.
Cuando nos cruzamos en la cocina, encuentro que no me costó forzar, logré que lo admitiera.
- Bueno, no estoy bien -dijo-. ¿Pero qué querés que haga? A nadie le gustaba que yo saliera con él y ahora él está con otra y además se da el lujo de echarmelo en la cara. ¿Qué voy a decirle? ¿Que estoy mal? Que se curta, que vea que yo estoy bien y que no me importa lo que haga.
No me extrañó para nada el proceso que estaba atravesando Antonella. Se dio cuenta de que ahora él tiene chica nueva y entonces le subió la rabia, quiere salir todo el tiempo, es una pila de vida. Claro que eso es todo acting y está hecha mierda. El asunto es convencerla de que no vale la pena que se guarde todo para ella. Todo eso me sonaba demasiado familiar, y sentí el estúpido impulso de aliviarla, como si realmente yo pudiera hacer algo por ella.
- Jim, no te preocupes - dijo Antonella-. La verdad que vos te portaste de maravillas conmigo, sé que puedo contar con vos. La verdad es que todo el mundo me dice que debería haberlo dejado a él hace rato, pues la mayoría de la gente no aprobaba nuestra relación. Y pasamos tantas cosas juntos...
Un minuto después me enteré que dos años atrás Antonella perdió un embarazo de ocho semanas. Mi pregunta fue obvia: "¿Al menos lo charlaste con alguien?" La respuesta no fue menos obvia: "No. Temía que nadie me ayudara con eso, que fuera peor, que me dijeran cosas". Todo su temor me pareció ahora visible, hasta racional, hasta obvio, pude tener una radiografía detallada de lo que le estanba ocurriendo, y a partir de ese momento su sonrisa me parecería más agrietada, menos colorida, como su hubiera perdido aún más su espectro sinfónico.
- Lamento no haber sido más perceptivo entonces - dije, haciendo un mea culpa que nadie me había pedido-.
- No seas tonto - dijo-. Gracias. Sabés que es una mierda, ¿no? La piba tiene fotos con él, ya se la llevó al campo de la familia. Si es así, es porque la cosa viene en serio. Y yo aún...
Le costaba reconocer, articular su debilidad en palabras.
- Aún sigo enganchada con él como una pendejita de quince. Vos decías que sos un pendex inmaduro, nono. Esto que tenés en frente ahora en una inmadura legítima. Pensé que habría códigos, que él me trataría con más respeto.
- No es un tema de respeto, creo. La verdad cruda es que él puede andar con quien quiera, y si te toca cruzártelo, alpiste. En algunos casos no pasa nada, en otros se establece como vos decís, códigos: si uno sabe que va el ex entonces no va con su actual, o trata las cosas delicadamente. Pero no creo que haya mala fe en este caso, aunque sí precisás alejarte de él, borrarlo al menos un rato.
- No puedo, él me busca.
- Hay veces que hay que ser un poco cruel...
- Jajajaja, ¿Como tu relato de la muchacha cruel?
- Por ahí venía el asunto: el egoista, la muchacha cruel y el sobervio. Jamás logré articularlos explícitamente, más allá de ese dislate teórico. Lo que más me importaba era la metáfora del subibaja.
- Lo que a mi me gustaba era el cambio de roles que sugerías. Te pregunto cuál sos vos. ¿El sobervio?
Asentí con la cabeza.
- Creo que ambos somos un tanto duro con nosotros mismos, eso es algo que compartimos, ¿no Jim? En definitiva, será un placer tomar para olvidar. Olvidemos juntos, creo que tu ayuda no me vendrá mal, quizás podamos hacernos reir un rato, espero tus ocurrencias y te ofrezco mis observaciones satíricas, aunque no esté tan lúcida hoy...
Run baby run
lunes, 22 de febrero de 2010
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