Los silenciosos II

martes, 2 de febrero de 2010

- Bueno, fue eso... Juro que no pasó nada, que lo dejé así como llegué.

- No te preocupes, te creo. Aún así no entiendo por qué fuiste a su casa. Hubiera sido mejor un terreno neutral, ¿no?

- Por favor, no necesito de tus celos ahora.

- No no, esperá. No son celos, linda. Es una simple observación. La neutralidad del terreno te diría que es fundamental, es un escenario en el que ese tipo de avanzadas quierem de una audacia superlativa. Y si bien pensás que Ricardo es audaz, te juro que no lo es tanto.

- Pensé que te molestaría...

- No te digo que me encantó la idea de que lo vieras, si te comparto mi opinión. Entiendo que el pobre está hecho bosta. Me da lástima, claro, porque parece arrepentido. Pero por lo que contás, tengo la certeza de que sus sentimientos te traicionan.

Ella lo miró fijo, sin saber exactamente de qué lado estaba. Es decir, estaba al lado de él, pero ¿él estaba del lado de Ricardo o en contra. Esa idea le molestaba.

- No sé. Parece muy firme.

- Es todo cuestión de acción y reacción, por favor. Diría que entre tanto melodrama era obvio que él iba a hacer eso y que vos ibas a ir a la casa y... lo único que se escapa un poco a mi diagrama es... no importa.

- ¿Qué?

- No importa. Es sólo la opinión de un romántico, de un lunático a la deriva. En definitiva, creo que él se va a poner bien. Las cosas cambian, algunas cosas rebotan y otras se pierden para no volver.

Él la abrazó, mientras ella le besó el hombro y se quedó ahí un rato. Luego se acercó a su cuello, para perderse un poco en su cabellera.

- Te soy sincero si te digo que no me sorprende, que todo esto era una especie de historia embotellada, enlatada. Yo sabía que no ibas a seguir mucho más con él cuando te conocí, no sé por qué, no me pidas explicaciones...

- No, no te las pido.

Ella levantó la cabeza para mirarlo.

- Aunque me gustaría que me hables. No esto, sino que me digas qué te pasa realmente, qué pensás, qué sentís. Hasta ahora me arrojás teorías. Pero por favor, ¿qué soy para vos? ¿Me podés decir? Y después me decís que tengo que bajar la ansiedad.

- Pero si te digo cosas, te cuento lo que pienso...

- Sí sí, pero no necesito que me cuentes, sino que necesito que me hables. A veces me siento tan sola cuando estoy con vos... Y en una de esas sos tan dulce y en seguida te volvés un freezer. Quiero que me hablés, nada de teorías sobre él o sobre si yo debería haber ido a la casa de él.

- Sólo opiné como un tipo imparcial.

- Ese es el problema. Me decís cosas imparcialmente. "No deberías haber ido a cenar a lo de él. Es mejor un terreno neutral". No te involucrás en lo que vos decís, y por ende no me podés transmitir lo que sentís. Hablás como si estuvieras afuera de todo. Ni siquiera sos capaz de decir que te molestó.

Se levantó rápidamente y se fue. Él la miraba como quien ve una vidriera al pasar.

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