I
IV
I was searching through my files, looking for nothing, when I found this pice of lyric:
I really don't know what to do with it, but I should definitely use those two lines.
Son pequeñas observaciones de hechos cotidianos excepcionales, que se disputan entre pequeñas islas de ilusiones, una racionalidad que ha perdido la cabeza y una realidad que se deshace y se rehace a pedazos cada vez que intervenimos en ella (...y esperemos que nadie salga herido).
I
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Me tomo este post para hablar de los personajes:
- Michelle Foucault: estudiante de psicología, que antes estudió Administración de Empresas pero abandonó la carrera cuando a ella la abandonó su ex novio. Un tanto tímida, pero segura de si misma. A veces se le patinan las cosas.
- Jonathan Bayton: joven, enérgico e inexperto. Es un tipo rápido, menos intelectual que los personajes centrales de las temporadas anteriores. Más impulsivo, pero no por eso menos resuelto. Es quizás el más consistente en cuanto a carácter.
- Jacqueline Rousseau: intelectual maestra de lengua y literatura. Trementamente simpática y agradable, es conquistadora serial de corazones. También es bastante vueltera con sus relaciones y un tanto insegura cuando alguien se le planta.
- Juan Pablo Sartre: una bomba de tiempo. Es el elemento desestabilizador, carece de ética pero es un excelente amigo. Mujeriego, es una versión actualizada de Orlando de la temporada 1 y de Gilles Deleuze de la temporada 2.
- Jim Bentham: calculador, racionalista y moralista criminal. Casi insoportable. Personaje casi omniciente, pues sabe la mayoría de las cosas que van a pasar y posee explicaciones para todo y todos. A excepción de Jackie Rousseau, quien es su point de capitón.
- Solange: Amante ocasional de Jonathan Bayton, con quien tiene una relación de casi admiración mutua, aunque con bastantes miedos involucrados. Esta chica es alta y morocha, muy sensual. Aparenta estar segura de todo pero en verdad todo la preocupa.
- Emma: novia por descarte de Jonathan. Bastante mayor que él, se trata de una mujer que está llegando a la crisis de los cuarenta, que es sensible y extremadamente amable. Ella cree que merece ciertas cosas en la vida, y lucha por conseguirlas.
Todo comenzó un sábado a la noche, con un llamado de Juan Pablo:
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I
Creo que algo llamativo me ocurrió durante el último año: diversas personas, en diversas situaciones inconexas, me preguntaron si daba clases. Yo no sé por qué lo relaciono a que efectivamente supe dar clases, como si eso saliera a la luz en mi cara o en mis gestos.
La verdad es que, pensándolo bien, no hay ningún indicio de que yo me haya dedicado a dar clases. Además cuando me lo preguntaron fue sobre diversas disciplinas.
Lo que quiero decir es que a lo largo de este año me preguntaron si me dedico a enseñar, y no entiendo por qué.
II
Jonathan Bayton entró y se encontró a Emma en camisón, tomando brandi. Estaba algo borracha, le sonrió. Él le dio un beso en la frente y fue a la habitación a cambiarse. Ella de vez en cuando decía cosas, como si estuviera frente a ella.
Mientras Jonathan se ponía una remera y unos pantalones, escuchaba:
- Hoy compuse tres sinfonías, viste, en hojas pentagramadas. Terminaba una y la rompía. Eso, te escribí tres sinfonías para vos y las rompí.
Entonces Emma rió. Jonathan no entendía demasiado. ¿Por qué ella habría comprado hojas pentagramadas, había escrito música dedicada a él y sin que llegara siguiera a verlas, las haría trizas?
Jon salió de la habitación.
- ¿Que hiciste qué?
- Que rompí tu música.
- Y ¿cómo era?
- Había una melodía muy dulce, luego otra muy triste y la tercera era bastante... cargada - contestó Emma.
A ella le gustaba tener la atención de él. Se sentía atendida. Un par de hojas pentagramadas, eso hacía falta.
- ¿Por qué hiciste eso? Ni llegué a escucharlas.
Una pequeña venganza: darle algo al otro pero sacárselo antes de que siquiera pueda probarlo. E informarle de los daños acontecidos.
- Y no sé Jonny - contestó ella -. Me hubiera encantado que las escucharas pero...
A medida que hablaba Emma tomaba y comenzaba a quebrarse. No quería llorar de repente, quería hacerlo gradualmente, como si su llanto tuviera que tener cierta cadencia dramática.
Entonces preguntó:
- ¿Quién es Michelle?
III
Días después lo pensé y me di cuenta: no fue tanto la idea de que Jonathan estuviera con Michelle lo que me dolió, sino más que confiaba en ella y no en mi. A ella le decía lo que le pasaba, le hablaba en formas que a mi jamás me habló.
Conmigo Jonathan era un témpano de hielo, en comparación con lo que le escribía a Michelle.
Todo ocurrió cuando en la computadora de Jonny pude acceder accidentalmente a su cuenta de correo electrónico. Encontré varias conversaciones entre ellos, él le escribía como a nadie más. Le escribía canciones, le mandaba versos, le hablaba. Ella le respondía, a veces le decía que le gustaba lo que él le mandaba, otras que no tanto.
Ella le mandaba fotos: de insectos sacados con una lente gran angular, de trenes, de gente en la calle, de paredes con escaleras. Y Jonny siempre le decía que eran hermosas.
Michelle le preguntaba cómo estaba. Se lo preguntaba más de una vez, porque como ella misma escribió, quería chequear varias veces para asegurarse de que Jonathan le dijera las cosas. Ahí me di cuenta de que Jonathan estaba enamorado de ella, y que ella jugaba con él.
"Quiero saber cómo estás, pero decime hasta donde tenga que saber, no más de eso", le decía. Como si ella tuviera que mantenerlo a raya. Y él, como puede ser, le contestaba que estaba bien, que no pasaba nada. En una ocasión le escribió que le gustaría concerla más.
Ella no contestó eso.
Soy mujer y me di cuenta perfectamente de lo que estaba haciendo Michelle con Jonathan. Me enojé mucho con ella, muchísimo. Y él me dio lástima.
Luego me olvidé de esa reventada, y pasé a estar enojado con Jonathan. Pero como les dije, no porque estuviera hablando con otra, sino porque confiaba más. Se notaba una soltura en cómo Jonathan le escribía, una sinceridad, un placer. Eso, Jonathan era casi completamente honesto con ella y lo disfrutaba.
Y a mi me quedaban las tardes de sexo y las charlas efímeras sobre Rimbaud y Picasso.
IV
Me contó cosas que ni yo recordaba, conversaciones que tuve con Michelle y que ya ni registraba. Lo que me dio bronca, además de la usurpación, fue que me borró todo. Perdí fotos de Michelle y cosas que yo le había escrito. Perdí conversaciones que duraron semanas.
Emma es toda una mujer, pero ese día no sé que pasó. Quebró. Nunca había tenido un planteo, nunca había tenido un reclamo.
Por accidente o destino, o por acto fallido mío, logró meterse en mi vida, llegar a Michelle, verla, palparla, conocerla como yo la conocía. Cuando te miran a vos, cuando te urgan en los sentimientos, te sentís invadido. Pero cuando urgan en los sentimientos que otra persona te contó sólo a vos, te sentís saqueado.
Digo, porque que la otra persona te haya mostrado eso es algo que lo lograste vos, es algo que tenés vos y antes no tenías, que lo conservás para vos. Y nadie te lo puede sacar. Pero cuando alguien toma lo que otro te dio a vos, es peor.
Me enojé con Emma, le dije de todo. Ella se reía, me decía idiota. No me puteaba, pero me decía que Michelle no me quería, y que ella tampoco. Cuando logré mandarla a su casa en taxi me quedé sentado en el living, mirando la botella de brandi por la mitad. En ese momento, al decir verdad, la veía medio vacía.
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I
Restart you heart here:
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I
Un archivo de extensión .bat es un ejecutable de programación sencilla, su sintaxis es relativamente evidente. Resultaba muy útil en la época del DOS 6.22, para acortar la ejecución de otros archivos .exe.
En un archivo .bat uno puede incluir una referencia para que la máquina se reinicie automáticamente. Solo hacen falta unas líneas de código. Y en tal caso, uno puede incluir ese archivo .bat en el inicio de la computadora, la misma entrará en un ciclo de reinicio continuo.
Como es de predecir, este tipo de "virus rústicos" son dañinos para el hardware.
Bueno, imaginen que ese archivo se extendió a todo el laboratorio de informática durante un fin de semana largo.
II
Entró tenso, con un aire ido. Me saludó así nomás, con un beso en la mejilla. ¿Desde cuando? Lo miré con cara de odio pero de mentiritas y ni me vio. Se fue directo para el cuarto a dejar las cosas, ensimismado.
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Merodeé en la cama toda la noche. Pensé al principio que ella no parecía gay, y que por lo tanto quizás en una de esas supongamos yo pudiera gustarle. Pensé en la gloria: le gustan las minas. Y yo, caso especial, la vuelvo hetero.
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Etiquetas: bayton
I
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I
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I
Caminábamos con Michelle por la Gran Vía. Era sábado a la mañana. En particular, yo andaba tras la búsqueda de un Rickenbacker 4003 Fireglo, que me venía resultando bastante difícil de hallar.
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I
A pero, comentame, ¿qué es lo que no te convence? Me encantaría que me dijeras por qué no. No por cuestionarte, ni refutarte, sino por conocerme un poco más, o saber cómo me ves.
Vos me mirás de una forma diferente, no como me miran los demás. Lo sé, yo te miro a los ojos cuando me hablás. ¿Sabés la cantidad de copas que tomé, mientras esperaba que me dijeras algo, que sencillamente me hablaras?
Te parecerá sencillo a vos: conociste a alguien en pleno viaje, te sentiste bien, te dejaste llevar. Y luego te fuiste, sin darme demasiada explicación.
If. What if. Odio preguntarme qué podría haber pasado. Aunque me doy cuenta que fuiste vos, más que nada, la que no quiso que pasara nada más, me pregunto qué hubiera pasado sí... ¿nos hubieramos conocido en otra etapa de nuestras vidas?
II
Según Jimmy, le atraigo porque debo tener algo de una maestra de cuando él tenía cinco años. Quizás sea mi carácter digno de una maestra, de andarle encima a los nenes, reprocharlos pero quererlos, acogerlos pero no mostrarles mis propias debilidades.
Suele decir que soy muy inteligente. Me gusta que lo diga. Más allá de que sé que el también me mira las tetas, me gusta saber que no es lo único que ve en mi.
Siempre me reprochó ser poco comunicativa. Si bien soy amiguera, según Jimmy, hay que hacer una especie de arqueología para intuir siquiera cómo me siento al respecto de algo, de lo que sea. Admito que tiene razón, que no dejo entrar a cualquiera.
Él es un tipo altamente racional, mide todo, se la pasa analizando variables, pensando posibilidades, diagramando mentalmente las cosas. Suma, resta, saca. Intenta ser un estratega, y no se da cuenta de que no somos así, de que yo no soy así. Aunque a veces sus métricas hayan tenido la razón, no soy así.
III
Me pregunto en qué momento habrá decidido ser así. Bah, como si se tratara de un momento. Debe ser solo esa sensación de momento aislable, de día x, en la que presiento que dejé de ser el tipo que era para ser otro.
Si alguna vez dije "yo, el peor de todos", fue en broma. Lo que pasa es que a veces uno arma tanto quilombo, jode a tanta gente, lastima tanto, que se siente una especie de bomba expansiva, de mala persona sin querer.
Y no, creo que tampoco es tan así. Al menos ahora, creo que no es tan así. Lo mejor que pude haber hecho fue decirle las cosas, irle de frente. Sino, ocultarle las cosas era montar una pantalla innecesaria.
La mentira tiene patas cortas. ¿Saben qué? Hay veces en que uno dice la verdad, pero aún así, la ficción es tan fuerte que es irremontable. Sobre todo, si salís con chica x, jamás jamás la vas a convencer de que no pasó nada con chica z. La gente muchas veces cree lo que quiere creer.
I
Conocí a Michelle en un momento particular de mi vida: me encontraba desmotivado por la monotonía de todo. Esa monotonía que uno genera casi sin darse cuenta, atrapado entre esos intentos de salirse de la rutina que no son más que movimientos toscos.
Ella era una mujer común. De hecho, no recuerdo la primera vez que la vi. No le di pelota, no me llamó la atención, nada, cero. Y sin embargo un día, sentado en el 100 Montaditos, almorzando, apareció ella. Su cara me resultaba familiar, pero no lograba encajarla en mi memoria.
No sé por qué me fijé en ella ese día, la verdad. Llevaba una pollera negra y una remera violeta. Tenía una vincha que le toraba toda su cabellera para atrás, ese pelo castaño claro que tan bien le quedaba con sus ojos marrones.
Llevaba unas 38 horas sin dormir, y en medio de la crisis de vida que eso te genera, decidí ir hacia ella a hablarle. Me acerqué, para iniciar una conversación.
- Sí, te he visto en el trabajo - me contestó ella-.
Me quedé pensando cuándo demonios me la había cruzado.
II
- Sí, contame Solange.
- Bueno, doctora, verá... Es llamativo, pero desde nuestro petit voyage a Toulouse, la relación entre Bayton y mi persona había quedado rara, como que hallábamos más roces. Justo íbamos a ensayar, y yo estaba particularmente inquieta porque quería mostrar algunas canciones, y sabía que él en particular era muy nulo para demostrar cualquier tipo de aprobación por cosas que no fueran ideas de él.
- ¿Te preocupa lo que él piense de vos?
- Es mi amigo, es normal, ¿no? Mostré una base en re y sol, con estribillo en la y mi. Algo sonaba conocido, según mi querido guitarrista. Y entonces Bayton cantó un poco de Everybody hurts, y me quise ingresar a mi propia muerte, porque estaba presentando un plagio y yo estaba re confiada en eso.
- Claro, entiendo. Lo tenés en estima porque lo considerás un buen músico.
- De hecho, él mostró uno de sus ya conocidos montajes que no tienen estrofa uniforme, y que adicionan capaz de cosas y arreglos. Nos resultó agradable, pero no sé. Me resultó predecible. Pero por otro lado, me gusta.
- ¿Él?
- No, no, lo que nos mostró me gustó.
- Arrancaste diciendo que sentís la relación rara, que vos querés que sea todo como antes. ¿Pensás que él siente cosas por vos?
- No sé. Es como si ahora, cuando lo veo en el ensayo, viera a otra persona. También, la relación entre él y yo está más tensa que antes, yo la siento más tensa.
- ¿Él te dijo algo que no te gustó? ¿Qué cambió en el trato con él?
- Mmm, bueno, ahora cuando chateamos tarda mil años en contestarme. Antes no era así. Y cuando le muestro algo que hice yo, no se muestra muy efusivo. Está hipercrítico con todo, como si tuviera una idea de lo que es la excelencia musical, así, pura.
- Soberbio. Bueno, quizás lo que pasó entre ustedes no tiene nada que ver. Sino que él tiene una etapa en su vida así, en la que trata de aceptar ideas de los demás, pero eso choca con su natural concepción de las cosas. Me da la sensación de que es más una impresión tuya lo "rara" que está la relación ahora.
- ¿Si?
- Sol, digamos que no hizo nada en particular que indique que está enojado, molesto o dolido contigo...
III
Fue luego de la oficina que nos encontramos con todos a tomar algo. Ahí estaba ella, Michelle, un tanto alegre por unas copas de más que había tomado: champán, apoyaba su cuerpo contra la pared mientras un puf la sostenía desde su bastante lindo trasero.
Al dj se le había ocurrido utilizar luces locas de color rosa y violeta, y todo me parecía sugestivo. Mi vida era sugestiva, porque estaba a un día de conocer a... esa que no recuerdo el nombre, pero que era bonita y simpática. Pero en ese momento, Michelle así, medio borracha, y yo, en claro ataque de revolución industrial. Me costó dos pasos acercarme a hablarle, sentarme junto a ella.
Estuvo bueno porque me dijo cosas que no sabía: que escuchaba heavy metal y que estaba a punto de recibirse de diseño audiovisual. ¿Por qué recién tanto tiempo después llegué a conocer estos detalles? Evidentemente me había enfocado en otras cosas, como saber de su familia o su libro favorito (Rayuela).
Me sentí que la iba completando, y que más me gustaba.
Ella me preguntó qué hacía específicamente, cosa que odio responder. Con algún chiste me tomó de la mano, se reía. De repente alzaba la voz, llamando al fotógrafo. Las luces le coloreaban la cara. Y me acerqué nuevamente a ella, aunque no era el momento adecuado.
Al rato, saliendo, me lo dijo...
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Entonces me acerqué a ella, mirándola directo a los ojos, centímetro a centímetro. Me había costado horrores tomar la decisión, aceptar que me había conquistado de esa forma tan directa.
Y la hija de puta me esquivó.
- Perdón, creo que hay un malentendido - dijo.
Por un lado no pude creer que llegada esa circunstancia, esa proximidad, ella me rechazara así. Lo peor es que había ganado confianza a costa de hablar con ella de cosas sentimentales, o cómo nos parecía no entender nada, o cómo nos gusta dormir hasta las dos los domingos.
Miré la pared, blanca, oscura. En verdad la esquivaba a ella, que no sabía si me estaba mirando - asumo que no -, pero si sabía que se sentía al menos tan incómoda como yo. Era ese momento en que te abrís a la otra persona y resulta que no, que salís levemente lastimado.
- Claro -dije-. Por este tipo de cosas no es tan fácil.
- ¿Qué?
- Perdón.
Tardó unos dos segundos en responder. Justo cuando yo pude volver a mirarla, cuando pude volver a registrar que ella estaba frente a mi y que justo yo le había tradado de dar un beso y que justo se me había revelado que ella no pensaba en eso.
- No hace falta, está bien - contestó, mirando de reojo al piso.
La música del lugar seguía sonando: Michel Teló. Pensé en que me hubiera encantado sacarla a bailar, pero ya estaba en esta instancia en que no era adecuado. Además, sabía que a ella no le gustaba la danza en ninguna de sus formas.
Estaba perdido, bah.
- Bueno, estem - dije así tropezado-, estem. Lo que pasa cuando es que yo vos creo que sos interesante.
Ella me miró por una milésima de segundo, creo que fue una confesión de no correspondencia.
- Tomaste de más - me dijo-.
- No - le dije-. Si hubiera tomado de más, quizás te estaría insistiendo o quizás estaría haciendo como si nada. Pero acá estoy, hablándote.
A mi me enseñaron a incinerarme. A mi me gusta llevar el combustible, y que ellas pongan los fósforos. Tenía ganas de irme, de que se termine el momento. Pero hubiera dado todo por quedarme con ella.
No me contestó porque no había forma de que me contestara, porque no me quería dar una negativa tan directa, porque así, en todo caso, podría defender lo ocurrido como un acto de mi ebriedad, descalificándolo como total incoherencia.
De alguna forma me llamé al silencio. Ella lo rompió con una pregunta idiota.
- ¿Podemos ser amigos?
Opté yo por devolverle el silencio, no por venganza, sino porque tampoco tenía respuesta que no fuera groseramente directa.
Las luces, la música, el lugar, la gente. Todo me pareció tedioso, pero más efímero que de costumbre. Ya no me molestaba la música cachengue, los lasers, los empujones, el precio de la pinta. Si me molestaba ese momento que ocurre justo después de que te dicen que no, ese donde encontrás un argumento para no hacer las cosas, antes que para animarte a hacerlas.
Debo haber tenido un look terrible, que ella me tomó del brazo, lo que probablemente aseguró en ese momento un status de confusión que solo días después, conversando con ella, lograría descifrar. Era como una leve caricia. ¿Stereo?, pensé.
La verdad era que su carita me tenía a su merced, que esa tristeza no me ayudaba, sino más bien agravaba la situación en la que nos encontrábamos. Su pollera negra, sus botas posmo. Su remera a rayas blancas y negras. Era ella, como un todo, en su integridad.
¿Cómo decirle a alguien que te interesa sin usar esa palabra de mierda? Interés. De alguna forma, ya lo había hecho. Pero en ese momento pensé que el problema era la situación, que ella no quería arruinar nuestra relación o que sencillamente no le gustaba que nadie se le tire en un boliche.
Fair enough, pensé. Lo gracioso (o no, piensen lo que quieran) es que cuando caí en eso, cuando pensé en dejarla ser, o seguir las cosas luego, avancé nuevamente hacia ella y finalmente la besé.
- No - dijo ella retirándose luego de unos segundos, y mirando para abajo.
¿Era por insistencia la cosa? ¿Cuánta razón tenía? ¿O simplemente no se había animado nuevamente a esquivarme, porque dos veces seguidas en una noche le resultaba demasiado? ¿Me he convertido en un imbécil?
- Escuchame, no es el momento. ¿Podemos hablar luego? - dijo ella.
Mi incógnita era aún mayor, no entendía con qué me estaba enfrentando. Pensé que iba a volar un cachetazo, cualquier cosa, pero que me digan de hablar luego...
- ¿Luego? Claro, aunque también podríamos hablar un poco ahora - apuré.
- No, ahora no es el momento ni el lugar. Fijate. Además de que necesito ordenar mis ideas, creo que ahora no es el momento apropiado.
- Como digas. Perdón, no quise incomodarte.
- Dejá de pedir perdón, por favor. Ya está. Solo es que no quiero hablar ahora de esto, no me parece el lugar, y la verdad que prefiero quedarme sola un rato al menos.
Un rato. Con lamento, la dejé en paz. Quizás debería haberme quedado, insistirle para salir del lugar, acompañarla a la casa, lo que fuera.
Fui a la barra. Me tropecé con uno que estaba charleta, me dijo que había mucha gente, que los del bar se tardaban mucho. Miré buscándola, para saber al menos por dónde andaba. Y me di cuenta de que se había ido.
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"Sí claro", pensé, mientras esperaba en la puerta del Geoge & Dragon. Justo la noche no me acompañaba: viento que recorría las callecitas, nubes. El de la verdulería de al lado ya había cerrado, se estaba yendo tarde. Lo saludé, "bonne nuit", celebré con un breve movimiento de mano, izquierda, derecha.
Sí, claro, ella no estaba. Ya se me hacían veinte los minutos de espera. Sí claro, ya me veía venir la excusa. Tenía esas tremendas ganas de verla, pero sabía perfectamente que era una traidora.
Unas gotas cayeron. Las luces eran hermosas, debo admitir. Pensé en la gente caminando por la plaza central. Me acordé de por qué la ciudad me parecía hermosa. El cartel verde del George se agitaba un poco. De vez en cuando, en mi caminar de aquí para allá en esa esquina, como si eso matara la espera, miraba para adentro.
"Quiero una 1886", pensé.
Sí, claro, me imagino que en verdad no apareciste porque estabas enquilombada con los pasajes de Ryanair. O quizás estabas decidiendo si ir a verlo a él. Son sólo hipótesis, que es lo que me dejás, ya que no me decís las cosas.
Las mujeres son así: te reclaman pero a la hora de dar explicaciones, hacen agua como cualquier ser humano. Era incapaz de admitir que se iría para Marseille. Hasta yo sabía que era decisión tomada, pero ella necesitaba transitar ese tortuoso camino.
¿Saben lo adorable que son las caricias de la lluvia? Son adorables porque se sienten perfecto sobre el rostro. Además, cobran esencial belleza cuando uno se da cuenta de que con poco más estaría empapado. A merced del tiempo. Estar desamparado ante tanta belleza es la dicha, creo.
Las nubes.
Cada vez que me decía a mi mismo "sí, claro", sonaba más irónico. Era como si cualquier predicción de las excusas que arrojaría ella partieran del punto fallido de la mentira. Date cuenta, hasta las nubes me tratan mejor que vos. Merde.
Las gotitas iban dibujando circulitos en la vereda y a mi me daba un poco de lástima arruinarlos con mis pisadas deambulantes. Pensé que en definitiva yo lo hacía sin querer, como ella con mis intensiones. En definitiva nos pisamos los unos a los otros por accidente, sin poder evitarlo, a conciencia pero con cara de "qué querés que le haga".
Me daban ganas de llamarla, pero no para preguntarle por qué no había llegado, o por qué no iba a venir. Sino para decirle "ridícula, por favor, andate a buscarlo". Si total importaba tres carajos yo en la historia. Qué feo que es cuando te das cuenta que te creíste protagonista, pero apenas sos un extra.
A los cuarenta minutos de espera uno se siente un imbécil. Otra vez había caído en la trampa de ella, esa en la que lograba que yo mismo me mintiera y creyera que ella me quería, en la que me olvidaba que lo fáctico había dictaminado hace rato que no estaríamos juntos.
Lo fáctico. Que se sepa que en nuestra charla con ese personaje nefasto en ese maldito fuerte, charlaremos bastante sobre lo fáctico, para determinar, en uno de esos juicios audaces que hacemos los hombres, que todo es ficción. Sí, claro.
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Etiquetas: bayton
I
"Writing songs is a chaotic process: you don´t know exactly how it starts. It can accidentally bump into your head, without asking permission, when you are on the bus, still in bed, at the supermarket or whatever. It involves joining parts of your everyday life, old memories, utopias and (im)posibilities. Perhaps it sounds like an A, C or F#? You keep adding layers and layers and layers, til you got
Nos volvimos a encontrar en una fiesta, en uno de los bares cerca de Sol. Llegué tarde, como de costumbre, y él estaba allí desde hacía rato, aparentemente. Ni me acerqué a saludarlo: estaba lejos, sentado en una mesa, charlando con gente que no conocía, y con otros que conocía un poco.
Implementé inmediatamente mi White Russian, ya que quién sabe, en cualquier momento la conciencia podría atacarme y me volvería trágicamente lúcida.
Conmigo estaban Iván y Beatrix, dos amigos de hace mucho tiempo. Beatrix se la había pasado toda la noche diciendo que yo no tenía buena cara. Y se habrá pensado que era por el otro, pero nada que ver. Aunque cuando Jon se levantó al rato, y saludó de pasada, no le di ni cuarto de pelota.
No fue a propósito. Fue sencillamente algo que pasó, me salió así. Veníamos hablando de la vida con Beatrix e Iván, que me insistía en que le cuente con quién estaba saliendo. Con nadie, contestaba siempre yo. Se cansó de mis escasas respuestas, y simplemente se fue a charlar con esos desconocidos y gente que conozco poco, donde andaba Jon. Se reían mucho, hablaban de lugares recónditos del mundo. Criminales.
Recuerdo que tomé otro trago más, que quizás fuera un Cuba Libre. Y no me gustó. Luego por alguna razón me di un beso con Beatrix, y seguimos hablando como si nada. No recuerdo nada más.
Solo la música: "spending my time", de Roxette. Posta.
III
Y en algún momento del debate, Michel le dice a Noam algo así como: "a mi me parece que basás todos tus conceptos científicos en el sentido común".
IV
Compré unas donas y me fui a uno de los cuatro molinos ubicados en la circunferencia de la ciudad. Era un día soleado, pensé en morirme un buen rato al sol. No era el único, había otros habitantes que lúcidamente optaron por lo mismo que yo.
La noche anterior en el Snuffel había tocado un japonés, o chino, o koreano. Tamiro Shagakhi. Creo que ese era el nombre. Cuestión, que el tipo había traído unos bombos enormes -e nor mes-, hab[ia ejecutado algunas piezas en violín y otras en mandolina.
Yo no es que estuviera borracho, pero algo así. Todo lo que el tipo este hacía me parecía ruidosamente fantástico. Yo estaba acodado en la barra, disfrutando del delirio. En un momento una chica se me sienta al lado, le pide al danés una cerveza Kolsh. Me habré dedicado unos diez minutos a preguntarme si estaría sola.
El danés estaba a full, atendiendo a toda una parba de borrachos que seguramente entendían tanto como yo de lo que estaba haciendo el señor Tamiro. Quizás eramos todos exiliados, pensé.
De alguna forma comencé a hablarle a la muchacha de la Kolsh. Francesa. Logramos entablar un breve diálogo rebuscado en inglés, en el que ella me dijo que estaba de paso yendo para Amsterdam. Fueron de esas conversaciones donde la mujer no devuelve mucho. Yo le conté que venía de Madrid. Le importó tres pepinos.
Justo en ese momento Tamiro paró todo y cantó algo así como un aullido reverberante, crujiente, palomitas de maíz. Me dio hambre y entonces le solicité al danés que tuviera el gran gesto de prepararme un tostado loco. Y además le pedí otra Javellin.
- This one is the best - le dije a la chica de la Kolsh-.
Me contestó arrojando una mirada desagradable. Lo bueno de saber que no vas a ganar con una mujer es que te liberás ante ese fracaso de haberla perdido, te volvés como impune.
- Well, sunshine, you shure don´t talk much, do you? - dije, para apresurar la degradación.
- I tend to talk when I want to talk. And if I want to talk to that person - replicó.
- You don´t get laid much, do you? - incineré-.
- What? - dijo, habiéndome escuchado perfectamente.
Procedió a retirarte, mientras yo me tentaba un poco por dentro, sin poder evitar la sonrisa.
- I´m just making conversation, hey!
El chino/japonés/oriental seguía con otra fase de su extraordinaria música: ahora tenía un gong (por fin) y lo ejecutaba luego de recitar unos mantras (o lo que fuera que era lo que estaba recitando). Me fui al rato para los bares de la vueltita de la plaza central, ahí, en esa torre que de noche es más bonita que de día, por la iluminación.
Se trata de tres bares, uno al lado del otro: el primero tiene happy hour de las 22 a las 23. El del medio, de las 23 a las 24. Y el último, desde la medianoche a la una de la matina.
Extrañé a Tamiro un poco, pues me había acostumbrado a su extraña música surrealista. En una mesa estaban unas muchachas sentadas, tomando stout. Eran dos. Me acerqué a una y le pregunté si tenía fuego. Me ofreció y le contesté "ojala fumara, pues así me sería más fácil continuar la conversación".
Increiblemente, sonrió. Me senté con ellas.
No recuerdo demasiado más. Sé que en algún momento le dije de vernos mañana, pero no recuerdo la respuesta, ni tengo anotado el teléfono de nadie, así que...
Me desperté al otro día con un cántico en mi cabeza. Tomé inmediatamente el charnago y descubrí que era -algo raro que a mi me ocurra-, una base en C#.
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I
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