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La guerilla

martes, 25 de diciembre de 2012

I

Caminaba en dirección a Sol, una tarde de semana, calle llena de gente y un calor notorio. Me pararon como tres veces los de Green Peace diciéndome "Dale hombre, échanos una mano", mientras yo pensaba en llegar al Fnac a por el último disco de los Posies.

Y la vi. Corrí.

- ¡Jackie! - grité.

Se dio vuelta y allí estaba, esa chica de anteojos y jeans rotos. Me sonrió sorprendida. Me detuve jadeante frente a ella.

- Jonny, hey. ¿Cómo andás? Te ves... cansado. ¿Cómo haz estado?

Ella me hablaba en neutro, como si precisara hubicarse en el mismo espacio lingüístico que yo. Había olvidado cómo sonaba un argentino tratando de hablar como español.

- Yo bien, ¿vos? Digo, ¿tú? Bah, hablemos en argentino, ¿está?

El pique corto me dejó con las manos apoyadas en las rodillas, tratando de sostenerme. Me di cuenta de lo fuera de forma que estaba.

- Está bien, tenés razón. Es que se me pega, viste. Yo estoy bien, acá yendo para la estación. 

- A la estación. ¿Estás de paso? Podemos ir al 100 Montaditos a por unas cañas, ¿o estás justa de tiempo?

- De hecho, tengo tiempo de sobra. Vale.

Vale. Creo que a ella le gusta mezclar cuando modismo idiomático pueda. Como ella es profesora, debe tener que seguir las reglas gramáticas y ortográficas al pie de la letra durante todo el ciclo lectivo en el colegio. Y entonces son pequeñas venganzas que ella ejerce durante sus estadías afuera.

El sol me pegaba directo en la frente. Si no entrábamos rápido al bar me iba a derretir. Pedimos unos montaditos y dos cañas de cerveza.

- Bueno, ¿qué contás? - me preguntó ella.

- Bien, vuelto al trabajo y pensando en volver a los estudios. Y...

- Me parece una excelente idea, sos muy inteligente. No te oxides como yo. Ni bien regrese a Buenos Aires tengo el mismo plan.

- ¿Por qué desapareciste?

Ella me miró. Siguió sonriendo pero con algo de tristeza.  Entonces nos avisaron que ya estaban listos los montaditos, así que fui a buscarlos. Y así la dejé pensar para cuando volviera yo con el pedido.

- Perdón Jonny, digamos que nos encontramos en una etapa particular de mi vida donde yo necesitaba no pensar las cosas. Y cuando no pensás las cosas hacés todo por impulso, y me fui. Lo sé, te pido disculpas, no entendiste nada.

- Mas vale que no. Aunque luego fui armando el rompecabezas - le contesté, intentando demostrarle lo más claramente posible que no estaba enojado.

- ¿Sabés? Cuando realmente querés a alguien le bancás cosas que al resto no. Y a veces, cuando la relación pasa momentos de tensión aguda, una se pregunta si no está cediendo demasiado. Bueno, en plena crisis me conociste.

- Algo me dijiste. Que estabas tratanto de terminar un noviazgo largo, o empezando a terminarlo.

- Sí. Eso pensé. No me caracterizo por mis procesos claros. Yo misma no me doy cuenta de lo que quiero, o me asusto de lo que quiero. 

- ¿Y ahora volviste para irte? ¿Volvés ya a Buenos Aires? ¿O te vas para otra ciudad de acá?

La ametrallé con preguntas. Quería que se quedara, o en realidad quería que finalmente se sintiera tranquila. Me hubiera gustado tomarle la mano al menos.

- Voy para Atocha porque espero en una hora aproximadamente encontrarme con Jimmy.

II
Rolland Barthes ingresa al escenario, luce un traje desalineado, con la camisa afuera y la corbata desarreglada. Parece que hubiera salido de un casamiento a las seis de la mañana. Tiene una copa de champán o sidra o algo en la mano, que sacude mientras habla.

- Vieron que Jimmy de momentos parece un personaje omnisciente. Tiene respuesta para todo, aparece como si nada, sabe lo que pasa, sabe qué le van a decir. Saca conjeturas, utiliza a más no poder su teoría de las ecuaciones.

Se escucha brevemente música de los años cincuenta: Guilty.

- Bueno, pero Jimmy jamás pudo poner en su cuadrilla a Jackie. Jimmy sabe algunas cosas, teoriza sobre ella, pero sabe perfectamente que no llega a más que quimeras. Ella está afuera de su dominio. De la misma forma, Jackie se pensó que tenía a Jimmy al dedillo y cuando se dio cuenta de que no era así, todo se desmadró.

Rolland toma un poco de lo que sea que haya en la copa.

- Esto está caliente - dice con cara de asco, y vuelve a tomar-. El hecho de que ambos estén dirigiéndose en este preciso instante a Atocha no es casual.

Se saca la corbata, que le resulta insoportable.

III
- ¿Entonces? Te vas a encontrar con él. ¿Él te llamó? ¿Vos lo llamaste?

Jackie se puso un poco incómoda. Habrá sido porque hablar del otro conmigo no le parecía del todo correcto. Pero contestó.

- Él dijo que quería verme.

- Y vos querías verlo, pues sino no hubieras accedido a encontrarte con él.

- No accedí a nada. Él no sabe que estoy acá y no sabe que nos vamos a encontrar. Sencillamente le contesté que sí, y él me dijo que llegaba hoy a Madrid desde Tarragona. Solo busqué el único tren que conectara directo, y aquí estoy.

La miré extrañado. Pues hubiera sido más fácil que arreglaran antes todo. Incluso Jim podría haber cambiado el pasaje, o haber hecho una combinación. Además me imagino que ella lo dejó sin respuesta desde hace días.

- No sé qué ocurrirá, trato de no pensar. ¿Vos en qué andás, Jonny?

IV
I was searching through my files, looking for nothing, when I found this pice of lyric:


I´ve escaped your ideas a life time,
Suddenly I found out that you stole them from me...
 

I really don't know what to do with it, but I should definitely use those two lines.

Sobre los personajes

viernes, 14 de diciembre de 2012

Me tomo este post para hablar de los personajes:

- Michelle Foucault: estudiante de psicología, que antes estudió Administración de Empresas pero abandonó la carrera cuando a ella la abandonó su ex novio. Un tanto tímida, pero segura de si misma. A veces se le patinan las cosas.

- Jonathan Bayton: joven, enérgico e inexperto. Es un tipo rápido, menos intelectual que los personajes centrales de las temporadas anteriores. Más impulsivo, pero no por eso menos resuelto. Es quizás el más consistente en cuanto a carácter.

- Jacqueline Rousseau: intelectual maestra de lengua y literatura. Trementamente simpática y agradable, es conquistadora serial de corazones. También es bastante vueltera con sus relaciones y un tanto insegura cuando alguien se le planta.

- Juan Pablo Sartre: una bomba de tiempo. Es el elemento desestabilizador, carece de ética pero es un excelente amigo. Mujeriego, es una versión actualizada de Orlando de la temporada 1 y de Gilles Deleuze de la temporada 2.

- Jim Bentham: calculador, racionalista y moralista criminal. Casi insoportable. Personaje casi omniciente, pues sabe la mayoría de las cosas que van a pasar y posee explicaciones para todo y todos. A excepción de Jackie Rousseau, quien es su point de capitón.

- Solange: Amante ocasional de Jonathan Bayton, con quien tiene una relación de casi admiración mutua, aunque con bastantes miedos involucrados. Esta chica es alta y morocha, muy sensual. Aparenta estar segura de todo pero en verdad todo la preocupa.

- Emma: novia por descarte de Jonathan. Bastante mayor que él, se trata de una mujer que está llegando a la crisis de los cuarenta, que es sensible y extremadamente amable. Ella cree que merece ciertas cosas en la vida, y lucha por conseguirlas.

La B

martes, 11 de diciembre de 2012

Todo comenzó un sábado a la noche, con un llamado de Juan Pablo:


- Master, necesito que me banques con unas minas. Son dos, hacemos salida de cuatro. Espero no tengas ningún plan.

Mi vida estaba entre dos mujeres que no me querían: Michelle por un lado, y Emma por otro. Me pareció bien salir, ver qué pasaba. Deseé solamente que las amigas de las que me hablaba Juan Pablo fueran al menos simpáticas. Sólo pedí eso, que fueran simpáticas y un poco lindas.

Las esperamos en uno de los bares de Sol. Él se la pasaba dale que dale con los mensajitos. Ellas le decían que estaban viendo a dónde ir, que una se estaba cambiando y además no sabían si venía una tercera.

Mientras tomábamos cerveza y conversábamos de manera intermitente, yo pensaba que eso no era lo que yo quería para un sábado a la noche. Yo quería pedirle el teléfono a la mesera o quizás hablar con las chicas de la mesa del bar de enfrente.

Pero Juan Pablo era el que manejaba la situación, yo sólo era un resentido al que no le daban bola ninguna de las dos mujeres con las que andaba. Era como si hubiera perdido derecho a voto en esto de salir con mujeres. Entonces me arrastraban.

- Pero sí, dale, vengan para acá, que está linda la noche. Después vamos para el baile. Jonny es muy bueno bailando, van a ver.

La noche estaba genial. Tan genial que si al día siguiente estaba así, y si mis fuerzas me lo permitían, pensaba escaparme a Toledo para pasearme por el museo militar.

Tras tomarnos tres cervezas llegaron. Eran dos chicas delgadas, realmente bonitas. Una se llamaba Denise y tenía el pelo medio corto, castaño. La otra se llamaba María y era rubia. 

El problema era que ambas tenían veinte años.

Era como irse a la B de alguna forma. Porque Michelle estaba en cualquiera, y Emma me odiaba, al menos hasta el próximo fin de semana. Y si bien eran lindas, no me sentía del todo agusto.

- Relajate - me dijo Juan Pablo -. Estas cosas hay que disfrutarlas, cuando seas viejo y no puedas tener una de veinte te vas a querer matar.

Denise era bastante inteligente, se la pasaba hablando de libros y películas. Era una chica culta y curiosa. María era un poco más callada, pero con un par de chistes logramos que se soltara un poco. Ambas en verdad, eran dos muchachas que podían llamarle la atención a cualquiera, sólo con lo que dijeran.

Ahí recordé otra de mis citas preferidas:

"Intelligence is sexy".

Hice lo mejor que podía hacer: dejar las cosas correr libres, despreocuparme por la cadencia de los hechos.

Charlamos bastante en el bar, ambas chicas se pidieron dos tragos: Sex on the beach. Hablé un poco más con María, a quien podía descolocar con mis comentarios en doble sentido y que afortunadamente ella se tomaba con humor. Igual decidí no abusar de ese recurso, por lo que le hablé de cosas menos importantes, como dónde trabajábamos.

- Te gusta decir el nombre complicado de donde trabajás porque suena importante, veo - dijo ella cuando le comenté.

- Bastante perceptiva sos, María - dije-. Sí, es un juego que hago. Lo digo y veo qué reacción tienen las personas. Usualmente les parece gran cosa, pero no es demasiado. Todo ornamenta, nada más. Igual, en general creo que la gente no describe bien a qué se dedica.

- ¿En general?

- Suponete. Por ejemplo, te pregunté de qué trabajabas vos y me contestaste "en diseño" y no "soy diseñadora gráfica en un estudio".

- Te odio. Tenés razón - dijo, mientras jugaba con los hielos de su Sex on the beach.

Juan Pablo iba para cualquier lado: abrazaba a Denise pero le charlaba a María. Y yo, que estaba peleando el descenso, a veces me perdía en todo eso. Enfilamos para el boliche entonces. Entramos rápido, y lo primero que hicimos fue ir al baño. Allí:

- Pero boludo, estás callado ahora - me decía Juan Pablo-. Venías bien, vos dale para adelante.

- Dale. Voy a ver si le invito un álbum de figuritas o a comer una cajita feliz al McDonald's - contesté-. Y boludo fijate para donde apuntás que vas a mear todo.

- No seas estúpido. Están buenas, ¿si la piba te decía que tenía veinticinto le dás? Además nadie te dice que te pongas de novio, sino que si te parece linda y ves que tiene onda, lo disfrutes.

- Vengo escuchando mucho eso últimamente.

- ¿Qué? - dijo Juan Pablo, mientras se cerraba la bragueta.

- Eso. Que me tengo que relajar y disfrutar de las cosas.

Cuando volvimos las chicas estaban en la barra. En ese momento le pregunté a María que quería.

- Pedí dos destornilladores.

- A perfecto, creo que voy a pedir lo mismo.

- Uno es para vos. Dijiste que te gustaban.

La miré extrañado. Pero claro, toda la situación era extraña. Yo con una quinceañera que encima me paga las bebidas. Pensé que estaba en un universo paralelo.

- Pero dejame invitarte a mi.

- Pero no, que ustedes pagaron lo del bar. Así que tocás la guitarra, ¿tenés banda?

Así fue como la cosa con María se puso más foward. Mientras Juan Pablo intentaba acercarse a Denise, que de vez en cuando le corría la cara y se reía, pero no se iba, yo no sabía si esta otra chica me iba a tirar los labios para que la besara o para que le diera el chupete.

Acá, Jonathan Bayton peleando el descenso. Si Emma me hubiera visto me mataba. Si Michelle me hubiera visto, hubiera perdido la poca credibilidad que me queda con ella. No era algo que tuviera importancia, pero... A LA B.

Pelear el descenso era eso: tener a una chica casi diez años menor que yo en frente, charlando sugestivamente, cada vez más cerca. Y yo que no quería, pero un poco quería, pero otro poco no me interesaba.

Porque en verdad yo no quería eso. Eso era lo que tenía, María era la persona que me prestaba atención. No Emma, no Michelle. No Jackie, no Solange.

La B no era porque la chica fuera fea, ni porque fuera menor, ni porque fuera tonta, ni porque me cayera mal. El feo era yo, el pendejo era yo, el tonto era yo y el que me caía pésimo en ese momento era yo. Irme a la B no era cuestión de darle un beso a María o no.

Ya estaba en la B.

María me hablaba cada vez más cerca. Yo, en algún momento, la había tomado por la cintura. Decidí que era el mejor momento de hablarle de Michelle, de contarle todo lo que pensaba. Decidí hablarle de Emma también. Decidí que si me iba a ir a la B, que fuera público.

Pasaron dos cosas: le bajé el tono al encuentro con María, pero de una forma amable. Y además obtuve opiniones al respecto. Me dijo que Michelle me quería, que la confundía yo, y que en una de esas en alguna circunstancia podríamos haber llegado a estar juntos.

Me dijo que deje de jugar con Emma.

Mientras, Juan Pablo lograba robarle algún beso a Denise yo hacía mi terapia con María. Me era necesario escuchar una opinión femenina, alguien que me dijera que yo no hacía todo mal, que sencillamente ocurría esto y aquello.

la hacker

viernes, 7 de diciembre de 2012

I
Creo que algo llamativo me ocurrió durante el último año: diversas personas, en diversas situaciones inconexas, me preguntaron si daba clases. Yo no sé por qué lo relaciono a que efectivamente supe dar clases, como si eso saliera a la luz en mi cara o en mis gestos.

La verdad es que, pensándolo bien, no hay ningún indicio de que yo me haya dedicado a dar clases. Además cuando me lo preguntaron fue sobre diversas disciplinas.

Lo que quiero decir es que a lo largo de este año me preguntaron si me dedico a enseñar, y no entiendo por qué.

II
Jonathan Bayton entró y se encontró a Emma en camisón, tomando brandi. Estaba algo borracha, le sonrió. Él le dio un beso en la frente y fue a la habitación a cambiarse. Ella de vez en cuando decía cosas, como si estuviera frente a ella.

Mientras Jonathan se ponía una remera y unos pantalones, escuchaba:

- Hoy compuse tres sinfonías, viste, en hojas pentagramadas. Terminaba una y la rompía. Eso, te escribí tres sinfonías para vos y las rompí.

Entonces Emma rió. Jonathan no entendía demasiado. ¿Por qué ella habría comprado hojas pentagramadas, había escrito música dedicada a él y sin que llegara siguiera a verlas, las haría trizas?

Jon salió de la habitación.

- ¿Que hiciste qué?

- Que rompí tu música.

- Y ¿cómo era?

- Había una melodía muy dulce, luego otra muy triste y la tercera era bastante... cargada - contestó Emma.

A ella le gustaba tener la atención de él. Se sentía atendida. Un par de hojas pentagramadas, eso hacía falta.

- ¿Por qué hiciste eso? Ni llegué a escucharlas.

Una pequeña venganza: darle algo al otro pero sacárselo antes de que siquiera pueda probarlo. E informarle de los daños acontecidos.

- Y no sé Jonny - contestó ella -. Me hubiera encantado que las escucharas pero...

A medida que hablaba Emma tomaba y comenzaba a quebrarse. No quería llorar de repente, quería hacerlo gradualmente, como si su llanto tuviera que tener cierta cadencia dramática.

Entonces preguntó:

- ¿Quién es Michelle?

III
Días después lo pensé y me di cuenta: no fue tanto la idea de que Jonathan estuviera con Michelle lo que me dolió, sino más que confiaba en ella y no en mi. A ella le decía lo que le pasaba, le hablaba en formas que a mi jamás me habló.

Conmigo Jonathan era un témpano de hielo, en comparación con lo que le escribía a Michelle.

Todo ocurrió cuando en la computadora de Jonny pude acceder accidentalmente a su cuenta de correo electrónico. Encontré varias conversaciones entre ellos, él le escribía como a nadie más. Le escribía canciones, le mandaba versos, le hablaba. Ella le respondía, a veces le decía que le gustaba lo que él le mandaba, otras que no tanto.

Ella le mandaba fotos: de insectos sacados con una lente gran angular, de trenes, de gente en la calle, de paredes con escaleras. Y Jonny siempre le decía que eran hermosas.

Michelle le preguntaba cómo estaba. Se lo preguntaba más de una vez, porque como ella misma escribió, quería chequear varias veces para asegurarse de que Jonathan le dijera las cosas. Ahí me di cuenta de que Jonathan estaba enamorado de ella, y que ella jugaba con él.

"Quiero saber cómo estás, pero decime hasta donde tenga que saber, no más de eso", le decía. Como si ella tuviera que mantenerlo a raya. Y él, como puede ser, le contestaba que estaba bien, que no pasaba nada. En una ocasión le escribió que le gustaría concerla más.

Ella no contestó eso.

Soy mujer y me di cuenta perfectamente de lo que estaba haciendo Michelle con Jonathan. Me enojé mucho con ella, muchísimo. Y él me dio lástima.

Luego me olvidé de esa reventada, y pasé a estar enojado con Jonathan. Pero como les dije, no porque estuviera hablando con otra, sino porque confiaba más. Se notaba una soltura en cómo Jonathan le escribía, una sinceridad, un placer. Eso, Jonathan era casi completamente honesto con ella y lo disfrutaba.

Y a mi me quedaban las tardes de sexo y las charlas efímeras sobre Rimbaud y Picasso.

IV
Me contó cosas que ni yo recordaba, conversaciones que tuve con Michelle y que ya ni registraba. Lo que me dio bronca, además de la usurpación, fue que me borró todo. Perdí fotos de Michelle y cosas que yo le había escrito. Perdí conversaciones que duraron semanas.

Emma es toda una mujer, pero ese día no sé que pasó. Quebró. Nunca había tenido un planteo, nunca había tenido un reclamo.

Por accidente o destino, o por acto fallido mío, logró meterse en mi vida, llegar a Michelle, verla, palparla, conocerla como yo la conocía. Cuando te miran a vos, cuando te urgan en los sentimientos, te sentís invadido. Pero cuando urgan en los sentimientos que otra persona te contó sólo a vos, te sentís saqueado.

Digo, porque que la otra persona te haya mostrado eso es algo que lo lograste vos, es algo que tenés vos y antes no tenías, que lo conservás para vos. Y nadie te lo puede sacar. Pero cuando alguien toma lo que otro te dio a vos, es peor.

Me enojé con Emma, le dije de todo. Ella se reía, me decía idiota. No me puteaba, pero me decía que Michelle no me quería, y que ella tampoco. Cuando logré mandarla a su casa en taxi me quedé sentado en el living, mirando la botella de brandi por la mitad. En ese momento, al decir verdad, la veía medio vacía.

Restart your heart

jueves, 29 de noviembre de 2012

I
Restart you heart here:



II
Estoy tratando de estructurar un cuento en el que Jimmy Bentham, Jonatham Bayton y Michelle Foucault terminan involucrados. Incluye algunos episodios aquí ya descritos, pero la verdad que cuesta poner todo esto en una secuencia más clara.

La secuencia en la que trabajo aún así, reconfigura la relación entre los tres. En ella Jim es un soberbio infumable, Bayton un tipo mucho más inseguro y Michelle no es lesbiana.

Pero al ir escribiéndolos nuevamente me di cuenta que casi los quiero, como si existieran.

El hecho de que esté tratando de escribir un cuento es mi excusa de no estar actualizando este blog que uds. están leyendo ahora.

III
La novia bailaba el vals con una sonrisa de oreja a oreja y los abuelos del novio no podían parar de aplaudir. Yo bailé con la novia al principio casi, luego del tío o quien fuera, para luego dedicarme a setear un micrófono del Rickenbacker que había sido modificado por un imbécil.

Terminaba el Vals, algunas canciones y tocábamos.. Y yo me encontraba con un destornillador ajustando el Toaster.

- ¿Y? - me decía Fernando, el hermano del novio -. Pudiste hacerlo andar.

- Andar anda. El tema es que no quiero que sature, y para eso tengo que alejarlo, no como lo ubicó este imbécil.

Es difícil tratar de ajustar un tornillo con un destornillador que no es, hay que tener cuidado de no dañar nada. Mi cara debía ser la de un cirujano en una intervención coronaria.

- ¿Ahora te ponés a arreglar el bajo? - me dijo ella.

La miré dos segundos, ah sos vos. Sí, mirá, sacame fotos de todo esto que estoy sufriendo mientras estos se cagan de risa.

La fotógrafa se reía. Habíamos comenzado a hablar por la tarde, durante la prueba de sonido. Era bastante contrera, decía con facilidad cosas como "te estás equivocando en la afinación", ese tipo de asuntos que para mi son sensibles.

Y en ese momento me sacó una foto y me dijo:

- No sos gran bailarín de Vals, pero con esto para mi ya sos un luthier.

- Ja. No, los luthieres son gente seria y grande.

- Parecés un tipo serio...

- Las apariencias engañan.

- Y bueno, si, estás un poco viejito.

- Ah bueno. Eso no era para que lo reafirmes, sino para que por cordialidad al menos me dijeras algo como "pero no parecés tan mayor", o no sé, esas cosas que saben decir ustedes las mujeres que son sensibles.

- ¿Yo? ¿Sensible? Soy Loiuse, olvidate. Pienso más como hombre que como mujer.

Yo venía de una semana maratónica de discusiones con Emma: si iba a dormir, si nos veíamos, si los champignones tenían malas energías, si mi cara a la mañana no era del todo alegre, si ella quería que salieramos con las amigas; en fin, como era de esperarse se había puesto un poco demandante.

Y Louse era tan jovencita... lo genial de ella era que no coincidiamos en nada, pero tampoco hacía falta. Nos quedamos hablando casi toda la noche, ni bailamos. Registré que cuando tocamos la tuve en frente a mi, que casi todo el tiempo toqué con los ojos cerrados - no sé por qué, creo que fue el hecho de tener que cantar -.

- Mirá, acá saliste lindo - me dijo -.

- Ah, mirá vos, por fin un cumplido, muchas gracias.

- De nada.

Me fue mucho más fácil abrazarla luego de eso. Restart your heart, here.

IV
Llegué a Tarragona en busca del Coliseo al lado del mar. En la época de la Antigua Roma, Cataluña había sido territorio del imperio y en esta ciudad que les cuento existía un circo, justo al lado del Mediterraneo.


Sencillamente es brillante la idea de poner un Coliseo al lado del mar. Cruzando la calle, a unos doscientos metros, se encontraban el resto de las instalaciones de este circo: una serie de ruinas y cabernas, con torres desde las que se puede ver el resto de la ciudad.

No sé por qué, pero decidí informar a Rousseau sobre mi locación, no tanto para que viniera a verme sino para que viniera a ver lo que quedaba de todo esto. Sobre todo para ella, amante de las mitologías, esto debía resultar hermoso.

Sorpresivamente me contestó a los días - ya había abandonado Tarragona y me encontraba en Barcelona, camino a Girona, para volver unos días a Marseille-, me dijo que ya conocía el lugar, que había estado últimos días de febrero.

O sea que no me había cruzado con Jackie de casualidad, pues mi visita ocurrió el dos de marzo.

"Viste la muñeca del año 1200? No puedo creer que fuera articulada, los nenes jugaban con eso".

También era sorprendente que ella supiera que yo me iba a interesar por esa muñeca, una figura de una mujer en miniatura, hecha de marfil, que podía ser movida y puesta en diversas posiciones. De la misma manera que yo sé que fue a la biblioteca de Tarraco (Tarragona en catalán) y ella sabe que fui a la disquería esa que estaba a otros doscientos metros del circo.

Porque las cosas inconexas, aunque no lo crean, aunque no parezca, se relacionan. Y como de alguna forma, por un evento accidental, algo que no tenía demasiado sentido, como puede ser una visita a un Coliseo al lado del mar resulta en el reinicio del diálogo con esa persona que aún querés.

Restart your heart here.

El caos

martes, 2 de octubre de 2012

I
Un archivo de extensión .bat es un ejecutable de programación sencilla, su sintaxis es relativamente evidente.  Resultaba muy útil en la época del DOS 6.22, para acortar la ejecución de otros archivos .exe.

En un archivo .bat uno puede incluir una referencia para que la máquina se reinicie automáticamente. Solo hacen falta unas líneas de código. Y en tal caso, uno puede incluir ese archivo .bat en el inicio de la computadora, la misma entrará en un ciclo de reinicio continuo.

Como es de predecir, este tipo de "virus rústicos" son dañinos para el hardware.

Bueno, imaginen que ese archivo se extendió a todo el laboratorio de informática durante un fin de semana largo.

II
Entró tenso, con un aire ido. Me saludó así nomás, con un beso en la mejilla. ¿Desde cuando? Lo miré con cara de odio pero de mentiritas y ni me vio. Se fue directo para el cuarto a dejar las cosas, ensimismado.


Me contó vagamente un plan suyo que acababa de ejecutar:

"Está todo corriendo ahora, y el viernes a las diez pm, paf".

Le encanta pensar maquinarias, procesos, utilizar la relación causa-efecto. Porque dice que entonces todo parece como una maquinaria viva, algo que se mueve y hace cosas. Le pregunté por qué lo había hecho, pues no le veía sentido, sencillamente se estaba arriesgando a meterse en problemas.

"¿Y perderme esta oportunidad? No corazón, hay cosas que dije que tengo que hacer antes de morir".

Dice que las personas están demasiado acostumbradas a pensar rutinariamente, que a todos les cuesta lidiar con lo extra cotidiano. A veces pienso que se cree no sé, un iluminador. Otras, me doy cuenta que es solo su método de pelearse con otros.

"Soy un montajista", dice. Y le creo: le encanta montar historias, hacerlas carne. Esta quizás sea una de sus travesuras más impopulares. "Es mejor cuando seteás todo para que se dispare en un momento x, porque entonces da esa sensación de que está vivo y ya te excede".

III
Viví por la rambla unos ocho años con mi ex, Oscar, un gallego fornido que era muy tierno pero no se caracterizaba precisamente por su capacidad de escuchar. Él trabajaba en el metro, un buen sueldo. Nunca nos faltó nada.

Yo siempre gané bien con mis clientes de kinesiología, en su mayoría gente grande, de sesenta para arriba. Un viejito muy dulde me regalaba chocolates cada vez que iba. Oscar era tan celoso que le molestaba, pero como se trataba de un hombre grande se la aguantó.

No tuvimos hijos, no porque no hayamos querido sino porque nos costaba. Oscar en particular se estrasaba mucho con el trabajo, sobre todo estos últimos tiempos. Ni hablar cuando se quedó sin trabajo, él pasó a ser parte de los parados. Ya veníamos en crisis antes, alejados, pero creo que eso fue un factor determinante.

Le dije a mi hermana que para mi, él veía afectada su hombría, en que yo tuviera trabajo - aunque menos - y él no. No podía soportar la idea.

Desde hacía casi un año que no éramos los mismos. Nunca lo confirmé, pero diría que Oscar estaba en una aventura. Yo de insegura, o lo que quieran, jamás dije nada. Ahora que lo pienso, no dije nada porque temía perderlo, perder mi vida.

Luego, cuando me separé de Oscar, me vine a Madrid. Tarde seis meses en conocer la ciudad, porque no salía demasiado. Tuve que hacer nuevos clientes, eso me hacía moverme. Pero no salía por salir a ver la ciudad. Solo iba a la casa de la gente, llevaba mi mesa de trabajo, daba los masajes o el tratamiento indicado, y me iba de vuelta para casa.

Una vez Oscar me llamó desde Barcelona, me dijo Emma, volvamos. Me largué a llorar y corté. Supe que había conseguido trabajo en un restorán de camarero, pero sinceramente no podía volver.

Conocí a Jonathan en unas "jornadas de juegos" de su empresa, en la que me habían convocado para hacer una especie de taller corporal. Yo no hablaba demasiado con nadie, y de hecho cuando mi labor terminó me quedé en la barra, con algunos de los profesores que habíamos ido. No conocía en profundidad a ninguno, a mi me habían contactado por buenas referencias.

Jon me invitó un trago que no pagó, porque eran gratis. Yo estaba ahí desde las dos de la tarde, así que me quedé escuchándolo. Cuando me di cuenta de que él se estaba fijando en mi me reí por dentro. Cómo un muchacho de unos veintipico se va a fijar en una mujer de casi cuarenta.

Me sentí bien por primera vez en bastante tiempo.

IV
El olor a transformador quemado inundaba la sala. El jefe de tecnología insultaba a la nada y a todos. Debía sentirse un inútil, pues ninguna computadora andaba y por ende el no tenía nada que hacer, ni podía hurgar en los registros, ni nada de lo que a él le gusta hacer.

Pasé por ese sector, saludé con mi cara de alegre y estúpido. Era martes y todo me daba risa.

V
La primera vez que salimos me llevó a un lugar bonito, algo romanticón, con velas en la mesas y un tipo fornido en la puerta que se ocupaba de hacerse el malo a la entrada y que todo pareciera importante.

Charlamos de todo, de la vida, le conté de Oscar. Él me contó de cómo había aprendido a hacer masajes gracias a una ex. Le dije que me llamaba la atención eso. Se rió, me preguntó que si le sorprendía que supiera dar masajes o que tuviera una ex.

Hacía meses que no salía de noche. Más, años, que no estaba con otro hombre que no hubiera sido Oscar. Hacía tanto tiempo que no tomaba vino a la luz de las velas, que no me quedaba despierta fuera de casa hasta la madrugada, que no me reía con alguien que no conocía, que no me decían que era linda.

Me costaba un poco ponerme en situación, ser la mujer atractiva de la escena, la que él pretendía. Se ve que de a momentos él intentaba acercarse y yo no se lo permitía. Pero no fue a propósito, no me di cuenta en ese entonces.

Fue cuando empecé a soltar, a dejar de aferrarme a lo que me hubiera pasado antes. Porque las cosas no iban a permanecer como estaban porque yo hiciera esfuerzos sobrehumanos, y me callara la boca si me eran infiel y si no me querían. Y hay cosas que realmente hay que aceptarlas y seguir para adelante.

Razones

miércoles, 12 de septiembre de 2012

I

- Quizás deberías cambiar las cosas un poco - decía Emma mientras caminaba y terminaba su helado -. Einstein decía que solamente el loco hace siempre lo mismo y espera resultados diferentes.

- Tampoco es tan fácil - repliqué -. O sea, siempre que uno está en su peor momento se lo dice: "tengo que cambiar mi estilo de vida, blablablablero". Cuando lo jodido pasa, listo, de vuelta a lo mismo.

- Bueno, no esperes resultados inmediatos. Vos Jonny, pecas de ansioso, me parece.

- Lo sé.

- ¿Te puedo decir algo?

- Así nomás, sin pedir permiso.

- A veces me da miedo eso, que te vayas a cansar de mi, que no sea lo que vos querés y que en seguida te vayas.

- ¿Ah? Tampoco es así.

- Bueno, la primera vez que me quedé a dormir con vos creí que nunca más me volverías a hablar. Y todo por esa cara que me pusiste cuando me fui.

- Mmmm, es un recuerdo poco decoroso. Es que la verdad, no comprendí por qué te fuiste. Eran las cuatro de la mañana.

- Me sentía incómoda...

- ¿Y no era mejor hablar las cosas?

- Salíamos hacía dos semanas. Me cuesta hablar con vos ahora, imaginate...

Tiempo después me daría cuenta que, si un rol tenía en mi vida Emma, era enseñarme a ser un poco más paciente. En general.

II
"Scientists have discovered a biochemical link between the overwhelming state of love, drug addiction and violence. These emotions are actually controlled by three very powerful drugs: dopamine, seratonin and adrenaline. There is a connection between drug addiction, mental illness and love at first sight."

Dopamine, seratonin, adrenaline. From Therapy?'s LP entitled One Cure Fits All, released on 2006.

Leí eso y supe que lo escribió para mi, o acerca de mi. Diganmé egocéntrica, pero lo sé. Y mientras él estaba con la otra y yo estaba con el otro, resulta que los dos nos pensábamos.

Me reí, pues la vida es ridícula. ¿Cómo puede ser que dos personas que se quieren estén así de separadas?

Tengo eso de chiquilla. Y me acordé entonces de esa vez que yo me enojé con él por haberme mandado a callar. Estaba hablando con otro amigo del hostel, y yo estaba cargosa, y en un momento me dijo "estem, estoy hablando con Carlos, así que por favor callate".

Me callé.

No le hablé en toda la noche. Al otro día me levanté antes, desayuné y me fui. Estuve en las afueras, en los molinos de la frontera, como le decía yo. El día había estado espléndido y encontré el bar más viejo de toda la ciudad, del año 1600. Recién volví como a las cinco y él apareció y me pidió perdón.

"Hey. Perdoname. Mirá, te traje un Shakespeare de chocolate".

Puso cara de perrito mojado y morí de ternura.

III
Happiness is not something you actually are aware of at the moment you become happy. You can't never recall the moment you said "oh, i'm about to be happy". I mean, really, is not something you can tell, not at least clearly.

Yes yes, in the long run you can say "I was unhappy until...". But it is a scheme, a diagram, something you think afterwards.

You can just take examples, try to write like a plot, a story for you. But you can only do that after things happen to you. So, you are never really aware of the passage from wherever you are to happiness.

And I think it happens the same, more or less, with the opposite. So that makes reason something you has to have an emotional base.

I have said before that I feel that reason is an emotion, or something build upon emotions...

Divergentes

jueves, 2 de agosto de 2012

I

En una entrevista de principios de 2012, Yann Tiersen respondía que trabaja sus composiciones desde una idea inicial de un borrador. Una base sencilla, que suele bosquejar inicialmente en guitarra, para luego agregar capas y texturas.

Es decir, hay una base germinal, una especie de célula primitiva, sobre la cual luego se irían montando otras ideas, arreglos que proliferarían gatillados por ese germen. Todo esto, por supuesto, resulta en la modificación modificar la melodía inicial.

De tal forma, observo que ocurren dos cosas: se monta una especie de estructura narrativa, por un lado. Y por otro, le resulta extremadamente fácil hacer las reversiones más desnudas de sus canciones.

Pensé esto principalmente con una canción como Ashes, que en su versión de estudio abraza el barroquismo, pero que en su versión acústica es una oda al minimalismo folky.

II
Estábamos viendo Full Monty en la casa de Michelle, viernes a la noche.

- Debe ser la única película en la que Robert Carlyle hace un personaje tranca.

Pensé: Trainspotting, Tomorrow never dies, Hittler: rise of evil. Quería refutarla, pero soy pésimo con el tema de películas.

- Es que tiene algo, un aire a loco, o no sé... - continuó.

Desde que nos habíamos sentado en el sillón que había pensado en la imagen de noviazgo. Eso. No hay nada de sexo porque tanto a mi novia como a mi nos gustan las mujeres. No pensé que una coincidencia pudiera ser un problema, hasta hoy.

Ella estaba vestida con unos joggins, medio tapada con un buzo. Les juro que no me importaba.

- Igual, si Robert Carlyle puede ser stripper... - dije por decir cualquier cosa.

- Es la actitud, además, el hecho de que sea una persona conocida del pueblo le agrega morbo.

- Na, porque lo conozcan no van a querer ir a verlo en bolas.

- Digo, le agrega atractivo, deja de ser un x para ser alguien que ven por la calle y le dicen "hola".

- ¿Si yo fuera stripper vos me vendrías a ver?

- Probablemente.

- Qué genial. Yo también te iría a ver si fueras stripper.

- Lo sé.

- Y sino fueras también.

Me miró y se rió. Como disfruté esa pequeña victoria, ni les cuento.

Venía pensando en abrazarla un poco, o quizás solamente acariciarle la rodilla -sic. Tal cual, la rodilla pensé -. Antes de llegar a la casa de Michelle me había dicho que no tenía que hacer eso, porque se iba a molestar. Pero in situ les juro que es difícil.

III

2) Ah, podrías servirme para practicar masajes.

1) ¿Dónde?

2) Debo practicar pies. Te va a encantar.

1) Me imagino que se tenía que dar, los dos en la cama, era cuestión de...

2) En verdad, la profesora indicó que no deben hacerse en la cama. Ahí me dije, "es lo primero que pienso hacer". Que contrera soy. Ella lo toma muy profesional, como que hay que mantener la distancia con el cliente.

1) ¿Ves que pensamos las mismas cosas? Si yo aprendiera, obviamente que los daría en la cama. ¿Para que me ponés talco?

2) Es mejor al tacto, porque así mis dedos se van a deslizar mejor. Primero te tomo de los talones, y me fijo cuál pierna tenés más larga. Suele ser la derecha. Entonces, levanto un poco y con la otra mano empujo la planta. Se mueve todo el cuerpo, hasta el hombro.

1) ¿Esto es reflexología?

2) No, eso no tiene nada que ver, reflexología es solo en la planta el pie. Acá voy a pasar por todo tu pie.

1) Se siente rico.

2) Menos mal, seguro esto te relaja. En una de esas hasta te dormís.

1) Son cinco movimientos. El tercero es el que estimula los órganos reproductores.

2) Ap. ¿Para qué me contás eso?

1) ¿Cómo para qué? Es re importante, además quería ver tu cara cuando te lo decía.

2) ¿Y esto que estás haciendo ahora que hace?

1) Columna.

2) En la cama los dos. Son de esas cosas que dijimos que no iban a pasar, te das cuenta. Es tan poca la distancia ahora.

1) Bueno, claramente, nunca digas nunca. ¿Tenés sueño o te estoy estimulando? Mmm

Mal configurado

miércoles, 1 de agosto de 2012

Merodeé en la cama toda la noche. Pensé al principio que ella no parecía gay, y que por lo tanto quizás en una de esas supongamos yo pudiera gustarle. Pensé en la gloria: le gustan las minas. Y yo, caso especial, la vuelvo hetero.


Cuando das vueltas en la cama no te dedicás a otra cosa que a rebanar en tu cerebro todo tipo de ideas sobre lo que te obsesione en ese momento. Tomé un vaso de agua porque me di cuenta que me moría de sed.

Intenté pensar en otra cosa, extrañé los problemas del trabajo.

Todo ese tiempo ella estaba en otra. Pensé que incluso estaba con otro en mente, no sé, con el de eventos o con en de postproducción, con uno de piso. Pensé cuál sería el hijo de puta que estaría con ella.

¿Y ahora? ¿Hablaré de mujeres con ella? ¿Le presento a otra amiga mía? El colmo sería.

Quizás le gustó Solange. Pero eso sería inaudito. Cuando pensé en eso golpeé el colchón. Si había algo que no estaba preparado para aceptar era que la cantante se llevara a Michelle. Y es curiosa la mente, porque a esa hora de la madrugada no se me ocurrió quizás tranquilizarme con la idea de que Solange no anda con mujeres.

¿Entonces aquella vez que le encajé un beso qué le pasó? ¿Qué sintió? ¿Asco? ¿Cosquilleo? Me mataba la curiosidad. Tenía todo para hablar con ella, la hubiera ametrallado a preguntas. ¿Quién sos? ¿Cómo es esto? ¿Por qué si sos lesbiana sos tan femenina?

Ella me hubiera respondido: Soy Michelle, me gustan las mujeres y no vos. Soy femenina porque, independientemente de mi orientación sexual, soy mujer. ¿Tan cerrado sos que te cuesta tanto aceptarlo?

Me imaginé también la próxima vez que la viera a ella. Saludo de amigos. Charla de amigos. Soy pésimo para sostener amistades en estas circunstancias, lo intenté una o dos veces, siempre fracasé.

Una amistad así no es legítima. No es solo querer verla en bolas, sino tener afinidades con ella, sentir esa seguridad que tanto me cuesta con alguien. ¿Por qué todas duran lo que un pedo en una canasta ahora? Y cuando hay una que le gusta ir tranquila, que me da confianza, que se ríe, pafate, le gustan las minas.

Esto está todo mal configurado.

La ilusión óptica

miércoles, 18 de julio de 2012

I

Queríamos irnos a un ambiente bastante más apasible. Ibamos enfilando para salir del salón. Alguien en la barra gritaba "Que viva el Atlético, ooh oooh ooh". Saludamos a la recepcionista, no sin antes volver a adquirir nuestros abrigos y una bolsa de Michelle, que aparentemente tenía un regalo.

- Es para una amiga, le va a quedar re mono.

¿Mono? Me pregunté si la amiga sería fea.

Pasaron unas chicas del grupete de Edición, que se nos rieron porque estaban un poco borrachas. Al pasar una de ellas dijo algo de Woody Allen. Recordé que tenía que reservar las entradas para ir con Michelle.

Miré el reloj de reojo. Eran la 1,12.

Continuamos caminando por el pasillo, hacia la salida. Miré los ladrillos y me dije "yo tengo que ser como esa pared, cara de piedra". La tome por la cintura, en un gesto de cariño terrorista, porque sabía perfectamente que ella me iba a mirar.

- Jon ... - dijo ella, aminorando la marcha.

- Sí, corazón - dije, agravando la situeishón.

Alguien desde el salón grito "Maniano Yajoy, Maniano Yajoy, pues ven que te la doy". Miré hacia la recepcionista, con cara de sorpresa. Ella también, levantó las cejas, y se fue para adentro a ver qué pasaba. Michelle continuó:

- Creo que sigue habiendo un malentendido...

La recepcionista volvió. El pasillo era largo, digamos, unos quince metros. En una punta, estaba la entrada al salón, y desde la otra punta, el guardia custodiaba la salida y además se entretenía con su iPhone.

Pensé: Qué pelotudo soy, el ladrillo no es tan sólido, no hay que tener cara de ladrillo. Se dice cara de piedra.

- Quizás no me estoy expresando de la forma correcta, o no sé, tampoco quiero ser...

- Bueno, ya, esperá. Estem, bueno, quiero, yo me pregunto qué interpretás por ahí vos de esto, ponele.

Me miró raro. Evidentemente no había formulado mi enunciado de la mejor forma posible. Me di cuenta de que tengo que dejar de terminar mis frases con "ponele".

- Digo, que vos pensás que pretendo de vos... no sé...

Quería decir cojer, pero no me salía porque me había puesto en "gentleman mode", cosa que: 1. no me sale, y 2. se nota mucho que no me sale

- ... sos una más, y pero me caes bien...

Todos nos caemos bien, viste. Y salieron una manga de borrachos del salón que iban al baño, y uno le decía al otro "la tía anda mirando mucho, me parece que le tenemos que pegar una visita compa" "¿Pero quién se queda con la mensa?" "Pues que sea a sorteo, o veamos quién le cae mejor a las amigas, tot..."

Mi vida, la frivolidad.

Michelle me miraba fijo, doblando un poco su labio como para abajo, en una especie de mueca que sería injusto describir como triste pero más injusto describir como feliz.

- Bueno, perdón... - dije, casi cediéndole la palabra de una vez por todas.

- Estem, no es una molestia -dijo, y se mantuvo en silencio unos diez segundos-. Como te dije, suelo ir a fiestas gays... - continuó, y me miró de reojo.

La miré. Ninguno de los dos dijo nada por unos extensos cinco segundos. Todo llega, en algún momento nos avivamos o nos avivan.

Creo que en ese momento escuché un vaso caer al suelo y estallar. El guardia de la entrada levantó su ojos y nos miró.

Caí. Claro, me lo había mencionado en ocasiones anteriores y yo lo había pasado por alto. Me lo dijo de forma muy gentil, y yo asumí que era sencillamente porque le gustaba juntarse con esa gente. Caí. Probablemente, en lugar de prestarme atención a mi, estuviera relojeando a la camarera, o a una de las pibas de edición.

Dudé. ¿Y si me estaba diciendo el cuento ese para justificar que no quería estar conmigo? Les juro que la ven y no dan dos mangos porque ella tuviera afinidad con otras mujeres.

- Hey - me dijo ella. Evidentemente me había quedado carburando en la cabeza semejante información.

- Perdón, pero la verdad, no me lo imaginé - contesté en un acto de pharresia.

- Pensé que ibas a darte cuenta. El otro día, cuando nos quedamos charlando más en serio en aquel bar, pensé en decírtelo directamente.

Pero no la encaré. La escuché, me contó los dramas con los padres, me contó hasta de un ex novio de ella. Que debe su tesis, que si bien está cómoda en el trabajo preferiría trabajar de lo que estudió. Todo eso, pero no esto que me acababa de decir.

Por otro lado, recopilé las veces que me contó de las fiestas gays. Pensé si la había visto mirar a otra mujer. Intenté reunir evidencia en mi memoria, pero no por dudar de ella, sino por intentar dilucidar cuán lento era yo para interpretar indirectas.

La recepcionista se llevaba unos pedazos de vidrio roto en una pala. Pensé en que quizás me tendría que barrer a mi también, pues pocas veces sentí que me quitaban todo tan de repente, así nomás, sin que yo pudiera hacer nada en absoluto.

El problema de cuando alguien que te atrae le gustan las personas de su mismo sexo es que no dejás de ver a esa persona como atractiva, y encima te hacés la fantasía de "bueno, quizás yo consigo que conmigo haga la excepción". Una especie de ilusión óptica que la imaginación practica.

Las evidencias

martes, 17 de julio de 2012

I

Entra caminando Jim Bentham. Viste una camisa negra y pantalones negros, lleva un cigarrillo apagado, nuevo y sin fumar, en la boca. Se detiene en el medio del escenario.

Bentham: ¿Qué es la verdad? Bah, mejor, vamos a una pregunta que parece no ser la misma, pero casi casi que lo es: ¿A las personas les interesa saber la verdad?

Deja caer el cigarillo de sus labios. Con un breve ademán del pie, lo pisa. Como si lo apagara.

Bentham: Creo que lo dije hace poco, en otra ocasión: hay momentos en los que uno dice la verdad, que es veraz y legítimo con lo que dice, pero que sencillamente la otra persona no le cree. ¿Por qué es eso? En reiteradas ocasiones se ha contado aquí situaciones ficcionales, cosas que no eran pero eran, de alguna forma. Ya sé que no lo van a hacer, pero lean Historia de la sexualidad II, o El gobierno de sí y de los otros, y...

Se detiene, problematizado. Acaba de descubrir que se fue por las ramas mencionando algo totalmente anecdótico e innecesario.

Bentham: Perdón. Lo que quiero decir es que no importa cuán veraz sea lo que decimos, en ocasiones puede darse que no nos crean. Son esas ocasiones en las que la evidencia incluso atenta contra la verdad. Por otro lado, las personas muchas veces eligen creer lo que les sea más cómodo.

II
- Epa, dónde estuviste todos estos días - dijo Michelle-, mientras me saludó.

- Enfermé. Mucho.

- Sí, no te veo como... - dijo, mientras observaba el calendario colgado en la pared-. No te veo desde el jueves.

- Yo también conté los días en que no te ví. ¿Me extrañaste?

Ella se sonrió sin mirarme.

Yo comencé a no entender nada oficialmente, porque viste que se te disparan cosas, ideas, imágenes, tendencias, cercanías.

- No me digas así - dijo ella, entre molesta y risueña, si es que existe eso-.

- Igual, podemos ver de solucionar eso de extrañarnos. Discutámoslo durante la cena.

Me observó casi seria, ya sin risa.

Me fui alejando por el pasillo, caminando para atrás, mientras le seguía hablando. Era un gesto: me quería quedar con ella, pero debía irme.

Ya sabían que obviamente, el apellido de Michelle es Foucault, ¿No?

III
Continúa Bentham hablando:

Bentham: Ya les hablé de la Pharresia, ¿es verdad? El hablar franco, que implica un involucramiento tal de uno con lo que dice, se une tan íntimamente con sus palabras, y por ende, con quien las escucha.

Pausa. Bentham observa detenidamente a algunos del público, los interpela con la mirada. Los ve, sabe que están ahí.

Bentham: La pharresia es un acto de honestidad con uno mismo, pero es importante ante el otro que ese acto de honestidad con uno mismo ocurra. Es la confianza mas íntima, es una demostración de lo caro que el otro me resulta.

Mira el cigarrillo aplastado. Un gesto de preocupación le transforma la cara.

Bentham: Y sin embargo, ¿puede la otra persona ante un acto de pharresia negar ese decir veraz? Ha ocurrido, créanme, más veces en la historia de las que estamos dispuestos a reconocer.

IV
Ah, mierda. ¿Saben de qué me di cuenta? Cuando me separé me sentí tremenda hija de puta. Cualquier cosa, terminé haciendo cualquier cosa. Y yo tenía un hogar, ocho años de pareja, tres de convivencia.

El problema es que cuando no reconocés las cosas vos, cuando no te das cuenta de lo que realmente te pasa, de alguna forma todo eso surge. Yo no reconocí que no era feliz en mi relación hasta tarde. Tuvo que pasar la crisis, encontrarme teniendo un affair con otro, para darme cuenta.

Una se manda cagadas. Me sentí flor de hija de puta. Y luego de eso, ya con mi ex mudado y viviendo en otro lado, descubrí eso: no lo hice por mala, sino por confundida, por equivocada. Y no se trató de una equivocación de cabeza dura, adrede.

Hay cosas que a uno le pasan, se los juro. Sartre dice que uno es responsable de las decisiones que toma. De acuerdo, pero ¿nunca les pasó que en verdad sienten que las decisiones lo toman a uno?

En la confusión una se mete en más líos, termina en una de esas, involucrada con más gente. Además, empiezan a decir de vos que sos cualquiera, que sos una puta, que sos una mala mina, que...

A mi eso me mata. Él, otro él, me dijo que no me preocupe por lo que dicen. Pero que sí, que piense, porque mis acciones tienen un peso.

Él, otro él, no mi novio de ese entonces, me pareció tremendamente tierno. Le propuse de todo, sin darme cuenta. Vení a casa, tomemos whisky. Le terminé pidiendo disculpas, vía mail, como una cagona porque no me animé a decírselo en la cara.

Ese otro él era el ex de mi hermana. Aterrada quedé de que se entere. Tanto que pensé en autodenunciarme, porque ya tenía tantos quilombos en la cabeza.

Todo eso le puede llegar a pasar a una mujer buena cuando se equivoca, y se engaña a sí misma sin darse cuenta. Él, otro él que no es el que mencioné recién, sabe todo esto que conté y me dijo que aún así soy buena.

V
Bentham: En mi caso personal, ya conocen parte de la historia. En definitiva, Rousseau no aceptó jamás mi versión de la historia, por más que yo sepa que es verdad.

Camina para un costado, sin mirar al público. Como paseandose, de aquí para allá.

Bentham: El problema de esto que les menciono es que, por más que uno sea franco con uno mismo, la pharresia -sostengo yo-, siempre la completa un poco el otro. Ocurre de tal forma, que se nos genera un problema, porque nosotros tenemos que justificar, entiendase casi fundamentar y probar, la franqueza de nuestros dichos.

Se detiene, gira la cabeza para mirar al público.

Bentham: El orden de lo probatorio, de la evidencia, pone en cuestión al decir franco, porque le exige algo, una manifestación empírica externa (es decir, no íntima), que lo sustente. Allí ocurre la crisis.

VI
Hay una serie de indicios. Me escribe diciendo que baje a saludarla, que no sea mala onda. Contó los días que no me vio. Arreglamos para salir, me pone hasta pretensiones de cuál obra ir a ver.

Pero a su vez, la empiria contraria: otro día le digo de ir a cenar y ni me contesta, cuando logro besarla me niega y me rechaza. Un día me sonríe cuando la apuro, al otro casi se ofende porque le dije "bonita". Le comento algo de mi vida y se mete, se enoja hasta si no quiero hacer lo que ella sugiere.

Me entré a preguntar qué trauma tendría esta chica. Pronto, más evidencias sobre este peculiar caso.

VII
Bentham: Con esto no digo que no hablen de forma franca, sino que con mayor urgencia recurran a ella, y reconozcan y reciban también la pharresia ajena, aprecienlán como el esplendor que es.

contreras

jueves, 12 de julio de 2012

I
Caminábamos con Michelle por la Gran Vía. Era sábado a la mañana. En particular, yo andaba tras la búsqueda de un Rickenbacker 4003 Fireglo, que me venía resultando bastante difícil de hallar.


Michelle me escoltaba porque, además de aprovechar el paseo para sus inevitables compras de velas aromáticas, estaba en contra de que yo adquiriera el mencionado instrumento. "No me parece que te gastes en eso", decía.

Sí bien eso había generado conversaciones con cierto nivel de tensión, yo en particular no le daba demasiada importancia.

Intenté dispersarme en una librería, para buscar uno de los libros de Merleau que no conseguía, pero enseguida me di cuenta de que el local era de libros religiosos, ya que las categorías en las estanterías rezaban: "moral", "teología", "valores familiares", "espiritualidad".

A los dos segundos estaba afuera, y Michelle se reía de mi cara de espanto.

En un momento, entramos en una galería y dimos con un local de música bastante maltrecho, atendido por un gordo barbudo. Era evidente que ese tipo tenía un Rickenbacker. Del '79, con algunos detalles en la parte de abajo, pero en excelente estado.

Charlé un poco más con el gordo, que en verdad no lo quería vender, lo había sacado del depósito solo para mostrarme esa reliquia. En un momento Michelle me pisó el pie, en un claro signo de advertencia de "ni se te ocurra".

Se hubiera tenido que quedar tranquila, ya que no pensaba llevárme ese en particular, y menos al exorbitante precio propuesto por el tipo ese, quien evidentemente pedía eso para no venderlo.

"Es que estas cosas tienen valor afectivo", me había dicho.

II
I am really bad at writing, i believe. I just do it because I dig de experience, and as Merleau-Ponty and Pablo Picasso (more or less) explain, words are pure tought becoming real. And I do not strictly separate thinking from feeling.

The other day I went to a bar where a friend of mine was going to read a short story she wrote. Quite a good tale, i must say: full of metaphores and poetry, a political feminist version of our government. And as I heard the words coming out of her mouth, I realize that most of my friends are really good at writing.

I believe that the matter here is, not only talent, but go and live life. I mean, the tales you can write, even if they are science fiction, must have some relation to your experiences. So, the richer your life is, the better you will write.

This is the practical support to my so "totally off topic" activities. I feel that you must do something completely unrelated to your profession, in order to enrich your capabilities. Perhaps you can find solutions in something that seems to have nothing to do with nothing.

Oh, yups. This is totally random, I know.

III
Hecho tipo necktrough, dos micrófonos single coil, el del puente con chapón. Ambos micrófonos tienen la misma polaridad, lo que genera el clásico sonido de "hum" distintivo de un Rick. Salida stereo.

Edición 2004 o superior, que viene con el switch de sonido vintage. Pickguard blanco. Escala larga, calibre de cuerdas 0.40, afinación estándar. Terminación en Fireglo, cuerpo de maple, fingerboard de palo de rosa. Creo que los frets son medium.

Quizás, sería posible, modificar el single coil del cuello por un toaster.

IV
- ¿Vos decís esa?

- Sí, ¿por qué no?

- Bueno, probaría con una de Woody Allen que están versionando. No me malinterpretes, pero Sartre es un poco pesado, no nos va a dejar con muchas ganas de vivir un sábado a la noche.

- Podemos ir la del domingo en todo caso.

- Genial. A puerta cerrada un domingo. Creo que me mato.

- Bueno bueno, está bien, si no querés no vengas, voy sola.

- No, sí, digo que voy. Pero para el sábado, veamos la de Woody. Y el domingo, tomamos algo de soma o prozac y vemos la de Sartre. ¿A que hora es?

- A las seis los domingos. A las siete treinta los sábados.

- El domingo tengo ensayo a las cuatro. Pero para el otro domingo veo de correr el horario y listo, llegamos fantastique.

- O lo pueden hacer el sábado...

- No llegamos ya a cambiar el día. Además creo que Solange específicamente no podía en otro momento. Dimos setecientas vueltas para eso.

- Ah, Solange.

- ¿Qué?

- Nada. Siempre dando la nota.

- ¿Cómo siempre?

- La otra vez también, ¿no tuvieron que andar cambiando todo para que encima ella fuera nada más un rato? Todo porque tenía un recital.

- Ajá. ¿Y desde cuando acotás vos sobre ese tipo de cuestiones?

- Es sólo una observación, nada más, Jon.

- Sep. La otra vez, cuando te la presenté, estuviste un poco arisca con ella. ¿Puedo arriesgar a que hay un caso de celos aquí?

- No, tonto. Solo digo en base a lo que vos mismo me comentás, nada más. Vos sos el que se queja, así que no me vengas porque nada que ver.

- Quién lo diría, Michelle con celos... Igual no entiendo por qué, no hay motivo alguno.

- Sí, como no hay motivo alguno entonces no hay celos, ¿entendés? Ahora, ¿me pasás el agua por favor? Uy, y ahora te andás sonriendo, por favor, nada que ver eso que decís... dejalo ahí, haceme el favor, fijemonos si hay que reservar para la de Woody...

Cositas, viste

miércoles, 11 de julio de 2012

I
A pero, comentame, ¿qué es lo que no te convence? Me encantaría que me dijeras por qué no. No por cuestionarte, ni refutarte, sino por conocerme un poco más, o saber cómo me ves.

Vos me mirás de una forma diferente, no como me miran los demás. Lo sé, yo te miro a los ojos cuando me hablás. ¿Sabés la cantidad de copas que tomé, mientras esperaba que me dijeras algo, que sencillamente me hablaras?

Te parecerá sencillo a vos: conociste a alguien en pleno viaje, te sentiste bien, te dejaste llevar. Y luego te fuiste, sin darme demasiada explicación.

If. What if. Odio preguntarme qué podría haber pasado. Aunque me doy cuenta que fuiste vos, más que nada, la que no quiso que pasara nada más, me pregunto qué hubiera pasado sí... ¿nos hubieramos conocido en otra etapa de nuestras vidas?

II
Según Jimmy, le atraigo porque debo tener algo de una maestra de cuando él tenía cinco años. Quizás sea mi carácter digno de una maestra, de andarle encima a los nenes, reprocharlos pero quererlos, acogerlos pero no mostrarles mis propias debilidades.

Suele decir que soy muy inteligente. Me gusta que lo diga. Más allá de que sé que el también me mira las tetas, me gusta saber que no es lo único que ve en mi.

Siempre me reprochó ser poco comunicativa. Si bien soy amiguera, según Jimmy, hay que hacer una especie de arqueología para intuir siquiera cómo me siento al respecto de algo, de lo que sea. Admito que tiene razón, que no dejo entrar a cualquiera.

Él es un tipo altamente racional, mide todo, se la pasa analizando variables, pensando posibilidades, diagramando mentalmente las cosas. Suma, resta, saca. Intenta ser un estratega, y no se da cuenta de que no somos así, de que yo no soy así. Aunque a veces sus métricas hayan tenido la razón, no soy así.

III
Me pregunto en qué momento habrá decidido ser así. Bah, como si se tratara de un momento. Debe ser solo esa sensación de momento aislable, de día x, en la que presiento que dejé de ser el tipo que era para ser otro.

Si alguna vez dije "yo, el peor de todos", fue en broma. Lo que pasa es que a veces uno arma tanto quilombo, jode a tanta gente, lastima tanto, que se siente una especie de bomba expansiva, de mala persona sin querer.

Y no, creo que tampoco es tan así. Al menos ahora, creo que no es tan así. Lo mejor que pude haber hecho fue decirle las cosas, irle de frente. Sino, ocultarle las cosas era montar una pantalla innecesaria.

La mentira tiene patas cortas. ¿Saben qué? Hay veces en que uno dice la verdad, pero aún así, la ficción es tan fuerte que es irremontable. Sobre todo, si salís con chica x, jamás jamás la vas a convencer de que no pasó nada con chica z. La gente muchas veces cree lo que quiere creer.

Cruces

miércoles, 4 de julio de 2012

I
Conocí a Michelle en un momento particular de mi vida: me encontraba desmotivado por la monotonía de todo. Esa monotonía que uno genera casi sin darse cuenta, atrapado entre esos intentos de salirse de la rutina que no son más que movimientos toscos.

Ella era una mujer común. De hecho, no recuerdo la primera vez que la vi. No le di pelota, no me llamó la atención, nada, cero. Y sin embargo un día, sentado en el 100 Montaditos, almorzando, apareció ella. Su cara me resultaba familiar, pero no lograba encajarla en mi memoria.

No sé por qué me fijé en ella ese día, la verdad. Llevaba una pollera negra y una remera violeta. Tenía una vincha que le toraba toda su cabellera para atrás, ese pelo castaño claro que tan bien le quedaba con sus ojos marrones.


Llevaba unas 38 horas sin dormir, y en medio de la crisis de vida que eso te genera, decidí ir hacia ella a hablarle. Me acerqué, para iniciar una conversación.

- Sí, te he visto en el trabajo -  me contestó ella-.

Me quedé pensando cuándo demonios me la había cruzado.

II
- Sí, contame Solange.

- Bueno, doctora, verá... Es llamativo, pero desde nuestro petit voyage a Toulouse, la relación entre Bayton y mi persona había quedado rara, como que hallábamos más roces. Justo íbamos a ensayar, y yo estaba particularmente inquieta porque quería mostrar algunas canciones, y sabía que él en particular era muy nulo para demostrar cualquier tipo de aprobación por cosas que no fueran ideas de él.


- ¿Te preocupa lo que él piense de vos?

- Es mi amigo, es normal, ¿no? Mostré una base en re y sol, con estribillo en la y mi. Algo sonaba conocido, según mi querido guitarrista. Y entonces Bayton cantó un poco de Everybody hurts, y me quise ingresar a mi propia muerte, porque estaba presentando un plagio y yo estaba re confiada en eso.


- Claro, entiendo. Lo tenés en estima porque lo considerás un buen músico.

- De hecho, él mostró uno de sus ya conocidos montajes que no tienen estrofa uniforme, y que adicionan capaz de cosas y arreglos. Nos resultó agradable, pero no sé. Me resultó predecible. Pero por otro lado, me gusta.

- ¿Él?

- No, no, lo que nos mostró me gustó.

- Arrancaste diciendo que sentís la relación rara, que vos querés que sea todo como antes. ¿Pensás que él siente cosas por vos?

- No sé. Es como si ahora, cuando lo veo en el ensayo, viera a otra persona. También, la relación entre él y yo está más tensa que antes, yo la siento más tensa.

- ¿Él te dijo algo que no te gustó? ¿Qué cambió en el trato con él?

- Mmm, bueno, ahora cuando chateamos tarda mil años en contestarme. Antes no era así. Y cuando le muestro algo que hice yo, no se muestra muy efusivo. Está hipercrítico con todo, como si tuviera una idea de lo que es la excelencia musical, así, pura.

- Soberbio. Bueno, quizás lo que pasó entre ustedes no tiene nada que ver. Sino que él tiene una etapa en su vida así, en la que trata de aceptar ideas de los demás, pero eso choca con su natural concepción de las cosas. Me da la sensación de que es más una impresión tuya lo "rara" que está la relación ahora.

- ¿Si?

- Sol, digamos que no hizo nada en particular que indique que está enojado, molesto o dolido contigo...

III
Fue luego de la oficina que nos encontramos con todos a tomar algo. Ahí estaba ella, Michelle, un tanto alegre por unas copas de más que había tomado: champán, apoyaba su cuerpo contra la pared mientras un puf la sostenía desde su bastante lindo trasero.

Al dj se le había ocurrido utilizar luces locas de color rosa y violeta, y todo me parecía sugestivo. Mi vida era sugestiva, porque estaba a un día de conocer a... esa que no recuerdo el nombre, pero que era bonita y simpática. Pero en ese momento, Michelle así, medio borracha, y yo, en claro ataque de revolución industrial. Me costó dos pasos acercarme a hablarle, sentarme junto a ella.

Estuvo bueno porque me dijo cosas que no sabía: que escuchaba heavy metal y que estaba a punto de recibirse de diseño audiovisual. ¿Por qué recién tanto tiempo después llegué a conocer estos detalles? Evidentemente me había enfocado en otras cosas, como saber de su familia o su libro favorito (Rayuela).

Me sentí que la iba completando, y que más me gustaba.

Ella me preguntó qué hacía específicamente, cosa que odio responder. Con algún chiste me tomó de la mano, se reía. De repente alzaba la voz, llamando al fotógrafo. Las luces le coloreaban la cara. Y me acerqué nuevamente a ella, aunque no era el momento adecuado.

Al rato, saliendo, me lo dijo...

Una cuestión de método

jueves, 28 de junio de 2012

I


Teoría de la deriva. Te despertás un día, estás de viaje, y te vas, te tomás algún transporte, y te perdés en la ciudad. Llevás tu mapa, claro. Pero no lo usás hasta que pase algún tiempo.

Entonces vas a seguir no direcciones, sino lo que te atraiga. Como ese cartel de neón que anuncia una megarecontra obra de teatro. O ese carris que va por la calle, ese que te tomás, porque lo más probable es que después de la catedral, pasando el tunel, te deje en la plaza central.

Y mezclarte un poco con la gente, sin ser la gente. Tal vez -aunque no será este el caso-, te encuentres con un metrónomo gigante. Usualmente, hay cosas de una ciudad que nadie te dice. Como el refugio de los jacobinos, esa ciudad secreta, ese jardín que se descubre detrás de una gran puerta de madera.

Recorrer una ciudad desconocida, sin un rumbo preciso, es una forma de enamorarse. Es otro de los motivos por los que jamás haría un tour guiado: que me corran con los horarios es inaudito, y que no me dejen estar lo que yo quiera en los lugares, ni hablar. Además, perdería esta libertad de perderme.

En algún punto de nuestro atolondrado recorrido, podemos tomar el mapa. Ocurre:

1. Hay que averiguar dónde nos encontramos

2. Hay que chequear qué hay cerca que resulte interesante

¿Sabés qué sentís? Nada. Hermosa y apabullante nada. Y eso es una libertad impune.

II
"Do something you're afraid of... and fail". Pretty much, that line, taken from the movie Dare, sums up what I feel.

Encuentro que no es poco usual que yo deba atentar contra mis propios hábitos. Todo comenzó hace años, cuando tenía que optar por un curso de filosofía -era lo esperable-, pero opté por otra cosa. ¿Y por qué elegiste teatro?, me preguntaron. "Porque es exactamente lo que yo dije que no iba a hacer". Quite funny turn of events, I must say.

Atenté otra serie de veces al respecto. Subirme en reiteradas oportunidades a un avión, por ejemplo. Mandar a la mierda a un jefe. Salir con la prima de un gran amigo mío. Why not.

En resumen: "La razón nos da los elementos para la creación, pero con la condición de que los usemos contra ella misma". (La forma más concisa de expresar esto se me tenía que ocurrir borracho).

III
Caminaba como camino siempre, pero sintiéndolo de otra forma. Perdido, aunque sabía a dónde iba. Esto de vacacionar tan lejos de casa, tan de visitante, es hermoso. Entonces, salí de la boca del subte, y di con el Vieux Port en pleno atardecer.

Me di cuenta de dos cosas en ese momento:

a. Esta gente ve esta belleza todos los días y ni lo nota
b. Esto que menciono me pasa a mi mismo en mi ciudad natal

IV
Pensé que había sido el método. Mi approach a Michelle había sido muy repentino, o quizás le había resultado desubicado. ¿Cómo saberlo? Solo deseé con toda mi alma que no fuera otra vez el temita de ex no resuelto, porque ya me había dejado una en otro país por eso.

Me la encontré cerca de Gran Vía, de casualidad, haciendo compras. Me vio, no se hizo la boluda, porque ella misma me llamó. Eso me reconfortó. Nos preguntamos cómo estábamos, blablero. Dudé dos segundos si hacer referencia a lo que había pasado hacía dos días o dejarlo ahí.

- Escuchame, perdón por lo del otro día, no quise incomodarte - dije medio atolondrado.

- No hay problema - dijo ella, y prosiguió-. Olivia me preguntó si la podés ayudar con un tema de la Facultad, que ella no caza una.

Cambió de tema, mala señal.

- Sí, no tengo problema, aunque no sé de qué se trata.

- De algo de... bueno, me dijo un nombre y no lo recuerdo...

Como cambió de tema, decidí no implementar me segunda frase que era "Si querés un día nos juntamos, podríamos charlar de cosas relevantes, como la crisis o la Euro", que era uno de mis chistes malos.

Se retiró con sus bolsas, caminando, llevando su silueta para otro lado. Me pareció que cuando le mencioné lo de la otra noche se volvió cortante, no quería hablar del tema. Soy bastante malo con las indirectas, prefiero los explícitos.

Pensé los siguientes dos días en ella. No soy de abandonar fácil y de ponerme a pensar en otra cosa así nomás. ¿Quizás tenía miedo? En una de esas la hirieron en una relación anterior. O quizás, efectivamente tengo que convencerla de que no soy cualquiera. O engañarla un poco, porque en realidad soy cualquiera.


Por A o por B, sabía que mi naturaleza me impediría quedarme callado. Pensé que quizás estaba con alguien, pero automáticamente descarté esa posibilidad porque el novio hubiera aparecido mencionado en nuestras conversaciones.


Y si piensa que soy muy frontal, no la puedo llamar así nomás. Preguntarle a Olivia es de salita de cinco.


Comencé a entender que Michelle era también difícil de descifrar, porque la verdad, no tenía las más puta idea de qué le pasaba por la cabeza.

M.

jueves, 21 de junio de 2012

Entonces me acerqué a ella, mirándola directo a los ojos, centímetro a centímetro. Me había costado horrores tomar la decisión, aceptar que me había conquistado de esa forma tan directa.

Y la hija de puta me esquivó.

- Perdón, creo que hay un malentendido - dijo.

Por un lado no pude creer que llegada esa circunstancia, esa proximidad, ella me rechazara así. Lo peor es que había ganado confianza a costa de hablar con ella de cosas sentimentales, o cómo nos parecía no entender nada, o cómo nos gusta dormir hasta las dos los domingos.

Miré la pared, blanca, oscura. En verdad la esquivaba a ella, que no sabía si me estaba mirando - asumo que no -, pero si sabía que se sentía al menos tan incómoda como yo. Era ese momento en que te abrís a la otra persona y resulta que no, que salís levemente lastimado.

- Claro -dije-. Por este tipo de cosas no es tan fácil.

- ¿Qué?

- Perdón.

Tardó unos dos segundos en responder. Justo cuando yo pude volver a mirarla, cuando pude volver a registrar que ella estaba frente a mi y que justo yo le había tradado de dar un beso y que justo se me había revelado que ella no pensaba en eso.

- No hace falta, está bien - contestó, mirando de reojo al piso.

La música del lugar seguía sonando: Michel Teló. Pensé en que me hubiera encantado sacarla a bailar, pero ya estaba en esta instancia en que no era adecuado. Además, sabía que a ella no le gustaba la danza en ninguna de sus formas.

Estaba perdido, bah.

- Bueno, estem - dije así tropezado-, estem. Lo que pasa cuando es que yo vos creo que sos interesante.

Ella me miró por una milésima de segundo, creo que fue una confesión de no correspondencia.

- Tomaste de más - me dijo-.

- No - le dije-. Si hubiera tomado de más, quizás te estaría insistiendo o quizás estaría haciendo como si nada. Pero acá estoy, hablándote.

A mi me enseñaron a incinerarme. A mi me gusta llevar el combustible, y que ellas pongan los fósforos. Tenía ganas de irme, de que se termine el momento. Pero hubiera dado todo por quedarme con ella.

No me contestó porque no había forma de que me contestara, porque no me quería dar una negativa tan directa, porque así, en todo caso, podría defender lo ocurrido como un acto de mi ebriedad, descalificándolo como total incoherencia.

De alguna forma me llamé al silencio. Ella lo rompió con una pregunta idiota.

- ¿Podemos ser amigos?

Opté yo por devolverle el silencio, no por venganza, sino porque tampoco tenía respuesta que no fuera groseramente directa.

Las luces, la música, el lugar, la gente. Todo me pareció tedioso, pero más efímero que de costumbre. Ya no me molestaba la música cachengue, los lasers, los empujones, el precio de la pinta. Si me molestaba ese momento que ocurre justo después de que te dicen que no, ese donde encontrás un argumento para no hacer las cosas, antes que para animarte a hacerlas.

Debo haber tenido un look terrible, que ella me tomó del brazo, lo que probablemente aseguró en ese momento un status de confusión que solo días después, conversando con ella, lograría descifrar. Era como una leve caricia. ¿Stereo?, pensé.

La verdad era que su carita me tenía a su merced, que esa tristeza no me ayudaba, sino más bien agravaba la situación en la que nos encontrábamos. Su pollera negra, sus botas posmo. Su remera a rayas blancas y negras. Era ella, como un todo, en su integridad.

¿Cómo decirle a alguien que te interesa sin usar esa palabra de mierda? Interés. De alguna forma, ya lo había hecho. Pero en ese momento pensé que el problema era la situación, que ella no quería arruinar nuestra relación o que sencillamente no le gustaba que nadie se le tire en un boliche.

Fair enough, pensé. Lo gracioso (o no, piensen lo que quieran) es que cuando caí en eso, cuando pensé en dejarla ser, o seguir las cosas luego, avancé nuevamente hacia ella y finalmente la besé.

- No - dijo ella retirándose luego de unos segundos, y mirando para abajo.

¿Era por insistencia la cosa? ¿Cuánta razón tenía? ¿O simplemente no se había animado nuevamente a esquivarme, porque dos veces seguidas en una noche le resultaba demasiado? ¿Me he convertido en un imbécil?

- Escuchame, no es el momento. ¿Podemos hablar luego? -  dijo ella.

Mi incógnita era aún mayor, no entendía con qué me estaba enfrentando. Pensé que iba a volar un cachetazo, cualquier cosa, pero que me digan de hablar luego...

- ¿Luego? Claro, aunque también podríamos hablar un poco ahora - apuré.

- No, ahora no es el momento ni el lugar. Fijate. Además de que necesito ordenar mis ideas, creo que ahora no es el momento apropiado.

- Como digas. Perdón, no quise incomodarte.

- Dejá de pedir perdón, por favor. Ya está. Solo es que no quiero hablar ahora de esto, no me parece el lugar, y la verdad que prefiero quedarme sola un rato al menos.

Un rato. Con lamento, la dejé en paz. Quizás debería haberme quedado, insistirle para salir del lugar, acompañarla a la casa, lo que fuera.

Fui a la barra. Me tropecé con uno que estaba charleta, me dijo que había mucha gente, que los del bar se tardaban mucho. Miré buscándola, para saber al menos por dónde andaba. Y me di cuenta de que se había ido.

Sí, claro

miércoles, 30 de mayo de 2012

"Sí claro", pensé, mientras esperaba en la puerta del Geoge & Dragon. Justo la noche no me acompañaba: viento que recorría las callecitas, nubes. El de la verdulería de al lado ya había cerrado, se estaba yendo tarde. Lo saludé, "bonne nuit", celebré con un breve movimiento de mano, izquierda, derecha.

Sí, claro, ella no estaba. Ya se me hacían veinte los minutos de espera. Sí claro, ya me veía venir la excusa. Tenía esas tremendas ganas de verla, pero sabía perfectamente que era una traidora.

Unas gotas cayeron. Las luces eran hermosas, debo admitir. Pensé en la gente caminando por la plaza central. Me acordé de por qué la ciudad me parecía hermosa. El cartel verde del George se agitaba un poco. De vez en cuando, en mi caminar de aquí para allá en esa esquina, como si eso matara la espera, miraba para adentro.

"Quiero una 1886", pensé.

Sí, claro, me imagino que en verdad no apareciste porque estabas enquilombada con los pasajes de Ryanair. O quizás estabas decidiendo si ir a verlo a él. Son sólo hipótesis, que es lo que me dejás, ya que no me decís las cosas.

Las mujeres son así: te reclaman pero a la hora de dar explicaciones, hacen agua como cualquier ser humano. Era incapaz de admitir que se iría para Marseille. Hasta yo sabía que era decisión tomada, pero ella necesitaba transitar ese tortuoso camino.

¿Saben lo adorable que son las caricias de la lluvia? Son adorables porque se sienten perfecto sobre el rostro. Además, cobran esencial belleza cuando uno se da cuenta de que con poco más estaría empapado. A merced del tiempo. Estar desamparado ante tanta belleza es la dicha, creo.

Las nubes.

Cada vez que me decía a mi mismo "sí, claro", sonaba más irónico. Era como si cualquier predicción de las excusas que arrojaría ella partieran del punto fallido de la mentira. Date cuenta, hasta las nubes me tratan mejor que vos. Merde.

Las gotitas iban dibujando circulitos en la vereda y a mi me daba un poco de lástima arruinarlos con mis pisadas deambulantes. Pensé que en definitiva yo lo hacía sin querer, como ella con mis intensiones. En definitiva nos pisamos los unos a los otros por accidente, sin poder evitarlo, a conciencia pero con cara de "qué querés que le haga".

Me daban ganas de llamarla, pero no para preguntarle por qué no había llegado, o por qué no iba a venir. Sino para decirle "ridícula, por favor, andate a buscarlo". Si total importaba tres carajos yo en la historia. Qué feo que es cuando te das cuenta que te creíste protagonista, pero apenas sos un extra.

A los cuarenta minutos de espera uno se siente un imbécil. Otra vez había caído en la trampa de ella, esa en la que lograba que yo mismo me mintiera y creyera que ella me quería, en la que me olvidaba que lo fáctico había dictaminado hace rato que no estaríamos juntos.

Lo fáctico. Que se sepa que en nuestra charla con ese personaje nefasto en ese maldito fuerte, charlaremos bastante sobre lo fáctico, para determinar, en uno de esos juicios audaces que hacemos los hombres, que todo es ficción. Sí, claro.

Something that sounds

miércoles, 23 de mayo de 2012

I
"Writing songs is a chaotic process: you don´t know exactly how it starts. It can accidentally bump into your head, without asking permission, when you are on the bus, still in bed, at the supermarket or whatever.  It involves joining parts of your everyday life, old memories, utopias and (im)posibilities. Perhaps it sounds like an A, C or F#? You keep adding layers and layers and layers, til you got ..."


II
Nos volvimos a encontrar en una fiesta, en uno de los bares cerca de Sol. Llegué tarde, como de costumbre, y él estaba allí desde hacía rato, aparentemente. Ni me acerqué a saludarlo: estaba lejos, sentado en una mesa, charlando con gente que no conocía, y con otros que conocía un poco.

Implementé inmediatamente mi White Russian, ya que quién sabe, en cualquier momento la conciencia podría atacarme y me volvería trágicamente lúcida.

Conmigo estaban Iván y Beatrix, dos amigos de hace mucho tiempo. Beatrix se la había pasado toda la noche diciendo que yo no tenía buena cara. Y se habrá pensado que era por el otro, pero nada que ver. Aunque cuando Jon se levantó al rato, y saludó de pasada, no le di ni cuarto de pelota.

No fue a propósito. Fue sencillamente algo que pasó, me salió así. Veníamos hablando de la vida con Beatrix e Iván, que me insistía en que le cuente con quién estaba saliendo. Con nadie, contestaba siempre yo. Se cansó de mis escasas respuestas, y simplemente se fue a charlar con esos desconocidos y gente que conozco poco, donde andaba Jon. Se reían mucho, hablaban de lugares recónditos del mundo. Criminales.

Recuerdo que tomé otro trago más, que quizás fuera un Cuba Libre. Y no me gustó. Luego por alguna razón me di un beso con Beatrix, y seguimos hablando como si nada. No recuerdo nada más.

Solo la música: "spending my time", de Roxette. Posta.

III
Y en algún momento del debate, Michel le dice a Noam algo así como: "a mi me parece que basás todos tus conceptos científicos en el sentido común".

IV

Compré unas donas y me fui a uno de los cuatro molinos ubicados en la circunferencia de la ciudad. Era un día soleado, pensé en morirme un buen rato al sol. No era el único, había otros habitantes que lúcidamente optaron por lo mismo que yo.

La noche anterior en el Snuffel había tocado un japonés, o chino, o koreano. Tamiro Shagakhi. Creo que ese era el nombre. Cuestión, que el tipo había traído unos bombos enormes -e nor mes-, hab[ia ejecutado algunas piezas en violín y otras en mandolina.

Yo no es que estuviera borracho, pero algo así. Todo lo que el tipo este hacía me parecía ruidosamente fantástico. Yo estaba acodado en la barra, disfrutando del delirio. En un momento una chica se me sienta al lado, le pide al danés una cerveza Kolsh. Me habré dedicado unos diez minutos a preguntarme si estaría sola.

El danés estaba a full, atendiendo a toda una parba de borrachos que seguramente entendían tanto como yo de lo que estaba haciendo el señor Tamiro. Quizás eramos todos exiliados, pensé.

De alguna forma comencé a hablarle a la muchacha de la Kolsh. Francesa. Logramos entablar un breve diálogo rebuscado en inglés, en el que ella me dijo que estaba de paso yendo para Amsterdam. Fueron de esas conversaciones donde la mujer no devuelve mucho. Yo le conté que venía de Madrid. Le importó tres pepinos.

Justo en ese momento Tamiro paró todo y cantó algo así como un aullido reverberante, crujiente, palomitas de maíz. Me dio hambre y entonces le solicité al danés que tuviera el gran gesto de prepararme un tostado loco. Y además le pedí otra Javellin.

- This one is the best - le dije a la chica de la Kolsh-.

Me contestó arrojando una mirada desagradable. Lo bueno de saber que no vas a ganar con una mujer es que te liberás ante ese fracaso de haberla perdido, te volvés como impune.

- Well, sunshine, you shure don´t talk much, do you? - dije, para apresurar la degradación.

- I tend to talk when I want to talk. And if I want to talk to that person - replicó.

- You don´t get laid much, do you? - incineré-.

- What? - dijo, habiéndome escuchado perfectamente.

Procedió a retirarte, mientras yo me tentaba un poco por dentro, sin poder evitar la sonrisa.

- I´m just making conversation, hey!

El chino/japonés/oriental seguía con otra fase de su extraordinaria música: ahora tenía un gong (por fin) y lo ejecutaba luego de recitar unos mantras (o lo que fuera que era lo que estaba recitando). Me fui al rato para los bares de la vueltita de la plaza central, ahí, en esa torre que de noche es más bonita que de día, por la iluminación.

Se trata de tres bares, uno al lado del otro: el primero tiene happy hour de las 22 a las 23. El del medio, de las 23 a las 24. Y el último, desde la medianoche a la una de la matina.

Extrañé a Tamiro un poco, pues me había acostumbrado a su extraña música surrealista. En una mesa estaban unas muchachas sentadas, tomando stout. Eran dos. Me acerqué a una y le pregunté si tenía fuego. Me ofreció y le contesté "ojala fumara, pues así me sería más fácil continuar la conversación".

Increiblemente, sonrió. Me senté con ellas.

No recuerdo demasiado más. Sé que en algún momento le dije de vernos mañana, pero no recuerdo la respuesta, ni tengo anotado el teléfono de nadie, así que...

Me desperté al otro día con un cántico en mi cabeza. Tomé inmediatamente el charnago y descubrí que era -algo raro que a mi me ocurra-, una base en C#.

Y todas sus concatenaciones

miércoles, 16 de mayo de 2012

I

Llegué a Brugge y lo primero que hice fue acodarme en la barra del Snufel. El bartender me recordaba: un danés al que un argentino le había enseñado a hablar español. O sea, un tipo que te decía "che" con tonada nórdica.

- ¿Que tanto, tío? - me preguntó, mientras me servía una Ohms.

Yo pateé mi poco equipaje al costado de la barra y me senté. Tomé la cerveza mientras le conté parte de mis quilombos.

- Camina por la ciudad, seguro solo fue una pelea de palabras - dijo, queriendo decir "discusión"-. Estás en este lugar hermoso, podés descansar che.

A eso había ido, a perderme un rato, a que nadie supiera donde estaba. Brugge, así de pequeña como es, me sirve para perderme una semana tranquilamente. Para caminarla por todos lados. Me gusta caminar las ciudades, sencillamente recorrerlas. Y reconocerlas.

Pensé que, en caso de guerra con Chateau D´If y con Gaena, este sería un buen refugio: las puertas de la ciudad cuentan con fuertes (aunque digamos, si uno llega por tren, no hay mucha guardia. Hay que mejorar eso). El gran problema era la segunda ciudad.

- Dame lo más fuerte que tengas - le pedí al danés -.

Sacó de la heladera una Javelin, la destapó, y me la sirvió. Le conté un poco el fato con Jacqueline.

Ella se había vuelto para Roma, por algún motivo que desconocía. Pero nos seguíamos hablando con cierta regularidad. A mi parecer, ella no quería nada serio conmigo. Eso, sorpresivamente a mi me generó un conflicto, porque ella me gustaba.

Luego me enteré de todo lo que me enteré.

- Bueno che - me dijo el danés -, el problema es que vos no tenés que fijarte en una mujer sola, sino que tenés que tener siempre al menos tres disponibles.

Las chances de éxito de lo que me contaba este tipo eran nulas.

Los últimos días que estuvimos juntos, Jacqueline se había vuelto malhumorada, como nerviosa. Quedé descartado de su vida, todo por que aún seguía dando vueltas con el otro. Fue por esos días, una noche X, que ocurrieron las cosas con Solange. Una semana después, yo mismo le pedí a Jacqueline que fuera honesta con todos, hasta consigo misma.

Resultado: se fue. 

Y yo soy un caradura. Solange fue más un juego que otra cosa, ahora tengo que decirle de alguna manera que no podemos seguir como veníamos.

Ergo, de mis dos historias casi simultáneas, no me queda nada. Qué loser. En definitiva Solange es una especie de daño colateral, de concatenación del quilombo que se me armó con Jackie.

II
Elegí mal la ciudad, pero me pareció una de las más prudentes para alejarme de todo. El TrasTevere es bonito, de todas formas. Me vine acá como si tuviera que pensar las cosas, pero ya lo decidí todo. Lo que tengo que hacer es masticar las ideas, asumir, poder decir, lo que voy a hacer.

Caminé hasta el Castillo de Sant´Angelo, donde esgrimí mi no tan nueva libreta universitaria de la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires, y pude entrar gratis. En ese lugar se refugiaba el Papa Clemente VII, que tenía un corredor oculto a su disposición que conectaba el castillo con lo que hoy a devenido en el Vaticano.

En Gaena tenemos algo por el estilo.

Yo creo que Jim me envidia haber conquistado esa ciudad, creo que muy en el fondo le enerva que yo sea la reina de ese lugar, y no él su rey.

Se piensa que voy a gastar mis energías en seguir asediando su castillo de la costa francesa. Por favor, si ya no significás nada para mi, si no te sigo, si no te estoy observando lo que hacés, si no te chequeo la cuenta de Twitter para ver a quién le cocinaste pollo al verdeo.

El tema es que fracasé en mi escape alternativo, pues salir con Jon no me ayudó a deshacerme finalmente de este karma que es JB, sino más bien que le dio una excusa para volver. Y yo como una colegiala idiota, entre dos amores.

El problema con Jonathan es que se comporta como un pendejo, me arruinó la intensión de estar con alguien mejor que Jim. Y eso que este último no se lució últimamente por su madurez, su tolerancia, su carácter centrado.

Más allá de todo, Jon es buen muchacho. Se hace el playboy demasiado, pero es bueno. Ahora, digo yo, los hombres entonces hacen las mismas cagadas, por A o por B: se meten con tilingas por vengarse de una. Tanto el racionalista como el pendex (que son dos polos claramente opuestos, oh, sociedad contemporánea!).

Fui a la rueda de la fortuna, a ver si esta vez no me mordía la mano por mentirme a mi misma. No en ese momento, estaba en plena emancipación. Pude decir lo que ya sabía, había decidido hacía al menos una semana: me vuelvo a Buenos Aires, basta da esto.

Y me lo imaginé al señor Bentham explicando todo: "Por una serie de interrelaciones que eran difíciles de prever, pero fáciles de imaginar, tenemos que la sujeta A se a metido con el sujeto B, pero que tras una serie de conflictos le da pie al sujeto C para que salga con ella. Ergo, sujeto B se mete con sujeta D, lo que  agudiza los conflictos entre sujeta A y sujeto B. A todo esto, sujeto C no es más que un daño colateral. Y sujeta D, una holandesa reventada".

Lo último lo agregué yo.

No sé. Pobre Jon, terminó siendo una concatenación de mi intento de liberarme de la sobra de ese tipo, ese tal Bentham. Sea quien sea.