Entonces me acerqué a ella, mirándola directo a los ojos, centímetro a centímetro. Me había costado horrores tomar la decisión, aceptar que me había conquistado de esa forma tan directa.
Y la hija de puta me esquivó.
- Perdón, creo que hay un malentendido - dijo.
Por un lado no pude creer que llegada esa circunstancia, esa proximidad, ella me rechazara así. Lo peor es que había ganado confianza a costa de hablar con ella de cosas sentimentales, o cómo nos parecía no entender nada, o cómo nos gusta dormir hasta las dos los domingos.
Miré la pared, blanca, oscura. En verdad la esquivaba a ella, que no sabía si me estaba mirando - asumo que no -, pero si sabía que se sentía al menos tan incómoda como yo. Era ese momento en que te abrís a la otra persona y resulta que no, que salís levemente lastimado.
- Claro -dije-. Por este tipo de cosas no es tan fácil.
- ¿Qué?
- Perdón.
Tardó unos dos segundos en responder. Justo cuando yo pude volver a mirarla, cuando pude volver a registrar que ella estaba frente a mi y que justo yo le había tradado de dar un beso y que justo se me había revelado que ella no pensaba en eso.
- No hace falta, está bien - contestó, mirando de reojo al piso.
La música del lugar seguía sonando: Michel Teló. Pensé en que me hubiera encantado sacarla a bailar, pero ya estaba en esta instancia en que no era adecuado. Además, sabía que a ella no le gustaba la danza en ninguna de sus formas.
Estaba perdido, bah.
- Bueno, estem - dije así tropezado-, estem. Lo que pasa cuando es que yo vos creo que sos interesante.
Ella me miró por una milésima de segundo, creo que fue una confesión de no correspondencia.
- Tomaste de más - me dijo-.
- No - le dije-. Si hubiera tomado de más, quizás te estaría insistiendo o quizás estaría haciendo como si nada. Pero acá estoy, hablándote.
A mi me enseñaron a incinerarme. A mi me gusta llevar el combustible, y que ellas pongan los fósforos. Tenía ganas de irme, de que se termine el momento. Pero hubiera dado todo por quedarme con ella.
No me contestó porque no había forma de que me contestara, porque no me quería dar una negativa tan directa, porque así, en todo caso, podría defender lo ocurrido como un acto de mi ebriedad, descalificándolo como total incoherencia.
De alguna forma me llamé al silencio. Ella lo rompió con una pregunta idiota.
- ¿Podemos ser amigos?
Opté yo por devolverle el silencio, no por venganza, sino porque tampoco tenía respuesta que no fuera groseramente directa.
Las luces, la música, el lugar, la gente. Todo me pareció tedioso, pero más efímero que de costumbre. Ya no me molestaba la música cachengue, los lasers, los empujones, el precio de la pinta. Si me molestaba ese momento que ocurre justo después de que te dicen que no, ese donde encontrás un argumento para no hacer las cosas, antes que para animarte a hacerlas.
Debo haber tenido un look terrible, que ella me tomó del brazo, lo que probablemente aseguró en ese momento un status de confusión que solo días después, conversando con ella, lograría descifrar. Era como una leve caricia. ¿Stereo?, pensé.
La verdad era que su carita me tenía a su merced, que esa tristeza no me ayudaba, sino más bien agravaba la situación en la que nos encontrábamos. Su pollera negra, sus botas posmo. Su remera a rayas blancas y negras. Era ella, como un todo, en su integridad.
¿Cómo decirle a alguien que te interesa sin usar esa palabra de mierda? Interés. De alguna forma, ya lo había hecho. Pero en ese momento pensé que el problema era la situación, que ella no quería arruinar nuestra relación o que sencillamente no le gustaba que nadie se le tire en un boliche.
Fair enough, pensé. Lo gracioso (o no, piensen lo que quieran) es que cuando caí en eso, cuando pensé en dejarla ser, o seguir las cosas luego, avancé nuevamente hacia ella y finalmente la besé.
- No - dijo ella retirándose luego de unos segundos, y mirando para abajo.
¿Era por insistencia la cosa? ¿Cuánta razón tenía? ¿O simplemente no se había animado nuevamente a esquivarme, porque dos veces seguidas en una noche le resultaba demasiado? ¿Me he convertido en un imbécil?
- Escuchame, no es el momento. ¿Podemos hablar luego? - dijo ella.
Mi incógnita era aún mayor, no entendía con qué me estaba enfrentando. Pensé que iba a volar un cachetazo, cualquier cosa, pero que me digan de hablar luego...
- ¿Luego? Claro, aunque también podríamos hablar un poco ahora - apuré.
- No, ahora no es el momento ni el lugar. Fijate. Además de que necesito ordenar mis ideas, creo que ahora no es el momento apropiado.
- Como digas. Perdón, no quise incomodarte.
- Dejá de pedir perdón, por favor. Ya está. Solo es que no quiero hablar ahora de esto, no me parece el lugar, y la verdad que prefiero quedarme sola un rato al menos.
Un rato. Con lamento, la dejé en paz. Quizás debería haberme quedado, insistirle para salir del lugar, acompañarla a la casa, lo que fuera.
Fui a la barra. Me tropecé con uno que estaba charleta, me dijo que había mucha gente, que los del bar se tardaban mucho. Miré buscándola, para saber al menos por dónde andaba. Y me di cuenta de que se había ido.
M.
jueves, 21 de junio de 2012
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