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viernes, 15 de junio de 2012

La verdad es que recordaba poco de la noche anterior. Abrí los ojos y pensé que estaba en otro lado, en Polonia. ¿Por qué ahí? Ni idea. Desde hacía días venía con estos despertares desordenados, pero este fue el ganador.

No sabía a quién tenía al lado durmiendo. O sea, sí sabía, pero no lo conocía tanto y no me acordaba cómo había llegado a mi casa y a mi cama. Le mandé un mensajito a Olivia preguntándole qué había ocurrido anoche. No tenía esperanzas de que me conteste en verdad.

Intenté levantarme una serie de veces, pero por algún motivo las piernas no me daban. Me sentí Beatrix Kido al salir del coma. Mi cabeza gozaba de un leve dolor y sentía una sed terrible. Logré levantarme luego de una media hora de querer irme de mi propia cama.

El problema de levantarte con un extraño en tu cama es que no sabés qué hacer: si lo despertás vaya a saber cómo se pone, si pretende que le hagas el desayuno. O quizás haya suerte y desee irse cuanto antes. Me puse a preparar café mientras pensaba "la puta madre, hay que hacer para dos".

Sorpresivamente Olivia me contestó temprano, al rato nomás: "¿No era que los italianos eran más histéricos que los argentinos? Je je je je". Odio los je, pero en particular odio los je de Olivia que me parecen aún más perversos. La llamé en seguida y:

- Escuchame, ¿cómo terminé con este tipo en mi casa, en mi cama?

- Con bebida y drogas.

- ¿Drogas?

- ¿Qué te pensás que fumaste? ¿Habanitos?

- Mierda...

- Sí, mierda. Te dije que no te convenía, pero no me diste bola. Ya estabas dada vuelta. ¿Y? Si no te acordás entonces tan bueno no estuvo.

- No pelotuda, en serio.Ahora tengo al pibe torrando en mi cama, no sé si el café que hice alcanza. Y la verdad que me encantaría que se teletransportara a su cama, en su casa, y ya.

- Claro. Ahora te lo querés sacar de encima. Evidentemente algo te había gustado.

Sí sí, era cierto, pero no así. Es demasiado impactante. Encontrarse esa barba así en primerísimo primer plano al despertar juro que no era mi idea de comenzar ninguna mañana.

- ¿Lo despierto?

- Mmm, no. No. Yo que vos hago ruido, que se despierte solo. O sea, no sé, mové las sillas, hacé ruido cuando desayunes en el living. Y el tipo ya se despertará.

Bien inutil resultó. Hice ruido un rato, hasta apoyé la taza con cierta furia en el platito, pensé que lo iba a romper. Raspé las tostadas con furia.

El se despertó como a la hora, y justo cuando yo había entrado a mi habitación nuevamente para buscar un buzo más grueso. Me miró, me saludó buen día. Le respondí. Me hizo una seña con la palma sobre la cama, para que me sentara. Debí haber intuido la cosa de antes.

Me fui nuevamente para el living, sin decir nada.

Se apareció por la puerta, se me acercó y me puso el brazo por la cintura. Ese fue el momento donde rotundamente sentí que ese tipo debía irse. Le pregunté si quería café, que había. Trató de acercarme con el brazo, todavía incómodamente en mi cintura. Me alejé y le dije que no.

Insistió, y yo insistí con mi negativa. Puso cara de "esta loca de mierda". Le dije que no hacía falta que se quedara más tiempo, que ya había sido suficiente. Muy amable puedo ser.

Por suerte se fue. O sea, yo no le importaba ni tres pepinos. Tuve ganas de llamar a alguien que me quisiera en serio, de decirle que no sabía lo que me pasaba. Fue como si mi animo de desplomara así, de repente, todo por haber fumado hash y bebido unos cuantos vodkas.

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