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Jugada de gol

domingo, 19 de agosto de 2007

Personajes:
- Meri
- Orlando
- Bruno
- Felipe
- Allen
- (Luna)
I
Mientras me siento un poco a disfrutar del paisaje, veo como las paredes relampaguéan al ritmo de un reggaetón inescuchable, la lluvia empieza a salpicar a los que afuera disfrutan de eso que es intomable y Bruno inicia otra escalada con otra mina que otra vez lo va a mandar a freir espárragos.

Primero fuimos a comer, a celebrar que se nos va un grande, que Allen inició su escapada hacia otro lugar, y vamos a ver en qué termina. Orlando es una especie de presencia fantasmagórica, aparece y desaparece. Felipe baila con todo el mundo, nunca pensé que alguien pudiera beber tanto, de tal manera.

Hace tiempo que venía acomodando la jugada. Esto es como un partido de fútbol, querido. Si, vos contra mi. Allen contra Meri. Je. Tanto tiempo intentando, y nada. Vos cuando querés das cero feedback, guapetón. Y no sé si es que tomamos un poco de más pero esta vez te la voy a hacer más difícil.

II
Orlando: ... estuvo no sé cuánto tiempo puteando por el olor a mierda, porque no se podía laburar. Y cuando le llegó el mail invitándolo al gay resort, jajaja, nadie en la oficina pudo contener la risa, incluso Olga, lo miraba a Alberto.

Allen: Debía pensar "oh no, es peor de lo que yo creía, mi marido me cornea con otro tipo". jajaja.

Meri: No sabés. Están todo el tiempo hablando de vos, de que no hiciste esto, de que no dejaste listo lo otro, de que no dejaste un celular y que ahora cómo te contactamos.

El lugar: La Farola de Belgrano. Excelente para las milanesas a la napolitana, tamaño tanque. Cervezas de por medio, algunas papas fritas. Estrenando salida de ex compañeros de laburo. Allen festejante, en dos días comienza otra cosa. El resto, adaptándose a una isla nueva, de la que el demonio de tasmaña se fue, auto eyectado.

Orlando nos dice que hay fiesta, que no sabe qué onda. Las nubes amenazan con tirarnos baldazos de agua fría, pero estamos con ruedas todos, móviles esperándonos a que los llevemos hacia el próximo estallido. Felipe le mandó el mensajito a Orlando: Niceto Vega y Bondpland. Fiesta de no sé qué, no conocemos a nadie, vamos.

Allen piensa que hoy tiene que ser una noche normal. Aunque algo está alborotando todo, pero tiene que ser normal. Orlando no da dos mangos por esa idea. Meri tiene otros planes. Bruno entiende que la noche es todo lo posible que aún no ocurrió.

III
Volvemos a la locación: fiesta desconocida.
Este partido me lo debés desde hace rato, querido Allen. Desde las caricias en tu espalda cuando me llevabas a casa en el auto, esa noche en Juan B. Justo. Desde la vez que fuimos al recital en River, que yo me cambiaba en el auto, en plena avenida Libertador, a tu lado, y vos manejabas imperturbable, y yo me preguntaba si terminaríamos yendo al reci o teniendo relaciones por ahí nomás.

Es como una pelota de pase de gol, intenté jugadas por donde fuera, por el centro, jugando bajito a los pases cortos. Al pelotazo desde lejos, a ver si entraba al arco. El referí no me da penal ni en pedo. El estadio está en silencio, viendo a ver qué hago, cómo me las arreglo para meter gol o no.

Allen veía cómo las paredes vaban vueltas y vueltas, el piso hacía zoom in y zoom out, y el techo se derretía como si lo hubiera pintado Salvador Dalí. No recordaba hacia cuánto que estaba ahí. En algún momento había estado Orlando, que se había sumergido en la multitud de la noche. Felipe estaba tomando algo que se hacía llamar "nectar", y seguro era un derivado del petroleo y el ácido tartárico. Meri estaba reposando un rato en una banqueta, al costado, cerraba los ojos y se tambaleaba. Bruno estaba afinando la puntería, se olvidó el tirador láser, así que estamos viendo si con escopeta de perdigones cazamos algún venado, que está lleno.

Entonces yo tenía pelota, estaba el juego parado en realidad. Era como un tiro libre. Patee. Le dije a Allen que viniera un rato, que cómo andaba, que no habíamos tenido oportunidad de hablar los dos bien desde esto de que él se va, y cómo se va a notar tu ausencia...

Orlando estaba hablando con una de las chicas del lugar. Curiosamente, la noche no acompañaría a Orlando ("reboté quince de quince intentos", diría al otro día). Era une bella casa, digna de cualquier residente de Palermo. El living había sido despejado de todos los muebles que seguramente lo poblaban. Estaba el lugar lleno. Ninguno de la troupe sabía cómo habían llegado ahí, de parte de quién, quién los esponsoreaba, cuánto habían tomado, blablero, ... Estaban seguros de que mañana todos absolutamente todos tendrían un dolor de cabeza terrible, que los recuerdos serían fragmentarios, que las selecciones de la memoria serían muy arbitrarias, pero que el cuerpo pasaría la factura de todo lo acontecido, detalle a detalle.

IV
Paso a paso. Primero mi mano trepa tu espalda, y te digo que la verdad, se siente re linda. Y tu pelo ni hablar, me encanta jugar con tu cabellera, hacer remolinos. Mientras vos manejas, mirás todo Buenos Aires desde esa pantalla frontal que tenemos en tiempo real y con sonido superemvolvente, esa gran bestia que nos hace suya a cada momento, de la cual renegamos. Y por favor, que no estes pensando en tu chica, que July es nada más que un accesorio. Yo quiero que los dos nos olvidemos de ella y que...

No entiendo a Meri. O mejor dicho, si, la entiendo a la perfección. Digo, las señales son irrefutables. Orlando me mira con cara de "sos un salame" cada día que nos decimos hola el la oficina, cada momento que ella viene y se sienta en mi oficina a charlar de la vida, y Alberto nos mira de reojo porque resulta que yo anduve con la otra piba que estuvo antes que Meri (es mentira) y que no trabajamos nada (otra mentira).

Los rumores del affair Meri-Allen habían surgido del día a día. Orlando sabía que Meri le tenía ganas a su amigo. Allen se ocupaba de omitir esas evidencias. Una vez, en el cumpleaños de Orlando, Meri y july se conocieron. Meri siempre confianzuda, mandándole el brazo alrededor de la cintura a Allen. July trinaba. Se daba cuenta. Sabía que no pasaba nada por parte de Allen, que él jamás visitaría esos labios, que no rompería el contrato de exclusividad que mantenía con ella. Pero Meri lucía esas ganas de estar con Allen, demasiado escotadas, demasiado insinuantes. ¿Y si algún día quebraba la defensa, y si algún momento de flaquesa lo abordaba a Allen? Allen no era una persona estable, pero en cuestiones de amoríos era...

V
... un dinosaurio - dijo Luna-. Vos crees que el amor es para siempre, que no nos damos besos con nuestros ex aunque hayamos encontrado otra pareja, que nada más tenemos lugar en el corazón para nuestro compañerito de toda la vida. Actualizate Allen. Pensá que ahora Guillermina anda con cualquier otro, y vos estás recién testeando a ver si July es July. ¿Y si tuvieras la oportunidad de besar a Guillermina otra vez? Ahí te quiero ver, aunque la hayas enterrado, yo sé que ella tiene ese poder sobre vos.

Allen se sentía desactualizado, efectivamente. Para estas cuestiones se daba cuenta de que se aferraba a las personas demasiado quizás. Pero iba más allá de las elecciones que pudiera realizar, no eran racionalidades, eran cuestiones ancladas en lo más profundo de su ser, eran parte de su carne. Él era eso, esa persona que no juega a varias puntas, que no soporta las infidalidades, las visitas furtivas a labios prohibidos. Porque las aventuras, según Allen, se viven con esa persona que efectivamente no somos nosotros pero nos hace sentir más nosotros.

VI
Conseguí que vinieras, Allen. Bien. Un logro, una ventaja. Se te nota más relajado hoy, será que ahora te espera ese estrellato, esa nueva constelación que vaya a saber a quién implica. Y me enteré de tu alejamiento de July, que era la marca principal en tu defensa, a ver si ahora puedo gambetear. Porque mi brazo dice que tu cintura está esbelta, que tu espalda me sigue gustando tanto como las otras veces en tu auto. Que me cuesta acercarme pero porque me gusta que estés cerca tanto, y los hombres suelen hacerme las cosas más fáciles, pero vos, Allen, tenés tus mañas.

Existen los goles de pelota parada. Te voy a extrañar. Vos también. ¿Qué esperás? Tantos cambios, vos tan joven, tan idealista aún, por encima del resto, yo te juro que me alegro de tu nuevo trabajo, pero lamento tu partida, mi sonrisa guarda algo de tristeza, ya te lo dije.

Es simple, como encontrarnos en ese bar de las cañitas, tomar unas cervezas, reirnos de Alberto, sobre todo de Alberto. Después que me lleves a casa completamente borracha, y abrazándome a vos, porque no puedo ni caminar, y gracias, me encanta que me cuides, que estés, que seas Allen aquí y ahora, en pleno abrazo de sábado a la madrugada. Si te pregunto cómo estás es porque quiero compenetrarme en el tema, porque ahora apoyo mi cabeza en tu hombro, porque te doy un beso en el cuello. Si, te di un beso en el cuello, ¿y?

Meri estaba jugando el partido como nunca. No lo podía creer, escalaba posiciones. Pero Allen, fiel a Allen, no desarmaba la defensa. Pero no pasaba nada. Pero el tiempo estaba yéndose y no pasaba nada, era ella en el campo de juego. Creo que esto es un corner, creo que todo el equipo tiene que ir a cabecear, creo que esta vez aunque sea con falta metemos el gol, creo que patee, que mi boca aterrizó en la de Allen, que estoy viviendo en Allen un rato, que llegó el vuelo, que patee del corner y pude cabecear y la pelota entró.................. Gol.

Bruno perdió el interés en los perdigones, dio media vuelta, para encontrarse que la cara de Allen y la de Meri era una sola. Felipe empezó a aplaudir, riendo compulsivamente, no comprendía bien qué pasó o cómo, pero avalaba el resultado. Orlando escupió un "por fin" que tenía atragantado desde hace al menos tres meses. Una ausente July lloró de rabia, le hubiera gritado que ella lo amaba, a diferencia de "otras". Bruno miró a Orlando que miraba a Felipe que miraba su destornillador, y elevó el vaso. Un brindis.

Gol. Jugada de labios. Magistral jugada de labios.

VII
Allen: Ehm.... Perdón Meri, pero... No es lo que quiero.

Meri: ¿Cómo que no es lo que querés? Si no me dijiste nada, no frenaste mi juego.

Gol anulado. El resto fue una cordial ráfaga de puteadas de Meri a Allen. Que sos un pelotudo, no sos mi amigo, entendelo. Que no me vengas con estupideces, que la verdad es que bien te dabas cuenta, no puedo creer que seas tan boludo.

Allen estaba lo suficientemente pasado como para no terminar de comprender, pero si entendía que eso no debía ser, que el gol no valía, que era todo un error, había posición adelantada, la fecha no correspondía y el árbitro no estaba en sus cabales. Las explicaciones posteriores fueron la gran omisión de todo esto, y el hagamos de cuenta que no pasó nada, aunque Orlando lo vio todo, Felipe va a preguntar, y veremos quién más vio la jugada.