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martes, 14 de junio de 2011

(post perdido, del 4 de agosto de 2010)

I
Me hablás y no sé exactamente cómo lográs aliviarme. Me siento mal, pero cuando vos me decís que va a estar todo bien, te creo. Tenés una forma de presentarme el balance de bueno/malo de una forma muy... no sé cómo llamarla, cálida, dulce o como quieras. Y te creo.

Si mi vieja me dice "no te preocupes, ya te va a salir algo", no le creo. Si mi mejor amiga me dice "bueno, es cuestión de tiempo, va a salir algo", no le creo. Si mi hermana me dice "no te preocupes, algo aparecerá", no puedo creerle. Ahora, vos venís y me decís "tranqui, que vas a estar bien. Vas a encontrar algo para vos y vas a estar contenta"... te creo! Te creo y me hacés sonreir.

Vos decís que sos malo reconfortando a la gente, que no sos capaz de aliviar a nadie. Y yo tengo que  desmentirte, corazón. Tengo que decirte que me levantaste el ánimo siempre. Un misterio es cómo lo lográs, como aunque estés con tus "malos humores", te las arreglás.

Y me encanta cuando me traes la barra de Cadbury de yogurt de frutilla. Me hace sentir segura.

II
- Hello - dijo ella al otro lado del teléfono-. No te quise llamar antes, a ver con qué humorcito tuyo me encontraba de mañana...

- Hola - contesté con la cabeza totalmente detonada.

- ¿Y vos que querías venir a buscar en ese estado? - dijo ella-. ¿Qué hiciste anoche?

- Salimos con Bataille y Guy, comimos el mexicano más caro del mundo, pero buenisimo. Luego creo que anduvimos por... Bangalore. Y había dos por uno.

Ella se rio. Con voz resfriada me contó del kayak y que el Wilkenny estaba como lo había dejado.

III
Recopilo un poco la información: tengo un carácter de mierda, tiendo a ser bastante inconexo con las cosas que digo y además duermo poco, lo cual acentúa todo esto.

La verdad que, tengo que decir, por más que vos digas que no tenés paciencia, soy testigo de todo lo contrario. Para mi que trabajar con chicos te armó del temple justo para que no te enojes si aún no fui al hospital. je.

IV
- Sos de Buenos Aires, ¿de dónde?

El micro ya había salido, no había retorno. Volvía a la ciudad, al trabajo, maldita sea.

- De Olivos - contestó ella, mientras veía alejarse la terminal de omnibus.

- ¿Por donde anduviste? ¿Bariloche y algo más?

- El Bolsón, dos días - contestó ella mientas descubría que en la bandejita le tocaba pollo con una crema rara.

Mientras continuaba investigando su cena, su compañero de asiento la interrogaba sobre sus quehaceres cotidianos: era maestra, tenia veintinueve años, vivía en Olivos. Muchacho macanudo, pero ella no estaba de humor. Por su acento cantado, el pibe era de Córdoba.

Él le habló de que estudiaba música, guitarra. Se dedicaba a dar clases y visitaba al hermano que vive en Buenos Aires dos veces al año. Porque el hermano era abogado y estaba de feria.

- ¿Viajaste sola?

- Sí.

- Uh, de habernos conocido antes, te mostraba todo. Hace un año que vivo acá en el sur. Quizás me puedas mostrar algo de Buenos Aires.

Va a Buenos Aires dos veces al año, tiene al hermano ahí. Pero solicita un tour... ajá.

- Tengo novio - contestó ella.

El hambre

I
Cansado. Estaba can sa do de ella, de su forma de despertarme a las mañanas, de quedarse todo el día en casa, de no entender que esa noche quería salir con mis amigos, de que se apareciera de sorpresa en las fiestas de cumpleaños.

Todo eso, así que le eché fli. Un momento de convicción y determinación pocas veces vistos. Agarré y la senté en el sofá, le dije que yo no podía darle lo que ella quería, que necesitaba espacio, que no significaba que nos tuvieramos que pelear, pero sí que la cosa no iba más así.

Todo bien. Momento tenso, pero lo entendió.

Salí esa noche, nos fuimos a una fiesta en San Isidro de un amigo de Gilles. A las cuatro de la mañana cayó ella, me dejó tres mensajes en el celular. Alta mierda. Cuando Jim se estaba esfumando se la cruzó a la salida, me dijo "che, te busca Miriam". Callate boludo que no quiero, no sé, que no entre, que se joda, yo me quedo acá un rato más.

Enervado me tenía, enervado. Logré a lo largo de los días ir limitando sus momentitos. Pero no había pensado en el hambre por venir...

II
- ¿Holá?

- Hola Miri, soy Jorge. ¿Cómo andás?

- Ah, ¿Qué hacés loqui por acá?

En uno de esos arrebatos me decidí por no volver a casa, aparcar mi coche en avenida Maipú al 2000 y tocarle timbre. Una idea genial, según Gilles. Una caradurés imperdible, según Jimmy. Una decisión de hombre, según Rolland. Una gran iniciativa, según Guy.

- ¿Estás muy ocupada?

- Algo... estaba preparando una chocotorta para mañana, es el cumpleaños de Beatrix.

Qué carajo me importaba. Traté de actuar serenamente.

- ¿Necesitás ayuda? Soy un gran testeador de chocotortas, yo te puedo decir cuando está a punto.

- Es que ahora vienen las chicas.

- ¿Cuándo? ¿No tenés un rato? Te traje las caripusas, así ya no te doy más vueltas con eso. De paso veo cómo está el potus.

Hubo un silencio tedioso. Pensé que me había colgado.

- Es un toque, te dejo todo y me voy.

- Jor, te juro que no puedo. Estoy hasta las manos, si querés hablamos mañana. Por las caripusas no te preocupes, las paso a buscar sino.

- ¿Una vez que te las traigo y me las despreciás así?

- En serio...

- Además, creo que me olvidé mi libro de Osho en tu living.

Era mentira. Osho estaba perdido, pero seguro que ahí no.

- Bueno, mañana reviso y si está te lo acerco - dijo Miriam hinchada las pelotas-. Hablamos Jorge.

Penal. Eso me pasa por tomar decisiones precipitadas... cómo desempolvar la agenda a ver cómo soluciono esto che.