I
- Es para una amiga, le va a quedar re mono.
¿Mono? Me pregunté si la amiga sería fea.
Pasaron unas chicas del grupete de Edición, que se nos rieron porque estaban un poco borrachas. Al pasar una de ellas dijo algo de Woody Allen. Recordé que tenía que reservar las entradas para ir con Michelle.
Miré el reloj de reojo. Eran la 1,12.
Continuamos caminando por el pasillo, hacia la salida. Miré los ladrillos y me dije "yo tengo que ser como esa pared, cara de piedra". La tome por la cintura, en un gesto de cariño terrorista, porque sabía perfectamente que ella me iba a mirar.
- Jon ... - dijo ella, aminorando la marcha.
- Sí, corazón - dije, agravando la situeishón.
Alguien desde el salón grito "Maniano Yajoy, Maniano Yajoy, pues ven que te la doy". Miré hacia la recepcionista, con cara de sorpresa. Ella también, levantó las cejas, y se fue para adentro a ver qué pasaba. Michelle continuó:
- Creo que sigue habiendo un malentendido...
La recepcionista volvió. El pasillo era largo, digamos, unos quince metros. En una punta, estaba la entrada al salón, y desde la otra punta, el guardia custodiaba la salida y además se entretenía con su iPhone.
Pensé: Qué pelotudo soy, el ladrillo no es tan sólido, no hay que tener cara de ladrillo. Se dice cara de piedra.
- Quizás no me estoy expresando de la forma correcta, o no sé, tampoco quiero ser...
- Bueno, ya, esperá. Estem, bueno, quiero, yo me pregunto qué interpretás por ahí vos de esto, ponele.
Me miró raro. Evidentemente no había formulado mi enunciado de la mejor forma posible. Me di cuenta de que tengo que dejar de terminar mis frases con "ponele".
- Digo, que vos pensás que pretendo de vos... no sé...
Quería decir cojer, pero no me salía porque me había puesto en "gentleman mode", cosa que: 1. no me sale, y 2. se nota mucho que no me sale
- ... sos una más, y pero me caes bien...
Todos nos caemos bien, viste. Y salieron una manga de borrachos del salón que iban al baño, y uno le decía al otro "la tía anda mirando mucho, me parece que le tenemos que pegar una visita compa" "¿Pero quién se queda con la mensa?" "Pues que sea a sorteo, o veamos quién le cae mejor a las amigas, tot..."
Mi vida, la frivolidad.
Michelle me miraba fijo, doblando un poco su labio como para abajo, en una especie de mueca que sería injusto describir como triste pero más injusto describir como feliz.
- Bueno, perdón... - dije, casi cediéndole la palabra de una vez por todas.
- Estem, no es una molestia -dijo, y se mantuvo en silencio unos diez segundos-. Como te dije, suelo ir a fiestas gays... - continuó, y me miró de reojo.
La miré. Ninguno de los dos dijo nada por unos extensos cinco segundos. Todo llega, en algún momento nos avivamos o nos avivan.
Creo que en ese momento escuché un vaso caer al suelo y estallar. El guardia de la entrada levantó su ojos y nos miró.
Caí. Claro, me lo había mencionado en ocasiones anteriores y yo lo había pasado por alto. Me lo dijo de forma muy gentil, y yo asumí que era sencillamente porque le gustaba juntarse con esa gente. Caí. Probablemente, en lugar de prestarme atención a mi, estuviera relojeando a la camarera, o a una de las pibas de edición.
El problema de cuando alguien que te atrae le gustan las personas de su mismo sexo es que no dejás de ver a esa persona como atractiva, y encima te hacés la fantasía de "bueno, quizás yo consigo que conmigo haga la excepción". Una especie de ilusión óptica que la imaginación practica.