La ilusión óptica

miércoles, 18 de julio de 2012

I

Queríamos irnos a un ambiente bastante más apasible. Ibamos enfilando para salir del salón. Alguien en la barra gritaba "Que viva el Atlético, ooh oooh ooh". Saludamos a la recepcionista, no sin antes volver a adquirir nuestros abrigos y una bolsa de Michelle, que aparentemente tenía un regalo.

- Es para una amiga, le va a quedar re mono.

¿Mono? Me pregunté si la amiga sería fea.

Pasaron unas chicas del grupete de Edición, que se nos rieron porque estaban un poco borrachas. Al pasar una de ellas dijo algo de Woody Allen. Recordé que tenía que reservar las entradas para ir con Michelle.

Miré el reloj de reojo. Eran la 1,12.

Continuamos caminando por el pasillo, hacia la salida. Miré los ladrillos y me dije "yo tengo que ser como esa pared, cara de piedra". La tome por la cintura, en un gesto de cariño terrorista, porque sabía perfectamente que ella me iba a mirar.

- Jon ... - dijo ella, aminorando la marcha.

- Sí, corazón - dije, agravando la situeishón.

Alguien desde el salón grito "Maniano Yajoy, Maniano Yajoy, pues ven que te la doy". Miré hacia la recepcionista, con cara de sorpresa. Ella también, levantó las cejas, y se fue para adentro a ver qué pasaba. Michelle continuó:

- Creo que sigue habiendo un malentendido...

La recepcionista volvió. El pasillo era largo, digamos, unos quince metros. En una punta, estaba la entrada al salón, y desde la otra punta, el guardia custodiaba la salida y además se entretenía con su iPhone.

Pensé: Qué pelotudo soy, el ladrillo no es tan sólido, no hay que tener cara de ladrillo. Se dice cara de piedra.

- Quizás no me estoy expresando de la forma correcta, o no sé, tampoco quiero ser...

- Bueno, ya, esperá. Estem, bueno, quiero, yo me pregunto qué interpretás por ahí vos de esto, ponele.

Me miró raro. Evidentemente no había formulado mi enunciado de la mejor forma posible. Me di cuenta de que tengo que dejar de terminar mis frases con "ponele".

- Digo, que vos pensás que pretendo de vos... no sé...

Quería decir cojer, pero no me salía porque me había puesto en "gentleman mode", cosa que: 1. no me sale, y 2. se nota mucho que no me sale

- ... sos una más, y pero me caes bien...

Todos nos caemos bien, viste. Y salieron una manga de borrachos del salón que iban al baño, y uno le decía al otro "la tía anda mirando mucho, me parece que le tenemos que pegar una visita compa" "¿Pero quién se queda con la mensa?" "Pues que sea a sorteo, o veamos quién le cae mejor a las amigas, tot..."

Mi vida, la frivolidad.

Michelle me miraba fijo, doblando un poco su labio como para abajo, en una especie de mueca que sería injusto describir como triste pero más injusto describir como feliz.

- Bueno, perdón... - dije, casi cediéndole la palabra de una vez por todas.

- Estem, no es una molestia -dijo, y se mantuvo en silencio unos diez segundos-. Como te dije, suelo ir a fiestas gays... - continuó, y me miró de reojo.

La miré. Ninguno de los dos dijo nada por unos extensos cinco segundos. Todo llega, en algún momento nos avivamos o nos avivan.

Creo que en ese momento escuché un vaso caer al suelo y estallar. El guardia de la entrada levantó su ojos y nos miró.

Caí. Claro, me lo había mencionado en ocasiones anteriores y yo lo había pasado por alto. Me lo dijo de forma muy gentil, y yo asumí que era sencillamente porque le gustaba juntarse con esa gente. Caí. Probablemente, en lugar de prestarme atención a mi, estuviera relojeando a la camarera, o a una de las pibas de edición.

Dudé. ¿Y si me estaba diciendo el cuento ese para justificar que no quería estar conmigo? Les juro que la ven y no dan dos mangos porque ella tuviera afinidad con otras mujeres.

- Hey - me dijo ella. Evidentemente me había quedado carburando en la cabeza semejante información.

- Perdón, pero la verdad, no me lo imaginé - contesté en un acto de pharresia.

- Pensé que ibas a darte cuenta. El otro día, cuando nos quedamos charlando más en serio en aquel bar, pensé en decírtelo directamente.

Pero no la encaré. La escuché, me contó los dramas con los padres, me contó hasta de un ex novio de ella. Que debe su tesis, que si bien está cómoda en el trabajo preferiría trabajar de lo que estudió. Todo eso, pero no esto que me acababa de decir.

Por otro lado, recopilé las veces que me contó de las fiestas gays. Pensé si la había visto mirar a otra mujer. Intenté reunir evidencia en mi memoria, pero no por dudar de ella, sino por intentar dilucidar cuán lento era yo para interpretar indirectas.

La recepcionista se llevaba unos pedazos de vidrio roto en una pala. Pensé en que quizás me tendría que barrer a mi también, pues pocas veces sentí que me quitaban todo tan de repente, así nomás, sin que yo pudiera hacer nada en absoluto.

El problema de cuando alguien que te atrae le gustan las personas de su mismo sexo es que no dejás de ver a esa persona como atractiva, y encima te hacés la fantasía de "bueno, quizás yo consigo que conmigo haga la excepción". Una especie de ilusión óptica que la imaginación practica.

Las evidencias

martes, 17 de julio de 2012

I

Entra caminando Jim Bentham. Viste una camisa negra y pantalones negros, lleva un cigarrillo apagado, nuevo y sin fumar, en la boca. Se detiene en el medio del escenario.

Bentham: ¿Qué es la verdad? Bah, mejor, vamos a una pregunta que parece no ser la misma, pero casi casi que lo es: ¿A las personas les interesa saber la verdad?

Deja caer el cigarillo de sus labios. Con un breve ademán del pie, lo pisa. Como si lo apagara.

Bentham: Creo que lo dije hace poco, en otra ocasión: hay momentos en los que uno dice la verdad, que es veraz y legítimo con lo que dice, pero que sencillamente la otra persona no le cree. ¿Por qué es eso? En reiteradas ocasiones se ha contado aquí situaciones ficcionales, cosas que no eran pero eran, de alguna forma. Ya sé que no lo van a hacer, pero lean Historia de la sexualidad II, o El gobierno de sí y de los otros, y...

Se detiene, problematizado. Acaba de descubrir que se fue por las ramas mencionando algo totalmente anecdótico e innecesario.

Bentham: Perdón. Lo que quiero decir es que no importa cuán veraz sea lo que decimos, en ocasiones puede darse que no nos crean. Son esas ocasiones en las que la evidencia incluso atenta contra la verdad. Por otro lado, las personas muchas veces eligen creer lo que les sea más cómodo.

II
- Epa, dónde estuviste todos estos días - dijo Michelle-, mientras me saludó.

- Enfermé. Mucho.

- Sí, no te veo como... - dijo, mientras observaba el calendario colgado en la pared-. No te veo desde el jueves.

- Yo también conté los días en que no te ví. ¿Me extrañaste?

Ella se sonrió sin mirarme.

Yo comencé a no entender nada oficialmente, porque viste que se te disparan cosas, ideas, imágenes, tendencias, cercanías.

- No me digas así - dijo ella, entre molesta y risueña, si es que existe eso-.

- Igual, podemos ver de solucionar eso de extrañarnos. Discutámoslo durante la cena.

Me observó casi seria, ya sin risa.

Me fui alejando por el pasillo, caminando para atrás, mientras le seguía hablando. Era un gesto: me quería quedar con ella, pero debía irme.

Ya sabían que obviamente, el apellido de Michelle es Foucault, ¿No?

III
Continúa Bentham hablando:

Bentham: Ya les hablé de la Pharresia, ¿es verdad? El hablar franco, que implica un involucramiento tal de uno con lo que dice, se une tan íntimamente con sus palabras, y por ende, con quien las escucha.

Pausa. Bentham observa detenidamente a algunos del público, los interpela con la mirada. Los ve, sabe que están ahí.

Bentham: La pharresia es un acto de honestidad con uno mismo, pero es importante ante el otro que ese acto de honestidad con uno mismo ocurra. Es la confianza mas íntima, es una demostración de lo caro que el otro me resulta.

Mira el cigarrillo aplastado. Un gesto de preocupación le transforma la cara.

Bentham: Y sin embargo, ¿puede la otra persona ante un acto de pharresia negar ese decir veraz? Ha ocurrido, créanme, más veces en la historia de las que estamos dispuestos a reconocer.

IV
Ah, mierda. ¿Saben de qué me di cuenta? Cuando me separé me sentí tremenda hija de puta. Cualquier cosa, terminé haciendo cualquier cosa. Y yo tenía un hogar, ocho años de pareja, tres de convivencia.

El problema es que cuando no reconocés las cosas vos, cuando no te das cuenta de lo que realmente te pasa, de alguna forma todo eso surge. Yo no reconocí que no era feliz en mi relación hasta tarde. Tuvo que pasar la crisis, encontrarme teniendo un affair con otro, para darme cuenta.

Una se manda cagadas. Me sentí flor de hija de puta. Y luego de eso, ya con mi ex mudado y viviendo en otro lado, descubrí eso: no lo hice por mala, sino por confundida, por equivocada. Y no se trató de una equivocación de cabeza dura, adrede.

Hay cosas que a uno le pasan, se los juro. Sartre dice que uno es responsable de las decisiones que toma. De acuerdo, pero ¿nunca les pasó que en verdad sienten que las decisiones lo toman a uno?

En la confusión una se mete en más líos, termina en una de esas, involucrada con más gente. Además, empiezan a decir de vos que sos cualquiera, que sos una puta, que sos una mala mina, que...

A mi eso me mata. Él, otro él, me dijo que no me preocupe por lo que dicen. Pero que sí, que piense, porque mis acciones tienen un peso.

Él, otro él, no mi novio de ese entonces, me pareció tremendamente tierno. Le propuse de todo, sin darme cuenta. Vení a casa, tomemos whisky. Le terminé pidiendo disculpas, vía mail, como una cagona porque no me animé a decírselo en la cara.

Ese otro él era el ex de mi hermana. Aterrada quedé de que se entere. Tanto que pensé en autodenunciarme, porque ya tenía tantos quilombos en la cabeza.

Todo eso le puede llegar a pasar a una mujer buena cuando se equivoca, y se engaña a sí misma sin darse cuenta. Él, otro él que no es el que mencioné recién, sabe todo esto que conté y me dijo que aún así soy buena.

V
Bentham: En mi caso personal, ya conocen parte de la historia. En definitiva, Rousseau no aceptó jamás mi versión de la historia, por más que yo sepa que es verdad.

Camina para un costado, sin mirar al público. Como paseandose, de aquí para allá.

Bentham: El problema de esto que les menciono es que, por más que uno sea franco con uno mismo, la pharresia -sostengo yo-, siempre la completa un poco el otro. Ocurre de tal forma, que se nos genera un problema, porque nosotros tenemos que justificar, entiendase casi fundamentar y probar, la franqueza de nuestros dichos.

Se detiene, gira la cabeza para mirar al público.

Bentham: El orden de lo probatorio, de la evidencia, pone en cuestión al decir franco, porque le exige algo, una manifestación empírica externa (es decir, no íntima), que lo sustente. Allí ocurre la crisis.

VI
Hay una serie de indicios. Me escribe diciendo que baje a saludarla, que no sea mala onda. Contó los días que no me vio. Arreglamos para salir, me pone hasta pretensiones de cuál obra ir a ver.

Pero a su vez, la empiria contraria: otro día le digo de ir a cenar y ni me contesta, cuando logro besarla me niega y me rechaza. Un día me sonríe cuando la apuro, al otro casi se ofende porque le dije "bonita". Le comento algo de mi vida y se mete, se enoja hasta si no quiero hacer lo que ella sugiere.

Me entré a preguntar qué trauma tendría esta chica. Pronto, más evidencias sobre este peculiar caso.

VII
Bentham: Con esto no digo que no hablen de forma franca, sino que con mayor urgencia recurran a ella, y reconozcan y reciban también la pharresia ajena, aprecienlán como el esplendor que es.

contreras

jueves, 12 de julio de 2012

I
Caminábamos con Michelle por la Gran Vía. Era sábado a la mañana. En particular, yo andaba tras la búsqueda de un Rickenbacker 4003 Fireglo, que me venía resultando bastante difícil de hallar.


Michelle me escoltaba porque, además de aprovechar el paseo para sus inevitables compras de velas aromáticas, estaba en contra de que yo adquiriera el mencionado instrumento. "No me parece que te gastes en eso", decía.

Sí bien eso había generado conversaciones con cierto nivel de tensión, yo en particular no le daba demasiada importancia.

Intenté dispersarme en una librería, para buscar uno de los libros de Merleau que no conseguía, pero enseguida me di cuenta de que el local era de libros religiosos, ya que las categorías en las estanterías rezaban: "moral", "teología", "valores familiares", "espiritualidad".

A los dos segundos estaba afuera, y Michelle se reía de mi cara de espanto.

En un momento, entramos en una galería y dimos con un local de música bastante maltrecho, atendido por un gordo barbudo. Era evidente que ese tipo tenía un Rickenbacker. Del '79, con algunos detalles en la parte de abajo, pero en excelente estado.

Charlé un poco más con el gordo, que en verdad no lo quería vender, lo había sacado del depósito solo para mostrarme esa reliquia. En un momento Michelle me pisó el pie, en un claro signo de advertencia de "ni se te ocurra".

Se hubiera tenido que quedar tranquila, ya que no pensaba llevárme ese en particular, y menos al exorbitante precio propuesto por el tipo ese, quien evidentemente pedía eso para no venderlo.

"Es que estas cosas tienen valor afectivo", me había dicho.

II
I am really bad at writing, i believe. I just do it because I dig de experience, and as Merleau-Ponty and Pablo Picasso (more or less) explain, words are pure tought becoming real. And I do not strictly separate thinking from feeling.

The other day I went to a bar where a friend of mine was going to read a short story she wrote. Quite a good tale, i must say: full of metaphores and poetry, a political feminist version of our government. And as I heard the words coming out of her mouth, I realize that most of my friends are really good at writing.

I believe that the matter here is, not only talent, but go and live life. I mean, the tales you can write, even if they are science fiction, must have some relation to your experiences. So, the richer your life is, the better you will write.

This is the practical support to my so "totally off topic" activities. I feel that you must do something completely unrelated to your profession, in order to enrich your capabilities. Perhaps you can find solutions in something that seems to have nothing to do with nothing.

Oh, yups. This is totally random, I know.

III
Hecho tipo necktrough, dos micrófonos single coil, el del puente con chapón. Ambos micrófonos tienen la misma polaridad, lo que genera el clásico sonido de "hum" distintivo de un Rick. Salida stereo.

Edición 2004 o superior, que viene con el switch de sonido vintage. Pickguard blanco. Escala larga, calibre de cuerdas 0.40, afinación estándar. Terminación en Fireglo, cuerpo de maple, fingerboard de palo de rosa. Creo que los frets son medium.

Quizás, sería posible, modificar el single coil del cuello por un toaster.

IV
- ¿Vos decís esa?

- Sí, ¿por qué no?

- Bueno, probaría con una de Woody Allen que están versionando. No me malinterpretes, pero Sartre es un poco pesado, no nos va a dejar con muchas ganas de vivir un sábado a la noche.

- Podemos ir la del domingo en todo caso.

- Genial. A puerta cerrada un domingo. Creo que me mato.

- Bueno bueno, está bien, si no querés no vengas, voy sola.

- No, sí, digo que voy. Pero para el sábado, veamos la de Woody. Y el domingo, tomamos algo de soma o prozac y vemos la de Sartre. ¿A que hora es?

- A las seis los domingos. A las siete treinta los sábados.

- El domingo tengo ensayo a las cuatro. Pero para el otro domingo veo de correr el horario y listo, llegamos fantastique.

- O lo pueden hacer el sábado...

- No llegamos ya a cambiar el día. Además creo que Solange específicamente no podía en otro momento. Dimos setecientas vueltas para eso.

- Ah, Solange.

- ¿Qué?

- Nada. Siempre dando la nota.

- ¿Cómo siempre?

- La otra vez también, ¿no tuvieron que andar cambiando todo para que encima ella fuera nada más un rato? Todo porque tenía un recital.

- Ajá. ¿Y desde cuando acotás vos sobre ese tipo de cuestiones?

- Es sólo una observación, nada más, Jon.

- Sep. La otra vez, cuando te la presenté, estuviste un poco arisca con ella. ¿Puedo arriesgar a que hay un caso de celos aquí?

- No, tonto. Solo digo en base a lo que vos mismo me comentás, nada más. Vos sos el que se queja, así que no me vengas porque nada que ver.

- Quién lo diría, Michelle con celos... Igual no entiendo por qué, no hay motivo alguno.

- Sí, como no hay motivo alguno entonces no hay celos, ¿entendés? Ahora, ¿me pasás el agua por favor? Uy, y ahora te andás sonriendo, por favor, nada que ver eso que decís... dejalo ahí, haceme el favor, fijemonos si hay que reservar para la de Woody...

Cosas que se dicen

I
Tengo escrito EL episodio entre Michelle y Jon. El momento donde se dicen la posta. Pero no lo voy a publicar aún.

II
Almorzamos un martes, creo. Ella, por primera vez desde que yo sabía de su existencia, vestía pantalones de jean. Nos sentamos a lado de la ventana, cosa que nos gustó a ambos porque estamos tan cerca del afuera y tan separados.

Ella lucía un tanto cansada, pero efusiva como siempre. Es de esas personas que se sienten incomprendidas por el mundo, que no acepta que ellas son diferentes. Y según dijo, había tenido un altercado ayer (presumo lunes, según mi memoria traicionera) con su profesora de masajes.

- Cuando requieras práctica, acá estoy - dije mientras me tomaba el cuello y actuaba un poco el dolor-.

Me respondió con una mueca.

III
About the Bentham Method:

Si hay algo que me molestaba eran esos arranques. Él es un tipo tranquilo, pero de vez en cuando inicia un proceso, como si quisiera la revolución. Y todo tiene que ver con su método, se los juro. Un día hace equis cosa, ¿por qué? "Porque jamás había pensado en hacerlo". "Porque mi cabeza me dice que no debería". What??

El problema mayor es cuando intenta trasladar esos supuestos a vos. He tenido mil discusiones sobre esas cuestiones, en las que él me terminaba diciendo qué debía hacer. ¿Qué había pasado con el tipo modesto que salía conmigo? ¿Desde cuando este rupturista pacato ha reemplazado a mi novio?

El día en que nos peleamos mal mal mal, él me dijo que todo ocurría porque yo tenía miedo.

IV
Entonces, él, mister "estructuras complejas" ahora trabajaba sobre una base de cuatro notas. Muy folky, by the way. Se componía únicamente de do, si, re, sol. Nada más. No había cambios, no había montajes, no había niveles ni capas con capas con capas.

Le quedó una cancioncita adorable.


Pero entonces no hay tanta lógica en todo esto como el suele decir.

V
- Me encanta la edición - dijo ella.

Claro, se fijaba en los márgenes, en la calidad del papel, en la tipografía que habían usado. Sans serif va para pantalla, pero para impresión, con serif. Ya lo sé.

Era, supongo, el divertimento que ella encontraba en acompañarme a las librerías. Como siempre, yo preguntaba justo por ese libro que estaba agotado, que no se conseguía en ningún lado.

- ¿Tiene La opera de dos centavos, de Bertolt Brecht? - dije unas veinte veces seguidas.

Al final, terminé comprando otra cosa, esa edición linda que a ella le había encantado, Seguridad, Territorio, Población.

- Además está re bien organizado, con el índice temático - dijo, mientras continuaba pasando las páginas con suma delicadeza. Porque ella ama al objeto libro.

Ella se fija en la forma, yo en el contenido. Digo: vos tan diseñadora gráfica, yo tan...

Cositas, viste

miércoles, 11 de julio de 2012

I
A pero, comentame, ¿qué es lo que no te convence? Me encantaría que me dijeras por qué no. No por cuestionarte, ni refutarte, sino por conocerme un poco más, o saber cómo me ves.

Vos me mirás de una forma diferente, no como me miran los demás. Lo sé, yo te miro a los ojos cuando me hablás. ¿Sabés la cantidad de copas que tomé, mientras esperaba que me dijeras algo, que sencillamente me hablaras?

Te parecerá sencillo a vos: conociste a alguien en pleno viaje, te sentiste bien, te dejaste llevar. Y luego te fuiste, sin darme demasiada explicación.

If. What if. Odio preguntarme qué podría haber pasado. Aunque me doy cuenta que fuiste vos, más que nada, la que no quiso que pasara nada más, me pregunto qué hubiera pasado sí... ¿nos hubieramos conocido en otra etapa de nuestras vidas?

II
Según Jimmy, le atraigo porque debo tener algo de una maestra de cuando él tenía cinco años. Quizás sea mi carácter digno de una maestra, de andarle encima a los nenes, reprocharlos pero quererlos, acogerlos pero no mostrarles mis propias debilidades.

Suele decir que soy muy inteligente. Me gusta que lo diga. Más allá de que sé que el también me mira las tetas, me gusta saber que no es lo único que ve en mi.

Siempre me reprochó ser poco comunicativa. Si bien soy amiguera, según Jimmy, hay que hacer una especie de arqueología para intuir siquiera cómo me siento al respecto de algo, de lo que sea. Admito que tiene razón, que no dejo entrar a cualquiera.

Él es un tipo altamente racional, mide todo, se la pasa analizando variables, pensando posibilidades, diagramando mentalmente las cosas. Suma, resta, saca. Intenta ser un estratega, y no se da cuenta de que no somos así, de que yo no soy así. Aunque a veces sus métricas hayan tenido la razón, no soy así.

III
Me pregunto en qué momento habrá decidido ser así. Bah, como si se tratara de un momento. Debe ser solo esa sensación de momento aislable, de día x, en la que presiento que dejé de ser el tipo que era para ser otro.

Si alguna vez dije "yo, el peor de todos", fue en broma. Lo que pasa es que a veces uno arma tanto quilombo, jode a tanta gente, lastima tanto, que se siente una especie de bomba expansiva, de mala persona sin querer.

Y no, creo que tampoco es tan así. Al menos ahora, creo que no es tan así. Lo mejor que pude haber hecho fue decirle las cosas, irle de frente. Sino, ocultarle las cosas era montar una pantalla innecesaria.

La mentira tiene patas cortas. ¿Saben qué? Hay veces en que uno dice la verdad, pero aún así, la ficción es tan fuerte que es irremontable. Sobre todo, si salís con chica x, jamás jamás la vas a convencer de que no pasó nada con chica z. La gente muchas veces cree lo que quiere creer.

Accidente en Avenida Córdoba

miércoles, 4 de julio de 2012

Me crucé, luego de años, con Julieta. Fue de casualidad, caminando por Avenida Córdoba: ella lucía bien, llevaba un vestido de color rosa -antes usaba siempre negro- y unos pequeños tacos. Me reconoció. Ella estaba igual, más crecida, pero igual. Y ella me dijo que yo estaba más flaco, más barbudo y más arreglado. Más.


De ese encuentro surgió un intercambio de correos electrónicos, unos dos días después:

I
Allen, cómo andás? No hablamos mucho el otro día, y me gustaría saber un poco más de vos. Además, dijimos "bueno, nos vemos", y no me gustaría que sea como esas cosas que la gente se dice así como así. Bah, ¿es así?

Saludos,

J.

II
July, hola. ¿Cómo te va?

Yo me encuentro bien, saliendo de una etapa muy enfrascante en el trabajo (me topaste de salida, trabajo ahí cerca). Quizás por eso todo me parezca tan nuevo, esto del mundo exterior, y blablero.

Supe que te recibiste, y me puse muy contento. En serio.

En fin, beso,

A.

III
Hola. Solo una pregunta: te parece que nos veamos un día? No hace falta que sea ya, ni mañana. 

IV
Me imagino que sí.

V
Hola, entonces, creo que podemos? Me viene bien el martes, que estoy evidentemente cerca de tu trabajo. Podemos ir por Plaza Serrano, que nos gusta a los dos. Te parece?

How to meet M.

Le dije:

- Hola. Creo que no te conozco, soy Jonathan, del quinto piso.

- Hola. Michelle. Encantada.

- Buen día Michelle. Tienes un muy buen pin de Snoopy.

Se ve que le había quedado en la remera sin darse cuenta, pero me sonrió y rápidamente se lo sacó. Me pregunté si sería fanática del dibujito ese. Le devolví la sonrisa con un lamentable guiño de winner que ojala hubiera podido evitar.

Por otro lado, me comentan siempre que yo hablando en neutral sueno tremendamente estúpido.

Ese mismo viernes la crucé en el after office, "momento de distensión" de la comunidad laboral. La noté bastante rápida, pues se encargó de saludar a todos los gurús de nuestra tan preciada institución. Yo estaba acodado en la barra cuando alguien me tomó levemente del brazo, ella.

- Hola Jonathan, ¿cómo le va?

Me reí un poco por la formalidad, me pareció encantadoramente inocente. Compradora.

- Me puedes tutear, y me puedes decir Jon.

Hablamos dos minutos de qué le parecía el lugar, y me confundió con el gurú master de mercadotécnia.

- No no, ese es mi jefe directo. Aún no tuviste el placer. Probablemente, por lo arisco que es, jamás lo tengas...

Y así fue cómo we hit it off

Cruces

I
Conocí a Michelle en un momento particular de mi vida: me encontraba desmotivado por la monotonía de todo. Esa monotonía que uno genera casi sin darse cuenta, atrapado entre esos intentos de salirse de la rutina que no son más que movimientos toscos.

Ella era una mujer común. De hecho, no recuerdo la primera vez que la vi. No le di pelota, no me llamó la atención, nada, cero. Y sin embargo un día, sentado en el 100 Montaditos, almorzando, apareció ella. Su cara me resultaba familiar, pero no lograba encajarla en mi memoria.

No sé por qué me fijé en ella ese día, la verdad. Llevaba una pollera negra y una remera violeta. Tenía una vincha que le toraba toda su cabellera para atrás, ese pelo castaño claro que tan bien le quedaba con sus ojos marrones.


Llevaba unas 38 horas sin dormir, y en medio de la crisis de vida que eso te genera, decidí ir hacia ella a hablarle. Me acerqué, para iniciar una conversación.

- Sí, te he visto en el trabajo -  me contestó ella-.

Me quedé pensando cuándo demonios me la había cruzado.

II
- Sí, contame Solange.

- Bueno, doctora, verá... Es llamativo, pero desde nuestro petit voyage a Toulouse, la relación entre Bayton y mi persona había quedado rara, como que hallábamos más roces. Justo íbamos a ensayar, y yo estaba particularmente inquieta porque quería mostrar algunas canciones, y sabía que él en particular era muy nulo para demostrar cualquier tipo de aprobación por cosas que no fueran ideas de él.


- ¿Te preocupa lo que él piense de vos?

- Es mi amigo, es normal, ¿no? Mostré una base en re y sol, con estribillo en la y mi. Algo sonaba conocido, según mi querido guitarrista. Y entonces Bayton cantó un poco de Everybody hurts, y me quise ingresar a mi propia muerte, porque estaba presentando un plagio y yo estaba re confiada en eso.


- Claro, entiendo. Lo tenés en estima porque lo considerás un buen músico.

- De hecho, él mostró uno de sus ya conocidos montajes que no tienen estrofa uniforme, y que adicionan capaz de cosas y arreglos. Nos resultó agradable, pero no sé. Me resultó predecible. Pero por otro lado, me gusta.

- ¿Él?

- No, no, lo que nos mostró me gustó.

- Arrancaste diciendo que sentís la relación rara, que vos querés que sea todo como antes. ¿Pensás que él siente cosas por vos?

- No sé. Es como si ahora, cuando lo veo en el ensayo, viera a otra persona. También, la relación entre él y yo está más tensa que antes, yo la siento más tensa.

- ¿Él te dijo algo que no te gustó? ¿Qué cambió en el trato con él?

- Mmm, bueno, ahora cuando chateamos tarda mil años en contestarme. Antes no era así. Y cuando le muestro algo que hice yo, no se muestra muy efusivo. Está hipercrítico con todo, como si tuviera una idea de lo que es la excelencia musical, así, pura.

- Soberbio. Bueno, quizás lo que pasó entre ustedes no tiene nada que ver. Sino que él tiene una etapa en su vida así, en la que trata de aceptar ideas de los demás, pero eso choca con su natural concepción de las cosas. Me da la sensación de que es más una impresión tuya lo "rara" que está la relación ahora.

- ¿Si?

- Sol, digamos que no hizo nada en particular que indique que está enojado, molesto o dolido contigo...

III
Fue luego de la oficina que nos encontramos con todos a tomar algo. Ahí estaba ella, Michelle, un tanto alegre por unas copas de más que había tomado: champán, apoyaba su cuerpo contra la pared mientras un puf la sostenía desde su bastante lindo trasero.

Al dj se le había ocurrido utilizar luces locas de color rosa y violeta, y todo me parecía sugestivo. Mi vida era sugestiva, porque estaba a un día de conocer a... esa que no recuerdo el nombre, pero que era bonita y simpática. Pero en ese momento, Michelle así, medio borracha, y yo, en claro ataque de revolución industrial. Me costó dos pasos acercarme a hablarle, sentarme junto a ella.

Estuvo bueno porque me dijo cosas que no sabía: que escuchaba heavy metal y que estaba a punto de recibirse de diseño audiovisual. ¿Por qué recién tanto tiempo después llegué a conocer estos detalles? Evidentemente me había enfocado en otras cosas, como saber de su familia o su libro favorito (Rayuela).

Me sentí que la iba completando, y que más me gustaba.

Ella me preguntó qué hacía específicamente, cosa que odio responder. Con algún chiste me tomó de la mano, se reía. De repente alzaba la voz, llamando al fotógrafo. Las luces le coloreaban la cara. Y me acerqué nuevamente a ella, aunque no era el momento adecuado.

Al rato, saliendo, me lo dijo...