I
Entra caminando Jim Bentham. Viste una camisa negra y pantalones negros, lleva un cigarrillo apagado, nuevo y sin fumar, en la boca. Se detiene en el medio del escenario.
Bentham: ¿Qué es la verdad? Bah, mejor, vamos a una pregunta que parece no ser la misma, pero casi casi que lo es: ¿A las personas les interesa saber la verdad?
Deja caer el cigarillo de sus labios. Con un breve ademán del pie, lo pisa. Como si lo apagara.
Bentham: Creo que lo dije hace poco, en otra ocasión: hay momentos en los que uno dice la verdad, que es veraz y legítimo con lo que dice, pero que sencillamente la otra persona no le cree. ¿Por qué es eso? En reiteradas ocasiones se ha contado aquí situaciones ficcionales, cosas que no eran pero eran, de alguna forma. Ya sé que no lo van a hacer, pero lean Historia de la sexualidad II, o El gobierno de sí y de los otros, y...
Se detiene, problematizado. Acaba de descubrir que se fue por las ramas mencionando algo totalmente anecdótico e innecesario.
Bentham: Perdón. Lo que quiero decir es que no importa cuán veraz sea lo que decimos, en ocasiones puede darse que no nos crean. Son esas ocasiones en las que la evidencia incluso atenta contra la verdad. Por otro lado, las personas muchas veces eligen creer lo que les sea más cómodo.
II
- Epa, dónde estuviste todos estos días - dijo Michelle-, mientras me saludó.
- Enfermé. Mucho.
- Sí, no te veo como... - dijo, mientras observaba el calendario colgado en la pared-. No te veo desde el jueves.
- Yo también conté los días en que no te ví. ¿Me extrañaste?
Ella se sonrió sin mirarme.
Yo comencé a no entender nada oficialmente, porque viste que se te disparan cosas, ideas, imágenes, tendencias, cercanías.
- No me digas así - dijo ella, entre molesta y risueña, si es que existe eso-.
- Igual, podemos ver de solucionar eso de extrañarnos. Discutámoslo durante la cena.
Me observó casi seria, ya sin risa.
Me fui alejando por el pasillo, caminando para atrás, mientras le seguía hablando. Era un gesto: me quería quedar con ella, pero debía irme.
Ya sabían que obviamente, el apellido de Michelle es Foucault, ¿No?
III
Continúa Bentham hablando:
Bentham: Ya les hablé de la Pharresia, ¿es verdad? El hablar franco, que implica un involucramiento tal de uno con lo que dice, se une tan íntimamente con sus palabras, y por ende, con quien las escucha.
Pausa. Bentham observa detenidamente a algunos del público, los interpela con la mirada. Los ve, sabe que están ahí.
Bentham: La pharresia es un acto de honestidad con uno mismo, pero es importante ante el otro que ese acto de honestidad con uno mismo ocurra. Es la confianza mas íntima, es una demostración de lo caro que el otro me resulta.
Mira el cigarrillo aplastado. Un gesto de preocupación le transforma la cara.
Bentham: Y sin embargo, ¿puede la otra persona ante un acto de pharresia negar ese decir veraz? Ha ocurrido, créanme, más veces en la historia de las que estamos dispuestos a reconocer.
IV
Ah, mierda. ¿Saben de qué me di cuenta? Cuando me separé me sentí tremenda hija de puta. Cualquier cosa, terminé haciendo cualquier cosa. Y yo tenía un hogar, ocho años de pareja, tres de convivencia.
El problema es que cuando no reconocés las cosas vos, cuando no te das cuenta de lo que realmente te pasa, de alguna forma todo eso surge. Yo no reconocí que no era feliz en mi relación hasta tarde. Tuvo que pasar la crisis, encontrarme teniendo un affair con otro, para darme cuenta.
Una se manda cagadas. Me sentí flor de hija de puta. Y luego de eso, ya con mi ex mudado y viviendo en otro lado, descubrí eso: no lo hice por mala, sino por confundida, por equivocada. Y no se trató de una equivocación de cabeza dura, adrede.
Hay cosas que a uno le pasan, se los juro. Sartre dice que uno es responsable de las decisiones que toma. De acuerdo, pero ¿nunca les pasó que en verdad sienten que las decisiones lo toman a uno?
En la confusión una se mete en más líos, termina en una de esas, involucrada con más gente. Además, empiezan a decir de vos que sos cualquiera, que sos una puta, que sos una mala mina, que...
A mi eso me mata. Él, otro él, me dijo que no me preocupe por lo que dicen. Pero que sí, que piense, porque mis acciones tienen un peso.
Él, otro él, no mi novio de ese entonces, me pareció tremendamente tierno. Le propuse de todo, sin darme cuenta. Vení a casa, tomemos whisky. Le terminé pidiendo disculpas, vía mail, como una cagona porque no me animé a decírselo en la cara.
Ese otro él era el ex de mi hermana. Aterrada quedé de que se entere. Tanto que pensé en autodenunciarme, porque ya tenía tantos quilombos en la cabeza.
Todo eso le puede llegar a pasar a una mujer buena cuando se equivoca, y se engaña a sí misma sin darse cuenta. Él, otro él que no es el que mencioné recién, sabe todo esto que conté y me dijo que aún así soy buena.
V
Bentham: En mi caso personal, ya conocen parte de la historia. En definitiva, Rousseau no aceptó jamás mi versión de la historia, por más que yo sepa que es verdad.
Camina para un costado, sin mirar al público. Como paseandose, de aquí para allá.
Bentham: El problema de esto que les menciono es que, por más que uno sea franco con uno mismo, la pharresia -sostengo yo-, siempre la completa un poco el otro. Ocurre de tal forma, que se nos genera un problema, porque nosotros tenemos que justificar, entiendase casi fundamentar y probar, la franqueza de nuestros dichos.
Se detiene, gira la cabeza para mirar al público.
Bentham: El orden de lo probatorio, de la evidencia, pone en cuestión al decir franco, porque le exige algo, una manifestación empírica externa (es decir, no íntima), que lo sustente. Allí ocurre la crisis.
VI
Hay una serie de indicios. Me escribe diciendo que baje a saludarla, que no sea mala onda. Contó los días que no me vio. Arreglamos para salir, me pone hasta pretensiones de cuál obra ir a ver.
Pero a su vez, la empiria contraria: otro día le digo de ir a cenar y ni me contesta, cuando logro besarla me niega y me rechaza. Un día me sonríe cuando la apuro, al otro casi se ofende porque le dije "bonita". Le comento algo de mi vida y se mete, se enoja hasta si no quiero hacer lo que ella sugiere.
Me entré a preguntar qué trauma tendría esta chica. Pronto, más evidencias sobre este peculiar caso.
VII
Bentham: Con esto no digo que no hablen de forma franca, sino que con mayor urgencia recurran a ella, y reconozcan y reciban también la pharresia ajena, aprecienlán como el esplendor que es.
2 comentarios:
"El problema de esto que les menciono es que, por más que uno sea franco con uno mismo, la pharresia -sostengo yo-, siempre la completa un poco el otro."
Me gustó eso :)
Grax. Eso lo puse yo, pero debería volver sobre El gobierno de los otros, que seguro algo así dice MF.
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