Vital

lunes, 23 de abril de 2012

De a poco vuelve el apetito, como si las funciones vitales fueran lentamente haciéndose notar. Como si el cuerpo pidiera permiso, casi, para comenzar a ser una vez más. Oh, es que, quizás no lo hayas notado, pero estos últimos tiempos no estuve... no estuvimos... no estuviste.


No es que no quisiera, o quisieramos, o quisieras. Creo tanto en la coincidencia como en las asincronías. El tema es que jamás había vivido una tan grande, tan despojante, tan desoladora. Me doy cuenta de que te perdí mucho antes, hace tiempo, en las antípodas...

Es tremendo renunciar a algo que ya perdiste. Porque tenés la ilusión de traerlo de vuelta, o peor, de retenerlo. Pero no se trata más que del corazón traicionándote. Mientras, lamentablemente, la razón se queda con una victoria: todos somos profetas hablando de tiempo pasado.

Ensayé al menos sesenta respuestas para vos. Siempre terminé borrándolas, tirándolas, deshaciéndolas. Porque no encuentro las palabras. Todo esto me falla. Me doy cuenta que hablo mal: digo las cosas que no importan, y borro las sesenta respuestas que quizás ameritarían ser dichas.

Es que yo no entiendo. Es que yo digo cosas, pero no, en verdad no digo nada.

Necesito de las caricias de ella, para olvidarme un poco de todo. Ella sabe su rol: es una médica. Sabe que no digo nada, sabe que no puede conocer nuestra historia. No pregunta, pero no porque no le interese, sino porque sabe que no es su lugar. La médica receta, se mete en los hábitos del paciente, pero no en la vida.

Eso. Los médicos no se meten con nuestras vidas, ellos sólo ven el cuerpo.

Cuerpo y vida, ¿no eran lo mismo? Bios, Zoé. Depende a quién se le pregunte. Mi cartesianismo me mata, te lo juro. Ella ni se da cuenta. Vos, lo conocés tal como yo: una filosofía que repudiamos pero no podemos dejar de replicar. Incrustada en la piel.

Pensé en vos el otro día. Mi vida cambió, por tu culpa. Me pregunto si a veces sos consciente de eso. Y ya sé que no me acerco ni en sueños al hombre que vos querrías que yo fuera. Soy como una foto para vos.

Creo que escribí, en alguna canción, algo así como "¿Por qué continúas haciendo oleajes en mi living?". Oleajes. No se sabe exactamente desde dónde vienen, o por qué, pero están. Y te desordenan todo.

Después, revisando, a medida volvían otros signos vitales como por ejemplo la curiosidad, las ganas de leer o recitar un poema, encontré que apareces en varias referencias de cosas que yo he escrito.

Por ejemplo: ayer me peleé con ella (otro tema, otra persona, otra "ella", pero no te voy a contar eso ahora) porque quería cambiar una letra de una canción. Y pensé por qué me molestaba tanto que quisiera hacer eso. Me di cuenta que toda esa serie de balbuceos incoherentes describen cómo yo me sentí acerca de nosotros durante cierto año de nuestras vidas algo especial, no el mejor, pero sí especial.

Y viste cómo son los signos vitales, ahora escribí esto y me parece una mierda.

Intensión / Astucia / Disonancia

miércoles, 18 de abril de 2012

I

Da. Da vueltas como una especie de trompo que no se decide a caer. ¿Y qué te importa la suerte, entonces? Como algo que tiende, pero que no llega. ¿Saben cuando se entiende en todo su espesor el concepto de merleaupontiano? Ahora les cuento.

Si las cosas se cayeran. Hay un problema no menor, y no es la fuerza de gravedad. Es la incapacidad de astucia. Porque las cosas fáciles tienen sabor a chicle usado: ya sabemos como son, ya nos aburrieron. Pero la astucia...

¿Y si te dijera que no la entiendo? A ella y a la astucia. A la primera por ser ese stereo disonante de "si" y "no" a la vez, uno por canal izquierdo, el otro por el derecho. Y a la segunda, por aparecer justo cuando bajo la guardia, cuando me relajo.

Ella es astuta y disonante.

Porque supongamos, ella es lo suficientemente astuta como para llamarme la atención, pero disonante al caer en el más pleno silencio. A y B a la vez. El gato está muerto y vivo al mismo tiempo.

Entiéndame, señorita, yo soy un ser simple: manejo sólo categorías binarias, sí o no, blanco o negro, encendido o apagado. Me he encontrado con los grises, con los "nis", con los disfuncionales. Pero con un sí y un no en paralelo, jamás.

Entonces cuando ella llega a casa la próxima vez, llega perfecta. Nada que ver con la vez anterior: sin vodka, como una perfecta aprendiz. Es distante, sin ser un freezer.

Eso es completamente disonante con su parrafada de mensaje de la noche anterior, en el que me quería. Y la semana antes: salgamos, dale. Este viernes, dale. No puedo al final, pero el domingo veámonos. Y el domingo probablemente no te conteste al final. Y bueno.

¿Ahora? No le tomo la mano por no iniciar algo en lo que no creo, por no dar pie. Que ella inicie y yo acompaño. Es un mal hábito que tengo. Me lo han cobrado en reiteradas oportunidades.

Y ella, tan protocolar esta vez, me pregunta qué opino de lo que escribió. Como si yo supiera. Sí, está bien, le contesté. Yo escribo cosas más políticas, o más sociales, o más pop. Ella escribe sobre filosofía y metafísica.

Me dijo que quería retomar una canción, pero que prefería reescribir la letra. Me miró aterrada, sabía que me estaba atacando. Pero evidentamente no podía evitarlo, vaya a saber cuánto tiempo lo llevaba guardando. "Prefiero no volver a tocar esa canción nunca antes de reescribirla", contesté lapidariamente.

Le hubieran visto la cara.

Se levantó medio rara, sacó de su mochila otra tanda de papeles. Buscó y buscó. Me dio una hoja y me dijo que le gustaba eso pero que no sabía qué hacer. ¿Cómo te lo imaginás?, le pregunté. Me aportó invaluable información con un "no sé".

Fue tras unos diez minutos de silencio que nos miramos. Y ahí estaba, la intensión. No me di cuenta, pero la miré queriéndola mucho. Fue como un lapsus. Ella me miraba, pero estaba en otra, de vez en cuando revisaba sus papeles: no buscaba nada, no leía nada.

La intensión como esa tendencia que es sólo clara en el contexto, que es indicada con el cuerpo completamente honesto. No con el explícito eh, digo con el honesto, ese que realiza los accidentes y aqueja a los torpes todo el tiempo.

Pensé en decirle algo, alguna referencia. Luego pensé en acercarme. Nada, era sólo intensión. Porque el problema es pensar: me acordé de sus sis y nos paralelos. No supe qué entender, qué leer. Me saboteé: ¿le importo? Tres carajos, concluí. Llegué a ese resultado no por análisis, sino por falta de astucia.

II
Vos pretendés las cosas fáciles, piscuí. El problema es que a vos de chico no te hicieron remarla. ¿Sabés lo que es encarar con esta jeta? Pero por favor, vos no hiciste méritos para que una mina así te de pelota.

Fijate un poco, estudiala un poco. Y si, la piba te va a decir que sí y que no varias veces. A mi me han dicho que no varias veces seguidas, te digo. Y con algunas terminé enfatado después. Así que...

Y con eso de ponerte a pensar en el momento clave, si te va a decir que sí o que no, sos un boludo. ¿Qué sabías? Es cuestión del momento. Y en el momento te juro que no tenías que pensar, tenías que hacer. Ha-cer, de la hache hasta la erre.

Te lo digo con cariño, no te lo tomés a mal eh: vos estás acostumbrado a que las cosas sean como vos pedís. No sabés lo que es ganarte a una mina, vos sabés lo que es conquistarla por accidente, no por laburo.

Por accidente, me decís. Nunca te habían definido tan bien.

Los Idiotas

I
Pasamos un cartel que anunciaba: Carne argentina. Argentinian Beef.

Restorán ladri, le digo yo.

- ¿Estás seguro que es por acá? - le pregunté a Bayton mientras mis manos se cansaban aún más al volante.

- Psss. Que sí, te digo.

Las calles de la ciudad me resultaban desconocidas totalmente. Eran las dos de la mañana, todo cerrado. Nadie en la calle, y nosotros buscando el puto hotel.

- Para mi que era para atrás, suponete que cuando vinimos atravesamos toda la ciudad.

Una noche de invierno es linda cuando estás adentro de tu hogar, o de cualquier lugar tomando un trago. Pero dando vueltas en un auto, con frío, y sin saber exactamente a dónde vas, no está bueno. Y peor es si encima al otro día te tenés que levantar a las siete de la matina.

- Acá doblá a la izquierda.

Doblé. Obviamente, no encontré el hotel al doblar la esquina.

- Odio a estos junkies de mierda - dijo Bayton mientras un tipo desde la vereda se abría el sobre todo y nos mostraba drogas -. A veces creo que esta ciudad se irá al demonio.

- Es la recesión - contesté -.

- No. Antes de toda esta puta crisis también estaban. Había menos, lo que quieras, pero estaban. Hey, doblá a la izquierda, ¿quieres?

Odiaba que me hablara en acento español, como si de repente recordara que tenía que hablar así. Doblé a la izquierda, para encontrar una plaza. Por aquí no es, pensé. En esta dirección vamos alejándonos del centro, esto es una mierda.

- Te juro que creo que es para el otro lado.

Bayton ni contestó. Estaba ocupado anotando notas, mientras canturreaba algo. Solía ocurrirle: cortar cualquier actividad en la que estuviera involucrado para escribir una melodía que se le había caído de la cabeza. Por eso llevaba ese anotadorcito.

Seguimos por la calle, oscura como pocas en la ciudad. A lo lejos vi la rueda de la fortuna. Efectivamente, nos estábamos dirigiendo a la salida de la ciudad.

- Bueno, a la izquierda ahora.

Refunfuñé pero le hice caso, porque la verdad que no estaba seguro. Iba lento, como si no quisiera llegar. Era paradójico, pero el tema era que le tenía pánico a la carencia de semáforos.

Recordé que en avenida Antonio Gramsci, paradógicamente, solamente se puede doblar a la derecha, ya que de la izquierda está el puerto. No sé por qué pensé eso.

Jon me contó dos minutos sobre una chica con la que estaba saliendo. Para variar, estaba seguro de que no estaba seguro. Me mostró una foto, tenía cara conocida, lo juro. Pero el nombre no me sonaba ni a palos.

- Bueno - se interrumpió a sí mismo Jon -, acá dobla a la izquierda.

Doblé, hicimos una cuadra. Un cartel que anunciaba: Carne argentina. Argentinian Beef.

- Pelotudo, nos hiciste dar la vuelta completa, ya pasamos por acá.


II
Le cuento que si bien el trabajo me absorbe un poco, estoy contento: desde hace dos años que la empresa no para de crecer. Me miro en retrospectiva y me siento seguro, sé como manejar reuniones, cómo liderar gente, en fin.

La doctora asiente, me mira. Me escucha.

Le comenté de la pelea con mi hermano, por guita. Ahí creo que me fui por las ramas, le hablé de mi teoría de las relaciones familiares. Digo, cuando hay quilombos de plata en verdad yo creo que se están pasando otras facturas, como "mamá siempre te quiso más", "en 1983 no viniste a mi cumple", "a vos te daban más mensualidad que a mi", etcétera etcétera etcétera.

Volví a terapia hace unos meses ya, y siempre la doctora me escucha, me dice que me ve mejor. Estamos reduciendo las dósis de medicación, y por lo general termino la sesión optimista. Más allá de los pormenores.

Me preguntó por mi novia. Le dije que estábamos bien, que el fin de semana pasado habíamos ido a una fiesta de casamiento. Estaba tan roto esa semana, que tuve que faltar a esa sesión (le avisé 24 horas antes, no quiero jugar con el tiempo de la doc). Más allá de eso, le dije que me sentía seguro, más tranquilo que hace, digamos, cinco meses.

Luego, la doctora me preguntó por mis amigos, sobre todo por el Chelo, con el que había tenido un encontronazo medio a las piñas que me angustió un poco. Pues lo conozco desde que teníamos cinco años, vieron. Cuestión, que eso le dije que no lo tenía hablado, que seguíamos amigos así, arreglados y todo, pero nada. Me recomendó hablar con el Chelo, para esclarecer un poco el asunto.

También me dijo que reiniciara mis estudios teatrales, pero que chequeara antes que no fuera el método Stanislavski.

En un momento hablamos de las vacaciones. Yo le comenté que había lamentado mucho - quizás en exceso - habérmelas perdido por cambiar de trabajo. Me sentía cansado, vieron. Y la verdad que por más que un nuevo trabajo te renueva, es traumático y encima eso: te quedaste sin descanso.

Al salir de la sesión me sonreí, agité el puño cerrado.

- Tonta la psicóloga, jajaja - reí -. Corté con mi novia hace cinco meses y no se da cuenta.

La musique

viernes, 13 de abril de 2012

I

Es un 12x8, basado en la y re, sencillo, con una cadencia folky. Está pensado para ser ejecutado en charango o ukelele:

I was walking so tired
I escaped so many fires
Your view just made me stop, oh
Marseille

Can we dive in the sea?
And she'll run into me
We'll share a laugh, as we hugh Marseille




II
Usualmente el proceso de composición de una canción se inicia con una melodía x, que aparece en cualquier momento. Usualmente ocurre cuando no estoy en casa, so, lo difícil es recordarla hasta tener la guitarra cerca.

En escasas ocasiones ocurre que, por reglas memotécnicas, puedo sacar la secuencia de notas mentalmente.

Algo que inventé, para facilitar la recordación, es pensar un fragmento de letra. Esto es doblemente beneficioso, ya que en muchas ocasiones me ayuda a anclar el tema del que quiero hablar. Esto usualmente ocurre en inglés, por lo que posteriormente me veo forzado a traducir.

Según la canción, el proceso puede continuar más o menos difícil. Pero digamos, es básicamente esto: se me ocurre una melodía en cualquier parte, la completo en mi casa.

Este sistema me trajo conflictos con Solange, quien decía que precisaba espacio para sus ideas, que tenía muchas ganas de escribir y que mi personalidad acaparadora no se lo permitía.

III
Otra, pero esta en guitarra: La, Mi, Fa sostenido, re, sería la base de la estrofa. Una secuencia en re. El estribillo es una reestructuración de la estrofa, me da todo igual. No sé que hacer con esto:

Honey would you pass me the wine?
Just another glass, and i'll be intact
As someone comes in your eyes fade
Out just for her

Honey would you speak loud n clear?
Tell me what you want, is it far from here?
I spent to much time trying my best
And I'm not free

IV
Fua una vez que nos juntamos para ver un par de canciones. La convencí de que quizás podíamos colaborativamente llegar a algo, le dije que tenía cosas a las que no le había puesto ninguna letra. No era que estaba recontra convencida, pero bueno, algo era algo.

Ibamos a ir a su casa, pero por alguna razón de la historia del universo colaretal derecho o izquierdo, terminamos en la mía. Y entre una cosa y la otra, no nos juntamos a las cuatro, como era la idea original, sino a las siete.

Porque ella tiene el hábito de llegar tarde.

Había comprado unas Chips Ahoy en el Carrefour de dos cuadras antes, que está cerca del George n Dragon. Yo me encontraba deslucido de la noche anterior. Cuando llegó a casa, iniciamos bien, toqué un par de piezas, ella escribió un par de cosas en un anotador mío, porque no tenía un cuaderno o algo de eso que tenemos los que nos dedicamos a escribir cosas.

Si bien era lógico que se iba a quedar a comer, dada la hora a la que habíamos arrancado, no era lógico que pensáramos en comprar un vodka. Eso era un indicio de que ninguno de los dos tenía planes reales.

La idea de terminar la noche en el George no me parecía nada mala, total, yo podía tomarme unas Becks mientras ella pedía su White Russian.

Antes de eso ella ya se había puesto cariñosa. No entiendo si fue pre meditado, o era el alcohol que le pegó rápido.

Seguridad horrorosa

jueves, 12 de abril de 2012

I

El tren me está sacando de la ciudad, extrayéndome de ella no sin algo de incomodidad. Por la ventana veo el Mar Mediterráneo que se mueve en sentido contrario al mío. Me faltan nueve horas en este tren, y aún así no habré llegado a casa.

La verdad, muy lindo todo, pero juro que prefiero los Renfe. Llegan a horario.

Hablé con ella por teléfono desde el hotel, antes de salir. No le conté lo de Saint Nicholas, ni que yo y Jimmy tuvimos un encuentro. ¿Para qué? Además, de alguna forma, fue accidental.

Desde que me subí a este vagón que pienso lo mismo: mi relación con Jackie tiene fecha de vencimiento, pero no sé cuando. Pero la tiene. No sé qué tiene que ver todo esto que ha ocurrido recientemente, pero así me siento. Lo siento con una seguridad tan fría como horrorosa.

Pensé en bajarme en Toulouse, visitar a Solange. Total, acá no les importa un corcho qué boleto tenés. Estos franceses no respetan nada, no tienen nada de que jactarse frente a los italianos.

El Mediterráneo se ve genial de noche. Aunque prefiero verlo desde Barcelona, donde al menos si a uno lo tratan como se debe. Y le contestan en un idioma medianamente audible. Y le sirven unos montaditos como corresponde.

Sin demasiadas luces, el oleaje es evidentemente espléndido.

II
Yo no las entiendo. O sea, para qué me dice siempre que no puede salir pero luego lo remata con un "hablamos para la semana que viene". Es el peor no que me han dado en la historia.

He de decir que esta relación empezó así, con mi persona personal no entendiendo demasiado qué quería o no quería esta chica. Porque era un ni, o un so, pero no un no definitivo o un sí definitivo.

Fue luego que aprendí que en esos casos, hay que ser paciente y dejarlas elaborar mejor su discurso. Porque la cantidad de variantes para tales casos puede ser insólita, desde que no saben efectivamente cómo decirte que no, hasta la estúpida idea de que haciéndose las difíciles les irá mejor.

Lo que me acuerdo, entonces, es que le dije de salir como cinco veces. Que pim, que pam. Y a la hora de los tantos, siempre algo le impedía siquiera contestarme un puto mensaje.

Hasta que un día, con esa seguridad horrorosa de la resignación le hablé, total esperaba un no. Efectivamente, me contestó nuevamente algo así como "hoy no puedo, pero el finde que viene hablamos". Le dejé de hablar.

Lo gracioso fue que una noche, varios tiempos después, reapareció ella. Me reí cuando leí "Hola, cómo andás? Tanto tiempo...". Me reí porque creo que todo lo real es ridículo, poco creíble pero pasa, y que la ficción es una realidad insensible para que no nos jodamos tanto.

Quizás más avispada, quizás con más tiempo, quizás totalmente random, pero ahí recién, como un mes y medio después de que la conocí, logré salir con ella.

III
Hola, sí. Mirá, nuestra relación está un poco rara desde que me hiciste una inspección de amígdalas con tu lengua. Eh. Te odio un poco cuando te hacés el cara rota, el horror de esa seguridad falluta. No te digo que me ames, ni que nos casemos, pero "holaaaaaa", ¿es mucho pedir?

IV
Lo sigo elaborando. Sé que seguro ella les dijo eso de que soy filosóficamente un merleaupontiano, pero un cartesiano en la práctica. Bueno, no lo tomen tan así. Ella entendió cualquier batata. Cuando hablo de ecuaciones, hablo de formas de comprender las cosas, no de las cosas.

Ya sé que no se entiende, es que estoy escribiendo la teoría. Pero les juro, por mi abuela y todos mis discos, que funciona. Por ejemplo, analizando una sumatoria de reacciones en la historia de chica x, les juro que lo logré. Mas o menos, digamos, implementé esa seguridad horrorosa del que tiene cierta pericia cuando sabe que va a mandarse una.

Hay varias cuestiones, obvio. No es que la teoría esta vuelve transparentes todas las relaciones. Sino que ayuda a trabajar sobre problemas que uno tiene en el presente.

En una de las cosas que creo fervientemente es en el reset: cuando no venís tan bien, borrate un tiempo. Durante ese rato que no le hablás, replanteás tu estrategia. Y cuando vuelvas a hablarle, tiene que ser bastante diferente tu tono, probablemente los temas varíen también.

Cuestión, que uno tiene una persona a, en estatus a. Uno pensó que b resultaría, o sencillamente le surgió b, o bla. Al retorno, es otra cosa eh. Nada de volver a la carga con lo mismo. La insistencia sirve quizás para el garche fácil de boliche, según la piba. Pero estamos hablando de otra cosa totalmente diferente, manga de depravados, lean con atención: esto es en se rio.

V
Cuando la encontré, estaba como si nada. Era como si nada hubiera ocurrido. Todo estaba atrás. No me lo creí al principio, pensé que estaba locamente enamorada de él. Pero yo que sé, no me voy a poner a interferir en todo eso que hicieron.

Me importaba estar con ella, darle tiempo. Por otro lado, yo no estaba seguro de nada, como dije. Más bien, lo contrario. Tenía una tranquilidad apabullante. La tranquilidad de que nada resultaría.

Es raro estar tranquilo porque se está condenado. Creo que es el hecho de que no haya incertidumbre: la condena está. Entonces, cuando estás entregado sos un poco más libre, hacés más lo que te da la gana.

Digo, si a un tipo le decís que lo van a matar en dos años, se dedica el resto de sus días a vivirla. Bueno, así me sentía yo con la relación. Una seguridad horrorosa.

Cinicos

martes, 10 de abril de 2012

I

El puto despertador cacareaba como nunca en su vida, lo que había provocado en mi un sobresalto, un ritmo cardíaco de 120. Estiré la mano de entre las sábanas y le pegué un tortazo. Las palpitaciones me hicieron acordar a aquella mañana en que murió mi madre.

Pensé en apresenciarme en If, charlar algunas cosas con el famoso JB, aunque ella no quisiera.

II
No crean, por favor, que yo respeto esa filosofía de folletín como lo es el conductismo. No señores, yo hablo de cosas serias. Cuando planteé, en algún momento de esta saga, mi teoría de las relaciones, lo dije claramente: unidades discretas que se afectan mutuamente. Estados que se entrelazan con estados. Porque las personas son unidades, les guste o no. Pero la interacción, esos ases de relaciones que se tienden para todos lados, modifican todo continuamente.

De ahí, pensé en poder establecer una serie de ecuaciones, de las cuales las fórmulas más divertidas eran Persona A (en status A) + Persona B (en estatus B) = X/sAsB.

No entienden nada, lo sé. Trataré de ilustrar: cuando digo Persona, es efectivamente lo que es: una persona. Lo nomenclo A, B o como quieran, sólo para darle una distinción. Ahora, el "status" es un cierto momento, más o menos discreto. Supongamos: stress laboral en el caso de A. Y para B... embarazo, como quieran.

Esa serie de factores va a dar un resultado, que será una X (acá sí, me he encaprichado en nombrar X una cnojunción de A y B. Y los status, que se modifican mutuamente.

Ecuaciones, gente. Porque a tanta ciencia blanda le hacen falta un par de números, unidades discretas, separar personas de momentos, o separar los sustantivos de los adjetivos.

III
Cuando llegué al Chateau, J. se paseaba por la entrada, como si me esperara. Odié eso.

- Bayton, hola. Al fin nos conocemos -dijo él, tendiéndome la mano-.

- Hola. Perdón, pero ¿cómo sabés mi nombre, cómo sabías que venía?

- Oh - dijo, mientras un ademán de manos me invitaba a subir costa arriba, al Chateau-, no te lo tomes a mal, pero ya averigué un par de cosas.

No había forma de que no me lo tomara a mal, pero quería comprender un poco las cosas. Decidí to play along.

- Mi pregunta es, ¿qué te trae a vos acá? Seguro que ella no sabe que viniste. ¿Fuiste a las playas? Son hermosas, todos envidian la réplica del David ese. No sé qué le ven.

- Vine para entender por qué vos significás tanto para ella, pero a la vez, sos una memoria. Como un fantasma, una recuerdo vivo.

- ¿Acá pretendés responder semejante cuestión? Equivocado estás, nada de eso. Son cuestiones que quizás, si ella te deja ingresar, te detallará mejor que a mi. Juro que no estás en el lugar indicado. Ahora, también, creo, que no me dijiste el verdadero motivo.

Lo miré extrañado.

- Yo creo que viniste para ver quién soy. Así, más allá de la explicación esa que mencionaste, podrás saber en quién se fijó ella.

Tenía algo de razón.

- Bueno - continuó - verás que no soy nada del otro mundo, que sencillamente me dedico a estar aquí.

- Sí, ella comentó que te gusta ser impreciso, por más que seas un fan dogmático proclamado de la ciencia occidental, racional e iluminista.

- Ella me acusa de sus dolencias, verás. Si el día de mañana ella decidiera volverse budista, seguro yo tendría algo de budista. No porque sea así, sino porque ella acomoda su discurso a una mimesis que precisaba que tuviéramos.

Las gaviotas nos siguieron hasta entrar efectivamente al Chateau. Me di cuenta de que él se estaba pavoneando. Quizás él se sintiera en la necesidad de reafirmar su hombría ante mi, esa nueva amenaza que había aparecido de vaya a saber dónde.

- Si lo precisás saber, ... Bah, me hace bien decírselo a alguien. Ella cree que estuve con otra, diagramó una fábula al respecto. Lo peor es que yo, en un error logístico de mi parte, dejé evidencias que apuntaban a ello. Digo, error logístico porque evidencia son entre comillas, porque no hice nada.

Ahí entendí el murmullo de Jackie: "uno más uno tres. Multiply".

- De tal forma, ella se buscó un amante. No quiero desalentarte, pero quizás seas uno de ellos. Cuestión, que toda la crisis me llevó a mi a tener mis affairs. Pero yo los tuve de deprimido que estaba, no de fabulaciones como la de ella.

- Y el problema surgió -completé la sumatoria- en que finalmente ella tuvo razón. Generó las condiciones para poder acusarte de estar con otra.

Asintió con la cabeza, mientras paseábamos por las recámaras del segundo piso. Me llamó la atención que uno de los calabozos tuviera parrilla.

- Te juro que esta guerra no tiene ni pies ni cabeza. Y vos estás en el medio, así como así. Cuando me enteré de tu existencia, me costó un día trackearte.

O sea que tiene una habilidad impresionante para averiguar con quién anda su ex este sujeto. Enfermo.

- No te preocupes, no hice nada, no pienso hacerlo. Aprendí que estoy equivocado, eso te lo aseguro. Creo que vos y yo tenemos bastante de parecido, pero no somos lo mismo. Hasta las mismas iniciales usamos, por favor.

No sabía si estaba siendo amistoso, o me quería condenar al mismo destino que él. Hice un además de irme, pues no me estaba cayendo del todo bien él o la situación.

- Vení, mirá las torres. Tenés tiempo que todavía faltan cuarenta minutos para que aparezca tu lancha de retorno.

IV
La teoría de la sumatoria de relaciones de Bentham parte de una idea estúpida: que hay unidades discretas de dos tipos, unas los sujetos, y otras los estados por los que los mismos pasan. De ahí, monta dos niveles, las personas y los "status".

Tal elucubración no es sólo un efecto de su divorcio con Merleau-Ponty, que de ninguna manera le hubiera aceptado que los status, la felicidad, puede existir en otra forma que no sea en los seres.

Este tipo es Pontiano de filosofía, pero Cartesiano en la práctica. No le crean, porque él está al tanto de sus incongruencias. Lo que pasa es que es un cínico.

V
Si ella se hubiera enterado que Jon Bayton fue a visitar furtivamente el Chateau, hubiera pensado que los hombres son estúpidos, que siempre lo mismo, que andan tratando de hurgar en el pasado de una, que compiten como chiquilines. Pero no se enteró.

No se enteró de la serie de preguntas que hizo Bayton, ni tampoco se enteró del respeto de JB al no responderlas, o incluso responderlas de forma que ella quedara de forma más que decorosa.

Cuando se encontraran, más al norte, nada de esto saldría a la luz. If sería parte del pasado, Gaena volvería a desaparecer del mapa y podrían recomenzar.

Los honestos

lunes, 9 de abril de 2012

- Te pregunto algo...


- Sí, decime.

- ¿Tenés ganas de que salgamos algún día?

- Sí, claro, siempre la pasamos bien.

- Bueno, si querés podemos ir al teatro, suponte. ¿Este sábado a la noche podés?

- Pará, vos decís de salir así, como... no como amigos, digamos sino como...

- ...

- Es que, somos amigos, nos queremos. Bah, podemos claro, digo. No sé. O sea, sí puedo, pero entendés lo que te quiero decir.

- Sí, pero bueno. Nos llevamos bien y como sé que vos no me vas a decir de salir, a mi se me ocurrió y...

- ¿Que yo no te iba a decir de salir?

- Claro. Porque somos amigos. Y como... no sé, pensé que sería una buena idea, bueno, si no querés no.

- Sí, o sea. Querer quiero, pero ¿no te parece que estamos haciendo algo que no deberíamos?

- No. O sea, pienso que salir con vos un sábado me gustaría. Eso es todo lo que necesito saber, estoy en una época rara de mi vida y... me encantaría compartirla más con vos -dijo riendo-.

- No quiero confundir las cosas... te quiero...

- Hay veces que quisiera que me des un beso, sabelo.

- ¿Ahora?

- Ponele que ahora ahora no, pero yo que sé, ¿la otra vez hubiera estado mal? Me pareció que la estábamos pasando bien. ¿No pensabas nada más vos?

- Sí.

- ¿Qué?

- ...

- Dale, me gustaría saber.

- Pensé en que... había tomado un poco, me envalentoné, pensé incluso que en un momento te me estabas insinuando. Bueno, pensé en agarrarte contra la pared y comerte a besos.

- Bueno, ¿ves? Podemos salir entonces.

- Pero son cosas que pasan, la verdad que me da miedo por nosotros.

- Nosotros ya estamos un tanto jugados, ¿no?

- ¿Desde cuando? ¿Cómo es esto? Como crees que no te voy a invitar a salir nunca, y pensás que la pasaríamos bien, te tirás el lance?

- ¿Tanta explicación necesitás? Me acabás de decir que me querías agarrar contra la pared, páfate. Así, de esa forma tan decorosa.

- Bueno, lo dije con honestidad. Yo qué sé, no es que nuestro género sepa manejar todo con dulzura. Bah, ustedes tampoco...

- Bueno. Entonces salimos el sábado.

- Cuánta presión che.

- No lo vivas como presión, vivilo como la chance que podemos tener de ser honestos cada uno acerca del otro.

Ni todos los santos

Una seguidilla de mensajes sirvieron de cañonazos. Gaena estaba atacando el Chateau D'If, como era predecible. Evidentemente, por alguna circunstancia geográfico-sentimental, no podría atacar Saint-Nicholas.


Los cañonazos se perdían en el agua. Nada. Di por iniciado el bloqueo al Vieux Port. Odiaba tener que bazarme en el nuevo, pero no me quedaba otra.

Lo primero que ella me dijo fue que podíamos hablar. Dos horas después, como no le había respondido (no sabía exactamente cómo contestar), inició su ataque con un "las relaciones se hacen de a dos".

Irónicamente, agregó cuarenta minutos después: "no de a tres".

Pensé que en algún momento debía iniciar mi ataque a Gaena, en respuesta. La verdad, les juro que no tenía ganas. Otra vez penetrar esas murallas, que encima debían ser más. Porque estoy seguro que fortificó.

Dicen que la mejor defensa es el ataque. Voy a desmentir tal dicho, al menos en este caso. Opté por una estrategia que me ha valido toda mi difamación, y ni le contesté. Por ende, me imaginé que Gaena debía esperar mis ataques. Yo que sé, alguna represalia, algún dato que dejara filtrar a algún conocido, una foto perdida, no lo sé.

Nada.

Gaena, por ende, puso fin -no declarado- a las hostilidades. Eso fue recién diez días después.

¿Como llegamos a esto?

II
Provence Aéroport, Marseille:

- Srita. Rousseau., vengo a recibirla de parte del señor Bentham - dijo un botones-.

- ¿Cómo? ¿Dónde está Jimmy?

- El señor Bentham está atendiendo unos asuntos de urgencia. Verá, su madre... pero le envía un cordial pedido de disculpas, y me ha rogado que por favor la lleve a su hotel.

Hotel. La madre, otra vez. Ella no lo podía creer.

- Provenza, qué te he hecho...

El botones la acompaño, llevando el equipaje, al auto que tenía por misión llevar a la señorita a su residencia temporal. La idea de estar en un hotel, y no en la casa de JB la incomodaba. Ella esperaba otro trato, no semejante distancia. Se sintió insultada, pues ahora era "una visita más".

- ¿Sabés de dónde vengo yo? - preguntó ella al botones, que ahora hacía de chofer.

- Sí - contestó-.

Una ciudad enorme, mucho más grande de lo que se imaginaba y esperaba. Se preguntó si la dejarían pasear por las playas, ver la réplica del David. Se preguntó también si cómo sería el arco del triunfo local.

Desde el puerto lo vio. Una isla a lo lejos, sola, poseía todo el Mar Mediterráneo. Era de él, los barcos eran suyos, las casas, la costa, los muelles. Todo. Era la mitología haciéndose carne. Y ella viéndolo desde un auto que pasaba.

Su habitación no tenía vista al mar, pero por pedido expreso de ella.

- ¿Cuándo veré al señor, que está tan ocupado? - dijo no sin cierto tono irónico-.

- Mañana, cuando usted guste. Sólo debe tomar la lancha que sale al Chateau D'If, salen cada una hora. Avíseles que va a ver al señor.

- Qué tanta cosa. Yo no di tanta vuelta cuando recibí su visita. ¿Cuándo sale la primera?

- A las 9.30. Puede tomar una más tarde si lo desea.

- De ninguna manera - contestó ella sacando un libro de Brecht de su maleta -. Eso sería dejarle demasiado tiempo libre. Además, sé perfectamente que él me espera a esa hora. Se desilucionaría si me llegara a ver más tarde.

III
De a poco vuelve el apetito, como si las funciones vitales fueran lentamente haciéndose notar. Como si el cuerpo pidiera permiso, casi, para comenzar a ser una vez más. Oh, es que, quizás no lo hayas notado, pero estos últimos tiempos no estuve... no estuvimos... no estuviste.

No es que no quisiera, o quisieramos, o quisieras. Creo tanto en la coincidencia como en las asincronías. El tema es que jamás había vivido una tan grande, tan despojante, tan desoladora. Me doy cuenta de que te perdí mucho antes.

Ensayé al menos sesenta respuestas para vos. Siempre terminé borrándolas, tirándolas, deshaciéndolas. Porque no encuentro las palabras. Todo esto me falla. Me doy cuenta que hablo mal: digo las cosas que no importan, y borro las sesenta respuestas que quizás ameritarían ser dichas.

La explicación que jamás vas a leer: Necesito de las caricias de ella, para olvidarme un poco de todo esto. Sus besos me ayudan a sobrellevar mis cicatrices. Ella sabe su rol: es una médica. Sabe que no digo nada, sabe que no puede conocer nuestra historia. No pregunta, pero no porque no le interese, sino porque sabe que no es su lugar. La médica receta, se mete en los hábitos del paciente, pero no en la vida.

Eso. Los médicos no se meten con nuestras vidas, ellos sólo ven el cuerpo.

Cuerpo y vida, ¿no eran lo mismo? Bios, Zoé. Depende a quién se le pregunte. Mi cartesianismo me mata, te lo juro. Ella ni se da cuenta. Vos, lo conocés tal como yo: una filosofía que repudiamos pero no podemos dejar de replicar. Incrustada en la piel.

Pensé en vos el otro día. Mi vida cambió, por tu culpa. Me pregunto si a veces sos consciente de eso. Y ya sé que no me acerco ni en sueños al hombre que vos querrías que yo fuera. Soy como una foto para vos.

De a poco vuelven los signos vitales, como la audición, los tendones que se tensan, rascarse la nariz, pedir delivery, escribir poesía. Todo lo mismo.

La guerra

miércoles, 4 de abril de 2012

- Inaudito - dijo ella-. Me estás tratando de estúpida.

Caminaba apresuradamente, buscando la salida, esas escaleras enormes que la llevarían al puerto viejo.

- No entiendo cuál es tu problema ahora. Venís acá, irrumpís sin pedir permiso, buscas no sé qué. Todo está en If, acá no hay nada que ver.

- ¿Cómo que no? Yo veo otra pantalla, yo veo dos cosas que actuan como si no estuvieran relacionadas pero son parte orgánica de lo mismo. ¡Yo te veo jugando a dos puntas, Jimmy!

Continuaba caminando, rápidamente, mirando a todos lados. Él la seguía de atrás, pero no la detenía. Como si sencillamente quisiera monitorear su salida diplimática del recinto.

- Es insoportable esto. Si estuviera jugando a dos puntas, ni te hubiera contado de la existencia del Chateau D'If. Es ridículo tu planteo.

- If no es el problema, estamos caminando en pleno problema.

- Tampoco te tengo que rendir cuentas de todo, me parece que ahí tenés que ser un poco lógica vos.

Se detuvo, se dio media vuelta y lo encaró.

- ¿Lógica? - dijo con furia -. De ninguna manera voy a ser "lógica" en este escenario, donde me venís a hacerte el bueno diciéndome que soy la única... única parece que hay veinte...

El gesto de J. fue tétrico. No quería escuchar o decir eso, evidentemente todo esto era difamatorio. ¿Quién persigue a quién? Le daba la sensación de que todo había salido exactamente como ella quería, con una excusa para dejarlo nuevamente.

Finalmente llegó a la entrada principal, que daba directo a la calle. Se había generado un breve embotellamiento, pues las obras entorpecían el tránsito. Eso le dio aún más bronca a ella.

- Evidentemente, cada vez que tratamos de mantener una relación medianamente amistosa, se va todo al carajo - dijo ella-.

- Yo intenté cortar los lazos diplomáticos, pero vos insististe...

Mentira, pensó ella con más furia aún, con la sensación de traición, con la sensación de haber sido usada y engañada, peor, durante mucho tiempo.

Toda esta sucesión de hechos le hizo darse cuenta a él que su sistema, por más inocente que fuera, era terriblemente difícil de defender.

- Multiply... - murmuró él-.

- Y fue así como se inició la guerra entre Marseille y Gaena -dijo ella, conteniendo las lágrimas.

Multiply

lunes, 2 de abril de 2012

I
Son dos cosas diferentes, mirá pensalo. Una es Gaena, que tiene varias murallas, que está arriba de un monte, que para atacarlo tenían que trepar siete metros de muro para dar con veinticinco torres y más paredes.

En cambio, If es una isla, no tiene mucho muro. Es más a la distancia la cosa. Es repeler a cañonazos, cuando ni siquiera pudiste pisar tierra. Un divertimento, digamos.

Dos cosas bien diferentes, muchacha. If es aislado, Gaena es integrado. Son dos escenarios completamente diferentes. Vos sos Gaena, yo soy If. Vos planteas varias murallas que hay que atravesar, y encima uno se pierde adentro. Y los flechazos, ni te cuento.

Yo soy más a la distancia, ni te das cuenta y en una de esas te emboco un tortazo. Y después no sabés de mi en mucho tiempo.

II
At the Gates of Chateau D'If:

- Está bien, si esa teoría tuya es cierta, entonces es justo. Vos sufriste Gaena, te perdiste adentro, pasaste las murallas. ¿Pero esto? Es la desolación, querido. Es... veo pedazos de historia acá, condenados. Las placas con los nombres, ¿quién es Juliette? ¿Por qué su calabozo es más grande? Yo no te llevé a mis mazmorras.

- Sí, llegué por mi cuenta, en el ala oeste de Gaena. Me topé con las catacumbas, con las lápidas, con nombres que jamás mencionaste. David.

Ella permaneció callada unos segundos. Justo para darse cuenta de que su barco de retorno estaba partiendo, que estaba condenada a otra hora allí, en los terrenos de JB.

- Bueno, siempre te gustó el sur, siempre hablase de Marseille. ¿Y ahora que tenés tu fortaleza, oh, señor, tanto más protegida que la mía?

- No es de protección, corazón. Fijate, yo te dejé entrar, te muestro las cosas. Hay una gran diferencia entre vos y yo: yo te cuento las cosas, te las confío. Vos, en cambio, me obligás a escabullirme.

- Mentira - dijo ella arrojando una piedra a las gaviotas que merodeaban por la torre norte-. Esto es exactamente una metáfora: cuando estás adentro, mostras todo. Pero desde afuera alejás a todos el mundo a cañonazos.

- Y Gaena, es más una fachada.

- ODIO QUE HABLES DE GAENA AHORA. Estamos acá, por lo tanto limitate a traducirme qué pasa.

- No sé. Vos viniste.

- Será posible... Vine porque vos me pediste que viniera.

- No. Sencillamente te informé de mi presencia, que no es lo mismo. Sobre ese enunciado vos evidentemente elaboraste toda una serie de parafernalias que te trajeron aquí, que te hacen escuchar mi voz aquí, que soy esto, el Chateau D'If.

- If... te das cuenta. Es así, como vos, volatil, "if".

Ella pensó, se detuvo, dejó de escucharlo. Fue un silencio sordo, se escuchaba una voz de fondo, él, pero decidió no distinguir los vocablos, anularlo. Si no lo escuchaba, entonces podría aprender mucho más de él, observando con detenimiento lo que quedaba de esa abandonada fortaleza.

- Una hora más...

III
Todo acá está hecho para poder ver todo. Es en verdad, la metáfora perfecta. Lo que Bentham no se da cuenta es que está mal ubicado, If no sirve. Lo que le sirve es esto, acá, desde arriba de la montaña. Claro que tendría que demoler la iglesia, ubicar el fuerte acá.

Pero eso sería imitar a...

Oh, ¡lo acabo de entender! Comprendí el por qué, pero por su puesto. Es solo cuestión de distancia, no de alturas. Es solo cuestión de que en verdad, el último nucleo no está en el centro de la ciudad, en el punto más alto.

Todo lo contrario de Gaena. Es un esquema diferente, superador, dirá el señor J.

Mientras que la señora J. se jactará de que su modelo es el que va, porque ella goza de más batallas ganadas, y de catacumbas más difíciles de acceder.

En definitiva, Gaena es más grande que If.

IV
Retorné a investigar un poco. Las mazmorras seguían sin indicarme nada llamativo, nombres y fechas. ¿Pero qué indicaban esas fechas? También visité nuevamente la recámara del rinoceronte, pero nada. Directamente no entendía a qué hacía referencia esa metáfora.

Los cañones, abajo, en el parte, apuntando hacia el mar. Una placa en el piso, que indicaba norte, sur, este, oeste.

Observé que las gaviotas siempre se iban para el norte, intenté investigar por qué. Adentro y afuera, nada en particular. El punto más alto, volvi. No me dijo nada. Observé hacia la orilla, el fuerte de Saint Nicholas.

No estaba abandonado, sino en obra. Ruinas. ¿Por qué estaría él haciendo cosas en esa fortaleza, en lugar de aquí?

Ahí se me ocurrió: If es un divertimento. ¡¡Tengo que ir a Saint Nicholas!! ¡Bentham me está ocultando algo! Eso es su "multiply", tiene sentido... muy a su manera, pero tiene sentido. Chateau D'If es sólo parte de su fortaleza, lo más visible, lo que distrae. Es el satélite que pareciera no orbitar nada. ¡Mentira! - grité mirando hacia arriba, a las gaviotas y señalando Saint Nicholas-.

Emprendí el regreso al muelle, a esperar a la próxima lancha.

No me podrás reprochar más que yo te oculté cosas. Vos sos peor, me decías que me contabas todo y ahora me vengo a dar cuenta que en una de esas estás en la otra orilla, incluso mirándome mientras yo estoy acá, perdiendo el tiempo con lo que vos querés que encuentre de vos...