Vital

lunes, 23 de abril de 2012

De a poco vuelve el apetito, como si las funciones vitales fueran lentamente haciéndose notar. Como si el cuerpo pidiera permiso, casi, para comenzar a ser una vez más. Oh, es que, quizás no lo hayas notado, pero estos últimos tiempos no estuve... no estuvimos... no estuviste.


No es que no quisiera, o quisieramos, o quisieras. Creo tanto en la coincidencia como en las asincronías. El tema es que jamás había vivido una tan grande, tan despojante, tan desoladora. Me doy cuenta de que te perdí mucho antes, hace tiempo, en las antípodas...

Es tremendo renunciar a algo que ya perdiste. Porque tenés la ilusión de traerlo de vuelta, o peor, de retenerlo. Pero no se trata más que del corazón traicionándote. Mientras, lamentablemente, la razón se queda con una victoria: todos somos profetas hablando de tiempo pasado.

Ensayé al menos sesenta respuestas para vos. Siempre terminé borrándolas, tirándolas, deshaciéndolas. Porque no encuentro las palabras. Todo esto me falla. Me doy cuenta que hablo mal: digo las cosas que no importan, y borro las sesenta respuestas que quizás ameritarían ser dichas.

Es que yo no entiendo. Es que yo digo cosas, pero no, en verdad no digo nada.

Necesito de las caricias de ella, para olvidarme un poco de todo. Ella sabe su rol: es una médica. Sabe que no digo nada, sabe que no puede conocer nuestra historia. No pregunta, pero no porque no le interese, sino porque sabe que no es su lugar. La médica receta, se mete en los hábitos del paciente, pero no en la vida.

Eso. Los médicos no se meten con nuestras vidas, ellos sólo ven el cuerpo.

Cuerpo y vida, ¿no eran lo mismo? Bios, Zoé. Depende a quién se le pregunte. Mi cartesianismo me mata, te lo juro. Ella ni se da cuenta. Vos, lo conocés tal como yo: una filosofía que repudiamos pero no podemos dejar de replicar. Incrustada en la piel.

Pensé en vos el otro día. Mi vida cambió, por tu culpa. Me pregunto si a veces sos consciente de eso. Y ya sé que no me acerco ni en sueños al hombre que vos querrías que yo fuera. Soy como una foto para vos.

Creo que escribí, en alguna canción, algo así como "¿Por qué continúas haciendo oleajes en mi living?". Oleajes. No se sabe exactamente desde dónde vienen, o por qué, pero están. Y te desordenan todo.

Después, revisando, a medida volvían otros signos vitales como por ejemplo la curiosidad, las ganas de leer o recitar un poema, encontré que apareces en varias referencias de cosas que yo he escrito.

Por ejemplo: ayer me peleé con ella (otro tema, otra persona, otra "ella", pero no te voy a contar eso ahora) porque quería cambiar una letra de una canción. Y pensé por qué me molestaba tanto que quisiera hacer eso. Me di cuenta que toda esa serie de balbuceos incoherentes describen cómo yo me sentí acerca de nosotros durante cierto año de nuestras vidas algo especial, no el mejor, pero sí especial.

Y viste cómo son los signos vitales, ahora escribí esto y me parece una mierda.

3 comentarios:

Crisálida dijo...

deja vu. ya lei esto, puede ser?

T. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
T. dijo...

Es una "reversión" del chapter tres de este post: http://equonim.blogspot.com.ar/2012/04/ni-todos-los-santos.html