Los Idiotas

miércoles, 18 de abril de 2012

I
Pasamos un cartel que anunciaba: Carne argentina. Argentinian Beef.

Restorán ladri, le digo yo.

- ¿Estás seguro que es por acá? - le pregunté a Bayton mientras mis manos se cansaban aún más al volante.

- Psss. Que sí, te digo.

Las calles de la ciudad me resultaban desconocidas totalmente. Eran las dos de la mañana, todo cerrado. Nadie en la calle, y nosotros buscando el puto hotel.

- Para mi que era para atrás, suponete que cuando vinimos atravesamos toda la ciudad.

Una noche de invierno es linda cuando estás adentro de tu hogar, o de cualquier lugar tomando un trago. Pero dando vueltas en un auto, con frío, y sin saber exactamente a dónde vas, no está bueno. Y peor es si encima al otro día te tenés que levantar a las siete de la matina.

- Acá doblá a la izquierda.

Doblé. Obviamente, no encontré el hotel al doblar la esquina.

- Odio a estos junkies de mierda - dijo Bayton mientras un tipo desde la vereda se abría el sobre todo y nos mostraba drogas -. A veces creo que esta ciudad se irá al demonio.

- Es la recesión - contesté -.

- No. Antes de toda esta puta crisis también estaban. Había menos, lo que quieras, pero estaban. Hey, doblá a la izquierda, ¿quieres?

Odiaba que me hablara en acento español, como si de repente recordara que tenía que hablar así. Doblé a la izquierda, para encontrar una plaza. Por aquí no es, pensé. En esta dirección vamos alejándonos del centro, esto es una mierda.

- Te juro que creo que es para el otro lado.

Bayton ni contestó. Estaba ocupado anotando notas, mientras canturreaba algo. Solía ocurrirle: cortar cualquier actividad en la que estuviera involucrado para escribir una melodía que se le había caído de la cabeza. Por eso llevaba ese anotadorcito.

Seguimos por la calle, oscura como pocas en la ciudad. A lo lejos vi la rueda de la fortuna. Efectivamente, nos estábamos dirigiendo a la salida de la ciudad.

- Bueno, a la izquierda ahora.

Refunfuñé pero le hice caso, porque la verdad que no estaba seguro. Iba lento, como si no quisiera llegar. Era paradójico, pero el tema era que le tenía pánico a la carencia de semáforos.

Recordé que en avenida Antonio Gramsci, paradógicamente, solamente se puede doblar a la derecha, ya que de la izquierda está el puerto. No sé por qué pensé eso.

Jon me contó dos minutos sobre una chica con la que estaba saliendo. Para variar, estaba seguro de que no estaba seguro. Me mostró una foto, tenía cara conocida, lo juro. Pero el nombre no me sonaba ni a palos.

- Bueno - se interrumpió a sí mismo Jon -, acá dobla a la izquierda.

Doblé, hicimos una cuadra. Un cartel que anunciaba: Carne argentina. Argentinian Beef.

- Pelotudo, nos hiciste dar la vuelta completa, ya pasamos por acá.


II
Le cuento que si bien el trabajo me absorbe un poco, estoy contento: desde hace dos años que la empresa no para de crecer. Me miro en retrospectiva y me siento seguro, sé como manejar reuniones, cómo liderar gente, en fin.

La doctora asiente, me mira. Me escucha.

Le comenté de la pelea con mi hermano, por guita. Ahí creo que me fui por las ramas, le hablé de mi teoría de las relaciones familiares. Digo, cuando hay quilombos de plata en verdad yo creo que se están pasando otras facturas, como "mamá siempre te quiso más", "en 1983 no viniste a mi cumple", "a vos te daban más mensualidad que a mi", etcétera etcétera etcétera.

Volví a terapia hace unos meses ya, y siempre la doctora me escucha, me dice que me ve mejor. Estamos reduciendo las dósis de medicación, y por lo general termino la sesión optimista. Más allá de los pormenores.

Me preguntó por mi novia. Le dije que estábamos bien, que el fin de semana pasado habíamos ido a una fiesta de casamiento. Estaba tan roto esa semana, que tuve que faltar a esa sesión (le avisé 24 horas antes, no quiero jugar con el tiempo de la doc). Más allá de eso, le dije que me sentía seguro, más tranquilo que hace, digamos, cinco meses.

Luego, la doctora me preguntó por mis amigos, sobre todo por el Chelo, con el que había tenido un encontronazo medio a las piñas que me angustió un poco. Pues lo conozco desde que teníamos cinco años, vieron. Cuestión, que eso le dije que no lo tenía hablado, que seguíamos amigos así, arreglados y todo, pero nada. Me recomendó hablar con el Chelo, para esclarecer un poco el asunto.

También me dijo que reiniciara mis estudios teatrales, pero que chequeara antes que no fuera el método Stanislavski.

En un momento hablamos de las vacaciones. Yo le comenté que había lamentado mucho - quizás en exceso - habérmelas perdido por cambiar de trabajo. Me sentía cansado, vieron. Y la verdad que por más que un nuevo trabajo te renueva, es traumático y encima eso: te quedaste sin descanso.

Al salir de la sesión me sonreí, agité el puño cerrado.

- Tonta la psicóloga, jajaja - reí -. Corté con mi novia hace cinco meses y no se da cuenta.

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