Intensión / Astucia / Disonancia

miércoles, 18 de abril de 2012

I

Da. Da vueltas como una especie de trompo que no se decide a caer. ¿Y qué te importa la suerte, entonces? Como algo que tiende, pero que no llega. ¿Saben cuando se entiende en todo su espesor el concepto de merleaupontiano? Ahora les cuento.

Si las cosas se cayeran. Hay un problema no menor, y no es la fuerza de gravedad. Es la incapacidad de astucia. Porque las cosas fáciles tienen sabor a chicle usado: ya sabemos como son, ya nos aburrieron. Pero la astucia...

¿Y si te dijera que no la entiendo? A ella y a la astucia. A la primera por ser ese stereo disonante de "si" y "no" a la vez, uno por canal izquierdo, el otro por el derecho. Y a la segunda, por aparecer justo cuando bajo la guardia, cuando me relajo.

Ella es astuta y disonante.

Porque supongamos, ella es lo suficientemente astuta como para llamarme la atención, pero disonante al caer en el más pleno silencio. A y B a la vez. El gato está muerto y vivo al mismo tiempo.

Entiéndame, señorita, yo soy un ser simple: manejo sólo categorías binarias, sí o no, blanco o negro, encendido o apagado. Me he encontrado con los grises, con los "nis", con los disfuncionales. Pero con un sí y un no en paralelo, jamás.

Entonces cuando ella llega a casa la próxima vez, llega perfecta. Nada que ver con la vez anterior: sin vodka, como una perfecta aprendiz. Es distante, sin ser un freezer.

Eso es completamente disonante con su parrafada de mensaje de la noche anterior, en el que me quería. Y la semana antes: salgamos, dale. Este viernes, dale. No puedo al final, pero el domingo veámonos. Y el domingo probablemente no te conteste al final. Y bueno.

¿Ahora? No le tomo la mano por no iniciar algo en lo que no creo, por no dar pie. Que ella inicie y yo acompaño. Es un mal hábito que tengo. Me lo han cobrado en reiteradas oportunidades.

Y ella, tan protocolar esta vez, me pregunta qué opino de lo que escribió. Como si yo supiera. Sí, está bien, le contesté. Yo escribo cosas más políticas, o más sociales, o más pop. Ella escribe sobre filosofía y metafísica.

Me dijo que quería retomar una canción, pero que prefería reescribir la letra. Me miró aterrada, sabía que me estaba atacando. Pero evidentamente no podía evitarlo, vaya a saber cuánto tiempo lo llevaba guardando. "Prefiero no volver a tocar esa canción nunca antes de reescribirla", contesté lapidariamente.

Le hubieran visto la cara.

Se levantó medio rara, sacó de su mochila otra tanda de papeles. Buscó y buscó. Me dio una hoja y me dijo que le gustaba eso pero que no sabía qué hacer. ¿Cómo te lo imaginás?, le pregunté. Me aportó invaluable información con un "no sé".

Fue tras unos diez minutos de silencio que nos miramos. Y ahí estaba, la intensión. No me di cuenta, pero la miré queriéndola mucho. Fue como un lapsus. Ella me miraba, pero estaba en otra, de vez en cuando revisaba sus papeles: no buscaba nada, no leía nada.

La intensión como esa tendencia que es sólo clara en el contexto, que es indicada con el cuerpo completamente honesto. No con el explícito eh, digo con el honesto, ese que realiza los accidentes y aqueja a los torpes todo el tiempo.

Pensé en decirle algo, alguna referencia. Luego pensé en acercarme. Nada, era sólo intensión. Porque el problema es pensar: me acordé de sus sis y nos paralelos. No supe qué entender, qué leer. Me saboteé: ¿le importo? Tres carajos, concluí. Llegué a ese resultado no por análisis, sino por falta de astucia.

II
Vos pretendés las cosas fáciles, piscuí. El problema es que a vos de chico no te hicieron remarla. ¿Sabés lo que es encarar con esta jeta? Pero por favor, vos no hiciste méritos para que una mina así te de pelota.

Fijate un poco, estudiala un poco. Y si, la piba te va a decir que sí y que no varias veces. A mi me han dicho que no varias veces seguidas, te digo. Y con algunas terminé enfatado después. Así que...

Y con eso de ponerte a pensar en el momento clave, si te va a decir que sí o que no, sos un boludo. ¿Qué sabías? Es cuestión del momento. Y en el momento te juro que no tenías que pensar, tenías que hacer. Ha-cer, de la hache hasta la erre.

Te lo digo con cariño, no te lo tomés a mal eh: vos estás acostumbrado a que las cosas sean como vos pedís. No sabés lo que es ganarte a una mina, vos sabés lo que es conquistarla por accidente, no por laburo.

Por accidente, me decís. Nunca te habían definido tan bien.

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