La guerra

miércoles, 4 de abril de 2012

- Inaudito - dijo ella-. Me estás tratando de estúpida.

Caminaba apresuradamente, buscando la salida, esas escaleras enormes que la llevarían al puerto viejo.

- No entiendo cuál es tu problema ahora. Venís acá, irrumpís sin pedir permiso, buscas no sé qué. Todo está en If, acá no hay nada que ver.

- ¿Cómo que no? Yo veo otra pantalla, yo veo dos cosas que actuan como si no estuvieran relacionadas pero son parte orgánica de lo mismo. ¡Yo te veo jugando a dos puntas, Jimmy!

Continuaba caminando, rápidamente, mirando a todos lados. Él la seguía de atrás, pero no la detenía. Como si sencillamente quisiera monitorear su salida diplimática del recinto.

- Es insoportable esto. Si estuviera jugando a dos puntas, ni te hubiera contado de la existencia del Chateau D'If. Es ridículo tu planteo.

- If no es el problema, estamos caminando en pleno problema.

- Tampoco te tengo que rendir cuentas de todo, me parece que ahí tenés que ser un poco lógica vos.

Se detuvo, se dio media vuelta y lo encaró.

- ¿Lógica? - dijo con furia -. De ninguna manera voy a ser "lógica" en este escenario, donde me venís a hacerte el bueno diciéndome que soy la única... única parece que hay veinte...

El gesto de J. fue tétrico. No quería escuchar o decir eso, evidentemente todo esto era difamatorio. ¿Quién persigue a quién? Le daba la sensación de que todo había salido exactamente como ella quería, con una excusa para dejarlo nuevamente.

Finalmente llegó a la entrada principal, que daba directo a la calle. Se había generado un breve embotellamiento, pues las obras entorpecían el tránsito. Eso le dio aún más bronca a ella.

- Evidentemente, cada vez que tratamos de mantener una relación medianamente amistosa, se va todo al carajo - dijo ella-.

- Yo intenté cortar los lazos diplomáticos, pero vos insististe...

Mentira, pensó ella con más furia aún, con la sensación de traición, con la sensación de haber sido usada y engañada, peor, durante mucho tiempo.

Toda esta sucesión de hechos le hizo darse cuenta a él que su sistema, por más inocente que fuera, era terriblemente difícil de defender.

- Multiply... - murmuró él-.

- Y fue así como se inició la guerra entre Marseille y Gaena -dijo ella, conteniendo las lágrimas.

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