I
El tren me está sacando de la ciudad, extrayéndome de ella no sin algo de incomodidad. Por la ventana veo el Mar Mediterráneo que se mueve en sentido contrario al mío. Me faltan nueve horas en este tren, y aún así no habré llegado a casa.
La verdad, muy lindo todo, pero juro que prefiero los Renfe. Llegan a horario.
Hablé con ella por teléfono desde el hotel, antes de salir. No le conté lo de Saint Nicholas, ni que yo y Jimmy tuvimos un encuentro. ¿Para qué? Además, de alguna forma, fue accidental.
Desde que me subí a este vagón que pienso lo mismo: mi relación con Jackie tiene fecha de vencimiento, pero no sé cuando. Pero la tiene. No sé qué tiene que ver todo esto que ha ocurrido recientemente, pero así me siento. Lo siento con una seguridad tan fría como horrorosa.
Pensé en bajarme en Toulouse, visitar a Solange. Total, acá no les importa un corcho qué boleto tenés. Estos franceses no respetan nada, no tienen nada de que jactarse frente a los italianos.
El Mediterráneo se ve genial de noche. Aunque prefiero verlo desde Barcelona, donde al menos si a uno lo tratan como se debe. Y le contestan en un idioma medianamente audible. Y le sirven unos montaditos como corresponde.
Sin demasiadas luces, el oleaje es evidentemente espléndido.
II
Yo no las entiendo. O sea, para qué me dice siempre que no puede salir pero luego lo remata con un "hablamos para la semana que viene". Es el peor no que me han dado en la historia.
He de decir que esta relación empezó así, con mi persona personal no entendiendo demasiado qué quería o no quería esta chica. Porque era un ni, o un so, pero no un no definitivo o un sí definitivo.
Fue luego que aprendí que en esos casos, hay que ser paciente y dejarlas elaborar mejor su discurso. Porque la cantidad de variantes para tales casos puede ser insólita, desde que no saben efectivamente cómo decirte que no, hasta la estúpida idea de que haciéndose las difíciles les irá mejor.
Lo que me acuerdo, entonces, es que le dije de salir como cinco veces. Que pim, que pam. Y a la hora de los tantos, siempre algo le impedía siquiera contestarme un puto mensaje.
Hasta que un día, con esa seguridad horrorosa de la resignación le hablé, total esperaba un no. Efectivamente, me contestó nuevamente algo así como "hoy no puedo, pero el finde que viene hablamos". Le dejé de hablar.
Lo gracioso fue que una noche, varios tiempos después, reapareció ella. Me reí cuando leí "Hola, cómo andás? Tanto tiempo...". Me reí porque creo que todo lo real es ridículo, poco creíble pero pasa, y que la ficción es una realidad insensible para que no nos jodamos tanto.
Quizás más avispada, quizás con más tiempo, quizás totalmente random, pero ahí recién, como un mes y medio después de que la conocí, logré salir con ella.
III
Hola, sí. Mirá, nuestra relación está un poco rara desde que me hiciste una inspección de amígdalas con tu lengua. Eh. Te odio un poco cuando te hacés el cara rota, el horror de esa seguridad falluta. No te digo que me ames, ni que nos casemos, pero "holaaaaaa", ¿es mucho pedir?
IV
Lo sigo elaborando. Sé que seguro ella les dijo eso de que soy filosóficamente un merleaupontiano, pero un cartesiano en la práctica. Bueno, no lo tomen tan así. Ella entendió cualquier batata. Cuando hablo de ecuaciones, hablo de formas de comprender las cosas, no de las cosas.
Ya sé que no se entiende, es que estoy escribiendo la teoría. Pero les juro, por mi abuela y todos mis discos, que funciona. Por ejemplo, analizando una sumatoria de reacciones en la historia de chica x, les juro que lo logré. Mas o menos, digamos, implementé esa seguridad horrorosa del que tiene cierta pericia cuando sabe que va a mandarse una.
Hay varias cuestiones, obvio. No es que la teoría esta vuelve transparentes todas las relaciones. Sino que ayuda a trabajar sobre problemas que uno tiene en el presente.
En una de las cosas que creo fervientemente es en el reset: cuando no venís tan bien, borrate un tiempo. Durante ese rato que no le hablás, replanteás tu estrategia. Y cuando vuelvas a hablarle, tiene que ser bastante diferente tu tono, probablemente los temas varíen también.
Cuestión, que uno tiene una persona a, en estatus a. Uno pensó que b resultaría, o sencillamente le surgió b, o bla. Al retorno, es otra cosa eh. Nada de volver a la carga con lo mismo. La insistencia sirve quizás para el garche fácil de boliche, según la piba. Pero estamos hablando de otra cosa totalmente diferente, manga de depravados, lean con atención: esto es en se rio.
V
Cuando la encontré, estaba como si nada. Era como si nada hubiera ocurrido. Todo estaba atrás. No me lo creí al principio, pensé que estaba locamente enamorada de él. Pero yo que sé, no me voy a poner a interferir en todo eso que hicieron.
Me importaba estar con ella, darle tiempo. Por otro lado, yo no estaba seguro de nada, como dije. Más bien, lo contrario. Tenía una tranquilidad apabullante. La tranquilidad de que nada resultaría.
Es raro estar tranquilo porque se está condenado. Creo que es el hecho de que no haya incertidumbre: la condena está. Entonces, cuando estás entregado sos un poco más libre, hacés más lo que te da la gana.
Digo, si a un tipo le decís que lo van a matar en dos años, se dedica el resto de sus días a vivirla. Bueno, así me sentía yo con la relación. Una seguridad horrorosa.
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