Ni todos los santos

lunes, 9 de abril de 2012

Una seguidilla de mensajes sirvieron de cañonazos. Gaena estaba atacando el Chateau D'If, como era predecible. Evidentemente, por alguna circunstancia geográfico-sentimental, no podría atacar Saint-Nicholas.


Los cañonazos se perdían en el agua. Nada. Di por iniciado el bloqueo al Vieux Port. Odiaba tener que bazarme en el nuevo, pero no me quedaba otra.

Lo primero que ella me dijo fue que podíamos hablar. Dos horas después, como no le había respondido (no sabía exactamente cómo contestar), inició su ataque con un "las relaciones se hacen de a dos".

Irónicamente, agregó cuarenta minutos después: "no de a tres".

Pensé que en algún momento debía iniciar mi ataque a Gaena, en respuesta. La verdad, les juro que no tenía ganas. Otra vez penetrar esas murallas, que encima debían ser más. Porque estoy seguro que fortificó.

Dicen que la mejor defensa es el ataque. Voy a desmentir tal dicho, al menos en este caso. Opté por una estrategia que me ha valido toda mi difamación, y ni le contesté. Por ende, me imaginé que Gaena debía esperar mis ataques. Yo que sé, alguna represalia, algún dato que dejara filtrar a algún conocido, una foto perdida, no lo sé.

Nada.

Gaena, por ende, puso fin -no declarado- a las hostilidades. Eso fue recién diez días después.

¿Como llegamos a esto?

II
Provence Aéroport, Marseille:

- Srita. Rousseau., vengo a recibirla de parte del señor Bentham - dijo un botones-.

- ¿Cómo? ¿Dónde está Jimmy?

- El señor Bentham está atendiendo unos asuntos de urgencia. Verá, su madre... pero le envía un cordial pedido de disculpas, y me ha rogado que por favor la lleve a su hotel.

Hotel. La madre, otra vez. Ella no lo podía creer.

- Provenza, qué te he hecho...

El botones la acompaño, llevando el equipaje, al auto que tenía por misión llevar a la señorita a su residencia temporal. La idea de estar en un hotel, y no en la casa de JB la incomodaba. Ella esperaba otro trato, no semejante distancia. Se sintió insultada, pues ahora era "una visita más".

- ¿Sabés de dónde vengo yo? - preguntó ella al botones, que ahora hacía de chofer.

- Sí - contestó-.

Una ciudad enorme, mucho más grande de lo que se imaginaba y esperaba. Se preguntó si la dejarían pasear por las playas, ver la réplica del David. Se preguntó también si cómo sería el arco del triunfo local.

Desde el puerto lo vio. Una isla a lo lejos, sola, poseía todo el Mar Mediterráneo. Era de él, los barcos eran suyos, las casas, la costa, los muelles. Todo. Era la mitología haciéndose carne. Y ella viéndolo desde un auto que pasaba.

Su habitación no tenía vista al mar, pero por pedido expreso de ella.

- ¿Cuándo veré al señor, que está tan ocupado? - dijo no sin cierto tono irónico-.

- Mañana, cuando usted guste. Sólo debe tomar la lancha que sale al Chateau D'If, salen cada una hora. Avíseles que va a ver al señor.

- Qué tanta cosa. Yo no di tanta vuelta cuando recibí su visita. ¿Cuándo sale la primera?

- A las 9.30. Puede tomar una más tarde si lo desea.

- De ninguna manera - contestó ella sacando un libro de Brecht de su maleta -. Eso sería dejarle demasiado tiempo libre. Además, sé perfectamente que él me espera a esa hora. Se desilucionaría si me llegara a ver más tarde.

III
De a poco vuelve el apetito, como si las funciones vitales fueran lentamente haciéndose notar. Como si el cuerpo pidiera permiso, casi, para comenzar a ser una vez más. Oh, es que, quizás no lo hayas notado, pero estos últimos tiempos no estuve... no estuvimos... no estuviste.

No es que no quisiera, o quisieramos, o quisieras. Creo tanto en la coincidencia como en las asincronías. El tema es que jamás había vivido una tan grande, tan despojante, tan desoladora. Me doy cuenta de que te perdí mucho antes.

Ensayé al menos sesenta respuestas para vos. Siempre terminé borrándolas, tirándolas, deshaciéndolas. Porque no encuentro las palabras. Todo esto me falla. Me doy cuenta que hablo mal: digo las cosas que no importan, y borro las sesenta respuestas que quizás ameritarían ser dichas.

La explicación que jamás vas a leer: Necesito de las caricias de ella, para olvidarme un poco de todo esto. Sus besos me ayudan a sobrellevar mis cicatrices. Ella sabe su rol: es una médica. Sabe que no digo nada, sabe que no puede conocer nuestra historia. No pregunta, pero no porque no le interese, sino porque sabe que no es su lugar. La médica receta, se mete en los hábitos del paciente, pero no en la vida.

Eso. Los médicos no se meten con nuestras vidas, ellos sólo ven el cuerpo.

Cuerpo y vida, ¿no eran lo mismo? Bios, Zoé. Depende a quién se le pregunte. Mi cartesianismo me mata, te lo juro. Ella ni se da cuenta. Vos, lo conocés tal como yo: una filosofía que repudiamos pero no podemos dejar de replicar. Incrustada en la piel.

Pensé en vos el otro día. Mi vida cambió, por tu culpa. Me pregunto si a veces sos consciente de eso. Y ya sé que no me acerco ni en sueños al hombre que vos querrías que yo fuera. Soy como una foto para vos.

De a poco vuelven los signos vitales, como la audición, los tendones que se tensan, rascarse la nariz, pedir delivery, escribir poesía. Todo lo mismo.

0 comentarios: