Escapar

jueves, 29 de julio de 2010

I
Ella ensayó cuál era su reacción:

- Estaba pensando en tomarme las vacaciones de invierno...

Esperaba que la respuesta de él fuera una escenita, o algo por el estilo. Se trataba más del efecto de sus miedos que de algo que realmente él sintiera.

II
Caminaba casi a los tumbos, abrumada. La calle era puro ruido, tanto que provocaba sordera. La muchacha estaba angustiada. Repetía cosas:

- Me duele la cabeza de tanto pensar. Creo que mi cerebro va a explotar. Me quie ro ir.

Dobló la esquina, justo para encontrar a un pobre diablo sentado en la vereda. Mirándo para todos lados pero sin poder ver nada, la chica tropezó con él.

- Oh, perdón. Qué torpe soy.

- No hay problema, señorita. Uno está aquí medio de improvisado. Es una esquina, vio. Uno nunca sabe del todo que hay cuando dobla.

Se trataba de un tipo deslucido, harapiento. Estaba tocando la guitarra cuando el tropezón lo interrumpió.

- Chica, parece que alguien le ha hecho daño, que sus miedos se han complotado todos en su contra hoy.

Ella estaba parada, mirándolo. No se movía. El tiempo estaba suspendido.

- Verá, soy de la creencia que la gente hoy en día se preocupa demasiado por todo -dijo mirándola a los ojos, con una sonrisa tristona-. ¿Se siente usted mal?

Asintió con la cabeza, casi al borde del llanto, conteniéndose por temor a ser vista por los transeuntes.

- Me permito preguntarle qué la aflige, ¿será posible? - dijo el pobre mientras apoyaba la guitarra contra la pared de ladrillo.

- Todo. El mundo. Las personas. Me rodean y... siempre tengo problemas por todo. En el trabajo tuve que encerrarme en el baño a llorar...

El harapiento guitarrista miró al suelo, pues la sensación le era al menos conocida.

- Tengo miedo de que me agarre no sé qué...

- Chica, ¿hace cuánto que usted no hace algo que realmente le de disfrute? ¿Hace cuánto que usted no hace algo que le dibuje una sonrisa? Se trata en muchos casos de cosas sencillas que están al alcance de nuestra mano.

- Es fácil decirlo...

- No dije que fuera fácil torcer el timón. Pero al menos hay que comenzar a mirar hacia el lado que uno quiere girar. Aunque no se vea nítido porque hay niebla - dijo abriendo bien los ojos, con gesto de gravedad.

- ¿Y qué dice que hay que hacer?

- No hay prescripciones, pues cada uno sabrá. Yo inventé un método: tiene que encontrar alguna cosa que le de miedo hacer, y hacerla.

La chica miró al pordiosero. ¿Por qué se había quedado escuchando a semejante personaje? ¿Por qué lo que este decía sonaba tan verdadero como ingenuo?

- Usted puede seguir así como le va. O puede improvisar. Estoy seguro de que está en posición de improvisar, que puede armar algún juego a su alcance. Crisis viene del griego de "cambio", lo que no denotaba en la antiguedad algo necesariamente negativo, como lo hace hoy en día.

- Y me imagino que a usted si le fue bien, eh.

- Creamé, se lo dice un hombre ya caído en desgracia pero que reconoce cuando una muchacha linda puede ... seguir otro camino. ¡Invente! Sencillamente tiene que hacer eso que le viene rondando la cabeza todos los días. La ruptura.

La chica comenzó a alejarse, sin retirar la mirada de aquel sujeto. Él volvió a tomar la guitarra, para ensayar:

- If your heart´s an ocean, may i swim in your seas? But there´s no such thing as heaven...

Ella comenzó a caminar rápidamente

III
Él la miró. Sonrió.

- ¿Sur?

Ella asintió. Voy sola.

Él la miró. Mujer viajando sola. Ya habían hablado de eso. Él ya había viajado solo, pero ella ya había dicho que no le gustaba la idea, que no tenía ganas de hacerlo. Tenía ganas de viajar, pero nadie podía irse con ella.

Ella quería un descanso, quería desconectarse. Era más una necesidad que un lujo.

- Pues ve, siempre con cuidado y pasándola bien... -contestó él, casi como un padre.

Bad weather

domingo, 25 de julio de 2010

I
Justo a las once de la mañana salia mi bus para Bariloche, ese que me iba a llevarme a un lugar más despejado, para alejar la cabeza de todos las responsabilidades que el rol de profesora de secundario acarrea. La ventaja es esta: que me puedo tomar vacaciones de invierno. Y no hablar de que tengo un mes y pico de vacaciones en verano.

Pero vuelta: salía ese sábado y teníamos que levantarnos temprano. Yo me había quedado a dormir en lo de Jim, que es más cerca de retiro. Y de paso el me hacía el desayuno mientras yo me quedaba remoloneando en la cama.

Jim despertó sobresaltado. Pensé que yo me iba a despertar antes un sábado, pero no. Me ganó, estaba como loco.

- Honey, ¿qué pasó?

- Ni idea. Tengo el corazón que va a mil...

Le tomé el pulso, puse mi oído directo en su pecho. Efectivamente, tenía el corazón que trinaba, y recién se despertaba.

- Jimmy, corazón, sé que no te va a gustar lo que te voy a decir, pero por favor andá a la guardia. No es normal...

- No hace falta. A veces me pasa, no al toque se me va.

- Ah, ¿es periodico? Porfa, andá al médico.

No contestó. Ni me miró, se levantó un tanto apurado y se fue al baño. Yo miré la valija, hecha casi, porque había desperdigado todo en busca de mi cámara. Cuando volvió se acostó un poco, se notaba que hacía respiración diafragmática, profunda, a ver si le bajaba el pulso un poco.

Hubiera tenido que abrazarlo y reconfortarlo, pero en lugar de eso me saltó la parte equivocada:

- Jimmy, please, prometeme que después de que me acompañes a retiro te venís a la guardia. Estás acá nomás.

No contestó. Odio cuando no contesta. Él sabe que al resto del mundo le rompe las pelotas cuando no contesta.

- Jimmy, seguro que no es nada grave, pero vas y te hacen un electro y...

- Jackie, porfa, después voy, pero ahora dejame tranquilo. Te lo pido por favor.

Me enculé y comencé a preparar mi valija nuevamente. Preparada despreparada de a ratos y fragmentariamente en lo que me quedó del viernes. Pensé en decirle que no me acompañara a Retiro, pero seguro que ahí se armaba. Y pensé en decirle que lo llamaba cuando llegara al hostel para ver cómo le había ido. No le dije nada, total después lo hice igual.

Jim se levantó, automáticamente se vistió y fue a configurar la cafetera, además de iniciar la computadora para chequear el horario del tren. Parece más voluntarioso que yo, que soy la que se va de vacaciones.

Pasaron como quince minutos hasta que volvimos a hablarnos. Entre sorbos de café y las tostadas con mermelada de durazno, le comenté que había sacado en el mismo hostel que el año pasado.

- Es el mejor - dijo él casi sin mirarme.

Pensé que en una de esas se había enojado porque me iba.

- ¿Te molesta que me vaya?

- No. ¿Por?

- Digo, estás un poco... intratable.

- Disculpá. Es que me pongo cabezadura con la idea de ir a los doctores. La otra vez mi vieja me hizo una historieta conque tengo historial familiar y no sé qué mierda.

- Y pensá que en una de esas si vas al médico ya no le vas a dar excusas a que te moleste con eso, ¿no?

Me puse didáctica, como si le estuviera hablando a un nene. A veces lo trato como a un nene, sobre todo cuando se pone cabeza dura, que no es poco seguido. Me miró en claro proceso de enojo.

Pensé que no me quería ir así, que no nos ibamos a ver por una semana y que no tenía ganas de...

- Ok, después voy - me contestó.

Lo conozco lo suficiente como para saber que no va a ir, que me contestó cualquier cosa con tal de que pare. También sé que cuando nos tomamos el tren el diálogo entrecortado no logró licuar que estabamos enojados el uno con el otro. Pensé en quedarme, pero luego dije que no, que no era justo.

Llevaba todo mi equipaje pesado, para descargar la furia o quizás testear si le daba un paro. Se pone así de gilastro. Esperamos 45 minutos hasta que anunciaron el bus.

Por más que me dio un beso largo antes de que yo subiera al omnibus, nuestra despedida tuvo algo de... como cuando dicen que no hay q irse a dormir sin haber resuelto una pelea. ¿Y te llamo y quizás se te pasó? Me saludó desde la plataforma.

II
- ¿Cómo va? ¿Todo sorpresa? - me saludó Jorge.

Gruñí.

- Dale dale. ¿Ya se fue Jackie? Vamos, no te pongas así que en una semana está de vuelta. No seas pollerudo.

- Nada. Es que discutimos un poco antes de que se fuera.

- Bueno bueno - ingresó Debord - muchachos, tengo una salida para esta noche que pinta bastante bien.

Me pareció excelente, pero intuí que algo no cerraría.

- Tengo una fiesta por Belgrano, a la que me vienen hinchando para que vaya unas amigas.

- ¡Por fin algo potable! - estalló Bataille.

Tocaron el timbre: era Gilles. Tuve que bajar a abrirle.

- Bueno - dijo Debord cuando volví para traer al maestro de la fuga-, dado que el señor Bentham no anda de humor para hacer los tacos necesarios, pedimos pizza y ya.

Deleuze lucía particularmente encendido: había dejado a Lispector en la casa y se había apresenciado en mi casa.

- Ah, le dije a mis amigas que vengan para acá - dijo Debord-. ¿Todo bien?

Y qué mierda le iiba a decir... Ya las invitaste, caen en una hora, no no, no hay problema.

- Son buena onda, las conocí en el sur hace dos años. Nada del otro mundo, pero después vamos a la fiesta.

Me llegó un mensaje al celular, de Jackie:

"Seguro que no fuiste. El chofer del bondi está loco, puso el aire acond. Te llamo, no te enojes. Besote."

Why can´t you let it go?

- Ah bueno, cómo te tiene - dijo Bataille, que vió al menos de quién era el mensaje.

- Me parece perfecto que estés ahora sin ella un rato, así tenés tu espacio - dijo Gilles, a quien estrangularé la próxima vez que haga un comentario de tal calibre.

Me paré sin decir nada, midiéndolos a todos, para poner un disco de The Killers. Me dolía la cabeza, tenía la idea de que era por tensión.

- Vamos vamos, muchachos - celebró Debord -. ¡Esta noche será una harta noche!

Niños con Rivotril

viernes, 23 de julio de 2010

- ¿Qué es eso? - dijo Jackie, al ver que dos chicos se pasaban algo.

Uno de los nenes lucía inquieto, decía que se sentía mal, tenía los ojos llorosos. Uno de sus compañeritos trataba de consolarlo, y le ofreció un Rivotril. Ella simplemente cubría una suplencia en primario, y se topó justo con esto. Jaqueline, acostumbrada a los alumnos de secundario, quedó pasmada.

- No, pará, dame eso - intervino-. ¿De dónde lo sacaste?

Le sacó el pastillero azul al nene que estaba ofreciendo. El niño dijo que la mamá se lo daba.

- ¿Tomaste de esto? - indagó al chico que se sentía mal.

En nene negó con la cabeza, al borde de las lágrimas, como si lo estuvieran retando. Se agachó para hablarle, mientras miraba al otro de reojo, que no entendía por qué le habían incautado sus pastillitas.

Jackie recordó sus días de maestra de primaria. Se sentía mucho más cómoda en las clases de quinto año que las de segundo grado, eso era un hecho.

- Hey, chiquitín - le dijo jackie al nene que se sentía mal - ¿Qué pachó?

Luego, esa misma tarde, le contaría a Jim:

- No entiendo qué mierda piensan los padres. Claro, el otro vio al amiguito mal y le ofrece un Rivotril. Está mal que le den eso, no tienen conciencia los nenes. Esto me pasa por aceptar una suplencia donde no me corresponde.

Puteaba tanto que Jim tuvo la sensación de estarse escuchando a sí mismo.

- A la postre, es un peligro porque en una de esas si el nene hubiera tomado le hacía algún efecto adverso.

Jackie hizo un gesto explosivo de "claaaaaro!". Horas antes de encontrarse en el living de su casa con Jimmy, que había prometido cocinar esta vez él, Jackie se encontraba en la oficina de la directora de primario, con el pastillero azul en sus manos.

- Jaqueline, sé que estás acostumbrada a manejarte con chicos adolescentes, pero esto es otra cosa. No podés quitarle al nene algo que le dieron los padres y que tiene que tomar.

- ¡Se lo saqué porque andaba ofreciendo! Y me pareció que debían saber que estas cosas andan circulando por acá. ¿La maestra de estos chicos sabe?

- Sí, sabe. Pero el tema es que si después el nene va a la madre y le dice que le sacamos el pastillero, tenemos lío nosotros. Eso está con receta seguramente, y si se lo dejan al nene es para que lo tome a la hora que le corresponde. Tu rol únicamente es que no ande convidando, en eso estamos de acuerdo.

Jackie miraba a la directora indignada. El quilombo que hacían los niños en el recreo le resultaba particularmente apabullante. Resulta que ahora ella estaba mal, que no tenía derecho a sacarle el pastillero al nene, que incluso había comprometido al colegio.

- Sencillamente cuando toque la campana, volvé al aula y devolvele al niño lo que es suyo. Y seguí con la clase, la maestra de ellos está volviendo el lunes.

- Ok. Pero es que nada más no lo puedo creer.

- Jaqueline, pensé que estabas más preparada para esto. Justamente te ofrecimos la suplencia porque vos tenés experiencia en primario.

Y desde el living Jackie revivía todo con una ira pocas veces vista. Aún no se le pasaba la bronca. Jim la escuchaba, estaba dolida, impactada.

- Me da lástima - decía-. El nene no tiene conciencia, cuando le falta eso se siente mal y no entiende por qué. Tiene siete años.

Jim abrazó a Jackie, que daba vueltas y no se podía sacar de la cabeza la imagen del nene nervioso aceptando una pastilla.

- Hey, tranquila.

- Mañana tengo que volver.

- Mañana... mirá, es una verdad que no podés hacer nada con esos padres, que si tienen a un hijo medicado, lamentablemente está fuera de tu jurisdicción eso.

- Dicen que tiene ADD. ADD es una deficiencia neuronal, física, no tiene que ver con que el chico sea nervioso e hiperactivo. Eso se trata con un psicólogo, no mandandole ansiolíticos. Yo trato con chicos de secundario, no de primario.

Jim seguía abrazando a Jackie, que seguía hablando entre la bronca y la tristeza. La invitó a sentarse, pero ella no le hizo caso.

- Te quedaste realmente mal... ¿Preferís que salgamos un rato?

- No no, es que no me puedo sacar la imagen de la cabeza. Y a la gorda pelotuda diciéndome "pensé que estabas preparada para esto". Estúpida.

Jim no sabía mucho qué hacer, pues es bastante incompetente para reconfortar a alguien. Se sentarón en el sillón negro del living, Jackie apoyaba su cabeza sobre el hombro de él, que la acariciaba.

- Estúpidos...

- En estos momentos son los que consulto a Rolland. Él sabe de todo sobre este tipo de cuestiones, se sabe las interacciones de las sustancias con el cuerpo. Es un groso.

Llamé a Rolland.

- ¡Bro! ¿Qué onda?

Un breve catchup hicimos, hata que llegué al dofón de mi consulta:

- Escuchame, ¿me explicás bien qué es el Rivotril?

- ¿Te dieron eso?

- No pelotudo, consulto porque es lo están dando a un alumno de Jackie.

- A la pelotita in the sky with diamonds*. Bueno, ese pibe no va a tener higado cuando sea grande, porque ese tipo de droga es muy pesada. Bah, depende de cuántos miligramos le hayan indicado, pero genera dependencia. Está contraindicada para hepáticos de hecho.

- Ajá.

- La droga se llama Clonazepam. Tiene un período de acción de hasta 30 o 40 horas. Es una Benzodiazepina.

- Joya, el pibe vive drogado.

- ¿En serio le indicaron eso? ¿Qué desorden tiene?

- Yo qué sé, Rolland. No es mi alumno. Jackie tampoco sabe, el psiquiatra o a lo que sea que el pibe va, le indicó eso.

- Bueno, mirá: la gente que consume benzodiazepina tiene más tendencia a cometer crímenes y no encontrar trabajo.

- ¿Qué?

- Eso. Justo vengo de dar final de bioestadística, así que estoy filoso. Está estadísticamente comprobado que la gente que consume ese tipo de psicoactivos tiene tendencia a eso, a afanar y ser desempleado. Es como una figura del "doesn´t fit". Porque el tema es que en algunos pacientes tiene reacciones adversas.

Jim decidió no contarle esto a Jackie.

- Es de la misma familia que tomaste vos para volar. El Alplax y el Rivotril son ambos benzodiazepina, pero el primero es de acción inmediata y no dura tanto. Che, hablando del tema, encontré el otro díia un libro que quizás te interese: La Argentina Ansiolítica.

Busqué la contratapa en internet:
HISTORIAS COTIDIANAS SOBRE LA MEDICALIZACIÓN DE LA VIDA Un hombre que llega a la guardia de una clínica con síntomas de ataque de pánico, una abuela que discute con el cura de la iglesia sobre su necesidad de visitar a un psiquiatra, un ejecutivo que odia las pastillas y prefiere el diván, una mujer fóbica a los aviones que nunca viaja sin su pastilla "mágica" o una chica que logró terminar su carrera con la ayuda de ansiolíticos son algunos de los personajes anónimos que transitan las páginas de este libro.

- Barthes: andate a la mierda - le dije luego de buscar-. La puta madre me agregaste un libro que leer. Pero con los aviones algo esporádico, che.

- Che, pará, ahora que estamos en esto de contraprestación de conocimiento, ¿qué mierda es un troyano?

- Un tipo que nació en Troya.

- No forro, en serio.

- ¿Por los virus troyanos lo decís?

- Claro claro. ¿Estás lento hoy? Te gusta hacerte el salame.

- Bueno, ¿conocés la historia del caballo de Troya, no? Se supone que un troyano, en términos de malware, era un programa que traía algo escondido cuando lo bajabas. Te lo bajas pensando que es una cosa, pero en verdad es otra, te caga. Aparecieron a mediados de los noventa - explicó Bentham tratando de lucir un saber enciclopédico que en verdad envidiaba de Barthes -, y ahora los usan para hackear máquinas, ya que pueden generar una brecha de ingreso para otras computadoras. Un "security breach".

- Ajá, muy lindo todo. ¿Me está espiando la CIA?

- No creo. Seguro debe ser uno de esos que te baja algún soft malisioso. No hagas nada de home banking por las dudas.

- ¿Cómo mierda lo saco?

- Antivirus y un combo mágico de programitas, che. Debe haber sido algún ejecutable que bajaste. Eso te pasa por bajar discos piratas.

- Pará tarado. Creo que me lo pegaron por el msn.

Bentham prometió llamar al día siguiente con instrucciones específicas de cómo miércoles sacar esa porquería.

- Hey - volvió Bentham a Rousseau -. ¿Cómo le va, profe?

Ella no contestó. Puso una sonrisa triste y abrazó a Jim, que se sentaba nuevamente junto a ella en el sillón.

- ¿Qué dijo Rolland?

- Que es un ansiolitico. Y bueno, se sorprendió de que a tan corta edad un chico lo esté tomando. Y estaba preocupado porque tiene la máquina llena de virus.

Jackie abrazó más a Bentham. Él simplemente le habló de que quería ir a ver La Omision de la Familia Coleman, que le encantaría que fuera. Habló como si recién se conocieran:

- Mirá, yo no sé si venís seguido por acá. Sos muy linda, seguro tenés novio. Pero no lo veo por acá, así que me gustaría invitarte, si no es demasiado atrevimiento, a una salida entre nosotros dos para que conozcamos nuestras personas personales.

- Tonto - Jackie se rió.

- Yo sé que en una de esas te resulta un poco raro que un tipo como yo se fije en vos, y que seguro que salís con Luciano Martinez o Mariano Castro, pero si tenés un finde libre yo te ofrezco de vernos un rato.

Jim levantaba la ceja mientras le hablaba, cosa que a Jackie le hacía reir aún más. Pero con ese pequeño gesto gilastrún fue calmando su malestar.

* : "In the sky with diamonds" es una expresión que que Bentham agrega para denotar gravedad, que parece haber quedado instaurada. Por ej: "se fue a la mierda in the sky with diamonds", "estamos en las últimas in the sky with diamonds", "la mandé a la mierda in the sky with diamonds".

Dos estúpidos que no se hablaron

miércoles, 21 de julio de 2010

- Porque siempre pensé que te había aburrido...

- ¿? ¿Así de fácil?

- Bueno, a ver recapitulo: salimos, todo tranquilo, una obra de teatro medio dudosa, ok. Volvimos a salir dos veces más - dije mientras rezaba porque mi memoria no fallase-, luego hablamos aquella vez en que te sentí bastante rara y nada, me dijiste que estabas no disponible hasta el 2038.

- ¿La última fue la de Van Konning?

Asentí.

Ella me miraba incrédula, pero juro que fue aproximadamente así. Por otro lado, volviendo a recientes episodios anteriores, no puede ser que este tipo de disputas terminen ocurriendo por "dos estúpidos que no se hablan".

- Fue sencillamente que no podía esos días, no que no podía nunca más en la historia.

Evidentemente tengo que aprender. Sea porque me está engañando (vilmente) o porque no comprendo sus indirectas, tengo que aprender.

Y desde aquella vez en que le dije de ir a ver ya no recuerdo que obra (aproximadamente: una adaptación de un cuento de José Saer), no supe más nada. Desde ahí creo, el tiempo transcurrió entre indirectas para que las entendiera uno u el otro.

Y yo no le había hablado porque pensé que me odiaba, que la hastiaba, o lo que fuera. En teoría, ella pensaba lo mismo: que no le hablaba de ofendido o de harto de ella. En verdad creo que nadie hablaba con nadie por tratarse de incomprendidos.

Hace mil años que no hablamos. Antes hablabamos casi todos los días. Y fue en un pasaje por Plaza Serrano que di con ella e iniciamos este diálogo. Y cerca de Serrano en cualquier esquina iniciamos una conversación que terminó en eso: ella y yo tomando algo por ahí. Pensé dos minutos si estaba mal, pero me juré que no, así que sentados continuamos:

- ¿Y cómo andás? Se los estraña.

- Bien bien -contesté-. Si, también te recordamos. Ya no hay nadie que discuta por la temperatura del aire acondicionado.

Sonrió.

Y entonces uno se pregunta qué hubiera sido de todo si en una de esas yo hubiera insistido más, o ella se hubiera hecho presente más. Si nos hubieramos quedado hablando todas esas veces que nos cruzabamos, si nos hubieramos contestado los mails en cadena, si al menos nos hubieramos enviado un zumbido.

Me di cuenta de que estábamos en el mismo bar donde me peleé con...

- ¿Qué es de tu vida? ¿Seguís siendo un sicario digital?

- Definitivamente. Soy bueno para meterme más en las fauces del lobo, antes que para replantearme las cosas.

- ¿Hacés algo ahora?

- No entiendo qué hacés aún ahí... - dijo ella -. Deberías venirte conmigo, creo que ahora están buscando líder de proyectos para GM, o alguna de esas.

- ¿Las fauces? No creo. Es más de lo mismo.

- Podría recomendarte...

- Gracias, pero en serio, preciso algún cambio mayor. Estoy pensando en retirarme de hecho.

- ¿Retirarte? No, bombón -ella me llamaba así con una facilidad impune...-, uno tiene que perfeccionarse. Si encontraste algo en lo que sos bueno, tenés que seguir desarrollándote en eso.

Sopló su mechón rubio que le caía sobre la cara mientras me hablaba de reojo. Quién mierda dijo que soy bueno. En fin, no me iba a poner a discutirle.

- Y vos, que sos buena en lo que haces, ¿estás contenta?

- Sí, aunque el ambiente no es el mismo que con ustedes. Extraño tus comentarios fuera de lugar, los ataques lésbicos de Jenny, los chistes verdes de Nicolás... a Bernardo lo extraño muchísimo, no tengo a nadie que me ayude con los despelotes tecnológicos.

- Bernardo suele recordarte, claro - me reí -. ¡Siempre te tuvo ganas!

Rió, se tentó. Ella y Bernardo eran la pareja más incompatible del mundo. Se trataba de una chica que quería llevarse al mundo por delante, y Bernardo...

- Y bueno, entonces pensabas que yo la había pasado mal con vos... - dijo ella, para interrumpir mi monólogo interno.

- Me imagino que no soy un tipo muy lúcido con ustedes - contesté echándome la culpa -. Están los que pierden el filo y los que jamás lo tuvimos.

- Bueno, no era el caso. Aunque la primera obra que fuimos a ver era bastante...

- Mala. Pero fue el pie que utilicé para salir con vos. "Porque todo sucedió en el baño", era justo para nosotros.

El chiste venía de que yo la había invitado a ella al baño en un bar, lo que en su momento había sonado mal pero nos causó gracias. Sobre todo porque no fue instantáneo que nos dimos cuenta de la pelotudés y el "doble sentido", digamos.

- Te juro que la analicé por todos lados - continué desviando el asunto -: no sé, los personajes eran chatos, salvo la piba del aeropuerto "tengo una Mac".

Ella se rió nuevamente, al recordar. Para variar, vestía de negro y llevaba una vincha. Era su estilo "cool", nada elegante pero si arreglada. Somos el agua y el aceite.

Debido a este hecho pensé en retomar mi teoría futbolística de las citas. Esto era un cero a cero, ¿no?

Nuestro diálogo era el de dos estúpidos en serio, pero al menos nos dimos cuenta de nuestra estupidés. El tema era qué hacer en ese momento. ¿La idea era retomar todo donde había quedado? Compartimos algo y no sé qué es, somos tan diferentes pero nos entendemos. ¿Entonces? Sabía que yo no podía hacer nada, pero mi cabeza daba vueltas. ¿Y qué hubiera pasado si nos hubieramos seguido viendo? ¿Yo estaría con ella, o ...?

Me decían que me preocupo demasiado por el "what if".

bombita de luz

lunes, 19 de julio de 2010

I
¡Pum! Escuchó Jackie desde la habitación. Cuando llegó al living Jim estaba tirado en el piso, algunos vidrios se habian desparramado por ahí.

- ¿Qué pasó?

Jim ponía cara de nada, mientras registraba todo el escenario como si chequeara que él estaba vivo y que no había viajado en el tiempo ni a otra dimensión.

- ¿Estás bien? - dijo Jackie mientras atendía a Bentham en el suelo - ¿Qué pasó?

- Estaba cambiando la bombita de la luz del living porque se quemó.

- ¿Y no cortaste la luz? ¿Pero vos estás loco? Al menos avisame que vas a hacer eso, para que esté. Está todo cortado ahora.

Jim no contestó, sensillamente continuaba con los ojos buen abiertos. Efectivamente la tarde nublada no dejaba entrar mucha luz por la ventanas, y las térmicas habían saltado. Entonces el departamento entero estaba en una especie de semioscuridad.

- Ah, ahí está la silla. Me resbalé y me caí.

Jackie reprochó una vez más a Jim, mientras lo levantaba.

- Estoy bien, estoy bien, no pasó nada - decía él.

- Vamos al hospital, por las dudas - dijo Jackie-. Es un toque, nada más para ver que estés bien, te agarró corriente. Creo que saltó la térmica. Puf, tenés los pelos parados, corazón -se rió-.

- Pero no hace falta - dijo Jim mientras testeaba su tacto. Estoy bárbaro.

- ¡Estamos a una cuadra! No seas cabeza dura.

Tuvieron una breve discusión sobre el tema "ir al hospital" que obviamente Jackie ganó.

II
En la guardia del hospital justo había llamado la madre de Bentham, que al enterarse del saltado de térmica dijo que en seguida salía para allá. Cortada ya la comunicación, Jim se quejaba:

- Pero no le digas a mi vieja que casi me mato por una puta bombita.

- Le conté, pero no te preocupes que le digo que estás bien - dijo Rousseau sin mucha paciencia.

La madre de Bentham llamó nuevamente a los cinco minutos. Jim no atendió, le delegó el celular directo a Jackie.

- Si, está todo bien. En cinco minutos entramos. No, está bien, no perdió el conocimiento. Camina bien. Es que no cortó la luz. Es que no sabía yo, no me avisó. Si me hubiera dicho yo le advertía. Bueno, no no, no hace falta. Quédese tranquila que su hijo está bien, igual ahora lo ve un doctor. La llamo ni bien salimos

Cortó.

- Bueno corazón, tu madre piensa que no te cuido.

- Nada que ver, es así ella. Se piensa que es gran cosa. Además, jodete por decirle. Yo ni le hubiera dicho nada.

Jackie miró a Jim con cara de odio.

- Posta. Si pasa algo yo a tus viejos no les digo, vemos como la remamos, pero si un día salís volando por los aires por una bombita, trato de ver cómo hago para que no pase nada.

Jackie seguía mirando con odio a Jim.

- Dale, vamos. ¿No te gusta mi pelo así?

Se abrió la puerta del consultorio.

- Bentham - llamó el doctor.

Dos estúpidos que no se hablan

jueves, 15 de julio de 2010

[Érase una vez dos estúpidos que no se hablaban]

I
Chejov lo había preguntado en medio de las achuras: "¿Por qué no la llamás de una vez?". Pero si ella se equivoca entonces ella me tiene que llamar pero... ¿sigo con esa versión estúpida? Evidentemente.

Me costó horrores levantar el teléfono y llamarla. Como si mi orgullo me estorbara de una forma incomprensible. Miré el teléfono desde el living como media hora hasta que me decidí.

El teléfono llamó dos veces y:

- Hola - dijo ella.

Saludo afirmativo. Vio mi número en el caller ID y contestó. Pensé que no la encontraría, o pensé que quizás no me atendería. ¡Una puta semana!

- Hola Jackie - dije.

Hubo un silencio, no sabía qué decirle. Había pensado todo el tiempo en llamarla y no había planificado qué le diría si atendía, no tenía ninguna estrategia retórica.

- Iba a llamarte - dijo finalmente ella -. Me ganaste de mano.

No supe si creerle. Pienso que ella no tenía el... ¿coraje?

- Bueno, como sea, aquí estoy. ¿Te acuerdas de mi?

Sentí su respiración como si hubiera exalado al sonreír, como si una felicidad algo tristrona hubiera aflorado en ella.

- La verdad que no sé bien qué decirte - le dije mientras pensaba que en verdad la extrañana-. Estuve pensando en vos - articulé.

- Yo también. Em, ¿podemos vernos?

- Claro. No ahora, que en un rato me junto con Jorge y Gilles.

- ¿Ensayan?

- Algo parecido.

- Mañana tengo ensayo... ¿Venís? - se despachó ella.

No lo podía creer. Finalmente. Si me decía que fuera era que estaba todo bien. ¿Pues quién hace eso para que se pudra todo? Eso, una vez más me valía de la lógica pura para calmarme un poco, una vez más

II
Estaban ensayando y a ella le tocaba hacer un breve monólogo. Su outfit eran unos pantalones de vestir, una camisa blanca, el pelo recogido y unos zapatos sin taco, que no hacían juego. Nada que ver con lo que ella viste usualmente. Lo único que quedaba de Jackie eran los anteojos que usaba de vez en cuando, como los que ella sostenía que yo debía usar más periódicamente.

La directora la llamó a escena. Lucía un poco intranquila, me miró sin sonreir, pero constato que yo estaba ahí observándola.

Jackie: Debe tratarse de un engaño sutil, de algo que sufrimos sin darnos cuenta hasta que un día es demasiado evidente. El engaño no se oculta, más bien es algo que aparenta.

Hizo una pausa. Ella miró para abajo. No sé por qué, pero asumí que tenía ganas de fumar.

Jackie: A una nunca le enseñan a rehacerse, ha tener el coraje de dar vuelta el timón tan drásticamente. Llevo diez años trabajando en algo que no me apasiona, en un lugar que me parece tan colorido como periódico de los años treinta, sufriendo por cosas que... que no tienen ya sentido. ¿Qué me importa que no haya café del bueno para la reunión con esos chupasangre?

La última frase la dijo enervada, casi gritando, con un tono de voz tan tajante que cortó el aire de la sala.

Jackie: Verán: creo que no estoy hecha para esto, que yo aprendí bien cosas que me enseñaron mal. Eso es lo grave. Y juro que no lo soporto más, que se me caen los días del bolsillo y no me sobran.

Mira de reojo a la audiencia. Dirige luego su vista hacia la derecha, para encontrarse conmigo. Nos miramos, sostiene la vista.

Jackie: Pero ya sé lo que piensan. Otra loca histérica. No no no, no me vino, nada de eso. Son años, años de llevar adelante una farsa, de vivir con el hombre equivocado, de esforzarme por las cosas equivocadas. ¿Y cómo carajo quieren que no me cueste tirar todo esto que por más que me hace infeliz es todo lo que tengo? Es fácil, demasiado fácil, decir desde allí "cambiá tu vida". "Mudate a Miami". No, no están entendiendooooo.

La entontación de mujer desesperada me pareció genial.

Jackie: Lo que aquí verán es sólo efecto de lo que ustedes crearon, de pequeñas imperfecciones que ustedes no perciben, pero día a día están frente a sus narices.

Caminó tres pasos hacia su izquierda para salir de escena.

Jackie: Aquí verán un poco de sus historias. Aunque no lo admitan. Aquí están ustedes. Quizás no nosotros les resultemos un tanto bruscos, quizás hasta burdos, pero si no encuentran algo que les resulta familiar, entonces sencillamente no tienen ni por asomo ganas de experimentar realmente lo que es la libertad.

Salió de escena caminando de una forma furibunda. No volvió a aparecer. Amo a esta mujer.

III
Nos encontramos directo a la salida.

- Hey - dijo ella al aparecer ya cambiada. Era ella de vuelta, con su pulóver marrón y blanco, con dibujitos de llamas indias. Simplemente me abrazó, lo que fue una especie de cachetazo doloroso.

- ¿Vamos a La Continental? - propuso.

Mientras caminabamos nos rodeaba un silencio, que yo me había propuesto aniquilar porque ya llevaba una semana.

- Jackie, lamento lo de la última vez. Quizás no fue la mejor manera de decir las cosas, pero yo qué sé...

- Es difícil. Sé que no debería, pero me es difícil. Sé que... ¿puedo preguntarte si ahora...?

Negué con la cabeza. No me gustaba que me solicitara detalles, como si buscara quitarle relevancia o algún argumento que volviera todo "menos grave" para su cabeza.

- Más de un año, si precisás saberlo.

- Perdón, lamento mi reacción. Me tomaste por sorpresa, lo que es ridículo, lo sé, porque yo te pregunté por el asunto inicialmente...

Tuve la sensación de que ese "perdón" le costó tanto como a mi levantar el teléfono aquella vez. Tuve la sensación de que fuimos dos estúpidos testarudos que no nos hablamos cuando ambos quieríamos hacerlo.

- Me dio miedo, o no supe como reaccionar. No sé, me hubiera gustado que me hablaras del tema antes. Lloré como una condenada toda la semana. Iba a llamarte pero pensé que me odiabas.

Tengo la sensación de que soy tan tan tan tan hermético a veces que entonces ellas no sabes qué mierda me pasa por la cabeza. Algo así me había dicho Bella.

- En fin, te extrañé mucho.

Simplemente detuve nuestra caminata para La Continental, que quedaba a dos cuadras, y la besé. No podía creer lo que la había extrañado en una semana.

Erase una vez dos estúpidos que morían por hablarse pero no lo hacían, hasta que uno de ellos, contra su arraigado carácter, rompió el hielo.

Azí Ez Ezeiza

miércoles, 14 de julio de 2010

Me sentía como la mismísima mierda ese mediodía que me fui hasta Ezeiza para recibir a Antonella. La muy maldita se había ido tres semanas a recorrer Madrid, Barcelona, París y Roma, entre otras menudencias. Mientras iba para el aeropuerto pensé en lo bien que me vendrían unas vacaciones de ese estilo, aunque más al norte.

Era un domingo soleado. Ya sin Argentina en el mundial había una preocupación menos, aunque la notoria falta de sueño había hecho mermar mi capacidad intelectual y mis sentidos: creo que ya no podía multiplicar correctamente y el frío me era une sensación más bien neutra.

Cuando apareció Antonella, vi en verdad a una hippie de exportación, con sus tobilleras de colorinche y sus jeans medio rotos. Los padres de ella la abrazaron como si no la hubieran visto en años, mientras que yo a un costado me preguntaba cuán pelotudo era por mantener la promesa de irla a buscar.

- Jimmy corazón, te dejo tres semanas y mirate. Estás flaco.

Las crisis, vio.

Más allá de las clásicas preguntas y respuestas, ella me dijo que logró una visita extendida del College de France -a mi me echaron diplomáticamente-, y que se tomó dos días para el Louvre.

- Ojala yo hubiera tenido ese tiempo - dije -. Te venís conmigo, ¿no? O vine hasta acá para ver cómo te llevaban tus viejos?

Me imagino que los padres Chejov no podían dejar que su hija arribara sola. Así que por más que Antonella les dijo que yo la iba a buscar, aparecieron igual. Tardamos unos venite minutos en liberarnos de los protocolos, y mientras ella le encajó a sus padres dos valijas me dijo que la llevara a comer algo de carne argentina.

- Azí ez Ezeiza - decía yo mientras manejaba-. Vamos lento porque estoy un poco derrapado de ayer.

Azí ez Ezeiza. Y qué ganas de irme a la mierda, pero no. Aquí estoy volviendo. Por un raje creo que me banco el pánico de los aviones y todo.

- Siempre de joda. Mirá- aprovechó la parada del peaje-, te traje algo.

Rápidamente descubrí que Chevoj me había traído Quadrophenia, edición especial. Tuve que confesarle que ella era lo más grande del rock, y que sobre todo un domingo de demolición, le daba esperanzas a una pequeña alma corroida. Y me comentó de fotos de un cadalzo que me iban a interesar, luego me enteré por qué: por Damiens.

- Así que mucha jarana, eh.

- No tanto. En verdad es mala época, menos mal que estás acá.

- ¿Que pasó?

Dude en decir, pero necesitaba hablarlo. Precisaba un oído, sobre todo femenino.

- Jackie...

- Puf, con razón. Tenés aspecto de no haber dormido...

- ¿En tres días?

Le conté a Anto los hechos. La conversación me mantenía despierto para no chocar ni hacer nada estúpido en la autopista como dar vuelta en U o esas cosas. Además de que tenía que dilucidar en qué miércoles de Liniers dar la vuelta para Saavedra.

- Tiene miedo - dijo Chejov-. Quizás tu forma de decirle las cosas no fue la más feliz, tenés que entender eso. Pero sí, ella no tiene derecho a meterse con esas cosas tuyas, que encima ya fueron. Ay chiquito, tenés una cara de terror. ¿Pero tan mal se lo tomó?

- Hace una semana que oficialmente no sé nada de ella.

- Relajate.

Silencio.

- Perdón, sé que es más fácil decirlo que hacerlo. Estoy en el limbo aún. Me da lástima, Jackie es intelingentísima, pero justamente ustedes dos comparten eso, ese miedo desmedido a ciertas cosas.

Quería que llegaramos a una parrilla y ver el partido. Sólo eso.

- Pero ojo, creo que está bien que seas honesto, Jimmy. Sólo trabajá en alguna forma más suave de mandar esas noticias.

No se trata de noticias si son cosas de ayer, che.

- ¿Y vos? ¿No te pusiste romántica en París con nadie? - pregunté ya harto del tema mío.

- Mmm, mirá...

Y ella contó lo suyo.

Snap

miércoles, 7 de julio de 2010

I
- ¿Dónde está Jackie? - preguntó Guy.

Refunfuñé. Tenía un mal humor de los mil demonios, mi objetivo era olvidarme de todo y embriagarme. Bataille iba de un lado para otro, preparando el teclado, disponiendo parlantes, acomodando alguna hoja con las letras. Tocaba su pequeña orquesta en un lugar muy paquete, en el cual me sentía peor imposible. Yo ya estaba hasta las pelotas de analgésicos.

- ¿Qué pasó? - insistió Guy -. Tenés una cara de los mil demonios. ¿Tan grave?

- Nada. Desacuerdos, esta vez me terminó acorralando con...

II
- Perdón, pero me sorprende. Me desilucionás -dijo Jackie de forma lapidaria.

Fantástico, era exactamente lo que quería escuchar. Repentinamente Jackie juzgaba demasiado para mi gusto, se metía con mi pasado y me acusaba por él.

- Todos hacemos estupideces, Jackie, ¿ok? Fue una etapa algo desordenada de mi vida, no entiendo por qué te lo tomás tan a mal. Tampoco es nada tremendo.

- ¿Tremendo? La verdad que no creí que vos...

Ni ganas de hablar del tema, che. Cuando me siento más libre lo digo así a la ligera -y me han acusado por ello-, pero en verdad es algo que pesa. Lo extraño es que no me arrepiento para nada. Me pasa con varias cosas que me han ocasionado problemas: sé que estuvo mal lo que hice, o que no era lo más adecuado pero debía hacerlo, sino jamás me hubiera sacado las dudas.

- Todo cambia, Jackie. ¿Vos jamás te pasaste de rosca? ¿Jamás hiciste algo que luego no podías creer? Es como cruzar la frontera de uno mismo, una forma de éxtasis, es increible lo que ocurre cuando uno mismo viola sus límites.

Jackie me miró fijo, no le causó nada de gracia mi explicación. Su rostro era una mezcla de depresión con enojo. Eso. Le daba bronca que yo era lo que era y que no me podía cambiar. Le daba bronca saber además que su enojo era infundado, porque yo por más historia que tenga, soy en la actualidad otro.

Y le duele. Le duele demasiado, es desmedido, según mi opinión. ¿Pára qué preguntó si no quería escuchar la respuesta? Lloriqueó un poco. Traté de abrazarla pero ella no quería, me alejó tajante, sus manos se clavaron en mi pecho punzantes. "Salí".

III
Cuando comenzó a tocar Bataille yo iba por la tercer cerveza, y discutía con Bob y Guy sobre el desempeño de la selección en el mundial, que justo ese mismo día había quedado eliminada. Gilles se rió por atrás, me dijo que estaba gritando, y que era un caradura por hablar de fútbol como si supiera. Y tenía toda la razón, claro.

Comenzó a sonar un tema de los Stones conocido, pero que no recordaba el título...

Por más que no había dormido nada, opté por salir. Para despejar mi cabeza, despreocuparme, olvidarme un rato de ella. Un fracaso total, he de decir.

Si hay algo que no comprendo es cómo Gilles maneja tan bien tantas cosas a la vez: charla con una amiga de Clarisa a la que le tiene ganas mientras la susodicha está en la barra comprando Speed con vodka. La toma de la mano, le está haciendo algún cuento de lectura de la palma, y que ve el futuro. Yo debo ser un ser muy simple que no puedo manejar las cosas así de lúcido.

Y yo me preguntaba que sería de Rousseau esta noche.

En un momento Deleuze nos llamó a Guy y a mi, para que nos unieramos a la conversación con Clarisa y sus amigas. Guy fue encantado, yo hubiera preferido que me dejaran embriagarme tranquilo.

- Chicas, él es el señor Debord, -presentó Gilles -, experimentado en las artes esotéricas y futuro ingeniero de última generación. Y aquí presente está Jim Bentham, gran cantautor y especialista en medios digitales. Se trata de dos hombres de vanguardia, cada uno destinado a disciplinas inconexas pero que logran conjugar con una pericia implacable, sobretodo después de unas copas.

La imbecilidad de Gilles es sencillamente genial, está muy por delante nuestro.

- ¿Cantautor? - preguntó una de las amigas de Clarisa.

- Sí sí, -contestó rápidamente Deleuze para no darme chance de echarlo a perder - Jim compone todas las canciones de su banda.

A Deleuze le encanta mandarme al frente, le encanta comprometerme. Por eso es verdaderamente más inteligente que yo.

Bataille era rock puro: tocaba con anteojos negros, mientras de vez en cuando sorbía un Jack Daniels y las luces violetas lo bañaban por completo. Estaban tocando una solemne versión de Comfortably Numb, de Floyd.

En algún momento apareció Jeremías, ese amigo de Jorge que a todos nos cae un poco mal y que casualmente porta un apellido similar al mío. Se presentó ante todos, con su cara redonda de afietada limpia y perfecta, su chomba celeste y sus zapatillas con wifi de última tecnología.

La cara de Gilles no logró ocultar su displacer: él ya había tenido un encontronazo con Jeremías, que desde esa vez era considerado persona no grata entre nosotros pero se lo recibía aún así de una forma "políticamente correta".

- Andás un poco ido vos eh, ¿Qué hacés solo? - me dijo Jeremías.

Caí en la cuenta de que seguramente él estaba desactualizado, y pensaba que la gran ausente de la escena era Bella. No me preocupé por aclararle nada.

Guy se compenetró en la charla con las damas, mientras que Deleuze pedía nuevamente una recarga de vodka.

- Pues sabes tu, un día ellas te pasan factura por tu pasado y pafate - le contesté a Jeremías.

- Bueno, pero entonces buena cara. Estás libre hoy, mirá que bien acompañados que los encontré.

- Claro. Igual estoy tranqui. Respeto, vio.

- ¿Respeto? Tu novia salió por ahí y se garcha a otro y vos hablás de respeto?

Snap.

Cuando me di cuenta había empujazo a Jeremías, puteándolo. Este reaccionó alejándose levemente, al cántico de "¿Qué te pasa, tarado?", mientras Guy se daba cuenta de que algo pasaba.

Nos paramos como quien se va a trompear, de tal forma que Bataille y los suyos hicieron ademán de deneter la performance justo en un tema que no recuerdo porque no le di pelota porque estaba ocupado mirando con odio al boludo de Jeremías.

Gilles y Guy se pararon también, y vinieron a "retenerme" mientras no sé quién hablaba con Jeremías para intentar calmarlo. Al pedo, porque ni él ni yo nos ibamos a las manos, es sabido. Clarisa y sis amigas observaban probablemente indignadas por nuestra reacción de pendejos.

- ¿Qué pasó? - dijo Guy. Luego se dio vuelta para chequear el status de Jeremías.

- El estúpido ese dijo pelotudeces, eso pasa. Ya fue.

- ¿Ya fue? Decime que lo agarramos - acotó Gilles que no se bancaba ni un gramo al otro.

- En serio, no pasa nada.

- ¿Qué pasó? - repreguntó Guy.

No quería decir nada porque me daba cuenta de que todo era una tremenda pelotudés, que al fin y al cabo el estúpido era estúpido pero yo había reaccionado mal. Pero me insistían.

- Sólo dijo una boludés sobre Jackie - confesé.

Eso. Escucho eso de un pelotudo y me imagino a Jackie y evidentemente me salta la térmica. Anto dice que así pasa, soy como un jueguito a veces, apretan dos botones y chau, me pasan cagadas, siento cagadas y hago cagadas.

Si Jackie hubiera visto la escena hubiera sido genial, le hubiera dado más excusas para enojarse. Hubiera justificado aún más sus miedos y pánicos. Todo porque yo me decido a lucir mi estupidés de lujo.

Expliqué con mayor precisión los dichos de Jeremías. Guy dijo que no era para tanto, Gilles opinó que el tipo era un idiota. Pero por votación unánime se definió que no se puede andar empujando a la gente así, porque agita las cosas.

En ese momento sonaba All of my love, cover de Zeppelin.

IV
- Tengo bastante energía del odio - le dije a Bataille cuando me dijo de manejar su camioneta porque él tenía un pedo atómico.

Guy se subió atrás, acomodado entre el teclado y dos amplificadores. Bataille se sentó en el asiento del acompañante, diciendo "dale, no tenés rock". Pasaron dos viejas paseando al perro -¡a las dos de la mañana!- y les gritó "¡Montoneraaaas!", mientras yo arrancaba.

- Che, es para la derecha - dijo Bataille.

- Izquierda - dije yo-.

- Doblá a la derecha, mierda. Es para allá porque el Zoológico está para allá. Vamos.

Doblé a la derecha, aunque era obvio que debíamos ir a la izquierda.

- Che, creo que es para el otro lado - dijo Guy un con aires de irse a dormir.

Bataille se había dado cuenta por el puente que cruza sobre avenida Córdoba.

- Lo arreglo fácil.

Di una vuelta en U en pleno Juan B. Justo, con la impunidad clásica de la que alguna vez fui dueño. Un auto tocó bocina, otro auto pasaba en el carril más cercano a la vereda contraria y quizás nos haya visto cuando lo saludé.

Bataille me miró. Guy se despertó diciendo "¿Qué hacés animal?".

Me reí. Recordé que en parte romper las reglas me aliviaba. Aunque se tratara de estupideces, me aliviaba. Romper cosas me aliviaba, ir contra algo. Me falta motivación, parece. Nuevamente: si Jackie me hubiera visto, más justificaciones para ella.

- Cheeee, Guy, ¿no querés manejar vos?