- Porque siempre pensé que te había aburrido...
- ¿? ¿Así de fácil?
- Bueno, a ver recapitulo: salimos, todo tranquilo, una obra de teatro medio dudosa, ok. Volvimos a salir dos veces más - dije mientras rezaba porque mi memoria no fallase-, luego hablamos aquella vez en que te sentí bastante rara y nada, me dijiste que estabas no disponible hasta el 2038.
- ¿La última fue la de Van Konning?
Asentí.
Ella me miraba incrédula, pero juro que fue aproximadamente así. Por otro lado, volviendo a recientes episodios anteriores, no puede ser que este tipo de disputas terminen ocurriendo por "dos estúpidos que no se hablan".
- Fue sencillamente que no podía esos días, no que no podía nunca más en la historia.
Evidentemente tengo que aprender. Sea porque me está engañando (vilmente) o porque no comprendo sus indirectas, tengo que aprender.
Y desde aquella vez en que le dije de ir a ver ya no recuerdo que obra (aproximadamente: una adaptación de un cuento de José Saer), no supe más nada. Desde ahí creo, el tiempo transcurrió entre indirectas para que las entendiera uno u el otro.
Y yo no le había hablado porque pensé que me odiaba, que la hastiaba, o lo que fuera. En teoría, ella pensaba lo mismo: que no le hablaba de ofendido o de harto de ella. En verdad creo que nadie hablaba con nadie por tratarse de incomprendidos.
Hace mil años que no hablamos. Antes hablabamos casi todos los días. Y fue en un pasaje por Plaza Serrano que di con ella e iniciamos este diálogo. Y cerca de Serrano en cualquier esquina iniciamos una conversación que terminó en eso: ella y yo tomando algo por ahí. Pensé dos minutos si estaba mal, pero me juré que no, así que sentados continuamos:
- ¿Y cómo andás? Se los estraña.
- Bien bien -contesté-. Si, también te recordamos. Ya no hay nadie que discuta por la temperatura del aire acondicionado.
Sonrió.
Y entonces uno se pregunta qué hubiera sido de todo si en una de esas yo hubiera insistido más, o ella se hubiera hecho presente más. Si nos hubieramos quedado hablando todas esas veces que nos cruzabamos, si nos hubieramos contestado los mails en cadena, si al menos nos hubieramos enviado un zumbido.
Me di cuenta de que estábamos en el mismo bar donde me peleé con...
- ¿Qué es de tu vida? ¿Seguís siendo un sicario digital?
- Definitivamente. Soy bueno para meterme más en las fauces del lobo, antes que para replantearme las cosas.
- ¿Hacés algo ahora?
- No entiendo qué hacés aún ahí... - dijo ella -. Deberías venirte conmigo, creo que ahora están buscando líder de proyectos para GM, o alguna de esas.
- ¿Las fauces? No creo. Es más de lo mismo.
- Podría recomendarte...
- Gracias, pero en serio, preciso algún cambio mayor. Estoy pensando en retirarme de hecho.
- ¿Retirarte? No, bombón -ella me llamaba así con una facilidad impune...-, uno tiene que perfeccionarse. Si encontraste algo en lo que sos bueno, tenés que seguir desarrollándote en eso.
Sopló su mechón rubio que le caía sobre la cara mientras me hablaba de reojo. Quién mierda dijo que soy bueno. En fin, no me iba a poner a discutirle.
- Y vos, que sos buena en lo que haces, ¿estás contenta?
- Sí, aunque el ambiente no es el mismo que con ustedes. Extraño tus comentarios fuera de lugar, los ataques lésbicos de Jenny, los chistes verdes de Nicolás... a Bernardo lo extraño muchísimo, no tengo a nadie que me ayude con los despelotes tecnológicos.
- Bernardo suele recordarte, claro - me reí -. ¡Siempre te tuvo ganas!
Rió, se tentó. Ella y Bernardo eran la pareja más incompatible del mundo. Se trataba de una chica que quería llevarse al mundo por delante, y Bernardo...
- Y bueno, entonces pensabas que yo la había pasado mal con vos... - dijo ella, para interrumpir mi monólogo interno.
- Me imagino que no soy un tipo muy lúcido con ustedes - contesté echándome la culpa -. Están los que pierden el filo y los que jamás lo tuvimos.
- Bueno, no era el caso. Aunque la primera obra que fuimos a ver era bastante...
- Mala. Pero fue el pie que utilicé para salir con vos. "Porque todo sucedió en el baño", era justo para nosotros.
El chiste venía de que yo la había invitado a ella al baño en un bar, lo que en su momento había sonado mal pero nos causó gracias. Sobre todo porque no fue instantáneo que nos dimos cuenta de la pelotudés y el "doble sentido", digamos.
- Te juro que la analicé por todos lados - continué desviando el asunto -: no sé, los personajes eran chatos, salvo la piba del aeropuerto "tengo una Mac".
Ella se rió nuevamente, al recordar. Para variar, vestía de negro y llevaba una vincha. Era su estilo "cool", nada elegante pero si arreglada. Somos el agua y el aceite.
Debido a este hecho pensé en retomar mi teoría futbolística de las citas. Esto era un cero a cero, ¿no?
Nuestro diálogo era el de dos estúpidos en serio, pero al menos nos dimos cuenta de nuestra estupidés. El tema era qué hacer en ese momento. ¿La idea era retomar todo donde había quedado? Compartimos algo y no sé qué es, somos tan diferentes pero nos entendemos. ¿Entonces? Sabía que yo no podía hacer nada, pero mi cabeza daba vueltas. ¿Y qué hubiera pasado si nos hubieramos seguido viendo? ¿Yo estaría con ella, o ...?
Me decían que me preocupo demasiado por el "what if".
Dos estúpidos que no se hablaron
miércoles, 21 de julio de 2010
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