(De las pocas veces que se me ocurre un título antes de comenzar a escribir)
I
Fue tan rápido como fulminante. La noche anterior me había besado como nunca, me había hecho sentir como nunca. Cosas lindas, recuerdos bonitos. Y a la mañana siguiente lo esperaba, me preguntaba cómo sería todo, cómo nos saludaríamos, cómo sería de ahora en más. Y llegó y me dio un beso en la mejilla, me dio un seco "hola". Cosas lindas, recuerdos bonitos que quedan opacados por lo que pasa después.
Por dios, que mal que me cae ahora.
II
En el auto eramos Barthes, Bentham, Debord y yo. Ibamos a una peña en Caballito, en un local de La Campora (me encantaría explicarles cómo fuimos a parar ahí, pero no lo sé). Yo navegaba mi ser como se navega un naufragio, vieron. Porque cuando terminás una relación estás en el ojo de la tormenta, vos sos la tormenta, la otra persona como que te llueve encima...
Manejaba con algo de tristeza, con algo de bronca, con algo de depresión. Mientras Barthes me indicaba que debía girar a mi izquierda en tres cuadras, que me fuera tirando para ese lado. Y les dije:
- Me separo.
Barthes me puso la mano en el hombro. Yo tengo tenía sobre mi ser todo el peso de mi existencia, ni se imaginan.
- Bueno chango, no te preocupes. Venías en crisis continua, te juro que vas a estar bien - dijo Jim, que siempre utiliza esas fórmulas vacías para alentar.
- Sí - retuiteó Guy -. La verdad es que no los veíamos bien hace rato. Será mejor así... aunque ahora parezca todo una reverenda mierda.
- La verdad, no sé qué decirte - contestó por su parte el juicioso Rolland.
- La verdad, quiero olvidarme de todo muchachos. Sólo les cuento que cuando Clarise venga y les hable, el estatus es ese.
Los escuché hablar de cualquier cosa el resto del trayecto. Al llegar a la peña, disfrutamos de un excelente quinteto de tango, que versionó Adios Nonino y me resultó memorable. Me olvidé un rato de me tenía que llevar las cosas de casa, de que teníamos que hacer al división de bienes.
Casi me engañé de que estaba vivo y todo. Luego fuimos a por una pizza. El lugar era chiquito, sencillo. Se originó una queja de parte de Bentham porque sólo tenían Quilmes. Se había iniciado la charla sobre mujeres, de la cual no participé, y sólo recuerdo fragmentos:
- ... ahora las pendejas están tres mil veces más rápidas -explicó Debord-. El problema es que las de nuestra edad, las que son más para sentar cabeza, están peor que nunca. Muy inaccesibles las pib...
- ..pre, todas las veces, jamás falla - decía Jimmy-. Te preguntan si hay otra. No tuve ninguna relación en la que la chica en cuestión no me preguntaba si no había otra. Como si nec...
- ...sulta difícil, la verdad -confesaba Rolland-. O sea, no soy un tipo de salir a encararme a nadie. Entonces toda esa movida me aburre. Ya sé, ustedes me dicen que me tengo que avivar, que me ten...
- ... son mucho más liberales de lo que pensamos. Digamos, es todo un tema de publicidad, nada más. Es como si tuvieran que mantener una imagen de pulcritud que jamás podrían cumplir en...
- ... mito tener un problema con el compromiso. Me di cuenta de eso, siempre ando buscando el porque no, tengo esa tendencia a creer irrefutablemente que todo va a fallar, que de alguna forma todo se va a cagar...
- ... n dado cada chance a mi. Tengo que admitir que soy un incompetente, que las jugadas a mi me salen de suerte, y nada más que de suerte. Porque no soy bueno hablándoles...
- ... dejé como loca a esa! Mirá, creo que está bien llevarse a una de esas a la cama, es una experiencia necesaria. Te ayuda a dejar atrás un montón de fardos que ten...
- ... estuve a punto de decirle de volver, que la quería. Aborté la idea cuando supe que estaba en una relación bien, me parece egoista meterme a arruinarle las cos...
- ... me pegó un cachetazo, así nomás. Fueron unos años en los que se había generado como una moda en golpearme. Pero esa vez si que me hicieron ver las estrellas.
Todas esas fórmulas efímeras que ellos saben construir, porque ninguno de ellos estuvo casado, o siquiera convivió. Y me doy cuenta de que voy a volver con ellos, en un intento de hacer la revolución, o algo que se le parezca.
III
Empezás a salir con ella y te vas a dar cuenta, a medida pasa el tiempo, que no es tan perfecta como vos pensabas.
IV
Era todo un desastre. Porque a la mañana siempre todo es un desastre. Abrí los ojos, la habitación era Vietnam. Todo tirado. El living seguro también. Extendí mi brazo entre las sábanas, hacia la mesita de luz. Quería alcanzar el fucking despertador.
Las 10.30. Era demasiado temprano, pero cuando duermo con alguien por primera vez sobre todo, suelo dormir menos. Ella estaba durmiendo como la mejor, no le importaba nada. Su maraña de pelos no me dejaba ver bien su cara. Roncaba levemente
"No sabía que podíamos hacer esto", me había dicho ayer, justo antes de darme besarme. Sí, yo tampoco. Pero las cosas están raras.
Estaba despierto, pero no tenía ganas de levantarme. El café era muy necesario, pues mi humor era el matutino, o sea: no el mejor. Me pregunté si cuando ella se despertara pretendería tener una conversación civilizada conmigo. Me imaginé cómo sería desayunar con ella, así, como pareja.
Me la imaginé sentada en el living, en un shorcito mío prestado, y la remera que también le presté para dormir. Esa gris y bordó con el número 16, que le marca los pezones.
Es raro, yo creo que uno es amigo de ciertas personas como si no se diera cuenta de que puede pasar algo más. Tan naive soy. Es como si de repente entonces uno descubriera la dinamita. ¡Paf! Te encajo un beso.
Viste esa electricidad. Yo creo que cuando empezás a sentirla en los abrazos, o en los saludos un poquito más largos que lo habitual, o cuando te toma del brazo, o cuando tiene sueño y pone la cabeza sobre tu hombro y se queja de que la película es larga.
La cubrí un poco con la sábana, porque el ventilador seguro le estaba dando frío. Me di cuenta de que podía hacer algo que siempre había querido: besar a la otra persona cuando duerme. Así que le corrí un poco esa maraña de pelos y le di un beso chiquito, casi te diría robado. Pero era mío, sólo mío.
V
Mm, le puedo decir "¿Qué hacés el viernes a la noche?". No, muy directa. Además, ¿qué hago si me dice que tiene algo ya programado? Necesito algo que deje la fecha abierta.
Podría ser un "Hola ¿te parece si algún día salimos?". Así, mas casual, pero bien distendida se lo tengo que decir. Así, lo tengo que enchufar en medio de una charla de esas en las que pegamos onda. Así, en verdad, es... cualquiera, pero qué hambre que tengo...
En verdad la onda es hablar de algo como teatro o cine, y cuando llegue a una película que él quiera ver yo le propongo así como si nada de ir, porque yo también quiero. Aunque corro el riesgo de tener que fumarme una cagada.
El tema es si me dice "dale, le decimos también a menganita y fulanito". Ahí me recagó. En verdad, debería ser algo así como... algo que deje claro que salimos él y yo nada más, pero que no sea una cita.
Le puedo tirar un "en qué andás" después del laburo, así como así. Y en una de esas le propongo de la nada juntarnos en algún after. Así, relax, tranqui. Ahora se lo puedo mandar, a ver qué contesta.
Así, bien de cobarde, mandarle las cosas por mensaje de texto y no en la cara. Es mucho más fácil. El tema es que si no me contesta, ¿cómo lo tomo? O quizás sea mejor llamarlo, aunque tampoco quiero ser intrusiva. Pero si lo llamo me saco al toque la duda, un sí o un no.
En verdad, debería lograr de alguna forma insinuármele, qué él me diga de salir. O sea, quizás le digo lo del cine y me hago la interesada. Porque si yo le tiro, es como que quedo demasiado foward. O peor, como una desesperada.
El problema es cuando lo veo a él solo. Porque siempre están las otras pololeándole por ahí. Como rompen las pelotas. Es un hecho, haga lo que haga tengo que esperar a que estemos solos, tengo que aprovechar algún momento así.
Ahora, lo que no puedo resolver es cómo generarle el encare. O sea, si yo preparo todo y no me tira nada, no sé. Tengo que encontrarle una forma de dejarlo ahí, fácil pero no evidente. Lo ideal sería... no sé, no sé no sé.
¿Por qué no sencillamente las cosas se dan?
Pero todo es imposible con este pibe. Siempre me puede contestar cualquier batata. Es medio así él, como que le gusta hacerse el estúpido. Y peor, probablemente le de pelota a la trolita de recepción. Todo porque ella le agita las tetas, ella ay sí.
Pendejo de mierda, la puta que te parió, qué difícil que sos.
VI
Esperamos el tren, abrazados, y no tengo idea de cómo mis labios llegaron a los tuyos. Pero que bien.